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La justicia olvidada por Enrique López‏

El Consejo de Ministros encargó al Ministerio de Justicia iniciar la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial para que contemple la delegación de competencias de los consejos autonómicos de Justicia y para evitar la inconstitucionalidad del Estatuto catalán en este capítulo, anulado por la sentencia del Alto Tribunal. Se dice que uno de los fines es «dar satisfacción a las aspiraciones de los ciudadanos de Cataluña de más autogobierno y dar también canalización a sus sentimientos identitarios». Con ello se pretende analizar las competencias que puede delegar el Consejo General del Poder Judicial a los consejos de justicia que se establecen en los nuevos estatutos de autonomía, no sólo el catalán, y «una posible reforma» de la casación. Esto es, parece claro, que se haga lo que se haga, no sólo se van a satisfacer aquellas pretendidas aspiraciones, sino que obviamente tendrá repercusión en todas las autonomías cuyo estatuto prevea la existencia de consejos de justicia en el ámbito autonómico... La conocida sentencia sobre el Estatuto de Cataluña expresa que «La estructura territorial del Estado es indiferente, por principio, para el Judicial como Poder del Estado. Siendo así que el Poder Judicial (cuya organización y funcionamiento están basados en el principio de unidad ex art. 117.5 CE)», y se añade que no puede tener «más órgano de gobierno que el Consejo General del Poder Judicial, cuyo estatuto y funciones quedan expresamente reservados al legislador orgánico (art. 122.2 CE)». De ello se desprende que el legislador ordinario es el único competente para regular el estatuto y funciones del Consejo Judicial, pero respetando la Constitución y la doctrina sentada por el Tribunal Constitucional. Pero la cuestión que quiero tratar no es si esa posible reforma respeta o no estos parámetros, puesto que para ello habrá que conocer el texto y en última instancia a quien le corresponderá enfrentarse a ello será al Tribunal Constitucional. Otra cuestión diferente, y no menos importante, es si más allá de las urgencias políticas es necesaria y positiva esta reforma, y si realmente puede servir al fin pretendido satisfacer aspiraciones identitarias y de autogobierno. Habrá que plantearse además si, a la postre, tiene algún beneficio para la organización y funcionamiento del Poder Judicial y para el propio ciudadano; esto es, si la existencia de estos nuevos órganos, respeten o no la Constitución en su configuración, va dirigida a un mejor funcionamiento del Poder Judicial, va a mejorar la calidad de nuestra justicia, y en última instancia, si esta reforma busca el bien común, pensando en el ciudadano. Yo creo que esta reforma está más cerca de necesidades políticas que las de los ciudadanos. Para ello resulta capital conocer que es el Consejo General del Poder Judicial, y así el art. 122.2 de la CE establece que «El Consejo General del Poder Judicial es el órgano de gobierno del mismo. La ley orgánica establecerá su estatuto y el régimen de incompatibilidades de sus miembros y sus funciones, en particular en materia de nombramientos, ascensos, inspección y régimen disciplinario». Esto es, lo concibe como el órgano de gobierno del Poder Judicial, poder encargado de administrar la justicia emanada del pueblo, a través de jueces y magistrados, unos 4.600 en estos momentos. Las funciones principales del Consejo son las de nombrar jueces, regular sus ascensos, la inspección de su trabajo y su régimen disciplinario. La pregunta es ¿dónde caben en estas funciones los sentimientos identitarios de los ciudadanos y el autogobierno de una Comunidad Autónoma? Nos recordaba la sentencia 108/1986 que las funciones que obligadamente ha de asumir el Consejo son aquellas que más pueden servir al Gobierno para intentar influir sobre los tribunales: de un lado, el posible favorecimiento de algunos jueces por medio de nombramientos y ascensos; de otra parte, las eventuales molestias y perjuicios que podrían sufrir con la inspección y la imposición de sanciones. La finalidad del Consejo es, pues, privar al Gobierno de esas funciones y transferirlas a un órgano autónomo y separado. Nada más y nada menos, para esto existe el Consejo General del Poder judicial, que para gobernar en estos ámbitos a jueces y magistrados. En nuestro sistema la inmensa mayoría de los jueces, a excepción de los jueces de paz y los sustitutos, son de carrera y forman, como dice la Constitución, un cuerpo único. La cuestión es, ¿qué sentido tiene crear unos órganos con el fin de dar más autogobierno a las comunidades autónomas y canalizar sentimientos identitarios cuando tales fines son tan ajenos a las funciones del propio Consejo General, gobernar el poder judicial sin intromisiones del poder ejecutivo, tanto nacional como autonómico? Parece que sobre nuestra justicia se cierne de nuevo otra suerte de polémica que va a concentrar esfuerzos en la misma, cuando en estos momentos, todos los esfuerzos son pocos para la tarea fundamental: modernizar nuestro modelo de justicia, pensando fundamentalmente en las necesidades de los ciudadanos y no en las de los políticos.

