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El peor enemigo de los negros americanos

por Walter Williams.



Cada año mueren asesinados unos 7.000 negros. En el 94% de los casos, el asesino es otro negro. Según el Buró de Estadísticas de Justicia, entre 1976 y 2011 fueron asesinados 279.834 negros. Si tenemos en cuenta ese 94%, tenemos 262.621 negros asesinados por negros.  

Aunque los negros son el 13% de la población, suman más del 50% de las víctimas de homicidio. La tasa de homicidios con víctima negra es seis veces superior a la tasa de homicidios con víctima blanca; veintidós veces superior en algunas ciudades. Los negros no sólo son la mayoría de las víctimas de homicidio, también de delitos violentos como asaltos y atracos.
          
La magnitud de esta tragedia puede comprenderse mejor con algunas comparaciones. Según un estudio del Tuskegee Institute, 3.446 negros fueron linchados por blancos entre 1882 y 1968. El número de bajas fatales negras en Corea (3.075) y Vietnam (7.243 muertos), así como en todas las guerras en las que ha intervenido EEUU desde 1980 (8.197), asciende a 18.515. Resulta pavoroso afirmar que los jóvenes varones negros tienen más probabilidades de alcanzar la edad adulta si están en los campos de batalla de Irak y Afganistán que en las calles de ciudades como Filadelfia, Chicago, Detroit, Oakland o Newark.


De suma importancia es la cuestión del ensordecedor silencio que se cierne sobre la criminalidad diaria en las comunidades negras, sobre todo si se lo compara con el clamor nacional que suscitó la muerte de Trayvon Martin. Al parecer, para políticos, organizaciones cívicas y medios de comunicación de referencia, que los negros se maten entre sí no es noticia, pero sí que un blanco le quite le vida a un negro.


No puede decirse eso de todo el mundo. Cuando el presidente Obama se manifestó a propósito del caso Martin, T. Willard Fair, presidente de la Liga Urbana del Gran Miami, declaró alDaily Caller: "El escándalo debería motivarlo el que nos estemos matando los unos a los otros, los crímenes de negros contra negros". Retóricamente, Fair preguntó: "¿No creen que las 41 personas tiroteadas [en Chicago] entre el viernes por la mañana y el lunes por la mañana deberían suscitar mucha más rabia y mucho más interés mediático?". Según el pastor C. L. Bryant, antiguo líder de la NAACP (Asociación Americana para el Avance de las Personas de Color), los actos de protesta convocados por Al Sharpton y Jesse Jackson sugieren que hay una epidemia de criminalidad blanca antinegra, pero lo cierto es que la lacra es la criminalidad que tiene a los negros como víctimas y verdugos: "La amenaza más grave para la vida de los jóvenes varones negros son los jóvenes varones negros".


El silencio se cierne no sólo sobre los crímenes de negros contra negros, también sobre los ataques racistas de negros contra blancos, como el que sufrieron recientemente dos periodistas del Virginian-Pilot: el suceso no mereció la atención ni de su propio medio. En marzo, una turba de negros asaltó, golpeó (hasta dejar inconsciente) y desvalijó a un turista blanco en el centro de Baltimore. Bandas negras deambulan por las calles de ciudades como Denver, Chicago, Filadelfia, Nueva York, Cleveland, Washington y Los Ángeles llevando a cabo ataques no provocados contra blancos.


Los ataques racistas también tienen como objetivo a los asiáticos. En San Francisco se ha registrado el apaleamiento hasta la muerte de un chino de 83 años, la expulsión de una china de 57 años un vagón de metro y la agresión, con resultado de muerte, de un chino de 59 años. Desde hace años, en lugares como Nueva York y Filadelfia, estudiantes negros agreden y lanzan epítetos racistas a compañeros asiáticos. Pero, a diferencia de lo que ocurre con el que padecen los homosexuales, esta clase de acoso escolar no se persigue ni se denuncia desde la prensa.


La demagogia racial del presidente abajo no sólo no beneficia al país, sino que es peligrosa.

© Creators Syndicate Inc.

Walter Williams, negro sobre blanco

Mario Noya.



Según el imaginario progre, en los Estados Unidos de América los negros las pasan de su color por culpa del capitalismo salvaje, criminal y criminógeno y de la maldita esclavitud, que seguiría secretando sus abominables toxinas todo este tiempo después. Y la gente se conmueve y cree. La gente que no lee al negro Walter Williams.

