“Ningún poder en la tierra podrá arrancarte lo que has vivido.” Viktor Frankl
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Finanzas, banca y ciclos económicos
Audio en Educación para la libertad.
La crisis financiera ha provocado la quiebra de bancos comerciales y de inversión por todo el mundo. Políticos oportunistas y ciudadanos indignados exigen la nacionalización de la banca y un control mucho más estricto de su actividad. Pero, exactamente, ¿cómo ha sido capaz la banca de desencadenar una crisis a escala mundial?
El ciclo económico lo causan los bancos al mezclar la gestión de cobros y pagos con la financiación a largo plazo. Se provoca así una expansión del crédito insostenible. Francisco Capella
Escucha esta nueva entrega de Conversaciones en libertad y aprende de la mano de Luis Alberto Iglesias y Francisco Capella —director del área de ciencia y ética del Instituto Juan de Mariana— cómo funciona el sistema financiero y cuál es su relación con los ciclos económicos:
- Las diferentes formas de financiación: la venta de acciones y la emisión de deuda.
- Cómo funcionan los mercados secundarios.
- Cuáles son las funciones principales de los bancos.
- Qué es la curva de tipos de interés y cómo interpretarla.
- Cómo juegan los bancos con la curva de tipos para descalzar plazos.
La reserva fraccionaria no es la causa de las crisis, sino sólo un elemento accesorio. Es posible provocar una expansión crediticia con una reserva del 100%. Francisco Capella
Conoce a fondo los últimos desarrollos que completan la teoría del ciclo económico de la Escuela Austriaca de Economía convirtiéndola en la más completa y eficaz de todas:
- La actividad bancaria y la correcta gestión de activos, pasivos, plazos y riesgos.
- El descalce de plazos y los ciclos económicos.
- La “banca en la sombra” y la gestación de la crisis financiera.
Además, en Finanzas, banca y ciclos económicos encontrarás una explicación histórica y crítica de la banca central, la diferencia entre el dinero fiduciario y el fiat, y una propuesta de medidas liberales para acabar con los ciclos de auge y recesión.
La banca central no es un fenómeno de mercado libre, sino una necesidad y conveniencia del estado. Francisco Capella
Educación para la libertad es un proyecto que nace por creer que el conocimiento es la vacuna contra la ignorancia que vuelve a las sociedades presas fáciles de demagogos, totalitarismos e ideas incorrectas. Espero que disfrutes esta Conversación en libertad.
Un cordial saludo,
Luis Alberto Iglesias
Nota 2: Aquí puedes leer todos los artículos sobre dinero, banca, finanzas y ciclos económicos publicados por Francisco Capella en su blog.
Una breve historia del dinero
Audio en Educación para la libertad.
¿Puedes imaginar un día en que no hayas utilizado dinero para nada? Es difícil, ¿verdad? Lo usas continuamente para pagar en el supermercado, para comprar el periódico o para reservar una habitación de hotel a través de Internet. Las monedas y los billetes son dinero “sólido”, ¿pero qué clase de dinero es una tarjeta de crédito? Si mañana exiges al director de tu banco que te muestre tu dinero, te dirá que mires tu libreta de ahorro porque él no lo tiene. ¿Dónde está tu dinero? ¿Debes exigir que te lo devuelva y guardarlo bajo el colchón de tu cama?
En Una breve historia del dinero encontrarás la respuesta a estas preguntas y mucho más. Acompaña a Luis Alberto Iglesias y a Francisco Capella, director del área de ciencia y tecnología del Instituto Juan de Mariana, en un fascinante recorrido por la historia del dinero y los sustitutos monetarios, desde el trueque hasta los depósitos bancarios. Miles de años de historia del dinero condensados en 60 minutos:
- Cómo surgió el dinero.
- Cuáles son sus 3 funciones económicas básicas.
- Qué bienes pueden ser dinero y cuáles no.
- Cómo se ha producido el dinero a lo largo de la historia.
“El dinero es el bien de segunda mano por excelencia.” Francisco Capella
Esta nueva entrega de Conversaciones en libertad examina los aspectos más básicos del dinero y sus sofisticados desarrollos posteriores:
- La actividad de los comerciantes y la monetización de la deuda.
- El uso de promesas de pago como dinero.
- La introducción del papel moneda y la emisión de billetes.
- El origen de la banca con reserva fraccionaria.
- La extensión del crédito en la sociedad.
“Los bancos extendieron la monetización de la deuda, habitual entre los comerciantes como medio de pago, a todos los ciudadanos.” Francisco Capella
Escuchar Una breve historia del dinero es como asistir a un seminario intensivo de introducción a la teoría monetaria y de la banca. La cantidad de información que vas a encontrar es sorprendente:
- Una nueva definición de “liquidez”.
- La teoría de la “invarianza” del valor del dinero.
- El poder adquisitivo del dinero y la magnitudes “flujo” y “stock”.
- El dinero como medio de “no intercambio”.
- La refutación del origen fraudulento de la reserva fraccionaria.
- Cómo resuelve los pánicos bancarios la banca con reserva fraccionaria.
Ponte cómodo, ten a mano “recado de escribir” (papel y bolígrafo para tomar apuntes) y prepárate a disfrutar aprendiendo economía.
Educación para la libertad es un proyecto que nace por creer que el conocimiento es la vacuna contra la ignorancia que vuelve a las sociedades presas fáciles de demagogos, totalitarismos e ideas incorrectas. Espero que disfrutes esta Conversación en libertad.
Un cordial saludo,
Luis Alberto Iglesias.
La competencia por el control de la acción en los seres vivos
Francisco Capella.
Un ser vivo es un agente autónomo autopoyético: trabaja construyéndose a sí mismo e intentando alcanzar sus objetivos deseados, controla su conducta para su propio beneficio, y sus valoraciones tienden a reflejar lo adecuado para su supervivencia; un agente heterónomo no controla su conducta sino que actúa controlado por otro agente al cual sirve (por ejemplo, una máquina artificial, o un organismo esclavizado).
La capacidad de control y acción de un organismo siempre es limitada y falible. Los agentes autónomos evolutivamente más exitosos son los que consiguen más poder, más capacidad de decisión y acción y menos restricciones: tienen más medios a su disposición (energía, materiales, conocimiento, derechos) y sufren menos limitaciones o cargas (obstáculos físicos, prohibiciones, deberes).
El sistema de control de un organismo (su aparato cognitivo, sistema nervioso o cibernético) controla directamente la conducta del propio individuo del cual forma parte. Pero el funcionamiento de este sistema depende de las interacciones del sujeto con su entorno, que puede incluir otros organismos que influyen sobre él, participando así en la determinación de la conducta; y el mismo individuo puede intentar a su vez controlar a otros organismos.
La capacidad de acción de un organismo (y sus resultados) puede ser utilizada por otro. Un ser vivo puede aprovecharse de otro destruyéndolo y comiéndoselo (o utilizando algunas partes como ropas, adornos o herramientas). Es posible aprovecharse de otro ser vivo sin destruirlo, tomando algo de él: alimento (leche materna, secreciones de algunos insectos como la miel de las abejas), protección, calor. Y también es posible usar a otro organismo como agente, controlarlo, influir sobre su conducta, capturar parcialmente su sistema de control. Un virus, por ejemplo, captura los mecanismos de control de una célula (a la cual termina matando) para que sus ribosomas produzcan copias del propio virus.
Todo organismo es un agente que puede ser utilizado como medio o instrumento por otros agentes: su capacidad de actuar puede ponerse al servicio de los fines o intereses de otros individuos (que pueden ser compatibles o incompatibles con los propios). Esta instrumentalización o servidumbre puede ser voluntaria (libre) o involuntaria (esclavitud), simétrica (cooperación) o asimétrica (parasitismo), consciente o inconsciente.
Una forma directa y simple de control es la fuerza física bruta que permite al fuerte (amo) someter al débil que no puede defenderse (esclavo). Pero también existen mecanismos psicológicos (cognitivos y emocionales) de manipulación: persuasión, seducción, chantaje, amenazas.
La competencia entre organismos por el poder de controlar la acción da origen a una carrera de armamentos evolutiva en la cual se desarrollan de forma progresiva aptitudes para controlar y para evitar ser controlado. Los agentes más exitosos son aquellos que pueden influir sobre los demás para que actúen en su beneficio, al tiempo que se defienden de los intentos de manipulación en su contra. Los individuos pueden tener muy diferentes capacidades en este ámbito: desde los incautos ingenuos hasta los más hábiles seductores. Las técnicas de manipulación se vuelven gradualmente más indirectas, sofisticadas y sutiles para evitar el posible rechazo de los intentos directos y obvios.
Un manipulador exitoso debe conseguir que el agente manipulado se deje controlar: esto puede suceder porque no es capaz de evitarlo (no puede resistirse a la influencia ajena o ni siquiera se da cuenta de ella) o porque no quiere hacerlo. Ciertas técnicas de manipulación se basan en el engaño y la ocultación, dependen de que el sujeto no se dé cuenta de que está siendo controlado por otro. La manipulación puede implicar alterar las valoraciones ajenas, de modo que a un agente no le importa ser manipulado o incluso lo prefiere (seducción sexual, publicidad, lavado de cerebro de una secta).
