Arte con arena (Art with sand)

Vía Sara Tor.



Kseniya Simonova ilustra con arena, música e imaginacion la ocupación alemana de Ucrania durante la segunda Guerra Mundial.

Kseniya Simonova shows with sand, music and imagination the German occupation of Ukraine during the World War II.

Test de atención (Attention test)

Disfruten el vídeo, en inglés con subtítulos en castellano:

Enjoy this video, in English with Spanish subtitles:




Otro vídeo (another video):


La venganza de Ulzana (Ulzana's raid)

Buena película de Robert Aldrich.

Cruda, sin concesiones, ni siquiera un plano exhibiendo lo bonito del paisaje (como ha indicado Enrique Urbizu en el coloquio posterior). La película muestra la huida de un grupo de indios que crean el terror en la zona, asesinando, torturando y violando a los que encuentran a su paso, y la persecución por parte del ejercito americano.

La he visto en la filmoteca española, cine Doré. Aunque el formato estaba mal proyectado. Como ha explicado Urbizu, en Europa se rueda ya con el formato, pero en Estados Unidos el formato se da en la proyección. Y no se hizo de manera correcta en la proyección de esta película.

Ha habido un coloquio posterior, con Jaime Iglesias, autor del libro Robert Aldrich publicado por Cátedra en 2009, y con Enrique Urbizu, director de cine y guionista. Interesantes reflexiones de Urbizu. En la primera de todas ha equiparado la violencia de los indios con la del ejército. Estoy totalmente en contra de esta opinión, en la película los indios son unos asesinos despiadados, y el ejército trata de proteger a la población, a pesar de que cometa errores. Situándome en esta película, si estoy en mi rancho, prefiero ver a un soldado que a un indio. Otra reflexión, con la que estoy de acuerdo, es en que hay película que justifican la violencia en función de quien la cometa y contra quien se cometa. Poniendo como ejemplo paradigmático algunas películas interpretadas por Chales Bronson, en las cuales debido a un acto de violencia inicial contra alguien se pretende justificar la violencia desplegada posteriormente por el personaje interpretado por Bronson.

Cuando la vea en mejores condiciones, decidiré si la incluyo entre mis películas.

No leer si no se ha visto la película: La mejor escena es una en la que viéndose atacado por los indios, un soldado que escolta a un carro que lleva a una mujer y su hijo, decide matar a esta. Pero en la huida con el niño, son derribados y el soldado ante el acercamiento de los indios, decide pegarse un tiro en la boca. La imagen permite ver hasta el humo que sale de la boca del soldado. Brutal.



An affair to remember (Tú y yo). 1957. Leo McCarey

Película con una gran factura técnica de Leo McCarey y estupendas interpretaciones. La elegancia que desprende es lo mejor. La primera mitad, en el barco y en la Costa Azul francesa, me encanta. Diálogos inteligentes, situaciones divertidas y toda esa elegancia antes mencionada. Creando la atmósfera adecuada para la historia de amor. Todo funciona como debe. Cary Grant está a su nivel habitual, excelso, al igual que Deborah Kerr. Me creo totalmente su historia de amor.

Si no ha visto usted la película no siga, voy a destriparla.

La segunda parte no me la creo, quedan en lo alto del Empire State Building seis meses después de su encuentro en el crucero si es que han fracasado sus respectivos proyectos de boda, pero ella tiene un accidente y no puede acudir. Él si acude. Ella queda impedida temporalmente y decide no buscarle y explicarle lo que le pasó. No entiendo esa parte, me chirría que él por orgullo no la busque y que ella, no se muy bien por qué, no haga todo por volver a estar con él y explicarle todo.

El final es muy bueno pero al no haber entendido bien la parte anterior no llega a emocionarme. 

La incluyo entre mis películas.

The magnificent seven (Los siete magníficos). 1960. John Sturges

Sobresaliente western de John Sturges. Un guión muy bien estructurado, un elenco de actores míticos, un malo muy malo y unos buenos con matices. De hecho, una de las mejores escenas de la película es cuando los pistoleros veteranos le explican al más joven la realidad de ese tipo de vida. Los duelos y batallas están muy bien rodadas. Es soberbia la que interpreta James Coburn en el famoso duelo con el cuchillo. Pocos actores hacen de malo tan bien como el gran Elli Wallach. Un detalle, al "melenas" Yul Brynner no le quitan el sombrero ni una vez durante toda la película. 

La banda sonora es mítica:


Incluida en mis películas.


Pale rider (El jinete pálido). 1985. Clint Eastwood

Estupendo western de Clint Eastwood. A pesar de tener algún defecto, como son parte del duelo final y la simpleza de la historia, sigue siendo una gran película. El Eastwood clásico. La película es una copia del clásico Raíces profundas (Shane) y me recuerda a otro gran western de Eastwood, Infierno de cobardes (High plains drifter)Me gusta la relación del predicador (Eastwood) con la niña y la transformación del predicador a mitad de la película. 

Incluida en mis películas.

The train (El tren). 1964. John Frankenheimer and Arthur Penn

Soberbia película de John Frankenheimer. Con un ritmo trepidante, es una película de acción que no para. La acción se desarrolla durante la Segunda Guerra Mundial, antes de la retirada del ejercito alemán de París. Un coronel nazi quiere robar cuadros de gran valor y la resistencia francesa debe impedirlo. Burt Lancaster está perfecto en el papel de resistente con esa fisicidad tan característica de sus interpretaciones. Un actor sobresaliente. La película no tiene concesiones. Es dura pero no remarca la desgracia, simplemente la muestra.

Incluida en mis películas, por supuesto.

Gentes del Siglo, de Indro Montanelli

Notable libro de Indro Montanelli. El libro es una colección de artículos, a su vez reunidos en dos libros anteriores, Personajes y Gente cualquiera.

Me han interesado más los artículos dedicados a gente conocida que los dedicados a gente de su entorno. Pero en todos prima una manera de escribir muy sencilla y una visión muy personal. El autor se centra en aspectos personales, o que a él le han llamado la atención. Incluso violando el off the record. 

Recomiendo el libro a todos los que les guste el periodismo y que quieran conocer la opinión de Montanelli sobre distintos personajes: Fleming, Dalí, Fellini, Ben Gurion, Golda Meir, y muchos más.

Aunque en el prólogo de Arcadi Espada no deja en buen lugar sus Memorias de un periodista, a mí me gustaron más esas que este libro. Aunque ambos son recomendables.

Lo incluyo entre mis libros.

Destaco algunos fragmentos del texto:

(M)e enseñaron (sus luchas en la infancia) a apreciar los ejércitos profesionales más que los de leva; a desconfiar del entusiasmo, a considerar catastrófica la aplicación de la demagogia a la milicia, a deplorar la inflación de las palabras, de aplausos y de condecoraciones (...), y a dudar del heroísmo de los héroes. (Páginas 19-20).

