Mostrando entradas con la etiqueta Comunismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Comunismo. Mostrar todas las entradas

Maldad y enfermedad

De esta entrevista con Benjamin Ferencz, fiscal de los Juicios de Nuremberg, destaco estas dos respuestas:
Cuenta en sus memorias que se acusó a 24 oficiales de las SS porque en el banquillo no había espacio para más personas. ¿La justicia es siempre así de imperfecta? 
Seleccioné a los acusados por su rango y su inteligencia. Tenían todos una carrera o un doctorado. Así nadie podría decir que eran unos salvajes. Eran personas educadas e inteligentes. Creían que lo que hacían estaba bien y murieron pensando que actuaron correctamente. Nunca mostraron arrepentimiento. Eso fue una enorme decepción para mí. Hubo que esperar a que esa generación desapareciera para que la nueva dijera: "Lo siento".
Es evidente que la inteligencia no está reñida con la maldad, y es desolador comprobar como esas personas ni se arrepintieron ni pensaron que actuaron incorrectamente. De hecho habría que preguntarse si estaban enfermas y sufrían de algún tipo de psicopatía, y si sus odios e ideas preconcebidas les llevaron a un grado de abstracción tal que veían a los judíos como una cosa en lugar de como personas.
De los 24 generales juzgados, 14 de ellos fueron condenados a morir ahorcados. ¿La pena de muerte no es contradictoria con la justicia? 
No. Aquellos oficiales eran responsables de la muerte de miles de personas. Aunque me lo planteé, yo no pedí la pena de muerte. Pero, ¿qué conseguiría el mundo con ello? Lo que les pasara a los acusados era insignificante. Que acabaran en la cárcel o muertos no era lo importante para mí. Lo importante eran los principios.
Me opongo a la pena de muerte por dos razones, una es que no creo que nadie tenga derecho a quitar una vida y la otra es que pienso que habría que estudiar a esas personas para intentar descubrir el porqué de sus comportamientos. Pero es evidente que estos hombres se ganaron a pulso esa pena.

Siempre que pienso en los millones de muertos que los nazis y los comunistas, hermanos de sangre, han provocado la desazón es enorme. ¿Cómo se pueden corromper las personas de tal manera que basen sus sistemas en la aniquilación sistemática de otras personas?

Comunismo

Al hilo de la discusión de Alberto Montaner con Haroldo Dilla, me pregunto cómo hay gente con dos dedos de frente que pueda defender el comunismo. Aunque todo se haga dentro de un marco teórico, la realidad es que el comunismo sólo ha traído muerte, destrucción, pobreza y sufrimiento, entre otras muchas cosas deplorables.

Da pena escuchar a muchas personas decir que se perdió el equilibrio cuando cayó el muro de Berlín. O atacar a las democracias en las que pueden expresarse libremente y disfrutar de una vida cómoda, Reinaldo Arenas se lo recordaba aquí.

Supongo que las ideas simples y utópicas del comunismo son más fáciles de entender y hacen pensar en un supuesto mundo más feliz y fácil. Aunque la realidad es muy distinta, solo hace falta ver los ejemplos de Corea del Norte y Cuba.

Cometarios de Juan Abreu sobre Mao: la historia desconocida

Emanaciones.


Leo una biografía de Mao. Por donde voy ya Mao tiene treinta años y acaba de descubrir el vértigo del crimen. Hasta ahora ha sido un lidercillo de provincias, vago y segundón, que siente un gran desprecio por los campesinos. Ha vivido del dinero de su familia y de Moscú y hecho muy poco por la causa del proletariado mundial. Prefiere comer y leer y escribir algún poema ocasional. Pero todo eso cambia con la experiencia de la violencia. “Matar a golpes a una o dos personas es poca cosa”, dice. E instruye a sus pupilos. Si las víctimas se ponen tercas: “Hay que seccionarles los tendones del tobillo y cortarles las orejas”.

Padece estreñimiento y vive obsesionado con la defecación.


Aparece Chiang Kai-shek, un militar que al principio es aliado de los comunistas pero al que le basta (un tipo sensato sin duda) un viaje a la Unión Soviética para comprender que tiene que deshacerse de los comunistas. El 12 de abril de 1927 emite una orden de arresto contra los comunistas. Sus tropas asaltan todos los bastiones comunistas en Shanghai y abren fuego contra los que ofrecen resistencia. Matan alrededor de trescientos comunistas. Muy pocos a todas luces.

Pero el gran error de Chiang Kai-shek fue no matar a Mao. Tenía que haberse concentrado exclusivamente en matar a Mao. No existía nada más importante. Es lo único que tendría que haber hecho: matar a Mao. En Cuba pasó lo mismo. Batista, por sobre todas las cosas, tenía que haber matado a Fidel Castro. Eso lo hubiera convertido en el gran benefactor de Cuba. Pero no lo hizo. Una verdadera lástima.

Mao, mientras Chiang Kai-shek consolida su poder al frente de los nacionalistas, ha conseguido hacerse con un pequeño ejército de bandoleros. Se dedica a saquear y asesinar. Sólo ha participado en una batalla, de lejos, a través de unos prismáticos. Los soviéticos, que desconfian de él, comienzan a apoyarlo pues aprecian su falta de escrúpulos. Cada vez que Mao y sus bandoleros llegan a un pueblo o a una pequeña ciudad, saquean lo que pueden y asesinan a los “burgueses” en la plaza pública después de someterlos a variadas torturas. Mao, generalmente, se instala en la casa de alguno de los “burgueses” que ha matado. A Mao le gusta el lujo y la comodidad. Bebe mucha leche y todos los días consume un kilo de ternera cocida y un pollo entero.

“Puedo comer y cagar mucho”, dice.


Entre los años 1929 y 1931 Mao se mantuvo alejado de los combates y se concentró en purgar de posibles adversarios a su ejército. Mediante estas purgas aumentó su control sobre un número considerable de bandoleros.

Varios líderes rojos se rebelaron contra Mao. ¡Dadnos una vida tranquila y un trabajo pacífico! Clamaban los campesinos. La respuesta de Mao fue asesinar a miles de campesinos e imponer un régimen de terror en los territorios bajo su control. Mao y sus bandidos no se limitaban a matar, una de sus torturas favoritas se aplicaba a las mujeres: “les quemaban particularmente la vagina y les cortaban los senos con puñales”.

Según un informe secreto remitido a la jefatura comunista, en la zona de Jiangxi, completamente saqueada por Mao, “se interrumpieron todos los trabajos para matar. Todos vivían con miedo. Las torturas más espantosas eran generalizadas”. Las había de muchas clases. Una de ellas consistía en meter el cañón al rojo de una pistola por el ano de las víctimas. Sólo en el condado Victoria había ciento veinte tipos de tortura. En una de ellas, bautizada como “ángel tocando la cítara”, los torturadores metían un alambre por el pene de la víctima.

