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La falacia “natural” igual a “seguro”

por Edzart Erns. (English)


Edzart Ernst
Las cosas que son naturales deben ser seguras. Esta falacia está profundamente arraigada en nuestras mentes. Parece casi como si, en cuanto seres humanos, estuviéramos determinados para creer en este mito. Una industria entera se ha desarrollado alrededor de esta afirmación: desde pasta dentrífica a vino, desde comida para perros a crema para manos, se considera que los productos son mejores si llevan la etiqueta “natural”. Un sector que prospera claramente con esta falacia es la medicina alternativa (MA).
Gran parte de la popularidad de la MA puede explicarse por medio de la atracción que ejercen las cosas naturales. De acuerdo con sus defensores, la MA es natural y, por definición, esto significa que está libre de riesgos. ¡No como esas malvadas drogas sintéticas y químicas que nos prescriben, que son una gran causa de mortalidad! Esta falsa lógica convence no sólo a pacientes y consumidores, sino que también parece fascinar a grandes sectores de la prensa popular y muchos políticos. Pese a su popularidad, la noción es obviamente errónea y seriamente equivocada.
Lo primero que todo pensador critico debe hacer nota es el simple y desarmante hecho de que, bajo ningún concepto, la MA es natural. Por ejemplo, que hay de natural en un acupuntor aplicando agujas a sus pacientes, en un quiropractico forzado las vertebras por encima de su rango fisiológico de movimiento, de un homeópata diluyendo sin fin sus remedios, o de un irrigacionista del colon colocando un tubo “allí donde no luce el sol”. Cuánto más de cerca miramos, más nos damos cuenta de que, en la MA, lo natural es poco más que una falsa etiqueta que frecuentemente no coincide con la realidad.
Lo siguiente que no debemos dejar de observar es el indiscutible hecho de que no existe una terapia totalmente libre de riesgos. Los remedios homeopáticos, por ejemplo, usualmente carecen tanto de moléculas activas como de efectos adversos directos. Pero esto no significa que la homeopatía no pueda hacer daño. De hecho, cualquier tratamiento ineficaz que es empleado en enfermedades serias inevitablemente causará un daño substancial, si reemplaza a las terapias eficaces.
Otras formas de MA se han asociado con considerables riesgos directos. Las manipulaciones quiroprácticas, por ejemplo, se han asociado con numerosas serias complicaciones tales como ataque al corazón y muerte.
De modo similar, los remedios a base de hierbas pueden ocasionar efectos adversos a través de la toxicidad de sus ingredientes o de interacciones con drogas sintéticas. La irrigación del colon ha llevado al agotamiento de electrolitos y perforación intestinal. La aromaterapia puede ocasionar reacciones alérgicas, etc, etc.
Pero los entusiastas insistirán en que, en su conjunto, la MA es relativamente segura, esto es, que ocasiona menos problemas que los tratamientos convencionales. Este argumento podría muy bien ser cierto pero, si es empleado para promocionar la MA, de todos modos es equivocado. En primer lugar, es preciso señalar que, en la MA, los sistemas de vigilancia post-marketing de la medicina convencional no existen. Por tanto es concebible, incluso probable, que la relativa seguridad de la MA pudiera no ser totalmente correcta. En segundo lugar, deberíamos recordarnos a nosotros mismos que el valor de un tratamiento no está determinado sólo por su seguridad. Hay muchas intervenciones seguras aunque inútiles así como terapias útiles aunque dañinas. El valor de un tratamiento dado está determinado por la cuestión de si genera más bien que daño. Si un tratamiento es ineficaz, incluso los menores riesgos podrían inclinar el balance de riesgos y beneficios hacia el lado negativo. Si otro tratamiento está lastrado por severos efectos adversos pero sus acciones pueden salvar una vida, aún puede ser extraordinariamente útil.
La conclusión de todo esto no podría ser más sencilla: el supuesto de que lo “natural” equivale a lo “seguro” es erróneo. En el reino de la MA, donde es empleado con propósitos promocionales, esto también es erróneo, tanto que puede poner en riesgo la salud de los que caen en esta falacia.
Edzart Ernst es profesor de medicina complementaria en el Peninsula Medical School, Exeter, Gran Bretaña.

Economía dibujada

por Carlos Rodríguez Braun.


Cuatro viñetas de El Roto en El País nos ayudan a comprender el pensamiento único en economía. En la primera se ve a un náufrago que contempla aterrado una aleta en el mar; y el texto es: “Según las leyes del mercado, si el náufrago tiene más hambre que el tiburón, se comerá al tiburón”.
La realidad es la contraria; las leyes del mercado no determinan que la fuerza resuelva los conflictos, sino al revés, gracias a la igualdad ante la ley. La segunda viñeta ilustra el mismo punto: en un cuadrilátero hay dos boxeadores, uno enorme y el otro diminuto y  lleno de magulladuras y cortes; el grandote exige: “¡Fuera árbitros y regulaciones! ¡Dejadnos solos!”; la realidad en sociedades no dictatoriales nunca es así; y desde luego no lo es en el boxeo. En la tercera viñeta se ve a un señor gordo con esmoquin y una copa que proclama: “¡Por fin, gobiernos de brokers!”. No es verosímil que gobiernen unas personas cuyo trabajo es buscar acuerdos entre contratantes voluntarios, porque el Gobierno nunca hace eso: si lo hiciera, por ejemplo, no pagaríamos los impuestos tan altos que pagamos. Y en la cuarta viñeta aparece un señor elegantemente vestido de jinete sobre su caballo, y dice: “Lo llamamos ‘el poder’, pero son el servicio”. Es el antiguo bulo del llamado “poder económico”, una ficción, porque ninguna empresa tiene el poder del Estado, el poder de recaudar a la fuerza, de prohibir, multar, etc. Y si lo tiene, es sólo porque el Estado se lo da.

Faldas Cortas y Operaciones Cortas: el error de la muestra pequeña

por Xavier Sala i Martín.


Faldas Cortas y Operaciones Cortas: el error de la muestra pequeña
Uno de los errores más comunes en econometría es la confusión entre “correlación” y “causalidad”: que dos fenómenos ocurran a la vez no quiere decir que uno sea el causante del otro.
Un ejemplo conocido es que, en Estados Unidos, la bolsa ha ido tradicionalmente bien durante las épocas en la que las mujeres llevaban faldas cortas (ah! los felices años 20) y ha bajado en épocas en que las llevaban largas (la gran depresión de los años 30). Una lectura primitiva de esta correlación podría llevar a algún analista que pretenda ganar dinero en la bolsa a pedir la prohibición de las faldas largas: “si la bolsa va bien cuando son cortas y no cuando son largas, si prohibimos las largas, la bolsa irá bien”, pensarían. 