Un ser vivo puede aprovecharse de lo que hace otro, de los resultados de su acción, de forma natural y espontánea, sin necesidad de comunicación, pero estas interacciones tienen un rango limitado. La disponibilidad de un lenguaje facilita enormemente la coordinación entre agentes, que pueden expresar de algún modo sus intereses, deseos u órdenes. El lenguaje puede utilizarse para describir el mundo y transmitir información, pero es fundamentalmente una herramienta de interacción y manipulación: permite dar órdenes, expresar deseos, persuadir, seducir, argumentar, explicitar normas y las consecuencias de su incumplimiento.
Un ser vivo es un agente autónomo autopoyético: trabaja construyéndose a sí mismo e intentando alcanzar sus objetivos deseados, controla su conducta para su propio beneficio, y sus valoraciones tienden a reflejar lo adecuado para su supervivencia; un agente heterónomo no controla su conducta sino que actúa controlado por otro agente al cual sirve (por ejemplo, una máquina artificial, o un organismo esclavizado).
La capacidad de control y acción de un organismo siempre es limitada y falible. Los agentes autónomos evolutivamente más exitosos son los que consiguen más poder, más capacidad de decisión y acción y menos restricciones: tienen más medios a su disposición (energía, materiales, conocimiento, derechos) y sufren menos limitaciones o cargas (obstáculos físicos, prohibiciones, deberes).
El sistema de control de un organismo (su aparato cognitivo, sistema nervioso o cibernético) controla directamente la conducta del propio individuo del cual forma parte. Pero el funcionamiento de este sistema depende de las interacciones del sujeto con su entorno, que puede incluir otros organismos que influyen sobre él, participando así en la determinación de la conducta; y el mismo individuo puede intentar a su vez controlar a otros organismos.
La capacidad de acción de un organismo (y sus resultados) puede ser utilizada por otro. Un ser vivo puede aprovecharse de otro destruyéndolo y comiéndoselo (o utilizando algunas partes como ropas, adornos o herramientas). Es posible aprovecharse de otro ser vivo sin destruirlo, tomando algo de él: alimento (leche materna, secreciones de algunos insectos como la miel de las abejas), protección, calor. Y también es posible usar a otro organismo como agente, controlarlo, influir sobre su conducta, capturar parcialmente su sistema de control. Un virus, por ejemplo, captura los mecanismos de control de una célula (a la cual termina matando) para que sus ribosomas produzcan copias del propio virus.
Todo organismo es un agente que puede ser utilizado como medio o instrumento por otros agentes: su capacidad de actuar puede ponerse al servicio de los fines o intereses de otros individuos (que pueden ser compatibles o incompatibles con los propios). Esta instrumentalización o servidumbre puede ser voluntaria (libre) o involuntaria (esclavitud), simétrica (cooperación) o asimétrica (parasitismo), consciente o inconsciente.
Una forma directa y simple de control es la fuerza física bruta que permite al fuerte (amo) someter al débil que no puede defenderse (esclavo). Pero también existen mecanismos psicológicos (cognitivos y emocionales) de manipulación: persuasión, seducción, chantaje, amenazas.
La competencia entre organismos por el poder de controlar la acción da origen a una carrera de armamentos evolutiva en la cual se desarrollan de forma progresiva aptitudes para controlar y para evitar ser controlado. Los agentes más exitosos son aquellos que pueden influir sobre los demás para que actúen en su beneficio, al tiempo que se defienden de los intentos de manipulación en su contra. Los individuos pueden tener muy diferentes capacidades en este ámbito: desde los incautos ingenuos hasta los más hábiles seductores. Las técnicas de manipulación se vuelven gradualmente más indirectas, sofisticadas y sutiles para evitar el posible rechazo de los intentos directos y obvios.
Un manipulador exitoso debe conseguir que el agente manipulado se deje controlar: esto puede suceder porque no es capaz de evitarlo (no puede resistirse a la influencia ajena o ni siquiera se da cuenta de ella) o porque no quiere hacerlo. Ciertas técnicas de manipulación se basan en el engaño y la ocultación, dependen de que el sujeto no se dé cuenta de que está siendo controlado por otro. La manipulación puede implicar alterar las valoraciones ajenas, de modo que a un agente no le importa ser manipulado o incluso lo prefiere (seducción sexual, publicidad, lavado de cerebro de una secta).
Un ser vivo puede aprovecharse de lo que hace otro, de los resultados de su acción, de forma natural y espontánea, sin necesidad de comunicación, pero estas interacciones tienen un rango limitado. La disponibilidad de un lenguaje facilita enormemente la coordinación entre agentes, que pueden expresar de algún modo sus intereses, deseos u órdenes. El lenguaje puede utilizarse para describir el mundo y transmitir información, pero es fundamentalmente una herramienta de interacción y manipulación: permite dar órdenes, expresar deseos, persuadir, seducir, argumentar, explicitar normas y las consecuencias de su incumplimiento.
La banca con reserva fraccionaria
Francisco Capella. (Versión resumida del texto)
Introducción
Introducción
La banca con reserva fraccionaria de los depósitos a la vista es perfectamente legítima y compatible con el liberalismo, no es resultado de ningún privilegio legal concedido a la banca por el Estado, y no es la causante del ciclo económico. La exigencia de una reserva 100% es un grave error intelectual, una violación de la libertad contractual y un obstáculo al crecimiento económico al dificultar el crédito e impedir el desarrollo tecnológico de las finanzas.
Las equivocaciones respecto a la reserva fraccionaria son múltiples: el depósito no puede ser un préstamo; la reserva fraccionaria es una estafa; un préstamo sin plazo predeterminado es una aberración; los contratos son transferencias plenas de derechos de propiedad; los contratos de depósitos a la vista generan múltiples e incompatibles derechos de propiedad sobre los mismos bienes y además son imposibles de cumplir en su conjunto; mediante la reserva fraccionaria se produce dinero de la nada que genera inflación, distorsión crediticia y el ciclo económico; la banca libre con reserva fraccionaria es inestable. Todos estos errores reflejan que no se entiende bien la relación conceptual entre la libertad, el derecho de propiedad y los contratos, o que creyendo argumentar con rigor se producen serios fallos de inferencia lógica, o que se sabe más bien poco de dinero, banca y finanzas.
El autor de este artículo en el pasado criticó la reserva fraccionaria porque le parecían plausibles los argumentos de sus detractores y especialmente para poner a prueba los argumentos de sus defensores (combinados con las teorías de la liquidez y de la banca libre) y poder comprobar si eran sólidos en la medida en que no los entendía del todo e iba aprendiendo sobre ellos, reconociendo que inicialmente sabía relativamente poco sobre la realidad de la banca y las finanzas. Sin embargo, quien ha cometido un error intelectual puede ser quien mejor pueda remediarlo si comprende su naturaleza y sus causas. Dominando ya lo suficiente estos ámbitos resulta que las apariencias de solidez de la crítica de la reserva fraccionaria son engañosas, y es lamentable que muchos liberales se equivoquen sistemáticamente de buena fe transmitiendo unas falacias insostenibles, tal vez por la confianza acrítica e irreflexiva en grandes, prestigiosas e influyentes figuras del liberalismo que se equivocan al respecto gravemente pero con mucha asertividad y firmeza.
No obstante, muchos de los críticos de la reserva fraccionaria han hecho grandes contribuciones a la causa de la libertad y a la ciencia económica para la comprensión de los ciclos económicos, aportaciones que son muy aprovechables una vez que se extirpen o corrijan sus errores al respecto.
Continuar leyendo en liberalismo.org
Razón, observación, teorías y crítica intelectual
Los seres vivos son agentes autónomos autopoyéticos: su actividad dinámica autocontrolada contribuye a su mantenimiento y reproducción. Algunos seres vivos actúan como sistemas cibernéticos mediante ciclos recurrentes de observación, pensamiento y acción. La cognición tiene sentido como guía de la acción, sirve para seleccionar la conducta más adecuada según las circunstancias del organismo y su entorno. Un agente cognitivo conoce la realidad mediante la construcción y el uso de representaciones abstractas de la misma que recogen regularidades esenciales (relaciones entre sus componentes), y reconoce la realidad cuando percibe alguna instancia concreta que se corresponde con aspectos particulares de esas representaciones mentales.
La epistemología estudia el conocimiento. Los epistemólogos han enfatizado tradicionalmente el pensamiento (racionalistas) o la observación (empiristas), con algunos intentos de integrar ambos, pero a menudo no se ha tenido suficientemente en cuenta la relación de la cognición con la acción y la vida. El conocimiento en general implica razonamiento (pensamiento, reflexión, actividad cerebral de procesamiento de información, construcción y modificación de modelos representativos), observación (obtención de datos concretos acerca del estado del mundo en una situación específica) y acción (modificación del estado del mundo). Razonamiento, observación y acción están íntimamente relacionados: las teorías o esquemas mentales que produce el pensamiento son el marco de referencia en el cual se realizan e interpretan las observaciones; las observaciones pueden servir para confirmar de forma tentativa hipótesis (nuevos contenidos teóricos generados creativamente, quizás sugeridos por alguna observación previa) o rechazar aspectos inválidos de las teorías; las observaciones no son por lo general pasivas, es posible actuar para realizar alguna observación (experimentación); el pensamiento es una acción mental, un conjunto de procesos físicos en el cerebro, un evento que forma parte del mundo real; la autoconsciencia es observación interior de los propios procesos de pensamiento (siempre incompleta, gran parte del pensamiento es inconsciente); la acción es guiada por los datos obtenidos de la observación del presente y por los modelos mentales del mundo que permiten estimar su evolución futura según los diversos cursos de actuación considerados; la acción intencional se corrige en tiempo real para ajustarla a los objetivos deseados mediante la observación progresiva de sus resultados sobre la realidad.