En total, siempre según el informe aludido, murieron en Jiangxi decenas de miles de personas, sólo en el ejército fueron purgados alrededor de diez mil soldados, una cuarta parte del propio ejército de Mao en aquellas fechas.

Estas purgas y matanzas pueden considerarse el momento fundacional del maoísmo.


No es verdad que el comunista Mao quisiera mejorar la vida de los chinos. No es verdad que las ideas de los comunistas rusos y chinos fueran “en el fondo” buenas. Consistían fundamentalmente en esclavizar a medio planeta.

Dejo el libro y pienso en lo estupendo que sería que existiera el Infierno para en cuanto llegue allí irme corriendo a buscar a Sartre y darle una patada en el culo.

Comentario 5:



Sigo vadeando el montón de sangre y mierda de Mao. Ya casi tiene cuarenta años y no es nadie. No se ve por ningún sitio al Gran Timonel que produjo tantos cosquilleos anales a la izquierda europea.

Mientras aparece, se crea un Estado Rojo, al sudoeste de Jiangxi. Se sovietiza la vida y el paisaje. Se talan árboles se construyen plazas de mártires y se convocan concentraciones. Se inaugura un gigantesco monumento en forma de bala gigante. Los cabecillas del Estado Rojo viven en la mansión de la persona más rica de la ciudad, previamente aniquilada. Mao ni siquiera es responsable de la operación, ha llegado Zhou Enlai, un hombre de Moscú, que está al mando. “En cada aldea se fundan decenas de comités: comité de reclutamiento, comité de la tierra, comité de confiscación, comité de registro, comité de toque de queda, entre otros. A partir de los seis años se recluta a los niños para el Cuerpo de Niños. A los quince pasan a la Brigada de Juventudes. Todos los adultos van a parar al Ejército de Defensa”.

Zhou Enlai profesionaliza el crimen. Los asesinos al servicio de Mao “eran cínicos y corruptos y buscaban, ante todo, el beneficio personal”. Ahora se emplea a profesionales entrenados por los soviéticos. Mao queda fascinado con esta maquinaria implacable y más tarde, la impondrá en toda China.

Apenas instaurado, se hizo patente que el nuevo Estado Rojo no podía sobrevivir sin matanzas continuas. “El bienestar de los ciudadanos nunca formó parte del programa político”.

Páginas después me entero de que “el mito Mao”, lo creó un norteamericano: Edgar Snow, un periodista. Siempre hay un periodista norteamericano idiota o hijo de puta o ambas cosas (como Herbert Matthews) cuando un asesino lo necesita.

Como es lógico, muchos de los habitantes del nuevo Estado Rojo, optaron por el suicidio. Inmediatamente Mao desplegó la siguiente consigna: “Los suicidas son los elementos más vergonzantes de las filas revolucionarias”.

Comentario 6:



Ya he pasado los capítulos dedicados a la famosa Larga Marcha de la Revolución China. Resulta que La Larga Marcha a fin de cuentas no es más que un cuento inventado por Mao y los comunistas. Mao se pasó la Larga Marcha en un palanquín cargado por esclavos, jóvenes camaradas, quiero decir. Jamás estuvo en peligro y la cantada batalla en el puente sobre el río Dadu nunca tuvo lugar. Yo mismo he visto películas pavorosas en la isla pavorosa que narraban con lujo de detalles el heroísmo de los rojos chinos y de Mao en esa batalla pero todo es mentira no hubo tal batalla. Sólo hubo un asesino gordo en su palanquín a lomos de jóvenes esclavizados e ideológicamente imbecilizados. Eso fue la legendaria Larga Marcha de Mao.

Me leo otras cien páginas de matanzas, torturas y planificadas hambrunas comunistas. Los mataron a palos. Las jóvenes eran ofrecidas como putas del Partido a los jerarcas comunistas chinos y a los asesores soviéticos. Los mataron de hambre. Los mataron de terror. Estamos hablando de millones de personas. Y todavía no ha llegado al poder Mao.

Y aquí hago un alto para pedirles un favor. Si alguien dice cualquier cosa buena de Mao o de los comunistas chinos o de la Revolución China, o de los comunistas en general, denle un par de bofetadas. Es lo que se merece. Hay que carecer de cualquier tipo de decencia para celebrar a Mao o decir cualquier cosa positiva de semejante asesino y su llamada Revolución. Dos bofetadas. Y si es posible ya que estamos en eso también una patada en el culo.


Cuando Mao por fin tomó el poder gracias a la ayuda norteamericana, soviética y a las estupideces de Chiang Kai-shek, se puso sin demora a la tarea de convertir a toda China en una gran zona roja. Es decir en un gran campo de concentración. Cientos de asesores soviéticos viajaron a China. Las matanzas se hicieron comunes e institucionalizadas. Mao, personalmente, reprendía a los cuadros del partido en las provincias por “ser muy blandos y no matar bastante”. Cuando las provincias elevaban las tasas de ejecuciones, Mao se sentía “muy complacido”.

El 30 de marzo de 1951, Mao ordenó: “En muchos lugares no se atreven a matar contrarrevolucionarios a gran escala y con amplia difusión publicitaria. Esta situación debe cambiar”. Sólo en Pekín se celebraron 30.000 mítines con condenas y ejecuciones a los que asistieron 3,4 millones de personas.

“Mao quería que la población, tanto los adultos como los niños, fueran testigos de la violencia y las muertes, con el propósito de aterrorizarla e insensibilizarla, para lo cual llegaría mucho más lejos que Stalin o Hitler, cuyos crímenes más repugnantes se llevaron a cabo en su mayor parte lejos de la vista del público”.

La cantidad de suicidios igualaba, según los investigadores, la de ejecutados. Los chinos se suicidaban por cualquier medio para escapar del régimen del gran Mao, por ejemplo, “muchos metían la cabeza en una trituradora de grano”.

En 1970, Mao se describió a sí mismo ante el imbécil (o el hijo de puta, cómo saberlo) de Edgar Snow, como “un hombre sin ley ni límites”.

Esto se tradujo al inglés como “Mao, el “monje solitario”.


Mao no tuvo necesidad de robar el dinero del Estado chino, como han hecho la mayoría de los dictadores, sencillamente consideraba el dinero del Estado como suyo. Era infinitamente mejor. Mao apreciaba la buena vida y no se privaba de ningún capricho. Le gustaban las casas de campo. Durante sus veintisiete años de mandato acumuló cincuenta casas de campo, de las cuales cinco se hallaban en Pekín. Estas casas de campo se levantaban en lugares de gran belleza. A veces ocupaban montañas enteras, que se acordonaban para uso exclusivo de Mao. Todas estaban construidas a prueba de balas y algunas de ellas disponían de refugios nucleares, excavados a gran profundidad. Tenían grandes puertas de acero y el coche de Mao podía entrar directamente al salón. También el tren particular de Mao llegaba hasta el interior de estas casas de campo. En muchos casos se construyó un túnel subterráneo que recorría toda la distancia entre el aeropuerto más cercano y la casa de campo de Mao. Cuando Mao volaba en su avión, todos los aviones en el espacio aéreo de China tenían que aterrizar.

