“Ningún poder en la tierra podrá arrancarte lo que has vivido.” Viktor Frankl
How Does Prozac Work? Jonah Lehrer
What’s the point of neuroscience? Why do we spend billions of dollars investigating those three pounds of flesh inside the head? Sure, human nature is interesting, and self-knowledge is a virtuous pursuit, but let’s be honest: we study the brain because we don’t want to die. Because we want cures for awful afflictions. Because we’re desperate to avoid depression and addiction and dementia. The only way to justify the terrific expense of biomedical research is medicine.
Here’s the bad news: I think neuroscience has yet to deliver on its therapeutical potential. We’ve learned an astonishing amount about the brain in recent years – a ten year old textbook is totally obsolete – but all this shiny new knowledge has yet to heal us. As a result, we’re still stuck with pills and treatments that are frustratingly ineffective.
Consider depression. Every year, approximately 7 percent of us will be afflicted to some degree by the awful mental state that William Styron described as a “gray drizzle of horror . . . a storm of murk.” This is a big societal problem, which is why 24.4 million prescriptions were filled for fluoxetine (the generic version of Prozac) in 2010 in America.
The first thing to say about fluoxetine is that it’s an old drug, having been introduced in the early 1970s. (Like many medical treatments, it was discovered largely by accident, when researchers realized that a common anti-histamine had anti-depressant properties.) Until recently, scientists assumed they knew how fluoxetine/Prozac worked. The story was simple: depression results from a neurotransmitter imbalance in the brain, in which patients suffer from a shortage of chemical happiness. The little blue pills cheer us up because they give the brain what it has been missing – a dose of serotonin.
There’s only one problem with this theory of anti-depressants: it’s almost certainly wrong, or at the very least woefully incomplete. Experiments have since shown that lowering people’s serotonin levels does not make them depressed, nor does it worsen their symptoms if they are already depressed. And then there’s the “Prozac lag”: although anti-depressants increase the amount of serotonin in the brain within hours, their beneficial effects are not usually felt for weeks.
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Retrasan atención a preso para operación de la vista. Dania Virgen García
El recluso Reynol Vicente Sánchez, quien se encuentra recluido en el destacamento 5 de la prisión de Toledo, informa que le niegan asistir al turno médico que consiguió por vía telefónica para operarse de la vista.
Luego de tres meses en espera de la coordinación del Hospital Nacional de Reclusos del Combinado del Este, y un mes y medio después de ser trasladado de dicha prisión para Toledo, le han informado que tiene que esperar por las coordinaciones de los altos mandos para ser atendido en el Hospital Liga contra la Ceguera. El Teniente Coronel Mariano, jefe de servicio médico de cárceles y prisiones, es el encargado de dicha coordinación.
Refiere el recluso que preocupado por su vista, el día 1ro de noviembre, personalmente hizo una llamada al hospital “Miguel Enriques” desde la prisión para comunicarse con la Doctora Daimis Rodríguez Ramírez, quien anterior mente fue la que lo atendió, le indicó las pruebas y análisis para su operación, y solicitó esa operación desde el día 19 de septiembre, con la tramitación de un conduce al hospital. Al llegar al Combinado del Este, donde se encontraba entonces, la Capitana Brenda le realizó el conduce comunicándole esta que cuando se trataba de presos ellos no lo entendían y no se le prestaba atención y surgían las dificultades.
Cuando se comunicó con la Doctora Beatriz, del Hospital “Miguel Enríquez”, le dijo que la prisión está complicando las cosas, que lo que tienen que hacer es coordinar el turno con la Doctora Arlenis Acuña, los martes a las 8 de la mañana.
Desde hace tres meses Reynol Vicente está esperando por la coordinación de los altos mandos de la prisión Combinado del Este y ahora de la prisión Toledo junto a la de la Dirección de Cárceles y Prisiones, los cuales le informan que tiene que esperar.