Walter Williams es uno de los mejores divulgadores del liberalismo que me haya echado jamás a la cara (¡pasen y lean!). Y una verdadera bestia negra para el mester de progresía, con esa trayectoria que refuta sus dogmas de chichinabo: es negro, fue pobre y trabajó de niño, pero sin andar agarradito a las faldas de Mamá Estado se fue labrando un camino y prosperó y alcanzó todo tipo de éxitos; hoy es una de las firmas más influyentes del columnismo norteamericano, porque no se corta ni con un cuchillo y cuando se mete en los jardines más traicioneros deja enfangados en sus mentiras, errores y contradicciones a los socialistas de todos los partidos.


Walter Williams escribe artículos y también escribe libros. Librazos como éste que hoy comento, Race and Economics, con toda su carga de verdades fiscalizadas, que reduce la vaina acusica y lamentona progre a lo que es, lo dicho, un imaginario, 1. adj., que sólo existe en la imaginación.


El pobre desempeño de los negros norteamericanos no es culpa del capitalismo salvaje, criminal y criminógeno y de la maldita esclavitud, apunta Williams, escoltado por la historia y la estadística. Y tras apuntar dispara: los principales culpables de la situación de los negros norteamericanos son los propios negros norteamericanos y el Estado Niñera, que cada vez que les ayuda los hunde un poco más en la miseria –relativísima, que estamos hablando de los Estados Unidos de América, donde los pobres viven mejor que buena parte de las clases medias del resto del planeta–.


Los negros norteamericanos viven o sea padecen las consecuencias de la cultura (¡uf!) asistencialista. El Estado los trata como si fueran incapaces, menores, tontitos, y ellos aceptan el truco que es trato: dame pan y llámame... lo que tú quieras pero que suene bonito y cargue las tintas contra el Otro, sobre todo si ese otro es de color blanco esclavista, así que pasen tantos años. No es de extrañar, pues, que muchos vivan inmersos en la indolencia, la dejadez, la rebeldía sin causa, el rencor, la envidia cochina. En barrios imposibles, arrasados por el paro, la delincuencia y las drogas. Al (des)amparo de familias que no son un refugio sino un infierno o mera cáscara.


También aquí, el Estado no es la solución, es el problema. Lejos de ser un instrumento para el avance de las personas de color –así se llama, precisamente,la principal ONG negra–, es una verdadera rémora. Lo sabe Williams, lo saben sus lectores... y lo saben los racistas, palabro que en estas páginas rima de manera tan elocuente como demoledora con sindicalistas.


Los sindicatos han sido grandes enemigos del progreso negro, sí. (No sólo en Estados Unidos). Cuando no han pedido de manera explícita la proscripción del trabajo negro en determinados sectores, han clamado porleyes, regulaciones y sistemas de licencias que han condenado a buena parte de los negros a la marginalidad, el atraso, la exclusión. No hay mayorcorrosivo de los privilegios, los chanchullos, los intereses creados que el libre mercado, con su extraordinario orden espontáneo de puertas completamente abiertas y el derecho de admisión a todo el mundo garantizado. Lo sabe Williams, lo saben sus lectores, lo saben los racistas... y los sindicalistos y los enemigos de la libertad, que juegan permanentemente al cerrojazo y combaten con fervor bajo las banderas de la tiranía del statu quo, que por definición perjudica especialmente a quienes no tienen la sartén por el mango.


Qué papelón el de los sindicatos en la historia de la emancipación de los negros americanos. Les echaron una mano, sí; ¡al cuello!, clamaba el célebre líder negro W. E. B. Dubois. Mientras los patronos blancos, "tanto en el Norte como en el Sur", daban trabajo a los negros y les brindaban acceso a la formación, la mafia sindicalista blanca incitaba a la violencia contra losmorenos que pretendían ganarse el pan con el sudor de su frente y se afanaba por mantener a la negritud (© Ansón) sumida en la ignorancia. "En estos momentos, en América, el único amigo conveniente para el trabajador negro es el capitalista blanco", sentenció, tan tarde como en los años 20, elrastafari Marcus Garvey. En 1924, el profesor Kelly Miller urgía a los negros a trabajar "hombro con hombro" con los empresarios y contra los sindicalistos, una yunta de avaros, despiadados, intolerantes hombres blancos a medio alfabetizar, según J. E. Bruce ("Estoy contra ellos porque ellos están contra los negros"). También Frederick Douglass y Booker T. Washington fueron enemigos de los sindicatos, informa WW. Como para no serlo. ¿Te mando un ejemplar, Cándido?