Mao era un gourmet. Se hacía traer su comida favorita desde cualquier punto del país. Un pescado especial que le gustaba tenía que ser enviado vivo desde Wuhan, a mil kilómetros de distancia, en una bolsa de plástico con agua que debía mantenerse oxigenada permanentemente. Las verduras de su gusto, así como la leche y las aves de corral, se producían en una granja especial llamada Jushan.

A Mao no le gustaba darse baños ni ducharse. Pasó un cuarto de siglo sin cuarto de baño. Su higiene se limitaba a ser frotado por sus sirvientes con toallas tibias. Tampoco se cepillaba los dientes.

Mao disponía de un ejército de esclavas sexuales reclutadas entre las jóvenes camaradas a lo largo y ancho del país. Aparte de cantantes, bailarinas, animadoras del Partido y doncellas de sus casas de campo, Mao también apreciaba a las enfermeras. A veces, a cambio de los servicios sexuales de sus hijas, la familia de las esclavas recibía alguna pequeña cantidad de dinero.

Este dinero provenía de la llamada Cuenta Especial de Mao. En ella guardaba el dinero de los royalties de sus escritos. Al margen de todos sus privilegios y de ser dueño de todo el dinero del Estado, Mao también tenía acaparado el mercado editorial, al tiempo que prohibía la obra de la gran mayoría de los escritores chinos. Toda la población estaba obligada a comprar las obras de Mao. La Cuenta Especial de Mao llegó a acumular una cifra astronómica para la época.

Mao fue el único millonario que generó la China de Mao.
Comentario 9:
Llego a la Guerra de Corea. Mao quiere la guerra porque así se asegurará la ayuda de Stalin para crear una infraestructura bélica que convierta a China en una gran potencia militar. Para Stalin “el principal aliciente de esta guerra era que los chinos, con sus inmensos efectivos militares, que Mao se mostraba impaciente por utilizar, podían ser capaces de eliminar, o en cualquier caso mantener ocupados, a un número tal de soldados estadounidenses que el equilibrio de poder podía inclinarse a favor de Stalin y permitirle hacer realidad sus planes, que incluían apoderarse de varios países europeos, entre ellos Alemania, España e Italia.”

Hubo un momento, en que Stalin consideró la posibilidad de atacar desde el aire a la flota estadounidense que se encontraba en alta mar, en septiembre de 1950. En octubre, Stalin le comenta a Mao que “la coyuntura constituía una oportunidad única (y fugaz), dado que dos de los países capitalistas más importantes, Alemania y Japón, estaban militarmente fuera de circulación.”

Mientras debatían sobre la posibilidad de desatar la Tercera Guerra Mundial, Stalin reflexionó: “¿Deberíamos temerla? En mi opinión, no… Si es inevitable que haya una guerra, librémosla ahora y no dentro de unos cuantos años”.

Voy leyendo como estos dos asesinos comunistas ( Kim Il Sung no es más que un títere) arman la trama cuyo objetivo es convertir la mayor parte del planeta en un enorme campo de concentración. 

Y entonces, se produce un momento de gran belleza y magnífico esplendor humano e histórico. El momento en que lo único que se interpone en el camino del esclavismo comunista mundial son los soldados de Estados Unidos de América que desembarcan en Inchon, justo por debajo del paralelo 38, cortando el paso al ejército norcoreano y al ejército chino.

Detengo la lectura y dedico un emocionado momento a recordar y agradecer a esos muchachos que combatieron y murieron en defensa de nuestra libertad.

Y después de esto naturalmente me produce un desprecio aún mayor el antiamericanismo español.

Comentario 10:


Mao se pasó la Guerra de Corea en un búnker subterráneo por miedo a que los norteamericanos lo bombardearan. Cosa que deberían haber hecho, en mi opinión. (Ya lo he dicho otras veces pero lo repito con gusto: el magnicidio debería ser una asignatura obligatoria en todas las escuelas del mundo). Si los norteamericanos se hubieran concentrado en lanzar una enorme bomba sobre la cabeza de Mao, los chinos hubieran sido los primeros en agradecerlo.

Ya el ejército chino había perdido más de cien mil hombres. Pero Mao le decía a Stalin que no se preocupara que ya estaba enviando 200.000 soldados más. Los chinos combatían con la táctica de “oleadas humanas”, utilizando la única ventaja que tenían: la superioridad numérica. 

El actor Michael Caine, “que fue llamado a filas durante la guerra, por aquel entonces simpatizaba con el comunismo. Pero la experiencia hizo que lo aborreciera para siempre. Los soldados chinos cargaban en una oleada tras otra, con el fin de agotar las balas occidentales, lo que llevó al actor a pensar: si no les preocupan las vidas de su propio pueblo, ¿cómo puedo esperar que se preocupen por mí?”

Mao advirtió a su jefe militar: “No trates de buscar una victoria rápida”. Quería una guerra larga que permitiera desgastar las fuerzas norteamericanas y de esa forma hacer posible que Stalin invadiera Europa, que por cierto estaba llena en aquella época de intelectuales maoístas y comunistas que competían por ponerse al servicio de la esclavitud y competían entre ellos para ver quién era más estúpido y más comunista.
Habían muerto ya 37.000 soldados norteamericanos.


“El poder que Mao ejerce no es más dictatorial que el de Roosevelt”, eructó Simone de Beauvoir tras una breve vista a China. Acto seguido, se sentó y escribió un libro gordo titulado La larga marcha, y cobró una buena pasta por el bodrio. “Mao evita la violencia”, concluyó la Beauvoir en su bodrio bien pagado.

Por lo años en que la Beauvoir ¿idiota, canalla? soltaba estas sandeces, Mao mataba de hambre a veintisiete millones de personas. Bueno no a todas las mató de hambre, a muchos los mató a palos o los ejecutó. 

Para no ser menos que la Beauvoir, Sartre expelió lo siguiente: “la violencia revolucionaria de Mao es profundamente moral”. Mientras se paseaba por París agitando el Pequeño libro rojo de Mao. Un panfleto lleno de estupideces.

Gracias a gentuza como la Beauvoir y Sartre y gracias en general a un ejército de miserables de su calaña o semejantes, Mao consiguió ocultar a la opinión pública occidental el genocidio generalizado y la esclavitud del pueblo chino.

Cuando por fin algunos chinos pudieron denunciar las atrocidades de Mao, gracias a que habían arriesgado sus vidas escapando a nado a Hong Kong: ¡sus voces recibieron escaso crédito en occidente!

