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La vida cotidiana en la Alemania nazi (y III), por Javier Bilbao


¿Qué otra cosa podría desear para los demás sino paz y tranquilidad?” Hitler, 1935
Los carteles de propaganda política de la primera mitad del siglo XX ya fueran nazis, soviéticos, estadounidenses o de ambos bandos de la Guerra Civil española, no solo suelen ser muy atractivos estéticamente, también resultan enormemente interesantes por su carga semiótica, por la manera en que intentan expresar unas ideas. Sobre estas líneas tenemos uno del Partido Nazi para las elecciones del Reichstag de julio de 1932. El texto dice “Los trabajadores hemos despertado”, y como es costumbre en este partido está protagonizado por un supermacho alemán de mandíbula granítica, aquí representado como un auténtico gigante, con el brazo arremangado y el botón de arriba suelto para que veamos que está fuerte. En esta ocasión, sin embargo, no mira solemnemente al horizonte embargado por alguna emoción patriótica, sino hacia unos enanitos a los que muestra una mueca de desprecio y actitud desafiante, con el puño cerrado dispuesto a romper cabezas.
El primero que tiene enfrente representa con su gorra roja al bolchevismo, y sostiene un cartel que dice “¡Barones de Hitler!; Decretos de emergencia; Acoso y calumnias; Los gerifaltes en el tocino, el pueblo en la miseria”. A su lado vemos a un judío susurrándole al oído. En otras ocasiones, según el discurso nacionalsocialista, controlaban el capitalismo internacional. Así que los judíos podían mover los hilos de una cosa y de la contraria, bien. Tras ellos dos, vemos a un tipo con un puñal en la mano, tal vez un agitador socialista o un simple criminal. Finalmente asomando sobre el horizonte se eleva una colosal esvástica sobre un fondo rojo, que es también el color del texto. De manera que según este cartel se mostraban como los auténticos rojos y los auténticos proletarios, no como esos enanos y bien alimentados bolcheviques y socialistas en quienes confiaban los trabajadores antes de despertar. Así es como el NSDAP quería mostrarse ante las elecciones, en un país en el que el 46% de la población era clase obrera. Y no le fue mal, dado que se convirtió en el principal partido, con 13,5 millones de votos.
Una vez que Hitler fue designado canciller, seis meses después de estas elecciones y en sintonía con esta proclamada cercanía a la clase trabajadora, se celebró por primera vez en Alemania el 1 de Mayo, rebautizado como Día Nacional del Trabajo. Aprovechando la estela de ese gesto propagandístico, al día siguiente los sindicatos fueron prohibidos. También fueron ilegalizados el Partido Comunista y el Partido Socialista. Como sucesor de los sindicatos se instauró unos días después, el 10 de mayo de 1933, el Frente Alemán del Trabajo. Estaba dirigido por uno de los nazis más influyentes, Robert Ley. Piloto durante la Primera Guerra Mundial, sufrió lesiones en el lóbulo frontal del cerebro en un aterrizaje forzoso, a lo que se atribuye su comportamiento inestable —como cuando propinó una paliza al ministro-presidente de Baden— y sus declaraciones en ocasiones pintorescas (que eran objeto de chistes entre la población alemana): “un barrendero echa mil microbios a la cuneta con un solo golpe de escoba; un científico se jacta de haber descubierto un solo microbio en toda su vida”. Bajo su mando esta organización pretendía abolir los antagonismos entre patronos y trabajadores, alcanzar también aquí la unidad y la armonía prometidas para Alemania.

La vida cotidiana en la Alemania nazi (II), por Javier Bilbao



Las almas de los alemanes muertos en combate son guiadas por las valquirias hacia el Valhalla (coronado por una gran esvástica), donde el dios Wotan se prepara para la Batalla del Fin del Mundo, el Ragnarök.

