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De la dictadura a la democracia en España

"Los momentos estelares de la humanidad, por citar un lugar común de Zweig, suelen estar revestidos de una pasmosa normalidad. Al menos para sus protagonistas. La aprobación de la Ley para la Reforma Política, el harakiri de las Cortes franquistas, es uno de ellos. ¿Cómo un sistema arraigado en España desde hacía casi 40 años se prestó tan mansamente a su disolución? «No había otra salida que la democrática y eso lo sabíamos todos», coinciden Belén Landáburu y Fernando Suárez, dos de los ponentes del proyecto que fue aprobado el 18 de noviembre de 1976. El viernes se cumplieron 40 años desde que 435 procuradores (el 80%) accedieron a votar a favor de una ley que les desalojaba de sus escaños y de la vida política (sólo uno de cada seis consiguieron regresar después como diputados o senadores). La norma, refrendada el 15 de diciembre por un abrumador 94%, restauró la soberanía nacional en España y devolvió a los españoles la condición de ciudadanos con capacidad para dotarse de una Constitución basada en el respeto a los derechos humanos."

Lean todo el artículo de Emilia Landaluce y Joaquín Manso para entender el proceso de transición en España, de la dictadura a la democracia. Pueden completarlo con el estupendo documental "La Transición".

Acueducto romano de Los Bañales. Traianvs.

Descargar en PDF.

Documento de la excelente web sobre la ingeniería romano Traianvs.







Más documentación sobre estructuras, cimentaciones y geotecnia.

La Transición

Documental sobre la Transición en España, entre los años 1973 y 1977, desde el asesinato de Luis Carrero Blanco, Presidente del Gobierno, hasta las elecciones democráticas de junio de 1977.

Los trece capítulos dan testimonio de lo ocurrido en esa época en España, entre el final de la dictadura de Francisco Franco y el inicio de la democracia, con la voz de Victoria Prego en la narración. Junto a la imágenes y sonidos de la época, se intercalan entrevistas actuales (año 1993) con la mayoría de los personajes más destacados, aunque llama la atención la ausencia de Adolfo Suárez, Presidente del Gobierno, y Juan Carlos I, el Rey.

La televisión, en la mayoría de los casos, es una basura. Pero esta perla es una excepción a la regla. El único defecto de la serie es que la voz de la narradora no se escucha en algunos momentos.


Capítulos - fecha de emisión:
  1. El asesinato de Carrero Blanco —23 julio de 1995
  2. El espíritu del 12 de febrero — 30 julio de 1995
  3. La revolución de los claveles - 6 de agosto de 1995
  4. El fín del aperturismo — 13 agosto de 1995
  5. La llegada de Felipe - 20 de agosto de 1995
  6. La muerte de Franco - 27 de agosto de 1995
  7. Juan Carlos I, rey de España - 3 de septiembre de 1995
  8. El primer gobierno de la monarquía - 10 de septiembre de 1995
  9. La dimisión de Arias Navarro - 17 de septiembre de 1995
  10. La presidencia de Adolfo Suárez - 24 de septiembre de 1995
  11. El último pleno de las cortes franquistas - 1 de octubre de 199
  12. El referendum para la reforma - 8 de octubre de 1995
  13. Las primeras Cortes democráticas - 15 de octubre de 1995
Enlace para ver todos los capítulos de la serie.

Aquí un enlace interesante con fragmentos de discursos importantes de la época.

José Sabogal en la Historia del Perú. Por Andrés Zevallos de la Puente

Durante cinco fechas consecutivas, previas a la celebración de nuestras Fiestas Patrias, el diario El Comercio publicó a doble página una sucinta referencia a los acontecimientos que han venido jalonando nuestra historia desde la proclamación de la Independencia.

Entre esos acontecimientos en forma destacada aparece la figura de José Sabogal como promotor de un viraje decisivo en la trayectoria de nuestra cultura, concretamente en el campo de las artes plásticas.

Sin embargo, el acontecimiento más significativo en torno a la figura de Sabogal lo constituye la extraordinaria exposición que el MALI (Museo de Arte de Lima) ha abierto en su espacioso local del Parque de la Exposición en la capital. Dicha exposición fue abierta al público el pasado 10 de julio y permanecerá hasta los primeros días de noviembre próximo.

La noche anterior a su apertura, y en el marco de un exclusivo acto protocolar, una masiva asistencia de personajes de la política, funcionarios, diplomáticos, periodistas, empresarios y figuras de la sociedad limeña asistieron al cóctel de inauguración oficial bajo estrictas medidas de seguridad.

Para quienes de una u otra manera nos sentimos ligados a su memoria, aquella ceremonia ostensiblemente desbordaba respeto y admiración por lo que, pasado ya más de medio siglo, esta exposición significaba el reconocimiento a la obra y decisión de un hombre que soñó con una patria de auténtica peruanidad, pero que, como toda propuesta revolucionaria, chocó y fue combatida con ensañamiento desde sectores con intereses distintos.

A los cajamarquinos que desconocen aún el personaje y solamente lo tienen presente como el nombre de uno de los principales jirones de la ciudad, nos permitimos hacer una breve referencia a su trayectoria.

El apellido Sabogal proviene de Calabria Cantabria región del norte de España bañada por el Golfo de Vizcaya, donde se pescan sabogas utilizando las redes llamadas precisamente sabogales. De allí vino al Perú su padre Don Matías; su madre peruana tenía el apellido Diéguez.

A los 22 años de haber nacido en Cajabamba, con unas cuantas libras peruanas en el bolsillo, se embarcó por su cuenta y riesgo en un buque mercante que después de varias semanas de navegación lo desembarcó en un puerto italiano.

Desde muy niño había soñado con este viaje, tanto que a los 12 años se escapó del hogar y emprendió camino hacia la Costa donde sabía que iba a encontrar el mar que habría de cruzar para llegar a la tierra de “el Sanzio” el gran pintor que él trataba de imitar en sus dibujos infantiles. Pero unos amigos de don Matías que lo encontraron por el camino lo obligaron a volver con ellos. Esta aventura se repitió a los 16 años pero ya con la aquiescencia familiar. Varios años de trabajo en los cañaverales de La Libertad le permitieron juntar aquellas libras que por fin hacían posible aquel viaje soñado.

Deslumbrado por el arte de los maestros del Renacimiento , entre los cuales admiraba la sobriedad y el vigor de Masaccio, anduvo muchas veces, por los caminos de Florencia, Siena, Pisa, Roma y otras ciudades más para conocer y estudiar las obras que en ellas se atesoran.

Cuando se acabaron aquellas libras peruanas, empezó a alternar sus lecciones vespertinas de dibujo y pintura con trabajos ocasionales de ayudante de albañilería o de pintor de brocha gorda. Cuando esto le permitió ahorrar algo, cruzó el Mediterráneo para recorrer los países norafricanos antes de pasar a España donde, según lo manifestara más tarde, sentía bullir en las venas lo que quedaba de la herencia de sus ancestros cantábricos.

Un día, en el puerto de Cádiz, se enteró que, estando para partir rumbo a Buenos Aires, un velero requería con urgencia un grumete que le faltaba para completar su tripulación. En un vehemente arranque de aventura y recordando su juvenil dominio del deporte de barras y argollas, tomó la decisión de darse un paseo por “su” América.

En Buenos Aires, mientras se armaba el retorno a Cádiz, el improvisado grumete trabó amistad con jóvenes porteños algunos de los cuales tenían nexos con el arte. Allí se había fundado la Academia de Bellas Artes con lo cual la inquietud artística había despertado gran interés, ello determinó que Sabogal tomase la decisión de aprovechar la oportunidad para completar aquí su formación profesional.

Habiendo terminado los estudios, fue nombrado como profesor en la Escuela Docente de Jujuy, ciudad del noroeste argentino en el límite con Bolivia y Chile. Para entonces ya era conocido en los círculos artísticos y contaba con la amistad de pintores como Modesto Luccioni y Jorge Bermúdez.