Estas palabras me recuerdan las de George Orwell en Homanaje a Cataluña: En todas las contiendas pasa lo mismo: los soldados combaten, los periodistas vociferan y ningún superpatriota se acerca jamás al frente, salvo cuando hay una brevísima gira de propaganda.

Usted me entiende - me dice (Valentín González "El Campesino"), (...) -, en nombre del comunismo yo he matado mucha gente. La he matado con estas manos, (...) y mucha más habría podido matar, si se me hubiera puesto a tiro...Sí, he matado ,mucha gente; no tanta como han dicho las gentes de Moscú que han hecho recaer sobe mí las atrocidades que ellos cometieron, para aureolarme de terror, pero mucha, mucha... ¿Y qué hago yo ahora con esos cadáveres? No me pesaban mientras creí haber matado por una causa justa, y les enterré. Pero ahora... Mira usted están todos aquí y no sé dónde meterlos. (P. 238)

¿Cree Dalí en lo que dice? No tiene importancia, puesto que lo dice como si lo creyese, y sin preocuparse lo más mínimo del efecto que suscitan sus palabras sobre el interlocutor. Las pronuncia en un pérfido francés y con un grave tono de voz, diferente, sin embargo, al de Lorca. (P. 271).

¿Orgullo consciente? ¿Mitomanía? ¿Deseo de asombrarme? Dalí, al hablar, no me mira a la cara, no se preocupa lo más mínimo de observar si le creo o no. Sabe muy bien que, si no le considero un genio, como se proclama, debo por fuerza considerarle un loco: lo cual, a efectos de éxito, vale otro tanto, si no acaso más. Probablemente, sólo se ofendería si adivinase lo que en realidad pienso de él: que no es genio, ni loco; pero se hace lo uno y lo otro con insuperable maestría. (P. 272).

En torno, los cuadros de las paredes testimonian la verdad de cuanto está diciendo (Dalí): las formas gráficas del alto Renacimiento, imitadas con inigualable perfección, documentan las monedas negras de sudor de este frenético trabajador que dedica dos horas diarias a exhibir su locura, pero que se pasa más de catorce ante el caballete, persiguiendo con implacable tenacidad escorzos de perspectiva, efectos de luz, armonías arquitectónicas, y, en suma, todo lo que el oficio puede procurar a la fantasía inventiva. Toda la grandeza de Dalí radica en esa industria artesana, casi académica, que nada tiene de la genial locura que se le atribuye, o por lo menos la sostiene con tan sólidos puntales que hace aceptar su engaño. (P. 272-273).

Con esa misma simplicidad afrontó (Perón), hace unos meses, el problema de las relaciones con la Iglesia y respondió a quienes trataban de retenerle de dar los peligrosos pasos que se disponía a emprender. Pero no lo hizo solamente desde el balcón y para uso de los descamisados. Lo hizo en su despacho presidencial de la Casa Rosada con cuantos acudieron a consultarle y a aconsejarle. "¿Anticatólico, yo? - le dije al nuncio apostólico -. ¡Mire! - Y señaló al crucifijo que pende del techo sobre su cabeza-. Tengo otro a la cabecera de la cama en mi quinta. Y cada noche me arrodillo ante él y rezo. Rezo por el alma de mi inolvidable compañera..." Y ahí la voz se le quebró en un sollozo que a la par le rompió el corazón al prelado. El cual se volvió a casa convencido de que todo eran habladurías. El presidente le había contestado a todos sus requerimientos: "¿Cómo no? No hay problema...". Y, una vez hubo salido el nuncio, estampó la firma en la ley que ordenaba exactamente lo contrario de lo que había prometido. (P. 335).

The Pleasure Of Finding Things Out by Richard Feynman



Son mexicanos, son valientes por Pablo Ordaz


Esta es la realidad de Méjico, la lucha de los valientes, demócratas y defensores de la libertad, frente a los asesinos.



No tuvieron que irse a la guerra, la guerra vino a buscarlos. Desde 2007 hasta ahora, más de 40.000 mexicanos han muerto víctimas de la guerra que sostienen calle a calle las organizaciones criminales y el Gobierno de Felipe Calderón. Día tras día, los periódicos cuentan historias espeluznantes de matanzas, decapitaciones, policías y políticos corrompidos por el narcotráfico. A ritmo de ametralladora, las editoriales publican libros sobre los principales carteles y hasta la revista Forbes sigue manteniendo en su nómina de multimillonarios al mítico Chapo Guzmán, el fugitivo líder del cartel de Sinaloa. El mal, por tanto, tiene su cuota de gloria en la vida cotidiana de México. El resto del paisaje lo conforman unas autoridades sin prestigio ni credibilidad y una sociedad asustada y desvertebrada, como ausente, sin capacidad de alzar la voz sobre el tableteo constante de las armas de alto poder. Sin embargo, de un tiempo a esta parte van saliendo a la luz historias de gente corriente que, lejos de claudicar o brincar la frontera hacia Estados Unidos, decidió anteponer la dignidad al miedo y enfrentarse al terror, muchas veces con la única protección de su pecho descubierto. Un cirujano de Ciudad Juárez que fue percatándose de que los sicarios a los que trataba de salvar la vida cada vez se parecían menos a él -un hombre de 40 años- y más a su hija adolescente. Una alcaldesa de la tierra caliente de Michoacán, una de las zonas más peligrosas de México, que un día -después de que unos criminales mataran a su marido- se levantó la blusa y mostró su cuerpo roto a tiros y su decisión de no claudicar. Un edil de Nuevo León al que los criminales ya han emboscado tres veces, llevándose por delante a varios de sus escoltas. Un poeta que perdió a su hijo y ahora recorre el país intentando a duras penas resucitar la conciencia cívica, el orgullo de ser mexicano. Son los nuevos héroes. El México heroico que lucha contra el México salvaje.