Enrique Múgica por Martín Prieto

La injuria es un arte y no está al alcance de los patanes. No es lo mismo tachar de analfabeto a Menéndez Pidal que tildar de Casanova a Marcel Proust. Por el recurso ante el Constitucional de una Ley de Acogida de Inmigrantes que alzaprima el catalán, jabalíes de ERC como Huguet y Puigcercós han definido al ex Defensor del Pueblo Enrique Múgica como falangista y aliado del racismo, lo que mueve a risa por el contenido y el contexto, ya que fue Múgica quien pasó por los penales franquistas por ser miembro destacado del Partido Comunista y cesó en el cargo de Defensor del Pueblo justo antes de la presentación del recurso. Cuando estos pitecantropus semierectus aún no habían nacido, el PCE y luego el PSOE fueron los exponentes antidictatoriales,tanto que Felipe González y Alfonso Guerra nunca pisaron Carabanchel.

Se dice que Dios primero confunde a quienes desea perder, y estos restacuartos independentistas realmente deliran. ¿Son racistas o xenófobos? Enrique Múgica Herzog es vasco, español, judío y por línea materna franco-polaco. ETA asesinó a su hermano Fernando, dolor que creo aún no lo ha superado. Hombre bonancible, es complicado acceder a las escaleras, de su casa, porque los libros rebosan los peldaños. Acierto ecuánime del presidente Aznar fue consensuarle como Defensor del Pueblo, y durante sus dos mandatos ha sido imparcial y apartidista. Como los de ERC son analfabetos políticos, estiman que aquellos que no enarbolan las esteladas son émulos de Hitler. Confortémonos con lo que dijo Anatole France: «Cualquiera que sea la manera de pensar y obrar, es mala señal no ser vilipendiado, insultado o amenazado».

No sufras más por nosotros, Nacho por Carmelo Jordá‏

El presidente de las no tan Nuevas Generaciones del PP, Nacho Uriarte, nos desvelaba este domingo en una entrevista en La Razón dos datos de especial relevancia política: el primero su pasión por el yogur de chocolate, el segundo su pánico por convertirse en un profesional de la política, una situación que de llegar a producirse le haría "huir nadando de eso".

Tan definitiva frase la pronuncia un hombre que con 30 años recién cumplidos no sólo ocupa el puesto más elevado en la organización "juvenil" de los populares sino que es diputado en el Congreso, que creo que algo cobran, y miembro del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Popular, cargo que no sé si está remunerado pero que no parece propio de un señor que simplemente pase por allí.

El caso es que no se conoce, suponemos que por modestia del propio interesado, actividad profesional alguna del señor Uriarte fuera de la política. Tiene ciertos estudios, sin llegar al nivel de licenciatura eso sí, pero en su brevísimo perfil biográfico en la página del PP no aparece ninguna empresa, ningún destino, ni una oposición ni tan siquiera un mísero cargo en una compañía de titularidad municipal.

Por otro lado, para haber llegado a la tierna edad de 26 abriles a la presidencia de las juventudes de su partido es de suponer que ingresó en las mismas poco después de salir de la pubertad, sin tan siquiera haber cumplido completamente con el trámite de la adolescencia.

Desde entonces, casi a la par que le salía la poblada barba que luce hoy en día, debió de tener que trabajar duramente (es un decir) en el seno de la organización para ir escalando posiciones, esquivando las intrigas propias de los partidos políticos y entregándose al proyecto con una determinación quizá digna de mejor empeño. Así, aportando ideas, pisando cabezas y moviéndose con singular habilidad por las covachuelas de Génova (más difíciles de conocer y dominar que las mazmorras de Mordor) alcanzó su posición de privilegio en las NNGG y, posteriormente, un sillón en la cámara de la Carrera de San Jerónimo.

Pero ahora nos enteramos de que su vocación no es la política profesional, de que él en realidad deseaba hacer otra cosa aunque todavía no sepamos el qué y de que ha sacrificado su larguísima juventud (tiene treinta tacos y sigue siendo un "juvenil"), suponemos que en aras del bien público. Y encima el bien público, la vida es en ocasiones terriblemente injusta, tampoco parece haberse enterado mucho de la esforzada labor de Uriarte.

Así las cosas, no queda sino hacer un llamamiento público, casi una súplica: Nacho, para ya, no sufras más por nosotros, deja de ser diputado, hazte mayor saliendo de las Nuevas Generaciones y abandona Génova con lágrimas en los ojos, acabas de cumplir los 30 y te mereces ser feliz.

Además, tampoco es que te vayamos a echar mucho de menos.

Carmelo Jordá es redactor jefe de Libertad Digital.

