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Prioridades: El Gran Problema de España

Xavier Sala i Martín.

Si un país no tiene claras sus prioridades, sus líderes políticos no pueden tomar decisiones inteligentes. Sin prioridades claras no se puede decidir racionalmente qué hay que recortar y qué hay que mantener. Sin prioridades claras no se pueden tener objetivos de largo plazo. Sin prioridades claras no se puede diseñar el futuro.
Uno de las leyes fundamentales de la ciencia económica es que “nada es gratis”. Todo tiene su coste: siempre, para conseguir algo, uno tiene que sacrificar alternativas. Si un individuo va al fútbol, no puede ir al cine al mismo tiempo. Si una familia gasta su dinero en un coche, no puede dedicar ese mismo dinero a ir de vacaciones. Si una empresa dedica sus recursos a producir pollos, no puede utilizar esos mismos recursos a producir libros. Si un gobierno gasta su dinero en mantener un ejército gigante, no tiene recursos para mantener un estado del bienestar generoso. Todos los individuos, familias, empresas y estados de una sociedad se enfrentan a disyuntivas que requieren decisiones. Y para tomar decisiones inteligentes los decisores necesitan tener sus prioridades claras.
Las prioridades pertenecen al reino de los valores, que es un mundo previo al de la economía. Una vez están establecidos los valores, los economistas podemos ayudar a pensar sobre qué decisiones tomar. Pero sin valores, la decisión inteligente es muy complicada. De hecho, es imposible.
Por ejemplo, una de las disyuntivas más importantes a las que se enfrenta una sociedad es la de si debe alinear sus políticas para que el país sea más eficiente o más equitativo. Una sociedad más eficiente es la que obtiene más producto a partir de unos recursos dados. Una sociedad más equitativa es aquella que reparte sus beneficios de una manera más igualitaria. El problema es que a veces ser más equitativo implica ser menos eficiente: ser más equitativo puede requerir poner impuestos mucho más altos a los más ricos y eso puede acabar reduciendo la eficiencia total (porque los ricos dejan de invertir y se van a otros países o simplemente se van de vacaciones porque piensan que no les compensa invertir sus rentas) haciendo que el país sea mucho más pobre. ¿Debemos ser más eficientes o más equitativos? ¿Hasta qué punto debemos sacrificar lo uno para conseguir lo otro? La respuesta depende de los valores que tenga una sociedad. Si los valores de uno solo dan importancia a la equidad (como la Unión Soviética), uno acaba consiguiendo una sociedad igual... pero tan poco eficiente que al final quiebra. Si uno solo pone énfasis en la eficiencia (como... bien, no conozco ningún país que no tenga impuestos progresivos, pero si lo hubiera, seguramente sería eficiente pero sus rentas finales serían menos equitativas). En cualquier caso, lo cierto es que si uno no tiene muy claro hasta qué punto valora lo uno o lo otro, uno no va a poder decidir qué impuestos implementar, qué tipos impositivos deben haber para cada impuesto, qué tipo de servicios deben ser pagados por el contribuyente y qué servicios por el usuario.
Pero incluso el concepto de equidad está lejos de ser claro. Imaginen que en un país hay dos personas, A y B. La señora A gana 100.000 euros y paga 10.000 euros de impuestos (el 10%). El señor B gana 20.000 euros y paga 3.000 de impuestos (15%). ¿Es equitativa esta situacióm? A paga una cantidad más alta aunque pague un porcentaje más bajo. ¿Es eso justo? ¿O para ser equitativo A tiene que pagar una cantidad y un porcentaje más elevado que B? ¿Qué pasaría si A pagara 16.000 euros (el 16%)? En este caso A pagaría una cantidad superior y un mayor porcentaje que B pero, ¿sería suficiente para ser equitativo? ¿Es 16% suficientemente más alto que 15% para ser equitativo? Si no, ¿qué tipo impositivo para A es suficientemente alto para poder decir que es equitativo? Si decidimos que, con B pagando el 15% de su ingreso, lo equitativo es que A pague un 30%, ¿qué pasaría si al gobierno se le va la mano de los impuestos y le carga el 45%? ¿Llega un punto en que un la redistribución es "injusta" porque el rico p paga "demasiado"? ¿O eso no puede pasar nunca (es decir, exprimir un poco más a los ricos siempre es justo aunque les acabemos expropiando el 100% de lo que ganan? Ah! ¿E importa el origen de las rentas de A y B? La respuesta de todas las preguntas anteriores, ¿depende de si A y B han heredado una gran fortuna, la han ganado en la lotería o han hecho su dinero a través del esfuerzo, el estudio y el trabajo?(*) Les debo confesar que los economistas no tenemos una respuesta clara a ninguna de esas preguntas porque las respuestas residen en el campo de los valores y los valores son necesarios para los economistas pero no son algo que los economistas puedan decidir. Pero igualmente les debo confesar que es imposible tomar decisiones si uno no tiene claros esos valores. He ahí la importancia de las prioridades.
