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El tráfico, la religión, los móviles y otras curiosidades de Corea del Norte

Por Jordi Pérez Colomé.


Esta es la mítica carretera de ocho carriles entre Pyongyang y la costa oeste del país. También pasan pocos coches:


Pasan tan pocos vehículos que los trabajadores se permiten arrancar las hierbitas del centro de la calzada sin más precaución que el chaleco, y no siempre:


Los ciclistas -¿quizá profesionales?- norcoreanos entrenan por el centro de la autopista (diría que es para evitar los baches; el resto de bicicletas va por la acera):


La gente aprovecha la carretera para descansar:


O incluso para hacer un picnic:


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Cómo es la propaganda en Corea del Norte

por Jordi Pérez Colomé.


En once días en Corea del Norte solo vi media docena de anuncios. Todos eran de esta marca de coches:

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Es la marca Pyeonghwa (Paz), creada junto a una empresa de Corea del Sur que fabrica coches bajo licencia de Fiat y una empresa china. Así es su logo:

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Además de esos anuncios, en la calle había otro tipo de propaganda. En la mayoría de carteles salía el fundador y “presidente eterno” de Corea del Norte, Kim Il-sung. Aquí de joven:

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Aquí, de mayor:

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En otras salía acompañado:

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Cómo visten y se divierten en Corea del Norte

por Jordi Pérez Colomé.


La moda en Corea del Norte es limitada. Los hombres visten parecido, con pantalones y camisa de colores discretos:

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O con este tipo de traje de inspiración militar:

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Las mujeres ofrecen más variedad, pero no mucha:

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Así viste una pareja norcoreana común:

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Esta es una tienda en la que pueden comprar extranjeros, pero en la que se puede ver el tipo de ropa a la que tienen acceso los locales en las tiendas del Estado:

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El individuo y sus ganas de distinguirse tienen pocas opciones en Corea del Norte. Apenas pueden verse marcas:

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Así es Corea del Norte en diez puntos

por Jordi Pérez Colomé


Acabo de salir de un viaje de 11 días por Corea del Norte. He estado varias noches en la capital, Pyongyang, y he visto otras cinco ciudades: Kaesong, Wonsan, Nampo, Haeju y Sariwon. Lo que he visto es limitado y confuso, por eso no haré de momento un ebook sobre el país, como ya hice conIrán. Debería especular demasiado. Corea del Norte es un agujero negro.

Sí que vi sin embargo suficientes cosas sorprendentes para unos cuantos posts. En los próximos días haré al menos otros tres más específicos con fotos y vídeos. Estas diez cosas son la introducción; las divido en dos posts para que no sean tan largos. Aquí van las cinco primeras.

1. Es una reserva natural política. Corea del Norte renunció al comunismo hace décadas a cambio de una filosofía propia, el Juche. Su tesis principal es la autosuficiencia. Pero la sociedad se parece aún mucho a lo que podría ser hoy una rígida sociedad comunista. Las granjas son colectivas, la comida y otros productos básicos están racionados, no hay paro y poca propiedad privada, las imágenes de los líderes están por todas partes.

Hay incluso detalles menores que calcan de los comunistas: los trabajadores de oficinas ayudan a los campesinos dos semanas durante la cosecha, los viernes tienen un día de trabajo social (en la foto docenas de amas de casa cuidan un parterre en Pyongyang), los sábados deben estudiar y los domingos descansan.

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En una charla con un diplomático ruso que llevaba casi tres años en Corea, me preguntó qué había ido a hacer allí: “Ver un país distinto”, le dije. “Es una reserva natural política”, me contestó. Es el último país de su especie. Los otros países que se declaran comunistas -China, Cuba, Vietnam y Laos- se han abierto en distintas medidas. Corea del Norte, no.

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Apuntes sobre Corea del Norte

por Eduardo Fort.