Por entonces, en Argentina soplaban vientos de renovación que se inspiraban mayormente en los ideales de la llamada Generación del 98, en España, compuesta por notables figuras como Unamuno, Azorín, Ortega y Gasset, y que en pintura reflejaba la obra de Ignacio Zuloaga, Anglada Camarasa y Julio Romero de Torres, artistas de quienes en Buenos Aires ya se conocía su obra.

Con éstos antecedentes, en Argentina se gestaba también un movimiento cultural que devino en llamarse “nativismo”. Imbuidos de estos ideales Sabogal y sus amigos se dieron a pintar motivos netamente argentinos. En el caso de nuestro pintor, el asunto caló más hondo todavía pues en aquel rincón fronterizo con Bolivia, Sabogal encontró evidentes similitudes con lo peruano ya que aquella región había sido parte del Imperio Incaico. Todo esto determinó su decisión de volver al Perú dejando atrás su proyecto de retorno a Europa.

Entrando por Bolivia se encontró con la mágica belleza del lago Titicaca; pero su deslumbramiento culminó al llegar al Cusco, cuyos paisajes urbano y rural así como la gente que los habita, coparon seis meses de intenso trabajo artístico. Nunca se había imaginado encontrar tanta belleza de auténtica originalidad. Además allí encontró también gente imbuida de una inquietud de renovación política y cultural que venía a afirmar su convicción de que el Perú independiente tenía que optar por una cultura acorde con su herencia histórica.

Con noventa cuadros bajo el brazo, Sabogal emprendió viaje a Lima, anhelante de sentir el impacto que producirían en el público capitalino.

El 15 de julio de 1919, se inauguró la exposición en los salones de la Casa Brandes, causando verdadera sensación en un público dividido en pro y en contra. Teófilo Castillo el crítico más influyente del periodismo se declaró abiertamente a favor resumiendo de esta manera: “Yo sostengo que Sabogal es lo más fuerte y verdadero que en temas de arte serio y de los jóvenes háse visto en Lima”.

Años más tarde Sabogal escribiría: “Cayó esta muestra como si fuera motivo de exótico país; el medio limeño aún permanecía entre los restos de sus murallas virreinales con más conocimiento de mar afuera que de mar adentro”.

Esta muestra de José Sabogal marcará un hito en la plástica peruana. Otro suceso que coadyuvó en ello fue la creación de la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1918, para dirigir la cual se llamó al pintor Daniel Hernández, residente en París.

No obstante la disparidad de conceptos y métodos, quizá movido por el éxito de la exposición, el director de la Escuela invitó al joven Sabogal a formar parte del plantel de profesores.

A la llegada del nuevo profesor, en la Escuela empezaron a soplar vientos de renovación. Había que olvidarse de los viejos postulados del arte europeo, en especial de la temática cuya visión había que volverla hacia el hombre y el paisaje peruanos, tema que había sido ignorado en un país lleno de originalidad. Solía arengar a sus alumnos diciéndoles: “Olviden los Apolos y las Venus. Miren hacia dentro, dibujen y pinten nuestro paisaje. Métanse en las pupilas los cerros, los desiertos y las selvas del Perú así como nuestros cholos y negros. Todo eso somos nosotros”.

Prédicas como esta calaron hondo en los jóvenes artistas que luego conformaron el grupo “Indigenista”, mote con el cual bautizaron sus oponentes al movimiento comandado por Sabogal desde la dirección de Bellas Artes, cargo que había asumido a la muerte de Hernández. Los componentes de ese grupo eran Julia Codesido, Teresa Carvallo, Alicia Bustamante, Camilo Blas, Enrique Camino Brent, Cota Carvallo y Raúl Pro. La mayoría de ellos luego conformarían la plana docente de la Escuela.

Aclaremos aquí que, si bien el sentimiento y práctica de la inquietud llamada “indigenismo” era adjudicada exclusivamente a este grupo, marginalmente se desarrollaba una actividad similar por varios pintores desligados de la influencia sabogalina. Entre ellos Manuel Pantigoso y Francisco Gonzáles Gamarra ,en Cusco; Jorge Vinatea Reinoso, en Arequipa; Alejandro Gonzáles Trujillo “Apurímak”, en Lima; y Juan Villanueva “Bagate” en Cajamarca, cada uno haciéndolo a su manera. El caso de Mario Urteaga fue similar, pero desde cuando fue descubierto y dado a conocer por los indigenistas, se le ha considerado como tal.

La consolidación del “Indigenismo” en una institución oficial, enardeció los ánimos de sus oponentes aduciendo la oficialización del culto a lo feo, la exaltación del indio y sus costumbres y un intento retrógrado de volver al pasado incaico. Estas exageraciones, acompañadas de denuestos, eran machacadas en influyentes periódicos como La Prensa y La Crónica. Sin embargo, de otro lado, la propuesta de Sabogal había sido plenamente aceptada en los círculos políticos de izquierda; José Carlos Mariátegui había saludado la exposición de 1919 escribiendo en la revista AMAUTA lo siguiente: “José Sabogal señala ya con su obra un capítulo de la historia del arte peruano. Es uno de nuestros valores signos (…) es, ante todo, el primer pintor peruano; severo con los demás pero severo también consigo mismo, como todo creador auténtico tiene Sabogal la probidad artística de esos maestros pre-renacentistas que le son tan queridos. No se encuentra en su obra concesiones al mercado, ni coqueterías con la frivolidad del ambiente. Trabaja para realizarse libre y plenamente. Por eso su obra pertenece ya a la historia, mientras otras no pasaran de la crónica”.

Precisamente en los inicios de AMAUTA, Sabogal había tenido una participación determinante ya que propuso el nombre de la revista y asumió su original diagramación e ilustración artística.

Tarea muy importante en la obra de Sabogal lo constituye el descubrimiento, estudio y divulgación del arte popular al que dedicó muchos viajes por distintas regiones de nuestro país, de los que escribió varios libros, como por ejemplo “El toro en las artes populares”, “El pintor mulato Pancho Fierro”, “El retablista López Antay”, “Los mates burilados”, “Del arte en el Perú”, “El desván de la imaginería”, etc.

En 1922, en compañía de la escritora María Wiesse con quien acababa de contraer matrimonio, Sabogal realizó un fructífero viaje a México, lo cual se repitió en 1942, por extensión del que realizara a Estados Unidos a invitación del Departamento de Estado. Ambos viajes reafirmarían la amistad y admiración que siempre lo vinculó a Rivera, Orozco y Siqueiros, los maestros del muralismo mexicano.

Dichos viajes le habían hecho concebir ambiciosos proyectos de obras por realizar, sobre todo relacionadas con el muralismo. Pero el Perú de la época de Manuel Prado no era el de Vasconcelos en México y aquellos proyectos chocaron con la indiferencia y la oposición; más todavía, mientras su ausencia habían recrudecido los ataques dando paso a la confabulación. Esta dio los resultados apetecidos cuando desde el Gobierno le tendieron una celada que determinó su alejamiento de la dirección de Bellas Artes.

Esto produjo una conmoción en la gente adicta a Sabogal, especialmente en el grupo de los profesores indigenistas que renunciaron a sus cargos; de igual manera, muchos de los alumnos allegados al maestro también se alejaron de la Escuela y formaron un taller independiente donde ocasionalmente recibían orientación de sus antiguos profesores.

En el caso de Sabogal, Julia Codesido, Teresa Carvallo y Camilo Blas, ellos fueron convocados para asumir tareas en el recientemente creado Instituto de Arte Peruano, dependencia del Ministerio de Educación cuya dirección ejercía nada menos que Luis E. Valcárcel, aquél viejo amigo cuzqueño de idéntica inquietud peruanista. Esto permitió a Sabogal y los suyos ahondar en el estudio sistemático de las artes populares, lo que dio paso a la formación el Museo de Arte Popular.

Durante la segunda mitad de los años 40 y primeros de los 50, el maestro alternaba sus investigaciones con su obra personal, con la certeza de estar cumpliendo su propósito. En su discurso de agradecimiento al homenaje que se le tributó, expresó lo siguiente:

“Los avances son difíciles, estorbados y, con frecuencia, vapuleados. Este es el destino de la marcha hacia los ideales de superación; pero en este remanso episódico, volviendo hacía el año 19, vemos con satisfacción de que nuestra cabeza de puente de peruanismo artístico, ha consolidado posiciones y sus filas se hacen más fuertes y templadas”.

