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El Gran Bazooka: BCE y Deuda Soberana

por Xavier Sala i Martín.


El Gran Bazooka: BCE y Deuda Soberana
El Gran Bazooka
Finalmente el Banco Central Europeo ha marcado paquete y ha enseñado su gran bazooka. La expresión “gran bazooka” forma parte de la jerga financiera desde que el secretario del tesoro norteamericano, Hank Paulson, defendió ante el congreso y pidió que éste multiplicara la cantidad de dinero disponible para rescatar de Freddie Mac y Fannie Mae ante los ataques especulativos:“si tienes una pistola de agua en el bolsillo y alguien te reta, seguramente la tendrás que sacar. Pero si tienes un gran bazooka, y todo el mundo sabe que lo tienes, puede que no lo tengas que sacar. Al aumentar el miedo que infundes, reducirá la probabilidad de tener que usarlo”
El papel de los Bancos Centrales
Los bancos centrales fueron diseñados a finales del siglo XIX y principios del XX como los primeros gran bazookas financieros. Durante el siglo XIX los sistemas bancarios de todo el mundo estaban sujetos a “pánicos” recurrentes: de repente corría el rumor de que el banco X se había quedado sin dinero y la gente corría a sacar sus depósitos por miedo a perderlos. Al perder depósitos, el banco quebraba y tenía que cerrar. Es decir, la rumorología y los pánicos irracionales podían hacer que bancos perfectamente sanos y solventes se volvieran insolventes y tuvieran que cerrar(*).
Para evitar ese problema, las autoridades crearon el “banco central”: un banco de bancos con la capacidad de imprimir dinero y llevarlo rápidamente a cualquier banco comercial. Los diseñadores de esa idea pensaron que si algún día se desataba el rumor irracional de que el banco X no tenía suficiente dinero, el banco central acudiría con todo una montaña de billetes. Al ver que los billetes están ahí, el pánico desaparecería, el banco no quebraría y el banco central podría llevarse de nuevo todos los billetes para casa. Fijaos que el simple hecho de que haya un banco central con capacidad de imprimir cantidades ilimitadas de dinero y dispuesto a acudir a los bancos disuadiría a los especuladores en estado de pánico. Sólo con enseñar el gran bazooka se soluciona el problema sin necesidad de usarlo.
Notad que el Banco Central no va a evitar que los bancos insolventes quiebren. Y tamposo es esa su misión. Los bancos inviables deben cerrar con o sin banco central. El Banco Central, sin embargo, evita que los bancos solventes se vuelvan insolventes por culpa de los rumores infundados.
El BCE y la propuesta de comprar deuda soberana Española e Italiana
En la reunión de hoy, 6 de setiembre de 2012, el BCE ha decidido dotarse de la capacidad de comprar deuda de los gobiernos europeos con problemas para hacer bajar la prima de riesgo que tienen que pagar países como España o Italia. La idea es simple: España e Italia son países solventes (es decir, si los tipos de interés son razonables, podrían hacer frente a sus deudas con recaudaciones futuras) pero no tienen liquidez para afrontar sus pagos a corto plazo. Debido a los pánicos que vienen de la situación griega y la posible desintegración del euro, los mercados exigen unos tipos de interés cada vez mayores. Y si los tipos de interés pasan a ser demasiado elevados, llegará un punto en que toda la recaudación del estado irá a pagar intereses y la deuda será insostenible. Para evitar esos pánicos, el BCE ha decidido comprar deuda soberana española e italiana a unos tipos de interés “razonables”. Al hacerlo, se espera que los tipos bajen y se impida que España e Italia sean insolventes. Dado que el BCE una capacidad casi ilimitada de generar recursos (ya que tiene una máquina de imprimir dinero), los mercados van a bajar los tipos de interés a los que prestan a España e Italia sin necesidad de que el BCE compre toda la deuda: Solo con enseñar el gran bazooka, esperan, se solucionará el problema. Y de hecho, desde que el pasado 23 de Julio Mario Draghi anunció que compraría un bazooka y lo pondría a disposición , las primas de riesgo han caído en picado... y eso que todavía no ha comprado ni un euro de deuda. Solo con mencionar (creíblemente) al bazooka ha calmado a los mercados durante un mes y medio.
Disciplina
¿Es bueno que el BCE compre deuda soberana? Si y no. O no necesariamente. En la medida que los tipos de interés que los mercados utilizan para España o Italia son irracionalmente altos (es decir, en la medida de que la prima de riesgo no está justificada por los fundamentales sino por los pánicos de los inversores) la compra de bonos por parte del BCE es buena. Pero en la medida que esos tipos reflejan el riesgo de que España e Italia sean justificadas por los fundamentales, no. La razón es que los tipos de interés deben reflejar el riesgo de impago. Y si existe riesgo real de impago porque, por ejemplo, la deuda italiana es demasiado alta o el déficit español no se está corrigiendo por falta de reformas serias, es bueno que los tipos de interés lo reflejen y reducciones artificiales de esos tipos por parte del BCE son una mala idea. De hecho, son las subidas de los tipos de interés las que han hecho que España abandonara su locura expansiva y la locura del despilfarro que llevaron a los extravantes déficits de 2010 y 2011. Cuando Berlusconi se vio contra la pared en julio de 2011, anunció reformas de todo tipo. Cuando el BCE intervino para aliviar la prima de riesgo en agosto del mismo año, Italia abandonó las reformas de inmediato.