Eso sería un error fruto de la confusión entre “correlación” y “causalidad”: el hecho de que la bolsa y el largo de las faldas estén correlacionados no quiere decir necesariamente que el largo de faldas “cause” las subidas en la bolsa. Y por lo tanto, no quiere decir que prohibiendo el diseño de faldas largas uno va a conseguir que la bolsa deje de bajar.
En general, puede haber cuatro factores que expliquen la correlación: (1) que las faldas cortas causen subidas de la bolsa, (2) que las subidas de bolsa causen el diseño de faldas cortas, (3) que haya un factor externo que cause a la vez, las subidas de la bolsa y las faldas cortas y (4) que la correlación sea una casualidad.
Para ver cual de las cuatro posibilidades es real, lo primero que tenemos que hacer es mirar la “teoría”: ¿existen explicaciones RAZONABLES que puedan llevar a pensar que el largo de faldas cause la bolsa y no al revés? Uno puede pensar que cuando los diseñadores diseñan falda corta, a los hombres les entra una especie de alegría que (como la mayoría de “traders” son hombres) se traduce en compras en bolsa y subidas de cotizaciones. Es verdad. Si eso fuera cierto habría razones para pensar que son las faldas cortas las que causan las subidas de bolsa. Pero también podría ser que las subidas de la bolsa generen una euforia que lleva a los diseñadores de faldas a hacerlas más cortas. En este caso, la correlación vendría explicada por la causalidad inversa.
La segunda cosa que podemos hacer para averiguar qué causa qué es ampliar la base de datos: a menudo, cuando tenemos pocas observaciones, se tienen a observar correlaciones que desaparecen cuando se analizan muestras de miles o millones de datos. En la historia de la bolsa americana ha habido siete u ocho cambios de tendencias en la moda. Si de verdad las faldas cortas causan subidas de bolsa, deberíamos observar que la bolsa sube en todos los países y en todos los momentos que hay faldas cortas. ¿Existen episodios en otros países o momentos de la historia en los que se ha diseñado faldas cortas y las bolsas no han subido? La realidad es que no. Que la correlación entre el largo de faldas y la bolsa es fruto de la casualidad (no la causalidad) fruto de una muestra muy pequeña de datos.
Todo esto viene a cuento porqué últimamente se está discutiendo la relación entre la bolsa y no las faldas cortas sino las “operaciones cortas”. Faldas, operaciones. ¡Qué más da! Todo vale para aumentar la confusión estadística.
La idea es que algunos analistas dicen que desde que España ha prohibido las operaciones a corto, el IBEX35 ha subido un 20%. Es decir, parece existir una “correlación” entre la prohibición de cortos y la subida de la bolsa. Las operaciones se comportarían de manera contraria a las faldas: las faldas cortas causan subidas y las operaciones cortas bajadas de bolsa.
La pregunta es: ¿es esta correlación fruto de la causalidad o la casualidad? Veamos. Empecemos por la teoría económica. Hace unos días subí dos posts (aquí y aquí)  que explicaban que las operaciones a corto no tenían por qué causar los desplomes bursátiles que observábamos en España últimamente. Por lo tanto, la prohibición de esas operaciones a corto no tienen por qué haber causado las subidas. La teoría, pues, no acompaña a los que dicen que la subida de la bolsa ha sido causada por la prohibición.
¿Y los datos? ¿Qué dicen los datos? Pues la verdad es que los datos tampoco acompañan. La “muestra” utilizada para “demostrar” que la prohibición de las operaciones a corto han causado la subida de bolsa es solo de... ¡¡¡dos puntos!!! Día antes de prohibición, bolsa baja. Dos semanas después de prohibición, bolsa alta. Cualquier estudiante que hiciera una correlación de dos puntos sería debidamente suspendido. Y más si utilizara esa correlación como demostración de que su teoría es correcta!
Pero en este caso podemos ir un poco más allá para ver que lo que está pasando no es que la prohibición de cortos haya causado subidas en la bolsa ya que, además de la subida del IBEX35 en un 20% desde el 23 de Julio, también hemos observado una subida del 19 de la bolsa de Milán, una subida del 9% del DAX alemán o una subida del 5% del Dow Jones de New York. Todas esas subidas no pueden ser explicadas por la prohibición de cortos en España por lo que tiene que haber alguna otra explicación. Es más, otra cosa que hemos observado es que la prima de riesgo española ha bajado un 20% en el mismo periodo. Eso tampoco puede ser explicado por la prohibición de cortos.
Lo que ha pasado en España es que cada vez parece más claro que el Banco Central Europeo va a comprar deuda soberana Italiana y Española. De hecho, solo dos días después de la prohibición de cortos, el gobernador del BCE, Mario Draghi anunció que el BCE haría lo que fuese necesario para salvar el euro, incluido comprar deuda soberana. Eso se ha interpretado como un paso positivo necesario importante para salir de la crisis: si el BCE compra deuda soberana, la prima de riesgo Española e Italiana va a bajar, eso va a sacar a los respectivos gobiernos de los apuros fiscales que tienen y eso es un paso decisivo para salir de la crisis para esos dos países y, por ende, del resto de Europa y el mundo ya que no van a tener que rescatar. La anticipación de esa salida, no solo hace caer la prima de riesgo sino que hace subir las bolsas de Italia, España, Alemania y el resto de los países que se van a beneficiar del no colapso de la periferia de Europa.
Resumiendo, los analistas que piden la prohibición del diseño de faldas largas para hacer subir las bolsas cometen el mismo error que los que piden la prohibición de las “operaciones a corto”: confunden la correlación con la causalidad. Y es que ni las “faldas cortas” ni las “prohibiciones de cortos” causan las subidas de las cotizaciones de bolsa.

Analfabetismo numérico, versión Groenlandia

por Arturo Quirantes.