Los modelos mentales incorporan de forma progresiva conocimiento acerca de la realidad, pero están muy lejos de ser tan potentes como para conocer por sí solos toda la realidad: no es cierto que todo el Universo esté en la mente humana. La competencia evolutiva indica que los sistemas cognitivos mejores tenderán a desplazar a los menos aptos, pero eso no implica que los modelos mentales sean perfectos o estén muy cerca de la perfección. Los agentes cognitivos utilizan sus representaciones mentales apoyados por sistemas de estimación de su validez: sensación de seguridad, certeza o duda de lo que se sabe. Pero estos sistemas indicadores de la fiabilidad son a su vez falibles: es posible estar equivocado teniendo una sensación íntima de certeza absoluta. Las falacias no saltan a la vista, a muchos les parecen correctas y veraces. El engaño (incluido especialmente el autoengaño) es un fenómeno esencial en la interacción entre animales sociales (que pueden ser cooperativos o competidores) o entre depredadores y presas. Es posible equivocarse al pensar, al observar y al actuar. Errores sutiles que pueden tener graves consecuencias pueden no verse por estar rodeados de gran cantidad de aciertos que distraen la atención. Disponer de múltiples sistemas independientes (redundancia) puede reducir la probabilidad de cometer errores.
Los seres humanos viven y actúan en el mundo real, pero lo perciben e interpretan mediante sus sistemas cognitivos, que construyen representaciones o simulaciones virtuales. Algunas personas llegan a creer que su simulación mental particular es la realidad última, que todo es producto de su imaginación, que la mente crea la realidad. Para algunos científicos poco competentes la teoría manda y la realidad debe encajar en ella (lo auténticamente real serían las ideas, y la realidad serían apariencias o distorsiones de esas ideas): pero es la realidad la que manda y la teoría que se pretende científica debe modificarse y adaptarse en lo que sea necesario para representarla fielmente.
Una teoría es un sistema de proposiciones sobre ciertos conceptos y relaciones entre ellos. Las teorías pueden utilizarse para representar conocimiento acerca de las regularidades de la realidad, pero también es posible construir teorías desconectadas de la realidad (simples ejercicios de la imaginación o intentos fallidos de captar el mundo): la coherencia interna (ausencia de contradicciones) no es equivalente a la verdad o corrección (correspondencia del modelo con la realidad).
El conocimiento no está constituido solamente por teorías referidas a generalidades abstractas: también son importantes los datos concretos acerca de la configuración específica del mundo. Ambos, teoría y datos, son necesarios para comprender la conducta de un sistema. Diversos sistemas pueden tener diferentes sensibilidades respecto a sus condiciones iniciales (su comportamiento depende mucho o poco de ellas). Los expertos científicos pueden tener un conocimiento mejor acerca de generalidades teóricas, pero quizás carezcan de datos empíricos concretos, por ser difíciles de obtener o porque no interesan si lo que se busca es principalmente una fórmula o ley unificadora. En las ciencias naturales los sistemas son más simples que en las ciencias humanas, en las cuales los agentes poseen un conocimiento acerca de sus condiciones locales que es altamente relevante para su acción y que sin embargo no está disponible para el investigador.
De forma parecida a como los diversos elementos de un sistema pueden relacionarse de forma integradora y cohesiva o de forma desintegradora, disgregadora, los distintos componentes de una teoría pueden tener relaciones de apoyo o de oposición. Una teoría es más sólida si sus diversas partes se apoyan y refuerzan mutuamente. El conocimiento científico es en muchos ámbitos un trabajo progresivo de perfeccionamiento sistemático: una teoría (o un conjunto de teorías) puede no ser completamente satisfactoria, quizás porque sus partes no están bien integradas (faltan conexiones, o hay elementos inconsistentes pero no se sabe cuáles son incorrectos), o faltan elementos. Es posible que se disponga de varias teorías para explicar un mismo ámbito de la realidad, y pueden ser complementarias (perspectivas alternativas) o incompatibles.
En una teoría que utilice la inferencia mediante deducción lógica hay axiomas (proposiciones de partida consideradas verdaderas) y teoremas (proposiciones deducidas de los axiomas): los axiomas son los cimientos del sistema que sirven de fundamentación para los teoremas, las relaciones de apoyo son jerárquicas y unidireccionales de los axiomas a los teoremas (o de los teoremas más primitivos a los derivados de ellos). Algunas teorías se construyen sobre un solo axioma que se considera autoevidente (o cuya verdad se demuestra fuera del sistema) y deduciendo a partir de él, quizás añadiendo hipótesis auxiliares que agregan especificación (el axioma suele ser muy abstracto, poco preciso). Un sistema con pocos puntos de apoyo es más frágil, puede destruirse si estos fallan. Un sistema con múltiples apoyos es más resistente, no depende de forma drástica de uno o unos pocos elementos, su degradación es progresiva, no catastrófica. En la deducción lógica la sensibilidad de la teoría a la corrección de los fundamentos es extrema, los errores contaminan totalmente el árbol de deducciones a partir del punto erróneo. Algunas teorías están constituidas de forma más heterárquica, con más puntos de apoyo, como una red con múltiples elementos que interaccionan de forma orgánica, de modo que los contenidos de la teoría pueden modificarse unos a otros en un proceso de convergencia de evidencias que permite ganar consistencia, precisión y corrección.
La crítica intelectual es fundamental para el avance del conocimiento: la consistencia de una teoría puede comprobarse intentando destruirla y observando cómo resiste a los ataques. Algunas críticas pueden ser constructivas en el sentido de que preservan buena parte del contenido de una teoría analizada y corrigen sus errores. Pero la crítica destructiva también es útil porque puede mostrar que una teoría es muy mala o que por el contrario es muy difícil de superar. Es posible que una misma persona construya una teoría y la critique, pero a menudo el deseo de que algo sea cierto o el amor por el propio trabajo intelectual dificultan o imposibilitan que sea así. La objetividad es más fácil cuando no se siente apego por ninguna idea en particular y cuando no hay un capital intelectual invertido que puede perderse al reconocer un error propio. El pensamiento de una sola persona tiene restricciones que pueden superarse mediante la colaboración con otros. Pero para que esos otros aporten algo significativo quizás convenga que no lo compartan todo (que sepan cosas diferentes) y que no tengan miedo de realizar las críticas que consideren necesarias.
Poner mucho énfasis en una idea no garantiza que esta sea correcta, y si es errónea resulta que el error se transmite con mucho entusiasmo y vehemencia. Una persona con mucho carisma o poder puede contribuir a generar y reproducir errores difíciles de eliminar. Las sectas insisten en transmitir un mensaje fielmente, sin críticas, y en obedecer a los líderes: las ideas se usan como símbolos que indican pertenencia a un grupo donde hay que aceptar todo el dogma, evitar las disensiones internas y concentrarse en destruir a los oponentes (o ignorarlos si no se sabe cómo vencerlos intelectualmente). Para aprender es necesario saber reconocer cuándo uno se ha equivocado: es normal en el proceso de búsqueda científica del conocimiento cometer errores; lo anormal es no equivocarse nunca (y es sospechoso tenerlo todo clarísimo de forma rotunda y no aprender nada de nadie). No reconocer nunca un error implica que o no se ha aprendido nada (no se ha explorado nada nuevo donde inicialmente no se domina todo y es normal equivocarse hasta conseguir acertar) o que uno es siempre perfecto. Rectificar ante los errores no es lo mismo que ceder en una postura de principio para ser popular, dulcificar un mensaje para que sea mejor aceptado.
Cómo responder a las críticas más frecuentes a la economía de libre mercado
Francisco Capella.
Podcast con Luis Alberto Iglesias (Luigi), en lo que espero sea un fructífero proyecto por su parte.
Pedir o exigir
Francisco Capella.
Pedir y exigir son cosas distintas: cuando pides algo asumes que el otro tiene derecho a negarse a dártelo; cuando exiges algo no aceptas que el otro se niegue, le impones tu decisión, reclamas tu derecho y su deber de satisfacerlo.
Una exigencia puede ser perfectamente legítima si realmente se tiene derecho a lo que se reclama: se puede exigir no ser agredido o que se cumpla lo pactado en algún acuerdo contractual previo.
Pedir algo que podría éticamente exigirse puede ser una forma de suavizar las relaciones personales: quizás la otra persona no se ha dado cuenta de que está molestando, causando un daño, violando un derecho, y se le informa y solicita que cambie su conducta. También puede reflejar una asimetría de poder: el débil pide al poderoso que no le robe o le mate.
No todas las exigencias son ilegítimas: algunas peticiones podrían perfectamente plantearse como exigencias. Pero por otro lado muchas exigencias deberían formularse como peticiones. Exigir algo que en realidad sólo se puede pedir a menudo es una estrategia de engaño y manipulación moral que busca encubrir el parasitismo de quien quiere vivir a costa de los demás sin darles oportunidad de elegir y ni siquiera agradecérselo.
En las relaciones humanas mutuamente beneficiosas ambas partes dan y reciben, y el valor intercambiado tiende a ajustarse de modo que unos no se aprovechen siempre de otros. Los dilemas de la cooperación han producido de forma evolutiva una psicología humana con unos sentimientos morales que llevan cuentas de lo dado y lo recibido para fomentar la cooperación voluntaria y evitar la explotación.