Dicho de otro modo, el anuncio de la compra de deuda soberana por parte del BCE es buena y le va a permitir a España e Italia ganar tiempo para que las reformas surjan sus efectos. La intervención del BCE, sin embargo, no es un substituto para la austeridad fiscal.
Lógicamente el BCE lo sabe y es por ello que ha anunciado que, antes de intervenir, los países que lo quieran deberán firmar un Memorandum of Understanding (MoU), un contrato con los fondos de rescate en el que se comprometerán a seguir con la austeridad y no hacer la pirula de Berlusconi. El MoU no será un rescate total como los de Irlanda, Grecia o Portugal. Será un “programa preventivo” que se aplicará a países que todavía tienen acceso a los mercados financieros. Eso es importante porque los programas de rescate totales aplicados hasta ahora solamente se aplican cuando el país ha perdido toda fuente de financiación. Y eso tiene incentivos perversos ya que hace que los países se esperen a pedir ayuda hasta que ya es demasiado tarde.
¿Qué parte de la prima de riesgo es riesgo real y que parte es paranoia especulativa? Difícil de saber. El Banco Central de Italia estima que unos 200 puntos básicos son especulativos (es decir, si la prima es de 5%, 3% corresponde a riesgo real y 2% a sobreprima especulativa). Goldman Sachs, por su lado, estima que solo entre 100 y 150 puntos básicos son especulativos. En cualquier caso, el BCE no ha anunciado un objetivo oficial de reducción de la prima de riesgo. Es decir, no ha dicho que "actuarán hasta que la prima de riesgo sea solo del 3%". Ha dicho que la prima de riesgo tiene que reflejar el riesgo fundamental. Esperemos, pues, una prima de riesgo menor aunque no nula.
Subordinación
Un aspecto importante anunciado por el BCE es que sus créditos tendrán la misma prioridad o “seigniority” que los créditos privados. Es decir, no serán preferentes. Eso también es importante porque si la deuda del BCE pasara a ser sénior, automáticamente el resto de la deuda pasaría a ser subordinada y los acreedores actuales exigirían primas de riesgo superiores con lo que el programa podría tener las consecuencias contrarias a las deseadas. Como pasa en las películas cómicas, a veces el malo coge el bazooka al revés y, tras apuntar a un objetivo que tiene delante, el tiro le sale por atrás.
Política Interna Alemana
La decisión de hoy refleja otro hecho importante: las diferencias que hay entre las autoridades europeas a la hora de afrontar la crisis. Alemania no tiene una posición unificada en contra de la intervención del BCE porque la impresión de dinero puede causar inflación (a pesar de que el BCE ha dicho que las compras serán "esterilizadas") y porque piensan que es necesario de imponer programas de austeridad a rajatabla. De hecho, hay rumores cada día más sonoros de que Angela Merkel está está extraordinariamente irritada con el fundamentalismo del Bundesbank y de su gobernador, Jens Weidman que ha votado en contra de la propuesta del BCE. Fue el único voto en contra dentro del BCE. Es interesante señalar que Alemania tiene dos representantes en el consejo del BCE. Eso quiere decir que el otro representante alemán, Jorg Asmussen, ha votado a favor de la intervención del BCE y en contra de la posición de Weidman. Todo esto indica que la posición de Angela Merkel parece ser un poco más flexible que la de sus compatriotas del Bundesbank (e incluso más flexible que la de su propio ministro de Finanzas, Wolfgang Schauble). Por un lado piensa que si la teoría del gran bazooka es correcta, el BCE no va tener que imprimir demasiado dinero y no se va a crear demasiada inflación: solo con mostrar que el bazooka ya va a ser suficiente. Por otro lado, Merkel piensa que, dado que el rigor y la austeridad son necesarios y que, por más necesaria que sea a medio plazo, esa austeridad tiene efectos negativos sobre el crecimiento a corto, es necesario compensar la política fiscal restrictiva con la política monetaria expansiva. Por eso permite la intervención de las autoridades monetarias para salvar el euro. A diferencia de Weidman, Angela Merkel se enfrenta a unas elecciones dentro de un año y no parece tener muchas ganas de hacer campaña electoral habiendo sido la responsable de la desintegración del euro. Esperemos, pues, más flexibilidad por parte de Alemania en los próximos meses.
Conclusión
De momento, la reacción de los mercados ha sido la de euforia. De hecho, la euforia que se desató el 23 de Julio ha seguido y ha culminado en el día de hoy. Hay espacio para el optimismo pero debemos seguir siendo cautelosos. La intervención del BCE va a hacer que las primas de riesgo bajen. Pero hasta que el crédito no fluya a las empresas, el “credit crunch” va a seguir ahogando a la economía española. Y sin crecimiento, no hay salvación. El anuncio del BCE de hoy no garantiza el crecimiento. Es un gran bazooka. Si. Pero es solo un gran bazooka.


