Comisión cubana de derechos humanos y reconciliación nacional


Algunos actos de represión política registrados en cuba durante noviembre de 2011

(SD: Detenciones de corta duración   AR: Actos de repudio)

Durante el mes de noviembre de 2011 documentamos por lo menos 257 detenciones por motivos políticos a lo largo del país, una cifra semejante al mes anterior y demostrativa de la pésima situación de derechos civiles y políticos que sigue prevaleciendo en Cuba y que habrá de empeorar a corto plazo a menos que el régimen imperante introduzca reformas creíbles en un sistema de leyes que continúa criminalizando el ejercicio de los derechos fundamentales.

Salvo que ocurra un cambio inesperado, pronosticamos mayor represión política durante el mes de diciembre con motivo de celebrarse, el  diez de ese mes, el Día Mundial de los Derechos Humanos, fecha en cuyo entorno el gobierno de Cuba suele desplegar su casi ilimitada capacidad represiva.

Sigue siendo poco conocida por la opinión pública la creciente represión contra toda la sociedad, como resultado de la sistemática violación de todos los derechos civiles y políticos, así como económicos y culturales de la inmensa mayoría de la población.

La violación institucionalizada de la libertad de movimiento de los ciudadanos, ya sea dentro del país o para viajar al extranjero, así como el derecho inalienable de todos los cubanos a regresar libremente a nuestro Hogar Nacional, sin cortapisas totalitarias, constituye uno de los abusos más ultrajantes que sigue cometiendo el régimen de los hermanos Castro, quienes han convertido a Cuba en una especie de isla-prisión.

Como dato positivo mencionamos que disminuyó relativamente el número de presos o condenados por motivos políticos pues el gobierno ha excarcelado, a lo largo del año, a numerosos prisioneros antes de someterlos a juicio.  Solamente en noviembre último excarceló (ya que no se puede hablar de libertad en Cuba), a siete opositores.  A finales de dicho mes habíamos documentado por lo menos 70 casos de condenados o procesados por los llamados “delitos contra el Estado”.



Leer informe completo.

La expedición femenina española

Por Antón Uriarte.




Se puede consultar en internet la lista de los tropecientos y variopintos participantes del concilio de Durban, en Sudáfrica. Qué poderío de lista. Abrumadora. Y abrumante: ¿ qué mentiras y exageraciones contarán para justificar tan inútil y público dispendio ?

Curiosa la expedición española, todo mujeres, y no pocas, catorce. (Les esperarán allí, en Sudáfrica, sin moverse, el embajador, el cónsul, el consejero y un secretario de la embajada, que también están en la lista de participantes).

Casi todas las viajeras, once, pertenecen a la rimbombante Oficina Española del Cambio Climático, que creó Zapatero en unos de esos días de euforia que tenía a veces.

Premio de despedida, un viaje al calorcito de Sudáfrica.


referencia, lista de participantes, vía EcoTretas

La integración al revés

Por Andrés Oppenheimer.



"La CELAC sería una idea estupenda si los países miembros - en lugar de hacer grandiosas declaraciones políticas sobre la unidad regional, que son pura poesía y una excusa para hacer turismo político - decidieran hacer acuerdos concretos para reducir sus respectivas barreras comerciales.

America latina necesita urgentemente una mayor integración económica: según cifras recientes de las Naciones Unidas, el comercio intra-regional de partes de manufacturas en Latinoamérica es de solo el 8 por ciento del comercio de los mismos productos con el resto del mundo. En comparación, el comercio intrarregional de esos productos en la Unión Europea llega al 15 por ciento, y dentro de los países asiáticos representa el 28 por ciento.

Si la CELAC quisiera convertirse en un “gigante”, debería hacer lo que hicieron los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial: empezaron con un acuerdo preferencial para exportar carbón y acero, y lo ampliaron gradualmente con los años incorporando cada vez más productos, hasta terminar creando una unión económica y política.

Pero —como tantas veces en el pasado— los líderes latinoamericanos que se reunieron en Caracas hicieron la integración al revés: empezaron por la fiesta, y dejaron los acuerdos concretos para reducir las barreras comerciales para más tarde".

Alix Beaujour

Amour maternelle
Flowers Of Africa
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My Work Is Done

¿El Senado es inútil? Sí

Por Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

Anteayer, Quim Monzó nos soltaba esto: “El Senado no sirve más que para ejercer de centro de día de políticos caducados”. Y añadía: “Que ese montaje grotesco denominado Senado se mantenga en esta época de penurias es una indecencia”.