Pedir ayuda implica reconocer una vulnerabilidad, una necesidad: la solicitud sistemática de asistencia implica el reconocimiento de un estatus social inferior frente a quien proporciona algo de forma gratuita. No recibir lo pedido puede provocar resentimiento si el solicitante no acepta la libertad del otro y se autoengaña: la sensación de pérdida se transforma en indignación moral, creyéndose con derecho a lo reclamado.
El buen receptor de ayuda la agradece y se siente obligado a devolver el favor de alguna manera: una forma de hacerlo, o de admitir que hay una deuda pendiente, es el reconocimiento del estatus superior de los que dan mucho y reciben poco. Las diferencias legítimas de estatus reflejan la desigualdad entre las aportaciones de los individuos para el bienestar de los demás.
Una estrategia tramposa, pero a menudo exitosa, en el juego de la cooperación social, consiste en no corresponder a los favores recibidos (o reaccionar frente a los recibidos) mediante la negación de la existencia de la deuda o la desigualdad y la repetición machacona y acrítica de arbitrariedades amorales: todos somos iguales sin importar lo que hagamos y todos tenemos derecho a todo gratis sin preguntarnos por qué y a costa de quién; los impuestos deben ser progresivos; no es caridad sino un derecho.
Los socialistas exigen, no piden. El igualitarismo colectivista, la solidaridad forzada, la redistribución coactiva de la riqueza basada en presuntos derechos positivos iguales para todos, en definitiva las agresiones a la libertad, no son más que el encubrimiento del saqueo de unos a otros, el parasitismo estafador que permanentemente exige derechos sin asumir ningún deber.
Pedir y exigir son cosas distintas: cuando pides algo asumes que el otro tiene derecho a negarse a dártelo; cuando exiges algo no aceptas que el otro se niegue, le impones tu decisión, reclamas tu derecho y su deber de satisfacerlo.
Una exigencia puede ser perfectamente legítima si realmente se tiene derecho a lo que se reclama: se puede exigir no ser agredido o que se cumpla lo pactado en algún acuerdo contractual previo.
Pedir algo que podría éticamente exigirse puede ser una forma de suavizar las relaciones personales: quizás la otra persona no se ha dado cuenta de que está molestando, causando un daño, violando un derecho, y se le informa y solicita que cambie su conducta. También puede reflejar una asimetría de poder: el débil pide al poderoso que no le robe o le mate.
No todas las exigencias son ilegítimas: algunas peticiones podrían perfectamente plantearse como exigencias. Pero por otro lado muchas exigencias deberían formularse como peticiones. Exigir algo que en realidad sólo se puede pedir a menudo es una estrategia de engaño y manipulación moral que busca encubrir el parasitismo de quien quiere vivir a costa de los demás sin darles oportunidad de elegir y ni siquiera agradecérselo.
En las relaciones humanas mutuamente beneficiosas ambas partes dan y reciben, y el valor intercambiado tiende a ajustarse de modo que unos no se aprovechen siempre de otros. Los dilemas de la cooperación han producido de forma evolutiva una psicología humana con unos sentimientos morales que llevan cuentas de lo dado y lo recibido para fomentar la cooperación voluntaria y evitar la explotación.
Pedir ayuda implica reconocer una vulnerabilidad, una necesidad: la solicitud sistemática de asistencia implica el reconocimiento de un estatus social inferior frente a quien proporciona algo de forma gratuita. No recibir lo pedido puede provocar resentimiento si el solicitante no acepta la libertad del otro y se autoengaña: la sensación de pérdida se transforma en indignación moral, creyéndose con derecho a lo reclamado.
El buen receptor de ayuda la agradece y se siente obligado a devolver el favor de alguna manera: una forma de hacerlo, o de admitir que hay una deuda pendiente, es el reconocimiento del estatus superior de los que dan mucho y reciben poco. Las diferencias legítimas de estatus reflejan la desigualdad entre las aportaciones de los individuos para el bienestar de los demás.
Una estrategia tramposa, pero a menudo exitosa, en el juego de la cooperación social, consiste en no corresponder a los favores recibidos (o reaccionar frente a los recibidos) mediante la negación de la existencia de la deuda o la desigualdad y la repetición machacona y acrítica de arbitrariedades amorales: todos somos iguales sin importar lo que hagamos y todos tenemos derecho a todo gratis sin preguntarnos por qué y a costa de quién; los impuestos deben ser progresivos; no es caridad sino un derecho.
Los socialistas exigen, no piden. El igualitarismo colectivista, la solidaridad forzada, la redistribución coactiva de la riqueza basada en presuntos derechos positivos iguales para todos, en definitiva las agresiones a la libertad, no son más que el encubrimiento del saqueo de unos a otros, el parasitismo estafador que permanentemente exige derechos sin asumir ningún deber.
La destrucción del derecho laboral: ¡qué miedo!
Francisco Capella.
Los abogados laboralistas Francesc Casares i Potau, Andrés Pérez Subirana, Judith Barceló Cisquella y Jessica Bolancel Ferrer claman contra “La destrucción del derecho laboral”.
Este título no es una metáfora, es la expresión de una realidad. Las medidas que acaba de aprobar el Gobierno y que vienen a modificar los derechos y obligaciones de empresas y trabajadores, en realidad tan solo suprimen o recortan derechos de los trabajadores. Se habrá perdido por ello el equilibrio en que se basa toda rama del Derecho. De hecho, eso es lo que se pretendía, porque ¿qué significa sino “flexibilizar” y “desregular” las relaciones laborales? El Derecho del Trabajo era, hasta ahora, un conjunto de normas que disciplinaban aquellas relaciones, que ahora quedan sin regular o que pierden su valor. Por consiguiente, se está transfiriendo la fuerza del Derecho desde el código jurídico a las manos del más poderoso, que será siempre la empresa.
“Estamos diciendo la verdad verdadera acerca de la realidad real, no crean que el título es una analogía o una exageración para llamar su atención.”
Transformar algo implica que dejen de existir ciertas cosas y comiencen a existir otras nuevas: los autores aquí sólo ven lo que ya no hay (que dramáticamente denominan “destruido”) e ignoran lo que ahora sí hay y antes no había. En este caso además se trata de normas, que son cambiadas, no destruidas.
No es cierto que estas normas sólo supriman o recorten derechos de los trabajadores, y no hay más que leer la nueva ley para comprobarlo. Además cabría preguntarse si esos derechos eran legítimos (no lo eran) y si la normativa era adecuada para el progreso económico (tampoco): y sobre todo por qué se prohíbe que las partes negocien libremente, sin interferencias externas, la regulación de su relación como empleadores y empleados.
El auténtico derecho no se basa en equilibrios sino en principios éticos fundamentales. Los derechos basados en equilibrios son simplemente arreglos resultado de diferentes partes intentando conseguir algo a costa de otros y al mismo tiempo ceder lo mínimo posible ante sus exigencias (equilibrios de poder, “might makes right”).
El derecho del trabajo sigue siendo un conjunto de normas, desgraciadamente impuestas de forma coactiva y centralizada, que disciplinan las relaciones laborales: no es un sector sin regular. La referencia a una presunta pérdida de valor es meramente una valoración subjetiva que los autores tratan de colar como un hecho objetivo en lugar de decir que no les gusta esta reforma.
La empresa no es siempre el más poderoso. Esta es un artimaña de los que sistemáticamente pretenden pasar por víctimas y débiles indefensos para obtener simpatía moral. Cuando una empresa tiene mucho poder conviene preguntarse cómo lo ha obtenido: en un mercado libre sólo puede hacerlo sirviendo eficientemente a los consumidores, es un poder bien merecido. El que no tiene poder probablemente no ha demostrado ninguna competencia especial.
Nadie nace con la etiqueta “trabajador” grabada a fuego en la frente o incrustada de forma inamovible en sus genes, así que si realmente las empresas son tan poderosas y se quiere tener poder, la solución es sencilla: hágase empresario. Pero entonces quizás descubra que no es tan fácil alcanzar el éxito.
Entre las medidas adoptadas ocupa un lugar preferente la del “abaratamiento del despido”. Los trabajadores, a partir de ahora, han de temer que les puedan despedir más fácilmente, y tendrán aún menos fuerza para oponerse a posibles decisiones de la empresa contrarias a la ley. De hecho, ni se atreverán a denunciar las arbitrariedades ante los tribunales, porque se encontrarán con que, incluso en el caso de que estos les den la razón, tal decisión no comportará el restablecimiento de sus derechos. La empresa se librará pagando un precio módico. Es decir, la empresa podrá comprar con dinero el silencio de la justicia.
De nuevo aparecen los pobres trabajadores temerosos y asustados por la malvada empresa que podría incumplir alguna ley: resulta curioso que no se mencione la posibilidad de que sean los trabajadores los que lo hagan.
Lo de comprar con dinero el silencio de la justicia suena a soborno reprobable cuando en realidad sería el pago de la compensación correspondiente por despido.
Los derechos pueden restablecerse cuando se tienen, pero resulta anómalo un derecho a no ser despedido a ningún precio y en ninguna circunstancia.
Todo ello justifica la reacción indignada no solo de los sindicatos, como representantes de los trabajadores, sino de todos aquellos que saben que el derecho al trabajo es un derecho humano fundamental y que el código jurídico es un instrumento civilizador de las relaciones humanas. Es lamentable la miopía de muchos que no saben ver el daño que estas medidas harán al proceso que la Humanidad quiere recorrer hacia la justicia social. Lo veremos claramente cuando el panorama de las relaciones de trabajo de muchas empresas vuelva a parecerse más a un sistema feudal que a una democracia moderna.