Crisis (593): el grifo del BCE

Por Xavier Sala i Martín, Columbia University, UPF y Fundació Umbele (LA VANGUARDIA, 02/12/11):

Italia y España son, en principio, países solventes pero faltos de liquidez. Es decir, pueden devolver lo que deben pero necesitan pedir prestado a corto plazo para pagar salarios y costes de administración. El problema de este tipo de países es que cuando cunde el pánico entre los prestamistas que piensan que no van a cobrar, estos exigen una “prima de riesgo” y sólo prestan a intereses elevados. Si esos intereses suben demasiado, pueden acabar por convertir a un país solvente en uno de insolvente.

Una manera de evitar este tipo de pánicos financieros es que el Banco Central Europeo (BCE), la institución que imprime los euros que todos utilizamos, se comprometa a comprar deuda de esos países a tipos de interés razonables. Si lo hiciera, los inversores tendrían la seguridad que acabarían cobrando por lo que las primas de riesgo desaparecerían, los tipos de interés para España e Italia pasarían a ser parecidos a los alemanes y todo volvería a la normalidad.

El problema es que Angela Merkel se ha venido negando a que el BCE imprima dinero con un argumento de peso: ¡es ilegal! El artículo 123.1 del tratado de la UE prohíbe que el BCE preste directamente (repito, ¡directamente!) a gobiernos o instituciones públicas. Eso parecería poner punto final a la solución BCE sino fuera por el hecho de que hay maneras de saltarse la norma. Y es que, insisto, el artículo 123.1 dice que el BCE no puede prestar “directamente” a los gobiernos… pero no impide que lo haga “indirectamente” a través de intermediarios. Y esa es la solución que parece que se está fraguando en los más altos despachos de la UE: que el BCE dé dinero al Fondo Monetario Internacional o al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera creado para ayudar a Grecia, Irlanda y Portugal y que sean estos los que presten dinero a Italia y España. El BCE, pues, estaría comprando deuda indirectamente sin violar el artículo 123.1.
Sea como fuere, parece que hay maneras legales de permitir que el BCE imprima dinero y acabe con el pánico. La pregunta es: ¿por qué no lo hace? La respuesta es, otra vez, por la oposición de Merkel: para que el BCE imprima dinero necesita el permiso de su socio más importante, Alemania, y este se ha venido oponiendo por al menos cuatro razones.

