Verde que te quiero verde: usar fluorescencia para ver mejor un tumor

Recientemente un grupo de investigadores de Holanda, EEUU y Alemania ha comunicado la puesta en marcha de una nueva técnica para extirpar células tumorales en un cáncer de ovario usando fluorescencia. Se sabe que las células malignas de un tumor ovárico sienten una gran avidez por el ácido fólico, mostrando en su superficie muchos receptores para capturar todo el que puedan. Pues bien, esos investigadores pensaron en unir al ácido fólico modificado un pigmento fluorescente,usarlo de caballo de Troya, de manera que al administrarlo a una paciente dos horas antes de la cirugía llega al ovario con ese cáncer y se acumula. Posteriormente en el quirófano se abre la cavidad abdominal, se apunta con una cámara especial llamada cámara fluorescente espectral y se visualiza en una pantalla instalada en el mismo quirófano todo en negro…excepto las células, que se muestran en un color verde brillante. De ese modo es mucho más fácil ir quitándolas con el bisturí gracias a que el pigmento fluorescente “las deja en evidencia”.


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Dick Sargent (1911 – 1978)











Keynes y la corrupción. Carlos Alberto Montaner

Por eso, entre otras razones, el keynesianismo funciona peor en las naciones de acceso limitado. A John Maynard Keynes, famoso economista británico y gran funcionario, se debe la peligrosa y muy extendida conjetura de que los gobiernos, mediante la modulación del gasto público, aumentándolo (casi siempre) o disminuyéndolo (casi nunca), pueden combatir el desempleo, impulsar el crecimiento y controlar la inflación de manera permanente.

Esa proposición, avalada por el economista más influyente del siglo XX, se convirtió en la mejor coartada para abultar exponencialmente los presupuestos del Estado. ¿Qué más podía pedir un gobernante deshonesto, rodeado de colaboradores y cómplices que se beneficiaban abusivamente con cada transacción que realizaban, que colocar todas esas actividades delictivas bajo un manto intelectual de legitimidad científica? Cuanto más aumentaba el gasto público, cuanto más crecía el perímetro del Estado, más adecuado parecía su gobierno a la modernidad keynesiana.

Pero la idea central del keynesianismo –el gobierno como gran operador de los resortes económicos para evitar los ciclos de recesión– tampoco tenía en cuenta la naturaleza psicológica de los políticos y los funcionarios honrados. Éstos no se roban los recursos porque tienen cierta ética profesional, pero sí suelen gastarlos de acuerdo con sus intereses electorales. Si un congresista o un gobernador regional perciben que una inversión pública realizada en su circunscripción va a favorecer su destino político, lo probable es que la auspicien aunque no tenga mucho sentido para el conjunto de los ciudadanos. Sencillamente, no existe el bien común, sino decisiones que benefician a unos o a otros, y quienes las toman tienen sus propios intereses personales.




Premios Nobel – Química 1909 (Wilhelm Ostwald)


