Juan Carlos Beiro Montes, cabo de la guardia civil asesinado en Leiza en 2002

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Víctima:



Juan Carlos Beiro Montes, de 32 años de edad, estaba casado con María José Rama, y tenían dos hijos, un niño y una niña, mellizos de 6 años. Era natural de Cotorraso, en el municipio de Langreo (Asturias) y vivía en el barrio de La Milagrosa de Pamplona. Beiro Montes llevaba tres meses destinado en Leiza cuando fue asesinado. Antes de ingresar en la Guardia Civil fue soldado profesional y su primer destino como agente de la Benemérita fue Pesués (Cantabria), tras el cual fue destinado a Pamplona. Juan Carlos, además, era un gran deportista, y cuando fue asesinado se estaba preparando para correr la maratón de Asturias. El Palacio de Deportes de Langreo, por decisión de su Ayuntamiento en 2007, lleva su nombre, como ya lo llevaba previamente el circuito de carreras del paseo de los Llerones de Sama, donde Juan Carlos solía entrenar. Además, cada año se celebra el Memorial Juan Carlos Beiro, carrera popular con la que se mantiene viva la memoria de la víctima.

The 6 killer apps of prosperity. Niall Ferguson



  1. Competition
  2.  The Scientific Revolution
  3. Property rights
  4. Modern medicine
  5. The consumer society
  6. The work ethic


Los inverosímiles. Arcadi Espada


De verosímil lo que debe decirse (y que dice sin rematar como debería la Academia: «apariencia de verdadero», dice) es que pudo ocurrir pero no ocurrió. Es decir, se trata de un concepto que debe situarse obligatoriamente extramuros del relato de los hechos. Y, en consecuencia, obligatoriamente extramuros de cualquier relato judicial, sea cual sea su fase, porque la relación entre verosímil y verdadero no es de grado sino de naturaleza. Verosímil es que Emma Bovary le preparasele pot à feu a su marido. Inverosímil es que existan hobbits. De ahí la inconsistencia de hablar, por ejemplo, de «la hipótesis más verosímil». La inconsistencia de estar más o menos embarazada. Verdadero o no (y tampoco más o menos verdadero) es, en cambio, lo que se espera que sea el relato judicial. Para determinar esa cualidad, obviamente, han de presentarse pruebas: materiales, deductivas. Pruebas. Aunque una sospechosa modestia epistemológica (temerosa de Dios) los llameindicios e incluso indicios racionales, como si pudiera haber otros.



Selling condoms in the Congo. Amy Lockwood



20 libros para perder la fe. Cristian Campos

1…en las religiones: Romper el hechizo (Daniel C. Dennett)

Concebido como un análisis del fenómeno religioso, Romper el hechizo es uno de los libros más demoledores jamás escritos contra la idea de dios. Al diseccionar la religión del mismo modo que se disecciona un virus,Dennett se convierte en el aguafiestas que revela los intríngulis del truco en plena actuación del mago. ¿Y quién es el inocente capaz de emocionarse con la farsa cuando ya sabe que la chica no ha sido en realidad cortada a pedazos?

2…en la influencia del entorno: La tabla rasa (Steven Pinker)

¿Cómo una idea tan desprestigiada y radicalmente contraria al sentido común como la de la negación de la naturaleza humana ha logrado convertirse en la hipótesis por defecto de la política, la psicología y la sociología contemporáneas? Quizá porque la alternativa supone aceptar la desigualdad innata de los seres humanos. A raíz de la publicación de este libro, la revista Time incluyó a su autor, el psicólogo evolutivo Steven Pinker, en la lista de los 100 pensadores más influyentes de 2004.

3…en el socialismo: La gran mascarada (Jean-François Revel)

Ateo, liberal y polemista vocacional, Jean-François Revel tenía todos los boletos de la rifa para convertirse en el enemigo público número 1 de la intelectualidad de izquierdas europea. Y para colmo era francés, lo que añadía a los cargos habituales el de alta traición. Sólo Oriana Fallaci con La fuerza de la razón ha acumulado más insultos que Revel con La gran mascarada.

4…en la filosofía: El universo elegante (Brian Greene)

Después de leer un libro como este, salta la liebre de la duda: ¿para qué sirve la filosofía (la especulación) cuando la ciencia (el saber) está mucho más cerca de responder todos los interrogantes del conocimiento humano? Incluido, por supuesto, el de la pregunta esencial de Leibniz: ¿por qué hay algo en vez de nada?