Todo ello no justifica nada de lo que afirman, porque aunque son abogados obviamente no entienden gran cosa de justicia o ética por mucho que no se les caiga de la boca el manido tópico de la justicia social.
Los sindicatos no representan a los trabajadores: representan a algunos (pocos) empleados por cuenta ajena, y no todos son “trabajadores”. Unos cuantos están liberados de eso tan cansado que es trabajar para otros.
El único derecho humano fundamental es el derecho de propiedad: poder controlar sin interferencias violentas lo legítimamente poseído y no ser agredido. El auténtico derecho al trabajo es que trabajar no esté prohibido, no que otros deban ofrecerme un empleo en las condiciones que a mí me gusten.
Los códigos jurídicos, cuando son adecuados, son instrumentos civilizadores. Los actuales distan mucho de serlo: son a menudo generadores de conflictos, armas de depredación y excusas para el parasitismo.
Los ciegos resultan ridículos al acusar a otros de miopes. Sobre todo si pretenden hablar en nombre de la Humanidad, así con mayúsculas.
Lo del feudalismo en las empresas ¿incluirá el derecho de pernada?; ¿los nobles o jefes partirán para las cruzadas? La democracia moderna ¿es siempre maravillosa?; si sí ¿por democracia o por moderna?
La verdad es, no obstante, que de todo esto estábamos advertidos. La política neoliberal que se ha ido imponiendo en los últimos años en el terreno económico lo hacía presagiar. A mediados de los años ochenta ya había quien, entre los sabios laboralistas, nos pronosticaba, con complacencia, que muy pronto veríamos “el desmoronamiento del derecho laboral”. El Derecho del Trabajo, juntamente con la Seguridad Social, se había convertido lentamente, con el tiempo, en el recambio civilizado de las revoluciones sociales decimonónicas, y vino a conquistar pacíficamente, con sus normas, nuevos espacios de justicia social. Esta rama del Derecho significaba un compromiso entre el poder del empresario y las exigencias de justicia y participación de los trabajadores en la empresa. El Derecho del Trabajo trataba de canalizar la confrontación que comporta la misma naturaleza del trabajo por cuenta ajena y proporcionaba amparo al trabajador que se proponía establecer una relación laboral desde una posición solitaria, aislada y por lo tanto, débil. El Derecho disciplinaba, además, la acción colectiva de los trabajadores a través de la dinámica sindical.
La verdad es, no obstante, que la verdad no es la especialidad de estos cuatro señores y señoras. Las medidas liberales no son una imposición sino la defensa contra agresiones e interferencias previas. El colectivismo y el sindicalismo de las leyes actuales no son elementos civilizados ni son resultado de conquistas pacíficas: se han conseguido en gran parte mediante la coacción de huelgas violentas y las amenazas de romper con la paz social (más violencia); la otra parte ha sido demagogia política.
Si los trabajadores quieren participar en la dirección de la empresa, lo tienen muy fácil: compren sus acciones. Si no les gustan las empresas existentes, monten unas cuantas nuevas, si quieren como cooperativas.
El trabajo por cuenta ajena no comporta una confrontación que sea canalizada por el derecho laboral. El trabajador que se considere débil por negociar en solitario puede asociarse con quien quiera siempre que no imponga coactivamente a todos que hagan lo mismo. Y conviene llamar a estas asociaciones sindicales por su nombre correcto: instrumentos de restricción de la competencia.
La dinámica sindical no suele ser disciplinada por el derecho: obsérvese cómo de “disciplinadas” son las huelgas y demás manifestaciones de la actividad sindical.
Todo ello parecía indicar que la vieja lucha de clases estaba encontrando vías de superación y que la barricada se había convertido en código o en convenio colectivo. Parecía que los derechos fundamentales de carácter social y económico que el consenso universal estaba aceptando, iban penetrando, también, en el reducto de la empresa por la vía de la extensión de la cultura democrática. Daba la impresión de que lo justo y conveniente era seguir progresando por este camino, hasta convertir la empresa en un territorio de colaboración constructiva. Pero la llegada de una nueva crisis del sistema capitalista ha sido suficiente para que resonara machaconamente esa consigna de salvación: “Hay que flexibilizar el mercado de trabajo”, “hay que desregular el Derecho del Trabajo”. Pues bien, con las nuevas normas se ha dado satisfacción a estas pretensiones. Cuantas menos normas, mejor…
Las luchas se superan cuando una parte conquista lo que quiere y la otra se rinde: los convenios colectivos en buena medida son el reparto de los despojos tras la lucha en las barricadas.
Estos abogados siguen pretendiendo hablar en nombre de un consenso universal que ni existe, ni conocen ni representan: simplemente intentan hacer creer al lector que lo que ellos defienden es lo correcto y todo el mundo tendía hacia ello, hasta ahora que nos hemos desviado.
Fíjense cómo la empresa es un “reducto” necesitado de cultura democrática: aquí que vote todo el mundo, da igual si eres accionista o no. Todo el mundo quiere poder decidir, pero no poner el capital para que la empresa funcione.
La colaboración constructiva es posible: suele conseguirse a pesar de abogados laboralistas como estos.
El sistema capitalista no ha tenido ninguna crisis porque lo que existe actualmente no es un sistema capitalista.
El “hay que” es típico de intervencionistas que intentan imponer algo a los demás.
Que haya más o menos normas no es la cuestión, sino si estas son pactadas libremente por las partes o si se imponen de forma coactiva y centralizada, y entonces la abundancia y la rigidez suelen ser muy nocivas.
Este es, pues, el auténtico fondo de la cuestión. Si el Derecho son normas, lo que está haciendo el Gobierno es destruir con esta reforma una parte del sistema jurídico establecido democráticamente y consolidado después de años de sacrificios y de luchas sociales. Y en cambio, lo que nos acercaría a una democracia avanzada –utilizando palabras del preámbulo de nuestra Constitución– sería un sistema cada vez más participativo en las decisiones que afectan a los ciudadanos a todos los niveles, también a nivel laboral. Y todo ello, ordenado de la manera más perfectamente posible por la regla del Derecho.
El derecho, efectivamente, está constituido por normas. El gobierno acaba de cambiar parte de estas normas. ¿Acaso eso es ilegítimo? ¿Cómo se llegó a las normas anteriores? ¿No se habían consolidado las previas a aquellas?
Sí que ha habido luchas sociales (o sea violencia o amenaza de la misma) y sacrificios: los sacrificios de los contribuyentes, de los accionistas que reciben menos dividendos, de los compradores que pagan precios más altos, y de los millones de parados que deben su situación en gran medida a las rigideces y el intervencionismo socialista de la legislación laboral.
Una democracia cada vez más participativa ¿consiste en que la mayoría pueda imponer su opinión, desos y criterios a la minoría?
Por lo tanto, nadie puede negar que la reforma que ha de aplicarse a partir de ahora camina en sentido opuesto a estos horizontes de civilización y progreso. Es un intento de retorno a las fórmulas liberales más puras del laissez faire.
“Por lo tanto”: vamos a ver si parece que estamos argumentando con consistencia lógica.
“Nadie puede negar”: ¿es que está prohibido o que es imposible? Si yo lo niego ¿demuestro que están equivocados?
“Horizontes de civilización y progreso”: bobada de aspirante a grandilocuente.
La nueva ley es algo más liberal que la anterior, pero está muy lejos de ser una fórmula de máxima pureza.
Una vez llegados a este punto, habrá que entrar en polémica con aquellos sectores que justifican la reforma como un mal menor necesario para reactivar la economía, crear nuevos puestos de trabajo y aligerar esa lacra social persistente que es el paro. Pero estos, seguramente, no se atreverían a poner la mano en el fuego y asegurar que esta reforma laboral pueda ser determinante para conseguir aquellos objetivos, y que no existen otras alternativas. En cualquier caso, el daño que se habrá hecho al equilibrio humano dentro de las empresas y al proceso histórico de la justicia social, será difícilmente reparable; habremos perdido así casi un siglo en el camino del progreso.
Entren en polémica, por supuesto: antes aprendan algo de economía, y si puede ser también algo de derecho. Sí, ya sé que son abogados.
Y qué bonito lo del equilibrio humano dentro de las empresas y el proceso histórico de la justicia social… Sobre la pérdida de un siglo en el camino del progreso, a ver si alguien lo encuentra y lo lleva a objetos perdidos: se recompensará.
Banca, pagos y finanzas. Francisco Capella
Un banco puede realizar para sus clientes diversas funciones que pueden ser agrupadas en dos grandes categorías: gestión de cobros y pagos, e intermediación financiera. Un banco puede además prestar servicios adicionales como cambio de divisas o cajas de seguridad.
A grandes rasgos la banca comercial realiza operaciones de cobros y pagos, y la banca de inversión (o industrial) se dedica a la intermediación financiera o gestión del ahorro y la inversión; pero estos límites y denominaciones no son rígidos, drásticos o absolutos y pueden depender del marco legal de cada país.
Un cliente abre una cuenta corriente en un banco y con ella puede realizar ingresos y retiradas, cobros y pagos: utilizar billetes (si el banco los emite) o depósitos a la vista como medios de pago; domiciliar nóminas y recibos; realizar transferencias o giros; emplear cheques; utilizar tarjetas de débito y crédito (si el pago se aplaza durante un tiempo largo se convierte en un asunto financiero).
En la intermediación financiera el banco por un lado obtiene fondos prestados por un plazo determinado (ahorro) y por otro los presta o invierte (compra de acciones o deuda ajena por el propio banco); además puede ofrecer garantías, avales, cartas de crédito, y distribuir o colocar productos financieros ajenos (acciones, bonos).