Cuando un opositor dice: “no me acercaré a vosotros”, yo le respondo sin inmutarme: “tu hijo ya nos pertenece”.” Adolf Hitler, 6 de noviembre de 1933.
Como escribió el corresponsal estadounidense William L. Shirer tras asistir a un gran acto del Partido Nazi: “está devolviendo boato, color y misticismo a las vidas grises de los alemanes del siglo XX”. Las espectaculares concentraciones del partido con cientos de miles de participantes y su fastuosa decoración e iluminación con reflectores antiaéreos, sus desfiles de precisión milimétrica, sus ritos paganos y su monumentalidad, su reivindicación de la fuerza, camaradería, épica y acción, la oportunidad que ofrecía al individuo de disolverse en el grupo, la evocación de un pasado legendario junto a la promesa de un futuro radiante… todo ello atrajo a muchos alemanes, pero eran ingredientes que encajaban como un guante especialmente en la mentalidad y el carácter de los más jóvenes. Nada valoraba más el nazismo que la juventud, como herramienta y como ideal, opuesta a la que consideraban decrépita República de Weimar, con un ancianoHindenburg a su frente. De hecho la media de edad de todos los integrantes del partido al llegar al poder era de apenas 28 años. Así que la educación de los jóvenes era un asunto de importancia vital para Hitler:
“El chico alemán del futuro debe ser delgado y flexible, rápido como un galgo, resistente como el cuero y duro como el acero Krupp. Debemos educar un nuevo tipo de ser humano, hombres y mujeres absolutamente disciplinados y saludables. Nos hemos comprometido a dar al pueblo alemán una educación que comienza en la infancia y nunca termina.”
Por ello, poco más de tres meses después de la toma del poder, el nuevo Ministro de Interior Wilhelm Frickestableció el 9 de mayo de 1933 en el Diario General de los Profesores Alemanes que la enseñanza objetiva de la historia era una falacia del liberalismo. Los nuevos principios que la escuela debía enseñar eran:
1) La vida es una lucha constante donde la raza y la sangre son primordiales.
2) La importancia del coraje en la batalla y el sacrificio del individuo por un fin superior.
3) Admiración por el liderazgo del Führer.
4) Odio a los enemigos de Alemania.
Las diferentes asociaciones de profesores fueron absorbidas por una ya existente, la Liga Nacionalsocialista de Maestros, de la que llegaron a ser miembros el 97% de todos los profesores. Ellos debían liderar el cambio a un nuevo sistema educativo. Solo un día después de este manifiesto del ministro, los estudiantes universitarios hicieron hogueras con libros de autores judíos, izquierdistas y en general de cualquier tipo que no encajase en la doctrina del nuevo régimen. Las bibliotecas escolares fueron también rápidamente depuradas y los libros de texto de los alumnos, aunque inicialmente eran los mismos de la época de Weimar, pasaron a ser reescritos y complementados con nuevas publicaciones cargadas de doctrina nazi a partir de 1936.

La vida cotidiana en la Alemania nazi (I)

por Javier Bilbao.