Reynol Vicente se pregunta si es un pecado haber nacido en Cuba, si su madre tenía que haberlo parido en Venezuela, “porque los ciudadanos cubanos tienen menos derechos que los extranjeros en su propia tierra”, asegura.
Leer más noticias en Cuba por Dentro.
Firma por la Libertad y los Derechos Humanos en Cuba.
Luego de tres meses en espera de la coordinación del Hospital Nacional de Reclusos del Combinado del Este, y un mes y medio después de ser trasladado de dicha prisión para Toledo, le han informado que tiene que esperar por las coordinaciones de los altos mandos para ser atendido en el Hospital Liga contra la Ceguera. El Teniente Coronel Mariano, jefe de servicio médico de cárceles y prisiones, es el encargado de dicha coordinación.
Refiere el recluso que preocupado por su vista, el día 1ro de noviembre, personalmente hizo una llamada al hospital “Miguel Enriques” desde la prisión para comunicarse con la Doctora Daimis Rodríguez Ramírez, quien anterior mente fue la que lo atendió, le indicó las pruebas y análisis para su operación, y solicitó esa operación desde el día 19 de septiembre, con la tramitación de un conduce al hospital. Al llegar al Combinado del Este, donde se encontraba entonces, la Capitana Brenda le realizó el conduce comunicándole esta que cuando se trataba de presos ellos no lo entendían y no se le prestaba atención y surgían las dificultades.
Cuando se comunicó con la Doctora Beatriz, del Hospital “Miguel Enríquez”, le dijo que la prisión está complicando las cosas, que lo que tienen que hacer es coordinar el turno con la Doctora Arlenis Acuña, los martes a las 8 de la mañana.
Desde hace tres meses Reynol Vicente está esperando por la coordinación de los altos mandos de la prisión Combinado del Este y ahora de la prisión Toledo junto a la de la Dirección de Cárceles y Prisiones, los cuales le informan que tiene que esperar.
Reynol Vicente se pregunta si es un pecado haber nacido en Cuba, si su madre tenía que haberlo parido en Venezuela, “porque los ciudadanos cubanos tienen menos derechos que los extranjeros en su propia tierra”, asegura.
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España discutida y discutible. Arturo Pérez-Reverte
Calculen ustedes mismos: océano Índico, anocheciendo, mala mar, esquife con piratas, mujer cuyo marido acaba de ser asesinado, y a la que llevan a tierra para cantarle bonitas coplas africanas típicas de allí. Y en eso, lancha neumática que llega con fuerzas especiales españolas. Tatatachán. Los malos se lían a tiros. Bang, bang, bang. Por parte de los buenos, tiroteo de precisión, impecable. Más bang. Vuelca el esquife, rehén cae al agua. Chof. Dos piratas con Kalashnikovs apuntándole a la pobre señora. Fuego de los buenos que neutraliza a los malos. Señora que se hunde en el mar. Capitán de fuerzas especiales que se tira al agua con veinte kilos de equipo de combate encima, casco, pistola, radio y dos cojones, y salva a la prójima. Éxito absoluto, beso de la rehén al capitán, final de película. Y entonces, en vez de difundir el episodio, enorgulleciéndose de que en 45 segundos un grupo de infantes de marina españoles haya resuelto tan difícil situación, con algún pirata herido pero sin dar matarile a nadie, la ministra de Defensa y quienes le llevan el botijo deciden perfil bajo y poco ruido. No vayan a criticarnos, dicen, que les disparemos a negros famélicos y tal. Nosotros que los queremos tanto. Y una vez más, como de costumbre, se nos llena de cagadas de rata el arroz de la paella.
Leer completo en la web de Pérez-Reverte.