El salario del miedo por Carlos Rodríguez Braun

En una película de Clouzot un camionero (Montand) acepta transportar una carga de nitroglicerina: cobra «el salario del miedo». Esa transacción es norma hoy, pero para todos y a la fuerza, porque nos someten con la excusa de superar nuestro miedo, y en tal caso no hay límites a la coacción. El Gobierno puede comprar millones de dosis de vacunas para una gripe inexistente o forzar a masas de ciudadanos a inútiles humillaciones en los aeropuertos, y no cabe objetar porque ¿y si hubiese habido la famosa epidemia?, ¿y si se relajan los controles y un terrorista vuela un avión? Lo más importante es la seguridad, dijo Blanco cuando los gobiernos europeos impidieron a millones de personas tomar un avión durante una semana. Tal el pensamiento único: hay muchas catástrofes, desde el paro hasta las pensiones, desde la obesidad hasta el tabaquismo, desde la crisis hasta el calentamiento global, que sólo pueden resolverse con menos libertad, y para eso está la política. Los riesgos más o menos conocidos que las personas o las empresas podríamos soportar se vuelven responsabilidades sociales que el Estado debe asumir. Es una trampa, dice Anthony de Jasay («Is society a big insurance company?», www.econlib.org), porque los humanos libres nos protegemos, por ejemplo, con seguros, y no tenemos por qué aceptar como obvio el que nos arrebaten la libertad y los bienes a cambio de una seguridad que definen otros y pagamos todos.

Más tributos por Martín Prieto

Una curva estadística y empírica demuestra que los impuestos no pueden subir indefinidamente porque llega un momento en donde la línea ascendente se dobla, decae la economía y el Estado recauda menos, explicando así la aparente paradoja de que el presidente Ronald Reagan aumentara el Producto Interior Bruto (PIB) estadounidense rebajando los tributos. No fue una Arcadia feliz y se resistieron servicios asistenciales, pero la primera parte de la ecuación es la más dañina de las dos. Dogma socialista es aumentar los impuestos hasta que su misma hacienda tumbó el Estado de Bienestar sueco y el moralista Ingmar Bergman tuvo que exiliarse en una isla danesa.

Durante un tiempo, nuestros socialistas, caídos del guindo, proclamaron eso de que bajar los tributos era de izquierda, pero en breve regresaron a su ser natural, porque ¿a dónde irá el buey que no are? Tras las lecciones de logopedia que le ha quitado la dislexia y su aterrizaje al Ministerio de Fomento, «Pepiño», adoptó maneras de Don José y creíamoslo patricio dado al bien, pero nos acaba de poner en guardia ante más impuestos si queremos servicios de primera.

El conjunto de todos nuestros servicios públicos (transporte, sanidad pública, pensiones, etc.) es una mierda. Somos Polonia pero con AVE. Y no lo digo sólo yo; Carlos Solchaga siendo ministro de Economía de Felipe González afirmaba que teníamos impuestos americanos y servicios africanos. Las comparaciones con el resto de la Unión Europea son trampas para oso, porque no recibimos lo que se reparte en el Benelux, Alemania y los países nórdicos.

El nuevo socialismo español confunde la redistribución con el despilfarro y habremos de tributar más porque ya dijo una «ministra de cuota» que el dinero público no era de nadie.

¡Pero si están pagando impuestos hasta los parados con prestación!

Los Castro lanzan otra ola de represión contra la disidencia

La represión en Cuba continúa, y en España María Jesús Arsuaga diciendo que: Se quejan de vicio. Es un sitio modesto, pero disponen de todas las condiciones básicas para vivir: comida, cama, medicamentos, habitaciones, agua. Un bien de primera necesidad que se ha convertido ya en un lujo para muchos españoles.




«No habrá impunidad para los enemigos de la patria». La amenazadora frase pronunciada por Raúl Castro ante la Asamblea Nacional el pasado 1 de agosto apareció poco después en las pantallas de los móviles de varios conocidos opositores de la provincia de Holguín.

Era la confirmación de que el régimen castrista no se iba a quedar de brazos cruzados tras haber tenido que transigir con la excarcelación de los 52 presos que quedaban en sus cárceles desde la «Primavera Negra» de 2003.

Era una advertencia en toda regla a la oposición. Ese mismo domingo, la Policía política castrista, apoyada por turbas civiles e incluso unidades militares «especiales», comenzaba el acoso a los disidentes agrupados en la Alianza Democrática Oriental (ADO) aprovechando la convocatoria de una marcha de apoyo a Reina Luisa Tamayo, la madre de Orlando Zapata, que debía finalizar en su casa de Banes.

Uno los receptores de ese mensaje, Luis Felipe Rojas, tuvo claro desde el principio que el número desconocido que aparecía en su teléfono pertenecía a la Seguridad del Estado. Luego se lo confirmaron, como comenta a La Razón en una conversación telefónica: «Un agente me dijo que, a partir del discurso de Castro, "tenemos vía libre para hacer lo que queramos", es decir una especie de patente de corso para reprimir a quienes sólo reclamamos libertad».

Y la Policía cumplió su palabra. En los cuatro días que ha durado esta nueva ola de represión fueron detenidas 28 personas en las provincias del Oriente cubano, además de otras nueve en La Habana y un número indeterminado de activistas del Movimiento Opositores por una Nueva República. Todos ellos fueron puestos en libertad paulatinamente, un «modus operandi» habitual de la dictadura castrista, según confirmó a LA RAZÓN el coordinador de ADO, Rolando Rodríguez Lobaina. «Hubo detenciones arbitrarias, reclusiones domiciliarias, golpizas», afirma mientras señala que uno de los detenidos, Omar Wilson Estévez, está hospitalizado, aunque se desconocen los motivos. «Lo peor», añade, «es que esto irá a más, pero no pensamos dejar de reclamar libertad».