En España existe grandes lagunas en determinados campos mientras que en otros somos realmente expertos. Un desconocimiento realmente preocupante en temas científicos o culturales acompañado de un descompensado conocimiento en temas de corazón o deportes.  A veces se trata de asuntos que el ciudadano medio no tiene por qué recordar, como la diferencia entre una proteína y un aminoácido, o cuándo nos birlaron Gibraltar.  En otras muchas ocasiones, se trata de echarle dos dedos de frente.  En cierta ocasión, un concursante del concurso “¿Quiere ser millonario?” se debatía intentando adivinar qué general ganó la batalla de Bailén.  Había dos nombres a escoger, un español y un francés.  Bastaba con saber qué bando había ganado la batalla.  Por supuesto, el concursante falló.
Entre los múltiples casos de ignorancia, el anumerismo está especialmente extendido.
Con ese palabro me refiero a la incapacidad de muchas personas para desenvolverse en el mundo de las cifras (Bernardo Marín dixit).  Ya saben, el tipo de persona incapaz de distinguir entre millón y billón, que cree que subir el IVA del 8% al 16% es un aumento del 8% (es el doble).  Yo los veo en todos los exámenes.  Les pongo el típico ejemplo de un satélite en órbita terrestre, para que me calculen la masa de la Tierra, y les sale una masa inferior a la de un portaaviones.  Y se quedan tan panchos.  Y si luego van a revisión de exámenes y les haces notar lo incongruente de la respuesta, se encogen de hombros en plan “yo hice los números y he cumplido, si me sale un resultado absurdo no es culpa mía.”  Por supuesto, sí es culpa suya, y nos veremos en septiembre.
Recientemente hemos sido testigo de anumerismo en grado de tentativa masiva y alevosa, con el periodismo copypasteador como colaborador necesario.  La NASA ha distribuido imágenes basadas en datos de satélite, según las cuales el 97% del hielo superficial de Groenlandia se había derretido.  La noticia, desde su fuente original, fue recogida por Europa Press (en realidad, traducida y poco más), y desde ahí ha saltado a telediarios y periódicos.  A tenor del tratamiento informativo que ha recibido la noticia, bien parece que el becario de guardia (con mis respetos a los becarios) se limitó a tomar la nota de prensa y pasársela al jefe, al que le venía de perlas una noticia impactante para rellenar el minuto que siempre les queda antes del bloque deportivo.
El problema es que la noticia fue totalmente distorsionada.  La nota de la NASA afirmaba que una cantidad récord de superficie helada se había derretido en Groenlandia.  Donde el satélite captaba hielo, ahora hay agua.  Eso les llevó a los periodistas a pensar que toda la capa de hielo de Groenlandia se había derretido.
El detalle, sin embargo, es que esa capa de hielo tiene un espesor de dos kilómetros.  ¿Tienen idea de la cantidad de hielo que significa eso?  Se trata de un volumen enorme.  Mucho hielo.  De verdad, muuucho.
El primer problema radicó ahí: en que muy pocos periodistos se preocuparon por leer bien la nota de prensa original.  No se les puede perdonar por no saber inglés, ya que el comunicado de Europa Press era poco más que una traducción al español.  Hay medios de comunicación que recogieron la noticia con cierto grado de fidelidad, como por ejemplo RTVE.es y Publico.es; aunque sospecho que el motivo es que se ajustaron a la nota original escrupulosamente, al menos no metieron la pata y dieron la noticia correctamente, hablando del “hielo superficial.”  También cumplieron correctamente su tarea medios más serios como La Información, donde aberron vigila incansablemente contra la tontería. Echo de menos alguna noticia de esmateria.com, pero en el momento de escribir estas líneas no han reaccionado todavía.
En cualquier caso, un medio de comunicación que contase con un científico de guardia no sería engañado tan fácilmente.  En primer lugar, el derretimiento de una capa tan enorme de hielo requeriría una cantidad de energía asombrosamente alta.  En segundo, tanto hielo derretido subiría el nivel de los mares de forma perceptible.
Vamos a hacer unos números, a ver de cuánto hielo fundido estamos hablando.
Comencemos por el volumen.  Por supuesto, nuestros datos no serán exactos, pero nos darán una idea aproximada del “orden de magnitud,” que es el término elegante que usamos los científicos para decir “poco más o menos.” Según la Wikipedia, Groenlandia tiene una superficie de unos dos millones de kilómetros cuadrados“.  La nota de la NASA nos indica que la capa de hielo tiene un espesor de hasta tres kilómetros en el centro; cerca de la costa, esa cantidad es bastante menor.  Seamos conservadores, y supongamos un grosor medio de dos kilómetros.  Eso nos daría un volumen cuatro millones de kilómetros cúbicos.
Un volumen tal de hielo se reducirá un 10% al convertirse en agua, lo que nos dará unos 3.600.000 km^3 de agua, que evidentemente irán a parar a los océanos de la Tierra.  Si recuerdan de sus tiempos de colegio (y si no, ya saben), la superficie de agua (océanos y mares) de nuestro mundo es de unos 360.000.000 km^2.  De distribuirse uniformemente por todos lados, el nivel del mar subiría en más o menos 3.600.000 / 360.000.000 = 0,01 kilómetros, es decir, unos diez metros.
Ahora que tenemos a montones de comentaristas de televisión desplegados en la playa para informarnos de que en verano hace calor, incluso el más alelado se daría cuenta de que un chiringuito sumergido bajo las aguas resultaría un fenómeno digno de mención.
Estos datos son bastante aproximados, pero incluso si no los tuviésemos a mano, nada nos impediría utilizar el sentido común.
Digamos que usted no tiene Internet.  No sabe cuál es la extensión de Groenlandia, pero según recuerda de los mapas es grande, digamos “del orden” del millón de kilómetros cuadrados.  Eso de “del orden” significa que puede ser algo más o algo menos, pero no será mucho más ni mucho menos (es decir, no 1.000 ni 100.000.000).  El grosor de la capa de hielo es desconocido, pero podemos razonar que es “del orden” del kilómetro.  Así que el volumen de hielo es “del orden del millón de kilómetros cúbicos.”  La superficie de los océanos es … vaya, tampoco nos acordamos, pero si recordamos del cole es “del orden de los cientos de millones de kilómetros cuadrados.”  El cociente será “del orden de la centésima de kilómetro,” es decir, del orden de los diez metros.  Incluso sin saber los datos exactos, la regla de los dos dedos de frente y un poquito de cultura general nos salva el día.
El siguiente cálculo es de nota: ¿cuánta energía sería necesaria para fundir todo ese hielo?
Yo he hecho algunos cálculos sencillos, pero tienen bastante margen de error, así que para no liarla parda mejor me los guardo.  No importa, porque no hay más que usar un poquito el sentido común.  ¿Cuatro millones de kilómetros cúbicos fundidos en apenas cuatro días, en una región del globo a temperaturas bajo cero, donde apenas luce el sol y con capas de nieve que reflejan la luz solar en un 90%?  Incluso el becario editor más tonto debería darse cuenta de que algo suena raro.  No hay más que pensar en lo que tarda en fundirse un charco helado en invierno, la cantidad de quitanieves y sal que necesitamos para dejar expedita una autovía.  Sentido común, no se pide nada más.
Llevo algún tiempo pensando que una de las cosas que necesitan los medios de comunicación de este país es un asesor científico, que pueda “traducir” e interpretar este tipo de noticias.  En un paisaje donde todos los periódicos y televisiones echan mano de las mismas notas de prensa para dar casi exactamente la misma información (excepción hecha de la muy polarizada información política), una especialización en ciencia y tecnología puede marcar la diferencia.  Puede que me equivoque, pero no me quiten la ilusión de soñar con un mundo en el que la información científica y técnica sea veraz, clara y popular.  Adopte usted un divulgador científico, señor editor. Le evitaremos quedar en ridículo.  Y además, somos amables y cariñosos.