Globalización y reducción de la pobreza. Xavier Sala i Martín
Destaco:
La mayor parte de los ciudadanos de Nigeria se hace cada vez más pobre. Nigeria es el país más grande de África en términos de población con 120 millones de habitantes. El promedio de la renta es cada vez peor. Han pasado 40 años de crecimiento negativo en este país, que tiene grandes recursos naturales. Pero los recursos naturales son –paradójicamente– negativos, porque crean corrupción, ya que son fáciles de robar, mientras que los recursos humanos no se pueden robar, ¡porque la gente se rebela! Los economistas lo calificamos como la «maldición de los recursos naturales», ya que el «dinero fácil» procedente de la venta de los recursos naturales acaba perjudicando al país. En Nigeria, el 20% de los ricos cada día está mejor, y no tienen ningún incentivo para hacer reformas. Éste es uno de los dramas de África, por más que se lo digamos desde fuera.
[…]
Claramente, la pobreza es un mal. Yo quiero que haya un mundo sin pobres. Sin embargo, no sé qué pensar sobre las desigualdades. Depende de dónde vengan, de las causas, del nivel de desigualdad. Dos personas con el mismo dinero pueden consumir de manera diferente, según sus apetencias, pero ser igual de felices. Pero los expertos dicen que la felicidad es importante pero no se puede calcular, mientras que sí podemos calcular la renta. Si quisiéramos un mundo igualitario con las dos personas felices ya estaría bien. Pero como sólo observamos la renta vemos unas grandes desigualdades. Así que si ponemos un impuesto elevado al que trabaja y se lo damos al que no trabaja, vamos a crear desigualdades de bienestar, que no igualdades de renta. Es decir, que hay desigualdades de renta que pueden surgir, pero que no son malas.
Otra desigualdad se produce, por ejemplo, en China, donde los pobres, la gente con renta más baja, ven aumentada su renta en un 10% y la gente más rica en un 20%. ¿Es esto mejor o peor? Los pobres han mejorado en un 10% y los ricos en un 20%, con lo que las desigualdades han subido. Hay gente a la que le puede molestar que haya desigualdades, pero ya necesitamos hablar de qué es lo que nos gusta. Necesitamos explicitar cuáles son nuestras preferencias sobre las desigualdades.
[…]
Antes de la Revolución Industrial, casi todos los ciudadanos del mundo eran iguales, es decir, igual de pobres. Había un rey, había un césar, había un burócrata chino, había gente rica, pero eran poquísimos. La mayor parte de la gente, la mayor parte de los ciudadanos del planeta eran agricultores, en China, en América y en Europa, y vivían en niveles de subsistencia. Comían, se vestían y se morían. Es decir, estaban al nivel de subsistencia. Por lo tanto, en todo el planeta la gente era más o menos igual de pobre.
[…]
La Revolución Industrial tiene dos características. La primera es que la gente se hace rica y la segunda es que se produce una tasa de crecimiento explosiva, es decir, que se hace cada año más rica. De manera que en la Inglaterra de hoy, los ciudadanos de a pie viven mucho mejor de lo que vivía el César o los reyes en el siglo XV. Tienen cosas que antes no tenían. Tienen dentistas, gafas, tienen calefacción, CDs, helados de vainilla y muñecas Barbie. Todo lo que antes no existía. Y esto empieza primero en Inglaterra. Si lo comparamos con la población de hoy, la situación previa a la Revolución Industrial sería la equivalente a la de 6.000 millones de personas igual de pobres. De repente, los ingleses, que son pocos, empiezan a crecer. La distancia va creciendo. Luego se apuntan los norteamericanos, el resto de Europa, Australia, Japón. Las diferencias van subiendo y, en términos de la población mundial, había 1.000 millones de ciudadanos –la OCDE, esencialmente– creciendo sin parar y 5.000 millones de personas pobres como ratas, viviendo en niveles de subsistencia. Esta es la historia del siglo XIX y de casi todo el siglo XX.