El 27 de marzo de 2010, el Gobierno de la República de Corea (popularmente conocida como "Corea del Sur") anunciaba que el Cheonan, un buque militar con una dotación de 104 tripulantes, había sido hundido por un torpedo lanzado desde un submarino norcoreano cuando se encontraba en aguas territoriales surcoreanas. Este hecho –negado tajantemente por el Gobierno del norte– marca el último capítulo (hasta la fecha) del culebrón protagonizado por los dos Estados que reclaman para sí el nombre de Corea. Sistema estalinista represivo y cerrado por un lado, democracia parlamentaria y capitalista por el otro: entender el fenómeno que representa Corea del Norte es dar un paso más hacia la comprensión de las vicisitudes del posmodernismo ideológico del siglo XXI.
El objetivo del presente ensayo es analizar las particularidades del régimen conocido –en la Antigüedad como ahora– con el nombre de El Reino Ermitaño.
Datos geográficos y socioeconómicos
La República Popular Democrática de Corea –tal es su nombre oficial– está ubicada en la Península de Corea, en el sudeste asiático, y ocupa 120.538 kilómetros cuadrados. Tiene fronteras con la República Popular China (1.416 kms.), la Federación Rusa (19) y la República de Corea (238). Su capital es Pyongyang, y tiene 22,7 millones de habitantes (2009), de los cuales el 99% está alfabetizado. La esperanza de vida llega a los 64 años, con una mortalidad media de 12,6 por cada 1.000 habitantes. Los norcoreanos practican el budismo, el confucianismo y el chondogyo (una variante coreana del sintoísmo). Aunque la práctica religiosa está prohibida de facto, el Estado patrocina una serie de pseudorreligiones oficiales con la finalidad de mantener las apariencias, de cara al exterior.
La economía norcoreana está cerrada al exterior: en el estudio del think tank liberal-conservador The Heritage Foundation, el Gobierno de Pyongyang recibe un cero, en una escala de cero a diez, en libertad económica. Con escasas exportaciones y aún más escasas importaciones, el PIB per cápita de Corea del Norte apenas alcanza los 1.900 dólares. Su moneda, el won (dividido en 100 chons), no es divisa de cambio en el mercado internacional. Según el cambio oficial, un dólar equivaldría a 2,16 wons. En el mercado negro, la moneda estadounidense se cotiza a unos 128 wons.
Esbozo histórico
El Reino de Corea (cuya existencia comprobable se remonta al año 2333 a. C.) fue uno de los Estados más poderosos de la Antigüedad. Celosamente independientes, aguerridos y belicosos, los coreanos se defendieron a capa y espada de los intentos japoneses por ocupar su territorio. Ya en el siglo XX, en 1905, el Ejército Imperial invadió Corea como colofón de la Guerra Ruso-Japonesa. Esta ocupación fue legalizada en 1910, cuando la península pasó a ser parte integrante del Imperio del Sol Naciente.
La resistencia coreana alcanzó su apogeo durante la Segunda Guerra Mundial: entre 1941 y 1945, innumerables grupos guerrilleros combatieron a los japoneses desde el interior del país. El final de la contienda y el posterior reparto del territorio de los vencidos llevado a cabo por los Aliados implicó la partición de Corea: en la zona norte surgió un régimen títere de Moscú, apoyado por Pekín; en la zona sur, un sistema democrático liberal patrocinado por Estados Unidos.
La Guerra de Corea tuvo lugar entre 1950 y 1953, aunque en teoría sigue en curso. El conflicto estalló cuando el Gobierno de Corea del Norte decidió invadir el sur. El proyecto, de típica inspiración kimilsungiana, fue fogoneado abiertamente por Stalin. El apoyo de Mao Tse Tung contribuyó a que la ocupación avanzara rápidamente. Por su parte, Seúl solicitó el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la cual decidió enviar una fuerza conjunta encabezada por el general estadounidense Douglas MacArthur. El héroe de Guadalcanal hizo retroceder rápidamente a las tropas comunistas, y sugirió al presidente Harry Truman la conveniencia de llegar al corazón mismo de la China maoísta. Temiendo un conflicto nuclear a escala global, Truman desautorizó –provocando, indirectamente, su baja del Ejército– a MacArthur, conjurando así (quizá) la Tercera Guerra Mundial.
La Guerra de Corea fue la escalada militar más grave de la Guerra Fría. Con una paz de facto y un saldo de dos millones de víctimas, dejó como resultado el establecimiento de una zona desmilitarizada en el paralelo 38, una franja de 250 kilómetros de largo por 4 de ancho en, paradójicamente, uno de los puntos más militarizados del planeta.
Adicionalmente, la Guerra de Corea dejó un saldo más significativo, más cruento y más duradero: la dictadura de Kim Il Sung, el Eterno Líder, en Corea del Norte.
La trinidad norcoreana
Pese a sus constantes ataques a la Iglesia Católica, el régimen que gobierna Corea del Norte basa su folclore y sus ritos en los preceptos fundamentales de la Cristiandad. Un ejemplo básico lo encontramos en la santísima trinidad que preside la dictadura de Kim Jong Il:
Kim Il Sung (1912-1994). El Padre Fundador, el Presidente Eterno, el Gobernante-Dios
Considerado una deidad viviente, su obra es –según textos oficiales– la "auténtica Biblia del Pueblo". La historiografía oficial lo sitúa como el máximo héroe de la guerrilla antijaponesa, aunque (según apuntan diversos historiadores) sólo fue un mediocre dirigente político de segunda línea, elevado por Moscú a la jerarquía de la resistencia. En ese momento adoptó su nombre, Kim Il Sung, "el Sol que llega". Luego de sentenciar que Corea del Norte es el "Paraíso" bajo su "tutela inmemorial", la Agencia Estatal de Noticias norcoreana asegura que Kim Il Sung "recorrió 550.000 kilómetros" para visitar y felicitar a los miembros de "18.000 unidades militares"; lo hizo en unas "8.000 ocasiones". A su paso, "la niebla se disipaba" y "los árboles florecían repentinamente", y "el sol salía a su llegada".
Innumerables edificios, instituciones y espacios públicos de Corea del Norte llevan el nombre del Padre Fundador. Entre ellos, cabe mencionar el Estadio Kim Il
Sung (con capacidad para 50.000 personas), la Plaza de Kim Il Sung (ubicada en el centro de Pyongyang) y la Universidad Kim Il Sung (obviamente, el centro de altos estudios más importante de Corea del Norte).
Kim Jong Suk (1917-1949). La Madre, la Creadora, la Inspiradora