Pero José Arnaldo Sabogal Diéguez, en el fondo de su corazón, también guardaba un profundo sentimiento de amor por Cajabamba, su inolvidable patria chica y por extensión Cajamarca, lugares que en un impulso premonitorio visitó por última vez en los meses de setiembre y octubre de 1956.

Aquí, en Cajamarca, visitó en forma especial el Conjunto Monumental de Belén y el Cuarto del Rescate, recinto este que le hizo concebir un muy importante proyecto de restauración el que, con el título de “El memorial Atahualpa” fue dado a conocer a los medios de prensa en Lima.

Y aquí llegamos al episodio final de una vida de intensa lucha en pro de ideales íntimamente ligados con el destino del Perú. Intempestivamente, cuando menos se esperaba, el 15 de diciembre de 1956, a los 68 años, fallecía en su hogar de Miraflores, víctima de una afección de inusitada virulencia.

Hace más de medio siglo, cuando la oposición a su propuesta creía haberla hecho desaparecer junto con su muerte física, estaba muy lejos de admitir que el tiempo y la razón iluminarían de nuevo aquella propuesta.


Hoy, cuando el Perú está tomando un rango importante dentro del acontecer mundial, el hecho de lucir caracteres propios de una nación con identidad cultural nos da orgullo y nos hace olvidar nuestro pasado pesimista. José Sabogal es uno de los personajes que lo han propiciado, gracias Maestro.

En el Cuarto del Rescate, Cajamarca. 1953. Archivo José Sabogal, Lima. (*)


India del Collao. 1925. Óleo sobre tela. (*)


Junto a Walt Disney en su taller de Lima. 1942. (*)


Músicos Huancas. Ca 1930. Xilografía. (*)


(*) Fotografías e ilustraciones tomadas del libro:
SABOGAL, de Natalia Majluf y Luis Eduardo Wuffarden
© 2013 de la Edición Asociación Museo de Arte de Lima – MALI.

Un Estado y medio. Israel y el conflicto perfecto. 2013. Jordi Pérez Colomé

Este ebook de Jordi Pérez Colomé se centra en los problemas que existen entre Israel y Palestina, y en cómo lo viven los habitantes de la zona en conflicto.

El autor realizó un viaje a la zona y se entrevistó con decenas de personas, y con ese material ha escrito un gran reportaje, por bueno y por extenso. Además, hay apuntes sobre la historia y como se ha llegado a determinadas situaciones en algunos puntos de esos territorios, por ejemplo, con el tema de los asentamientos israelíes en terreno palestino.

Se dan las claves de por qué es muy difícil que haya una solución al conflicto. No obstante, nada es eterno y cosas más sorprendentes se han visto. Hay mucha gente que intenta ayudar en la tarea de una convivencia pacífica.

Cómo pasa con todos los textos de Colomé, la lectura es ágil y clara. En la línea de su estupendo blog: Obamaworld.

En la misma línea el autor tiene otro ebook sobre Irán, El país esquizofrénico. Igualmente recomendable.

En el nombre de Franco. Los Héroes de la embajada de España en el Budapest nazi. 2013. Arcadi Espada Enériz.


El libro es una joya. No sólo por los temas que trata, el holocausto y la verdad, sino por lo bien que está escrito y planteado. Lo incluyo entre mis libros imprescindibles.

Soy un admirador de la manera de afrontar y contar la realidad de Arcadi Espada. Tanto sus libros como sus escritos, que se pueden leer en su blog, siempre van encaminados en la misma dirección, la búsqueda de la verdad y la discusión racional de la vida. 

Un pero al excelente trabajo realizado es que el formato libro es muy rígido y no aprovecha todo el potencial que ofrecen las herramientas modernas. El blog del libro completa la lectura, pero al no estar todo en un mismo paquete se hace difícil la lectura conjunta. En este sentido, el autor junto con otros autores hicieron un gran trabajo con Aly Herscovitz. En esta obra echo de menos mapas, vídeos, enlaces, pistas falsas, etcétera. Puede que en un futuro nos sorprendan con un libro electrónico de este estilo.

El libro está muy trabajado, han sido cinco años de investigación, y eso se nota. Se va deshilando la madeja, dando a conocer muchos detalles, hasta llegar a intuir qué pasó en realidad. El autor nos lleva de la mano a lo largo del relato, contándonos todos los avatares de la vida de las personas que fueron los héroes de la embajada de España en Budapest: Ángel Sanz Briz, Zoltán Farkas, Elisabeth Tourné y Giorgio Perlasca.

Este último ha sido el que ha tenido una mayor repercusión, pero Espada se dedica a desmontar su farsa. No cabe duda de que fue un héroe, pero se inventó gran parte de sus historias. Como le escribe Espada al hijo de Perlasca:
"Mi libro no persigue arruinar a su padre; solo ponerlo en su sitio. En el invierno de Budapest su padre actuó en favor de la dignidad humana, y es justo que así se le reconozca. Mi libro se ocupa de esa acción humanitaria. Cuando en los años posteriores escribió y dictó la crónica de aquellos años fabuló con frecuencia. Mi libro se ocupa de esa fabulación".
En el libro aparece una cronología, que el autor a reproducido en la web, y que nos hace de guía para los sucesos que se relatan.

Espada escribió sobre el tema en cuatro artículos (IIIIII y IV), pero cometió algún fallo, que ha subsanado con el libro. Por ejemplo, indicó en los artículos que la fecha de salida de Budapest de Sanz Briz fue el 1 de diciembre de 1944, cuando realmente fue el 7 de diciembre. ¡Qué difícil es dar con la verdad!

El libro es otra prueba más de que los nazis tuvieron un éxito notable en el exterminio de los judíos, entre otros. Pero esos pocos y escasos rayos de luz, como sin duda son los cuatro héroes de la embajada española, hacen que me pregunte el porqué de unas actitudes tan diferentes dentro de la humanidad. Auténticos hijos de perra al lado de gente de bien arriesgándolo todo, relacionándose unos con otros y afectando a vidas de terceros. Gran misterio el cómo se colocan unos a un lado y otros en el contrario, con mucha gente en el medio tratando de sobrevivir y no verse afectada.

Titulo: En el nombre de Franco. Los Héroes de la embajada de España en el Budapest nazi
Autor: Arcadi Espada Enériz, con la colaboración de Sergio Campos
Editorial: Espasa
Fecha: 2013
Páginas: 312 (en versión papel)

Ramón Serrano Suñer. Adriano Gómez Molina y Joan María Thomàs. 2003


El libro analiza la figura de Ramón Serrano Suñer desde dos puntos de vista, Adriano Gómez es afín al personaje y trata de buscar el lado de positivo de sus acciones mientras que Joan María es crítico con las acciones de Ramón Serrano. Éste último trata de demostrar como la realidad no se parece a lo que el propio Ramón Serrano escribió en sus obras.



Hay hechos incontestables en la vida de Ramón Serrano:



-  Persona inteligente y estudiosa: "Curso a curso, obtiene la máxima calificación en todas las asignaturas y el premio, extraordinario fin de carrera" (p. 53).

- Opositor a la República. Según sus palabras: "Mi actitud ante la República era de una oposición frontal. Es muy posible que esa postura mía fuera equivocada, y pienso ahora que sin duda lo fue, no habiendo observado una lealtad sincera que pudo haberla moderado y racionalizado" (p. 65).
- Amigo y compañero de estudios de José Antonio Primo de Rivera.
- Fundador de la ONCE y de EFE.
- Durante la República apoyo a la CEDA.
- Brazo derecho de Franco de 1938 a 1942.
- De acuerdo con Franco, negoció la entrada de España en la Segunda Guerra Mundial, alineados con el Eje (Alemania, Italia y Japón).
- Siendo ministro de Exteriores, España envió voluntarios,  La División Azul, a combatir, junto a los alemanes, contra los rusos.
- Apartado del círculo de poder en 1942, no volvió a tener relevancia política hasta su muerte.