La marihuana sale del armario


Poco a poco, la batalla por la legalización de las drogas va abriéndose camino y haciendo retroceder a quienes, contra la evidencia misma de los hechos, creen que la represión de la producción y el consumo es la mejor manera de combatir el uso de estupefacientes y las cataclísmicas consecuencias que tiene el narcotráfico en la vida de las naciones.
Hay que aplaudir la valerosa decisión del gobierno de Uruguay y de su presidente, José Mújica, de proponer al Parlamento una ley legalizando el cultivo y la venta de cannabis. De ser aprobada —lo que parece seguro pues el Frente Amplio tiene mayoría en ambas cámaras y, además, hay diputados y senadores de los partidos de oposición, Blanco y Colorado, que aprueban la medida—, ésta infligirá un duro revés a las mafias que, de un tiempo a esta parte, utilizan a ese país no sólo como mercado de la droga sino como una plataforma para exportarla a Europa y Asia. Esta ley forma parte de una serie de disposiciones encaminadas a combatir la “inseguridad ciudadana”, agravada de un tiempo a esta parte en Uruguay, al igual que en toda América Latina, por la criminalidad asociada al narcotráfico.
“Alguien tiene que ser el primero”, declaró el presidente Mújica aO’Globo, de Brasil. “Alguien tiene que empezar en América del Sur. Porque estamos perdiendo la batalla contra las drogas y el crimen en el continente”. Y el ministro de Defensa de Uruguay, Eleuterio Fernández Huidobro, señaló, como razón central de este paso audaz, que “la prohibición de ciertas drogas le está generando al país más problemas que la droga misma”. No se puede decir de manera más lúcida y concisa una verdad de la que tenemos pruebas todos los días, en el mundo entero, con las noticias de los asesinatos, secuestros, torturas, atentados terroristas, guerras gansteriles, que están sembrando de cadáveres inocentes las ciudades del mundo, y el deterioro sistemático de las instituciones democráticas de los países, cada día más numerosos, donde los poderosos cárteles de la droga corrompen funcionarios, jueces, policías, periodistas y a veces deciden los resultados de las justas electorales. La prohibición de la droga sólo ha servido para convertir al narcotráfico en un poder económico y criminal vertiginoso que ha multiplicado la inseguridad y la violencia y que podría muy pronto llenar el Tercer Mundo de narcoestados.
Según las primeras informaciones, este proyecto de ley pondrá en manos del Estado uruguayo el control de la calidad, cantidad y precio de la marihuana y los compradores deberán registrarse y tener cumplidos 18 años de edad. Cada comprador podrá adquirir un máximo de 40 porros al mes y los impuestos que graven la venta se emplearán en tratamientos de rehabilitación y de prevención y en la creación de un centro de control de calidad del producto. En un comentario a la iniciativa uruguaya que leo en Time Magazine, por lo demás muy favorable a la medida, se recuerda el mal administrador que suele ser el sector público, y con buen juicio se deplora que no se deje en libertad al sector privado de llevar a cabo esta tarea, eso sí, bajo una estricta regulación.

En ese mismo ensayo se examina lo ocurrido en Portugal, donde desde hace una decena de años se legalizó de manera parcial la marihuana sin que ello haya traído consigo el aumento del consumo de drogas más fuertes, que es lo que suelen alegar que ocurrirá los que se oponen de manera irreductible a la legalización de las llamadas drogas blandas.Time Magazine recuerda además que, según las últimas encuestas, un 50% de los ciudadanos de Estados Unidos se declaran a favor de la legalización del cannabis. Extraordinaria evolución cuando uno recuerda la tempestad de críticas, y hasta de injurias, que recibió hace algunas décadas Milton Friedman cuando defendió la legalización de las drogas y predijo el absoluto fracaso de la política de represión en las que los gobiernos de Estados Unidos han gastado ya muchos billones de dólares.
El Gobierno del Uruguay, al atreverse a legalizar la marihuana, hace suyos muchos de los argumentos y estudios que viene difundiendo la Comisión Latinoamericana de Drogas y Democracia, que encabezan los expresidentes Fernando Henrique Cardoso de Brasil, César Gaviria de Colombia y Ernesto Zedillo de México, y de la que yo mismo formo parte con otras 18 personas, de distintas profesiones y quehaceres, de la región. Recibida al principio con reticencias y preocupación, y a veces duras críticas, esta Comisión ha ido ganando audiencia y respetabilidad por la seriedad de sus trabajos, en los que han participado siempre especialistas destacados, por su espíritu dialogante y la clara vocación democrática que la inspira.
El problema de la droga ya no sólo concierne a la salud pública, al descarrío de tantos niños y jóvenes a que muchas veces conduce, y ni siquiera a los terribles índices del aumento de la criminalidad que provoca, sino a la misma supervivencia de la democracia. La política represiva no ha restringido el consumo en país alguno, pues en todos, desarrollados o subdesarrollados, ha seguido creciendo de manera paulatina, y sí ha tenido en cambio la perversa consecuencia de encarecer cada vez más los precios de las drogas. Esto ha transformado a los cárteles que controlan su producción y comercialización en verdaderos imperios económicos, armados hasta los dientes con las armas más modernas y mortíferas, con recursos que les permiten infiltrarse en todos los rodajes del Estado y una capacidad de intimidación y corrupción prácticamente ilimitada.
Lo ocurrido en México es sumamente instructivo. El presidente Calderón, consciente del enorme riesgo para el funcionamiento de las instituciones que representaba el narcotráfico, decidió combatirlo de manera frontal, incorporando al Ejército a esta lucha. Los 50.000 muertos que esta guerra lleva ya en su haber no parece haber hecho mayor mella en las actividades criminales de los mafiosos, ni haber disminuido para nada el consumo de drogas blandas o duras en la sociedad mexicana, y sí, en cambio, ha desatado una creciente desesperanza y decepción hacia el gobierno, al que se reprocha incluso, con dureza, “haber declarado una guerra que no se podía ganar”. ¡Fantástica conclusión! ¿Había, pues, que bajar los brazos, rendirse, mirar para otro lado, y dejar que los pistoleros y traficantes de la droga se fueran apoderando poco a poco de todas las instituciones de México, que pasaran a ser ellos los verdaderos gobernantes de ese país?
Evidentemente, ésa no podía ser la solución. ¿Cuál entonces? La que, con gran mérito, está emprendiendo el gobierno uruguayo. Cambiar de táctica, pues la puramente represiva no sirve y es contraproducente, ya que beneficia a la mafia, a la que enriquece y confiere más poder. En las actuales circunstancias, la primera prioridad no es poner fin a la producción y al consumo de drogas, sino acabar con la criminalidad que depende íntimamente de estas actividades. Y para ello no hay otro camino que la legalización.