Pero en 1980 pasan cosas fantásticas. 1.300 millones de chinos empiezan a crecer. 1.100 millones de indios empiezan a crecer. 300 millones de indonesios empiezan a crecer. 50 millones de malayos, tailandeses, también. Más de la mitad de la población del planeta, de repente, empieza a crecer. Y lo hace al 6, al 7, al 10%. Es decir, que la mitad de los que estaban «abajo» convergen rapidísimamente hacia nuestros niveles. Y esto es lo que causa que las desigualdades empiecen a bajar. Porque la mayor parte del planeta se ha apuntado a la Revolución Industrial y sus rentas por primera vez en la historia convergen con las nuestras.
[...]
En 20 años Asia ha hecho un milagro. Salir de la pobreza, por tanto, se puede conseguir. Mucha gente decía que era imposible, que con la cultura asiática era imposible, que su religión les llevaba a la sumisión, que eran gente que, a diferencia de los cristianos, y sobre todo de los protestantes, que perseguimos el bien material, los chinos estaban allí flotando con su religión mística y que nunca jamás serían gente emprendedora, y que no podrían salir del pozo. Esto nos los decían en el año sesenta. Hoy en día, los chinos están creciendo.
Y hoy estamos escuchando los mismos mensajes respecto de África: que los africanos no tienen iniciativa, que son tontos, que los emprendedores en África son siempre extranjeros, que la gente rica y los que tienen negocios en el África negra son indios o chinos, o libaneses, todo para demostrar que la raza africana es una raza inferior. Las mismas tonterías que se decían antes de China. Lo importante es que China lo ha conseguido y lo ha conseguido igual que lo hemos conseguido nosotros.
¿Cómo lo hemos conseguido? ¿Con la «tasa Tobin», con la renta básica, con la caridad del 0,7%, con la condonación de la deuda, con la antiglobalización? La respuesta es no. La respuesta es que lo hemos conseguido con la economía capitalista de mercado. Así es como lo hemos conseguido nosotros, así es como lo ha conseguido China y así es como lo conseguirán los africanos. Abriendo las fronteras a la globalización que todavía no ha llegado.
BCE: ¿+ o -? Carlos Rodríguez Braun
Todo en los bancos centrales resulta paradójico y contradictorio. Actúan como los salvadores después de que estallan burbujas que ellos mismos han inflado. O se definen orgullosamente como instituciones independientes del poder político, cuando son criaturas del poder político, un poder que designa a sus dirigentes, y un poder ante cuyas presiones siempre acaban rindiéndose tarde o temprano. Este juego político se vio claramente en los últimos días, en los que hemos podido asistir al bochornoso espectáculo de Smiley transfiriendo sus graves responsabilidades a Frankfurt y exigiendo al BCE, como hace toda la izquierda, que acometa una masiva compra de deuda pública. Cayo Lara llegó a afirmar seriamente que el BCE debería intervenir para “acabar de un plumazo con la especulación”.
Se trata de apreciables disparates: la política monetaria no es un sustituto de la política fiscal, no puede resolver mágicamente los problemas de ésta última mediante inyecciones de liquidez a cambio de deuda pública, y, para colmo de males, estas expansiones monetarias, si se realizan a cambio de títulos cuya credibilidad va degradándose, se traducen en la degradación correspondiente del pasivo del banco central, es decir, la moneda.
Y en ésas estamos, en el tira y afloja entre quienes creen que la intervención del BCE ha sido incapaz de contener la crisis de la deuda porque ha sido insuficiente, y los que temen que una intervención excesiva socave la solidez del sistema y la del euro. Estas pujas se dirimen conforme a la fuerza política y los intereses de los contendientes, a quienes puede convenir en determinado momento dar una imagen de austeridad o de largueza.
Históricamente, las restricciones monetarias erigidas para contener la expansión de los Estados y la insostenibilidad de sus deudas han tendido a ceder. Dos muy célebres fueron el patrón oro, liquidado en el período de entreguerras, y el Sistema de Bretton Woods, volado por Richard Nixon el 15 de agosto de 1971. El euro es seguramente el esquema monetario más ambicioso del mundo después de esos dos.
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