La primera es su ya legendaria aversión a la inflación que con toda seguridad generaría la creación de tanto dinero. La segunda es que, una cosa es comprar deuda de países “solventes pero faltos de liquidez” y otra cosa distinta es comprar deuda de países “insolventes”. Todo indica que Italia y España son solventes… pero eso sólo es verdad si hacen las reformas necesarias que garanticen el retorno del crecimiento y la reducción de sus extravagantes déficits. ¿Qué pasaría si Italia o España no fueran capaces de resolver sus problemas a medio plazo? Pues que no podrían devolver los créditos. Y si el BCE hubiera comprado 1,4 billones de deuda de países que no pueden pagar (eso es lo que se calcula que España e Italia van a necesitar para sobrevivir durante los próximos 3 años), tendría un agujero financiero cósmico que le llevaría a la descapitalización. Si eso llegara a pasar, alguien debería poner dinero para recapitalizar al BCE. En caso contrario, el euro desaparecería. ¿Quién tendría que poner el dinero? La respuesta es, como siempre, ¡Alemania! De ahí la reticencia de Merkel.

La tercera razón por la que Alemania se opone a la intervención del BCE es de tipo político. Merkel ya ha visto demasiadas veces cómo Zapatero y Berlusconi le tomaban el pelo y anunciaban reformas en momentos de urgencia financiera, reformas que perdían impulso una vez desaparecía la urgencia. Como saben que las reformas van a tener costes sociales y políticos importantes, Merkel teme que no las van a llevar a cabo si no están contra la pared. Por lo tanto, Alemania va a tensar la cuerda hasta el límite, va a poner a Europa entera al borde del abismo para conseguir el compromiso firme de Rajoy y Monti de que esta vez, los deberes se van a hacer en serio. El problema es que, cuando uno se arrima demasiado al abismo, corre el riesgo de caer. Y ahí estamos, al borde del precipicio, mientras nuestros políticos juegan al juego de la gallina. La cuarta razón se llama “riesgo moral”: los alemanes saben que si el BCE ayuda a países que sistemáticamente gastan por encima de sus posibilidades, acabará con el pánico financiero a corto plazo… pero estará lanzando el mensaje de que no pasa nada si generan déficits insostenibles porqué, al final, siempre viene el Papá Noel alemán y te salva. Eso incentivaría el derroche futuro y sembraría las semillas de la próxima crisis financiera. Para evitar que eso suceda, Alemania va a exigir que la periferia renuncie explícitamente a gastar más de lo que ingresa antes de rescatarla con dinero del BCE. Todo apunta a que se impondrá un nuevo pacto de estabilidad que obligue a Italia o España a renunciar a una parte de su soberanía fiscal: la UE controlará sus ingresos y sus gastos e impondrá duros castigos (en forma de pérdida de fondos estructurales o pérdida del voto en las instituciones europeas) si se siguen comportando irresponsablemente.

No sé si lo que voy a decir ahora es lo que creo o lo que quiero creer porque, si estoy equivocado, la hecatombe económica de Europa será de proporciones gargantuescas, pero pienso que, una vez haya obtenido todas estas concesiones de los gobiernos manirrotos, Merkel evitará el apocalipsis del euro y dejará que se abra… el grifo del BCE.