Si uno no tiene claras sus prioridades, cuando llega el momento de estrecharse el cinturón como pasa ahora en España, ¿cómo puede uno decidir si recorta la educación, la sanidad, la seguridad, la justicia, la defensa, la inversión, la investigación, la modernización, la comunicación, el entretenimiento, el medioambiente, la información, la pensión, el crecimiento, el consumo, la reelección, la redistribución, la protección animal, la cultura, la protección social, la inmigración, la religión, la financiación, la igualdad, la equidad, la administración funcionarial, la eficiencia, la exportación, el turismo, el ocio, el deporte, la prevención de accidentes, o cualquier de las otras mil tareas de las que se encarga ahora mismo el estado? Si les preguntamos a los que trabajan o de alguna manera se benefician de esos sectores, TODOS van a decir que ellos son los más importantes de la sociedad. Lo vemos estos días, cada día, en la televisión. Los interesados se manifiestan, se quejan, hacen presión, cortan carreteras, etc., para demostrar que ELLOS tienen PRIORIDAD sobre los demás y deben ser los últimos en ser recortados. ¿Pero qué piensa el resto de la sociedad?
O una pregunta más básica: teniendo en cuenta los ejemplos de los impuestos que he puesto más arriba, ¿cómo se puede decidir, si uno no tiene prioridades, qué impuestos se deben subir para recaudar más? ¿Se debe subir más el IVA o el IRPF? ¿Si es el IRPF, más el de los ricos, los pobres o el de las clases medias? ¿Existe un punto a partir del cual se podrá decir que los ricos pagan demasiado? ¿O los ricos siempre son susceptibles de pagar más? ¿E importa el origen de su riqueza? ¿Importa si su riqueza es heredada, proviene de la lotería o ha sido construida por ellos mismos? ¿Importa si han conseguido su dinero inventando algo que nos ha beneficiado a todos -como programas de ordenador o redes sociales- o simplemente se han dedicado a explotar un pozo de petróleo?
Yo, de verdad, no tengo respuesta (objetiva) a esas preguntas. Tengo mi opinión, pero es subjetiva. Como todas las opiniones. Pero como yo no debo tomar decisiones mi opinión no es importante. Lo importante es que quien debe tomar decisiones, EL GOBIERNO, tampoco las tiene. Y ese es un grave problema. Porque cuando uno no tiene las prioridades claras, acaba tomando decisiones basándose en criterios poco razonables como las demostraciones de poder (es decir, se beneficia a los que tienen capacidad de cortar el tráfico en horas punta, a los que pueden hacer huelga el día antes de las vacaciones o los que pueden hacer presión la semana antes del congreso de telefonía móvil). O se toman decisiones basándose en la “tradición”. Por ejemplo, todo el mundo está de acuerdo en que los pensionistas se deben pagar su comida... pero  muchos se quejan vehementemente cuando se sugiere que se paguen los medicamentos. ¿Por qué los medicamentos deben ser pagados por el estado y los alimentos no? ¿No son igual de básicos? ¿O por qué todo el mundo acepta que el metro o el autobús deben ser pagados por el usuario, pero la gente se queja de los peajes de las autopistas? ¿O por qué aceptamos que la gente pague el precio justo por la gasolina pero no por la electricidad -de ahí el brutal déficit tarifario? ¿O que pague el precio de coste cuando estudian un máster pero no cuando estudian la carrera? ¿O que pague el precio de coste para hacer una llamada telefónica pero no para enviar una carta -de ahí el déficit de Correos? La verdad es que no hay ninguna razón objetiva. Lo único que pasa es que hace años que lo hacemos así y cambiarlo parece una locura. Por eso a veces he sugerido "empezar desde cero" en lugar de pensar en "recortar desde lo que tenemos ahora". Si empezáramos desde cero y construyéramos el estado de manera racional: ¿qué servicios públicos tendríamos, a cuántos funcionarios, cuántas infraestructuras construiríamos? Fijaos que esto solo es un mecanismos que nos ayuda a priorizar.
Lo peor de todo es que, cuando no se tienen prioridades, a veces se toman decisiones basándose en lo que uno dijo cuando estaba en la oposición (como no reducir los salarios, las prestaciones de sanidad o el coste de los medicamentos de los funcionarios simplemente porque cuando el anterior gobierno lo hizo uno se comportó como un demagogo). O, incluso peor, se toman con criterios particulares y no con atención a los valores del conjunto: criterios como el “mejorar las probabilidades de reelección” o el “favoritismo a familiares, miembros del partido y mascotas” aparecen como criterios de priorización.
Todo esto lo explico porque ESE es el gran problema de España: no tiene claras sus prioridades. El estado tiene tanta grasa que se puede recortar mucho sin recortar lo esencial. Pero para ello se necesita tener claro lo que es prioritario España tiene los ingredientes para volver a la senda de crecimiento pero para ello hay que reformar y para reformar se necesita tener claro lo que es prioritario. El primer paso para solucionar los graves problemas económicos de España es decidir las prioridades. Una vez estén establecidas, va a resultar sencillo decidir qué es lo que se debe recortar, hacia donde hay que ir o cómo construir el futuro. Mientras no se haga, se van a poner parches que NO solucionarán el problema de fondo y se va a ir perdiendo, poco a poco, la credibilidad ante los socios europeos y ante los acreedores que verán que España sigue siendo el país de Zapatero: un país sin rumbo, sin criterio y sin capacidad de decisión.
  