«Cruzar las alambradas», un blog hecho desde Holguín para que nadie olvide

Las imágenes de la constante represión contra la disidencia hablan por sí solas. Luis Felipe Rojas es otro de los jóvenes «blogueros» cubanos que aprovecha para documentar las brutales palizas y las torturas a las que son sometidos todos aquellos que osan disentir de la gerontocracia cubana.

Toros con orgasmo por José Luis Alvite

Alvite y los toros.

Destaco:

De niño despojaba de sus alas a docenas de moscas y las organizaba luego sobre el suelo como una ganadería sin que nada de aquello me impidiese dormir. Estoy seguro de que habría sido incapaz de conciliar el sueño si en vez de las alas a las moscas, le hubiese arrancado las suyas a cincuenta pollos vivos. Es el tamaño del bulto lo que despierta la conciencia...

Y eso son las corridas de toros: una de esas viejas emociones que se disfrutan cuando se sienten y se malogran cuando se explican.



ARTÍCULO:

Todos los argumentos que se utilizan para condenar las corridas de toros son razonables, contundentes, incluso parece que sean irrebatibles. Por supuesto, también lo son los argumentos que aducen quienes defienden la lidia. Todo es relativo. El placer que encuentra el gourmet al sentarse en una mesa bien surtida no es en absoluto mayor que el que siente en la desnudez de su celda el monje enfrentado a la abnegada penitencia de su ayuno. La inteligencia convierte en razonables muchas conductas que la conciencia encuentra en principio inadmisibles. Muchos de quienes abominaron del nazismo al consumarse la derrota del III Reich fueron sus devotos seguidores cuando el Hitler criminal no había sustituido en su admiración al Hitler lúcido, sabio y redentor cuyos crímenes al principio prefirieron ignorar. Fue el descomunal tamaño de sus crímenes lo que le descubrió al mundo la abominable perfidia de aquel régimen exterminador y racista. ¿Prohibiríamos las corridas de toros si las reses fuesen del tamaño de las truchas y su sangre pasase inadvertida? ¿Tiene algo que ver la conciencia con el tamaño de aquello que tendría que repudiar? De niño despojaba de sus alas a docenas de moscas y las organizaba luego sobre el suelo como una ganadería sin que nada de aquello me impidiese dormir. Estoy seguro de que habría sido incapaz de conciliar el sueño si en vez de las alas a las moscas, le hubiese arrancado las suyas a cincuenta pollos vivos. Es el tamaño del bulto lo que despierta la conciencia, igual que en un callejón sin salida lo que inspira temor de un hombre no es su mirada, sino su corpulencia. Pues ése es el problema de los toros: que son corpulentos y dan mucho en la vista, no como las truchas, que agonizan enganchadas por la boca en un anzuelo sin que nadie se compadezca de ese dolor ni proteste por ello. Alguien podría alegar que en nombre de la conciencia pública lo mejor sería pescar las truchas con un procedimiento indoloro, no sé, tal vez instándolas desde la orilla con un megáfono para que salgan del río y se entreguen. Si la vida fuese así, en la próxima carrera del hipódromo la organización tendría que premiar el esfuerzo del caballo y castigar el abuso del jinete. Todo se andará. Los seres humanos somos tan idiotas que el día menos pensado castigaremos algo tan natural como que la tentación de buscar el orgasmo concluya a veces en el placer de conseguirlo. Corren malos tiempos para las emociones. Y eso son las corridas de toros: una de esas viejas emociones que se disfrutan cuando se sienten y se malogran cuando se explican.

Smiley en vela por Carlos Rodríguez Braun

Rodríguez Braun pone a Zapatero en su sitio.

Las negritas son mías.



ARTÍCULO:

Suena a lucecita de El Pardo. Hace poco lanzó la señal Felipe González al decir que a Smiley «le ha golpeado la realidad de la crisis y se le nota el peso del ejercicio del poder». Y el domingo pasado el sujeto fue homenajeado en «El País» con una entrevista y este titular: «He pasado muy malos ratos y noches sin dormir por la crisis». Vieja idea antiliberal: el líder se sacrifica por nosotros; viola nuestra libertad y nos arrebata el dinero pero es por nuestro bien, lo hace con dolor y desvelo, etc. Otros cuatro ingredientes totalitarios. Uno, la paranoia: «Hay poderes que pretenden ocupar el poder de la política, que es el único legitimado por el voto ciudadano». Dos, la impostura. Sobre si cometió algún error, dice: «estar demasiado tiempo en el debate de si crisis o desaceleración». ¡El debate! Como si no hubiera sido una estrategia premeditada para ganar las elecciones de 2008, que incluyó insultos a los economistas que dijimos la verdad. Tres, el narcisismo: «Para tener una responsabilidad como la mía, la primera condición personal es tener fortaleza emocional para poder transmitir serenidad». La fortaleza es emocional, no la de unos principios inexistentes. Y cuatro, el delirio: «con las reformas que hemos emprendido debemos generar una espiral económica positiva cuanto antes». La mejoría será gracias a él, no al sacrificio de millones de españoles que permitirán la recuperación a pesar, muy a pesar del Gobierno.