BCE: ¿+ o -? Carlos Rodríguez Braun


Todo en los bancos centrales resulta paradójico y contradictorio. Actúan como los salvadores después de que estallan burbujas que ellos mismos han inflado. O se definen orgullosamente como instituciones independientes del poder político, cuando son criaturas del poder político, un poder que designa a sus dirigentes, y un poder ante cuyas presiones siempre acaban rindiéndose tarde o temprano. Este juego político se vio claramente en los últimos días, en los que hemos podido asistir al bochornoso espectáculo de Smiley transfiriendo sus graves responsabilidades a Frankfurt y exigiendo al BCE, como hace toda la izquierda, que acometa una masiva compra de deuda pública. Cayo Lara llegó a afirmar seriamente que el BCE debería intervenir para “acabar de un plumazo con la especulación”.

Se trata de apreciables disparates: la política monetaria no es un sustituto de la política fiscal, no puede resolver mágicamente los problemas de ésta última mediante inyecciones de liquidez a cambio de deuda pública, y, para colmo de males, estas expansiones monetarias, si se realizan a cambio de títulos cuya credibilidad va degradándose, se traducen en la degradación correspondiente del pasivo del banco central, es decir, la moneda.

Y en ésas estamos, en el tira y afloja entre quienes creen que la intervención del BCE ha sido incapaz de contener la crisis de la deuda porque ha sido insuficiente, y los que temen que una intervención excesiva socave la solidez del sistema y la del euro. Estas pujas se dirimen conforme a la fuerza política y los intereses de los contendientes, a quienes puede convenir en determinado momento dar una imagen de austeridad o de largueza.

Históricamente, las restricciones monetarias erigidas para contener la expansión de los Estados y la insostenibilidad de sus deudas han tendido a ceder. Dos muy célebres fueron el patrón oro, liquidado en el período de entreguerras, y el Sistema de Bretton Woods, volado por Richard Nixon el 15 de agosto de 1971. El euro es seguramente el esquema monetario más ambicioso del mundo después de esos dos.

Trichet no trincha. Carlos Rodríguez Braun

El Banco Central Europeo tiene como misión la estabilidad de precios y la provisión de oferta monetaria, mientras que la supervisión bancaria en la eurozona sigue en manos de los bancos centrales nacionales. Ni uno ni otros lo han hecho bien. El BCE fue co-responsable de orquestar la expansión de la liquidez que desembocó en la crisis, y los bancos centrales nacionales no ejercieron correctamente la misión de supervisión, como se ha visto en los rescates onerosos de entidades entre dispendiosas y sinvergüenzas.

Una vez que estalla la crisis, producto en parte de su propia actuación, Trichet consigue labrarse una imagen de seriedad. La prensa políticamente correcta, en vez de criticarlo, critica a los que, como Axel Weber, tuvieron la osadía de alegar que igual el BCE no debería haber financiado la compra aunque sea indirecta de deuda pública, algo que por otra parte esta “institución independiente” (Trichet dixit, ayer mismo) tenía prohibido hacer. “Errores propios de un ortodoxo”, alecciona el pensamiento único. ¿Ortodoxia es igual a violar las reglas?



Banco central ¿independiente?, José García Montalvo



Extracto:

Ya hace muchos años que triunfó la teoría que postula que los bancos centrales debían ser independientes de los Gobiernos. Esta era la forma de evitar la tentación gubernamental de gastar mucho, financiar el gasto con deuda y luego monetizarla para crear inflación y rebajar la carga de la deuda. Un banco central independiente rompía el tradicional vínculo entre política fiscal y política monetaria.
Sin embargo, la semana pasada leía con estupor unas declaraciones de la ministra Salgado: "El BCE debe hacer su trabajo y ayudar a la estabilidad de los mercados de deuda". Vaya, ahora el BCE también tiene la misión de contener la caída del precio de determinados activos financieros. Algunas voces incluso pedían la intervención del BCE en el mercado de CDS soberanos. La situación seguramente requería de una acción extraordinaria inmediata y no parece que quedara más opción que la intervención. Pero de aquí a que una actuación extraordinaria se convierta en misión del BCE hay un enorme trecho. Utilizar al BCE para lograr lo que la falta de acuerdo y la esclerosis de los Gobiernos del euro no pueden conseguir no es buena idea.

Leer completo en El País