(*) Una tuve un profesor que decía que las diferencias de notas en las clases eran injustas porque reflejaban desigualdades sociales. Y nos dijo el primer día que nos pondría a todos un aprobado. Y así lo hizo. Lógicamente, el esfuerzo para hacer las cosas bien fue mínimo y todos acabamos aprendiendo muy poco (con lo cual, se perdió toda la eficiencia). Pero eso no fue lo peor. Lo peor es que lo que hizo fue injusto:  más igualdad no necesariamente refleja más justicia. Lo justo es que las notas reflejen el talento y el esfuerzo.

La brecha salarial de Género en España: Algunas aclaraciones

Sara de la Rica.



La Unión Europea celebra el 22 de Febrero el día de la “Igualdad Salarial de Género”. Un par de semanas más tarde, el 8 de Marzo, se ha celebrado el Día Internacional de la Mujer. En los dos días, pude leer en varios medios escritos noticias como “Las mujeres cobran el 22% menos que los hombres” [aquí] u otras, como “las mujeres cobran en promedio 18% menos que sus colegas de trabajo masculinos [aquí]. En muchas ocasiones, se identifica la “brecha salarial de género” precisamente con estas diferencias en retribuciones medias. Sin embargo, la definición de brecha salarial de género es “la diferencia de ingresos entre hombres y mujeres que realizan el mismo trabajo”. [aquí]. Creo que en general la información sobre la brecha salarial de género que se ofrece en los medios es, cuando menos, confusa. Por otra parte, la decisión de qué hombres y mujeres realizan el mismo trabajo tampoco está exenta de discusión. Dedicaré esta entrada a tratar de aportar información sobre este aspecto.
Para empezar, la fuente de datos de donde se obtiene la más completa información sobre salarios en España es la “Encuesta de Estructura Salarial (EES)”. Esta es una encuesta que el INE realiza cuatrienalmente – hasta el momento existen tres olas disponibles – 1995, 2002 y 2006, y a partir de ellas, el INE, extrapola anualmente las diferencias salariales de género en los años siguientes a la última encuesta disponible a la espera de la siguiente encuesta cuatrienal. [más información, aquí]. En base a estos datos (para 2006, que es el último año para los que disponemos de datos individualizados), podemos obtener la siguiente información sobre las diferencias salariales de género en nuestro país:
Considerando el salario bruto anual, la diferencia salarial media entre hombres y mujeres es del 30%, es decir, en media, las mujeres ganan anualmente un 30 por ciento menos de los hombres.
Sin embargo, la ganancia anual no es la mejor manera de medir las diferencias salariales de género, dado que normalmente las mujeres trabajan en media menos horas que los hombres. Por esto, el segundo dato interesante que la ESS aporta es:
Considerando el salario bruto por hora, la diferencia salarial media entre hombres y mujeres es del 25%, es decir, en media, las mujeres ganan por hora un 25% menos que los hombres (datos de 2006).
La ganancia por hora refleja mucho más adecuadamente el pago por unidad de tiempo, y dado que el número medio de horas trabajadas al año por las mujeres es menor al de los hombres, el AJUSTE por el número de horas en la medición de la diferencia salarial de género es absolutamente imprescindible.
Pero éste no es más que un primer ajuste si nuestra intención es tratar de medir la brecha salarial de género entre hombres y mujeres, es decir, la diferencia salarial hora entre hombres y mujeres que realizan el mismo trabajo. ¿Quiénes son los hombres y mujeres que realizan el mismo trabajo? Desde el punto de vista económico, entendemos que dos personas realizan el mismo trabajo si aportan (por unidad de tiempo) el mismo valor añadido a la empresa, y en consecuencia, si su productividad laboral es la misma o muy similar. Si ésta fuera observable, seleccionaríamos hombres y mujeres con la misma productividad laboral, compararíamos sus salarios hora y computaríamos así la brecha salarial de género. Pero por desgracia esta variable no la observamos y en consecuencia, su medición resulta complicada.
Para aproximar la productividad laboral es preciso tener en cuenta tanto condiciones por parte de la oferta (el trabajador, su capital humano), como por parte de la demanda (la empresa, su condición tecnológica). Por parte de la oferta, existen algunas variables observables, como el nivel educativo o la experiencia laboral (a veces aproximada por la edad, aunque ciertamente no son la misma cosa) , que de alguna manera reflejan (por supuesto con error) el capital humano de los trabajadores y sirven para ayudarnos a aproximar la productividad laboral. Es muy sencillo medir la diferencia salarial por hora trabajada entre hombres y mujeres con el mismo nivel educativo (primaria o menor, secundaria y universitaria) y la misma edad. Basta con estimar con una muestra de hombres y mujeres el salario hora (en logaritmos) sobre un indicador de mujer, incluyendo la variable edad y los indicadores de educación. El coeficiente que acompaña al indicador de mujer nos indica la diferencia salarial de género CONDICIONADA por el nivel educativo y la edad, o en otras palabras, el diferencial salarial (por hora trabajada) entre hombres y