No todo vale por Enrique López

Enrique López escribe sobre el estado de derecho. De acuerdo con él al 100%.

Destaco:


Cuando hablamos del término Nación, lo podemos considerar como un concepto en sentido estricto, la nación política, esto es, el ámbito jurídico-político, un sujeto político en el que reside la soberanía constituyente de un Estado; pero también cabe otra acepción, en un sentido cultural, concepto socio-ideológico más subjetivo y ambiguo que el anterior, en el que la entendemos como una comunidad humana con ciertas características culturales comunes. No debemos confundirlas y además no son incompatibles; el segundo es más laxo y como tal menos definido. Ahora bien, respetar este segundo, entender que haya personas que se sientan identificados con este concepto, no nos puede llevar a negar la existencia del primero. Tanto respeto se merece el que utiliza esta segunda acepción, como los que creemos en la primera, y máxime cuando además, la ley, la ley de leyes así lo recoge

Existe el derecho a usar otras lenguas oficiales además del español, pero este derecho lo tienen las gentes y no las lenguas. Los territorios no tienen derechos, los tienen los ciudadanos que los ocupan. No existen derechos históricos, existen derechos fundamentales. Primero la persona, viva donde viva, hable lo que hable, y después el territorio. Cuando se habla de hacer justicia en un sitio, no se hace para catalanes, gallegos o murcianos, se hace para todas las personas que la demandan. No hay una justicia regional, hay una justicia única igual, para todos y en la que todos nos tenemos que sentir representados. Cuando se deja de pensar en los ciudadanos, y se alimentan ensoñaciones personales, el responsable político se aparta tanto de su cometido, que es difícil reconocerle. No es malo respetar sentimientos, pero el problema es cuando se dan sentimientos diferentes y se enfrentan, la única solución es buscar el espacio común y gobernar para todos, para la generalidad y nunca mejor dicho. Cuando se gobierna para la generalidad se suele acertar, cuando se gobierna para unos pocos, aunque sea rentable electoralmente, se suele cometer un gran error.



ARTÍCULO:

Cada día es más difícil vivir en un país en el que al final todo vale, en el que las referencias, los principios no tienen ningún valor, en el que todo se cuestiona día a día, en el que recitar un artículo de la Constitución o simplemente recordarlo te sitúa políticamente. Cuando se aprueba una Constitución, se crea espacio común, en el que nos encontramos, al margen de nuestras propias ideas, ideología, principios, etc. Cuando surgen dudas sobre su interpretación o aplicación aparece un órgano, el Tribunal Constitucional, máximo intérprete de la Constitución, al que todos nos sometemos y al que debemos respeto, al margen de que nos guste o no lo que hace. O respetamos o no respetamos, lo que no vale es que sólo acatemos las decisiones del árbitro cuando nos interesa. Cuando hablamos del término Nación, lo podemos considerar como un concepto en sentido estricto, la nación política, esto es, el ámbito jurídico-político, un sujeto político en el que reside la soberanía constituyente de un Estado; pero también cabe otra acepción, en un sentido cultural, concepto socio-ideológico más subjetivo y ambiguo que el anterior, en el que la entendemos como una comunidad humana con ciertas características culturales comunes. No debemos confundirlas y además no son incompatibles; el segundo es más laxo y como tal menos definido. Ahora bien, respetar este segundo, entender que haya personas que se sientan identificados con este concepto, no nos puede llevar a negar la existencia del primero. Tanto respeto se merece el que utiliza esta segunda acepción, como los que creemos en la primera, y máxime cuando además, la ley, la ley de leyes así lo recoge. A veces parece que hay gente empeñada en no avanzar por la senda del progreso y la justicia, y se someten al peso de la historia y las tradiciones, eso sí bajo su personal forma de ver estos procesos históricos. Parece que el cosmopolitismo es enemigo de las particularidades de los pueblos; y enfrenta la razón al instinto. Nuestra Constitución se fundamenta, y así se refleja en su artículo 2, en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y del mismo modo reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas. El simple hecho de recitar este articulo, depende de dónde, te convierte en enemigo. Tanto derecho se tiene a explorar sentimientos nacionalistas, como a sentirse español, y además a los que así nos sentimos, de momento, la Constitución nos acoge. No cabe duda de que uno de los problemas a los que se enfrentaron nuestros constituyentes fue la resolución del conflicto de una nación, en la que había políticos que sostenían la existencia de otras naciones dentro de una. Aquel dilema se solucionó con el término nacionalidad, para precisamente contraponerlo al de región, de tal manera, que se dividía España, entre regiones dentro de una Nación y nacionalidades. Con el paso del tiempo parece que tal resolución no satisfizo, y se quiere seguir avanzando en la existencia de un Estado Plurinacional. Pero mientras tanto, se debe respetar el actual «estatus quo» constitucional, y sobre todo por los que tienen las máximas responsabilidades políticas. No se gobiernan sentimientos, se gobiernan personas. Los derechos los ostentan las personas, y no las regiones o nacionalidades. Existe el derecho a usar otras lenguas oficiales además del español, pero este derecho lo tienen las gentes y no las lenguas. Los territorios no tienen derechos, los tienen los ciudadanos que los ocupan. No existen derechos históricos, existen derechos fundamentales. Primero la persona, viva donde viva, hable lo que hable, y después el territorio. Cuando se habla de hacer justicia en un sitio, no se hace para catalanes, gallegos o murcianos, se hace para todas las personas que la demandan. No hay una justicia regional, hay una justicia única igual, para todos y en la que todos nos tenemos que sentir representados. Cuando se deja de pensar en los ciudadanos, y se alimentan ensoñaciones personales, el responsable político se aparta tanto de su cometido, que es difícil reconocerle. No es malo respetar sentimientos, pero el problema es cuando se dan sentimientos diferentes y se enfrentan, la única solución es buscar el espacio común y gobernar para todos, para la generalidad y nunca mejor dicho. Cuando se gobierna para la generalidad se suele acertar, cuando se gobierna para unos pocos, aunque sea rentable electoralmente, se suele cometer un gran error. Generalizada, bien común, etc., no pueden ser palabras ajenas a la acción política. Cuanto más responsable político se es, más hay que ejercer precisamente eso, la responsabilidad y como mínimo se debe respetar la Constitución. No vale todo, ni tan siquiera por un puñado de votos. Los sentimientos los tenemos todos ,y todos nos merecemos un respeto.