Supongo que en ese momento la Beauvoir estaría demasiado ocupada consiguiendo que sus alumnas se la chuparan a ella y a Sartre, como para prestar atención al asunto.

Comentario 12:



La famosa Revolución Cultural de Mao consistió en destruir gran parte de la milenaria cultura china y sustituirla por el Pequeño Libro Rojo lleno de idioteces de Mao. Y fue, sobre todo, una enorme purga. Los artistas, los intelectuales y hasta los maestros fueron perseguidos, internados en campos de concentración y en muchos casos aniquilados. Desaparecieron los libros excepto los libros de Mao y se prohibió la música, el cine y en general cualquier manifestación cultural. La posesión de un libro se convirtió en algo muy peligroso. Mao organizó a bandas de estudiantes para sembrar el terror en todo el país. Mao, personalmente, ordenó destruir la casa museo de Confusio. “Mao odiaba a Confusio porque el confusionismo sostenía que un gobernante debía cuidar de sus súbditos”. He aquí los lemas de la Guardia Roja, creada por Mao para llevar adelante sus planes: “A la mierda los sentimientos humanos” “Seremos brutales”.

Y lo fueron. Por poner un ejemplo, “la directora de un colegio, una mujer de cincuenta años y madre de cuatro hijos, fue pateada y pisoteada por las chicas (la Guardia Roja de Mao), que además le echaron encima agua hirviendo. También le ordenaron que caminara de un lado a otro cargada de pesados ladrillos, azotándola con cinturones del ejército de hebilla metálica y palos de madera tachonados con clavos, mientras caminaba dando tropezones. No tardó en desplomarse y morir”. Escenas como estas se sucedían en todas las ciudades del país.

Un dato para los rojos culosgordos que me encuentro a cada rato: “en 1960 las amas de casa de las ciudades chinas consumían menos de 1200 calorías diarias. Los presos de los campos de concentración de Auschwitz ingerían entre 1300 y 1700 calorías diarias”. Y no es que no hicieran nada las mujeres chinas, se les obligaba a trabajar once horas cada día.

Después de todo esto y en medio de todo esto, Kissinger y Nixon viajaron a China. Allí Mao los humilló, según testigos presenciales, a pesar de que Nixon ya había hecho regalos muy valiosos a Mao para que este accediera a invitarlo a China. Nixon estaba dispuesto a hacer casi cualquier cosa “de cara a sus propios fines electorales”. Entre estos regalos, estaba un escaño con derecho a veto en la ONU, que le fue arrebatado a Taiwan. Y aún hubo más, en una conversación con Zhou Enlai, Kissinger dio a entender (según grabaciones salidas más tarde a la luz) que renunciarían a defender Taiwan y se lo entregarían a China.

Kissinger describió a Mao y sus asesinos como “un grupo de monjes que han preservado su pureza revolucionaria”. “Pueden rivalizar con nosotros en el aspecto moral”. Añadió.

Mao no paraba de reírse y había recuperado el ánimo, bastante decaído a causa de la edad y la mala salud. No paraba de reírse de la imbecilidad de los norteamericanos y del mundo libre por haberle regalado (a cambio de nada) un escaño con derecho a veto en la ONU. Declaró: “Gran Bretaña, Francia, Holanda, Bélgica, Canada, Italia… todos se han convertido en Guardias Rojos”.

Y lo peor del caso es que no le faltaba razón.

Comentario 13:



No crean ustedes que Mao reventó fácilmente. Estuvo reventando largo rato. Antes de reventar del todo tuvo tiempo de retrasar, hasta que no tuvo remedio, la operación para extirpar un cáncer a su colaborador y esclavo de toda la vida Zhou Enlai. Mao no resistía la idea de que Zhou lo sobreviviera. Zhou Enlai, un asesino siniestro y servil que siempre fue fiel a Mao, andaba orinando sangre y rogando a Mao que permitiera su operación, pero Mao se negó hasta que estuvo seguro de que su fiel colaborador moriría antes que él. 

También tuvo tiempo Mao, ya en las últimas, de pactar con Deng Xiaoping, a quien había purgado en 1966 y más tarde rehabilitado, para que se culpara y se castigara a su mujer, la siniestra Madame Mao, por cualquier “error” léase crímenes y matanzas de los comunistas. Todo a cambio de que lo dejaran morir en la cama, y en el poder, tranquilamente.

Al final de su vida, Mao se convirtió en un viejo llorón que sentía lástima de sí mismo y se lamentaba de haber fracasado en su plan de esclavizar el mundo en nombre del comunismo. Le importaba un bledo “que las cifra de muertes resultantes de su mal gobierno superaran con mucho los 70 millones de personas (en tiempos de paz).”

“La autocompasión, a la que siempre había sido propenso, fue la emoción que dominó al absolutamente inmisericorde Mao en sus últimos días”.

Pasados diez minutos de la medianoche del 8 de septiembre de 1976, murió Mao. Sus últimas palabras fueron: “Me siento mal. Llama a los doctores”. Los doctores acudieron pero afortunadamente no pudieron hacer nada y Mao al fin reventó.

“En la actualidad, el retrato de Mao y su cadáver siguen presidiendo la plaza de Tiananmen, situada en el centro de la capital china. El régimen comunista actual se declara heredero de Mao y se esfuerza afanosamente por perpetuar su mito”.

Antigua propaganda antiliberal, por Carlos Rodríguez Braun

Expansión.


La editorial sevillana Alfar reunió hace poco en un mismo volumen dos breves e interesantes clásicos del antiliberalismo: "El mercado", que el autor socialista estadounidense Edward Bellamy publicó en 1897, y "Miseria de los zapatos", del mucho más célebre escritor británico H. G. Wells, que apareció en 1907.
"El mercado" es una parábola engañosa desde el principio: los malos son los que tienen, que subordinan a los que no tienen, la vieja patraña de que propiedad equivale a dominación. El intercambio solo existe como una suma cero. A partir de ahí, todo es coser y cantar, claro. Entre acusaciones a la ciencia lúgubre (e incluso una alusión a Jevons con las manchas solares), se suceden las caricaturas de los infames capitalistas, el odio a la caridad, y la asociación entre capitalismo y esclavitud, precisamente abolida bajo el capitalismo. El socialismo es un paraíso igualitario: el fruto del trabajo "lo repartiréis como hermanos, recibiendo cada uno lo mismo". El poder será electo y abnegado, y los políticos no serán amos crueles como los empresarios, "sino nuestros hermanos y nuestros mandatarios para hacer nuestra voluntad". Y no serán usurpadores sino modestos cooperativistas: "No se quedarán con los beneficios, sino que recibirán su parte como los demás". En fin, al menos estos hombres escribieron antes de que el socialismo mostrara en la realidad que es empobrecedor y criminal. Muchos, en cambio, escribieron después, y lo ignoraron.
El relato de H. G. Wells es más sutil. Apela al engaño de la educación y a la culpa de las personas porque otros están peor (Adam Smith desmontó esta hipocresía en "La teoría de los sentimientos morales"). Hay pobreza por culpa de "un mundo mal gobernado… mal repartido". No reclama la absurda igualdad absoluta sino una mejoría de los pobres. El obstáculo ante una meta tan inobjetable, como siempre, estriba en la propiedad privada y los beneficios de unos empresarios codiciosos que no se conforman con cobrar "un simple salario". La culpa es de una minoría de propietarios "parásitos… sanguijuelas", que son la "única causa" de la miseria, y su raíz es el lucro de los ricos, a los que hay que subir los impuestos. Vamos, parece el último libro de Stiglitz.
¿La solución? "Que el Estado tome el suelo, los ferrocarriles, los barcos y otras muchas empresas a sus empresarios que no las usan más que para usurpar al pueblo para sus estériles gastos privados, y deberían por el contrario administrar estas cosas generosa y esforzadamente, no para la ganancia sino para el servicio".
Los izquierdistas no ocultaban entonces su elitismo y desprecio hacia los trabajadores, y Wells dice: "lo que me parece un obstáculo grande para el socialismo es la ignorancia, la falta de valor, la estúpida falta de imaginación de la gente pobre, demasiado tímida y demasiado vergonzosa y torpe, para considerar algún cambio que les salve".