La hagiografía oficial quiere que haya combatido fervorosamente a los japoneses, codo a codo junto a su esposo, el Padre Fundador. Entre las especies más desopilantes, se cuenta que: curó a soldados coreanos sólo con imponerles las manos; preparó pasteles con harina de pino (sic) para las tropas hambrientas, mientras ella se alimentaba con corteza del mismo árbol; no dormía: prefería coser uniformes para los soldados; rompió las líneas japonesas para recuperar un rifle extraviado; puso en marcha la industria textil de posguerra.
Organismos tan importantes como la Liga Femenina del Partido o la Academia Naval Militar llevan su nombre.
Kim Jong Il (1941 o 1942-). El Hijo, el Heredero, el Continuador
Con éste, el ditirambo del régimen alcanza cotas inefables. Ésta es sólo una exigua muestra:
  • Su nacimiento estuvo marcado por dos arco iris y una estrella en pleno día.
  • Puede controlar el clima a voluntad (y así se afirma en la televisión norcoreana).
  • Es un eximio golfista: consigue hoyos en uno a voluntad.
  • Ha compuesto seis óperas relacionadas con la filosofía del régimen.
  • Es un "experto en internet", cuya aparición predijo.
  • Ha escrito diversos guiones relacionados con la Idea Juche y más de 7.000 libros.
  • Diseñó la Torre de Juche (una estructura de 170 metros en pleno centro de Pyongyang, que celebra la vigencia de la ideología oficial).
Idea Juche y kimilsungismo
El errático y caprichoso devenir de la política norcoreana está marcado por dos filosofías base: la Idea Juche y el kimilsungismo. Ambas son intercambiables e indivisibles. Incomprensiblemente, son el eje de una ingente cantidad de obras escritas (sin ir más lejos, la propia Biblioteca Nacional española registra más de 100 títulos relacionados con ambos términos)... que no arrojan demasiada luz sobre la ideología de Kim Il Sung. Extrapolando algunas ideas y desbrozando entre las obras del Líder, los axiomas podrían ser los siguientes:
  • Kim Il Sung es Dios.
  • El Poder es hereditario.
  • El aislamiento es bueno (de hecho, la URSS habría caído por abrirse al mundo exterior).
  • Corea debe ser Una.
  • La Idea Juche debe propagarse por todo el mundo.
  • Juche es Amor.
  • El pluralismo retrasa la transformación de la sociedad.
  • El Hombre es el Motor.
  • Las masas son perfectas en su inmensa sabiduría.
Adoctrinamiento, pedagogía y forja de la mentalidad revolucionaria
El Ministerio de Educación impone 304 horas anuales de estudio de la infancia de Kim Il Sung y Kim Jong Il en las escuelas primarias. Esa cifra prácticamente se duplica en la secundaria: 567 horas, con contenido agregado especial sobre las "actividades revolucionarias" de ambos líderes. Aparte de los preceptivos juramentos de fidelidad., los escolares deben realizar –diariamente– ejercicios de respiración y recitado de frases de Kim Il Sung y Kim Jong Il. Los desmanes de la dinastía de los Kim a fin de controlar las mentes de los norcoreanos podrían llenar un libro. Como ejemplo determinante, citaremos lo ocurrido con el director de cine Shin Sang Ok y su esposa Choi Eun Hee, ambos surcoreanos.
La pasión de Kim Jong Il por el cine –es uno de los mayores coleccionistas privados de largometrajes: se dice que posee 20.000 títulos– le llevó a convencer a su padre para que financiara una película que reflejara el triunfo de la Idea Juche por sobre el imperialismo. Obedeciendo órdenes de Kim júnior, miembros del servicio de inteligencia norcoreano secuestraron al director y a su esposa y los obligaron a dirigir un filme delirante. La película, de título Pulgasari, se estrenó en 1985 y narra la siguiente historia:
En plena época feudal, un malvado rey coreano es informado de una rebelión campesina gestada en el interior del país. El monarca decide incautarse de todas las herramientas y enseres de acero –incluyendo los utensilios de labranza y cocina– para evitar la fabricación de armas. Luego de restablecer el orden, el Rey decide encarcelar a un viejo herrero, cuya última creación ha sidoPulgasari, un monstruo –sospechosamente parecido al japonés Godzilla Gojira– que se alimenta de metal. La sangre de la hija del herrero logra insuflar vida a la criatura, la cual encabezará la lucha de los pobres para derrocar a la violenta monarquía. Según Kim Jong Il, esto sería una "metáfora perfecta de la lucha contra la opresión capitalista".
Huelga apuntar que esta película –virtualmente desconocida fuera de Corea del Norte– no recibió atención alguna por parte de la industria cinematográfica occidental. El director y su esposa pudieron escapar a Estados Unidos en 1986, aprovechando un descuido de la guardia de corps de Kim Jong Il, durante un encuentro de empresarios cinematográficos en Viena.
Últimos apuntes y conclusiones
Luego de este breve repaso, surge la pregunta: ¿Cuál es el balance de esta historia dantesca?
  • Según el profesor Pierre Rigoulet, investigador del Institut d’Histoire Sociale de París, el régimen norcoreano ha causado la muerte, desde su instalación (1946), a unos tres millones de personas.
  • El sistema económico norcoreano, planificado y basado en el estalinismo más ortodoxo, es inviable: infinidad de norcoreanos han muerto por hambrunas producidas por cosechas mal planeadas.
  • La industria norcoreana, atrasada y sobreexplotada, no reúne los requisitos mínimos para competir en el mercado internacional.
  • Corea del Norte, poseedora de armas nucleares, es un factor de peligro y desestabilización en el concierto de las naciones.
  • Sólo una población idiotizada y robotizada por la propaganda oficial puede aceptar el statu quo vigente allí.
  • Es necesario un vasto estudio de las técnicas de captación y agit-prop norcoreanas para comprender la realidad de uno de los fenómenos más grotescos del panorama político internacional.
Epílogo: el futuro previsible
El obeso joven de veintiséis años se despertó de golpe en su lujosa cama del lujoso palacio de Sinuiju. Había llegado el día. Nacido en 1984 y educado en las mejores escuelas suizas, ostentaba el grado de general de cuatro estrellas. Todo estaba listo: luego de que los embajadores de Corea del Norte juraran lealtad absoluta al nuevo Yŏngmyŏng-han Tongji (Brillante Camarada), había llegado su hora. Los niños ya sabían de memoria la nueva canción de homenaje. Su hermano había sido descartado de la sucesión hacía tiempo. Por afeminado, aunque oficialmente se habló de que intentó ingresar en Japón con un pasaporte falso.
El Sucesor del Continuador ya está aquí. Ha llegado la era de Kim Jong Un.