Talento con lencería de José Luis Alvite

Alvite escribe sobre los instintos.

Destaco:

Por si su queja se malograse sin salir de la intimidad de su casa en la costa, Kate reflexionó a través de uno de sus personajes más celebrados, una mujer madura en cuyos labios hizo una personal confesión de su credo: «Hay un creciente y tenaz desprestigio de las emociones primarias por considerar que son impulsos superficiales. No entiendo que en nombre del pensamiento alguien se niegue a creer que a menudo lo más profundo de cualquier persona no ocurre en su alma, sino en su piel. No dudo que a una mujer le resulte agradable que un hombre aspire a conocer su alma, pero, ¡que demonios!, llega un momento en el que echas de menos que no intente averiguar tu ropa interior».


ARTÍCULO:

Como en estas cuestiones lo mejor es curarse en salud con el respaldo de una opinión femenina, recordaré lo que hace algunos años me dijo de madrugada en su casa de la costa la veterana escritora Kate Sinclair: «La crítica literaria elogia mis actitudes progresistas, mi comportamiento iconoclasta y mi coherencia ideológica, como si se tratase de arduas conquistas de mi inteligencia o fuesen el merecido resultado de mi talento. Jamás desmentiría eso, pero en el fondo me río de la visión tan elevada que tienen de mí. ¿Qué diablos saben ellos acerca de los pasos que he dado hasta llegar a ser lo que soy?» A Kate su prosperidad en el oficio de escribir no le impedía reconocer que «(…) habría preferido mil veces ser una mujer hermosa y seductora antes que ser una pluma brillante. Mi éxito profesional es parte de los estragos que me produjo tener un aspecto físico vulgar. Ignoran que no he llegado aquí persiguiendo la gloria, sino huyendo del espejo. A veces mientras le echo al coche en el cruce de Forest Seagulls la gasolina justa para dar la vuelta y regresar a casa, pienso que esos tipos tan sesudos de la crítica literaria se echarían las manos a la cabeza si supiesen que los elogios que ellos le dedican a mi talento habría preferido que el empleado de la gasolinera se los dedicase a mis piernas». Ahora que cree tener evidencias incontestables de que la situación es irreversible, es cuando Kate Sinclair arremete sin piedad contra el culto al éxito y se lamenta amargamente de no haber cultivado su aspecto físico y maldice «la estupidez que en un momento de mi vida supuso creer a pies juntillas que los hombres iban a caer rendidos ante mis brillantes ideas literarias y ni siquiera sería necesario que les cautivase mi cuerpo». Por si su queja se malograse sin salir de la intimidad de su casa en la costa, Kate reflexionó a través de uno de sus personajes más celebrados, una mujer madura en cuyos labios hizo una personal confesión de su credo: «Hay un creciente y tenaz desprestigio de las emociones primarias por considerar que son impulsos superficiales. No entiendo que en nombre del pensamiento alguien se niegue a creer que a menudo lo más profundo de cualquier persona no ocurre en su alma, sino en su piel. No dudo que a una mujer le resulte agradable que un hombre aspire a conocer su alma, pero, ¡que demonios!, llega un momento en el que echas de menos que no intente averiguar tu ropa interior».

Cocaína con bragas por José Luis Alvite

Artículo de Alvite sobre el consumo de drogas.

Muy de acuerdo con él, además en mi caso se juntaría con mi adicción enfermiza a las cosas que me gustan.

