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El silencio ante la masacre de Siria

Andrés Oppenheimer.
La semana pasada, cuando Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, España y otras cinco naciones importantes expulsaron a los embajadores de Siria tras la matanza de Houla para enviar una fuerte senal de condena a la dictadura de Bashar al-Assad, ningún país latinoamericano hizo lo mismo.
Según las Naciones Unidas, la matanza fue llevada a cabo en gran medida por milicias pro-gubernamentales que irrumpieron en viviendas particulares y ejecutaron a mansalva a familias enteras. Las fuerzas paramilitares han sido las principales responsables de los 12.000 muertos de Siria desde el principio de la sublevación contra Assad trece meses atrás.
Asimismo, los funcionarios del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU han dicho que casi 20 de los muertos de Houla fueron aniquilados por la artillería del gobierno, y que la masacre de Houla podría llegar a ser catalogada de "crimen contra la humanidad".
En America latina, sólo un país, Panamá, anunció que ha “suspendido temporalmente” las relaciones diplomáticas con Siria, aunque la medida es simbólica, porque Siria no tiene embajada en Panamá. Entre las otras reacciones oficiales:
Cuba y Venezuela apoyan abiertamente a la dictadura de Assad. El viernes, cuando el usualmente timorato Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó por abrumadora mayoría una resolución condenando el “escandaloso uso de la fuerza contra la población civil" por parte de “elementos pro-gubernamentales” de Siria y pidió una investigación independiente del caso, Cuba fue uno de los pocos miembros del Consejo que votó en contra de la resolución, y Ecuador se abstuvo.
El presidente venezolano Hugo Chávez, quien en 2010 condecoró con la “Orden del Libertador” a Assad y lo calificó como “uno de los libertadores del nuevo mundo", ha enviado 600.000 barriles de diesel al gobierno de Siria en el último ano, según el gobierno venezolano.
- Colombia y Guatemala, que actualmente integran el Consejo de Seguridad de la ONU, han condenado la masacre de Houla y apoyado una resolución del 27 de mayo del Consejo de Seguridad que condena los acontecimientos, pero sin culpar directamente al régimen de Assad. Los diplomáticos de la ONU me dicen que, durante los debates, Colombia fue mucho más enérgica que Guatemala en su condena al régimen sirio.
-México, Chile y otros países han emitido declaraciones condenado la matanza de Houla y apoyando la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, pero no han tomado ninguna medida diplomática con respecto a los diplomáticos sirios, o a sus propios diplomáticos en Siria.
-Brasil respaldó la resolución del Consejo de Seguridad, pero señaló que no expulsará a los diplomáticos sirios porque eso cerraría toda posibilidad de diálogo con el régimen sirio. El gobierno de Argentina ha permanecido en silencio ante la masacre.
“Brasil no está haciendo nada”, senala José Miguel Vivanco, de la organización de derechos humanos Human Rights Watch. '"Brasil y otros países latinoamericanos que han sufrido dictaduras, cono Argentina, deberían estar encabezando los reclamos internacionales por medidas concretas, como llevar a los responsables de esta atrocidad ante el Tribunal Penal Internacional. Pero no lo están haciendo”.
Sanjeev Bery, del grupo de derechos humanos Amnesty International, dice que “los países latinoamericanos han aumentando su influencia geopolítica, y con eso viene la responsabilidad de defender los derechos humanos. Ahora ha llegado el momento de que actúen".
?Que argumentan los diplomáticos latinoamericanos? Muchos dicen que una escalada de las sanciones contra Siria conduciría a una intervención militar extranjera en Siria, tal como ocurrió en Libia. Algunos también dicen que los países europeos y Estados Unidos son hipócritas, porque no expulsan a los embajadores de China, Arabia Saudita y otros importante violadores de los derechos humanos con los que mantienen estrechas relaciones comerciales.
Mi opinión: Estos últimos argumentos son tramposos, y peligrosos. No tomar acciones diplomáticas solo hará que la dictadura de Assad mate aún más civiles, y que el conflicto sectario se propague más rápidamente a los países vecinos, aumentando la posibilidad de una intervención extranjera.
Y el argumento de la hipocresía de Estados Unidos y Europa es una excusa para no hacer nada. Los países latinoamericanos pueden –y deben - actuar contra todos los violadores de los derechos humanos en el mundo, incluyendo los que Estados Unidos y Europa a veces critican con mayor suavidad.
La defensa de los derechos humanos a nivel global es la mejor línea de defensa de Latinoamérica contra futuras violaciones a los derechos humanos en sus propios países. Pero aparentemente la mayoría de los gobiernos han olvidado las enseñanzas de su propio pasado.