Ramón Serrano tuvo mucha importancia en todas las decisiones que se tomaron entre 1938 y 1942, siendo responsable de la instauración de la dictadura y de todas las consecuencias asociadas a la misma.


Ambos autores dedican mucho espacio a las negociaciones entre España y Alemania para la entrada de la primera en la Segunda Guerra Mundial apoyando al Eje. Mientras Adriano Gómez defiende la tesis de que España, con Franco y Serrano al frente, exigió mucho para evitar que Alemania aceptase, Joan Marí defiende que España no entró en la guerra porque Alemania no quiso, al menos en un primer momento.

Recomiendo el libro a todos los que quieran tener una visión general de Ramón Serrano Suñer y de la época en la que estuvo en el poder.

Lo incluyo entre mis libros.


Titulo: Ramón Serrano Suñer.
Autores: Adriano Gómez Molina y Joan María Thomàs.
Editorial: Ediciones B.
Fecha: 2003.
Páginas: 319. 

ISBN: 84-666-1276-9

El Imperio. Ryszard Kapuscinski. 1993


Una muestra más de lo que ha significado, y significa, el comunismo: crímenes, falta de libertad, injusticia, hambrunas, violencia del Estado, campos de concentración, etcétera. Todo malo. El libro se centra en las experiencias y viajes del autor a lo largo de la antigua Unión SoviéticaLo incluyo entre mis libros.

La primera parte del libro (pp. 13-91) abarca tres épocas en las que el autor tuvo contacto con el Imperio, en los años 1936, 1958 y 1967. La segunda parte (pp. 95-324) se desarrolla de los años 1989 a 1991 y relata los viajes del autor a lo largo del Imperio. La tercera parte (pp. 327-352) es una especie de epílogo.

Como escribió Arcadi Espada del libro de Jordi Pérez Colomé, Adiós Gongtan, lo que inspiran estas lecturas es "leer para no ir nunca". 

La desolación al saber como han vivido y sufrido millones de personas es tremenda. Por ejemplo, el autor relata como siendo un niño compraban, después de pasar una noche a la intemperie con un frío atroz, "latas de caramelos vacías", para que luego sus madres pudieran "hervir agua en aquellas latas y así obsequiar[les] luego con ¡una bebida dulce y aromática!".

Ejemplos de las atrocidades del régimen comunista en la Unión Soviética hay muchos en el libro, por ejemplo: "Por contactos con extranjeros Stalin mandaba fusilar o condenaba a cinco o a diez años de trabajos forzados" (p. 44). No hay ninguna duda de que Stalin y los demás dirigentes comunistas eran unos psicópatas y unos hijos de puta. Pero eso ya lo dedujo brillantemente Hayek, en Camino de Servidumbre, los peores elementos formarán las élites que dirijan un sistema totalitario como el comunista. 

Hay también lugar para artistas e historias de muchas personas, el autor habla con gente de la calle no busca dirigentes ni personalidades políticas. Por ejemplo, Niko Pirosmani, nacido en Georgia (p. 50). Un problema del libro cuando trata de artistas es que describe sus obras (cuadros, esculturas, etc.) sin mostrarlas. ¿Tiene sentido un libro así? Creo que un libro electrónico que incorporase las imágenes de esas obras para verlas en paralelo a la lectura sería muy deseable e instructivo. Ese salto adelante mejorará la educación y la cultura.

"Los disidentes (que nunca fueron numerosos: en 1968 sólo seis personas se manifestaron en la Plaza Roja de Moscú contra la intervención armada de Checoslovaquia) o bien han emigrado, o bien, como Marchenko, cumplen condenas en la cárcel" (p. 121). Auténticos héroes, como algunos cubanos en la actualidad.

¿Qué métodos se usan para aterrorizar y paralizar a millones de personas? "Millones de huérfanos hambrientos y descalzos deambulaban por los caminos de Rusia. Robaban lo que podían. Stalin los encerró en internados. Allí aprendieron a odiar, y cuando crecieron, fueron vestidos con uniformes del NKVD. El NKVD tenía al pueblo atenazado por un miedo animal. Aquí tienes el comunismo" (p. 154).

Los campos de concentración o Lagers eran "una estructura ideada con sadismo a la vez que con precisión cuyo objetivo consistía en destruir y aniquilar a la persona de tal manera que ésta, antes de morir, experimentara los mayores sufrimientos, humillaciones y tormentos" (p. 219). Frío, hambre, falta de sueño, suciedad, insectos, sadismo del NKVD, terror de los criminales, sensación de injusticia, añoranza y miedo, todo lo anterior se sufría en un Lager (pp. 219-220).

El problema del aislamiento fue muy grave en la Unión Soviética, estancó el país a todos los niveles, por ejemplo, tal y como relata H. G. Wells, la vigilancia y seguridad que rodeaba a Lenin (uno de los grandes criminales del siglo XX) "dificulta el contacto directo entre Rusia y él, y, lo que parece aún más importante en lo referente a la eficacia de las actuaciones del gobierno, el contacto entre él y Rusia. Si todo lo que llega a Lenin pasa por un filtro, también lo que de él sale tiene que filtrarse, operaciones en cuyo curso pueden producirse importantes tergiversaciones" (p. 240).

"Al mundo lo asolan tres plagas, tres pestes. La primera es la plaga del nacionalismo. La segunda es la plaga del racismo. Y la tercera es la plaga del fundamentalismo religioso". "No hay manera de llegar a una mente tocada por cualquiera de estas plagas. En una cabeza así constantemente arde una santa pira en espera de víctimas. Todo intento de entablar una conversación serena está condenado al fracaso. Aquí no se trata de una conversación sino de una declaración" (p. 266).

Otro problema de la maquinaria comunista fue el ingente número de funcionarios. Por ejemplo, el "Ministerio de Política de Aguas de la antigua URSS" empleaba "a dos millones de personas. Todos los días, los dos millones de personas se levantaban de sus camas, van al trabajo, se sientan a sus mesas, sacan papel y un lápiz, y tienen que empezar a hacer algo. [...] Por eso en cada uno de los proyectos, por más fantásticos que sean, trabajan aquí masas ingentes de expertos y funcionarios" (p. 282).

El autor destaca "la historia de la Gran Hambruna: a principios de 1929, la XVI Conferencia del Partido Comunista de la Unión (bolchevique) aprueba el programa de total colectivización. Stalin decide que para el otoño de 1930 todo el campesinado de su país (lo cuál en la época supone las tres cuartas partes de la población, más de cien millones de personas) se haya convertido en trabajadores de los koljozes. Pero los campesinos se resisten a entrar en los koljozes. En vista del panorama, Stalin aplasta su resistencia usando dos métodos: mete en campos de trabajos forzados o deporta a siberia a cientos de miles de campesinos y a los que quedan los quiere obligar a la obediencia condenándolos al hambre.
El golpe más violento cae sobre Ucrania.
[...] Moscú fijó la cantidad de productos agrícolas -cereales, patatas, carne, etc.- que cada pueblo debía entregar obligatoriamente al Estado. Las cantidades fijadas superaban en mucho las posibilidades de la producción agrícola de estas tierras. Era obvio que los campesinos no podrían cumplir el plan que les había sido impuesto. Entonces se empezó a confiscarles los bienes a la fuerza -militar, por lo general-, a despojarlos de todo lo que había en los pueblos para comer. Los campesinos no tenían ni para comer ni para sembrar. A partir de 1930 el hambre hacía estragos, un hambre feroz e implacable que se prolongó durante siete años y que se llevó la más terrible de sus cosechas en 1933. La mayoría de los demógrafos y de los historiadores están de acuerdo hoy en que en aquellos años Stalin condenó a morir de hambre alrededor de diez millones de personas" (p. 305). ¡Diez millones de personas!, una de cada cuatro personas que viven actualmente en España, aproximadamente.