mujeres que tienen la misma edad y el mismo nivel educativo. Con la muestra de 2006, que es el último año para los que disponemos de los microdatos de la encuesta, este coeficiente asciende al 30%, es decir, entre hombres y mujeres con el mismo nivel educativo y la misma edad, las mujeres en media ganan un 30 por ciento menos que los hombres. Se observa que al condicionar por el nivel educativo y la edad las diferencias salariales entre hombres y mujeres no disminuyen, sino que aumentan – del 25 al 30%, lo cual se debe a que los niveles educativos de las mujeres trabajadoras en España en 2006 – en especial el porcentaje de universitarias, es claramente superior al de los hombres, lo que provoca este aumento en las diferencias salariales al condicionar éstas por el nivel educativo y la edad.
Pero no todos los hombres y mujeres que tienen la misma edad y el mismo nivel educativo realizan el mismo trabajo (o tienen una productividad laboral similar). De hecho, dependiendo del sector de actividad, la ocupación y la empresa en la que los trabajadores realicen su trabajo, su productividad laboral y en consecuencia, el valor añadido que aporten, será diferente. Por tanto, para acercarnos a la medición de la brecha salarial de género es conveniente comparar los salarios hora de hombres y mujeres con la misma edad y nivel educativo pero que además trabajan en la misma industria y/o en la misma ocupación. Hago en principio el ejercicio condicionando por la ocupación. Aquí la decisión sobre el número de ocupaciones que deben considerarse no es trivial. Si desagregamos en grupos ocupacionales amplios (managers, profesionales, técnicos, administrativos, vendedores, trabajadores manuales cualificados y trabajadores manuales no cualificados- 7 categorías), el control de la ocupación es muy imperfecto – podemos enfrentarnos a alta segregación de género incluso dentro de cada uno de los grandes grupos ocupacionales, mientras que si consideramos una desagregación muy precisa, podemos encontrarnos con que muchas de esas ocupaciones son o bien solamente masculinas o solamente femeninas y en consecuencia no es posible medir la diferencia salarial dentro de esas ocupaciones. Utilizo por tanto aquí una estrategia media, ni grupos muy amplios ni muy precisos (17 categorías ocupacionales). Al comparar el salario hora de hombres y mujeres con el mismo nivel educativo, misma edad y que trabajan en la misma ocupación, la brecha salarial es del 25%.
Sin embargo, sería muy deseable comparar hombres y mujeres que trabajan en la misma empresa, donde hombres y mujeres se enfrentan al mismo sector de actividad, al mismo tipo de negociación colectiva, similares relaciones laborales empresario/trabajador y al mismo tamaño de empresa, todos ellos aspectos que sin duda afectan a la productividad laboral pero que bien pueden diferir al comparar hombres y mujeres que simplemente trabajan en la misma ocupación. Con la Encuesta de Estructura Salarial de 2006 esto es posible, y al estimar la diferencia salarial entre hombres y mujeres de la misma edad, mismo nivel educativo y que trabajan en la misma empresa, ésta desciende al 18%.
Por último, también es posible comparar el salario hora de hombres y mujeres que trabajan no sólo en la misma empresa sino también en la misma ocupación. Recurriendo a la desagregación ocupacional de 17 categorías, la diferencia salarial de género entre hombres y mujeres que trabajan en la misma empresa y en la misma ocupación, y que además tienen la misma edad y el mismo nivel educativo desciende al 14%.
Si creemos que hombres y mujeres que trabajan en la misma empresa y la misma ocupación (17 categorías), tienen la misma edad y el mismo nivel educativo realizan el mismo trabajo, entonces la brecha salarial de género en nuestro país es del 14%, o en otras palabras, las mujeres ganan de media por hora trabajada un 14 por ciento menos que los hombres que realizan un trabajo similar – o que tienen una productividad laboral similar.
¿Es esta una afirmación contundente? No, pero se le acerca. Quedan por desgracia aspectos tanto de demanda como de oferta que afectan a la productividad laboral y que no han podido ser controlados. Uno, el ya mencionado de que la desagregación ocupacional que he realizado no es suficientemente precisa. Dos, que el tipo de educación, sobre todo a nivel universitario, que hombres y mujeres escogen es muy diferente, aunque en parte estas diferencias están subsanadas al controlar por la ocupación. En tercer lugar, que la experiencia laboral, aproximada por la edad, está medida con error, y este error afecta en general más a mujeres que a hombres. En consecuencia, aconsejaría cautela al interpretar el resultado.
En cualquier caso, sí creo que con este ejercicio nos hemos acercado MUCHO a la comparación entre hombres y mujeres con productividades laborales muy similares, y que por tanto, realizan un trabajo muy similar. El hecho de que la estimación de la brecha salarial de género sea del 14% nos hace pensar que las mujeres NO reciben el mismo pago por el mismo trabajo, y en consecuencia debemos alertar sobre la necesidad de avanzar hacia la igualdad de género en el mercado de trabajo.