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América Latina en el 2012

Por Andrés Oppenheimer.

Un centro de estudios económicos de las Naciones Unidas que ha sido muy entusiasta con respecto a Latinoamérica durante los últimos años acaba de sacar un pronóstico algo menos optimista sobre las economías de la región en el 2012. Tal como hemos venido advirtiendo en esta columna, la fiesta se está terminando.

Según un nuevo estudio de la Comisión Económica para Latinoamérica y el Caribe (CEPAL) de las Naciones Unidas, la economía de la región creció un 4.3 por ciento en el 2011, y crecerá un 3.7 por ciento en el 2012. No está mal, pero tampoco es nada para festejar.

En su informe Panorama Preliminar para el 2012, dado a conocer el miércoles, la CEPAL hizo los siguientes pronósticos:

• El PIB (Producto interno bruto) de Argentina, que creció un 9 por ciento este año, crecerá un 4.8 por ciento en el 2012.

• La economía de Brasil, que creció un 2.9 por ciento este año, crecerá un 3.5 por ciento en el 2012.

• La economía de Chile creció un 6.3 por ciento este año, y crecerá un 4.2 por ciento en el 2012.

• La economía de Colombia creció un 5.5 por ciento este año, y crecerá un 4.5 por ciento en el 2012.

• La economía de Cuba creció un 2.5 por ciento este año, y crecerá en igual porcentaje en el 2012.

• La economía de Ecuador creció un 8 por ciento este año, y crecerá un 5 por ciento en el 2012.

• La economía de México creció un 4 por ciento este año, y crecerá un 3.3 por ciento en el 2012.

• La economía de Panamá creció un 10.5 por ciento este año, y crecerá un 6.5 por ciento en el 2012.

• La economía de Perú creció un 7 por ciento este año, y crecerá un 5 por ciento en el 2012.

• La economía de Venezuela creció un 4.2 por ciento este año, y crecerá un 3 por ciento en el 2012.Según el informe, el crecimiento económico de

Latinoamérica podría ser aún más lento de lo que reflejan estas cifras si empeora la crisis financiera de Europa.

La nueva estimación de la CEPAL contrasta agudamente con las afirmaciones de varios presidentes latinoamericanos que durante los últimos meses aseveraron que sus países estaban “blindados” contra los efectos de la crisis de Estados Unidos y Europa.

Los altos precios internacionales de las materias primas, estimulados por las crecientes compras de China e India, habían creado un sentimiento triunfalista en varias capitales de Sudamérica. Hasta Standard & Poor’s, la empresa calificadora de riesgos, se hizo eco de ese optimismo en su webcast de principios de año que sugería que el 2011 podría marcar “el amanecer de la década latinoamericana”.

Mi opinión: Las proyecciones de la CEPAL para el crecimiento económico de la región el año próximo no deberían causar alarma. Las economías de la región, aunque están empezando a perder impulso, seguirán creciendo con índices mayores a los del mundo industrializado.

Lo que resulta mucho más preocupante, y frustrante, es que — con unas pocas excepciones como Chile, y en cierto grado, Brasil — casi todos los países sudamericanos han estado dilapidando la bonanza producida por los altos precios de sus exportaciones de materias primas. En lugar de seguir con su fiesta consumista, que produce pan para hoy y hambre para mañana, deberían usar sus ingresos extraordinarios para elevar sus desastrosos estándares educativos y hacerse más competitivos en la economía global.