"La perestroika fue el resultado de la convergencia de dos grandes procesos a los que se sometió a la sociedad del Imperio:
- un tratamiento masivo de desintoxicación del miedo, y
- un viaje colectivo al mundo de la información.
En que no haya sido educado en una atmósfera de miedo animal y omnipresente, y en un mundo sin información, tendrá problemas a la hora de comprender de qué se trata" (p. 334).

A pesar de todo lo anterior, y como muy bien escribe Ryszard Kapuscinski (p. 351):
Las grandes sociedades tienen una enorme fortaleza interior. Entrañan inagotables dosis de toda clase de fuerzas y albergan en su seno energías suficientes como para reponerse de las derrotas más dolorosas y salir de las crisis más graves.
China supo salir del agujero de la humillación y del hambre, y emprender un desarrollo independiente y fructífero. La India sigue su ejemplo. Brasil e Indonesia tampoco se quedan a la zaga".

Titulo: El Imperio
Título original: Imperium
Autor: Ryszard Kapuscinski
Editorial: Anagrama
Fecha: 1993 (2008)
Traductor: Agata Orzeszek
Páginas: 357

Los Comuneros. Joseph Pérez. 2006

Por Manuel Álvarez López.


Los Comuneros. Antonio Gisbert.

El libro es un análisis de la Guerra de las Comunidades que tuvo lugar en Castilla entre los años 1520 y 1522. El libro es riguroso y el análisis claro, aunque la lectura no es todo lo ágil que me gustaría. Lo incluyo entre mis libros.

La interpretación general que da el autor de las Comunidades está resumida al final del libro (p. 268):
Estamos frente a un movimiento fundamentalmente castellano, más concretamente centro-castellano, y quedan excluidas las tierras burgalesas y las situadas al sur de Sierra Morena. Este movimiento nace y se desarrolla en las ciudades, pero encuentra pronto muy fuertes ecos en el campo, el escenario de una poderosa explosión antiseñorial. El movimiento elabora un programa de reorganización política de signo moderno, caracterizado por la preocupación de limitar el arbitrario de la corona. Su derrota se debe a la alianza de la nobleza y de la monarquía y viene así a reforzar las tendencias absolutistas de la corona.
Ese enfrentamiento entre las dos Castillas es entre "la Castilla de los ganaderos y de los grandes comerciantes, simbolizada por Burgos [...] y la Castilla de los pequeños tenderos, de los comerciantes con un radio de acción muy limitado, de los artesanos y de los industriales molestos por la competencia extranjera y por la legislación favorable a los exportadores" (p. 159).

Todo lo anterior se justifica a lo largo de la obra. Incluso en el último capítulo, "El significado histórico de las comunidades", se estudian las distintas interpretaciones que se han dado de este fenómeno histórico a lo largo de los siglos, desde los primeros cronistas del siglo XVI hasta José Antonio Maravall (con quién coincide en su análisis el autor), pasando por Ángel GavinetManuel Azaña y Gregorio Marañón, por ejemplo.

Un factor determinante es el nombramiento de Carlos I como Emperador. Ese cargo exige financiación por parte de Castilla. Pero hay muchos que se oponen, por ejemplo, en un texto "elaborado por un grupo de franciscanos, agustinos y dominicos" se indica que "los recursos de Castilla se deben emplear en la defensa exclusiva de Castilla, no en la defensa de los demás territorios sobre los que ejerce soberanía Carlos V" (p . 39). De hecho, los comuneros aceptan a Carlos como rey pero no como emperador (p. 219).

El capítulo VI, "Comuneros y anticomuneros", es el más interesante del libro, en él se analizan los grupos en conflicto y las alianzas que se tejen a lo largo de este periodo. Por ejemplo, la alianza entre el rey y los nobles, frente a los comuneros (p. 178). Esa alianza da como resultado (p. 182):
  • A partir del otoño de 1520 la revuelta de las Comunidades se presenta como un enfrentamiento entre la alta nobleza y las ciudades. [...] Esta situación no fue impuesta voluntariamente por los comuneros; les vino dada por la sublevación espontánea de las poblaciones sometidas al régimen señorial. La Junta encontró entonces la oportunidad de precisar el sentido de la lucha.
  • Los grandes se decidieron a entrar en lucha con los comuneros no para defender el poder real, sino para salvar sus dominios. 
  • La rebelión fue aplastada por los Grandes y por nadie más. Tordesillas y Villalar constituyen dos victorias de la alta nobleza que no dejará de recordárselo al rey.
El autor niega "la idea de que la rebelión comunera fue esencialmente una manifestación de la general inquietud de los conversos por aquellos años" (p.197). "Como grupo social los conversos estaban interesados en una supresión del Tribunal de la Inquisición o, por lo menos, en una reforma de los procedimientos del Santo Oficio" (p. 206), y no está claro, como demuestra el autor, que los comuneros persiguiesen eso.

Cierto aire democratizador se intuye en las medidas tomadas por los comuneros, por ejemplo, cuando permiten entrar "a formar parte de los ayuntamientos representantes de las diversas clases sociales (clérigos, hidalgos, pecheros) y representantes de los distritos urbanos" (p. 212).

La libertad es otro punto clave del levantamiento, pero la "libertad otorgada no era libertad; la libertad política tenía que ser declarada y mantenida por el mismo reino" . Es decir, "los comuneros procedían como si ellos fuesen los depositarios de la soberanía y pretendían obligar a Carlos V a aceptar las disposiciones previstas en los Capítulos" (p. 252).

El autor escribe lo siguiente, con grandes dosis de optimismo (p. 255):
Lo que desapareció en Villalar no fueron las libertades castellanas, es decir, franquicias anacrónicas, sino quizá la libertad política y la posibilidad de imaginar otro destino al de la España imperial con sus grandezas y sus miserias, sus hidalgos y sus pícaros. Lo que durante el reinado de los Reyes Católicos y el gobierno de Cisneros se había preparado, una nación independiente y moderna, lo abortó Carlos V.
Estos libros históricos son una prueba indudable de que hemos ido a mejor, tal y como Matt Ridley demuestra en El optimista racional. Por ejemplo, "Los primeros años del siglo XVI, sobre todo 1504-1506, son terribles en Castilla, porque coinciden con una serie de malas cosechas, hambre, epidemias, mortandad, y porque la presión fiscal contribuye a agravar la situación" (p. 26). Comparemos la situación anterior con las crisis modernas, sin ir más lejos la que vivimos actualmente en España.

Acabo con un poema de Luis López Álvarez incluido en el libro:

Desde entonces, ya Castilla 
no se ha vuelto a levantar, 
en manos de rey bastardo.
o de regente falaz, 
siempre añorando una junta,
o esperando un capitán, 
Quién sabe si las cigüeñas...



Titulo: Los Comuneros.
Autor: Joseph Pérez.
Editorial: RBA.
Fecha: 2006.
Páginas: 286. 

Número Especial I, revista Desperta Ferro: La guerra de los Treinta años


Otro gran número de la revista de historia militar y política Desperta Ferro. Esta vez el número se centra en la edad moderna. De hecho la revista va a tener dos líneas, una la original, centrándose en las épocas antigua y medieval, y otra de la época moderna.

El número es muy interesante en su totalidad, pero destaco el artículo "Vivir y morir en el mar", por Magadalena de Pazzis Pi Corrales, del que transcribo estos dos párrafos sobre "La vida a bordo" (p.44):
"La falta de higiene no contribuía a 'animar' a embarcar, ya que el hedor que llegaban a desprender los fletados durante semanas y meses, lavados en el mejor de los casos con agua putrefacta, resultaba insoportable; además, viajaban a bordo todo tipo de 'inquilinos'; pulgas, piojos, chinches, cucarachas, ratas y otros roedores que deambulaban por doquier en las embarcaciones; a lo que se unía la particular circunstancia de los galeotes, hacinados y encadenados a su banco, siempre preparados para la eventualidad de la boga cuando las circunstancias lo requieran. 
Si nos detenemos a valorar las raciones de los embarcados, es obvio que no suponía el atractivo para la vida a bordo, pero era mucho en comparación con su vida de miseria y malnutrición. La falta de alimentos frescos se suplía con el elevado consumo de pan y vizcocho, hecho con harina de trigo más o menos entera al que se añadía levadura antes de inflarlo para introducirlo en el horno, asado después de nuevo a temperatura moderada para que se secase y durara más que el pan corriente. Junto a estos ingredientes  el vino, el agua y la cerveza -especia de fango verdoso porque decía que 'se mareaba' en el mar-, y el resto de lo que componían la dieta a bordo, como arroz, habas, garbanzos, tocino, pescado, queso y otras legumbres. Los forzados recibían una ración menor que los buenos boyas, aunque en la cena ingerían la 'mazamorra', una especie de sopa preparada con el vizcocho más estropeado y de menor contribución calórica, si cabe. Con todo, fue relativamente razonable el buen valor nutricional y el aporte vitamínico y de proteínas, aunque fue real igualmente la deficiencia de sales minerales por el desgaste elevado que se producía cuando entraban en combate".
También dejo un audio sobre el mismo tema: La Guerra de los Treinta Años en La Mecánica del Caracol.