A los escritores les amparan las licencias literarias, que deben leerse de acuerdo con un código especial. Pero en el fondo, tal como está las cosas, Monzó lleva mucha razón: el Senado actual no sirve para casi nada y, encima, en este casi nada se incluye su onerosa función de acoger a políticos cuyo tiempo ya pasó. El problema, sin embargo, no es que exista un Senado sino el modelo de Senado que tenemos. Vamos a verlo.

En los estados centralizados, y remarquemos esto de centralizados, la cámara alta o Senado surge en el siglo XIX como contrapeso conservador a la cámara baja o Asamblea. En las asambleas los diputados eran considerados los representantes del pueblo aunque, en realidad, sólo eran elegidos por quienes tenían derecho de sufragio censitario, es decir, un reducido sector que, al disfrutar de un determinado grado de riqueza (propietarios agrícolas, empresarios, profesionales liberales y funcionarios), pagaba impuestos. Los senadores, por el contrario, eran designados por el rey entre una selecta minoría de aristócratas, alto clero, gran burguesía y élites políticas y funcionariales. La Asamblea representaba a las clases medias, el Senado a las clases altas Ambas cámaras, junto al rey, aprobaban las leyes y designaban y controlaban al Gobierno. Así de socialmente conservador y escasamente democrático fue el Estado liberal decimonónico.

En el siglo XX se extiende el sufragio universal, es decir, se establece la igualdad de todos los ciudadanos al derecho al voto y, obviamente, se pone en cuestión la necesidad de los senados. Si las asambleas elegidas por sufragio universal representan al pueblo, ¿a quién representan unos senados elegidos por el mismo procedimiento? Para justificar su pervivencia se utilizan sistemas electorales distintos en ambas cámaras y se las dota de idénticos poderes. Sin embargo, debido a su similar composición partidista, las decisiones que toman ambas cámaras son sustancialmente las mismas: una de las dos es superflua.

Un último argumento a favor de la pervivencia de los senados es que sirvan como “cámaras de reflexión” cuya finalidad sea enfriar los debates más apasionados de las asambleas y así revisar las leyes que estas aprueben mediante una “segunda lectura” más reposada y objetiva. Aunque en teoría ello sería posible, en general no resulta así: las cámaras altas, como también las bajas, están dominadas por los partidos y estos se comportan igual en unas que en otras. Por tanto, los senados siguen siendo cámaras superfluas aunque se mantienen, salvo excepciones, debido a las espurias necesidades endógenas de la clase política.

En el caso de España, esta inutilidad se agrava. En efecto, el Senado español pertenece a este modelo de cámara de reflexión y segunda lectura de las leyes que resulta inútil pero, además, su composición es incoherente y sus funciones, con alguna excepción, duplican y están claramente subordinadas al Congreso. El pasado 20 de noviembre elegimos no a la totalidad del Senado sino a una fracción del mismo: en estos días los parlamentos autonómicos completarán su composición. Se trata, pues, de una cámara en la que los ciudadanos eligen directamente mediante voto limitado a cuatro quintas partes y los parlamentos autonómicos a la restante. La Constitución la cualifica de cámara territorial: ¿de provincias y de comunidades autónomas en una relación asimétrica sin lógica razonable alguna? La única lógica que aquí encontramos es la de los partidos y su necesidad de colocar a algunos de sus miembros.

En cuanto a las funciones, nuestro Senado tiene pocas y las que tiene suelen estar subordinadas al Congreso. En relación al control del Gobierno, sólo pueden formular preguntas, interpelaciones y mociones: ni participa en la elección del presidente ni tampoco, por tanto, puede interponer mociones de censura ni cuestiones de confianza. En relación a la función legislativa, aunque puede enmendar leyes previamente aprobadas por el Congreso, tales enmiendas pueden ser rechazadas por este. En igualdad con el Congreso, el Senado está facultado para designar determinados altos cargos y, en cuestiones puntuales y menores, disfruta de alguna competencia que no tiene la cámara alta. En todo caso, en el Senado dominan los mismos partidos que en el Congreso y son estos quienes, en definitiva, adoptan las decisiones.

Así pues, el Senado tiene una composición dotada de una rara representatividad y sus funciones, en general, son innecesarias o irrelevantes. Actualmente nuestro Senado es, pues, una cámara inútil porque siendo España un Estado de hecho federal su modelo de segunda cámara responde al de los estados centralistas cuando en estos estados el Senado ya no tiene razón de ser. ¿Podría llegar a ser una cámara útil? Sí, podría ser muy útil si se convirtiera en un senado federal. De esta posibilidad trataremos en el artículo de la semana próxima.