Morir por cuenta ajena por Leonardo Calvo Cardenas

Cubanet.

Cuentapropistas en plena faena- Foto de Leonardo Calvo
Cuentapropistas en plena faena- Foto de Leonardo Calvo
LA HABANA, Cuba, septiembre, www.cubanet.org -Durante muchos años el gobierno cubano monopolizó con hegemonía exclusiva la economía nacional llevándola, de la mano de su vocación y necesidad de control total, al insondable abismo de la ineficiencia y la degradación. Ahora, en medio de una crisis insoluble en los marcos del fracasado modelo, los destructores de la economía nacional pretenden pasar a los ciudadanos la responsabilidad de recomponer, en muy difíciles condiciones, las maltrechas relaciones económicas de la sociedad.
La revolución liquidó toda la empresa privada, los grandes productores y comerciantes, los pequeños y medianos empresarios  -que habían construido un patrimonio a base de talento y sacrificio- y los que ejercían de forma individual los más variados y sencillos oficios y servicios, muchos de los cuales habían participado y ayudado a la revolución, fueron despojados a favor del estatismo voluntarista que agotó las potencialidades productivas del país y transformó a una  economía eficiente y de balance favorable en una economía parásita, siempre pendiente y dependiente del socio ideológico y benefactor de turno, sea la extinta Unión Soviética o la convulsa Venezuela de Hugo Chávez.
Después de agotar todas las capacidades económicas de la nación hasta dejarnos en la más plena desolación e indigencia, una de las soluciones espectaculares del gobierno cubano para enfrentar el desastre de su modelo económico y sobre todo mantener su poder, ha resultado ampliar las posibilidades legales y jurídicas para la pequeña empresa familiar conocida como trabajo por cuenta propia.
El estado paternalista y controlador, cuya ineficiente gestión ha destruido incluso los renglones tradicionales de la economía nacional, ahora re dimensiona lo que denomina sector no estatal de la economía, regulando rigurosamente el ejercicio independiente de casi dos centenares de oficios y actividades comerciales destinados a cubrir los vacios dejados por la desastrosa gestión gubernamental que ha descapitalizado al país y forzado el desamparo de cientos de miles de trabajadores que ya no pueden ser asimilados por las infladas plantillas laborales oficiales.
Cuentapropista en plena faena 3- Foto de Leonardo Calvo
Cuentapropista en plena faena 3- Foto de Leonardo Calvo
Así la capacidad emprendedora del cubano y la necesidad de ver recompensado el talento y el esfuerzo ha llevado a muchos compatriotas a correr la aventura del trabajo por cuenta propia, lo que constituye un reto enorme por las difíciles condiciones en que debe desarrollarse el complejo empeño.
Los nuevos “empresarios” deben enfrentar su gestión en medio de una crítica realidad económica matizada por el bajo poder adquisitivo de los ciudadanos, la escasez y carestía de las materias primas e insumos, que deben comprar al detalle dada la inexistencia de mercado mayorista, lo cual aumenta los costos y disminuye las ganancias. Los altos impuestos y gravámenes se unen a la corrupta expoliación de los insaciables inspectors, para constituir un permanente dolor de cabeza para los trabajadores por cuenta propia
En esta nueva etapa se han eliminado algunas restricciones como la limitación del número de sillas en los restaurantes privados y la posibilidad de contratar fuerza de trabajo, pero imponen otras prohibiciones absurdas e increíbles como la que no permite a los vendedores ambulantes detenerse en la vía publica u ofertar sus productos en lugares de concentración de personas.
Por otra parte, en lugar de premiar a los nuevos empresarios que garantizan empleos a los trabajadores desahuciados por el estado, estos son castigados con nuevas imposiciones: el empleado debe acreditarse y pagar como si fuera un empresario más, en el colmo de la depredación confiscatoria el cuentapropista debe pagar por el empleado y este por sí mismo.
Revisar la lista de oficios y actividades autorizadas mueve al asombro y la sorpresa, ya que son reguladas figuras como el desmochador de palmas, forrador de botones, cuidador de baños públicos, cuidador de enfermos, empleadas domésticas o recolector de materias primas, por solo citar algunos, quienes deben pagar licencia, impuestos mensuales, declaración jurada anual y seguridad social.
Cuentapropista en plena labor- Foto de Leonardo Calvo
Cuentapropista en plena labor- Foto de Leonardo Calvo
El nuevo ordenamiento laboral trae también proyecciones preocupantes. Por imperativos de imagen y necesidad de control y adoctrinamiento ideológico, las autoridades cubanas se niegan rotundamente a abrir el espacio a formas no estatales de gestión educacional, un sector que sufre traumáticas carencias y deficiencias y que a todas luces el estado no puede sostener con la debida calidad. Las escuelas religiosas o privadas, de las que el gobierno no quiere oír hablar, serían supervisadas y guiadas, como en otras partes, metodológica, disciplinaria y docentemente por el ministerio de educación. Sin embargo cuando los maestros particulares, autorizados a complementar con sus repasos la deficiente instrucción recibida por nuestros hijos, cierran sus puertas ¿cómo pueden saber las autoridades lo que enseñan a sus alumnos?
Con tal valoración no pongo en duda la honestidad y profesionalismo de los docentes que refuerzan un proceso educacional, que por cierto ya no es gratuito, para quienes pueden pagar sus servicios, solo quiero llamar la atención sobre la interesada atrofia estructural impuesta desde el poder.
Otra figura es el llamado Gestor de viajero, lo cual significa dar licencia a esos muchachos que actúan como guías y acompañantes independientes de los turistas extranjeros, a quienes las autoridades han perseguido y acosado durante mucho tiempo. Calificados como “jineteros” y represaliados bajo la absurda figura de “asedio al turista”,  han visto como primero se penalizan y luego se gravan las relaciones humanas. Con este caso pasamos de la represión más arbitraria a una autorización que puede amparar la comisión de una amplia lista de delitos de grave implicación social.
También bajo la sombrilla de esta apertura se ha cobijado una extendida red de piratería usurpadora de la propiedad intelectual, con los muchos negocios de reproducción y venta de materiales audiovisuales, con lo cual el gobierno cubano otorga respaldo legal a una acción penada internacionalmente.
Así, entre arbitrariedades e inconsecuencias, transcurre el intento de las autoridades de convivir con el desenvolvimiento independiente de sus ciudadanos, algo que está en contra de su propia naturaleza y que de paso reafirma el más rotundo y nunca reconocido fracaso de su largo experimento de ingeniería social.
La frustración, el recelo y a impotencia es lo que lleva al gobierno cubano a agobiar a los cuentapropistas con impuestos confiscatorios y demenciales regulaciones, lo cual junto a las dificultades económicas ha obligado a muchos atrevidos emprendedores a abandonar esta dura carrera por la realización personal. A nuestro paso por las calles de la capital podemos apreciar cuantos de los nuevos negocios han tenido que cerrar ante el empuje de las presiones y carencias cotidianas. Durante mucho tiempo la fila para cancelar las licencias ha sido más larga que la destinada a obtener nuevos autorizos.
Junto a esos privilegiados que pueden al menos intentar soportar los rigores que impone su afán emprendedor se encuentra la gran masa de cubanos que sobrevive sin horizontes y esperanzas ante la indolencia e insensibilidad de un gobierno que parece obligar a todos los cubanos a pagar una licencia para morir, para al final del año fiscal preguntarnos por qué todavía continuamos vivos.