La verdad sobre los salarios de mujeres y hombres

Domingo Soriano.



El pasado 8 de marzo se celebró el Día Internacional de la Mujer. Una jornada que debería servir (si es que tienen alguna utilidad estas celebraciones) para fijar la atención sobre la situación de las mujeres en lugares como Irán o Arabia Saudí, donde se les trata como a ciudadanos de segunda, está marcada en España por la reivindicación acerca de la brecha salarial, es decir, la absurda creencia de que las trabajadoras cobran menos que sus compañeros por hacer el mismo trabajo.
"La brecha salarial existente en España es una lacra contra la que hay que luchar los 365 días del año", declaró Juan Manuel Moreno, secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad. "Las mujeres españolas ganan menos que los hombres a lo largo de toda su vida, con independencia de su formación. Peor aún, cuanto más alto es su nivel de estudios, mayor es su discriminación salarial". "Las mujeres necesitan trabajar 54 días más que los hombres para cobrar lo mismo". "Las mujeres cobran un 22% menos que los hombres pese a tener mejores calificaciones". "Las mujeres cobran un 16% menos que los hombres por el mismo trabajo". Todas estas frases han aparecido en la prensa española en los últimos dos años, especialmente en fechas señaladas como el 8 de marzo. En todas se desliza una idea que se ha convertido en el dogma que rige la política de igualdad en nuestro país:
Las mujeres están discriminadas y la mejor prueba es que ganan menos que los hombres por hacer el mismo trabajo.
Todos los partidos políticos sin excepción (desde ERC hasta el PP, pasando por el PSOE y UPyD) emitieron comunicados el pasado jueves denunciando esta injusticia y prometieron seguir luchando para acabar con tan inaceptable discriminación. Posiblemente no exista ningún otro tema en el que sea posible encontrar una unanimidad semejante entre las formaciones españolas, unanimidad que se refleja también en los medios de comunicación.


Sin embargo, la afirmación de que las mujeres ganan menos por hacer el mismo trabajo es un absurdo económico que nadie con unos mínimos conocimientos debería mantener. No tiene la menor lógica. Los empresarios tienen como principal objetivo ganar dinero y mantener viva su empresa; por lo tanto, si existe un colectivo que hace exactamente el mismo trabajo a cambio de un salario menor, sólo contratarán a miembros de ese colectivo, ya sean mujeres, inmigrantes, jóvenes o lo que sean, porque de esta manera aumentarán sus beneficios. Es más, incluso si un empresario se resiste a hacerlo por prejuicios... se verá obligado a cambiar de actitud, so pena de caer bajo la presión de la competencia, que podrá explotar esta ventaja contratando a los trabajadores que él rechace.


Los políticos (y en esto también hay pocas diferencias a derecha e izquierda) nos presentan a los empresarios como seres sin escrúpulos, avariciosos y deseosos de explotar la menor oportunidad para aumentar sus beneficios. Sin embargo, cuando se habla de sueldos de hombres y mujeres, estos miserables capitalistas se convierten en estúpidos, capaces de no contratar a una mujer sólo por sus prejuicios machistas, incluso aunque esto perjudique a su cuenta de pérdidas y ganancias.


En realidad, frases como las que encabezan este artículo son tremendamente insultantes, tanto para los empresarios (entre los que hay hombres y mujeres, no lo olvidemos) como para las mujeres, a las que se pinta como incapaces de mejorar su propia situación por sí mismas (por ejemplo, cambiando de trabajo si sienten que pueden pedir más sueldo por sus servicios). Además, casi nunca se señala a una compañía en concreto o una situación de supuesta desigualdad real. De hecho, en 2009 el Ministerio de Igualdad de Bibiana Aído realizó 46.239 inspecciones en 241 empresas para comprobar si los trabajadores españoles sufrían algún tipo de discriminación. Pues bien, sólo encontró 590 supuestos casos (un 1,28%), y en 245 la discriminación la padecían... ¡hombres!


En realidad, este resultado es lógico. Como decíamos antes, ni las mujeres son tan tontas como para aceptar cobrar menos que un hombre por el mismo empleo sin buscar otra empresa que les pague lo que se merecen, ni sus jefes son tan estúpidos como para no darse cuenta de que, al comportarse así, perderían a sus mejores empleadas a manos de sus competidores. Pero la realidad, por muy machacona que sea, no es un impedimento para quienes año tras año repiten las mismas falsedades.


La razón para este empecinamiento es doble y fácil de comprender. Por un lado está la corrección política que nos invade: una vez que uno de estos mensajes facilotes aunque falsos ha calado en la opinión pública es muy difícil que nadie se arriesgue rebatirlos, puesto que inmediatamente sería tachado de machista y retrógrado (sólo unas pocas mujeres han sido capaces de elevarse sobre el ruido que nos rodea y denunciar este hecho). Además, políticamente es muy jugoso aprobar una norma que, sólo aparentemente, favorece a la mitad del electorado. En segundo lugar, para comprender el éxito y la supervivencia de estos prejuicios, no hay que olvidar los incentivos que se van creando según se desarrolla un programa político. En España, el Estado, todas las autonomías, los principales ayuntamientos e incluso muchas empresas tienen institutos de la mujer, observatorios de igualdad, oficinas de no discriminación, ONG a las que subvencionan para que defiendan estos fines, etc. Si un día se generalizase la idea de que no existe tal discriminación, toda esa gente se quedaría sin trabajo. Nunca he creído que estos organismos mientan a propósito, pero los incentivos son perversos: si tu sueldo depende de creer que algo es cierto, lo más probable es que acabes creyéndotelo. ¿Alguien se imagina un informe del Instituto de la Mujer diciendo que ya no existe brecha salarial y, por lo tanto, hay que cerrar el Instituto de la Mujer?