Los ingresos y potenciales beneficios del banco pueden proceder de comisiones por operación (o por mantenimiento de cuentas) y de márgenes de intermediación financiera (el tipo de interés al que el banco presta es mayor del que paga por recibir fondos prestados).
Leer completo en el Instituto Juan de Mariana.
A grandes rasgos la banca comercial realiza operaciones de cobros y pagos, y la banca de inversión (o industrial) se dedica a la intermediación financiera o gestión del ahorro y la inversión; pero estos límites y denominaciones no son rígidos, drásticos o absolutos y pueden depender del marco legal de cada país.
Un cliente abre una cuenta corriente en un banco y con ella puede realizar ingresos y retiradas, cobros y pagos: utilizar billetes (si el banco los emite) o depósitos a la vista como medios de pago; domiciliar nóminas y recibos; realizar transferencias o giros; emplear cheques; utilizar tarjetas de débito y crédito (si el pago se aplaza durante un tiempo largo se convierte en un asunto financiero).
En la intermediación financiera el banco por un lado obtiene fondos prestados por un plazo determinado (ahorro) y por otro los presta o invierte (compra de acciones o deuda ajena por el propio banco); además puede ofrecer garantías, avales, cartas de crédito, y distribuir o colocar productos financieros ajenos (acciones, bonos).
Los ingresos y potenciales beneficios del banco pueden proceder de comisiones por operación (o por mantenimiento de cuentas) y de márgenes de intermediación financiera (el tipo de interés al que el banco presta es mayor del que paga por recibir fondos prestados).
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Dinero, deuda y banca. Francisco Capella
El dinero mercancía se atesora como depósito de valor o se entrega físicamente para comprar algo o saldar alguna deuda. El dinero es muy susceptible de ser robado: puede ser necesario protegerlo de algún modo, dificultando el acceso de los ladrones al mismo; pero las medidas de protección (esconderlo, custodiarlo personalmente o de forma colectiva en algún refugio) pueden dificultar su uso como medio de intercambio (y para entregarlo físicamente a otro es necesario llevarlo consigo, lo cual puede poner en peligro la integridad física del portador). Además atesorar dinero tiene un coste de oportunidad: no es un bien de consumo ni una herramienta para la producción de más bienes o servicios.
En la búsqueda de la eficiencia económica estos problemas se minimizan mediante agentes especializados, los bancos, que intermedian cobros y pagos utilizando su propia deuda como sustituto o complemento monetario.
El sistema de pagos y cobros de una sociedad puede ser descentralizado o centralizado en diversos grados (con varios centros o nodos más o menos importantes), y puede basarse solamente en dinero mercancía o utilizar también deuda (promesas de entrega de dinero mercancía) como medio de intercambio.
Disparates sobre finanzas y pasiones tranquilas. Francisco Capella
Leer entrada completa.
Extractos:
Hablar de deseos ilimitados resulta bastante absurdo: la capacidad del ser humano de desear cosas no es infinita; si se refiere a que algunos seres humanos siempre quieren más, convendría aclarar qué hay de malo en ello. Respecto a la diferenciación entre consecución y expectativas, muchos placeres son así: se puede disfrutar tanto con la imaginación del fin deseado como con el fin deseado mismo.
Según Innerarity ,"los mercados financieros han permitido estimular continuamente las expectativas de mayores ganancias y más arriesgadas. Cuanto mayor es la disposición al riesgo, mayores son las ganancias posibles y menor el sentido de la responsabilidad". Olvida mencionar que a más riesgo también son mayores las pérdidas posibles, y que la reducción del sentido de la responsabilidad no es una consecuencia necesaria de la mayor asunción de riesgos, la cual puede hacerse de forma responsable o irresponsable. La irresponsabilidad no suele proceder de la excitación de la codicia, sino de saber que las pérdidas pueden transferirse a otros (el riesgo moral, una más de las clamorosas ausencias de su artículo): es posible asumir riesgos excesivos con toda tranquilidad y de forma perfectamente racional.
Está tan despistado que cree que el ritmo rápido de las finanzas implica "una explotación excesiva del presente" y "una desconfianza generalizada en la capacidad de controlar el futuro". ¡Pobre presente sobreexplotado! No ve que lo que está sobreexplotado es en realidad el futuro, del cual se esperan unos beneficios (para pagar deudas) que no van a llegar por la expansión insostenible del crédito. No es que no se pueda controlar el futuro, es simplemente que es más barato (aunque más arriesgado) pedir prestado a más corto plazo y arbitrar sobre la curva de tipos de interés.
Libertad y Ética por Francisco Capella
Destaco:
Una persona es libre si los demás respetan su propiedad, si no le agreden, si le permiten decidir en su ámbito legítimo de control según su voluntad, si le dejan ejercer su derecho negativo a no ser coaccionado. La libertad es el respeto al derecho de propiedad privada, la ausencia de violencia. Libertad es autodeterminación y autogobierno de cada persona en el ámbito de su propiedad. La libertad es la condición de un ser humano relativa a las demás personas de ausencia de violencia en sus relaciones (la violencia es el inicio del uso de la fuerza contra la propiedad ajena). La libertad es un concepto social y ético, aplicable a personas individuales viviendo en sociedad respecto a sus posibles relaciones (no tiene sentido hablar de personas libres completamente solitarias). Un individuo es libre cuando sus relaciones humanas son voluntarias, no forzadas. Una sociedad es plenamente libre cuando son libres todos los individuos que la forman. La paz es el estado ideal de libertad, la ausencia total de cualquier agresión.
El liberalismo no es equivalente a la liberalidad, la generosidad, el desprendimiento, la virtud moral de quien distribuye sus bienes sin esperar recompensa. La solidaridad es compatible con la libertad siempre que no sea obligatoria o forzada. La liberalidad suena muy bien, se anima a los demás a dar y así tal vez el individuo reciba algo; el liberalismo tiene un efecto emocional más humilde, se limita a condenar la violencia y denuncia la solidaridad coactiva.
Algunas personas al actuar pueden sentirse restringidos en sus opciones por la posibilidad de rechazo o valoración negativa de los demás (circunstancia siempre posible), pero esto no es coacción en absoluto, ni aunque se trate de unas pocas personas muy influyentes o con mucho poder. Adaptarse a las preferencias ajenas y plegarse a la conformidad es opcional, siempre es posible asumir el disgusto ajeno, y nadie tiene derecho a reclamar valoraciones diferentes a los otros. Adaptar los planes a las posibles reacciones de los otros no es equivalente a ser forzado por ellos. El rechazo social es de hecho un mecanismo legítimo para conseguir conductas sociales evitando utilizar la fuerza física.
...El oferente de un servicio particularmente escaso y vital no coacciona al negarse a venderlo o al pedir un precio alto...No querer relacionarse con alguien no es coaccionar al rechazado.
La necesidad no genera derechos frente a quienes podrían resolver el problema.
Que la coacción sea igual para todos tal vez incluso sea peor que si algunos pueden librarse de ella.
Las leyes humanas pueden ser inadecuadas y son violables, lo cual no sucede con las leyes naturales.
No existe el libre albedrío si este se entiende como la capacidad de decidir incausada, surgida de la nada, espiritual, sin soporte causal material. Los seres humanos eligen entre diversas alternativas de acción percibidas como posibles.
Los seres humanos son agentes autónomos intencionales, máquinas de supervivencia capaces de realizar elecciones sobre conductas alternativas. La voluntad humana no es algo sobrenatural o mágico, es el resultado de la sofisticación evolutiva de capacidades animales naturales previas y más básicas.
Los agentes intencionales son planificadores, anticipadores, simulan mentalmente posibles cursos de acción futuros alternativos y sus resultados previsibles, y eligen la opción más valiosa; no son simples máquinas reactivas que asocian de forma irreflexiva mediante reglas fijas una reacción a una situación ambiental.
El organismo que no intenta controlarse a sí mismo o a los medios del mundo exterior fácilmente se verá dominado por otros que sí lo hagan y que serán evolutivamente más exitosos.
La voluntad humana es una capacidad compleja resultado de la combinación natural que existe en el mundo real de determinismo y aleatoriedad. Las leyes naturales causan los estados y procesos mentales que originan las decisiones humanas.
La voluntad no es una primera causa incausada, no es una originalidad espontánea, no es la capacidad de desear lo que dicte la razón. La voluntad no es independiente del ambiente externo o el estado interno del individuo, necesariamente debe estar conectada con la realidad para recibir información de ella y adecuar el comportamiento al entorno.
Las relaciones de causa y efecto de la historia del universo no se detienen cuando una persona toma una decisión. El proceso de decisión se basa en relaciones naturales de causa y efecto entre los diversos componentes del cerebro y su interacción con el entorno. Todo sistema físico o es determinista o es aleatorio o una combinación de ambos. Las decisiones humanas ni son completamente aleatorias ni son causa de sí mismas.
El ser humano actúa en función de lo que quiere, pero no decide conscientemente los contenidos de su voluntad, sino que estos le son dados desde el inconsciente. La persona no actúa para querer ciertas cosas, sino porque quiere ciertas cosas, porque su sistema de acción intencional se activa por objetivos percibidos como valiosos.