Grandes criminales del siglo XX: Kim Il Sung

Mario Noya.


A Corea del Norte se le conoce como el Reino Ermitaño pero ni es un reino, sino una terrorífica dictadura comunista, ni mucho menos el paraíso del eremita: no es lugar para solitarios dedicados a la contemplación ni para... no es para humanos, por ahorrarnos el recuento. Su fundador, Kim Song Ju, tuvo los santos cojones de hacerse llamar Kim Il Sung, "el Sol que Viene". La Noche Escura.

El tirano que por más tiempo tiranizó a los suyos en el siglo XX (46 años; o 48, si no nos ponemos exquisitos: y es que su tiranía precedió a la constitución de su república) nació el 5 de abril de 1912 en Mangyongdae, cerca de Pyongyang, en el seno de una pobre familia campesina, mienten más que hablan sus hagiógrafos: lo cierto es que Kim Song Ju, como tantos de su ralea, procedía de la martirizada clase media. (Hay incluso quien vincula su estirpe a la del rey Gyeongsung, el último monarca del reino medieval de Silla). Su padre, un cristiano que atendía por el nombre de Kim Hyong Jik, desposó a los 15 años a Kang Pan, de 17, hija de maestra, con la que tuvo otros dos hijos: Chol Chu y Yong Ju.

En 1919 la familia se trasladó a Manchuria, por entonces como Corea sometida al yugo del Imperio del Sol Naciente. Ferviente nacionalista coreano, nuestro hombre (¡uf!) se educará (apenas ocho años de estudios formales) en China y en chino; al punto de que, cuando regrese definitivamente a la patria, 26 años después, tendrá graves dificultades para leer el discurso que le pergeñó la inteligencia soviética a fin de que se lo infligiera a sus camaradas en un congreso del Partido. Pero volvamos a Manchuria: muy temprano KSJ se implicará en la lucha antijaponesa, lo que le llevará a la cárcel en 1929. Al salir –a los pocos meses–, en vez de retomar los estudios decide implicarse total, definitivamente en la subversión. "Como Stalin y Hitler –ha escrito un Richard Barnes en internet–, se convirtió en revolucionario profesional, uno de esos que viven a costa de los demás sin tener un trabajo digno de tal nombre". Será entonces cuando se haga llamarKim Il Sung, al parecer en homenaje a un héroe del levantamiento antijaponés de 1919.

La guerrilla comunista china será su casa –no consta cómo se las apañaron sus dos hermanos pequeños, huérfanos de padre y madre desde 1932–; y su superior inmediato, Wei Zhengmin, destacada personalidad del PC chino, una suerte de padre político: fue él quien le introdujo en el mundo de la maquinación y la intriga políticas. En las mismas trincheras vivaquearon también quienes, andando el tiempo, cuando exija ser llamado Gran Líder, Supremo Líder, Jefe Respetado y Bienamado, toda esa basura megalómana, conformen su círculo de confianza. Por desgracia y como él, esos señores se reprodujeron, y legaron su posición y sus privilegios a sus descendientes. Es lo que tiene el comunismo. Siempre. En todo tiempo y lugar.

