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Siti Zainab está condenada a muerte en Arabia Saudí


Excelentísimo Señor Embajador:

Me permito dirigirme a Ud. para expresarle mi gran preocupación sobre la situación de la ciudadana de origen indonesio Siti Zainab Binti Duhri Rupa, prisionera en la cárcel para mujeres de Medina desde 1999 y condenada a muerte. Siti fue acusada de dar muerte a la persona para quien trabajaba, y se enfrentó a un juicio injusto, ya que no contó con la presencia de un abogado, ningún tipo de asistencia consular, ni intérpretes de su propia lengua. Un proceso penal con esas características incumple las normas mínimas sobre garantías procesales adoptadas por la comunidad internacional, por lo que debe ser revisado en su integridad.

Quisiera manifestar mi más rotunda oposición a la pena de muerte como la máxima expresión de crueldad e inhumanidad, con independencia de la gravedad de los actos que hubiera podido cometer el condenado. Al mismo tiempo, quiero dar la bienvenida al descenso del número de ejecuciones en Arabia Saudí durante el año 2010 en comparación con años anteriores. Sin embargo, me preocupa que este año 2011, tras el Ramadán este número haya aumentado.

Por todo ello, le pido a su gobierno la conmutación de la pena a Siti Zainab Binti Duhri Rupa, así como la de todas las personas condenadas a muerte en Arabia Saudí, con miras a la abolición de la pena capital.

Atentamente,

Firmar carta y más información en la web de Amnistía Internacional.

Iwao Hakamada, 43 años esperando a la muerte. Amnistía Internacional

Excelentísimo Señor:

En primer lugar, quiero mostrar mi total solidaridad con el pueblo japonés en relación a los terribles sucesos del pasado mes de marzo. Quiero hacerle llegar mi más sentido apoyo en estos momentos difíciles para toda la población japonesa.

En este sentido, me pongo en contacto con usted para hacerle llegar mi preocupación por una persona en concreto. Se trata de Iwao Hakamada, quien se encuentra condenado a muerte desde has 43 años. Es, probablemente, la persona que más tiempo lleva en el mundo a la espera de ejecución y debido a las condiciones en las que se encuentra recluido, padece una enfermedad mental. Me preocupa el hecho de que Hakamada pudiera haber sido condenado en un juicio injusto y sobre la base de una confesión obtenida bajo coacción.

Por estos motivos, quiero pedirle que haga cuanto esté en su mano para que Iwao Hakamada no sea ejecutado y que, debido a su avanzada edad y su estado de salud, sea puesto en libertad, así como que se celebre un nuevo juicio, de acuerdo a las normas internacionales sobre juicios justos.

Por último, quiero solicitarle que traslade en mi nombre a las autoridades japonesas la necesidad de dar pasos concretos en favor de la abolición de la pena de muerte en Japón. La libertad de Iwao Hakamada podría ser uno de estos pasos.

Atentamente,



Indignación mundial por pena capital a pastor iraní luego de negarse a aceptar el islam

El trato que ha dado Irán al pastor cristiano evangélico Yusef Nadarjani, condenado por apostasía tras renunciar al islam hace quince años, “viola todos los límites de la decencia” y las obligaciones internacionales de ese país, afirmó ayer la Casa Blanca.

En su rueda de prensa diaria, el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, indicó que Nadarjani, de 34 años, “no ha hecho nada más que mantener su fe, que es un derecho universal para todo el mundo”.

“Que las autoridades iraníes intenten obligarle a renunciar a su fe viola los valores religiosos que aseguran defender, viola todos los límites de la decencia e incumple las obligaciones internacionales iraníes”, indicó el portavoz.

Nadarjani se negó ayer miércoles por tercera vez a aceptar el islam ante la Audiencia Provincial de Gilan, en Irán, lo que podría acarrearle la pena de muerte según la legislación religiosa iraní.