¿Qué tienen que hacer los negros americanos para mejorar su suerte? Pues, para empezar, no fiarlo todo a Fortuna, que más que una diosa es una perica atrabiliaria que tan pronto está de buenas como de muy malas. Y, sobre todo, sustituir las prácticas, costumbres y actitudes que ceban la pobreza por sus contrarias; la indolencia, el abandono, el victimismo, la irresponsabilidad por sus antónimos. Por último, pero no en último lugar, cambiar de amigos políticos; porque han demostrado ser o muy incompentes o muy malvados: harían bien, pues, en espetar a Obama, sin ir más lejos, aquello que le soltó el poeta maldito al mismo Dios:


No me ayudes, pero tampoco me jodas.

WALTER WILLIAMS: RACE AND ECONOMICS. Hoover Institution (Stanford, California), 2012, 185 páginas.

En la codicia confío

Walter Williams.



Recientemente publiqué una columna en la que abría el fuego preguntando: "¿Qué motivación humana subyace a los logros más extraordinarios?". Acto seguido respondía: "La codicia".

En el artículo de marras no celebraba el fraude, el robo, la deshonestidad, las prebendas otorgadas por el Estado y demás cosas despreciables, sino a quien hace todo lo posible pensando en su propio beneficio.


Pensemos la discriminación racial, que empezó a ser una cuestión candente en el mundo del béisbol en 1947, cuando los Brooklyn Dodgers ficharon aJackie Robinson. ¿Por qué lo hicieron? ¿Por complejo de culpa de los propietarios blancos, o forzados por la ley? Para nada. Lo hicieron porque era un gran jugador.


Las ligas negras de béisbol eran una gran reserva de talento, y a los rivales de los Dodgers cada vez les perjudicaba más el dejar al conjunto neoyorquino monopolizar ese mercado. El premio al jugador más valioso fue a parar durante siete temporadas consecutivas a beisbolistas negros. Si los demás equipos no hubieran decidido finalmente imitarlos, los Dodgers hubieran monopolizado igualmente el título de campeones.


En tiempos del apartheid, los blancos detentaban el control político y económico en Sudáfrica. La legislación laboral también era racista, al punto de que reservaba a los blancos el desempeño de ciertos cargos o profesiones. Pues bien, fueron muchos los empresarios que quebrantaron la ley, y los sindicatos blancos de la construcción llegaron a poner el grito en el cielo... porque la legislación, entendían, les perjudicaba.


Sucedió que los contratistas blancos comprobaron que les salía a cuenta contratar mano de obra negra por mucho menos de lo que costaba la blanca, y los racistas trabajadores blancos reaccionaron como reaccionaría cualquier progre o sindicalista que se precie: exigiendo leyes de salario mínimo y de igualdad salarial. La Junta Salarial afirmó: "Se trataría de fijar un salario mínimo (...) tan elevado que ningún nativo [sic] tenga probabilidades de ser contratado". "Igual salario por igual trabajo" se convirtió, así, en el grito de guerra del movimiento sindical blanco.


Los sindicalistas de Estados Unidos también lucharon contra iniciativas empresariales que, buscando mejoras en materia de rentabilidad, resultaban beneficiosas para los negros. Tras la infausta huelga convocada en 1909 por la Hermandad de Bomberos del Ferrocarril, una junta arbitral decretó que blancos y negros recibieran idéntico salario, ante lo cual los sindicalistas reaccionaron declarando: "Si la compañía sigue esta senda y desaparecen los incentivos para la contratación de negros, la huelga no habrá sido en vano".