Estamos viviendo en la era de la economía del conocimiento, en la que países como Singapur —que no tienen recursos naturales— tienen un ingreso per cápita mucho más alto que los países ricos en materias primas, gracias a su obsesión por elevar los estándares educativos. Y según casi todas las mediciones —incluyendo los tests estandarizados internacionales PISA para estudiantes de 15 años— los países latinoamericanos se están quedando cada vez más atrás.

Es hora de que los centros de investigación económica internacionales, como la CEPAL, cambien o amplíen la manera en que miden a los países, y creen una nueva medición que podría llamarse Producto Bruto Educativo (PBE) para complementar el ya existente PIB.

Si siguen centrándose tan sólo en el PIB, que mide la actividad económica, sin tomar en cuenta la calidad de la educación, nunca lograrán vencer la inequidad, porque la única manera de sacar a la gente de la pobreza a largo plazo es dándole una educación de buena calidad que le permita acceder a empleos bien pagados. Si Latinoamérica quiere dejar de ser la región con mayor desigualdad del mundo, tiene que proporcionarles una educación de calidad a los pobres.

Entonces, esta es mi propuesta de fin de año para los centros de investigación económica internacionales: creen un Producto Bruto Educativo, para que el año próximo —a esta altura— puedan ofrecernos tanto proyecciones del PIB como del PBE. Ambas cifras deberían ir de la mano. El actual estándar de medición es demasiado cortoplacista, y hace que los países no le presten demasiada atención a lo que más importa.

¿Menos pobres y menos educados?

Por Andrés Oppenheimer.


"Hay tres razones fundamentales por las que los países asiáticos han reducido más la pobreza que los latinoamericanos: la educación, la educación y la educación.

Los países asiáticos han estimulado una cultura de la educación de calidad —acentuando el rigor académico y la internacionalización de sus universidades— que les permite producir bienes cada vez más sofisticados que producen empleos cada vez mejor pagos, mientras que la mayoría de los países latinoamericanos se han concentrado en ampliar la cantidad de niños en la escuela, sin mayor preocupación por la excelencia académica.

Yo también soy optimista con respecto a Latinoamérica: la región tiene la mejor oportunidad de los últimos tiempos de despegar en la escena internacional.
Pero me temo que festejar los nuevos datos sin ponerlos en un contexto mundial —y sin embarcarse en la tarea de mejorar los estándares educativos— sólo conducirá a la autocomplacencia, que es la mayor enemiga de la competitividad y el progreso".

La integración al revés

Por Andrés Oppenheimer.



"La CELAC sería una idea estupenda si los países miembros - en lugar de hacer grandiosas declaraciones políticas sobre la unidad regional, que son pura poesía y una excusa para hacer turismo político - decidieran hacer acuerdos concretos para reducir sus respectivas barreras comerciales.

America latina necesita urgentemente una mayor integración económica: según cifras recientes de las Naciones Unidas, el comercio intra-regional de partes de manufacturas en Latinoamérica es de solo el 8 por ciento del comercio de los mismos productos con el resto del mundo. En comparación, el comercio intrarregional de esos productos en la Unión Europea llega al 15 por ciento, y dentro de los países asiáticos representa el 28 por ciento.

Si la CELAC quisiera convertirse en un “gigante”, debería hacer lo que hicieron los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial: empezaron con un acuerdo preferencial para exportar carbón y acero, y lo ampliaron gradualmente con los años incorporando cada vez más productos, hasta terminar creando una unión económica y política.

Pero —como tantas veces en el pasado— los líderes latinoamericanos que se reunieron en Caracas hicieron la integración al revés: empezaron por la fiesta, y dejaron los acuerdos concretos para reducir las barreras comerciales para más tarde".