Según Carney, la decisión de imponerle la pena capital “demostraría más aún el profundo desprecio de las autoridades iraníes por la libertad religiosa y pondría de manifiesto la continua violación iraní de los derechos de sus ciudadanos”.

“Llamamos a las autoridades iraníes a poner en libertad al pastor Nadarjani y demostrar su compromiso con los derechos universales más básicos, incluida la libertad religiosa”, agregó el portavoz.

El pasado 5 de julio, el Tribunal Supremo anuló la pena de muerte que ya pesaba sobre Nadarjani y devolvió el caso a la Audiencia Provincial de Gilan.
Si se confirma la pena de muerte y el Tribunal Supremo no acepta el recurso, Nadarjani pasaría a disposición del departamento que se encarga de la aplicación de condenas, dentro del sistema judicial iraní.

Nadarjani, que según la ley iraní es originariamente musulmán, al ser hijo de musulmanes, se convirtió al cristianismo a los 19 años y actualmente es pastor de un grupo evangélico, fue detenido en octubre de 2009 y procesado por apostasía, lo que en Irán conlleva la pena de muerte.

La República Islámica de Irán es un Estado de confesión musulmana chiíta y, aunque la ley protege a los practicantes de otras ramas del islam y las confesiones cristiana, judía y zoroástrica, todos ellos sufren de discriminación y limitaciones.



A la horca con 14 años. José Miguel Calatayud



Yo nunca dije ante el juez que hubiera matado a nadie". Alphonse Kenyi, que ya ha cumplido 15 años, está en la última ala de la prisión de Juba, reservada para los condenados a muerte. Lleva entre rejas desde octubre de 2009. Fue condenado por asesinato múltiple cuando tan solo tenía 14 años. Le señalaron como miembro de un grupo que iba por la ciudad matando gente, los llamados niggers. Está en el corredor de la muerte desde octubre de 2010. Sobre él pende la sombra de la horca.

Su historia es el reverso oscuro de un proceso ilusionante. El pasado 9 de julio, Sudán del Sur se convirtió en un país independiente, y la ciudad de Juba, en la capital más joven del mundo. Tras una guerra de 22 años contra el norte, Juba es hoy una ciudad optimista que mira al futuro. La nueva corriente de esperanza llega hasta la prisión Central e incluso hasta el corredor de la muerte, donde los condenados sueñan con que el nuevo Estado los perdone.



Cracovia, Holocausto, Schindler, Pena de muerte. Arcadi Espada.

Vía Arcadi Espada.


De los aproximadamente veinte mil judíos que vivían en Cracovia sólo quedaron vivos alrededor de 200. Pero su memoria está muy viva en la ciudad. El barrio de Kazimierz, donde la mayoría de ellos vivían, es uno de los lugares más agradables. Queda mucho por reconstruir y por limpiar, pero en unos años se habrá convertido en un pequeño Village, si las cosas van bien. Hoy todavía se ven escenas un poco estrambóticas como la de esa madre rolliza que puso a cagar a su niña, casi mocita, en un rincón cercano a la sinagoga Stara, luego le limpió el culo con cierto cuidado, la mocita se subió las bragas, grandecitas, y juntas entraron muy campantes en la sinagoga. Pero estas escenas ya digo que están a punto de desaparecer de Kazimierz.
Aparte del barrio, y de las rutas por el gueto, que arrancan de la plaza de las sillas (Zgody, Concordia), está la fábrica Schindler donde hace un año abrió un museo extraordinario dedicado a la vida en la ciudad entre 1939 y 1945. Un ejemplo moderno, libre y riguroso de reconstruir «un allí y entonces». E incluso popular. Sale uno de allí y no ha lugar a la habitual pregunta final de este tipo de exposiciones documentales: «¿Y bien, por qué no se habrán limitado a hacer una web, más barata y eficaz?». La realidad virtual de la exposición, hecha de objetos, periódicos, películas, voces, es eficacísima y emocionante y creo que uno se hace una idea verosímil de lo inimaginable. El museo, ya digo, ocupa la antigua fábrica del empresario alemán, cuya actitud salvó la vida de cientos de judíos. Y vive, claro está, del éxito impresionante de la película de Spielberg. Esa película que tiene el seco problema justamente señalado por Álvaro Lozano: en vez de morir casi todos se salvan casi todos. Yo soy un gran defensor de la vida extrauterina, pero, en efecto, ésa es una estafa formidable. Murieron. Y es lástima que los principales de sus verdugos también murieran a manos de la justicia vencedora. Qué grave error la pena de muerte. Con lo interesante que habría sido un Eichmann encerrado de por vida, examinado cada quince minutos por científicos, y sometido a la posibilidad de abrirse a la verdad que trae el enevejecimiento, ese aflojamiento general de esfínteres. Qué dilapidación la pena de muerte. Una de estas noches de viaje, de vueltas y duermevelas continuos, cuando se te queda en la cabeza una idea prendida obsesivamente, y quisieras quitártela y dormir como una blanca tabla rasa pensaba proponerle al mundo legal la obligación que tendrían todos los psicópatas de dar su cadáver a la ciencia. Que es la pena de muerte que necesita nuestro tiempo.