“Médico de 52 años, ario puro, veterano de la Batalla de Tannenberg, con intención de instalarse en el campo, desea progenie masculina mediante matrimonio civil con aria sana, virgen, joven, modesta, ahorradora, acostumbrada al trabajo duro, ancha de caderas, que no use tacones altos ni pendientes y, si es posible, también sin propiedades”.
Este anuncio de contactos —publicado en el periódico alemán Neueste Nachrichten en pleno Tercer Reich— leído hoy en día resulta un tanto peculiar, pero en su tiempo era uno de tantos otros. Su autor simplemente daba valor a lo que la gente de su entorno, la radio, los carteles y las autoridades valoraban. Lo normal, lo que todo el mundo debía hacer. ¿Y qué era por entonces lo normal?
Desde que Adolf Hitler resultase designado canciller en enero de 1933, el objetivo del nazismo fue lo que denominaron como Gleichschaltung. El significado inicial de este término —procedente de la ingeniería— era el de la conversión de la corriente eléctrica alterna en continua. En un sentido más amplio podría traducirse como “coordinación” o “alineamiento”. De lo que se trataba era de nazificar la sociedad alemana, ahormar según el ideario nacionalsocialista todas las costumbres, asociaciones, creencias, leyes, actividades culturales, relaciones personales, entretenimientos… Según explicaba un alemán de la época asociando el concepto a su sentido originario: “la misma corriente ha de fluir a través del cuerpo político del pueblo”.
Se trató de un espectacular proceso de ingeniería social, gigantesco aunque gradual a lo largo de los años treinta, revolucionario en unos aspectos y conservador en otros, que fue impuesto desde el Estado pero que contó con la colaboración entusiasta de muchos alemanes y la aceptación pasiva de la mayoría. Como sabemos, los peor parados fueron los judíos (seguidos de comunistas, homosexuales y gitanos), pero no es intención de este artículo describir una vez más el Holocausto. Ya ha sido suficientemente tratado y me gustaría centrarme más en la vida del 99% restante de la población alemana. Precisamente eso es algo que resulta curioso, la escasísima cantidad de judíos que realmente habitaban Alemania: en torno a los 600.000 sobre una población de 65 millones. Si añadimos que se concentraban en grandes ciudades como Berlín o Hamburgo, tenemos que muchos nazis llegaron a odiar furiosamente a los judíos y responsabilizarlos de todas sus desgracias aunque nunca alcanzaran a ver uno.  Quizá eso ayude a explicarlo.
Pero antes de meternos en harina aprovecho para recomendar Por qué creemos en cosas raras de Michael Shermer. Ante la proliferación que ha traído internet en los últimos años de toda clase de ideas conspiranoicas y estrafalarias, entre ellas el negacionismo, no hay nada mejor que información precisa sobre el Holocausto como la que proporciona sobre ese y otros asuntos este divulgador, que tal como acostumbra a decir hay que tener la cabeza lo suficientemente abierta como para aceptar nuevas ideas, pero no tanto como para que se nos salga el cerebro.
Mujeres, familia, sexo…
La liberación de las costumbres sexuales así como la disminución de la natalidad y del número de matrimonios durante la República de Weimar fue considerada a ojos del nazismo como un claro síntoma de decadencia. De acuerdo a su visión del mundo, la mujer debía estar apegada a las tres k: kinderkirche,küche (niños, iglesia, cocina). El propio Hitler afirmó en cierta ocasión que los derechos de las mujeres en el Tercer Reich consistirían en que toda mujer encontraría marido. El Ministro de Propaganda Joseph Goebbels, por su parte, indicaba que “la mujer tiene el deber de ser hermosa y traer hijos al mundo, y esto no es tan vulgar y anticuado como a veces se cree. La hembra del pájaro se embellece para su compañero e incuba sus huevos para él”. Un ideario que contaba con la aprobación de muchas de ellas —decía el que fue corresponsal español en Berlín Manuel Chaves Nogales en aquel tiempo— puesto que:
“Las mujeres, a las que la crisis ha echado a la calle, tienen que patear y luchar a brazo partido con los hombres en medio del arroyo. Las pobres, en esa lucha, llevan la peor parte, naturalmente, y si de pronto aparece un guardia que dice autoritariamente: “¡Basta; a la cocina!”, la mujer se va muy contenta, porque supone que, efectivamente, hay una cocina a la cual se puede ir a cocinar”.  
Si las mujeres debían dedicar su vida a criar a los hijos, darles una educación universitaria era entonces un desperdicio de recursos, así que una de las primeras medidas que adoptaron fue restriingir su acceso a la universidad, estableciendo un máximo de un 10% sobre el total del alumnado. Asimismo, se les prohibió ejercer como jueces y fiscales dado que “no pueden pensar lógicamente ni razonar objetivamente, puesto que se rigen por sus emociones”.
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Coca-Cola, la Guerra Fría y Billy Wilder. Javier Bilbao


Asamblea Nacional francesa, 28 de febrero de 1950. Un diputado del Partido Comunista interpela al Ministro de Sanidad, Pierre Schneiter:

-Señor Ministro, se está vendiendo una bebida en los bulevares de París llamada Coca-Cola.