La Ley Davis-Bacon fijó un salario mínimo para aquellos proyectos de construcción financiados o subvencionados por el Erario. Durante el debate legislativo previo a su aprobación, el congresista por Missouri John Cochran dijo haber recibido "numerosas denuncias" contra contratistas sureños que daban trabajo a trabajadores negros procedentes igualmente del Sur, y su colega Miles Allgood, de Alabama, se lamentaba de la competencia que por situaciones así había de soportar la clase trabajadora blanca. En cuanto al secretario de la Federación Americana del Trabajo, William Green, afirmaba que la búsqueda de trabajadores negros tenía por objetivo rebajar los salarios.


Los ejemplos de las trabas que ha de sortear la gente que busca lo mejor para sí misma son muy abundantes y se dan en todo el mundo. El combate contra la codicia siempre ha acabado resultando perjudicial para quienes son objeto de discriminación.

© Creators Syndicate Inc.

¡Viva la codicia!

Por Walter Williams. (English)

¿Qué motivación humana subyace a los logros más extraordinarios? En realidad, se trata de una pregunta estúpida, porque la respuesta es muy simple. La respuesta es, claro, la codicia.

Cuando hablo de codicia no me refiero al fraude, al robo, a la deshonestidad, al hacer lobby para obtener privilegios del Estado y demás formas despreciables de actuar. Hablo de gente que trata de conseguir para sí misma todo cuanto pueda.

Este invierno, puede que los ganaderos de Texas tengan que luchar con el frío, incluso con tormentas de nieve, para atender como es debido a su ganado. Su sacrificio personal en pro de sus animales tiene por objeto garantizar que los neoyorquinos puedan disfrutar de sus filetes. El pasado verano, los granjeros de Idaho que cultivan patatas trabajaron bajo un sol de justicia, entre el polvo, el barro y los insectos, para asegurarse de que los neoyorquinos puedan acompañar sus filetes con una buena ración de patatas.

He aquí mi pregunta: ¿piensa usted que lo que mueve a los ganaderos de Texas y a los granjeros de Idaho a hacer semejantes sacrificios es el amor los neoyorquinos? La realidad es que, con independencia de si los habitantes de la ciudad de los rascacielos les caen bien o no, se ocupan de que siempre tengan provisiones de carne y patatas. ¿Por qué? Porque quieren que a ellos mismos les vaya mejor.

En un sistema de libre mercado, si alguien quiere más para sí mismo, lo que tiene que hacer es atender las necesidades del prójimo. Justamente esto es lo que quiso decir Adam Smith, el padre de la economía, cuando, en su clásico La riqueza de las naciones (1776), escribió: "No es la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero lo que nos procura nuestra cena, sino la consideración de su propio interés". Por cierto, ¿de cuántos filetes con patatas cree usted que disfrutarían los neoyorquinos si todo dependiera de las nociones políticamente correctas del amor y la amabilidad? ¡Pobres neoyorquinos, qué pena me darían! Hay quien me ha sugerido que hable de "ilustrado interés propio" y no de codicia. Hmmm, prefiero codicia.

El capitalismo de libre mercado es relativamente nuevo en la historia de la humanidad. Antes, la forma que tenía la gente de amasar grandes fortunas era el saqueo, el robo y la esclavización del prójimo. El capitalismo hizo posible el enriquecimiento mediante la atención al prójimo. Los capitalistas tratan de saber qué es lo que quiere la gente para producirlo de la manera más eficiente posible.

La lógica capitalista de las pérdidas y los beneficios es implacable, lo cual explica gran parte de la hostilidad que dicho sistema suscita, también entre los empresarios. De nuevo Smith: "Los comerciantes del mismo gremio rara vez se reúnen, siquiera para pasar un buen rato, sin que terminen conspirando contra el público o por alguna subida concertada de precios". Aludía así el escocés al mercantilismo, el capitalismo de amigachos respaldado por el Estado, que tan bien caracteriza a buena parte del mundo de los negocios de hoy en día.

El capitalismo de libre mercado tiene otros enemigos, principalmente entre los tiranos y la élite intelectual. Se trata de gente convencida de tener una inteligencia superior a la de la masa y de que Dios les ha ordenado imponernos su sapiencia. Por supuesto, se consideran en posesión de las mejores razones para restringir la libertad, y no hay programa tiránico que no incluya la restricción o erradicación del mercado y de lo que está en la base del mercado: los intercambios voluntarios. Los tiranos no confían en que la gente haga lo que ellos quieren si se la deja en libertad, por eso tratan de reemplazar el mercado con la planificación y la regulación económica.