La libertad, la capacidad de elección y el determinismo estructural son compatibles. Los seres humanos son sistemas vivos mecanicistas determinados por su estructura. Un ser humano posee un sistema cognitivo enormemente complejo. La mente humana tiene múltiples subsistemas, conscientes e inconscientes, en permanente interacción cooperativa y competitiva. El ser humano puede tomar decisiones, y el proceso de elección es el resultado causal de la interacción compleja de su sistema cognitivo con la situación. Todo proceso cognitivo es resultado de la actividad interna del sistema y de la interacción entre el sistema cognitivo y el entorno. Los seres humanos y sus circunstancias son tan complejos que son únicos e irrepetibles, es prácticamente imposible que dos personas o situaciones sean exactamente idénticas. La libertad significa que el individuo elige por sí mismo, según su voluntad y sus capacidades, sin interferencia violenta de otras personas.
La libertad se refiere a no estar restringido u obligado de forma coactiva, y esto no es lo contrario del determinismo y la causalidad.
La ausencia de determinismo es la aleatoriedad. Un sistema puede ser completamente determinista, completamente aleatorio o parcialmente determinista y parcialmente aleatorio, y no existen otras alternativas. Lo opuesto al determinismo no es la voluntad o la libertad. El determinismo naturalista a menudo se interpreta erróneamente como que un solo factor influye de forma total y absoluta sobre un resultado.
El determinismo no es lo mismo que el fatalismo. Según el fatalismo el futuro es independiente de las acciones humanas. La capacidad de acción humana es limitada, y hay cosas que están fuera del alcance del control humano, pero el fatalismo estricto es falso: las acciones cambian el mundo (por eso se efectúan, los agentes intencionales son evolutivamente exitosos). El determinismo implica una ligazón causal continua entre el mundo y los agentes: lo que una persona sabe y quiere depende de su historia pasada (lo que ha hecho y le ha sucedido) y determina su conducta futura en interacción con los sucesos del entorno.
El determinismo no es lo mismo que la inevitabilidad: la mente humana utiliza las regularidades deterministas para evitar peligros y amenazas mediante acciones adaptativas. Es inevitable aquello sobre lo que no se puede hacer nada, que no puede cambiarse, pero no todo es inevitable.
El determinismo no sólo no es un problema, sino que es imprescindible para la elección y la acción: el conocimiento de las regularidades naturales de la realidad es imprescindible para la acción intencional acertada que planifica operaciones sobre medios que permiten alcanzar con ciertas garantías los fines deseados.
El concepto (ético, moral y legal) de responsabilidad personal se refiere a un entorno social en el cual las normas de conducta se aplican a individuos respecto a sus acciones (según consecuencias, según intencionalidad, según conocimiento, o según una combinación de todos ellos): el agente causante puede esperar represalias legítimas (castigos, exigencia de compensaciones) si sus acciones dañan a otros. Las normas son parte de la cultura del grupo comprensibles por un cerebro procesador de información, que las tiene en cuenta al intentar prever los posibles resultados de los comportamientos alternativos disponibles para el agente.
La responsabilidad es un concepto ético; la sensación de responsabilidad es psicológica. La libertad es un concepto ético y social (ausencia de coacción); la sensación de libertad es psicológica.
Si no se permite que la persona tome decisiones libres y disfrute o sufra las consecuencias, no aprenderá la relación entre acciones acertadas y resultados deseados (y acciones erróneas y resultados no deseados), no desarrollará hábitos adaptativos exitosos (virtudes).
Hacer a las personas legalmente responsables sirve para enseñarles cómo integrarse cooperativamente en la sociedad y para disuadirles de comportamientos socialmente indeseables (reconocer la alta probabilidad del castigo disminuye la probabilidad de cometer el delito).
Los colectivistas culpan de forma confusa y difusa a toda la sociedad en lugar de señalar claramente a delincuentes y criminales.
Es éticamente legítimo intentar influir sobre el desarrollo de la personalidad y la conducta de los demás, pero el estado lo hace de forma coactiva; la familia y la sociedad civil pueden instruir adecuadamente a las personas. El aprendizaje del autocontrol se ve facilitado en entornos sociales donde la responsabilidad se individualiza.
Las personas sistemáticamente incapaces de controlar sus impulsos violentos (violadores, pedófilos, pirómanos, cleptómanos, asesinos en serie) no merecen más protección que los ciudadanos normales, sino que son amenazas potenciales contra los demás: su libertad puede ser restringida en la medida en que son amenazas claras e inminentes. No tiene sentido castigar a quien no responde a incentivos, y no tiene sentido aplicar normas como sujetos éticos a quien no puede entenderlas y aplicarlas.
Si el criminal alega no ser responsable de su esencia, el justiciero puede alegar exactamente lo mismo.
Una persona recibe múltiples influencias a lo largo de su vida. Muchas son difícilmente separables, algunas pueden ser especialmente relevantes y marcar a una persona. Un niño no tiene posibilidad de defenderse de un adulto que abuse psicológicamente de él o lo maltrate, o si le enseñan a vivir como un delincuente tal vez no conozca otras alternativas. Pero la víctima recibe el daño directamente de un agresor y no tiene por qué investigar más allá para exigir una compensación. Un criminal puede protestar contra aquellos de quienes recibió malas influencias, pero esto no le exime de culpa por los daños que él mismo ha causado ha otros. La sociedad puede presionar moralmente a los adultos para que eduquen de forma adecuada a sus hijos para que al menos no sean un peligro para otros. Algunos individuos toman decisiones perjudiciales para sí mismos de forma sistemática y acumulativa, su conducta es destructiva, disfuncional, y no necesitan influencias ajenas para convertirse en amenazas sociales.
La responsabilidad es un concepto tan fundamental que es posible considerar que la ausencia de libertad no exime automáticamente de responsabilidad: una persona amenazada o coaccionada por otra es igualmente responsable de lo que les haga a otros individuos...Un agresor debe compensar a su víctima aunque haya sido a su vez amenazado por otro, y a su vez el amenazado puede defenderse y exigir su propia compensación al amenazante. El amenazador utiliza al amenazado como medio para indirectamente agredir a otra persona, pero el amenazado sigue siendo un agente que elige entre alternativas, puede negarse a cooperar.
Las personas son influenciables en grados diversos y tienen distintas habilidades para persuadir a los demás, que todos utilizan de formas más o menos conscientes y sistemáticas. El conocimiento de la psicología humana permite el desarrollo de diversas técnicas de manipulación mental que influyen sobre los procesos de decisión de los individuos y que son legítimas si no se basan en fraudes, estafas o coacción.
Pero adquirir información y procesarla es costoso, cierto nivel de ignorancia y confianza en expertos (agentes, delegados, representantes) es adecuado (distribución del trabajo, especialización). En las decisiones los seres humanos utilizan una racionalidad instrumental (indica cómo conseguir fines deseados) limitada e imperfecta. Es imposible asegurar que todas las decisiones serán acertadas, que no habrá arrepentimiento o efectos no deseados. Las personas tienen derecho a equivocarse, que es un factor esencial en el aprendizaje.
Si la persona común no sabe sobre algo, también puede tener problemas para saber a qué experto escoger y darle poder. Los presuntos expertos también son seres humanos falibles, pueden equivocarse y tender a proteger más sus intereses que los de los asesorados. Los expertos que actúan de forma ética proponen, no imponen (no asumen por defecto que todos deben hacerles caso y permiten a sus asesorados prescindir de sus servicios), actúan de forma parcial y local (no pueden saber de todo para todo el mundo), y compiten libremente (intentan satisfacer a sus clientes y aceptan que otros expertos puedan hacer lo mismo). Los sabios y benevolentes no coaccionan sino que intentan enseñar y persuadir.
Un contrato legítimo es explícito, una parte no puede simplemente asumir que la otra lo acepta porque no dice que no. Obligar a alguien a hacer algo y asumir un coste para evitar un contrato no es legítimo.
Pero las buenas intenciones no garantizan buenos resultados y los parásitos y depredadores pueden disfrazarse de altruistas desinteresados.
Una persona especialmente honesta puede ofrecer a los demás diversas opciones y además dar información adicional (por qué se las presenta de una determinada forma, posibles riesgos de diversas elecciones), ofrecer garantías de satisfacción y pedir sugerencias acerca de cómo mejorar la presentación de las alternativas. Frente a decisiones importantes (costosas) e infrecuentes (falta experiencia e información sobre reputación) la persona inteligente no se deja presionar o impresionar, piensa con cuidado y estudia la reversibilidad de la elección.
La promoción de la libertad es sobre todo educación, persuasión, formación, enseñanza. Contra las malas ideas se lucha legítimamente con buenas ideas, no con violencia. Contra las malas ideas que defienden el uso de la violencia (el inicio de la agresión) se lucha con buenas ideas que legitiman el uso de la fuerza (para la defensa y la justicia).
Michael Moore, sic(k)ofante por Francisco Capella, 17 de junio de 2007
Repaso de Capella a Michael Moore.
Es maravilloso que nos den todo gratis.
Destaco:
Se hace el tonto sorprendido cuando descubre que los pacientes no pagan sus tratamientos (incluso les reembolsan el transporte), que no hay facturas: el sistema parece gratis si no se muestran los impuestos confiscados a los ciudadanos productivos. Igual que compran productos o reciben ideas de otros países (coches, vinos), los estadounidenses deberían adoptar sus sistemas de salud: es tan inepto que no ve la diferencia entre múltiples decisiones individuales en un mercado libre y decisiones políticas desacertadas impuestas a todos.
ARTÍCULO:
Michael Moore ha perpetrado otro docudrama de propaganda política; esta vez critica el sistema sanitario estadounidense. Como es habitual en él, ofrece grandes dosis de demagogia sectaria y una casi nula inteligencia crítica, siempre pretendiendo ser objetivo e imparcial.