Desde luego que legalizar las drogas implica riesgos. Deben ser tomados en cuenta y combatidos. Por ello, quienes defendemos la legalización siempre subrayamos que esta medida debe ir acompañada de un esfuerzo paralelo para informar, rehabilitar y prevenir el consumo de estupefacientes perjudiciales para la salud. Se ha hecho en el caso del tabaco y con bastante éxito, en el mundo entero. El consumo de cigarrillos ha disminuido y hoy día quedan pocos lugares donde los ciudadanos no sepan los riesgos a los que se exponen fumando. Si quieren correrlos, sabiendo muy bien lo que hacen, ¿no es su derecho hacerlo? Yo creo que sí y que no está entre las funciones del Estado impedir a un ciudadano que goza de sus facultades llenarse los pulmones de nicotina si le da su real gana.
Siempre he tenido una gran simpatía por el Uruguay, desde el año 1966, en que fui a Montevideo por primera vez y descubrí que América Latina no era sólo una tierra de gorilas y terroristas, de revolucionarios y fanáticos, de explotadores y explotados, que podía ser también tierra de tolerancia, coexistencia, democracia, cultura y libertad. Es verdad que Uruguay pasó a vivir luego la atroz experiencia de una dictadura militar. Pero la vieja tradición democrática le ha permitido recuperarse más pronto que otros países y hoy, quién lo hubiera dicho, bajo un gobierno de un Frente Amplio que parecía tan radical, y un presidente de 77 años que fue guerrillero, es otra vez un modelo de legalidad, libertad, progreso y creatividad, un ejemplo que los demás países latinoamericanos deberían seguir.

Una opinión de 1874 sobre gestión, conservación y mantenimiento de carreteras

Geodiciendo.



Que las labores de conservación y mantenimiento de carreteras no se valoran en su justa medida no es nuevo, que las decisiones de las Administraciones locales son discutibles, tampoco.

Buscando información sobre el ingeniero Rafael Yagüe para el post de la restauración de la cantera del castillo de Dénia me encontré con este escrito suyo, titulado “El abandono de las carreteras construidas por el estado“, publicado en la Revista de Obras Públicasen septiembre de 1874, una época en la que, pese a haber sólo 2.600 km de carreteras y un número de vehículos muy inferior al actual, ya se discutía el tema del peaje.
“[...] La forma única y universalmente admitida para la explotación de carreteras es el sistema de portazgos [peajes], y sabido es que, cualquiera que sea la tarifa de los derechos que en ellos se cobran, su producto no es nunca bastante, salvo casos excepcionales, ni aún para sufragar los gastos de conservación. Y la razón es obvia: desde el momento en que se establece una tarifa elevada, los vehículos ordinarios que transitan por las carreteras, abandonan éstas, aún arrostrando los inconvenientes de la mala viabilidad de los caminos naturales; y cuando esto no les es posible, puede asegurarse que inmediatamente empieza el fraude bajo múltiples y hasta inverosímiles formas, produciendo la consiguiente baja en la recaudación. Para evitar esto no hay otro medio que mantener las tarifas en límites prudentes, en cuyo caso puede alguna vez llegarse a sufragar con la recaudación los gastos de conservación de la carretera, pero nunca o casi nunca los de construcción.
[...] las carreteras, por su misma naturaleza, no pueden constituir nunca una especulación industrial, y, por consiguiente, el entregar su gestión a la iniciativa privada no puede pasar jamás de un precepto ilusorio de la ley.
[...] suponiendo dotadas a las corporaciones provinciales de la ilustración y elevación de miras de que por desgracia carecen por punto general, no habría ningún inconveniente en entregarles, casi en absoluto, esta gestión; pero precisamente esa falta e ilustración produce el que se sobrepongan en ellas a los buenos principios económicos las rivalidades de localidad que hacen estéril, en la mayor parte de los casos, la inteligente iniciativa de que algunas de ellas han dado muestra en ocasiones.
[...] La carretera o camino ordinario requiere para su conservación un gasto continuo e importante, y precisamente la necesidad y utilidad de este gasto es una de las cosas que con más dificultad se acepta y comprende por aquellas personas que carecen en absoluto de los conocimientos necesarios para apreciar las condiciones técnicas de esta clase de vías. Y no es de extrañar que las corporaciones locales caigan en este defecto, puesto que muchas veces, por desgracia, hasta la Administración central parece olvidarse de la capital importancia que tiene esta conservación constante.
No hay que olvidar, por otro lado, que el carácter temporal que lleva consigo el desempeño de los cargos populares contribuye también a este mismo resultado, puesto que la tendencia natural de los que con ellos se hallan investidos es más bien dejar testimonio perenne de su paso por la Administración local, que consumir los recursos disponibles en conservar lo que sus antecesores hayan construido.”
Se podría decir que el autor exageraba pero, por si acaso, ya avisaba desde el principio:
“Y no se crea que hemos exagerado las sombrías tintas del cuadro. De todos estos datos tenemos numerosas noticias y abundantes hechos, que no publicamos, desde luego, porque a fuer de españoles nos duele en el alma que tan al descubierto se presenten, más que la ignorancia y el atraso de nuestro pueblo, la imprevisión y falta de criterio con que se llevan a la práctica de la administración las más absurdas teorías y los principios menos aceptables.”
Ha llovido mucho desde septiembre de 1874. Ha llovido mucho, se ha construido mucho y se ha investigado mucho, pero en lo importante seguimos igual, minimizando costes a base de hipotecar conservación y mantenimiento… y así nos va.

El artículo completo está aquí:

Al visitante con ganas de seguir leyendo le recomiendo este post de Ingeniería en la Red sobre el ahorro de los firmes rígidos sobre los flexibles (eterna discusión), la lectura de la reflexiva carta electoral de Manuel Melis Maynar (con algunos comentarios interesantes sobre el tema) y este otro post de “Diario de un chancletero” sobre la (falta de) ética y coherencia de ciertos estudios…

¿Carreteras…? ¡¡ Dónde vamos no necesitamos carreteras !!
Doc Brown en Regreso al Futuro

Aprendiendo a sumar (I): La falacia de la cantidad fija de trabajo

Juan de Mercado.