La vida de KIS no puede entenderse sin China. Y sin la URSS, donde también luchó contra los japoneses (¿y contra los nazis? Algunos lo ponen a combatir en Stalingrado) y desde donde regresó a Corea –a bordo del buque de guerra Pujachev– en 1945. Ya en 1946 su amo y modelo, Iósif Stalin, decide que sea él el hombre fuerte del nuevo Estado vasallo del Imperio Rojo, la República Democrática Popular de Corea, que proclamará su independencia el 9 de septiembre de 1948. Independencia. Sic.
Kim Il Sung, simple comandante de una unidad de guerrilla antijaponesa en los confines de Manchuria, fue colocado en el poder por los soviéticos en detrimento de los comunistas que militaban en el país [desde] hacía más tiempo. En septiembre de 1945 tuvieron lugar en Pyongyang cierto número de asesinatos de mandos comunistas opuestos a Kim Il Sung (...) ¿Unas decenas? ¿Varios cientos? Todavía no se sabe.
(...) los soviéticos forman casi de cero un Estado a su imagen: reforma agraria que abre el camino a la colectivización, partido único, encuadramiento ideológico de la población en asociaciones de masas, etc. Todo adversario político, todo terrateniente, todo opositor a la reforma agraria, todo ciudadano sospechoso de haber colaborado con los japoneses, es hostigado. (...) el asentamiento del régimen, en una primera época, da lugar menos a un baño de sangre que a la huida [hacia la actual Corea del Sur] de millares de personas (...).
(Pierre Rigoulot, "Crímenes, terror y secreto en Corea del Norte"; en VVAA, El libro negro del comunismo, Planeta-Espasa, Barcelona, 1998, pp. 616-117).
Convencido de que los dirigentes del Sur eran un hatajo de lacayos de unos Estados Unidos que arderían en deseos de abandonar la península, KIS se vuelca en vender a Stalin la idea de reunificar el país por la fuerza de las armas. Y se saldrá con la suya. Así que provocará la terrible Guerra de Corea.
El 25 de junio de 1950, la premeditada invasión se pone en marcha: las tropas norcoreanas invaden por sorpresa el Sur. Es el principio de una guerra espantosa que causará más de medio millón de muertos en (...) la población coreana, unos 400.000 muertos y una cantidad algo mayor de heridos entre los chinos que acudieron en apoyo de los norcoreanos cuando [éstos] se vieron amenazados con una derrota total por las tropas de la ONU dirigidas por el general MacArthur, al menos 200.000 muertos entre los soldados norcoreanos, 50.000 entre los soldados surcoreanos, más de 50.000 [entre los] americanos, y millones de desalojados.
(P. Rigoulot, ob. cit., p. 617).
No le vayan a un coreano con la vaina de la guerra fría. No vayan ustedes a pensarse que Jean-Paul Sartre, la hiena estilográfica, no saludó la execrable carnicería: hasta aprovechó la efusión de sangre para afiliarse al Partido Comunista. (Un mundo saturado de sartrecillos valientes por cuenta ajena, ¿se imaginan? El infierno, entonces sí, serían los otros). No irán a estas alturas a pensar que Kim Il Sung no cantó victoria por ese ominoso fracaso:
El pueblo coreano ha conseguido un triunfo heroico en estos tres años de lucha contra el agresor armado, el imperialismo yanqui,
dicen que dijo, y para celebrarlo el Sol que Viene convirtió Corea del Norte en el impenetrable y tétrico agujero negro que sigue siendo: selló las fronteras (más aún cuando vio la deriva de la China postmaoísta y la desaparición de la URSS: ¡tenía razón! ¿Internacionalismo? ¡El comunismo es un hermetismo!); erigió un universo concentracionario mezcla de gulag soviético y laogai chino (1'5 millones de muertos); sometió el Partido a repetidas purgas (100.000 muertos); apostó de lleno por la militarización (con el Songun, la política que pone el Ejército por encima de todo, comiéndose el 20-25% del PIB); practicó el terrorismo en el extranjero (ataque al palacio presidencial surcoreano de 1968 –30 terroristas muertos–, atentado de Rangún contra miembros del Gobierno surcoreano en 1983 –16 muertos, cuatro de ellos ministros surcoreanos–, voladura de un avión surcoreano en 1987 –115 muertos–...); patrocinó grupos terroristas extranjeros (palestinos, filipinos; el Ejército Rojo Japonés...); devastó minuciosamente la economía pero se las apañó para dotarse de armamento atómico (según la CIA, consiguió la Bomba ya en 1993) y saturó el paisaje y al paisanaje con su infausta figura ventruda:
Para finales de los 80, Kim se había dedicado más de 34.000 monumentos. Su retrato está expuesto en los espacios públicos de todo el país, en todos y cada uno de los hogares y en la mayoría de las prendas de vestir. El calendario se reconfigurará para que empiece el año de su nacimiento (1912), denominado Juche 1. Su cumpleaños será declarado fiesta nacional.
(...) El 70º cumpleaños de Kim se celebró por todo lo alto, con la inauguración de la Torre Juche y del Arco del Triunfo. La torre es una versión a gran escala del Monumento a Washington y consta de 25.550 bloques de granito, uno por cada día de los 70 años de vida de Kim. El arco es una versión a gran escala del Arco del Triunfo de París (...) El mismo día fue inaugurado elEstadio Kim Il Sung (...).
Año Juche. Torre Juche. Juche. ¿Qué es eso? Eso, nunca mejor dicho, es la ideología oficial de Corea del Norte, inserta en su Prostitución, claro que pergeñada por Kim Il Sung, porque aquí el señor, a más de asesinazo y gran tirano, fue pensador... ¡de pluma suelta!: por ahora sus obras completas constan de 93 volúmenes. Unas obras completas que no son sino una "biblioteca sobre la Idea Juche", según puede leerse en este breve de la abyecta, mamporrera agencia oficial KNS.
La Idea Juche sostiene que el hombre es el centro del universo y que sus poderes para transformar el universo son (...) ilimitados, siempre que sea depositario del auténtico liderazgo político y actúe en función de los principios correctos.
(Kevin Williamson, The Politically Incorrect Guide to Socialism, Regnery, Washington DC, 2011, ed. electrónica, pasaje 1.683).
Siempre que ese hombre sea el Sol que Viene, pues. Orwell se nos volvería a morir. De asco.
En la Idea Juche, ese pensamiento supuestamente científico [el socialista, ya saben] tiene tres componentes. Está el chaju, la independencia política; el charip, la independencia económica (un concepto no muy diferente del swadeshi gandhiano), y el chawi, la enérgica política de defensa. Por lo que hace a la independencia política, la idea de que el norcoreano de a pie [¡nunca mejor dicho, en ese paraíso atrasista!] tenga algo que decir sobre los asuntos de Estado es claramente anatema (...), y el chaju, si algo significa, es la manera telegráfica de referirse al nacionalismo norcoreano. Igualmente, poco hay que decir acerca del chawi: Corea del Norte se muestra especialmente enérgica en sus operaciones militares: aterroriza a sus vecinos, torpedea barcos [extranjeros] y usa su arsenal nuclear como herramienta para el chantaje.
(K. Williamson, ob. cit., pasajes 1.729 y 1.735).
Juche (= "la cuestión principal"), más que un pensamiento, es la innecesaria coartada para el absoluto sometimiento, para la aniquilación del ser humano, devenido masa amorfa que brama o calla según ordene el Amo. La propaganda oficial insta a los norcoreanos a ser "un solo pensamiento y una sola voluntad bajo la dirección del líder supremo". "Pensad, hablad y obrad como Kim Il Sung y Kim Jong Il", ese par de (contra)dioses sañudos. Igual alguno habría de pasarse por Pyongyang, a que le expliquen por lo menudo la diferencia entre autoritarismo y totalitarismo. Me parece una buena idea, soy franco.
Juche, la filosofía oficial de Corea del Norte, es la décima religión del mundo, con 19 millones de fieles, según la web Adherents. Supera al judaísmo, al jainismo, a la fe bahai (...) No está mal para una religión que no es considerada como tal por sus seguidores. Si tú le dices a un norcoreano leal que Juche (...) es una religión, lo mismo te da un puñetazo en tu desvergonzada y herética boca. "Juche –puede que diga– NO es en absoluto una religión. ¡Por todos los cielos, nosotros somos ateos!". Entonces, quizá te explique cómo es que el camarada Kim Il Sung, fundador de Juche (...), yace en el Sagrado Templo de Juche, junto a carteles que rezan: "¡El gran líder Camarada Kim Il Sung siempre estará con nosotros!". 
"Si la religión es un pato, dice Tom Belke, autor de Juche: un análisis cristiano de la religión oficial de Corea del Norte, Juche hace cuac-cuac. En su intento por alejarse de la religión, Corea del Norte no ha hecho sino meterse de lleno en ella. "Tiene sus lugares sagrados, sus ceremonias, su sistema exclusivo de creencias", señala Belke. "Es algo que precisan todos los credos".
Kim Il Sung, este odioso pseudodiós de Caco y caca, murió el 8 de julio de 1994. ¿De puro viejo e infartado, el Inmortal Presidente Eterno? No jodamos. Pues igual no. Igual el cuervo le sacó los ojos:
El 28 de junio Corea del Norte y Corea del Sur acordaron celebrar una cumbre en Pyongyang entre el 25 y el 27 de julio. Sería el primer encuentro de este tipo desde la división de la península, en 1945. 
Sin embargo, Kim murió súbitamente en su villa campestre el 8 de julio de un ataque al corazón "debido a fuertes tensiones mentales". Todas las conversaciones programadas quedaron suspendidas. El funeral de Estado tuvo lugar el 18 de julio, y acto seguido se decretó duelo nacional por espacio de tres años. 
Posteriormente se dijo que la muerte de Kim se produjo durante una acalorada discusión entre éste y su hijo Kim Jong Il. Las sospechas sobre las circunstancias del óbito se acrecentaron al conocerse que Kim Jong Il se negó durante largo tiempo a permitir el acceso de los médicos a la habitación de su padre. Aún más preguntas emergieron cuando se estrellaron dos de los cinco helicópteros encargados de trasladar el cuerpo (...) a Pyongyang, a resultas de lo cual murieron los médicos y guardaespaldas que iban a bordo; del resto de la comitiva no se volvió a tener noticia.
Se dice que Kim Jong Il ocultaba a su padre la gravedad de lahambruna [¿tres millones de muertos? ¿canibalismo?] y de la crisis económica que asolaban el país, y que se oponía a la reunificación con el Sur.
A Kim Il Sung le sucedió, sí, su hijo Kim Jong Il. O sea que puede que, verdaderamente, Corea del Norte sea un reino. El primero de los comunistas. (La Cuba castrista, siempre chupando rueda, siempre imitando lo peor, ha sido el segundo). Kim Il Sung y Kim Jong Il, de tal palo tal astilla, la peste y el cólera, abajo esa moral y no perdamos la desesperanza, que diría el personaje de Imre Kertész. "¿Cuántas posibilidades había de que Kim Il Sung, la mera definición de monstruo en política, tuviera un monstruo igual o peor que él al que legar su imperio?", se pregunta Kevin Williamson en La guía políticamente incorrecta del socialismo, que no está traducida porque nuestras grandes editoriales es que no dan abasto con tanto panfleto de nuestra indignada ultraizquierda liberticida.