De pie junto al quirófano del Hospital General de Ciudad Juárez, el doctor Arturo Valenzuela, de 45 años y con una hija adolescente, se fue dando cuenta de que, hace solo tres años, a su quirófano llegaban dos heridos de bala a la semana, a veces tres, tipos duros, herederos de una estirpe acostumbrada a matar y a morir según las reglas de la droga y la frontera, pero que, mes a mes, la fisonomía de los heridos y de los muertos se iba suavizando hasta tener los rasgos de una mujer joven. Espantado, pensó en huir. "Lo tenía fácil", reconoce, "además de la mexicana, yo tengo la nacionalidad canadiense. Así que pensé que era hora de probar otra vida, de sacar a mi hija y a mis padres de aquí, de ponerlos a salvo cruzando la frontera". Una frontera que separa Ciudad Juárez de El Paso. La ciudad más peligrosa del mundo, de la ciudad más pacífica de Estados Unidos.
Al tiempo que valoraba la posibilidad de marcharse, el doctor Valenzuela también iba constatando, horrorizado, que en Ciudad Juárez ya se habían acabado los sicarios de 40 años. Ya no se trataba, pues, de una guerra tradicional entre carteles. Yo te mato a tres. Tú me matas a siete. Se trataba ya de una guerra total. Empujados por la pobreza, por la desigualdad, por la falta de afecto en una ciudad acostumbrada a tratar a las mujeres como esclavas -en la cadena de montaje o en la casa-, cientos de muchachos crecidos a la intemperie de barrios sin asfalto ni escuelas, sin energía eléctrica ni agua corriente, fueron engrosando las filas del único ejército que los aceptaba. A un ritmo endiablado, sin capacidad de elegir, esos muchachos bautizados a semejanza del último galán de la última telenovela, fueron subiendo rápidamente por la escalera del crimen. De halcón -el que alerta de la llegada de la policía- a camello. De camello a sicario. De sicario a muerto. El doctor Valenzuela pensó que la única manera de intentar interrumpir ese último salto mortal pasaba por quedarse. "Me dije que mi hija o mis padres no eran los únicos que lo estaban pasando mal. Que en la biografía de mi conciencia no podía escribir con tinta indeleble que cuando mi ciudad me necesitó, yo me fui. Así que me senté con otros médicos a ver qué se podía hacer...". No hace falta escribirlo. El doctor Valenzuela decidió quedarse.
"La primera marcha que organizamos fue en noviembre de 2008. Unos 200 médicos. Muchos con cubrebocas, por temor a represalias. Ya se habían disparado los secuestros, las extorsiones telefónicas y los homicidios con armas largas, aunque no tantos como ahora. Se estaba empezando a fraguar el Comité Médico Ciudadano y yo me sumé. Lo primero que hicimos fue crear una página de Internet con información práctica para enfrentar los secuestros. ¿Cómo piensa el secuestrador? ¿Qué víctima es más vulnerable? Incluso pusimos un botón de pánico para que la gente nos llamara en caso de necesidad, porque ya por entonces nadie se fiaba de la policía. Hay que tener en cuenta que en el año 2007, en Ciudad Juárez se denunciaron siete secuestros. En 2008 ya fueron 28. Al año siguiente ya había más de 200 denuncias... La gente no sabía qué hacer. Negociaban mal. Pagaban rescates espantosos. Cometían errores que ponían en peligro a la víctima. Y lo peor de todo: una vez que pagaban, ya jamás los dejaban en paz, seguían extorsionándolos. Mucha gente empezó a marcharse de la ciudad".
El párrafo anterior, sin interrupciones, es la pura declaración del doctor Valenzuela. En ese párrafo, y en los que vendrán después, está sintetizada la historia de lo que ha sucedido en México en los últimos cinco años, la clave apenas apuntada en la primera frase del reportaje: los mexicanos no fueron a buscar la guerra, la guerra se plantó un día en la puerta de su casa. La verdadera clase de tropa de esta guerra sin cuartel -es bueno no equivocarse- no la forman los miles de militares sacados urgentemente de los cuarteles o los miles de policías federales instruidos a toda prisa, conectados a una máquina de la verdad para certificar la pureza de sus intenciones, armados hasta los dientes después y finalmente puestos a patrullar en ciudades que a muchos de ellos les resultan hostiles y remotas. Los verdaderos soldados a la fuerza de esta guerra son los ciudadanos. Los concejales de ciudades pequeñas que, pese a la oferta de plomo o plata, deciden apretar los dientes y seguir sirviendo a sus comunidades. Las profesoras que, entre la clase de matemáticas y la de dibujo, tienen que enseñar ahora la de supervivencia. En caso de balacera, hay que tirarse al suelo, no levantar la cabeza, entonar tan fuerte como sea posible una canción divertida. "No pasa nada", les decía Martha Rivera Alanís a sus alumnos de seis años mientras fuera repicaban las balas, "nada más pongan sus caritas en el piso. Vamos a cantar fuerte una canción: ¡si las gotas de lluvia fueran chocolate...!". El vídeo que grabó aquella valiente maestra de Nuevo León venía a demostrar hasta qué punto la violencia forma ya parte de la vida cotidiana de México, pero también de qué forma los mexicanos de a pie lo enfrentan de forma valerosa. "Echándole ganas", por utilizar una expresión local.
Como le echan ganas cada día los periodistas mexicanos del norte. Hasta hace muy pocos años ejercían su oficio decente y tranquilamente en los pequeños diarios de las ciudades del norte, hasta que, de un día para otro, se convirtieron en corresponsales de guerra. Solo que ellos no se visten con chalecos antibalas, no presumen de haber estado en conflictos lejanos ni dan conferencias al regreso. Ellos -los periodistas de Chihuahua, de Tamaulipas, de Nuevo León- ni siquiera tienen que cruzar la calle para irse a la guerra. Lo hacen después de dejar a sus hijos en el colegio, a veces en el mismo colegio que los hijos de los criminales, temiendo cada día que, después de cubrir la última balacera en el barrio más bravo de la ciudad, el teléfono de la redacción suene y al otro lado de la línea una voz muy convincente sugiera que al reyezuelo local del cartel del Golfo o de Los Zetas no le gustaría que tal o cual dato ocupara la portada del día siguiente. Y a pesar de todo, los periodistas mexicanos siguen ejerciendo su oficio. La prueba es que la ONU acaba de otorgarle a México el dudoso galardón de haberse convertido en "el país más peligroso de América para ejercer el periodismo", un premio al que solo se opta reuniendo muchas coronas de flores.
Hay muchos alcaldes en México que, día a día, desprecian el dinero sucio y ponen en riesgo su vida. Pero tal vez no haya muchos que sean capaces de contarlo con el desparpajo del ingeniero Jaime Rodríguez Calderón, alcalde de García, una localidad de 150.000 habitantes en el área metropolitana de Monterrey, la capital de Nuevo León.
-¿Cuántas veces han atentado contra usted?
-Tres.
-¿Cuál fue la primera?
-Cuando inicié mi campaña para alcalde, en junio de 2009.
-¿Por qué?
-Porque le dije a la gente lo que ya venía viendo desde hacía unos años, que los policías estaban involucrados en el narcotráfico, cobraban extorsiones, se dedicaban al narcomenudeo... Pero, a pesar de la amenaza de los criminales, gané la alcaldía.
-¿Y qué fue lo primero que hizo como alcalde?