Destaco esto:

"He preferido enfrentarme a la vida de una manera consciente, con los ojos bien abiertos, seguro de que sería capaz de sobreponerme a los remordimientos sin necesidad de perder la memoria, no como mi colega, que solo quería enriquecerse con la literatura para permitirse luego la coartada moral de convertir sus vicios en costumbres. Ya te digo que jamás he sido un santo, pero, ¡qué demonios!, al menos me cabe el orgullo de asegurar que mi conciencia siempre me ha tolerado menos errores de los que a veces me habría permitido mi bolsillo".



ARTÍCULO:

Creo que un hombre contrae un vicio cuando la virtud a la que sustituye ya no le produce el placer que esperaba conseguir. ¿Y qué es un vicio? Yo creo que es algo que no depende de una clasificación moral objetiva, sino del poder adquisitivo de cada uno. Un hombre con dinero puede permitirse cualquier tentación en la seguridad de que lo suyo será visto socialmente como una costumbre, como un simple hábito, mientras que si fuese de clase media y anduviese mal de liquidez, la costumbre sería considerada al instante un vicio. En todos los niveles sociales se consume droga, pero en los ambientes selectos la cocaína circula en las mismas bandejas que las gambas Orly y las croquetas de salmón. En algunas reuniones de gente de negocios incluso está mal visto que alguien rechace la tentación de meterse una rayita por las narices. Algo parecido ocurre en ciertos círculos intelectuales en los que resistirte al consumo de cocaína puede ser interpretado como una perversión inconfesable, algo tan grave como en una reunión de cinéfilos los sería sin duda manifestar tu resistencia a menospreciar la filmografía de José Luís Garci o a leer «Cahiers du Cinema». En una velada de escritores discutí con una colega sobre la influencia de la depravación lisérgica en la calidad literaria. Ella defendía que las drogas estimulaban la creatividad y yo le decía que los gatos dan con los ratones sin necesidad de estimularse. Mi colega estaba hasta los ojos de cocaína y llevaba hora y media tratando de dar con una frase para redondear el párrafo inicial de su nueva novela. A punto de amanecer y en medio de un auténtico hacinamiento de gente doblada por el mórbido cansancio que a veces produce la estupidez al mezclarse con la vanidad, le pregunté cómo diablos pretendía acertar con la dichosa frase si en el estado alucinado en el que encontraba ni siquiera era capaz de encontrar sus propias bragas. Yo jamás he llevado la vida de un santo y sin embargo he evitado siempre las drogas que no fuesen el gin tonic o el tabaco. He preferido enfrentarme a la vida de una manera consciente, con los ojos bien abiertos, seguro de que sería capaz de sobreponerme a los remordimientos sin necesidad de perder la memoria, no como mi colega, que solo quería enriquecerse con la literatura para permitirse luego la coartada moral de convertir sus vicios en costumbres. Ya te digo que jamás he sido un santo, pero, ¡qué demonios!, al menos me cabe el orgullo de asegurar que mi conciencia siempre me ha tolerado menos errores de los que a veces me habría permitido mi bolsillo. No dudo que mi colega evitará mi compañía en las veladas literarias, pero sé que de vez en cuando tendrá que recurrir a mí aunque sólo sea para que mi olfato de perro le ayude a encontrar sus bragas.

Imposible por Carlos Rodríguez Braun

Artículo de Carlos Rodríguez Braun sobre uno de sus temas favoritos: los impuestos.

Al leer el artículo me queda la sensación de que o nos toman por tontos o lo son quienes dicen determinadas cosas.

Bajar impuestos es perfectamente posible, hay que reducir y ajustar el gasto.

La negrita es mía.



ARTÍCULO:

Se nos asegura que hay una cosa que no puede ser y además es imposible: los impuestos no pueden bajar. Jordi Sevilla resumió el pensamiento único en «El Mundo»: «Bajar impuestos no será ni de izquierdas, ni de derechas, sino simplemente imposible. Ello situará el debate en sus términos clásicos: quiénes pagan, cuándo y de dónde».

Curiosamente, a la hora de ir más allá de este tipo de proclamaciones, vemos que más allá no hay nada. Un argumento muy utilizado para explicar por qué los impuestos tienen que subir es que todos los gobiernos lo hacen y todas las instituciones lo recomiendan. Como si eso fuera un argumento, como si probara su veracidad, como si todo el mundo no hubiese coincidido alguna vez en jurar que la Tierra era plana e inmóvil, o los negros una raza inferior, o que las mujeres no tenían derecho al voto.

Llama la atención la falta de reflexión sobre la coincidencia política, que suele ser bastante amplia, y sobre su posible relación con el interés de los propios gobernantes. Mientras se hurta el debate sobre los principios, se nos acorrala con la idea de que como hay que reducir el déficit nuestros gobernantes se van a ver forzados a violar aún más nuestra cartera (a eso llama Sevilla «términos clásicos»), por supuesto por nuestro bien y porque los que mandan deben repartir los costes de la crisis ¡entre aquellos que ellos mismos aseguran que no somos responsables de la misma!