La gran desigualdad por Carlos Rodríguez Braun

Libertad Digital.


Por recomendación de José Carlos Díez leo en La Vanguardia el texto"Alemania en la Gran Desigualdad", de Rafael Poch, corresponsal de La Vanguardia en Berlín. Es un buen compendio de aspectos ampliamente compartidos del pensamiento único. Nada fascina más a la corrección política como que haya tanto porcentaje de la humanidad con tan poco porcentaje de la renta total, y viceversa. Sospecho que es porque así muchos progres pueden jugar a buenos Procustos, mientras que si se tratara de la enorme desigualdad en talento o belleza sería más complicado. Y desde luego lo que jamás les preocupa es la desigualdad entre el poder y sus súbditos.
Otra idea popular es la antropomorfización del capital. La tesis progre, que recoge Poch con destreza, es ésta:
A partir de los años setenta el Capital perdió el miedo a los factores que perturbaban, y moderaban, su sueño histórico de dominio y beneficio sin concesiones ni fisuras. Es entonces cuando, aprovechando la primera crisis del petróleo de 1973, se comienza a desmontar el pacto social de posguerra en los países del capitalismo central, pacto que incluía una cierta socialización de la prosperidad, lo que a su vez contribuía a ampliar el consumo y a alimentar el crecimiento. A partir de políticos como Carter, Reagan y Thatcher, eso se sustituye por un enfoque dirigido al enriquecimiento exacerbado de una minoría oligárquica: el enriquecimiento de los más ricos a expensas de trabajadores y clases medias.
Esto no tiene fundamento. En cambio, lo que sí pasó a partir de esa época es un fenómeno que la corrección política evitar analizar, y sobre el que Poch pasa púdicamente por encima denominándolo "la alternativa"; los ciudadanos perdieron el miedo al gran sueño histórico de dominio político: el socialismo real. Eso fue lo que pasó, y se coronó en la caída del Muro de Berlín. A partir de entonces el pensamiento de izquierdas clamó alarmadísimo ante el poder del capital, cuando lo que estaba pasando era lo contrario: el poder político crecía y se extendía a expensas del capital, el ahorro y el trabajo del pueblo. A cambio, se enriquecían las oligarquías políticas (el peso del Estado en la economía alcanzó niveles inéditos) y los grupos de presión que a su socaire medran.
En vez de pensar en esto, Rafael Poch solo ve aterrado la posibilidad de que el poder político sea cuestionado también en el mundo no comunista, y entonces incurre en las fábulas usuales: "Liberada de sus límites políticos, y desregulada, la nueva economía dio a su vez lugar a una orgía de especulación y corrupción". Lógicamente, hay que agitar siempre la amenaza paranoide: "Todo eso pudo realizarse gracias a una agresiva campaña ideológica financiada por nuevas instituciones vinculadas a las grandes empresas que colonizaron el poder político e impusieron, en la academia, en los think tanks y en los medios de comunicación, el discurso del desmonte paulatino del Estado social, y del papel del Estado en general, en beneficio de la empresa privada (privatización). El resultado fue un asalto general a la regulación y un enorme incremento de la influencia empresarial en la política". Un completo disparate que elude la realidad constatable de que el Estado no perdió peso en ningún país del mundo.
El artículo tiene interés por la sistematización de fantasías que lo pueblan: desde la amabilidad de la intervención política hasta el cántico al gasto público, el bulo de que la crisis fue desencadenada por el sector privado, etc.

El tráfico, la religión, los móviles y otras curiosidades de Corea del Norte

Por Jordi Pérez Colomé.


Esta es la mítica carretera de ocho carriles entre Pyongyang y la costa oeste del país. También pasan pocos coches:


Pasan tan pocos vehículos que los trabajadores se permiten arrancar las hierbitas del centro de la calzada sin más precaución que el chaleco, y no siempre:


Los ciclistas -¿quizá profesionales?- norcoreanos entrenan por el centro de la autopista (diría que es para evitar los baches; el resto de bicicletas va por la acera):


La gente aprovecha la carretera para descansar:


O incluso para hacer un picnic:


Seguir leyendo en Obamaworld.

Cómo es la propaganda en Corea del Norte

por Jordi Pérez Colomé.


En once días en Corea del Norte solo vi media docena de anuncios. Todos eran de esta marca de coches:

20120829-122654 a.m..jpg

Es la marca Pyeonghwa (Paz), creada junto a una empresa de Corea del Sur que fabrica coches bajo licencia de Fiat y una empresa china. Así es su logo:

20120829-123944 a.m..jpg

Además de esos anuncios, en la calle había otro tipo de propaganda. En la mayoría de carteles salía el fundador y “presidente eterno” de Corea del Norte, Kim Il-sung. Aquí de joven:

20120829-124334 a.m..jpg

Aquí, de mayor:

20120829-124408 a.m..jpg

En otras salía acompañado:

20120829-124603 a.m..jpg

Seguir leyendo en Obamaworld.