-Lo sé.

-Esto es serio, así que usted lo conoce y no está haciendo nada para impedirlo.

- No tengo, de momento, razones para actuar.

- Esto no es una simple cuestión económica, tampoco una simple cuestión de salud pública: esto es una cuestión política. Nosotros queremos saber si, por razones  políticas, usted va a permitir a los norteamericanos envenenar a los franceses y las francesas.

Uno. La Europa de postguerra

La Segunda Guerra Mundial dejó tras de sí una Europa devastada y exhausta pero todavía con ganas de seguir pegándose. En un plazo asombrosamente breve, los enemigos pasaron a ser aliados, y los hasta ayer aliados pasaron a convertirse en la mayor amenaza. Ya en 1946Churchill popularizó la expresión “Telón de acero” para referirse a este nuevo escenario. El bloqueo del Berlín occidental en el 48 ordenado por Stalin y el puente aéreo con el que fue sorteado; la toma del poder por los marxistas en cada país Europa del Este en lo que aparentaba ser un implacable efecto dominó; el estallido de la guerra en Corea en 1950… la escalada en el enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética, la democracia liberal y el comunismo, parecía imparable. Aquí iba a haber hostias, y de las atómicas.

Así que a finales de los 40 y comienzos de los 50, Europa vivía sumida en la pobreza de la postguerra, el caldo de cultivo ideal para un movimiento revolucionario. Los partidos de izquierda estaban disfrutando de un gran prestigio por su reciente historial de resistencia antinazi en los países que habían sido ocupados por el III Reich. Mientras, los más conservadores intentaban sortear la vergüenza de su colaboracionismo, cuando no eran directamente encarcelados. Los intelectuales de todo el continente abrazaban con entusiasmo la causa marxista-leninista (hasta el mismísimo Albert Camusinicialmente lo era) y la Unión Soviética era admirada y temida por su acelerada industrialización y la capacidad de movilización y sacrificio que había demostrado durante la guerra. En Francia en 1946 el PCF obtuvo el 28% de los votos, y en Italia su respectivo partido comunista contaba en 1953 con la muy respetable cantidad de más de dos millones de afiliados.



Entrevistas a Luis Rojas Marcos y Fernando Savater por Javier Bilbao

También dice en su libro que contemplar desgracias ajenas nos puede ayudar a relativizar las nuestras. ¿Ver telediarios tendría un valor terapéutico?
Bueno, yo no diría terapéutico. Muchas personas interpretan el telediario como la normalidad cuando es lo opuesto; lo que es normal no es noticia. La noticia es noticia porque es la excepción, una aberración. Como las noticias son negativas, en general, cuando ven la misma agresión, el mismo accidente tres o cuatro veces al día, piensan que esto es la vida. El problema de las noticias es que aunque sabemos intelectualmente que es algo excepcional, a veces tendemos a pensar que la vida es así. No es terapéutica. Ahora bien, lo que sí es verdad es que por ejemplo en un terremoto ves que hay personas que se consuelan porque su situación no es tan desastrosa como la del vecino. Y esto es normal, es una tendencia normal del ser humano.
Los medios de comunicación cada poco tiempo nos suelen alarmar con amenazas apocalípticas ya sea sobre el medio ambiente, enfermedades contagiosas…etc. Asimismo, muchas películas se ambientan en esa clase de escenarios. ¿Por qué esto nos fascina tanto?
Nos fascina. Hace dos mil años la sociedad más avanzada y más desarrollada del mundo, en Roma, iba diariamente al Coliseo a ver atrocidades reales; hoy día esa atrocidad real no nos atrae, nos gusta más una violencia que está editada, más camuflada hasta cierto punto. No hace mucho se iba a ver ejecutar a los reos en la plaza pública, en Londres, y casi siempre iban acompañadas de torturas, de martirio, e iban las familias a verlo. Esa fascinación es así, como observadores. ¿Por qué? Pues porque las situaciones de violencia resuenan en nosotros con una fuerza especial; nos ponen en contacto con la vida, la muerte, la sumisión, el poder…