Y aquí el resumen del número:


  •  Los orígenes de la guerra, por Alfredo Alvar (CSIC) El inicio de la Guerra de los Treinta Años en 1618 cogió a la Monarquía de España en mala situación política. Pero ni por sorpresa, ni con los brazos caídos. Aquella España era mucha España, aunque tuviera sus fisuras, como siempre han tenido todos los sistemas políticos, que parece que la Historia de España es un permanente devenir de incansables y recurrentes crisis y más crisis, que no paran de azotarla. Si hay tantas crisis, ¿cuándo se está en la cresta de la ola?, ¿nunca?; ¿se puede organizar un imperio planetario por gentes en permanente crisis? Imposible creerlo.





  •  La revolución militar, por Eduardo de Mesa (Universidad de Dublín) Los ejércitos de la casa de Austria durante el siglo XVII, a pesar del mito de la decadencia que aún hoy tiene adeptos, fueron una de las maquinas militares más importantes, eficaces y decisivas del Mundo Moderno. Su evolución desde el siglo XVI permitió que la Monarquía Hispánica lograse defender sus intereses por todo el globo en uno de los momentos más críticos de la historia de España.




  • • La batalla de Nördlingen, por Enrique Martínez Ruíz (UCM) Tras firmar con Richelieu el tratado de Bärwald, por el que recibe una fuerte ayuda económica y se compromete a respetar el catolicismo donde estuviera establecido en el Sacro Romano Imperio Germánico y a los aliados alemanes de Francia, Gustavo Adolfo de Suecia se decide en 1630 a intervenir más directamente en la guerra alemana, iniciando la fase que hoy conocemos como periodo sueco de la Guerra de los Treinta Años.




  • • Identidad nacional y religión en España durante la Guerra de los Treinta Años, por Mateo Ballester Rodríguez (UCM) La Guerra de los Treinta Años tuvo un poderoso efecto dinamizador en el desarrollo de algunas identidades nacionales en el continente europeo. Éste fue el caso de la identidad nacional española, que se convierte en la época en fundamento central de la lealtad política e instrumento de movilización militar, en convivencia con los sentimientos de lealtad a la figura del rey y a la ortodoxia católica.




  • • 1640: la guerra dels segadors, por Maria Ángeles Pérez Samper (UB La Guerra dels Segadors fue una guerra dentro de otra guerra, una guerra entre Cataluña y la Monarquía Española, dentro de la gran guerra europea de los Treinta Años y, más concretamente, dentro de su etapa culminante, la guerra por la hegemonía entre España y Francia. Las causas y consecuencias, las vicisitudes de una y otra interfirieron decisivamente en ambas.




  • La gran estrategia de los Habsburgo, por Friedrich Edelmayer (Universidad de Viena) Durante la primera mitad del siglo XVII la imagen de Europa cambiaba de una forma radical. Mientras que al inicio del siglo la Monarquía Hispánica bajo los Austrias (Habsburgo) de Madrid era la potencia hegemónica en Europa, España perdió esta posición desde mediados del siglo en favor de otras monarquías poderosas. Suecia y la monarquía de los Austrias de Viena se habían convertido en potencias regionales, lo que dio paso a un nuevo sistema político bastante complicado que ha venido a llamarse “equilibrio de las fuerzas”, aunque no bajo el liderazgo de la Monarquía Católica sino bajo el de Francia.




  • Wallenstein, por Friedrich Edelmayer (Universidad de Viena) Para muchos, Wallenstein sigue siendo uno de los generales más destacados y exitosos de la Edad Moderna, defensor de la fe católica contra los protestantes y, finalmente, victima inocente de la cruel política del emperador Fernando II, que ordenó su asesinato. Una vida tan brillante y tan misteriosa ha producido y sigue produciendo muchas narraciones fabulosas que están fuera de lo que se puede confirmar si ojeamos los documentos históricos.




  • Vivir y morir en el mar, por Magadalena de Pazzis Pi Corrales (UCM) A lo largo de los siglos modernos la Monarquía Hispánica, como potencia hegemónica, tuvo que hacer un extraordinario esfuerzo para proteger y mantener sus posesiones y no siempre con los resultados deseados. El carácter esencialmente marítimo de los territorios que la integraban y la necesidad de dominar el mar para sostenerlos forzó a sus gobernantes a una política de guerra naval ofensiva y defensiva, adecuada a las variadas circunstancias que se fueron presentando en la relación de amistad o enfrentamiento con el resto de las potencias europeas.


  • Reconstruyendo la Guerra de los Treinta Años, por Philippe Chabrand Hacer reconstrucción histórica no es fácil: se debe escoger bien la época que queremos reconstruir, definir el tipo de personaje, su atavío, su equipo y su armamento, si es que el personaje es militar. Por lo que mi respecta, yo reconstruyo la época medieval y, especialmente, el siglo XVI, desde hace 17 años y, a buen seguro, sigo aprendiendo y experimento cada día, porque la reconstrucción es ciertamente una búsqueda continua.

  • Historia de la ciencia. Javier Ordóñez, Víctor Navarro y José Manuel Sánchez Ron. 2003

    El libro es un recorrido a lo largo de la historia de la humanidad buscando la relación entre la ciencia actual y los conocimientos que han dado lugar a la misma, desde los tiempos de Babilonia y Egipto, hasta el Proyecto del Genoma Humano, pasando por todas las épocas intermedias. He echodo en falta más referencias a China y Asia, en general. Lógicamente el libro se limita a dar pinceladas porque abarca la totalidad de la historia de la humanidad, centrándose en el tema de la ciencia. Pero lo anterior no ha mermado mi interés sino que ha despertado mi curiosidad por saber más e investigar más a fondo los muchos temas y personas mencionadas. Todas las ramas de la ciencia están presentes: medicina, física, astronomía, química, biología, etcétera. Es evidente que el saber es acumulación y este libro lo deja claro, por ejemplo en el caso de Aristóteles que "se había beneficiado sin duda de la buena biblioteca que había en la Academia y, probablemente, allí supo valorar la eficacia que tiene la acumulación de conocimiento para la producción del conocimiento" (p. 110). 

    Lo incluyo entre mis libros favoritos.

    Describe algunos de los acontecimientos históricos que acompañan a los temas relacionados con la historia de la ciencia, para enmarcarlos en su contexto. La lectura es muy amena y sirve para ver la complejidad de los problemas a los que se ha enfrentado la humanidad y cómo se han buscado herramientas para intentar solucionarlos, o al menos convivir con ellos. Y de todas esas herramientas la ciencia es una de las mejores.

    Cada uno de los autores se ha encargado de una de las tres partes del libro.

    Primera parte: Antigüedad y Edad Media. Javier Ordóñez. 

    Abarca desde Babilonia y Egipto hasta el siglo XIV, aproximadamente  En esta parte se repasan los inicios de lo que ahora llamamos ciencia, porque "parece difícil sostener que podamos hablar de algo llamado ciencia que se haya mantenido constante a lo largo de milenios" (p. 15).