Busca la empatía facilona del espectador presentando abundantes anécdotas calamitosas (cánceres, accidentes, amputaciones de miembros) de clientes que se sienten maltratados o estafados por las aseguradoras privadas. Pero no muestra a ninguno (ni uno solo) de los cientos de millones de clientes satisfechos, y tampoco ofrece datos estadísticos significativos respecto a los precios y la calidad de los servicios. Le parece mal que los individuos tengan que preocuparse por contratar seguros médicos: mejor que papá estado se encargue de todo y solucione mágicamente los problemas, sin importar el coste.
Presenta a personas sin seguro médico que afirman tener miedo de que les suceda algo malo, pero no les recomienda que lo contraten, ni se ofrece a ayudarles a pagarlo si es que no pueden. Un matrimonio mayor tiene que enfrentarse a grandes pagos no cubiertos por su seguro (suelen tener límites respecto a los tratamientos, los medicamentos o los costes), por lo cual quedan arruinados y tienen que mudarse a vivir con su hija: declaran llorosos que creían que en su país no se permitiría algo así. Tal vez deberían haber pagado antes más dinero por un seguro con mejor cobertura, ahora que descubren que han tenido mala suerte protestan porque el sistema no les ayuda de forma automática: es fácil culpar a los demás en lugar de reconocer el error propio. Una viuda se queja, sin ofrecer ninguna prueba, de que su marido no fue tratado a tiempo porque era negro. Una mujer lleva a su hija a un hospital no aprobado por el seguro, y la niña fallece por el retraso: no se entera de lo que ha contratado pero exige a los demás que satisfagan sus necesidades según sus condiciones. Una paciente es expulsada de un hospital porque no puede pagar: parece espantoso, pero quien quiera practicar la caridad puede ayudar a los demás y asumir sus facturas en lugar de pretender que lo hagan otros a la fuerza.
Las aseguradoras no son hermanitas de la caridad sino empresas con accionistas que buscan ganar dinero proporcionando un servicio a consumidores potenciales en un mercado relativamente libre y competitivo. Por principios actuariales rechazan a gente con ciertas enfermedades o probabilidades de ocasionar grandes costes. Una trabajadora encargada de tramitar solicitudes llora porque sabe que algunas serán rechazadas; un médico reconoce arrepentido que negó a un paciente una operación que le habría salvado la vida porque ahorró muchísimo dinero a la compañía (y él también ganó mucho dinero haciéndolo).
Los contratos de seguros médicos pueden ser bastante complejos, y las aseguradoras buscan posibilidades de exclusión de responsabilidad para no tener que compensar los gastos que reclaman algunos clientes. Puede parecer inhumano, pero los contratos tienen cláusulas para cumplirlas, para aclarar a qué se compromete cada parte, y ambas pueden disputar su interpretación. Si un cliente no queda satisfecho puede reclamar ante los tribunales o anunciar públicamente su caso para que otras personas conozcan la reputación de la compañía. Pero los individuos a veces también hacen trampas e intentan estafar a las aseguradoras…
El sistema público de salud se presenta como de cobertura universal pero se omite que la participación en el mismo es obligatoria, coactiva, no voluntaria: medicina socialista. Para evitar el afán de lucro de una aseguradora privada sería posible organizarse como una mutua cooperativa de seguros, pero esto ni se propone como solución ni se muestra ningún ejemplo: tal vez porque las cooperativas tienden a ser menos eficientes que las empresas privadas. Resulta curioso que los funcionarios españoles, en su inmensa mayoría, eligen libremente abandonar el sistema público a favor de opciones privadas.
Que las aseguradoras privadas tengan enormes beneficios no es una inmoralidad: es una señal y un incentivo para que otras empresas se introduzcan en el sector e incrementen la competencia. Quienes creen que un sistema universal público es maravilloso pueden demostrarlo no obligando a nadie a participar en él. Pero entonces nos contarán que es por los pobres, que no pueden pagárselo, que hay que redistribuir la riqueza por criterios de solidaridad y justicia social: obligar violentamente a la gente a que ayude a los demás les parece perfectamente aceptable.
La Organización Mundial de la Salud coloca muy mal al sistema sanitario de Estados Unidos: lo que la gente seguramente no sabe es que el baremo utilizado para puntuar sólo considera la calidad de los servicios médicos en un 25%, y el resto son indicadores que favorecen automáticamente a los sistemas estatistas colectivizados (equidad, gratuidad, universalización de la cobertura).
Moore critica de forma indiferenciada a compañías de seguros, farmacéuticas y políticos: las empresas hacen generosas contribuciones para las campañas electorales de los políticos y los contratan como asesores o ejecutivos cuando abandonan la política. Pero el problema está en el poder coactivo de los políticos para regular a favor de algunas empresas, comprar sus productos (recetas gratuitas para los ancianos) y cargarlos al bolsillo de los contribuyentes. La solución es privatizar completamente el sistema de salud.
Una ciudadana estadounidense enferma de cáncer intenta engañar al sistema público canadiense haciéndose pasar por residente local (lo de la cobertura estatal universal parece que no es para todo el mundo, sólo para los locales). En Canadá el sistema es tan liberticida que está prácticamente prohibida la medicina privada y hay largas listas de espera (bastantes canadienses viajan a Estados Unidos para recibir asistencia privada). En la Unión Europea ya hay países, como España, que reciben turismo sanitario.
Moore alaba los sistemas canadiense, británico y francés, y entrevista a personas (pacientes y médicos) que comparten sus mismos prejuicios socialistas. No ofrece ninguna crítica ni analiza sus graves problemas de financiación, listas de espera o falta de profesionales cualificados. En Francia hay servicio de urgencias a domicilio: conviene recordar que cualquier sistema puede tener cierta calidad si se gasta suficiente dinero, pero enseñar sólo lo obvio y lo bonito sin indicar los costes es trampa. Europa parece maravillosa: a la gente le gusta todo lo que recibe aparentemente gratis o fuertemente subvencionado (educación, guarderías, asistentes sociales, vacaciones pagadas, permiso por boda, por mudanza). No ven las ineficiencias, el déficit presupuestario, la deuda estatal, el estancamiento económico, los desincentivos al trabajo. Vemos a un enfermo que recibe su sueldo aunque no trabaje: parece que no puede trabajar pero sí disfrutar de unas vacaciones en la playa a costa de los demás. La familia media europea es más pobre que la americana, pero Moore intenta hace creer que el francés vive mejor.
Se hace el tonto sorprendido cuando descubre que los pacientes no pagan sus tratamientos (incluso les reembolsan el transporte), que no hay facturas: el sistema parece gratis si no se muestran los impuestos confiscados a los ciudadanos productivos. Igual que compran productos o reciben ideas de otros países (coches, vinos), los estadounidenses deberían adoptar sus sistemas de salud: es tan inepto que no ve la diferencia entre múltiples decisiones individuales en un mercado libre y decisiones políticas desacertadas impuestas a todos.
Moore elogia los servicios estatizados, como la policía, los bomberos, la enseñanza y correos. Todos ellos de peor calidad que los que puede proporcionar un mercado libre competitivo; la enseñanza pública en Estados Unidos es patética, y el monopolio de correos una vergüenza ridículamente ineficiente. Es tan ignorante en asuntos económicos que sugiere que su modelo crearía empleos curando a la gente: no ve los que se destruirían en otros sectores; afirma que en la guerra no había desempleo, pero no explora las consecuencias lógicas de tan atrevida afirmación.
Moore critica el mercado y alaba la democracia, donde los pobres votan. Para él la solidaridad es comunismo puro: que te den lo que necesites y que pagues según lo que puedas. No le gustan las decisiones individuales libres y olvida mencionar cómo las mayorías imponen por la fuerza sus criterios a las minorías en desacuerdo. Siempre habla de cómo el país debe cuidar a su gente, nunca de personas libres relacionándose (o no) voluntariamente: “Nadamos juntos o nos hundimos juntos”.
En el colmo de su desfachatez Moore intenta ayudar a cinco trabajadores de la zona cero presuntamente afectados por los gases tóxicos durante las tareas de desescombro y que no están cubiertos por ningún seguro. Primero los lleva a la prisión de Guantánamo (intenta acceder de forma ridícula en barco sin seguir ningún procedimiento oficial), porque parece que los presuntos terroristas ahí presos reciben muy buen tratamiento médico (esto tiene que doler a toda la progresía que denuncia lo inhumana que es dicha cárcel). Como no le hacen caso, recurre a la aparentemente maravillosa sanidad de la dictadura castrista, que los trata maravillosamente y gratis. Moore pretende que el espectador es tan tonto que va a creer que no hay ninguna propaganda política tras estos hechos, que a todos los cubanos les tratan igual de bien (por eso mueren al intentar escapar de la isla cárcel), que no se trata de un montaje bendecido por las autoridades, que ellos simplemente pasaban por allí y no pidieron un trato especial. Se esperan avalanchas de turistas enfermos en Cuba a ver si les reciben igual de bien (e igual de gratis, que enfermos extranjeros de pago ya hay muchos en Cuba). Aleida Guevara, hija del Che Guevara, aparece entrevistada como comentarista objetiva e imparcial.
Moore es tan generoso que le manda un cheque anónimo a su principal crítico para que pueda pagar un tratamiento médico a su mujer y no tenga que cerrar el portal a través del cual lo critica; y ahora lo hace público, ¡qué bueno es y qué poco discreta su caridad!
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