Los okupas de Wall Street y sus aliados mediáticos y políticos no están en contra del capitalismo mercantilista, de los rescates con dinero público ni de las prebendas que reparte el Estado. Comparten con los tiranos la hostilidad al libre mercado y los intercambios voluntario y pacíficos. En realidad, lo que quieren es que el Legislativo les permita meter mano en el botín del saqueo al prójimo.


I Love Greed

Por Walter Williams.


What human motivation gets the most wonderful things done? It's really a silly question, because the answer is so simple. It turns out that it's human greed that gets the most wonderful things done. When I say greed, I am not talking about fraud, theft, dishonesty, lobbying for special privileges from government or other forms of despicable behavior. I'm talking about people trying to get as much as they can for themselves. Let's look at it.

This winter, Texas ranchers may have to fight the cold of night, perhaps blizzards, to run down, feed and care for stray cattle. They make the personal sacrifice of caring for their animals to ensure that New Yorkers can enjoy beef. Last summer, Idaho potato farmers toiled in blazing sun, in dust and dirt, and maybe being bitten by insects to ensure that New Yorkers had potatoes to go with their beef.

Here's my question: Do you think that Texas ranchers and Idaho potato farmers make these personal sacrifices because they love or care about the well-being of New Yorkers? The fact is whether they like New Yorkers or not, they make sure that New Yorkers are supplied with beef and potatoes every day of the week. Why? It's because ranchers and farmers want more for themselves. 

In a free market system, in order for one to get more for himself, he must serve his fellow man. This is precisely what Adam Smith, the father of economics, meant when he said in his classic "An Inquiry Into the Nature and Causes of the Wealth of Nations" (1776), "It is not from the benevolence of the butcher, the brewer, or the baker, that we expect our dinner, but from their regard to their own interest." By the way, how much beef and potatoes do you think New Yorkers would enjoy if it all depended upon the politically correct notions of human love and kindness? Personally, I'd grieve for New Yorkers. Some have suggested that instead of greed, I use "enlightened self-interest." That's OK, but I prefer greed.

Free market capitalism is relatively new in human history. Prior to the rise of capitalism, the way people amassed great wealth was by looting, plundering and enslaving their fellow man. Capitalism made it possible to become wealthy by serving one's fellow man. Capitalists seek to discover what people want and then produce it as efficiently as possible. 

Free market capitalism is ruthless in its profit and loss discipline. This explains much of the hostility toward free market capitalism; some of it is held by businessmen. Smith recognized this hostility when he said, "People of the same trade seldom meet together, even for merriment and diversion, but the conversation ends in a conspiracy against the public, or in some contrivance to raise prices." He was hinting at government-backed crony capitalism, which has come to characterize much of today's businesses.

Free market capitalism has other enemies — mostly among the intellectual elite and political tyrants. These are people who believe that they have superior wisdom to the masses and that God has ordained them to forcibly impose that wisdom on the rest of us. Of course, they have what they consider to be good reasons for restricting liberty, but every tyrant who has ever lived has had what he considered good reason for restricting liberty. A tyrant's agenda calls for the attenuation or the elimination of the market and what is implied by it — voluntary exchange. 

Tyrants do not trust that people acting voluntarily will do what the tyrant thinks they should do. They want to replace the market with economic planning and regulation.

The Wall Street occupiers and their media and political allies are not against the principle of crony capitalism, bailouts and government special privileges and intervention. They share the same hostility to free market capitalism and peaceable voluntary exchange as tyrants. What they really want is congressional permission to share in the booty from looting their fellow man.


Ending Income Inequality?

By Walter Williams.


Benefiting from a hint in an article titled "Is Harry Potter Making You Poorer?", written by my colleague Dr. John Goodman, president of the Dallas-based National Center for Policy Analysis, I've come up with an explanation and a way to end income inequality in America, possibly around the world.

Joanne Rowling was a welfare mother in Edinburgh, Scotland. All that has changed. As the writer of the "Harry Potter" novels, having a net worth of $1 billion, she is the world's wealthiest author. More importantly, she's one of those dastardly 1-percenters condemned by the Occupy Wall Streeters and other leftists.