    Fundamental para el futuro desarrollo de la humanidad fue la invención de la escritura, cuyos "primeros sistemas (...) datan al menos de tres mil años antes de nuestra era y parece que se desarrollaron de forma paralela en las dos regiones mencionadas (Mesopotamia y el Nilo)" (p. 31). Por ejemplo: "la lengua griega tuvo la flexibilidad suficiente tanto para expresar las ideas, conocimientos y prácticas que lograron inventar, como para difundirlas" al estar "dotada con una herramienta alfabética, unas decenas de signos que podían dar cuenta de cualquier sonido" (p. 63).

    Con algunas curiosidades que desconocía, como el origen de los nombres de los días de la semana, atribuidos "a los siete cuerpos celestes móviles, en el orden siguiente: Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno y Sol" (p. 45).

    Igualmente curioso comprobar como "Aristarco (en el siglo III a.de N.E.) sugirió que el centro  del mundo estaba ocupado por el Sol, que la tierra y todos los planetas giran en torno a él y que sólo la Luna giraba en torno a la tierra". Y "conviene aclarar y subrayar que no era la primera vez que se hablaba de Heliocentrismo. En el siglo anterior, un filósofo ateniense llamado Heráclides" ya lo había sugerido (p. 142). Habría que esperar muchos siglos para que la teoría tuviera una aceptación total. La verdad tarda en abrirse paso, pero es inexorable.

    Por la misma época Eratóstenes fue capaz de determinar el tamaño de la Tierra (p. 157). ¡Estamos hablando de hace unos 2300 años!

    El autor desmonta dos mitos: El primero que el "Imperio romano fue acientífico o que contiribuyó poco al desarrollo de las ciencias", y el segundo que "el periodo posterior a su disolución (...) es un milenio a lo largo del cual las diferentes sociedades mediterráneas vivieron en una cierta oscuridad que sólo se levantó someramente en el amanecer del siglo XV" (p. 176). De hecho, gracias a la presencia del Islam "brillaron las ciencias y las técnicas, la filosofía natural y las matemáticas. Pero la ciencia islámica hizo algo más: sacó al Mediterráneo de su aislamiento y lo relacionó con el oriente más extremo" (p. 185).

    La relación entre ciencia y religión no podía esquivarse, y el libro no lo hace, por ejemplo, el autor escribe que "no debemos interpretar que el cristianismo fuera una religión necesariamente acientífica, pero al igual que ocurrió con el Islam, la otra gran religión monoteísta, las ciencias debieron negociar con ella como no lo habían hecho hasta entonces ni en el mundo helenístico ni en el romano. Así, las ciencias que se cultivaron hasta ese momento tuvieron que justificarse a partir de entonces ante la teología, una nueva ciencia cuyo objetivo era un conocimiento que se pretendía superior a cualquier otro por la excelencia de su objeto, el mismo Dios" (p .182).

    "Al-Jwarizmī dio a conocer la utilización de símbolos numéricos de origen hindú que colocados en orden y utilizando el cero, permitían realizar operaciones aritmética con mucha más facilidad. Al-Jwarizmī sentó igualmente los fundamentos del álgebra." (p. 189).

    La astronomía fue otro punto fuerte de la ciencia islámica. Por ejemplo, Al-Battani fue capaz de medir la inclinación de la elíptica, es decir, el ángulo entre la órbita de la tierra y el plano ecuatorial, con un error inferior a medio minuto de arco, y el de los puntos equinocciales, con un error de sólo una hora" (p. 190).

    Respecto a la química, la ciencia islámica "incluye el descubrimiento del alcohol, de los ácidos nítirco y sulfúrico, del nitrato de plata y el potasio, la determinación del peso específico de algunos cuerpos, el desarrollo de técnicas sofisticadas de sublimación, cristalización y destilación, así como de usos industriales de la 'química', como la utilización de sofisticados tintes y la fabricación de destilados de plantas, flores, etc., para diversos usos" (p. 196).

    En el siglo IX "se introducen en la península, procedentes de Persia e India, el azúcar, las espinacas, la berenjena, las alcachofas o el azafrán, etc., así como los métodos de regadío para el aprovechamiento del agua" (p. 198).

    "La universidad medieval fue un organismo social que transformó la vida intelectual de las antiguas escuelas y que sobrevivió a los avatares políticos y religiosos de todos los siglos posteriores.
    [...] 
    Bolonia (1150), París (1200), Oxford (1220) y Padua (1222) son lugares donde se asentaron estas primeras universidades. [...] Posteriormente se fundaron universidades en Cambridge (1225), Salamanca (1230), Nápoles (1224) y en otras muchas ciudades" (p. 212). "Pese a las difíciles comunicaciones y condiciones económicas de la época, hubo una notable movilidad de maestros, ya que todo maestro podía enseñar en cualquier universidad, y además muchos de ellos pertenecían a órdenes religiosas que favorecían la movilidad. La enseñanza se realizaba en un latín que no era el clásico, sino el resultado de la evolución lingüística que se había producido en la Edad Media". Aunque "las ciencias no eran la enseñanza preponderante, y la facultad de teología era la más prestigiosa y la que exigía más años de dedicación para conseguir el grado de doctor o maestro" (p. 214).

    Un instrumento fundamental para el desarrollo de la ciencia, sobre todo facilitando la navegación, en el siglo XIII fue el reloj mecánico, "que venía a resolver el problema de la medición del tiempo terrestre, fundamental tanto en el desarrollo de la vida cotidiana como en el de las observaciones astronómicas" (p. 221).

    Segunda parte: Edad Moderna. Víctor Navarro. 

    Hace un recorrido desde es siglo XV al XVIII, aproximadamente.

    Los logros técnicos en el Renacimiento fueron muchos e importantes  "desarrollo del maquinismo, gracias en gran medida a la difusión del sistema biela-manivela; perfeccionamiento de las máquinas para aumentar su rendimiento y aprovechar mejor la energía disponible; investigaciones sobre engranajes; innovaciones en las técnicas de explotación agrícola [...]; desarrollo y difusión de la imprenta y de la industria papelera; desarrollo e innovación en las técnicas militares; [...] la conquista del espacio: redes de carreteras al servicio de los estados nacientes y del comercio y la comunicación; nuevas técnicas de construcción de puentes, desarrollo de las navegación fluvial y resolución de sus múltiples problemas; innovaciones profundas en las técnicas de navegación" (p. 240).

    "Los descubrimientos geográficos iniciados por los portugueses en el siglo XV" tuvieron sus consecuencias científicas: "1. La explosión informativa que [...] permitió una representación cada vez más exacta de la realidad física planetaria y una comunicación global. 2. el desarrollo técnico y científico acelerado en terrenos  como la astronomía náutica  la cartografía y la geografía  el geomagnetismo, la arquitectura naval y militar, la hidrografía, la botánica, la zoología, la antropología y la etnografía, etc. 3. La crítica racional, sistemática y documentada de una parte importante de los presupuestos dominantes del conocimiento, heredados de la Antigüedad clásica y del periodo medieval, que tendrían que aceptarse o rechazarse con criterios basados en la observación la comparación y el razonamiento, y no tanto por el criterio de autoridad" (pp. 241-242).

    Me sorprende descubrir que un genio como Tycho Brahe "nunca aceptó la verdad de la teoría heliocéntrica, por razones astronómico-cosmológicas y físicas y también por las derivadas del significado literal de determinados pasajes de las Sagradas Escrituras" (p. 261).

    "El redescubrimiento del mundo clásico fomentó entre los humanistas no solamente la búsqueda de manuscritos y códices, sino también el coleccionismo arqueológico y, en general, de objetos artificiales y naturales" (p. 270). "Entre las contribuciones de los museos y colecciones naturalistas a la transformación de la filosofía natural tradicional, se ha destacado dos, en particular  la primera sería la asimilación del arte a la naturaleza, y la segunda, la promoción del ideal fáctico, es decir, la consideración de los hechos separados de su explicación, ilustración o inferencia" (p. 271).

    El autor recuerda que "aunque lo limitado del espacio nos obliga a concentrarnos en las figuras más destacadas, también destacaremos en la medida de lo posible la naturaleza colectiva y cooperativa de la nueva ciencia que se fue constituyendo en esta época (siglo XVII)" (p. 302).