Una amiga, economista ella, suele decir que existen tres clases de economistas: los que saben sumar y los que no… Además de su fina ironía, este chiste contiene el germen de un par de reflexiones interesantes. Primero, es verdad que hay grupos de economistas, algunos notorios situados en ambos extremos del espectro político, que todavía creen que pueden hacer análisis económico sin el apoyo de métodos cuantitativos y basándose exclusivamente en el conocimiento revelado por personajes de tiempos pasados y en la introspección. En segundo lugar, cuando hay variables económicas por medio, “sumar” es algo más complicado de lo que parece. Por ejemplo, las siguientes proposiciones:
  1. “El progreso tecnológico destruye empleo. Si las máquinas hacen el trabajo, habrá menos trabajadores ocupados”.
  2. “Los inmigrantes nos roban los puestos de trabajo. Si volvieran a sus países de origen los inmigrantes que llegaron masivamente en años anteriores, el problema del desempleo sería mucho menos grave”.
  3. “La única solución al problema del desempleo es el reparto del trabajo. Solo reduciendo la jornada de trabajo, mejorarán las oportunidades de empleo de los parados”.
  4. “El retraso de la edad de jubilación reduce los puestos de trabajo disponibles para los jóvenes. Hay que adelantar la edad de jubilación para reducir el desempleo juvenil”.
  5. “Las importaciones también reducen el empleo. Solo con medidas proteccionistas se podrá reducir el desempleo”
  6. “El empleo solo depende de la demanda de productos. Solo aumentando el gasto público se pueden generar nuevos puestos de trabajo”.
comparten tres características: son el resultado de simples operaciones aritméticas, mucha gente piensa que son incontrovertibles y, sin embargo, son… manifiestamente falsas. El error que subyace a todas ellas es la idea de que la cantidad de trabajo está dada y, por tanto, cualquier cosa que genere una mayor disponibilidad de bienes y servicios, sea un incremento de la productividad, la llegada de inmigrantes, o importaciones, reduce el número de puestos de trabajo disponibles para los trabajadores nacionales. (La proposición #6 añade a este otros dos errores: pensar que solo con aumentos de gasto público se puede aumentar la demanda de productos y creer que todos los aumentos de gasto público aumentan dicha demanda). La idea de que la cantidad de trabajo está determinada exógenamente constituye una de las falacias más conocidas en Economía y, sin embargo, más repetidas en muchas de las propuestas de políticas de empleo.
La teoría: cuando las sumas no cuadran
Los sistemas económicos son complejos. En ellos, cada variable depende de los valores actuales y futuros de muchas otras, las cuales a su vez dependen de los valores actuales y futuros de las primeras. Es más, estas relaciones de dependencia son cambiantes en el tiempo, dado que las decisiones que toman los agentes económicos varían en función de sus expectativas sobre el comportamiento actual y futuro de otros agentes. Es por ello por lo que la evaluación de medidas de política económica requiere el uso de modelos económicos (que, necesariamente, han de ser dinámicos, es decir, han de tener en cuenta el futuro, de equilibrio general, es decir, han de tener en cuenta la determinación conjunta de todas las variables, además de lógicamente coherentes, es decir, adecuados a la cuestión que se quiere analizar). Y también por las mismas razones, la identificación de relaciones causales en Economía es todavía un ejercicio muy arriesgado, a pesar de los avances en los métodos de inferencia estadística y econométrica.
Volviendo a las versiones de la falacia de la cantidad fija de trabajo enunciadas anteriormente, estos son algunos de los efectos (explicados muy someramente) que hay que tener en cuenta en cada caso:
  1. Un aumento de la productividad implica que una determinada cantidad de bienes puede obtenerse con menos horas de trabajo. Como resultado, los precios de tales bienes pueden caer y/o los salarios aumentar. Sea por una u otra vía, la ganancia de salarios reales se traduce en una mayor demanda de consumo y/o de ocio, de manera que o bien se producen más bienes, o bien se reduce el número de horas de trabajo por trabajador. En cualquier caso, una vez combinados todos estos efectos, el número de personas ocupadas no necesariamente se reduce proporcionalmente con el aumento de productividad, sino que puede incluso aumentar. De hecho, la experiencia histórica muestra que el progreso tecnológico aumenta la renta de los trabajadores y el empleo, mientras que el tiempo dedicado al ocio no se ha reducido tanto. En una conferencia pronunciada en la Residencia de Estudiantes de Madrid, John Maynard Keynes, a pesar de su desinterés por el largo plazo, pronosticó que, como consecuencia del incremento de la productividad, la jornada normal de trabajo de la generación de sus nietos sería de unas 15 horas semanales. (En su discurso de ingreso a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Andreu Mas-Colell comenta la conferencia de Keynes y se muestra menos optimista sobre las posibilidades de ocio de la generación de nuestros nietos).
  2. La llegada de inmigrantes, o cualquier otro aumento de la oferta de trabajo, tiene igualmente efectos tanto  sobre la demanda como sobre la oferta agregada. Por una parte, los inmigrantes contribuyen a aumentar la demanda de bienes y servicios. Por otra, dependiendo de sus características, afectan a la composición de los bienes y servicios que se producen. Cuando son “complementarios” a los trabajadores nacionales, bien porque ocupen puestos de trabajo distintos o bien porque contribuyan a que la productividad de los trabajadores nacionales aumente, como ocurre, por ejemplo, cuando prestan servicios domésticos, la tasa de empleo de la población nacional puede aumentar. Por las mismas razones, que vuelvan los inmigrantes a su país de origen puede conducir a que haya menos producción, menos productividad y menos empleo para la población nacional.
  3. La reducción de la jornada normal de trabajo. Cuando se reduce la jornada normal de trabajo, el coste laboral aumenta, tanto más cuanto menor sea la reducción salarial que acompañe dicha reducción. Y también puede variar la productividad, en un sentido u otro dependiendo de las características de los puestos de trabajo. Si dicha reducción provoca un aumento del coste laboral unitario (coste laboral en relación a la productividad del trabajo), los precios de los bienes y servicios aumentarán, con lo que las empresas reducirán su demanda de trabajo. Por el lado de la oferta de trabajo, habrá trabajadores que preferirán pluriemplearse antes que aprovechar totalmente la disponibilidad adicional de ocio. Ambos efectos reducen el aumento de puestos de trabajo disponibles para nuevos trabajadores, que acaba siendo proporcionalmente menor que la reducción de las horas de trabajo por trabajador. Incluso, en una economía abierta, puede ocurrir que el empleo total disminuya, por la pérdida de competitividad asociada al incremento de los precios de los productos nacionales.
  4. El adelanto de la jubilación. El adelanto de la edad de jubilación es como una reducción de la jornada de trabajo, solo que concentrada al final de la vida laboral. Por tanto, sus efectos son similares, aunque que, en este caso, los efectos sobre el coste laboral se transfieren al conjunto de la sociedad a través de la financiación del sistema de pensiones (cuando este es de reparto y de prestación definida). Así, si el adelanto de la jubilación no va acompasado con una reducción proporcional de la pensión a recibir, será necesario aumentar la imposición sobre el trabajo, a través de cotizaciones sociales más elevadas. En consecuencia, la demanda de trabajo disminuirá. Por otra parte, la sustitución de trabajadores de edad avanzada por nuevos trabajadores es imperfecta, dado que las ocupaciones y cualificaciones profesionales de unos y otros no son las mismas. En definitiva, adelantar la edad de jubilación puede acabar implicando menos empleo, no más.
  5. Las importaciones. Los efectos de las importaciones sobre el empleo se producen a través de canales similares a los de la inmigración, excluyendo el efectos sobre la demanda agregada (los trabajadores que producen las importaciones consumen en sus países de origen, mientras que los inmigrantes, excepto por las remesas que envían a sus países, consumen en el país en el que producen). La apertura al comercio internacional, de hecho, aumenta el empleo cuando la asignación de recursos productivos es eficiente y el país receptor explota adecuadamente sus ventajas comparativas. Por ejemplo, hay dos maneras de aumentar la productividad, la renta y el empleo: invertir en I+D para tratar de reducir la brecha tecnológica en sectores de alto valor añadido o especializarse en los productos en los que se tiene ventajas comparativas y aumentar las exportaciones de estos productos. No siempre la primera opción es superior a la segunda.
  6. Un aumento del gasto público. Se ha escrito tanto y tan bien sobre multiplicadores fiscales en NeG (por ejemplo, aquí o aquí) que sería muy atrevido insistir en los posibles efectos de un aumento del gasto público sobre el empleo. Solo recordaré lo básico: dado que aumentos del gasto público pueden reducir el consumo y la inversión privados e incrementar las importaciones, no cabe convertir dichos aumentos en incrementos proporcionales del empleo. (Y para los que siguen insistiendo en la necesidad de utilizar una política fiscal más activa para luchar contra el desempleo en la situación actual, una recomendación: estacolumna de Raju Rajan en el FT.)
…y la evidencia empírica: cuando los datos son tozudos
La evidencia empírica en contra de las proposiciones enunciadas anteriormente es ingente. Como no podía ser de otra manera, los datos no contradicen a la teoría bien fundamentada. Lo que sigue es una selección de resultados empíricos que contradicen las proposiciones anteriores.
  1. Sobre la productividad y empleo. La evidencia empírica se construye principalmente mediante las comparaciones internacionales de las tasas de crecimiento tendencial de ambas variables y, en general, muestra que, si acaso, la correlación entre ambas es positiva (van Ark, Frankema y Duteweend).
  2. Sobre inmigración y empleo. Aquí la literatura empírica ha estudiado mayoritariamente la correlación entre la tasa de empleo de los trabajadores nacionales y la llegada de inmigrantes. En general, los resultados indican que si hay una relación causal negativa entre inmigración y empleo, esta es bastante tenue y está muy concentrada en colectivos de trabajadores de menor cualificación (para el caso español ver Amuedo‐Dorantes y De la RicaCarrasco, Jimeno y Ortega y Gonzalez y F. Ortega).
  3. Sobre reparto de trabajo y empleo. Ni en Alemania en los años ochenta, donde se intentó reducir la jornada de trabajo mediante la negociación colectiva, ni en Francia, a principios de los años ochenta y a finales de noventa, donde se impuso por ley, se ha observó que esta medida produjera un aumento del empleo (Hunt y Kramarz, Cahuc, Crépon, Nordstörm Skans, Schank, van Lomwel y Zylberberg).
  4. Sobre jubilación anticipada y empleo. En este caso, la evidencia empírica también se refiere a cada país. Un compendio de estudios que muestran que la jubilación anticipada no genera empleo es Gruber y Wiseel capítulo sobre España es de Boldrin, García-Gómez y Jiménez-Martín.
  5. Sobre comercio internacional y empleo. A finales de los años ochenta y principios de los noventa, hubo una explosión de trabajos empíricos que mostraban poca relación entre importaciones y destrucción de empleo. Más recientemente, algunos trabajos empiezan a encontrar que, como en el caso de la inmigración, los efectos en determinados segmentos del mercado de trabajo pueden ser más grandes de lo que se pensaba (Molnar, Pain y Taglioni yAutor, Dorn y Hanson).
  6. Sobre gasto público y empleo. Algunos trabajos han utilizado VARs para estimar las funciones de impulso-respuesta del empleo a determinados cambios de la política fiscal. Con esta metodología, cuando se encuentra que un aumento del gasto público ha tenido efectos positivos sobre el empleo, estos son de magnitud limitada (Fatás y Mihov y Pappa).
Moraleja: En Economía las cosas no son tan fáciles. Por eso, se enseña en programas de doctorado compuestos por asignaturas que requieren elevados conocimientos analíticos y cuantitativos. Si se enfrenta a una propuesta económica basada en una sencilla operación aritmética, piense que es muy probable que se derive de un argumento erróneo. En cualquier caso, nunca está de más discernir entre las dos clases de economistas que señala mi amiga: los que utilizan modelos (“esquemas teóricos, generalmente en forma matemática, de un sistema o de una realidad compleja”) y los que solo siguen “modelos” (“arquetipos o puntos de referencia para imitarlos o reproducirlos”). ¿O son tres?