Así es Corea del Norte en diez puntos

por Jordi Pérez Colomé


Acabo de salir de un viaje de 11 días por Corea del Norte. He estado varias noches en la capital, Pyongyang, y he visto otras cinco ciudades: Kaesong, Wonsan, Nampo, Haeju y Sariwon. Lo que he visto es limitado y confuso, por eso no haré de momento un ebook sobre el país, como ya hice conIrán. Debería especular demasiado. Corea del Norte es un agujero negro.

Sí que vi sin embargo suficientes cosas sorprendentes para unos cuantos posts. En los próximos días haré al menos otros tres más específicos con fotos y vídeos. Estas diez cosas son la introducción; las divido en dos posts para que no sean tan largos. Aquí van las cinco primeras.

1. Es una reserva natural política. Corea del Norte renunció al comunismo hace décadas a cambio de una filosofía propia, el Juche. Su tesis principal es la autosuficiencia. Pero la sociedad se parece aún mucho a lo que podría ser hoy una rígida sociedad comunista. Las granjas son colectivas, la comida y otros productos básicos están racionados, no hay paro y poca propiedad privada, las imágenes de los líderes están por todas partes.

Hay incluso detalles menores que calcan de los comunistas: los trabajadores de oficinas ayudan a los campesinos dos semanas durante la cosecha, los viernes tienen un día de trabajo social (en la foto docenas de amas de casa cuidan un parterre en Pyongyang), los sábados deben estudiar y los domingos descansan.

20120820-075316 p.m..jpg

En una charla con un diplomático ruso que llevaba casi tres años en Corea, me preguntó qué había ido a hacer allí: “Ver un país distinto”, le dije. “Es una reserva natural política”, me contestó. Es el último país de su especie. Los otros países que se declaran comunistas -China, Cuba, Vietnam y Laos- se han abierto en distintas medidas. Corea del Norte, no.

Seguir leyendo en Obamaworld. (Primera y segunda parte).

Los nietos de la revolución cubana

En español con subtítulos en inglés.

Cuba: Con el cuchillo hasta el cabo

por José Hugo Fernández.

LA HABANA, Cuba, julio, www.cubanet.org -El Cuchillo de Zanja, sitio donde renació para los cubanos la pequeña empresa privada, es por estos días una prueba, otra, irrefutable y lastimera, de esa insana magia de que se vale el régimen para hacer que fracase todo buen proyecto.
Hace apenas algo más de una década, este lugar, corazón del barrio chino habanero, volvió a ser punto de masiva convergencia para nuestra gente, a la vez que parada de rigor en todos los recorridos turísticos por la capital de la Isla.
La apertura de una docena de restaurantes de participación familiar, administrados por descendientes de los antiguos culíes que fundaron la zona, no sólo nos había devuelto aquellos exquisitos aromas y sabores casi olvidados de la cocina asiática y de la chino-cubana. También, y sobre todo, nos retrotrajo la eficiencia comercial, la extraordinaria laboriosidad y esa imbatible voluntad de empresa que es atributo de los chinos, y que, especialmente para nuestras nuevas generaciones, resultaba ya más que extraña, inconcebible.
El enclave no pudo ser mejor escogido. Justo a la entrada del Cuchillo de Zanja (también conocido como el Boulevard del Barrio Chino, o el Callejón del Cuchillo) existió la primera fonda de comidas baratas de Cuba, creada por Chang Leng, en el siglo XIX. Ningún otro sitio tan idóneo entonces para el renacimiento del pequeño comercio privado, que había sido suprimido entre nosotros, varias décadas atrás, por un absurdo y pernicioso decreto del gobierno.
Aquel proyecto representaba, además, un persuasivo ejemplo para fomentar la iniciativa particular de los cubanos como opción ante la crisis económica del país.
Los restaurantes no eran completamente privados, puesto que sus locales (antiguas casas de vivienda de las que se apropió el gobierno, gracias a la muerte o a la emigración de sus dueños) pertenecen a la Oficina del Historiador de la Ciudad. No obstante, al menos al principio, recibieron apoyo de parte del Grupo Promotor del Barrio Chino, entidad estatal encargada de prestarles atención directa, cobrándosela a precio de oro, pero con la imprescindible efectividad.
Y así funcionaron durante varios años, convertidos en una muy socorrida alternativa de recreación nocturna y de fines de semana para muchos habaneros. No había propuesta más tentadora para iniciar una relación de pareja, o para agasajar al pariente que vino de visita desde el exterior, o para celebrar cumpleaños y aniversarios, que una invitación al Cuchillo del Barrio Chino.
Tampoco hubo (no hay todavía) en La Habana otra muestra tan convincente de lo que es posible lograr, en unos pocos años, a través del trabajo por cuenta propia.
Pero pasó el tiempo. Sobrevino una nueva apertura para el establecimiento de pequeños negocios, y, con ella, la proliferación de restaurantes y cafeterías en todas las zonas céntricas. El Cuchillo de Zanja comenzaría entonces a perder terreno, debido a un grupo de inconvenientes y desventajas competitivas, detrás de los cuales parece asomar la fea jeta el monopolio expropiador de la Oficina del Historiador de la Ciudad, mediante su empresa turística Habaguanex.
Así, pues, este sitio, que hasta ayer de tarde fue emblema de la eficacia comercial, se sostiene ahora a duras penas, con peligro incluso de caer en la descomercialización.
De las trece familias de ascendencia china que, con modestos capitales de su propiedad, participaron en la apertura de los restaurantes, sólo quedan dos. El resto se vio precisado a renunciar, pasando sus administraciones a quienes se atreviesen a asumirlas, fueran o no de origen chino. Por cierto, el último traspaso, ocurrido hace poco, permaneció vacante durante largos meses sin que apareciera un aspirante. Una de estas familias fundadoras entregó sus derechos al Estado. Y a una de ellas se los retiraron por negarse a seguir pagando los abusivos impuestos de la Oficina Nacional de Administración Tributaria.
Precisamente en el sistema tributario radica una de las desventajas competitivas que hoy desangran a los administradores del Cuchillo de Zanja. Sus impuestos no sólo son muchísimo más altos que los de cualquier restaurante particular ubicado en otras zonas de La Habana, sino que deben ser pagados íntegramente con divisas, a diferencia de muchos otros establecimientos.
Como si fuera poco, también están obligados a pagar en divisas la electricidad, el agua, los suministros y, en fin, todos los servicios que les brinda el Estado, cuyas entidades gozan por ley de la máxima prioridad como sus proveedores. Ello, desde luego, les obliga a vender más caro, con la consecuente pérdida de la clientela.
¿Qué explica este trato particularmente oneroso para con el sitio que inició la pequeña empresa privada en Cuba, demostrando su factibilidad de un modo tan rotundo?
Los administradores del Cuchillo de Zanja, tanto en grupo como individualmente, han acudido a las diversas instancias para rogar atención, demostrando de todas las maneras posibles el tratamiento discriminatorio de que son víctimas. Pero es inútil. No pueden cambiar el orden de las cosas, porque al parecer las cosas han sido ordenadas de esa forma obedeciendo a un plan que persigue vencerlos por cansancio para que dejen vía libre al Estado.
Se asegura, incluso, que los directivos de Habanaguanex ya tienen preparado un diseño de explotación comercial para el momento en que el enclave pase totalmente a sus manos. Sólo están esperando ver caer a sus pies la fruta madura.
Mientras, los del Cuchillo de Zanja sobreviven a la buena de Dios. Ni siquiera pueden contar con la ayuda de la embajada china, pues a ésta le asiste únicamente la facultad de atender a un reducido grupo de restaurantes ubicados en las Sociedades Chinas de Instrucción y Recreo, cuyos inmuebles sí están comprendidos dentro de su jurisdicción diplomática. Pero el área del Cuchillo era de casas particulares que hoy pertenecen al gobierno, por mala ley.
Hasta hace poco, el único apoyo desinteresado y efectivo que recibían era del general Moisés Sio Wong, combatiente del Ejército Rebelde y hombre fuerte en el gobierno, que había sido hijo de un pequeño comerciante chino, por lo que se mostraba especialmente sensible ante ellos. Pero después del fallecimiento de Sio Wong, en febrero de 2010, sólo les han quedado, como recurrencia y abrigo, los espectros de los antiguos culíes que fundaron aquel sitio y que aún parecen vagar por allí, tan perplejos y desesperanzados como en sus peores épocas, con el cuchillo de la traición clavado en sus almas, una vez más, y hasta el cabo.