How did Rowling become so wealthy and unequal to the rest of us? The entire blame for this social injustice lies at the feet of the world's children and their enabling parents. Rowling's wealth is a direct result of more than 500 million "Harry Potter" book sales and movie receipts grossing more than $5 billion.
In other words, the millions of "99-percenters" who individually plunk down $8 or $9 to attend a "Harry Potter" movie, $15 to buy a "Harry Potter" novel or $30 to buy a "Harry Potter" Blu-ray Disc are directly responsible for contributing to income inequality and wealth concentration that economist and Nobel laureate Paul Krugman says "is incompatible with real democracy." In other words, Rowling is not responsible for income inequality; it's the people who purchase her works.
We just can't blame the children for the unfairness of income inequality. Look at how Wal-Mart Stores generated wealth for the Walton family of Christy ($25 billion), Jim ($21 billion), Alice ($21 billion) and Robson ($21 billion). The Walton family's wealth is not a result of ill-gotten gains, but the result of Wal-Mart's revenue, $422 billion in 2010. The blame for this unjust concentration of wealth rests with those hundreds of millions of shoppers worldwide who voluntarily enter Wal-Mart premises and leave dollars, pounds and pesos.
Basketball great LeBron James plays forward for the Miami Heat and earns $43 million for doing so. That puts him with those 1-percenters denounced by Wall Street occupiers. But who made LeBron a 1-percenter? It's those children again, enabled by their fathers or some other significant male. Instead of children doing their homework and their fathers helping their wives with housework, they get into their cars, drive to a downtown arena and voluntarily plunk down $100 for tickets. The millions of people who watch LeBron play are the direct cause of LeBron's earning $43 million and are thereby responsible for "undermining the foundations of our democracy."
Krugman laments in his Nov. 3 New York Times column "Oligarchy, American Style," "We have a society in which money is increasingly concentrated in the hands of a few people, and in which that concentration of income and wealth threatens to make us a democracy in name only."
I'd ask Krugman this question: Who's putting all the money in the hands of the few, and what do you think ought to be done to stop millions, perhaps billions, of people from using their money in ways that lead to high income and wealth concentration? In other words, I'd like Krugman to tell us what should be done to stop the millions of children who make Joanne Rowling rich, the millions who fork over their money to the benefit of LeBron James, and the hundreds of millions of people who shop at Wal-Mart.
I'd like to end this discussion with a bit of a personal note. The readers of this column know that I never make charges of racism. Rowling is an author, and so am I. In my opinion, my recently published book "Race and Economics: How Much Can Be Blamed on Discrimination?" is far more important to society than any "Harry Potter" novel. I'd like to know what it is about me that explains why millions upon millions have not purchased my book and made me a billionaire author. Maybe Krugman and the Wall Street occupiers have the answer.

Should the Rich Be Condemned? Walter Williams

Thomas Edison invented the incandescent bulb, the phonograph, the DC motor and other items in everyday use and became wealthy by doing so. Thomas Watson founded IBM and became rich through his company's contribution to the computation revolution. Lloyd Conover, while in the employ of Pfizer, created the antibiotic tetracycline. Though Edison, Watson, Conover and Pfizer became wealthy, whatever wealth they received pales in comparison with the extraordinary benefits received by ordinary people. Billions of people benefited from safe and efficient lighting. Billions more were the ultimate beneficiaries of the computer, and untold billions benefited from healthier lives gained from access to tetracycline.


President Barack Obama, in stoking up class warfare, said, "I do think at a certain point you've made enough money." This is lunacy. Andrew Carnegie's steel empire produced the raw materials that built the physical infrastructure of the United States. Bill Gates co-founded Microsoft and produced software products that aided the computer revolution. But Carnegie had amassed quite a fortune long before he built Carnegie Steel Co., and Gates had quite a fortune by 1990. Had they the mind of our president, we would have lost much of their contributions, because they had already "made enough money."


Class warfare thrives on ignorance about the sources of income. Listening to some of the talk about income differences, one would think that there's a pile of money meant to be shared equally among Americans. Rich people got to the pile first and greedily took an unfair share. Justice requires that they "give back." Or, some people talk about unequal income distribution as if there were a dealer of dollars. The reason some people have millions or billions of dollars while others have very few is the dollar dealer is a racist, sexist, a multinationalist or just plain mean. Economic justice requires a re-dealing of the dollars, income redistribution or spreading the wealth, where the ill-gotten gains of the few are returned to their rightful owners.