La “Ley de los Cincos” de Sitter, o como tirar el dinero en las obras


¿La calidad de diseño y proyecto evita costes de mantenimiento en las infraestructuras? La pregunta que hacemos parece retórica, pero a la vista de lo visto en muchos edificios, obras civiles y demás construcciones, parece que no es una pregunta con respuesta evidente. En post anteriores nos hemos preguntado por la calidad de los proyectos y los costes de los errores. Es el momento de ahondar más en la reflexión y apuntar algún ejemplo que sirva. Hemos elegido el caso de los hoteles como caso de estudio en este post. Es evidente que, donde pongamos la palabra “hotel” puede otro lector poner “carretera”, “hospital” o “central hidroeléctrica”, por poner algunos ejemplos. Me parece especialmente interesante la “Ley de los Cincos”, de Sitter, que creo que todos deberíamos tener marcado a fuego cuando se escatiman los esfuerzos necesarios para realizar un buen proyecto constructivo. Si seguís leyendo el post, enseguida la explicamos.
La calidad se ha convertido en una estrategia competitiva para cualquier industria cuyos objetivos básicos son la satisfacción del cliente y la eficiencia económica de la empresa. Si bien la calidad de diseño de una infraestructura y su permanencia en tiempo no supone una garantía suficiente para ofrecer a los clientes un servicio de calidad, es cierto que los errores cometidos en los estudios de viabilidad y en el proyecto de una infraestructura condicionan gravemente la rentabilidad del negocio no sólo durante el proceso de construcción de las instalaciones, sino posteriormente en su funcionamiento (Yepes, 1997). La consideración de una infraestructura como un sistema donde se debe optimizar el coste de su ciclo de vida aporta una nueva visión al negocio. La calidad de diseño debe conducir a la satisfacción de las demandas de los clientes, tanto internos como externos, y a una solución óptima en funcionamiento y costes.
La atención a los distintos requerimientos de un cliente conduciría al diseño de un hotel diferente para cada uno de ellos. Por tanto, antes de iniciar el proyecto, se deben segmentar las tipologías de usuarios para elegir las prestaciones a cubrir. Si bien un superior gradoo calidad de diseño implica normalmente mayores costos, éstos pueden ser asumibles si permiten una satisfacción de las expectativas y suponen a largo plazo menores costes de mantenimiento y explotación.
Una buena calidad de diseño es decisiva para el comportamiento, por ejemplo, de un hotel, pero no es suficiente para perfeccionar la satisfacción del cliente. No obstante, no se debe de menospreciar dicha faceta de calidad ya que compromete aspectos tales como la duración de la propia instalación, su fiabilidad, su comodidad, ausencia de ruidos, características de intercambiabilidad, tiempos de espera y prontitud en el servicio, consumos energéticos y otros, que ponen en evidencia la satisfacción del usuario y la eficiencia económica de la empresa. Se pueden suplir ciertas deficiencias con la voluntad y el buen hacer de los recursos humanos, pero las carencias estructurales comprometen la competitividad y por tanto la viabilidad del negocio.
Las estadísticas europeas señalan (ver Calavera, 1995) que el proyecto es el responsable del 35-45% de los problemas en construcción. A este respecto Sitter (véase Rostman, 1992) ha introducido al llamada “Ley de los Cincos”, postulando que un dólar gastado en fase de diseño y construcción elimina costes de 5 dólares en mantenimiento preventivo, 25 dólares en labores de reparación y 125 en rehabilitación.
¿Alguien duda aún que menoscabar en los recursos destinados a redactar un buen proyecto aún es una pérdida de dinero? Desgraciadamente aún existen aquellos que ahorran hasta en lo esencial.
Referencias:
  • CALAVERA, J. (1995). Proyectar y controlar proyectos. Revista de Obras Públicas num. 3.346. Madrid, septiembre.
  • ROSTMAN, S. (1992). Tecnología moderna de durabilidad. Cuadernos Intemac, 5.
  • YEPES, V. (1997). Calidad de diseño y efectividad de un sistema hotelero. Papers de Turisme, 20: 137-167.
  • YEPES, V. (1998). La calidad económica. Qualitas Hodie, 44: 90-92.