-Puse al frente de la policía a un general incorruptible. Me lo mataron al cuarto día. Y yo, después de ir al funeral, eché al cuerpo de policía al completo, despedí a 165 agentes y empecé a reclutar a gente nueva. Contraté a otro militar incorruptible y empezamos a limpiar la ciudad. Clausuramos 250 narcotienditas, sacamos a los capos de la ciudad, metimos en la cárcel a 27 policías y otros salieron huyendo. Son esos los que me quieren matar. Estoy pisando muchos callos, pero no quiero que un día mis hijos digan que fui un cobarde.
-Y, ya como alcalde, ha sufrido dos atentados más...
-Se me pone la piel chinita al acordarme. Yo jamás he disparado un arma, nunca tuve una pistola. Pero nos emboscaron y tuve que poner mi camioneta blindada entre los sicarios y los escoltas para que no los fusilaran allí mismo. Ahí ya me mataron a uno...
-¿No tiene usted miedo, alcalde?
-Todos tenemos miedo, compadre. Pero yo lo sé controlar. Mire, hay gente que le tiene tanto miedo a la muerte que no aprende a disfrutar de la vida. Hay vivos que están ya muertos. Y yo no quiero ni ser un muerto en vida ni que mis hijos me recuerden como un cobarde.
En las dos historias siguientes también adquieren especial importancia los hijos. Los hijos pequeños de María Santos Gorrostieta y de Marisol Valles. Los hijos muertos de Marisela Escobedo, de Luz María Dávila y de Javier Sicilia.
María Santos Gorrostieta, la joven alcaldesa del pequeño municipio de Tiquicheo, en el Estado de Michoacán, apenas ocupó un par de días los titulares de la prensa. Dijo lo que tenía que decir y luego, sensatamente, volvió a desaparecer. Y lo que tenía que decir era que el 15 de octubre de 2009 sufrió el primer ataque del crimen organizado. ¿De quién exactamente? No se sabe. Estas cosas no suelen saberse en México, donde la impunidad supera el 98% de los casos. Aquel día, la joven alcaldesa fue atacada por un grupo de sicarios armados con rifles de asalto y granadas de fragmentación -esos juguetes que con tanta facilidad se pueden comprar en las 12.000 armerías estadounidenses abiertas junto a los 3.000 kilómetros de frontera con México-.
No lograron matarla, pero se llevaron por delante a su marido y padre de sus tres hijos pequeños. En cuanto se recuperó de sus heridas, María Santos regresó a sus labores de alcaldesa, pero solo tres meses después volvieron a atacarla. Esta vez, cuando salía de un acto en la Tierra Caliente del Estado de Guerrero. La camioneta Ford Lobo que conducía su hermano recibió varias ráfagas de metralleta. Tres proyectiles hicieron blanco en el tórax, la pierna y el abdomen de María Santos. De nuevo estuvo a punto de morir. De nuevo se salvó. Y fue entonces cuando la joven alcaldesa llamó a un fotógrafo, se remangó la blusa, mostró su hermoso cuerpo roto por los disparos y dijo: "A pesar de mi propia seguridad y la de mi familia, tengo una responsabilidad con mi pueblo, con los niños, las mujeres, los ancianos y los hombres que se parten el alma todos los días sin descanso para procurarse un pedazo de pan...; no es posible que yo claudique cuando tengo tres hijos a los que tengo que educar con el ejemplo". Dicho esto, María Santos Gorrostieta, la alcaldesa valiente de Tiquicheo, regresó de puntillas a sus labores de madre y alcaldesa.
María Santos sabía que no es prudente significarse demasiado. En ninguna dictadura lo es. Tampoco en esta del terror creciente que sufre México desde principios del año 2007. Tan creciente que un reciente estudio realizado por el experto Eduardo Guerrero para la revista Nexos demuestra que -en contra de la versión oficial- cada vez son más los municipios mexicanos azotados por la violencia. Si en 2007 eran 53 los municipios donde se registraron 12 o más homicidios ligados al crimen organizado, en 2008 ya pasaron a ser 84; en 2009 la cifra subió a 131 municipios y en 2010 ya fueron 200 las localidades con 12 o más ejecuciones. La cifra de lugares aquejados por el cáncer de la violencia se ha cuadruplicado en solo cuatro años y aún no se vislumbra una salida.
Por eso, significarse es peligroso. Muchos de los protagonistas de nuestro México heroico lo supieron desde el principio. Otros lo fueron sabiendo. Del primer grupo mencionado podemos rescatar la lucha de una mujer llamada Marisela Escobedo.
Marisela tenía una hija de 16 años que se llamaba Rubí. La mataron en Ciudad Juárez en agosto de 2008, apenas unas semanas después de dar a luz a su bebé. Marisela, como otras muchas de las más de 500 madres cuyas hijas han sido asesinadas en la ciudad norteña, emprendió la búsqueda del asesino de su hija. Un año después, y gracias a su insistencia, la policía detuvo a un tal Sergio Rafael Barraza, el exnovio de Rubí, quien confesó que la había matado y quemado después, indicando a los agentes el lugar donde se encontraba el cadáver. Pese a todo, el convicto solo pasó unos meses en prisión. El 29 de abril de 2010 fue puesto en libertad por "falta de pruebas". Marisela volvió a echarse a la calle para seguir clamando justicia para su hija. Logró que el juicio fuera revisado, pero el asesino, lógicamente, ya había puesto pies en polvorosa. Barraza fue condenado en rebeldía a 50 años de prisión. Marisela se plantó entonces frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua, el Estado fronterizo con Estados Unidos cuya ciudad más poblada y más violenta es Ciudad Juárez. La presencia de Marisela allí, durmiendo en plena calle, era un grito constante que dejaba al descubierto las graves carencias del sistema de seguridad y justicia en México. No pasó mucho tiempo hasta que empezó a recibir amenazas. Las denunció frente a las cámaras de televisión. "No me voy a esconder", dijo, "si me van a asesinar, tendrán que venir a asesinar aquí para vergüenza del Gobierno. Tengo amenazas por parte del asesino de mi hija, de su familia. Me han dicho que él ya está involucrado en un grupo del crimen organizado. ¿Qué está esperando el Gobierno? ¿Que venga y termine conmigo? Pues que termine conmigo, pero aquí enfrente del Palacio de Gobierno, a ver si les da vergüenza".
Así lo hicieron. Terminaron con ella allí mismo, en plena calle, frente al edificio símbolo de la autoridad, el jueves 16 de diciembre de 2010. El vídeo grabado por una cámara de seguridad hizo posible que todo México pudiera ver casi en directo la ejecución anunciada de Marisela Escobedo. Tres tipos la atacaron, ella cruzó la calle intentando salvarse, pero un sicario la alcanzó, le disparó mortalmente en la cabeza y se alejó caminando, tan campante, hasta que un coche blanco lo recogió y lo sacó del lugar.
Marisela -que hoy reposa junto a los restos de su hija Rubí- sabía que la iban a matar. Y aun así dio el paso. Marisol Valles, en cambio, no se percató en un principio de lo que significa enfrentarse al crimen. El pasado mes de octubre, ante la negativa de todos los hombres, decidió hacerse cargo de la policía de su municipio, Práxedis G. Guerrero, fronterizo con Estados Unidos, en pleno Valle de Juárez. Ante la estupefacción de medio mundo, Marisol Valles, de 20 años de edad, madre de una recién nacida y estudiante de Criminología, se convirtió en la jefa de 19 policías, nueve de ellos mujeres. Los antecedentes no eran halagüeños precisamente. Solo un par de días antes, en el pueblo de al lado, el crimen había abatido sin contemplaciones a un comisario y a su hijo. ¿Quién los mato? Posiblemente los mismos que, unas semanas después y sin que trascendiera a la opinión pública, empezaron a mandarle mensajes envenenados a Marisol Valles. Tal vez fueron los hombres de Vicente Carrillo, jefe del cartel de Juárez, o tal vez los del Chapo Guzmán, jefe del cartel de Sinaloa. Lo que sí trascendió es que, cuatro meses después y sin decírselo ni al alcalde, la joven jefa de policía cogió a su hijo y cruzó la frontera para ponerse a salvo. No ha sido hasta ahora cuando, a través de una cadena de televisión estadounidense, Marisol Valles ha declarado con lágrimas en los ojos que sí, que tuvo miedo, que la amenazaron con asesinarla a ella, a su bebé, a su familia...