    Como sucede muy a menudo en la historia de la humanidad "en 1616 la Congregación General de la Inquisición declaró que un sistema heliocéntrico era absurdo en filosofía y formalmente herético, y que atribuir movimiento a la Tierra, además de absurdo en filosofía era al menos erróneo en cuanto a fe" (p. 310). Imaginemos lo rápido que podríamos haber progresado sin estas interferencias absurdas, peligrosas y estúpidas.

    Se destaca la figura de Galileo que "inauguró la era de la observación telescópica y aportó con sus observaciones datos de la mayor importancia para la unificación de los cielos y la tierra, es decir, para la cosmología copernicana. Asimismo construyó una teoría matemática del movimiento de los graves y sentó las bases de una nueva concepción del movimiento, compatible con la teoría heliocéntrica" (p. 314). Además de destacar muchos otros logros de este genio.

    No podía faltar Kepler en este repaso y su "descubrimiento de las dos leyes que llevan su nombre" (p. 317). Kepler fue discípulo de Tycho Brahe, y sus leyes datan de 1609.

    Descartes también ayudo mucho al desarrollo de la ciencia, mejorando los plantemientos de Galileo sobre el movimiento de los cuerpos, "contribuyo a legitimar el uso de intrumentos-artificios y diseños experimentales en la ciencia", y contribuyó decisivamente a unificar el álgebra y la geometría", entre otros mucho logros (pp. 335).

    Muchos nombres importantes y sus logros son destacados: William HarveyMarcello Malpighi, Robert Hooke (del que se destaca su obra Micrografía), Isaac Newton, Willem Jacob's Gravesande, Robert Boyle, etcétera. Es apasionante ir enlazando los logros de todos ellos, y muchos otros, e ir comprobando como la acumulación de conocimiento nos ha llevado a donde estamos ahora, y a un futuro mucho más excitante.

    El autor escribe que "en cuanto a las relaciones ciencia-técnica en la revolución industrial, cuestión que ha sido y es un importante tema de debate, de manera provisional puede afirmarse que en esta época la ciencia recibió más de la técnica que ésta de la ciencia" (p. 370). Esta tesis coincide con la expuesta por Matt Ridley, en El optimista racional:
    Un último comentario del libro es la relación de la ciencia con los inicios de la prosperidad. Por ejemplo (p. 251): "La industria que más se estaba transformando, la del hilado y el tejido de algodón, era de poco interés para los científicos, y viceversa. Las máquinas de hilar de husos múltiples, hidráulica, híbrida y los telares que revolucionaron el trabajo del algodón fueron inventadas por hombres de negocios hábiles, no por cerebritos pensantes: "por cabezas duras y dedos astutos". Se ha dicho que nada en sus diseños hubiera desconcertado a Arquímedes". Aunque el autor indica que (p. 252): "Posteriormente, la ciencia sí contribuiría al creciente ritmo de invención, y la línea entre el descubrimiento e invención se volvería más difusa conforme avanzaba el siglo XIX".
    Como transición a la Edad contemporánea mencionar que "hubo, en el siglo XVIII, algunos pensadores [...], como Diderot o d'Holbach, que deseaban eliminar cualquier cosa que pudiera limitar el poder creativo de la naturaleza; pensadores ateos que desafiaron el argumento del diseño y presentaron a la naturaleza como la única realidad. En algunos aspectos, los ateos ilustrados llegaron muy cerca de la filosofía del evolucionismo moderno, si bien sus ideas no se desarrollaron con el rigor de una teoría científica y permanecieron como audaces especulaciones" (p. 416).

    Tercera parte: Edad contemporánea. José Manuel Sánchez Ron. 

    Repasa los siglos XIX y XX. Esta parte es la que más me ha gustado, porque es donde la ciencia toma el protagonismo absoluto y despega, convirtiéndose en una herramienta fundamental para el desarrollo de la humanidad.

    Darwin es uno de las principales personas en el desarrollo de la ciencia, de hecho "la razón por la que pasaron tantos años hasta la escritura y publicación de Sobre el origen de las especies es que el exigente espíritu de Darwin no se conformaba con algunos indicios, por muy claros que éstos pareciesen. Deseaba estar seguro, y así se convirtió en un infatigable, casi obseso, buscador de hechos, de detalles, que completasen el gran rompecabezas que quería componer: nada más y nada menos que la historia natural de la vida sobre la Tierra" (p. 439). Un científico.

    Durante el siglo XIX la medicina dio un paso clave, "fue entonces cuando esa disciplina varias veces milenaria, que muchos califican de 'arte', se hizo verdaderamente 'científica'. y lo hizo sobre todo a través de una de sus ramas: la fisiología" (p. 457).

    Incluso en la épocas más recientes separar cada una de las disciplinas es complejo y "aunque nos empeñemos en introducir divisiones, existe una unidad intrínseca en la historia de la ciencia sin la cual difícilmente podremos comprender sus aspectos más interesantes" (p. 461).

    Además de todos los desarrollos en las ciencias biomédicas, "la medicina del siglo XIX no debe ser recordada únicamente por este tipos de desarrollos  Es imprescindible también rememorarla por los logros realizados en la mejora de la salud pública. muchos de tales logros se debieron a reformas en las condiciones de vida (como el control de la calidad del agua y los alimentos, sistemas de alcantarillado o limpieza de letrinas, calles y acequias). Sin embargo, otros, extremadamente importantes, se produjeron dentro de la propia medicina, pero de una 'medicina no tan científica' como propugnaba Claude Bernard, podríamos decir. Avances como los llevados a cabo por el dentista estadounidense Horace Wells (1815-1848), que en diciembre de 1844 utilizó éter, esto es, óxido nitroso (entonces denominado 'gas hilarante', por los efectos estimulantes que producía), como anestésico para extraer él mismo una de sus muelas; por John Collins Warren (1778-1856), quien, ayudado como anestesista por el dentista William Thomas Morton (1819-1868), el 6 de octubre de 1846, en el Hospital General de Massachusetts de Boston, realizó la primera operación con éter, tras la cual pronunció una frase célebre: 'Señores, esto no es superchería'; por James Young Simpson (1811-1870), que el 19 de enero de 1847 utilizó, en Edimburgo, por primera vez cloroformo para aliviar los dolores de un parto; o por Ignaz Semmelweis (1818-1865), quien en 1848 descubrió una de las causas de la infección de las heridas en la sociedad de las manos de los médicos, introduciendo medidas antisépticas (como el lavado de manos)" (pp. 463-464).

    A lo largo de la historia de la humanidad ha habido inventos que han producido "una ruptura cualitativa del orden establecido". Esto se produjo con el invento del telégrafo y la unión mediante un cable de Europa y América, "Políticos, militares, hombres de negocios, toda la sociedad, en definitiva, tuvieron que aprender nuevos modos de comportamiento. Cambió el mundo, el mundo de la política, el mundo de los negocios y de las relaciones internacionales" (p. 492).

    Otro de los fracasos de los regímenes comunistas "está (en) el escaso atractivo que el sistema económico-industrial-científico soviético tuvo para científicos de otras naciones. Para decirlo de otra forma: mientras que Estados Unidos se benefició (y continúa beneficiándose) de la fuga de cerebros de un gran número de naciones, no sucedió lo mismo en la unión Soviética" (p. 541).

    Para ver en perspectiva la evolución de los computadores veamos como era uno de los primeros: "17 000 tubos electrónicos, unidos por miles de cables, pesaba 30 toneladas y consumía 174 kilovatios  (p. 544). La llegada de los transistores y circuitos integrados revoluciono este campo.


    El libro es muchísimo más de lo que he expuesto y comentado en esta entrada, no dejen de leerlo si les interesa como el ser humano ha ido acumulando conocimiento para desarrollar esa herramienta llamada ciencia.


    Titulo: Historia de la ciencia.
    Autores: Javier Ordóñez, Víctor Navarro y José Manuel Sánchez Ron.
    Editorial: Espasa Calpe (colección austral).
    Fecha: 2003.
    Páginas: 639.

    ISBN: 8467016698.