La realidad


¿Cuál es la realidad que se esconde tras esa diferencia salarial entre hombres y mujeres? En primer lugar, lo que dice el INE en su última Encuesta Anual de Estructura Salarial es esto:
El salario medio anual femenino representó el 78% del masculino. Esta diferencia se reduce si se consideran situaciones similares respecto a variables como ocupación, tipo de jornada o contrato, entre otras.
Esto quiere decir que las mujeres cobran de media un 22% menos que los hombres. A ese dato es al que se agarran todos los titulares que hemos leído en los últimos días. Pero esto no quiere decir que las mujeres cobren menos por hacer lo mismo, y desde luego no demuestra discriminación alguna. Es una pura media estadística. Lo que hay que hacer es analizar los datos y ver si con el comportamiento de ambos sexos en el mercado laboral puede extraerse una explicación. El propio INE ya apunta en esa dirección cuando dice que la diferencia se reduce si se consideran "situaciones similares" respecto a otras variables.


Lo primero que a cualquiera se le ocurre es que una de las explicaciones puede ser histórica. El mercado laboral español no se formó ayer, sino que se ha ido moldeando a lo largo de los años. Los sueldos más altos y los cargos directivos los ocupan personas que comenzaron su carrera profesional en las décadas de los 60 y 70. En aquellos años, el número de hombres que iba a la universidad era muy superior al de mujeres. Es más, incluso entre las más avanzadas estudiantes de la época era muy común dejar aparcada del todo la carrera profesional cuando llegaban los hijos.


Ésta es la principal razón de la falta de mujeres en los puestos directivos de las empresas (el famoso "techo de cristal"). En muchas ocasiones se dice: "Ya hay más licenciadas que licenciados y sin embargo la presencia femenina en los consejos de administración de las compañías del Ibex no llega al 11%". Ambas cosas son ciertas, pero mezclarlas no tiene sentido. La edad media en esos consejos de administración es de 59 años; estas personas comenzaron sus estudios universitarios a finales de la década de los 60 y luego fueron creciendo profesionalmente hasta llegar al puesto que hoy ocupan. No tiene lógica comparar el número de licenciados en 2005 con un consejo formado por personas que obtuvieron su título en 1970.


De hecho, esta brecha histórica se refleja incluso en la administración pública. Un buen ejemplo sería la carrera judicial (ver página 14 de La Justicia: dato a dato del CGPJ). Desde hace años, las mujeres arrasan a los hombres en las oposiciones judiciales. Sin embargo, los salarios medios de los jueces masculinos siguen siendo más elevados que los de sus colegas femeninas. ¿Por qué? Por una razón muy sencilla: ellos llevan mucho más tiempo en su puesto y han ascendido más en el escalafón. Así, entre los jueces de más de 60 años hay 306 hombres y sólo 31 mujeres; pero en la horquilla 31-40 años hay 936 juezas por sólo 481 jueces. Si alguien mira los salarios de estos profesionales o la presencia de los dos sexos en altos organismos como el Tribunal Supremo o el Tribunal Constitucional, podría sacar la apresurada conclusión de que se discrimina a la mujer. No es cierto: simplemente, a las juezas que han ido incorporándose a la carrera en los últimos 20 años no les ha dado tiempo todavía a desplazar a sus colegas de más edad.


La segunda razón por la que los hombres ganan, de media, algo más que las mujeres tiene que ver con el comportamiento de unos y otras en el mercado laboral. Para explicar este hecho, lo mejor es acudir a las estadísticas de EEUU, país en el que la mujer lleva mucho más tiempo en el mercado laboral y donde los estudios están mucho más desarrollados.


Según un informe del Censo norteamericano, las mujeres solteras de entre 22 y 30 años ganan un 8% más que los hombres solteros de la misma edad. Al mismo tiempo, un estudio del año 2005 mostraba que también las mujeres solteras de entre 35 y 43 años ganaban algo más que sus colegas masculinos. Esto parece echar por tierra cualquier acusación de machismo. Si los empresarios odian a las mujeres trabajadoras, ¿por qué no se ceban también con las solteras jóvenes? ¿Es el suyo un machismo selectivo?