Mientras todo eso sucedía, muy cerca de allí, junto a un quirófano del Hospital General de Ciudad Juárez, el doctor Valenzuela seguía observando la progresiva destrucción de su ciudad, pero no solo de la suya. Como piezas de dominó que provocan con su caída la caída de las demás, muchas ciudades del norte del país se fueron convirtiendo en verdaderos campos de batalla -Tijuana, Reynosa, Matamoros- hasta terminar contagiando al seis doble, la joya de la corona, Monterrey, la capital del Estado de Nuevo León, otrora el orgullo indiscutible del México moderno y emprendedor y hoy una ciudad que vive de sobresalto en sobresalto. Sus vecinos se han acostumbrado a avisarse a través de las redes sociales -sobre todo a través de Twitter- de los bloqueos de carreteras que los sicarios de tal o cual cartel suelen organizar para evitar que los rivales o la autoridad los interrumpan mientras hacen de las suyas. Por ejemplo, el pasado martes, un vecino de Monterrey avisaba a través de su tuiter: "Situación de riesgo en Chapultepec y Revolución, hombres colgados en puente y disparos, eviten la zona #MtyFollow". El tuit informativo era contestado enseguida por TrackMty, una red ciudadana con más de 40.000 ciudadanos que intenta ayudar a los ciudadanos a no convertirse en víctimas de la violencia. Unas horas después, los periódicos locales ya traían la fotografía de los ahorcados en un puente del centro de Monterrey, a plena luz del día. La conmoción que viven ahora los regiomontanos ante la caída de su ciudad la vivieron ya hace tiempo los juarenses. También fueron testigos de cómo los intentos de rescatar la ciudad con la bayoneta calada fueron fracasando.
Lo cuenta el doctor Valenzuela: "Fue entonces cuando llegaron los militares a Juárez. Capturaron a muchos delincuentes. Pero no supieron armar los expedientes y los jueces los dejaban en libertad. La impunidad estaba por arriba del 98%. Ya teníamos una buena cantidad de homicidios todos los días, los secuestros se dispararon y se había puesto de moda el cobro de piso. A tu negocio llegaba un tipo, a cara descubierta, y te entregaba un papel con un número de teléfono: a partir de mañana recibirás protección a cambio de 5.000 pesos (300 euros) a la semana. Y si no pagabas... Empezaron a cerrarse gran cantidad de negocios y los homicidios ya superaban los 5.000. Ninguno se investigaba. La policía estaba infiltrada. La procuración de justicia no existía. Pedimos que viniera a la ciudad el presidente Felipe Calderón. Se nos dijo que el presidente iba a venir... Pero entonces pasó lo de Villas de Salvárcar y eso lo aceleró todo...".
Lo de Villas de Salvárcar... Hay un antes y un después de "lo de Villas de Salvárcar". Ocurrió el 31 de enero de 2010. Quince jóvenes que celebraban una fiesta en un barrio de Ciudad Juárez fueron acribillados. Desgraciadamente, no fue la crueldad del crimen lo que lo convirtió en famoso, sino unas declaraciones que hizo el presidente Felipe Calderón. Sin salirse de la versión oficial, que sostiene que la inmensa mayoría de los caídos desde 2007 son sicarios que se matan entre sí, el presidente de la República atribuyó la matanza a un ajuste de cuentas entre bandas. El patinazo no pudo ser mayor. Enseguida se supo que los muchachos eran en su mayoría buenos estudiantes y deportistas, víctimas de la espiral de locura y muerte que azota a Ciudad Juárez, donde en 2010, y a pesar del despliegue de más de 10.000 policías federales, se produjeron 3.100 homicidios. El presidente Calderón no tuvo más remedio que ir ocho días después a Juárez y disculparse ante los familiares de los muchachos. Una de las madres, Luz María Dávila, rota por el dolor, lo encaró: "Disculpe, señor presidente, yo no le puedo decir bienvenido porque para mí no lo es. Yo quiero justicia. Mis hijos eran dos muchachitos que estaba en una fiesta. Y quiero que usted se retracte de lo que dijo. Dijo que eran pandilleros. Mentira. Mis dos hijos estudiaban y trabajaban. No tenían tiempo de andar en la calle. Eran mis dos únicos hijos y ya no los tengo. Ahora quiero justicia. Ustedes siempre hablan y no hacen nada. Quiero que se ponga en mi lugar y sienta lo que ahorita estoy sintiendo yo. No me diga que sí, ¡haga algo, señor presidente!".
Aquella súplica sigue pendiente. La situación del país va de mal en peor. La cifra de asesinatos, de secuestros, de asaltos, de robos... va en aumento. Durante los últimos meses han sido cientos los cadáveres encontrados en fosas clandestinas. Hay zonas, como Tamaulipas, donde el Estado no es capaz de garantizar la seguridad ni en la carretera principal, la 101, la que une la capital del Estado, Ciudad Victoria, con la fronteriza Heroica Matamoros. Hace unas semanas se supo que una madrugada sí y otra también, grupos de sicarios a bordo de lujosas camionetas y manejando fusiles de alto poder se sitúan al borde de la carretera, dan el alto a los autobuses de línea, suben a ellos, eligen a punta de pistola a unas cuantas mujeres y a unos cuantos hombres y los bajan. A ellas las violan allí mismo y a ellos se los llevan para intentar extorsionar a sus familias. Luego los entierran en fosas clandestinas. ¿Cuántos? No se sabe. ¿Quiénes? Tampoco. ¿Por qué? Menos. Estas tres preguntas con sus respuestas -o la falta de ellas- se pueden aplicar a la guerra que vive México. Más de 40.000 muertos, 9.000 sin identificar, 5.000 desaparecidos...
Y justo ahora, cuando todas las veredas parecían conducir inexorablemente al precipicio, un rumor ha empezado a escucharse en la calle. A ratos sordo como un lamento. A veces indignado. Ante la incapacidad del Gobierno de detener la sangría constante -y también de abrazar a las víctimas de la barbarie-, un hombre de pelo cano, sombrero de paja y dos relojes en la mano izquierda, se ha puesto en camino. Se llama Javier Sicilia. Es poeta. Como la mayoría de los mexicanos, observaba con horror la deriva de su país. Pero también como la mayoría, permanecía quieto. El pasado 28 de marzo, su hijo Juan Francisco, de 24 años, fue asesinado en Cuernavaca junto a otros cuatro jóvenes y dos adultos. Sicilia, que se encontraba en Filipinas, regresó a México, anunció que jamás volvería a escribir poesía, puso junto a su reloj el de su hijo y se echó a la calle para intentar recuperar la conciencia cívica, enfrentarse al miedo, reclamar justicia.
-¿Por qué, en vez de encerrarse en su dolor, ha salido a la calle a decir basta?
-Por dignidad. Y por mi hijo. Porque su desgracia le está poniendo cara y nombre a la de 40.000 desconocidos. Y, sobre todo, porque tengo que hacer todo lo posible para que no muera ni un muchacho más.
A través del poeta Sicilia, de Marisela Escobedo o de Luz María Dávila, los mexicanos se han ido enterando de que la versión oficial no es del todo cierta. Que muchos de los 40.000 muertos tal vez sí fueran sicarios, pero que otros muchos no pudieron evitar su mala fortuna.
Un día, sin avisar, la guerra vino a buscarlos.