Muerte a la pena de muerte por Javier Gómez de Liaño

Disculpe usted, pero me parece que esta frase se la he oído antes. – Tiene razón, pero es que hay cosas que enseguida se nos olvidan. Recuerde aquello que Gide decía de que todo está ya dicho, pero como nadie atiende, hay que repetirlo cada mañana.

Hace ahora cuatro años, a raíz de la ejecución, en el Estado de Oklahoma, de una mujer de raza negra llamada Wanda Allen -el método fue la inyección letal-, desde esta misma Tribuna traté de argumentar que matar a un semejante, lo haga quien lo haga, incluido el Estado, era injusto e inhumano. Pido licencia para insistir sobre el asunto, a partir de los datos recientes acerca de la situación de la pena de muerte en el mundo y de la ejecución en los últimos meses de tres penas de muerte, que se sepa. Una, a mediados de junio, en la prisión de Drapeu, en Utah, donde el preso Ronnie Lee Gardner, condenado a muerte por asesinato, fue ejecutado, a petición propia, por un pelotón de fusilamiento. Las otras dos, a finales de julio, llevadas a cabo en la Cámara de la muerte del Centro de Detenidos de Tokio con la presencia, como testigo cualificada, de la ministra de Justicia del Gobierno de Japón, una tal Keiko Chiba.

Según el estudio de la organización Nessuno tocchi Caino -Que nadie toque a Caín-, un colectivo empeñado en dar muerte a la pena capital, el número de ejecuciones en el año 2009 resulta aterrador. El país que se lleva la palma es China, donde cerca de 2.000 personas, según cifras oficiales -las no oficiales hablan de 5.000- fueron ejecutadas el año pasado; entre otros delitos, por corrupción, contrabando, proxenetismo, fraude fiscal o falsificación de moneda. El segundo puesto de la clasificación, a gran distancia, lo ocupa Irán con 402. El tercer lugar es para Irak, con 77 condenas. En el cuarto se sitúa Arabia Saudí, con 69. Y en el quinto, Estados Unidos de Norteamérica, con 52 ejecutados, distribuidos por los 11 estados donde todavía conservan la pena capital y en los que auténticos sacos de carne humana -la lista de espera es de más de 1.200- aguardan vez en las galerías de la muerte para ser llevados al otro mundo, con la única y diminuta esperanza del perdón del gobernador de turno.