Si se unen todos los datos es fácil darse cuenta de cuál es la verdadera razón de la brecha salarial: cuando se casan y tienen hijos, mujeres y hombres se comportan de forma diferente. Así, ellas interrumpen su carrera durante largos períodos de tiempo con más frecuencia que los hombres, y no sólo por la baja maternal tras el embarazo. También es más común que pidan reducciones de jornada.
  • Según una encuesta publicada por El País el pasado 8 de marzo, a la pregunta de si aceptarían un puesto de más responsabilidad y más sueldo a cambio de más horas de trabajo, un 67% de los hombres decía que sí, por sólo un 58% de las mujeres.
     
  • Un estudio muy interesante es el de Marianne Bertrand sobre quienes han obtenido un MBA en la Booth School of Business de Chicago. Todos ellos estaban destinados a alcanzar puestos directivos, por eso pagaron mucho dinero por cursar esos estudios. Sin embargo, las conclusiones son reveladoras: diez años después de la graduación, el 16% de las mujeres no trabajaba (normalmente, porque han preferido quedarse en casa con sus hijos), por sólo un 1% de los hombres; el 92% de los varones trabajaba a tiempo completo, cifra 30 puntos superior a la de las mujeres (62%); en cuanto a tiempo de trabajo, que en el primer año era casi idéntico en hombres y mujeres, a los diez años arrojaba una diferencia sustancial en favor de los primeros: 56,7 horas semanales frente a 49,3. Por lo demás, Bertrand advierte que los MBA masculinos tienden a escoger especialidades que exigen más tiempo de trabajo pero que también aportan más sueldo (como las finanzas), mientras ellas eligen más a menudo otras menos remuneradas (como el marketing).
     
  • En España, como veíamos antes en el ejemplo de la carrera judicial, las mujeres están asaltando la función pública. De los 134 nuevos jueces de 2011, 99 eran mujeres. Lo mismo pasa en casi todas las oposiciones: desde 2007 hay más funcionarias que funcionarios en España, y esa proporción irá creciendo según se jubilen los más veteranos, que son mayoritariamente hombres. Esto concuerda con el estudio de Bertrand. La administración paga menos de media que el sector privado, pero también exige menos dedicación horaria y permite compaginar mejor la vida laboral con la familiar.
Podemos concluir que los llamativos titulares sobre la discriminación salarial son producto de la exageración o la falta de análisis. La verdadera razón de la diferencia en los sueldos de hombres y mujeres tiene que ver con la duración de su vida laboral y la manera en que unos y otros encaran ésta. Es una cuestión de coste de oportunidad: a partir de determinado momento de su vida, ellas valoran más su tiempo libre y su familia que un ascenso; a ellos les cuesta más dar un paso atrás en su profesión. ¿Por qué? Cada uno tendrá una respuesta. Ésta es una pregunta para un sociólogo, no para un economista.


Forzar los datos para mantener a toda costa el discurso sobre la discriminación salarial no traerá nada bueno. Como decíamos antes, supone un insulto para la mujer y para los empresarios (aún más para las empresarias); genera tensión en la sociedad: ellas se sienten apartadas y ellos piensan que pueden perder un empleo por culpa de la paridad; provoca que cuando una mujer llegue a un puesto de responsabilidad muchos duden de si es por su valía o por las cuotas, y el trabajo que miles de trabajadoras han hecho en las últimas décadas para demostrar su capacidad se pone en entredicho. Eso sí, el próximo 8 de marzo, todos los partidos volverán a unirse: sólo ese día se ponen de acuerdo en algo. Es una pena que sea para solucionar un problema que no existe.

LEY 12/2007, de 26 de noviembre, para la promoción de la igualdad de género en Andalucía

Artículo 50.2:
"Asimismo, los poderes públicos de Andalucía, en coordinación y colaboración con las entidades locales en el territorio andaluz, tendrán en cuenta la perspectiva de género en el diseño de las ciudades, en las políticas urbanas, y en la definición y ejecución de los planeamientos urbanísticos."

Fuente: Arturo Pérez-Reverte.

Pobreza y desigualdad

Por Gabriel Zaid.


Rompiendo con muchos de los lugares comunes que suelen aplicarse en el estudio social, Gabriel Zaid vaticina en este ensayo el deseable final de la pobreza y la inevitable -y sana- persistencia de la desigualdad. Llegará el día en que los pobres sean protegidos como una especie en extinción. Habrá zonas de veda, parques turísticos y hasta aldeas más o menos auténticas que ilustren cómo vivían. Quizá los visitantes admiren la inteligencia y dignidad con que se puede vivir estrechamente. Pero será difícil explicarles cómo pudo haber pobres en medio de la abundancia.

La pobreza puede quedar atrás en unas cuantas décadas. Pensar que será eterna ayuda a perpetuarla. No hay que confundirla con la desigualdad, que también existe entre los millonarios, y seguiría existiendo si toda la población fuese millonaria. La pobreza es económica, la desigualdad es social y política. La desigualdad política nació con el Estado, la vida sedentaria y la agricultura hace unos diez milenios. La desigualdad social viene de más lejos: de la vida animal, y en la democracia moderna se cultiva con pasión. De todo se hacen listas que muestren quién es más. Organizar concursos, clasificar a las personas y distinguirse en alguna clasificación entusiasman. Buscar criterios nunca vistos de jerarquización para Guinness se vuelve noticia.