La sociedad civil quiere reformas y busca culpables

Hasta ahora, la sociedad civil había estado callada a pesar de la situación de extrema violencia que vive México. Sin embargo, una caravana encabezada por el poeta Javier Sicilia ha recorrido la mitad norte del país -desde Cuernavaca hasta Ciudad Juárez- para hacer visible el sufrimiento de las víctimas. Al llegar a su destino, se hizo público un pacto ciudadano por la paz. Estos son los principales puntos.
» 1. Exigimos esclarecer asesinatos y desapariciones y nombrar a las víctimas.
Se deben esclarecer y resolver los asesinatos, las desapariciones, los secuestros, las fosas clandestinas, la trata de personas y el conjunto de delitos que han agraviado a la sociedad. Determinar la identidad de todas las víctimas de homicidio es un requisito indispensable para generar confianza.
Exigimos a las autoridades estatales y federal la resolución pública que presente a los autores intelectuales y materiales de algunos de los casos emblemáticos que han agraviado a la sociedad, entre ellos la familia Reyes, Marisela Escobedo y su hija Rubí, las niñas y niños de la guardería ABC, la familia Le Barón, los jóvenes de Villas de Salvárcar, los jóvenes de Morelos.
Convocamos a la sociedad civil a rescatar la memoria de las víctimas de la violencia, a no olvidar y exigir justicia colocando en cada plaza o espacio público placas con los nombres de las víctimas.
» 2. Exigimos poner fin a la estrategia de guerra y asumir un enfoque de seguridad ciudadana. Se debe cambiar el enfoque militarista y la estrategia de guerra de la seguridad pública y asumir una nueva estrategia de seguridad ciudadana con enfoque en los derechos humanos.
» 3. Exigimos combatir la corrupción y la impunidad.
Se requiere una amplia reforma en la procuración y administración de justicia que dote de verdadera autonomía al Ministerio Público y al Poder Judicial que establezca el control ciudadano sobre las policías y los cuerpos de seguridad, avance en la reforma de los juicios orales y establezca sistemas más efectivos de control judicial que reduzcan la discrecionalidad en los procedimientos y resoluciones de fondo.
» 4. Exigimos combatir la raíz económica y las ganancias del crimen.
La criminalidad y su violencia tienen como su motor las ganancias derivadas del narcotráfico, los secuestros, la trata de personas, la extorsión, la venta de protección y demás delitos que después reinyectan los recursos en la economía mediante el lavado de dinero. Exigimos un combate frontal al lavado de dinero y activos de los delincuentes.
» 5. Exigimos la atención de emergencia a la juventud y acciones efectivas de recuperación del tejido social.
Exigimos una política económica y social que genere oportunidades reales de educación, salud, cultura y empleo para jóvenes porque son las y los principales víctimas de esta estrategia.
» 6. Exigimos democracia participativa.
Mejor democracia representativa y democratización en los medios de comunicación.

Arcadi Espada sobre Bildu y las responsabilidades

Arcadi Espada escribe sobre Bildu y las responsabilidades.

Destaco:


Ahora bien. La Ley de Partidos no obligaba a que los representantes de la coalición Bildu se convirtieran de pronto en bellísimas personas racionales. La ley puede impedirles que maten o llamen a matar; pero nada puede hacer respecto a su congénito aire de matones. La ley puede prohibirles la utilización del chantaje para la consumación de sus delirios ideológicos; pero es inútil a la hora de extirpar sus delirios. El cumplimiento de la ley no abolirá su pensamiento mágico; ni su vestimenta cheroqui, para entrar en el territorio metonímico del comentarista González: aunque suene lo mismo, la ley no se ocupa de la parka. Y last but not least, la ley se muestra indiferente ante la posibilidad de que uno cualquiera de esa cuadrilla reconozca ahora qué mierda de vida llevó en lo personal y en lo político, cuando el asesinato era el gentilicio de patria: por ser pulcra, y no meterse en estas alcantarillas, la ley ni siquiera se ocupa, lógicamente, de si miente un corazón Bildu: la ley no se ocupa de vísceras, sino de miembros. De actos.
La insistencia sobre Pascual Sala, el resto de magistrados y los apaleamientos sucesivos del político que pase por allí no es solo un ineficaz atentado contra la lógica. Es un enmascaramiento. Daré un pequeño rodeo. En el número de este mes de la revista Vanity Fair hay un tremendo artículo sobre la crisis griega. Esta, por ejemplo, es su última frase: «Si hubiera justicia en el mundo los banqueros griegos saldrían a la calle a manifestarse contra la falta de ética de la gente de la calle». Aunque más nos interesa a nosotros la concreción de esta otra: «Una nación de gente buscando cómo echar la culpa a otros que no sean ellos». Solo hay un culpable en la nación Bildu: los 276.134 votantes que la apoyaron. De todos y cada uno de ellos fue posible prescindir mientras apoyaban una fuerza ilegal. Y fue legal y legítimo dejarlos sin derecho a voto, como se deja sin voto al encarcelado. A eso se llamó la criminalización de una parte de los votantes y estaba bien dicho, porque se trataba de un electorado que apoyaba crímenes. Pero ahora esa gente (el 12,8 del censo general y el 15,5 del censo de votantes) no puede derogarse. Lo que se puede es combatirlos. Y el primer paso es señalarlos. El respeto sagrado al pueblo es algo muy común y fastidioso entre políticos y periodistas. Algo tiene que ver el comercio. Se prefiere que esos 276.134 pasen como juguetes en manos de jueces o políticos antes que por ciudadanos sujetos a la responsabilidad. Es decir, en ciudadanos que habrían de responder, moralmente, de su apoyo a una coalición de matones, orgullosa de sus crímenes, de un coeficiente intelectual 15M y partidaria de convertir el País Vasco en una suerte de autarquía, donde como dijo aquel Otegi los niños estuvieran todo el día mirando las vacas en vez de perder el tiempo con el inglés y la interné.