Al menos una. La que final, letalmente contaba, le contarían las víctimas si pudieran. 

Entrevista con profesora huida de Corea del Norte

Esto es Corea del Norte. 


Desertar del régimen norcoreano se paga con la muerte o una larga estancia en los campos de concentración. China, amiga de Pyongyang, devuelve a los que captura. La gente lo sabe y por ello son muy pocos los que se aventuran a huir, pese a la dureza de las condiciones de vida en el país más aislado del planeta. Además, el continuo lavado de cerebro del régimen, como reconoce Gang Na-hyun, impide a los norcoreanos darse cuenta de sus miserias. Tiene 39 años y en el Norte fue profesora de literatura coreana. Reside con su marido y su hijo de 13 años en Seúl desde 2006 y acepta la entrevista tras pedir que se modifique su ciudad de origen y que no se la fotografíe de cara, porque teme por su familia que sigue allí.

Pregunta. ¿A qué hora comenzaba su trabajo?
R. Llegábamos al instituto a las 7.30 de la mañana, porque antes de empezar las clases todos los profesores estudiábamos juntos el Pensamiento Juche (catecismo ideológico del “presidente eterno” Kim Il-sung, basado en la autosuficiencia) y las políticas de Kim Jong-il.

P. ¿Cómo iba al instituto?
R. Andando. En Corea del Norte todos andamos, el transporte público es prácticamente inexistente.

P. ¿Cuánto ganaba?
R. Muy poco, no llegaba ni para comer tres días. Además, desde el año 2000 el Gobierno no nos pagaba los sueldos —tampoco el de mi marido que era profesor en la Universidad de Bellas Artes—, ni daba los subsidios de comida. Ni siquiera recibíamos maíz. Nosotros fuimos afortunados porque yo tenía un tío en Japón y todos los años mandaba algo de dinero, pero se murió en 2004 y se acabó. No podíamos vivir.