La desigualdad económica es una de tantas, pero facilita otras. La riqueza ayuda a acumular distinciones. Además, el dinero es un criterio fácil de aplicar. Es más fácil jerarquizar a los artistas por su éxito económico que por su arte. Y los números fascinan. Las cifras millonarias de gastos, ingresos y patrimonio parecen fantasías más allá de este mundo, como si la vida de Creso superara infinitamente a la de Sócrates. Esto da a la pobreza una perspectiva sesgada: la llamada pobreza relativa (tener menos, gastar menos, ganar menos), que reduce la pobreza a desigualdad.

Muchas desigualdades son injustas y deben terminar, por ejemplo: la esclavitud, la discriminación racial. Pero la desigualdad económica no tiene esa importancia (no es injusta por sí misma), ni puede impedirse. Lo importante es que todo ser humano disponga de suficientes calorías, proteínas, agua potable, ropa, techo, vacunas, vitaminas; y esto es algo que se puede lograr. Lo que no tiene importancia, ni se puede lograr, es que todos igualen a los demás. Menos aún (aunque se recomienda mucho), que todos superen a todos los demás.

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Should the Rich Be Condemned? Walter Williams

Thomas Edison invented the incandescent bulb, the phonograph, the DC motor and other items in everyday use and became wealthy by doing so. Thomas Watson founded IBM and became rich through his company's contribution to the computation revolution. Lloyd Conover, while in the employ of Pfizer, created the antibiotic tetracycline. Though Edison, Watson, Conover and Pfizer became wealthy, whatever wealth they received pales in comparison with the extraordinary benefits received by ordinary people. Billions of people benefited from safe and efficient lighting. Billions more were the ultimate beneficiaries of the computer, and untold billions benefited from healthier lives gained from access to tetracycline.


President Barack Obama, in stoking up class warfare, said, "I do think at a certain point you've made enough money." This is lunacy. Andrew Carnegie's steel empire produced the raw materials that built the physical infrastructure of the United States. Bill Gates co-founded Microsoft and produced software products that aided the computer revolution. But Carnegie had amassed quite a fortune long before he built Carnegie Steel Co., and Gates had quite a fortune by 1990. Had they the mind of our president, we would have lost much of their contributions, because they had already "made enough money."


Class warfare thrives on ignorance about the sources of income. Listening to some of the talk about income differences, one would think that there's a pile of money meant to be shared equally among Americans. Rich people got to the pile first and greedily took an unfair share. Justice requires that they "give back." Or, some people talk about unequal income distribution as if there were a dealer of dollars. The reason some people have millions or billions of dollars while others have very few is the dollar dealer is a racist, sexist, a multinationalist or just plain mean. Economic justice requires a re-dealing of the dollars, income redistribution or spreading the wealth, where the ill-gotten gains of the few are returned to their rightful owners.


In a free society, for the most part, people with high incomes have demonstrated extraordinary ability to produce valuable services for -- and therefore please -- their fellow man. People voluntarily took money out of their pockets to purchase the products of Gates, Pfizer or IBM. High incomes reflect the democracy of the marketplace. The reason Gates is very wealthy is millions upon millions of people voluntarily reached into their pockets and handed over $300 or $400 for a Microsoft product. Those who think he has too much money are really registering disagreement with decisions made by millions of their fellow men.


In a free society, in a significant way income inequality reflects differences in productive capacity, namely one's ability to please his fellow man. For example, I can play basketball and so can LeBron James, but would the Miami Heat pay me anything close to the $43 million they pay him? If not, why not? I think it has to do with the discriminating tastes of basketball fans who pay $100 or more to watch the game. If the Miami Heat hired me, they would have to pay fans to watch.


Stubborn ignorance sees capitalism as benefiting only the rich, but the evidence refutes that. The rich have always been able to afford entertainment; it was the development and marketing of radio and television that made entertainment accessible to the common man. The rich have never had the drudgery of washing and ironing clothing, beating out carpets or waxing floors. The mass production of washing machines, wash-and-wear clothing, vacuum cleaners and no-wax floors spared the common man this drudgery. At one time, only the rich could afford automobiles, telephones and computers. Now all but a small percentage of Americans enjoy these goods.


The prospects are dim for a society that makes mascots out of the unproductive and condemns the productive.


Source: Mark Perry.

Equality & Respect: How I'm Equal to Hugh Jackman. Aeon Skoble


According to the Declaration of Independence, we're all created equal. But Professor Aeon Skoble is not as rich as Bill Gates, as tough as Vin Diesel, or as sexy as Hugh Jackman. To Professor Skoble, the Declaration intends for us all to be treated equal before the law. Put another way, we should all have equal freedom to choose our own respective paths to happiness as long as we do not infringe on the freedoms of others.

Treating people as equals means that we should show equal respect for the choices they make. That means that, although we may disagree with others, we should respect their preferences for jobs, tv shows, music, etc... The legal system should show equal respect for persons by respecting their rights equally, not by interfering with the outcomes of people's choices. If we try to produce equality in some other fashion, we will necessarily violate people's freedom to choose.


Source: Learn Liberty.