Plácido. 1961. Luis García Berlanga.

Obra maestra de Luis García Berlanga. El guión es perfecto, creando situaciones de las que no pueden escapar los personajes. Los actores están soberbios. Los mejores de esa época, por ejemplo, José Luis López Vázquez, Manuel Alexandre y Cassen. Tiene ese tono de comedia desenfadada que ayuda a tratar temas serios como la pobreza sin por ello perder rigor.

Si no la han visto, están tardando. Para ver una y mil veces. Incluida en mis películas.

Sobre las ONGs y las ayudas a África

Soberbio artículo (Here in English) de José María Albert de Paco, en el que comenta un libro de Gustau Nerín, Blanc bo busca negre pobre.

Destaco:

Fuentes de las que no sale una gota de agua porque dejaron de funcionar con la primera ventolera, sin que las ONG que las instalaron hubieran previsto esa posibilidad; envíos masivos de vacunas que, una vez en territorio africano, y debido a la falta de neveras donde conservarlas, se tiran a la basura –eso, en el mejor de los casos; hay ONG que las administran entre la población, quién sabe si por aquello de que ir por ir es tontería–. (Que las vacunas estén en buen estado no garantiza nada; por lo general, con las segundas y terceras dosis suele ocurrir lo mismo que con la fuente). Donaciones de toneladas de cuadernos a lo pinta y colorea que ya han sido pintados y coloreados por quienes los donan; reparto gratuito de libros que obligan al cierre a modestas librerías regentadas por lugareños que, mira por dónde, creen a pie juntillas en la economía de mercado; secuestro de niños bajo el pretexto del desarraigo social (como ocurrió en el Chad en 2007). Aún hay más.

(...)



Es obvio que al autor el asunto le quemaba entre las manos. También a los cooperantes españoles secuestrados por Al Qaeda en Mauritania les reserva su mirada perpleja, punzante, abatida.
Algunos ciudadanos se preguntaron qué hacían el director de una de las grandes infraestructuras viarias de Cataluña, la mujer del alcalde y un montón de altos cargos de la función pública haciendo de camioneros por el desierto. Otros trataron de averiguar cuánto había costado la operación a los bolsillos de los contribuyentes (hay tanta confusión sobre el coste de la caravana oficialista no gubernamental como sobre el rescate de los secuestrados). Y muchos africanos se mostraron preocupados porque los europeos estaban financiando, con sus rescates, a los integristas de Al Qaeda. Además, algunos habitantes de África Occidental estaban indignados porque el Gobierno español, con sus presiones, había conseguido que el Gobierno mauritano liberase a un peligroso terrorista a cambio de los pseudocooperantes. Se preguntaban si el Gobierno español habría liberado a algún etarra si ETA hubiese secuestrado a un mauritano en Los Monegros.


Antonio López

Calentando motores para la exposición de Antonio López en el Museo Thyssen-Bornemisza. Se inaugura el 28 de junio. 






























Donde el monte no arde por Pedro Cáceres.


La comarca de Pinares Soria-Burgos, un ejemplo de buena gestión forestal desde hace más de un siglo, obtiene la denominación de Bosque Modelo, una etiqueta internacional que certifica la sostenibilidad de la explotación de la madera.