Julian Simon, Power of Market Prices, Why We'll Never Run Out of Oil, Why Peak Oil is Peak Idiocy

Mark Perry.



As resource economist Julian Simon taught us years ago, we never have, and never will, run out of scarce resources like oil because as a resource becomes more scarce, its price will rise, which will set in motion a series of actions that will counteract the scarcity.  For example, higher prices for oil will increase the incentives to: a) find more oil, b) conserve on the use of oil, and c) find more substitutes.  And that's exactly what's happened recently in response to higher oil prices - domestic crude oil production reached a 14-year high in March, and the share of rigs drilling for oil (vs. natural gas) set a new record high of 70% last week.  

And now an LA Times article today highlights how companies are making efforts to find substitutes for high-priced oil, here are some examples from the article:

1. Ford has eliminated 5 million pounds of petroleum annually by using soybean-based cushions in all of its North American vehicles. The company also got rid of an additional 300,000 pounds of oil-based resins a year by making door bolsters out of kenaf, a tropical plant in the cotton family.

2. BioSolar of Santa Clarita, Calif., dealt every day with the fact that solar modules are typically made with a glass front, an aluminum frame and a back sheet made out of a petroleum-based plastic or polymer.

"We saw where the price of petroleum was going," BioSolar CEO David Lee said. "We're not economists, but we knew that the price of oil was going to keep going up. The cost of photovoltaic cell manufacturing was going to skyrocket." BioSolar has changed its process to instead use castor beans.

3. Los Angeles businessman Neal Harris once relied on beads made from a petroleum-based polymer to hold fragrances for his company's products. Harris' company, Scent-Events, sells fragrances as a marketing tool to enhance movie premieres, concerts, parties and products. This year, he'll use ceramic beads 95 percent of the time. "It's saving us money, and we no longer have to keep track of oil prices," Harris said.

4. In March, McDonald's began a trial of double-walled paper hot-drink cups in 2,000 restaurants, in place of polystyrene containers, which start out as petroleum. 

5. Coca-Cola and PepsiCo are becoming bioplastics bottlers.

As Daniel Yergin, energy consultant and Pulitzer Prize author of a book on the history of the oil industry, told the LA Times, "Now there are accelerating efforts to squeeze oil out and find ways to substitute for it. That is the power of price."

Related: Duke economist and blogger Mike Munger explains here why "peak oil" is "peak idiocy" and why "Of all the idiotic things that people believe, the whole "peak oil" thing has to be right up there."

Rajoy contra Rajoy

Arcadi Espada.



I
Cuando un político ha dicho que la situación es tan grave que puede obligarle a hacer lo contrario de lo que dijo, debe abstenerse de cualquier pronóstico. Es absurdo e inútil que el presidente Rajoy diga que la banca española no acudirá al Fondo de Rescate Europeo. Él mismo ha explicado hasta qué punto es absurdo e inútil. Cada vez que el presidente hable del futuro le aplastará la losa del pasado.
II
El día 23 del mes corriente Rajoy hizo una petición ante las autoridades europeas: «En este momento si algo necesita Europa es certidumbre. Todos tenemos que tener muy claro que el euro va a estar siempre.» Ninguna autoridad europea le contestó. Ayer insistió en términos angustiosamente parecidos: «Sería muy importante un llamamiento claro sobre la irreversibilidad del euro. Esto es muy importante en estos momentos.» Escribo cinco horas después. Nadie ha contestado. La Bolsa está a niveles de 2003 y la prima de riesgo en un nuevo récord, eso dicen. Y la prima de riesgo es especialmente importante en el día de hoy, porque algún riesgoso habrá de prestarle dinero al Reino de España para que pague el agujero de Bankia. Estas dos súplicas sin respuesta del presidente, en menos de cinco días, son incomprensibles. Insólitas. Devastadoras. En el primer capítulo de cualquier manual para Príncipes se especifica que un político puede hacer una petición de este género a sus superiores solo cuando tenga asegurada la respuesta y que la respuesta será positiva. Es así como se fortalece un líder. Si la respuesta no está asegurada el Príncipe no hace peticiones públicas, sino sorda e irritadamente privadas. Lo contrario es perder autoridad ante los superiores, ante el público y ante los prestamistas. Y, sobre todo, ante la realidad, ante la cruel prima de la realidad: cuando uno pide a los superiores que garanticen la irreversibilidad del euro, y nadie contesta, el euro es ya un poco menos irreversible.
III
El presidente Rajoy solo tiene una casa. La Moncloa. La casa común. Ciertamente a veces podrá volver a su ppisito de soltero: pero solo para fiestecillas partidarias. Cuando tenga que hablar a las autoridades, a los españoles y a los mercados, y aunque sea a través de la odiosa persona interpuesta de los periodistas, debe hacerlo en La Moncloa. Verlo en su estribo del PP solo remite a la travesía de ocho años y tiene un maligno efecto melancólico: no deja uno de pensar lo que aquel Rajoy diría de este hombre disperso y vacilante, que ya parece solo reducido a sus buenas intenciones.
(El Mundo, 29 de mayo de 2012)