Entrevista con Fernando Savater por Javier Bilbao.
Salman Rushdie decía que “ya no hace falta ser terrorista para conseguir cambios y que ser terrorista es algo pasado de moda” en relación a las revueltas del mundo árabe. ¿Está de acuerdo? ¿Al Qaeda está acabada?
Siempre me he opuesto a esa tontería de “la violencia es inútil”. No, la violencia es utilísima. En el País Vasco ha hecho posibles cambios enormes y si no hubiera sido por la violencia, la hegemonía nacionalista no hubiera sido la que es. Y, por supuesto, la violencia integrista islámica se ha impuesto en el mundo teniendo como efecto, entre otras cosas, la disminución de nuestras libertades en algunos casos. Es muy bueno ver que los países del norte de África apuestan más por esas vías democráticas, de resistencia pasiva o activa, pero no terrorista. Que el terror lo ponga el dictador, no uno. Es la única forma de llegar a la democracia. En la época de Franco todos los antifranquistas se pusieron muy contentos cuando volaron a Carrero Blanco; yo dije que el que volaba a Carrero Blanco era como Franco pero de otro orden. Nosotros lo que queríamos no era que ganaran otros militares, sino que ganáramos los civiles y esto es lo que ahora está ocurriendo. Quieren que ganen los civiles, no unos señores que sean lo contrario que Gadafi o Mubarak, pero en esa misma línea. Ahora bien, el terror es utilísimo, por eso hay que prohibirlo y perseguirlo, porque logra demasiadas cosas.

Se ha llegado a comparar esta cadena de insurrecciones como la caída del Muro de Berlín, ¿es una analogía exagerada?
Probablemente sí, en el sentido de que el muro representaba un poder único, grande, que era el poder del comunismo, la Unión Soviética, que hoy no existe como tal. Pero es verdad que es muy importante; una vez más se vuelve a esa mitología pragmatista y en el fondo hipócrita que hay mucho en Europa cuando se dice “no, ellos no son como nosotros, no quieren las mismas cosas, tienen sus propias tradiciones, a las mujeres les gusta ir tapadas hasta las orejas, a los hombres les gusta pasarse la vida obedeciendo al sultán…”. Pues se ve que no; los seres humanos nos parecemos mucho más de lo que nuestros folclores políticos dan a entender. Es una cosa muy sana recordarlo de vez en cuando. 

Entrevista a Antonio Escohotado

Soberbia entrevista de Javier Bilbao a Antonio Escohotado. Merece la pena leerla entera.


Destaco:

Sueles criticar duramente la revolución francesa y reivindicas la revolución norteamericana como la auténticamente liberal.
Es que en la Revolución Francesa se produce una oposición entre conseguir la autonomía personal y conseguir la autonomía nacional, por eso llega Robespierre y, con él, el Terror. Porque dice que la libertad debe ser el cumplimiento colectivo, la satisfacción general del pueblo. Vale, pero ¿por qué demonios excluye los derechos civiles? ¿Por qué coincide el establecimiento de la libertad con que se llame “liberticida” al disidente? ¿Por qué “libre” significa “patriota”? La Revolución Americana, en cambio, se consuma sin sangre. La única sangre derramada está en la Guerra de Independencia. Pero cuando se vence, los muchos realistas que quedan son gentilmente invitados a respetar la nueva Constitución, a irse a Canadá o a volver a Inglaterra.
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Según algunas voces esto habría sido consecuencia de la desregulación bancaria, de un exceso de liberalismo.
Pero estas personas deberían estudiar el caso para ver cómo lo regularían ellos. Igual que hablan de neoliberalismo y no saben lo que dicen —porque no saben distinguir neoliberalismo de liberalismo— tampoco son capaces de identificar cuáles son los mecanismos de regulación a los que aspiran. ¿Significa esto que no pueden hacerse transacciones a través de Internet, por ejemplo? Esto es lo que en el fondo se está pidiendo. La velocidad de traslación de capitales que Internet permite… si quieren decir esto, que lo digan. Pretender que el liberalismo saca al Estado de la actividad económica es ignorancia.
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¿Y aquellos que defienden por ejemplo la Tasa Tobin?
Lo mejor en esos casos es leer lo que decía el propio Tobin cuando los anti-globalización pretendieron imponer dicha tasa. Y él decía “lean mis libros, entérense de lo que realmente hablo”. Es un poco absurdo que se estén citando unos consejos escritos antes de que apareciese Internet, cuando él no defendía eso. Señores, infórmense. Que es, por lo demás, lo que me pasa a mí, que a los cuarenta años me tuve que poner a estudiar matemáticas, a los sesenta me tuve que poner a estudiar física de partículas y ahora a los setenta estudio economía política. Con todo lo mal que va el mundo en muchos sentidos, en este ámbito de la información disponible va fenomenal. Para las personas que quieren informarse, es un momento idóneo.
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Lo que hay que entender es aquello que decía Holderlin: “donde crece el peligro, crece la salvación”. Cuando alguien viene y nos ofrece una situación segura, hay que preguntarle inmediatamente ¿Qué me vas a ordenar a cambio de esta seguridad que me ofreces?
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El comunismo tradicionalmente ha gozado de mucho prestigio intelectual y moral. ¿Por qué?
Porque proviene del cristianismo y detrás tiene la constelación mesiánica, la gran promesa de superar el estado de cosas. Es lo que Marx llama “Ley general de desarrollo”, donde las clases sometidas expulsan a las clases sometedoras: el proletariado expulsa a la burguesía en una versión actualizada de “los último serán los primeros”. El mesianismo es algo que tiene un pie en la consciencia y otro en la inconsciencia, es un arquetipo universal. El Mesías es el chivo expiatorio racionalizado y el chivo expiatorio está tan conectado con nuestro sistema nervioso como la tendencia humana a desplazar el mal de un lado a otro, la transferencia del mal. Si lees a Marx verás cómo desprecia esas tonterías del paraíso de Adán y Eva, que no son nada en comparación con las comodidades efectivas que ofrecerá el comunismo una vez aplicado. 
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El gran problema del comunismo es intentar medir el valor como trabajo por unidad de tiempo. Eso es tan disparatado como imaginar que Picasso pinta una paloma y le toma tres segundos, y eso vale tanto como la pintura que hagamos tú o yo de una paloma. Pues no es así, lo sentimos mucho (risas).  ¿Por qué demonios ciertos trabajos son enormemente valiosos, como los poemas de Verlaine, y lo que escribió El Tostado no vale nada? Porque hay autonomía de la voluntad. Si no reinase el deseo, reinaría la planificación.
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¿Esa oposición a la planificación de un poder centralizado frente a la existencia de múltiples agentes autoorganizándose, podría ser lo que inspira las protestas de Sol?
Vendría bien que estas personas de Sol releyeran la dialéctica del amo y el siervo tal y como la plantea Hegel en su Fenomenología del espíritu. Se darían cuenta de que no puede interrumpirse el movimiento. Las cosas son producto de la evolución y para evolucionar necesitan atravesar etapas de contradicción. Sin contradicción no hay progreso. Que un planificador central dé paso a una autoorganización localizada es algo inevitable y además deseable. Pero fíjate tú que ahora mismo el problema de España es tener que pagar el Estado central y el autonómico. Eso no quiere decir que no debamos tener autonomías, quiere decir que hemos de ser humildes y admitir que no vamos a encontrar ninguna solución definitiva. Vamos hallando remedios al problema fundamental de la vida en sí, que tiene que alimentarse de otra vida. En el momento en que descubramos el fusor, que requerirá una temperatura de millones de grados para tirar ahí una piedra y extraer dos megavatios cambiará la situación. Hasta entonces, hemos de tener todos los días mil millones de pollos mantenidos en condiciones atroces, incompatibles con la dignidad que deberíamos otorgar a otras formas de vida. Pero lo fundamental es que no vamos a encontrar soluciones definitivas, eso es lo que hay que decir a los chicos de Sol. No se trata de romper lo establecido, sino de perfeccionarlo. Les diría también que igual que antes fue necesario separar a la Iglesia del Estado, ahora es necesario separar a la clase política de la economía. Esa es la asignatura pendiente de nuestro tiempo, ya hemos visto lo que ha pasado por ejemplo con las cajas de ahorros.