En la última entrega de la serie sobre los Premios Nobel hablamos sobre el galardón de Física de 1909, otorgado a Gulglielmo Marconi y Karl Ferdinand Braunpor el desarrollo de la telegrafía sin hilos. Hoy seguimos nuestro recorrido por estos premios con el Premio Nobel de Química del mismo año, 1909, otorgado en este caso a Wilhelm Ostwald, en palabras de la Real Academia Sueca de las Ciencias,
En reconocimiento a su trabajo sobre catalizadores y sus investigaciones acerca de los principios fundamentales que gobiernan los equilibrios químicos y las velocidades de reacción.
Como nos ha pasado otras veces, seguramente leer la descripción del Premio no revela la tremenda importancia de lo que hay detrás, aunque en este caso mi impresión es que Ostwald tal vez no merecía el Nobel tanto más que otros investigadores en este campo (luego veremos por qué). Y, como también nos ha pasado otras veces –casi todas– no podemos hablar de Ostwald y su descubrimiento sin retroceder unas cuantas décadas para comprender la situación antes de que llegara el alemán. Como siempre, no supongo que tengas conocimientos de Química, pero sí que tienes paciencia y comprensión — dicho esto, viajemos a principios del siglo XIX, cuando la Química estaba aún en pañales.
Por entonces se habían estudiado ya de manera concienzuda multitud de reacciones químicas; se sabía que algunas sustancias, al ponerse en contacto entre sí, formaban otras nuevas, mientras que otras parecían no reaccionar en absoluto. También se sabía que, en algunos casos, la reacción era rápida y violenta, y en otros lenta y suave. Nadie se había preocupado aún de cuantificar estas características, pero los químicos se habían percatado ya de algo muy curioso: había algunos compuestos que no parecían reaccionar entre sí pero, sin embargo, si se añadía un compuesto nuevo determinado a la fiesta como “invitado”, entonces sí reaccionaban con entusiasmo… pero, al terminar la reacción, aunque los compuestos originales se habían gastado, el compuesto nuevo seguía ahí, igual que antes.
También pasaba a veces que varios compuestos sí reaccionaban entre sí, pero muy lentamente… salvo que se añadiese una vez más un compuesto “invitado”; al hacerlo, la reacción era mucho más violenta y, una vez más, cuando terminaba, el compuesto “invitado” seguía ahí, como si tal cosa, sin haberse consumido como los demás. Como puedes comprender, se trata de algo que puede resultar muy útil para la industria, ya que en muchos casos se quieren realizar reacciones químicas para producir algo como resultado final, y cuanto más rápida sea la reacción más cantidad se produce en un tiempo determinado.
Muchos químicos consideraron esto como una mera curiosidad y, puesto que no se conocían muchos casos de este fenómeno, los calificaron de excepciones y a otra cosa, mariposa. La industria, sin embargo, aunque no entendiera por qué sucedía esto, utilizó los casos contados en los que funcionaba. Por ejemplo, al producir ácido sulfúrico –que empezaba a ser ya un compuesto fundamental en la industria química naciente– si se utilizaba platino era posible, sin gastar el platino, que era el “compuesto invitado” producir el ácido mucho más rápido que sin él. El resultado final era igual, pero la rapidez mucho mayor lo hacía un método mucho más eficaz; claro, hacía falta una inversón extra para conseguir el platino, pero el metal no se gastaba porque era un mero “invitado”, con lo que no hacía falta estar comprándolo todo el tiempo.
Como digo, eran casos sueltos, curiosidades. Algunos químicos estudiaron varios de estos casos concretos en más detalle, y uno de los padres de la Química moderna tuvo la suficiente visión como para fijarse en todos esos casos concretos y extraer la clave del fenómeno. Ese químico era el sueco Jöns Jacob Berzelius, quien es probablemente merecedor de uno o más Premios Nobel, pero murió cincuenta años antes de que estos galardones nacieran. A pesar de tener la apariencia del malo en una novela de Dickens, era un auténtico genio: no sólo descubrió los elementos silicio, torio, cerio y selenio, sino que a él debemos los términos proteína, catálisis, isómero, polímero, alótropo, así como la distinción entre compuestos orgánicos e inorgánicos y muchos logros más.


Sé que no voy a regresar a Cuba... Mario Alegre Barrios

Desde Pinar del Río a Santa Clara, con La Habana como centro, conocí una Cuba triste, con una melancolía perpetua, una Cuba dominada por la desesperanza y la rabia, agobiada por las estrecheces y la certeza de que las cosas no mejorarán.

Si hay otra Cuba, sinceramente no la vi, no la encontré, a pesar de lo que me gritan algunas buenas conciencias, indignadas porque he escrito, no lo que me contaron, sino lo que vi, lo que escuché, lo que respiré, lo que sentí.


Con todo respeto, yo no lo lamento. Ni mis textos ni su lamento. Aquí lo único para lamentar es la tragedia perpetua de la inmensa mayoría de los cubanos, su orfandad de un proyecto coherente de futuro y el silencio de un gobierno que parece no tener respuestas. O quizá sí las tiene, solo que a quienes están con el régimen no les gustan.