La paidofilia que no cesa por Matín Prieto

Con la excusa de comentar el libro Estela grita muy fuerte, de Isabel Olid, Matín Prieto escribe un realista y adulto artículo sobre la paidofilia, con ese final:

"Una noche en Bangkok, en el Hotel Oriente, la puerta de Asia, junto a las habitaciones perfectamente conservadas y que fueron ocupadas por Sommerset Maugham, Graham Greene, Joseph Conrad, me ofrecieron «niñas a la carta». No soy mejor que nadie: de la infamia me salvó la doctora".

Aunque habría que distinguir entre el amor o la atracción sexual por los niños, que en sí misma no es ningún delito, y su consumación, que es la pederastia. Arcadi Espada ha tratado el tema magistralmente en su libro Raval: del amor a los niños. En el libro. además de aclarar conceptos sobre la paidofilia y la pederastia, es sobresaliente en el tema de la investigación periodística.


ARTÍCULO:

La atracción sexual por los niños está en la historia de la humanidad; no tiene arreglo, es cosa de hombres y es una lacra que crece al calor de las nuevas tecnologías. Incluso los cánones de belleza de las mujeres adultas son infantiles. Cuanto más recuerda la cara de la púber al piquito infantil de la boca, las maneras suaves y la suavidad de la emergente progesterona, más se excitan los pedófilos. Siendo impúber me masturbaron en el Metro y no entendí nada y, precisamente por sentir una gran confusión, no conté nada en casa y tampoco pedí, ni encontré, ayuda. Soy un zote adentrándome en los bosques de internet y hace unos días, manipulando pestañas y teclas, me apareció en pantalla una serie infinita de niñas y niños desnudos en diferentes posiciones. Escapé aterrado de mi despacho para poner a la doctora de testigo de que lo que mostraba la pantalla no era buscado sino fruto de mi torpeza, temiendo que la eficacísima unidad de informática de la Guardia Civil hubiera detectado mi huella electrónica y se me cayera todavía más el pelo.

Louann Brizendine es una científica, doctora en Medicina, graduada en Neurobiología por la Yale University School of Medicine y por la Universidad de Berkeley de San Francisco, ha publicado recientemente dos libros capitales: «El cerebro femenino» y «El cerebro masculino». La autora no se ocupa de la paidofilia, pero siempre da pistas. La mujer tiene dos o tres pensamientos sexuales a la semana mientras que el macho tiene tres o cuatro al día. Una reunión de trabajo entre un hombre y una mujer que sólo se conocen laboralmente es un carrusel de hormonas, y mientras ella está a los asuntos concretos que la han llevado a la cita, él sólo piensa en cómo llevársela a la cama; y así no se puede hacer negocios. El hombre está hipersexualizado por la testosterona, que es eminentemente agresiva, y si se pierden las condiciones éticas acaba en la pedofilia. Si tiene miedo a las mujeres adultas, empezará de menorero y acabará en pedófilo. No tiene cura, por eso se extiende como una pandemia.

La mexicana Isabel Olid ha publicado «Estela grita muy fuerte», bellamente ilustrado, con la editorial Fineo, y que acaba de ser presentado en la Feria Internacional del Libro en Jalisco (Guadalajara). Es un alegato para la protagonista, que es una niña que nunca se queja ni dice nada cuando algo no le gusta. La autora pretende explicar estas historias a los niños para que procuren entenderlas sin horrorizarse. Y también es un clarinetazo sobre el turismo sexual infantil que azota México y a otros países del mundo.

En EE UU, el abuso de menores está extendido y cubierto por una espesa capa de hipocresía. Europa tampoco está libre de pecado en países como Irlanda, Reino Unido o Alemania. Y en Asia, particularmente en Tailandia, los niños se subastan mejor que la carne de kobe, ese buey criado con cerveza, música y masajes. Como Estela, hay que gritar bien fuerte para acabar con este comercio abyecto. Trabajo de romanos, porque el hambre cimenta el alquiler y venta de niños y niñas sin necesidad de rapto. El libro está patrocinado por la Asociación RANA (Red de ayuda a niños abusados), sin ánimo de lucro, que trabaja desde las Baleares difundiendo los derechos de los menores, previniendo el abuso sexual, el maltrato infantil y, sobre todo, sensibilizando a la sociedad. Si su ambiente no es suficientemente educativo, los niños-niñas, especialmente éstas, atraviesan un corredor plagado de minas y acechanzas, y se les debe dar noticias a estos infantes de lo que les puede suceder. Una noche en Bangkok, en el Hotel Oriente, la puerta de Asia, junto a las habitaciones perfectamente conservadas y que fueron ocupadas por Sommerset Maugham, Graham Greene, Joseph Conrad, me ofrecieron «niñas a la carta». No soy mejor que nadie: de la infamia me salvó la doctora.

- Título: «Estela grita muy fuerte»
- Autor: Isabel Olid
- Edita: Fineo
- Precio: 13,90 euros

El baile de la yenka por Martín Prieto

Brillante artículo de Martín Prieto sobre la actualidad política española.

Panem et circenses por Matín Prieto

Artículo de Martín Prieto sobre el adelanto de las elecciones.

Totalmente de acuerdo con él.