Las administraciones públicas españolas se gastaron el año pasado en prevención y extinción de incendios 721 millones de euros. Sin embargo, esta inversión no evitó que en 2006 ardieran 150.000 hectáreas de terreno forestal, superficie equivalente casi a la provincia de Guipúzcoa. En la Península Ibérica hay fuego cada verano por todos lados. Menos en uno. Porque en esa negra España de las llamas hay un rincón en el que los incendios suenan a cosa lejana. Tan lejana como que el último gran siniestro data del siglo XIX.
Es la comarca de Pinares Soria-Burgos, cuyos montes cubiertos en su mayoría por pino silvestre ('Pinus sylvestris') forman la mayor masa continua arbolada de España. Para averiguar cómo es posible que el mayor bosque del país no arda resulta interesante recorrerlo y descubrir que se trata de un lugar que ha convertido la madera en su principal medio de vida.
En la comarca de Pinares Soria-Burgos, el 41% de la población activa se dedica al sector de la madera. Unos 4.000 trabajadores faenan para 700 empresas. Y la actividad ha permitido que sea una de las pocas áreas rurales del interior peninsular que no perdió población en el siglo XX. La implicación de los habitantes con el monte, del que obtienen beneficios, y las políticas de ordenación forestal y gestión del territorio son la clave del éxito.
La visita podría empezar por Navaleno (Soria), un pueblo de 1.000 habitantes donde el paro es casi desconocido y que acoge a varias empresas dedicadas a la transformación de la madera y las setas. Junto a Navaleno se encuentra el monte de Pinar Grande, que cumple un siglo desde que fue sometido a ordenación forestal por primera vez. Lo que significa que, desde 1907, se sabe cuántos árboles hay, qué tamaño tienen, cuáles se van a cortar... y cuándo.
El jefe del Servicio Territorial de Medio Ambiente de Soria, José Antonio Lucas, lo tiene claro: «En esta comarca, los montes que mejor se conservan son los que más se han cortado». Su frase sonará subversiva a quienes tengan la idea de que la naturaleza debe permanecer siempre intocada. Pero resulta convincente cuando se observa el imponente aspecto de bosque maduro que tiene Pinar Grande. Nada hace pensar que lleva produciendo madera desde siempre. Sin embargo, el 15% de todas la talas de Castilla y León salen de esta comarca. Pese a lo cual los árboles no dejan de aumentar.
Una de las claves de la buena conservación de los montes es que los habitantes son beneficiarios directos. Como explica la alcaldesa de Covaleda, Concepción Martínez: «La propiedad es de los ayuntamientos. Los gestiona la Junta de Castilla y León, porque son montes de utilidad pública, pero el derecho de explotarlos es de los vecinos». De modo que, desde hace siglos, «debido a privilegios de poblamiento concedidos por los reyes desde el siglo XIII», cada persona nacida y residente en un pueblo pinariego tiene derecho a su «suerte de pinos». Realizada la tala anual, se reparten los ingresos. Según la alcaldesa, «pueden ser ahora unos 600 euros por persona, pero en los años 40 suponía mucho más y la gente vivía sólo de la madera de un año».
María Pascual, una joven consultora natural de Navaleno, piensa que «el respeto al monte se inculca en la comarca desde la infancia. Es nuestro patrimonio, y lo cuidamos. Si alguien hiciera algo malo en él los vecinos se le echarían encima». «Hay una relación directa, por la cercanía física al bosque, por los ingresos que genera y por el resto de servicios, como los turísticos, que produce. El monte forma parte de nuestra forma de ser», concluye María Pascual.
Dada la productividad y los valores emocionales ligados al monte, parece normal que todos lo cuiden. Sin embargo, el interés común no lo explica todo. En Galicia, donde el año pasado se calcinaron 90.000 hectáreas, la mayoría de los terrenos forestales son comunales, pero arden. Hay algún otro secreto. Y José Antonio Lucas lo tiene claro: «La situación idílica de nuestros días se debe a la gestión. Antes no era así. En 1868 ardieron 7.200 hectáreas de monte en la comarca. Pero no ha vuelto a ocurrir. ¿Por qué? Fue cuando vino la ordenación de montes para compatibilizar los usos, entre ellos el de los ganaderos, que querían pastos y no árboles. Ahora hay una rotación de espacio y de tiempo que evita los conflictos de intereses. Cada uno tiene su aprovechamiento».
Lucas explica el modo de proceder en un monte ordenado. «El terreno se divide en secciones, que cuentan con media docena de cuarteles, que se dividen a su vez en otros tantos tramos y estos en rodales». El rodal, que es la unidad última de medida, tiene unas 30 ó 40 hectáreas. En Pinar Grande el turno de corta de cada tramo es de 100 años, lo que significa que la parte que se explota hoy fue seleccionada para ello hace un siglo. Y cerca está el área que la sustituirá, de edad similar.
De esta forma, siempre hay un abanico de paisajes, desde el área recién cortada al bosque maduro, pasando por distintas etapas de sucesión del bosque. También está regulada la explotación de la caza y estudiada la producción de las setas. Según Lucas, «los montes de 20-40 años son buenos para el níscalo ('Lactarius deliciosus') y los migueles ('Boletus edulis') crecen más en pinares de 60 a 80 años».
Todo parece medido, pero no se hace por sí solo. Cada etapa exige trabajos y algunos de ellos no son rentables por sí mismos. Tras la tala, puede brotar un denso pinar de 4.000 pies por hectárea. Sucesivas tareas de corta y clareo reducen los ejemplares y eliminan los árboles enfermos hasta dejar 350 por hectárea. La calidad lo agradece. Ésta es la única zona de España con una marca o denominación de origen de madera, llamada Pino Soria-Burgos.
Los valores biológicos no se olvidan. Javier María García, jefe de la Unidad de Ordenación y Mejora del Servicio Territorial de Medio Ambiente de Burgos, explica que las áreas donde crecen especies singulares como la 'Myrica' 'gale', una pequeña planta de las turberas, se protegen especialmente. Tampoco se cortan los «cuarteles de cumbre» y se potencia el crecimiento de otras especies como robles o hayas. Además, añade Lucas, en cada sección hay un cuartel que nunca se corta, «como espacio de recreo y de valor paisajístico».
En el Aula Divulgativa del Bosque El Amogable, junto a Navaleno, José Antonio Lucas ha puesto en marcha un centro interpretativo de estas cuestiones. Pero es también un espacio de capacitación forestal y un centro de vigilancia ante el fuego que funciona de forma continua.
Mariano Torre Antón, director general de Medio Ambiente, explica que la Junta de Castilla y León ha logrado un acuerdo para que las cuadrillas antiincendios pasen «del régimen agrario al régimen general», con lo que ahora cobran más y trabajan todo el año y no sólo en verano, como ocurre en muchos lugares de España. De este modo, en El Amogable «tienen dos equipos de trabajo, el de corta y el de extinción», y dedican gran parte del año a las tareas de prevención y limpieza.
En la tierra de Pinares, el interés común -y el sentido común- lleva décadas haciendo realidad el mito del desarrollo sostenible. Sus montes, que ya contaban con el sello PEFC, un certificado internacional de buena gestión, están integrados desde el pasado 25 de abril en la Red de Bosques Modelo, una categoría nacida de la Cumbre de Río 92 en la que sólo están otros 42 lugares del globo.



FIJACIÓN DE CO2

Evitar el cambio climático. Los árboles, al crecer, fijan el CO2 atmosférico. Un metro cúbico de madera inmoviliza una tonelada de CO2. El director general de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León, Mariano Torre Antón, explica que los bosques son «un gran sumidero de carbono». En una explotación sostenible, los árboles que crecen tras la tala siguen fijando carbono, mientras que la madera ya cortada se convierte en un almacén de CO2. En Castilla y León se corta cada año el 22% del crecimiento anual del bosque, es decir, la 'renta'. El resto se deja en el campo como 'capital'.


VIVIR CON MADERA

Promoción del producto. El proyecto Vivir con Madera es una iniciativa desarrollada por la patronal europea del sector maderero y liderada en España por la Confederación Española de Empresarios de la Madera (Confemadera) y diversas instituciones públicas y empresariales. Tiene como objetivo promocionar el uso de este material en todo tipo de aplicaciones y defender que, si se explota adecuadamente, evita los incendios, protege la biodiversidad y mitiga el cambio climático. Recientemente, Vivir con Madera ha promocionado la comarca de Pinares como un ejemplo a seguir.


BOSQUE MODELO

Pionero en España. El concepto de Bosque Modelo nació en Canadá para promover la gestión integral y sostenible de los recursos forestales mediante la participación y el consenso social. España acaba de entrar en ese club internacional, del que forman parte 43 espacios, con la inclusión del Bosque Modelo de Urbión. Cubre 100.000 hectáreas de la comarca de Pinares, que ya contaban con el certificado PEFC y ahora incorporan el nuevo aval. El Bosque Modelo de Urbión pretende mejorar la gestión forestal y poner en valor los productos y servicios del bosque y su conservación.