In a free society, for the most part, people with high incomes have demonstrated extraordinary ability to produce valuable services for -- and therefore please -- their fellow man. People voluntarily took money out of their pockets to purchase the products of Gates, Pfizer or IBM. High incomes reflect the democracy of the marketplace. The reason Gates is very wealthy is millions upon millions of people voluntarily reached into their pockets and handed over $300 or $400 for a Microsoft product. Those who think he has too much money are really registering disagreement with decisions made by millions of their fellow men.


In a free society, in a significant way income inequality reflects differences in productive capacity, namely one's ability to please his fellow man. For example, I can play basketball and so can LeBron James, but would the Miami Heat pay me anything close to the $43 million they pay him? If not, why not? I think it has to do with the discriminating tastes of basketball fans who pay $100 or more to watch the game. If the Miami Heat hired me, they would have to pay fans to watch.


Stubborn ignorance sees capitalism as benefiting only the rich, but the evidence refutes that. The rich have always been able to afford entertainment; it was the development and marketing of radio and television that made entertainment accessible to the common man. The rich have never had the drudgery of washing and ironing clothing, beating out carpets or waxing floors. The mass production of washing machines, wash-and-wear clothing, vacuum cleaners and no-wax floors spared the common man this drudgery. At one time, only the rich could afford automobiles, telephones and computers. Now all but a small percentage of Americans enjoy these goods.


The prospects are dim for a society that makes mascots out of the unproductive and condemns the productive.


Source: Mark Perry.

Lecturas y vídeo 12 de mayo de 2011


Interesante reflexión sobre qué sucede cuando un Estado adopta leyes injutas y/o excesivas.

Destaco este último párrafo:

La solución al contrabando de tabaco –y las actividades delictivas asociadas– pasa por acabar con los impuestos confiscatorios. Por desgracia, para los políticos chupasangre y los fanáticos anti-tabaco, que ven en los impuestos confiscatorios una herramienta de su cruzada moral contra el tabaco, sólo cuenta lo positivo. Para ellos, el precio que hay que pagar por su cruzada es irrelevante o, como mucho, algo secundario. Llegados a este punto, conviene recordar las palabras del novelista C.S. Lewis:

De todas las tiranías, puede que la peor sea la ejercida por el bien de sus víctimas.

***


Hizo y pagó por Arcadi Espada.

Otra vez más, como casi siempre, coincido con Espada. Si alguien es juzgado, condenado y cumple su pena es libre. No tiene ninguna deuda con el Estado. Y ha triunfado el Estado de Derecho.

Destaco:

En cuanto a cómo vaya por dentro Errandonea, me trae sin cuidado. Yo, experto, distingo mucho entre la paidofilia y la pederastia; es decir, entre los sentimientos y los hechos. El ex etarra (si aún estuviera en activo supongo que la polícia lo habría detenido de inmediato) no ha salido de la cárcel en virtud de ningún pacto político, penitenciario, sino por la extinción de la pena. Su única victoria es la de no haberse podrido en ese miserable cuarto de siglo. Todas las demás victorias son del Estado de Derecho. Incluida, last but not least, la exhibición del cartel de una coalición política que rechaza el uso de la violencia y cuya actividad ha sido declarada legal por el máximo tribunal español.

***


La realidad, tan alejada de la ficción: "El médico miró al grupo, sonrió y les dijo que los sanitarios no sólo estamos para curar y mandar a la gente a casa en perfecto estado, sino también para acompañar en los malos momentos y paliar; que los enfermos no vienen como en las películas y las series, perfectamente aseados y con cara de “lechuguita mustia sin llegar a ser lechuga podrida”; que la vida real, con todo lo que implica, era lo que estaban viviendo, las historias que cuentan los familiares, los nervios de quienes no quieren “malgastar” sus vacaciones en acompañar al abuelo ingresado, los nervios de quienes no asumen bien que su padre, su madre, van a morir, los nervios de quienes a la más mínima tos salen corriendo porque temen que se muera en ese instante".

***

Richard Feynman: "En este sencillo enunciado está la clave de la Ciencia: No importa lo bonita que sea tu suposición, no importa lo listo que fuera el que realizó la suposición o cuál fuera su nombre. Si no concuerda con los experimentos… es errónea".