Bueno malo, malo bueno

por Leonardo Calvo Cardenas.

LA HABANA, Cuba, julio, www.cubanet.org -En los últimos tiempos el gobierno cubano, tal vez agobiado por la presión de sus carencias y fracasos económicos, ha emprendido un paulatino proceso de despenalización y autorización de acciones, accesos y transacciones por mucho tiempo prohibidos a los ciudadanos.
Hay acciones y comportamientos universalmente reconocidos como negativos y punibles por sus connotaciones y consecuencias, por esa razón matar, robar, estafar, traficar ilícitamente con mercancías, drogas, armas, personas, extorsionar, chantajear, difamar o falsificar constituyen acciones penalizadas en cualquier contexto o latitud.
Sin embargo lo que hace muchas décadas sucede en Cuba resulta algo muy diferente porque las autoridades de la Isla privan a los cubanos de los más elementales derechos y potestades  al establecer toda suerte de prohibiciones absurdas y violatorias del derecho ajeno, solo para mantener cerrada hegemonía y control absoluto sobre toda la sociedad.
Durante largo tiempo el solo hecho de poseer dinero norteamericano implicó considerables penas de cárcel para muchos cubanos, pero un buen día la divisa extranjera fue despenalizada, la economía nacional dolarizada y a partir de ese momento quien no tenga acceso a la moneda dura puede ser víctima de serias privaciones. En una suerte de bandazo extremo ahora el estado cubano vende en divisa incluso servicios y objetos de primera necesidad.
Es proverbial el desprecio de los gobernantes cubanos por el derecho de propiedad. El despojo de grandes, medianos y pequeños propietarios ha sido la divisa invariable de esta larga y traumática etapa de nuestra historia en la cual ha sido bien limitada la posibilidad de disponer libremente de los bienes legalmente adquiridos o registrados. Cabe recordar que contratos interpersonales como la donación estaban prohibidos porque podían enmascarar las ventas por mucho tiempo ilegales.
Ahora se autoriza la compra-venta de viviendas, vehículos de motor, líneas telefónicas fijas. En el caso de las casas y los automóviles el Estado grava las transacciones con altas tasas impositivas para vendedores y compradores.
La nueva empresa privada nacional - Foto de Leonardo Calvo
La nueva empresa privada nacional - Foto de Leonardo Calvo
Otra prohibición rota recientemente es la que impedía, por cierto inconstitucionalmente, a los nacionales hospedarse en los hoteles. Hasta ahora los extranjeros e incluso cubanos expulsados del país por su desacuerdo político con el régimen gozaban de un privilegio vedado a los nativos.
La ampliación de las modalidades y dimensiones del llamado trabajo por cuenta propia, medida largamente esperada, abre las expectativas al necesario desarrollo de la iniciativa privada.  Sin embargo todavía son muchas los obstáculos e imposiciones que limitan el desenvolvimiento de los pequeños empresarios que deben luchar contra la inexistencia de mercado mayorista, los impuestos confiscatorios y la depredación de los inspectores.
Ante el evidente fracaso del caótico modelo económico que ha demostrado con creces sus debilidades estructurales cabe preguntarse qué espera el gobierno para dar rienda suelta a las potencialidades productivas y empresariales de los cubanos, quienes todavía deben ver como los extranjeros tienen derecho a invertir en sectores fundamentales de la economía donde los nativos solo pueden ser empleados.
No debemos olvidar que durante muchos años la diversidad de orientación sexual y la práctica de todas las religiones fueron satanizadas, perseguidas y fuertemente represaliadas. Hoy a pesar de representar una imagen de apertura y flexibilidad en estos campos, las manifestaciones independientes que no se dejan manipular ni sirven a los intereses del poder no gozan de los espacios y derechos que merecen.
Mucho camino le queda por andar a las autoridades cubanas para borrar del panorama nacional la penalización y prohibición de lo que es perfectamente legal en condiciones normales.
El mundo no entiende como los cubanos deben pedir y comprar permiso para entrar y salir de su propio país. Les resulta difícil a las autoridades cubanas desembarazarse de esta imposición tan dañina a su imagen, puesto que la misma constituye una segura vía de ingresos monetarios y un muy efectivo mecanismo de control y coerción sobre todos los ciudadanos, incluso los que viven fuera del país.
No debemos olvidar que en Cuba los menores de diez y ocho años no pueden viajar temporalmente al extranjero, los niños y adolescentes cubanos solo pueden salir de Cuba como desterrados. En Cuba los menores de diez y ocho años pueden ser incluso parlamentarios pero no turistas
Superado, al menos en lo formal, el apartheid turístico todavía quedan como una ofensa a la sensibilidad de todos los cubanos los bien equipados centros hospitalarios, solo para extranjeros, en los que no pueden siquiera pensar en atenderse los cubanos con dinero.
Avanzado ya el siglo XXI los derechos fundamentales de la persona humana están vedados para los cubanos. En nuestro país expresarse libremente, asociarse o reunirse de manera independiente puede generar graves represalias.
Resulta lamentable ver como el interés y la determinación discrecional de las autoridades define que resulta bueno o malo, aceptable o punible en un momento determinado, con lo cual los valores y derechos quedan siempre relegados ante la tradicional vocación hegemónica del liderazgo cubano.