Respecto a la clase política, parece que critican su separación de la ciudadanía.
La clase política es imprescindible en las democracias representativas con densidades de población muy grandes. Es inevitable que algunas personas sean descargadas de otros trabajos para dedicarse a funciones legislativas, ejecutivas y judiciales. Es imprescindible, pero manteniendo un control sobre su crecimiento. Nos encontramos con una clase política que en el pasado nos liberó de los salvadores tipo HitlerStalin y otros totalitarios, pero ahora esa clase política ha crecido demasiado y hay que controlarla para que no asfixie al poder judicial, para que no corrompa al poder legislativo y no aumente su poder hasta extremos absurdos su poder, como por ejemplo en la cruzada contra las drogas.

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En ese libro da la impresión de que acabaste realmente harto de los tailandeses.
Es que son personas que no están acostumbradas a recibir residentes, acogen al turista una semana y ya está. Pero si vas allí y pides que te traten como a uno más, como se trata a los inmigrantes en Europa, entonces la cosa se torna muy dura. Ellos se llaman orgullosamente “gitanos”, no se dan cuenta de que en Europa no es un término de exaltación o prestigio. Y tienden a tratar a los visitantes de una forma un tanto expoliatoria, obligándote por ejemplo a renovar el visado todos los meses para sacarte más dinero. Si en Europa se pidiese algo equivalente a los inmigrantes, los arrasaríamos por completo. La idea es que haya reciprocidad. El trato al extranjero es muy duro, he visto en las comisarías de Tailandia a birmanos encadenados en muy malas condiciones sanitarias, simplemente por haber entrado ilegalmente al país.
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 ¿Qué opinas la prohibición de fumar en lugares públicos con la que comenzó el año?
Esto es un ensayo del Estado Clínico, que decía Thomas Szasz. La nueva clase política está comprometida con un proyecto de condicionamiento tipo Gran Hermano, que podemos retrotraer a la ética utilitarista: BenthamStuart Mill… que es placer del mayor número, que importan más los fines que los medios. Son formas refinadas de autoritarismo. En este caso se trata de ver hasta dónde se puede condicionar al personal. Por este camino se puede llegar a imponer que las personas tomen ciertas drogas para conducir mejor o llevarse mejor con la pareja… son seudópodos, tentativas del nuevo Estado para ver hasta dónde puede crecer.

Los partidarios de esa ley argumentan que no se trata de proteger a los fumadores de sí mismos, sino a los no-fumadores.
Ya, esto es curioso. Siempre se habla de las víctimas, como cuando Robespierre impone el Terror como atajo para la virtud pública: es para defender al pueblo francés de los saboteadores y liberticidas. Cada vez que se quiere mandar a una persona sin su consentimiento se busca la idea de que hay un tercero victimizado o de que es por el bien del propio obligado. 
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 ¿Crees que esto cambiará en el futuro?
La guerra contra las drogas se terminó hace unos quince años. Eso se nota en la reducción del presupuesto de las diversas brigadas de estupefacientes de diferentes países. Se ha impuesto de forma más o menos explícita la política de reducción de daños en materia de drogas. La cruzada contra las brujas no se acabó con un decreto diciendo “nos hemos equivocado”, se acabó entre susurros. Y así es como se acabará la cruzada contra las drogas, entre susurros. Nunca se ha conseguido que una cruzada del tipo que fuere contra el librepensamiento, la homosexualidad, la brujería o las drogas terminase explícitamente.