P. ¿Cuándo decidió irse?
R. En 2006, pero tardamos un año en ponernos en marcha. Nos animó mi cuñada, que fue la primera en llegar a Corea del Sur en 2005. La siguió mi cuñado. El viaje era muy peligroso, pero quedarse suponía morirse de hambre. Yo he visto a mis vecinos comer hierba y hojas de los árboles.

P. ¿Quién lo decidió, usted o su marido?
R. Él decía que venía primero, pero yo quería que fuésemos juntos. Sabía que podíamos morir en el trayecto (dice sin poder reprimir las lágrimas), pero lo prefería. Aquello ya no era vida y el hambre empujaba.

P. ¿No tenían problemas políticos?
R. No. Yo siempre creí que Kim Jong-il era el mejor líder del mundo y que el hambre la causaban Estados Unidos y Corea del Sur al impedir el comercio.

P. ¿Nunca oyó hablar de los campos de concentración?
R. Sí, pero los consideraba normales. Dentro estaban las personas que criticaban al Gobierno que luchaba por nosotros. Nunca hasta llegar aquí escuché el término “libertad de expresión”.

P. ¿No le molestaba estudiar a diario las obras de Kim Jong-il?
R. No, era lo que se debía hacer. No se cuestionaba.

P. ¿Le comentó a algún amigo que iba a marcharse?
R. No, imposible. Me podían denunciar. Allí solo se confía en la familia.

P. ¿Cómo fue el viaje?
R. Cogí a mi hijo y su cartera y nos subimos con tranquilidad al tren. Nadie fue a despedirnos para no levantar sospechas. Dos días después llegamos a Hyeriong, en la frontera, la ciudad en la que debía reunirme con mi marido al día siguiente. La gente a la que mis cuñados habían pagado lo tenía todo organizado. Estuvimos en una casa una semana hasta reunir a los 11 que íbamos al sur. En esa frontera, tanto los policías como los militares chinos y norcoreanos están comprados. Todas las tardes entre las 7.00 y las 7.30 miran para otro lado mientras la gente cruza el río.

P. ¿Lo hicieron en barca?
R. No, era marzo y estaba congelado. Lo hicimos a pie. Se tardan unos minutos.

P. Y una vez en China, ¿cómo fue?
R. Viajamos durante tres horas en dos coches, más otro detrás que hacía de vigilante, y llegamos a una casa donde nos dieron de cena huevos fritos y arroz muy caliente. ¡No lo podía creer! En el Norte, los huevos son un manjar y solo se comen en cumpleaños. Además, China estaba muy desarrollada. Esa noche comprendí que había otra forma de vida.

P. ¿Cuánto tardó en llegar a Corea del Sur?
R. Durante seis meses fuimos cambiando de casas y de ciudades hasta que atravesamos la frontera con Tailandia. Como estaba previsto, la organización nos dejó y, como nos dijeron, caminamos hasta encontrar a un policía. Le dijimos que éramos surcoreanos extraviados y que nos llevara a la Embajada. Eso hicieron, aunque estoy segura de que sabían que éramos norcoreanos.

P. Y aquí, ¿se integró bien?
R. Estuvimos varios meses en un centro para refugiados (en esos centros son interrogados por los servicios secretos y a veces por la CIA). Luego el Gobierno nos dejó salir y nos dio una cantidad de dinero para establecernos.
P. ¿Saldó las deudas del viaje?
R. Sí, costó tres millones de wones surcoreanos por persona (unos 2.000 euros). Como éramos tres, pagamos nueve millones.

P. ¿Ha vuelto a dar clase?
R. No, aquí no reconocen los títulos del Norte. Eso al principio me frustró mucho. Empecé trabajando en el comedor de una empresa, luego en una pizzería y ahora estoy en un centro de llamadas.

P. ¿Qué le sorprendió más de Corea del Sur?
R. La abundancia de comida y que todos puedan comer.

P. ¿Qué sintió al enterarse de la muerte de Kim Jong-il?
R. Los sentimientos están mezclados. Solo quiero olvidar, aunque mi hermano está allí con su familia y le echo mucho de menos. Mi padre ya ha llegado, pero mi madre desapareció hace tres años cuando emprendió el camino del sur. No hemos vuelto a saber de ella. Imagino que ha muerto. (Las lágrimas ruedan y vuelven a quebrar su voz. Gang se disculpa: “Jamás lloré en el Norte, pero al llegar aquí casi me deshago en llanto y sigo sin poder controlarlo”).

P. ¿Cree que cambiará el sistema?
R. Aquí todos dicen que no habrá cambios, pero yo confío en la reunificación porque mi hermano está allí y le da miedo el viaje.

An Undeniable Asymmetry

By Don Boudreaux.