Todas estas cifras, escalofriantes por sí mismas, estremecen aún más si se repara en que, a tenor de las encuestas a pie de patíbulo, un elevado porcentaje de la población -en Japón, el 86%- está de acuerdo con que se mate a un delincuente en pago de un grave delito cometido. Tan cierto como que el 65% de los norteamericanos apoya la pena capital y como que el hoy presidente Obama no tuvo reparos a la hora de defenderla durante la campaña electoral. Es evidente que el ser humano se acostumbra a todo, hasta a la insensatez, y que es capaz de encontrar aceptable lo que es monstruoso.

He aquí el debate. Aunque, por fortuna, cada día sean menos, hoy por hoy, todavía hay mucha gente que desde una muy sutil interpretación de la justicia es partidaria del mantenimiento y aplicación de la pena de muerte. La pregunta es si para hacer justicia es necesario ejecutar a una persona. Quizá la respuesta esté en la afirmación de Bernard Shaw de que «los criminales no mueren a manos de la ley, sino a manos de otro hombre».

Es cierto que durante muchos siglos la pena capital, en sus más variadas modalidades, ha sido considerada como el derecho del Estado de castigar a un semejante hasta la eliminación física. En su Ensayo sobre el Gobierno Civil, John Locke, a quien se tiene por el padre del liberalismo moderno, afirma que «los hombres que no se someten a los lazos de la ley ni tienen más regla que el uso de la violencia, merecen ser tratados como animales de presa, como criaturas peligrosas y nocivas». No menos rotundo y terrible es Rousseau al justificar la pena de muerte en que «todo malhechor que ataque el derecho social se convierte por sus malas acciones en rebelde y traidor a la patria (…) siendo preciso que perezca (…)» (Contrato social, II, 5).

Desde mi condición de jurista declaro que no hay razón aceptable para que la pena de muerte exista. Frente al crimen, por grave que pueda ser, eliminar al criminal no es la mejor terapia y se equivocan quienes sostienen que cuando se ejecuta a un criminal, el Estado obra en legítima defensa y avisa a otros potenciales delincuentes. Primero, porque leyes como la del talión hace tiempo que fueron superadas. Segundo, porque está demostrado que la pena de muerte no es ejemplarizante ni rebaja el coeficiente de los delitos para los que se fijó e incluso hay casos en que actúa de estímulo. Y tercero, porque acabar con el delito mediante el mecanismo de matar a los delincuentes implica renunciar al estricto legalismo penal. Como dejó escrito Antonio Beristaín, catedrático de Derecho Penal, fundador y director del Instituto Vasco de Criminología, el lenguaje del Derecho Penal no es el de la irracionalidad, el de la venganza, sino el que pide respeto a la dignidad de toda persona, sin excluir al delincuente. El derecho punitivo no puede ser tan primario, tan fanático hasta el punto de conducirse con obediencia ciega por la ancestral saña punitiva. Eso por no hablar de cuando se mata a alguien y luego resulta que ha existido un error, pues la muerte, por irreversible, no tiene marcha atrás ni admite reparación.

En el Coloquio Internacional sobre la Abolición Universal de la Pena de Muerte, celebrado en diciembre del año 2008, el presidente Rodríguez Zapatero proclamó que la proscripción definitiva de la pena capital en el mundo «va a ser una de nuestras prioridades». Sin embargo, para Amnistía Internacional, desde entonces poco o nada ha cambiado y se sigue matando en nombre del Estado, aunque también señala que en el año pasado y en los primeros seis meses de 2010 se ha registrado un retroceso positivo de la pena de muerte en el mundo.

Siempre fui partidario de que la razón llega a quien la busca y se oculta a quien no la cultiva. Por eso, todos los hombres de buena voluntad, sean de derechas, centristas o de izquierdas, deben hacer acopio de fuerzas de convicción, pues el estremecimiento por la muerte del prójimo sigue presente en algunas partes de este planeta llamado Tierra. No se trata de pedir clemencia a los gobernantes que aún gustan de la sangre derramada en los cadalsos penitenciarios, pues en su torpeza no habrían de prestar oídos; bastaría, si tuvieran conciencia, con que se detuvieran a escucharla entre las descargas de los fusiles, o el olor a pentotal o a carne quemada.