¿Cómo vencer al populismo en América Latina? Héctor Ñaupari

Es la pregunta de los diez mil soles, como decimos en el Perú. Pese a su inmensa capacidad de seducción, considero que el populismo latinoamericano puede ser vencido. La pregunta es, ¿cómo hacerlo? Cabe acotar que, siendo el populismo una idea y un sentimiento, se debe enfrentar con ideas y motivaciones superiores y más convocantes que aquéllas que éste promete.

En primer término, para atacar el núcleo ideológico del populismo debemos sostener emotivamente que las sociedades que prosperan no se organizan en torno a la identidad, ni a la nación, ni a la raza, ni a la clase. Se organizan en torno a principios, que sirven para garantizar una convivencia pacífica y fructífera, para que se dicten unas leyes claras, sencillas y comprensibles y para que todos los ciudadanos aptos dispongamos de un mínimo de recursos que nos permitan competir en la sociedad.

¿Cuáles serían estos principios? Libertad, tolerancia, justicia y dignidad del trabajo. Aplicando estos principios, se logra lo que sostuvo Adam Smith en sus Lecciones sobre Jurisprudencia: “Para que un Estado pase de la peor barbarie al mayor grado de opulencia basta prácticamente con garantizar la paz, impuestos estables y una aceptable administración de justicia; el resto vendrá por si solo mediante el curso natural de las cosas”. Alcanzar un consenso en torno a estos principios es una tarea política esencial si queremos vencer al populismo. Esto tiene que hacerse fuera de los partidos políticos, pues todos, en mayor o menor medida, son proclives al virus populista.

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La confesión de Condoleezza. Andrés Oppenheimer

Si las biografías políticas de los recientes presidentes de Estados Unidos y sus encargados de relaciones exteriores dicen algo sobre cuales son las regiones que más les interesan —y yo creo que sí—, el nuevo libro de la ex Secretaria de Estado Condoleezza Rice habla por sí mismo: alrededor del 98 por ciento de sus páginas se refieren al Medio Oriente, Rusia y Asia, y un 2 por ciento a Latinoamérica.

Rice, cuyo jefe, el ex presidente George W. Bush, prometió durante la campaña del 2000 convertir a Latinoamérica en un “compromiso fundamental” de su presidencia, dedica sólo dos de los 58 capítulos de su libro de memorias, “No Higher Honor” (Ningún honor más alto) a America Latina. O sea, le dedica a la región unas 15 páginas de un volumen de 766 páginas.

[...]

No hay dudas de que Estados Unidos tenía que centrarse en el terrorismo islámico después del 11 de Septiembre del 2001, y que China será su principal desafío en el futuro próximo.

Pero también es cierto que Estados Unidos exporta tres veces más a Latinoamérica que a China. En total, el 43 por ciento de las exportaciones de Estados Unidos van a Latinoamérica y Canadá, y con el crecimiento de las clases medias de los países latinoamericanos, ese porcentaje podría aumentar aún más.

Además, América Latina es fuente cada vez más importante de petróleo, y es la región que más impacto tiene sobre Estados Unidos en temas como la inmigración y el narcotráfico. Latinoamérica merece algo más que el 2 por ciento de la atención de los líderes estadounidenses.


Leer completo en El Nuevo Herald.

Violencia en latinoamérica. Andrés Oppenheimer

Según el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas (PNUD), Latinoamérica es una de las regiones más violentas del mundo, con un promedio anual de 25 asesinatos por cada 100,000 habitantes. El año pasado, 18,000 personas fueron asesinadas en Centroamérica, obligando a los gobiernos a gastar $4,000 millones en seguridad, un aumento del 60 por ciento con respecto a lo que habían gastado hace cuatro años, según cifras del PNUD.


Es un conflicto sangriento que además de dejar una enorme cantidad de muertos y socavar las instituciones, se está convirtiendo en el mayor obstáculo para el crecimiento económico de la región. No solo drena recursos que deberían destinarse a educación y salud, sino que está ahuyentando las inversiones y matando el turismo.