One possible objection to the anti-statist implications of posts such as this one on North Korea (and on Mark Perry’s posts linked therein) is the following (in my words):
North Korea’s experience tells us very little about the likely consequences of the implementation of serious proposals in countries such as United States for greater government intervention.  No reasonable person in the free world today wishes to establish such extensive and detailed and harsh top-down planning and protectionism as is practiced in North Korea.
The world isn’t always linear, so as a matter of logic it certainly does not follow that imposing more state control over the economies of the west – say, imposing the amount of additional state control endorsed by “Progressives” such as Paul Krugman or even Harold Meyerson – would necessarily move the west closer either to the economic consequences or the political consequences (or both) that we witness today in North Korea (and that were everywhere the horrific results when states had such extensive power – e.g., Mao’s China, Stalin’s Russia, and Castro’s Cuba).
But let’s be clear about one indisputable fact: capitalism vigorously pursued hasnever produced the atrocities – starvation, tyranny, and genocide – that are produced by statism vigorously pursued.  Nothing remotely close.
Capitalism vigorously pursued might produce trade cycles and long periods of high unemployment; it might produce anxiety in yesterday’s successful entrepreneurs who now face competition from today’s upstart entrepreneurs; it might cause too many people to become obese; it might kill off animal species in unusually high numbers; it might cause the earth’s climate to change; it might create asset bubbles; it might spark envy and over-work in the Smiths who are trying to keep up with their neighbors, the Joneses.  It might do these things and others that reasonable people might regard as unfortunate in comparison with some imaginable paradise.
But we must never lose sight of this important asymmetry: complete or near-complete state control of the economy has proven to be a sure recipe for deep impoverishment and brutal tyranny, while historical periods that have been close to laissez faire – that is, much closer to laissez faire than is America at the dawn of 2012 – have produced nothing remotely of the sort.  Indeed, whatever problems might be caused by more and more reliance upon laissez faire capitalism are always accompanied by – and are at least partially (and arguably more than completely) off-set by – unambiguous benefits of capitalism such as the elimination of starvation, more abundant supplies of clothing, and better housing.
Any problems promoted by greater and greater reliance upon capitalism, in short, are first-world problems (which isn’t to say that these problems should be tolerated); they are problems incomparably more tolerable than are the horrors promoted by the elimination of capitalism.

La dictadura del hambre

Por Carlos Benito.


Los dictadores son propensos a dejar alguna rendija en sus sistemas para que escapen por ella sus hijos, liberados del rigor de los principios totalitarios. Estos días se ha publicado una y otra vez lo poco que se sabe sobre Kim Jong-Un, el hijo del Querido Líder y la Respetada Madre, es decir, del dirigente norcoreano Kim Jong-Il y la bailarina Ko Young-Hee: educado en Suiza, el joven ha vivido sus veintitantos años en una realidad paralela de viajes a Europa, instalaciones deportivas privadas y comida en abundancia, que le permite hacer honor a aquella mordaz coletilla que identificaba a los suyos como la única familia obesa del país. Hasta él se dio cuenta de su excepcionalidad. El que fue chef de sushi de Kim Jong-Il, una de las principales fuentes de información sobre las intimidades del Gran Dirigente, ha difundido una conversación que mantuvo hace una década con Kim Jong-Un, mientras fumaban en el coche: «Estamos aquí, jugando al baloncesto, montando a caballo, pilotando motos náuticas, pasándolo bien -planteó de pronto el joven-, ¿pero qué ocurre con las vidas de la gente corriente?».


La gente corriente de Corea del Norte, el país de cuyo gobierno se ha hecho cargo esta semana, lo pasa bastante peor. A la tristeza y las miserias cotidianas de habitar un estado-prisión se suman malas rachas como la actual: la combinación de un invierno crudo y unas inundaciones generalizadas en verano ha sumido el territorio en una gravísima crisis alimentaria, que afecta especialmente a los niños. En Corea del Norte, el 60% de la población depende para su sustento del Sistema Público de Distribución, la ración de cereales que reparte el Estado, unos 600 gramos diarios en el caso del personal de las granjas cooperativas y una cantidad que se va determinando cada temporada para el resto. Este año, esa asignación se ha reducido a 200 gramos, un tercio de la ingesta mínima establecida por la Organización Mundial de la Salud, e incluso llegó a quedarse en 150 el pasado mes de junio. La población, hambrienta, trata de completar su dieta con lo que logra recoger del campo -bellotas, bayas, setas- o, si hay suerte, con donaciones de algún pariente generoso del campo, pero simplemente no hay comida para todos en este país malgastado, con una estatura media que se ha quedado quince centímetros por debajo de la de Corea del Sur. En el recuerdo de todos está la terrible hambruna de los noventa, que mató a un millón o millón y medio de personas, según las estimaciones más aceptadas.
Un niño de cada tres
La situación actual, sin llegar a aquellos extremos, sí pone en peligro el futuro de toda una generación. «Nos preocupan sobre todo los niños pequeños y sus madres, ya sean embarazadas o lactantes. Un niño de cada tres y una madre de cada cuatro son desnutridos crónicos -explica a este periódico Kenro Oshidari, director regional para Asia del Programa Mundial de Alimentos-. Según la última misión de valoración de los cultivos y la seguridad alimentaria, alrededor de tres millones de personas necesitarán asistencia para satisfacer sus necesidades nutricionales en los próximos meses». En las regiones más afectadas, los partos de niños con menos de dos kilos se han convertido en algo habitual y las atenciones pediátricas por malnutrición se han doblado desde el año pasado. Los expertos calculan que Corea del Norte necesitaría importar más de 700.000 toneladas de grano, pero, tal como están los precios, comprará menos de la mitad, así que la solidaridad internacional trata de cubrir la diferencia a base de donaciones.
Al menos, el régimen ha dejado a un lado su tradicional opacidad y colabora con quienes intentan ayudar a sus desventurados súbditos. En los primeros nueve meses de este año, los supervisores del Programa Mundial de Alimentos habían recorrido ya más de 400.000 kilómetros por el país: «Con arrego al acuerdo estipulado con las autoridades, podemos tener acceso con un preaviso de 24 horas a todas las instituciones con las que trabajamos, incluyendo hospitales, escuelas, orfanatos y casas particulares. El Gobierno lo ha respetado a todos los efectos este año», explica Oshidari, que no desperdicia la ocasión para animar a todos a echar una mano contra el hambre, en Corea del Norte y en el resto del planeta: «Es el problema más grande para el que sí es posible encontrar una solución».