Entre las pancartas que podían leerse a las puertas de la prisión donde Ronnie Lee Gardner fue ejecutado, en las afueras de Salt Lake City, había una en la que podía leerse: «Cuando el Estado fusila, todos apretamos el gatillo». Estoy convencido de que no está muy lejos el día que podamos redactar el siguiente epitafio: «La pena de muerte ha muerto». Yo, si llego a tiempo, gustosamente escribiré ese obituario.

Javier Gómez de Liaño es abogado y magistrado en excedencia.

La justicia iraní no ha suspendido la lapidación de Ashtiani

Parece que Sakineh Mohammadi Ashtiani puede morir lapidada, a pesar de las noticias anteriores.

Esto dice el ministro de Exteriores:

"El ministro de Exteriores iraní, Manucher Mottaki, que se encuentra de visita oficial en Madrid, asegura que "la justicia iraní no ha suspendido la lapidación" de Sakineh Mohammadi Ashtiani. Tras amparar la lapidación en tanto que es un "castigo impuesto por la ley islámica", el ministro se manifestó a favor de desatar un "amplio debate" al respecto, pero en cuanto al caso de Ashtiani, de 43 años y madre de dos hijos, indicó que "solo había oído hablar en la prensa occidental" de la conmutación de la condena a esta supuesta adúltera".

Irán: Mujer en riesgo de ser ejecutada por adulterio por Amnistía Internacional

Esto pasa en Irán en el Siglo XXI. Y luego algunos dicen que hay que respetar las culturas.

Sakineh Mohammadi Ashtiani, madre de dos hijos, está presa desde 2005. En mayo de 2006 fue condenada a recibir 99 latigazos por mantener una "relación ilícita" con dos hombres. Con posterioridad, fue declarada culpable de tener una "relación extramatrimonial" y condenada a morir por lapidación.

En el juicio, dos de los cinco jueces del tribunal la declararon inocente, señalando que ya había sufrido una condena de flagelación y que no había pruebas suficientes de adulterio contra ella. Sin embargo, los otros tres, incluido el presidente del tribunal, la declararon culpable basándose en el “conocimiento del juez”, un principio de la legislación iraní que permite a los jueces adoptar una decisión en relación con la culpabilidad del acusado, aun en ausencia de pruebas claras o concluyentes.

El Tribunal Supremo confirmó la condena de muerte el 27 de mayo de 2007. Su indulto pende de la decisión de la Comisión de Amnistía e Indulto, que ya se lo ha negado dos veces. El 8 de julio el gobierno iraní emitió un comunicado en el que se informaba que Sakineh no sería lapidada pero sigue corriendo el riesgo de ser ejecutada.

Pena de muerte

Es lamentable que siga existiendo la pena de muerte, incluso en un país democrático y avanzado como EEUU se sigue ejecutando a presos.

Sin entrar en valoraciones sobre si el preso en cuestión merece o no morir, lo que está claro es que nadie tiene derecho a quitarle la vida a otro ser humano mediante la aplicación de la pena de muerte, y menos un Estado que quiere aplicar justicia. No se puede pretender erradicar el crimen perpetrando otro.

Estoy muy de acuerdo con esto que dice Amnistía Internacional:

"Amnistía Internacional se opone a la pena de muerte en todos los casos sin excepción. La pena capital es la negación más extrema de los derechos humanos. Consiste en el homicidio premeditado a sangre fría de un ser humano a manos del Estado y en nombre de la justicia. Viola el derecho a la vida que proclama la Declaración Universal de Derechos Humanos. Es el castigo más cruel, inhumano y degradante".

A lo que sí tiene derecho la sociedad es a protegerse, por lo tanto se debe alejar de la sociedad a las personas peligrosas con penas duras e incluso con la cadena perpetua.