Vía microsiervos.
“Ningún poder en la tierra podrá arrancarte lo que has vivido.” Viktor Frankl
París, 7 de febrero de 1934. Diario de Berlín de William Shirer.
París, 7 de febrero de 1934.
Daldier, que se las daba de ser un hombre fuerte, ha dimitido. Ha difundido esta declaración: "El gobierno, que tiene la responsabilidad de mantener el orden y la seguridad, se niega a hacerlo recurriendo a medidas de excepción que pudieran causar más derramamiento de sangre. No desea emplear a los soldados contra los manifestantes. En consecuencia, he comunicado al presidente de la República la dimisión del gabinete".
¡Imagínate a Stalin, a Mussolini o a Hitler dudando en emplear tropas contra una multitud empeñada en derribar sus regímenes! Es verdad, quizá, que la revuelta de la pasada noche tenía como causa inmediata el escándalo de Stavisky. Pero la estafa de Stavisky muestra, simplemente, la podredumbre y la debilidad de la democracia francesa. Daladier y Eugène Frot, su ministro de interior, dieron de hecho permiso a la UNC para manifestarse. Deberían habérselo negado. Deberían haber tenido a mano esa noche suficientes efectivos de la Guardia Móvil para dispersar a la multitud antes de que la manifestación cobrara fuerza. Pero dimitir ahora, después de desbaratar un golpe fascista (porque eso es lo que fue, ¿no?), solo puede calificarse de extraordinaria cobardía o estupidez. Es de destacar asimismo el hecho de que los comunistas lucharan anoche en el mismo lado de las barricadas que los fascistas. Eso no me gusta.
Nucleares y bacterias ¿Qué te pasa, Alemania? (Nuclear and bacteria What's wrong, Germany? por Manuel Fernández Ordóñez
(Article in English)
Manuel Fernández Ordóñez hace un análisis exacto de la situación. Hay gente que si no es idiota, lo hace muy bien para que pensemos lo contrario:
Las últimas declaraciones han sido de un tal Gert Hahne: "No se puede castigar a alguien por tener mala suerte" ha dicho el buen hombre. También ha dicho que “la granja cumplía con toda la normativa” y que “lo mires por donde los mires no hay base legal alguna para responsabilizarles”. Utilizando el doble rasero habitual para con la energía atómica, sí que se puede castigar a los dueños de las centrales nucleares alemanas porque una central japonesa fue sacudida por un terremoto de grado 9.0 seguido de unas "olillas de nada" que, por cierto, han dejado casi 30.000 fallecidos. Las centrales nucleares alemanas también cumplen escrupulosamente la legislación y tampoco hay base legal para responsabilizarlas. No se les puede castigar por lo que ha sucedido en Japón. Pero se ha hecho.
Manuel Fernández Ordóñez hace un análisis exacto de la situación. Hay gente que si no es idiota, lo hace muy bien para que pensemos lo contrario:
Las últimas declaraciones han sido de un tal Gert Hahne: "No se puede castigar a alguien por tener mala suerte" ha dicho el buen hombre. También ha dicho que “la granja cumplía con toda la normativa” y que “lo mires por donde los mires no hay base legal alguna para responsabilizarles”. Utilizando el doble rasero habitual para con la energía atómica, sí que se puede castigar a los dueños de las centrales nucleares alemanas porque una central japonesa fue sacudida por un terremoto de grado 9.0 seguido de unas "olillas de nada" que, por cierto, han dejado casi 30.000 fallecidos. Las centrales nucleares alemanas también cumplen escrupulosamente la legislación y tampoco hay base legal para responsabilizarlas. No se les puede castigar por lo que ha sucedido en Japón. Pero se ha hecho.
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Nucleares y bacterias ¿Qué te pasa, Alemania? por Manuel Fernández Ordóñez.
¿Qué tienen en común los reactores nucleares y las bacterias E.coli en una granja alemana? Pues que el 99% de la población no sabe lo que son pero se permite la licencia de hablar como si físicos nucleares o biólogos moleculares fueran. ¿Qué no tienen en común ambas cosas? Pues que los reactores nucleares alemanes no han matado nunca a nadie, mientras que llevamos 33 muertos y 4.000 afectados por "algo" salido de alguna granja de la Baja Sajonia.
Las centrales nucleares alemanas no son un peligro, ni para los alemanes ni para el resto de Europa. Sus granjas, en cambio, no pueden decir lo mismo. ¿Y ahora qué hacemos? ¿Cerramos también las granjas alemanas, al igual que las centrales nucleares? Obviamente no, sería una estupidez y no seré yo quien pida tal cosa, pero permítanme aclararles que fue igual de estúpido tomar la decisión de cerrar las segundas. Merkel, en cambio, debería clausurar el Ministerio de Agricultura al completo, incapaz de trazar el origen de un brote mortífero. La incompetencia germana en este asunto ha sido palpable, acusando a diestro y siniestro -especialmente a nosotros- ocasionando pérdidas multimillonarias que ahora ni siquiera tienen la decencia de afrontar. Pagará Europa, ellos no.
¡Qué desvergonzada es la política! Capaz de los más altos estándares de incoherencia sin el más mínimo atisbo de sonrojo. 33 muertos después, en Alemania miran para otro lado. Las últimas declaraciones han sido de un tal Gert Hahne: "No se puede castigar a alguien por tener mala suerte" ha dicho el buen hombre. También ha dicho que “la granja cumplía con toda la normativa” y que “lo mires por donde los mires no hay base legal alguna para responsabilizarles”. Utilizando el doble rasero habitual para con la energía atómica, sí que se puede castigar a los dueños de las centrales nucleares alemanas porque una central japonesa fue sacudida por un terremoto de grado 9.0 seguido de unas "olillas de nada" que, por cierto, han dejado casi 30.000 fallecidos. Las centrales nucleares alemanas también cumplen escrupulosamente la legislación y tampoco hay base legal para responsabilizarlas. No se les puede castigar por lo que ha sucedido en Japón. Pero se ha hecho.
Los buscavotos saben bien lo que hacen y Merkel no es más que eso. Su estrategia populista no salió bien parada de las elecciones, pero hay que guardar las formas para las próximas, que las coaliciones son impredecibles. Cierre usted las nucleares si quiere, está en su derecho, usted gobierna. Pero no pretenda hacerlo con el argumento de que las centrales nucleares son peligrosas porque, en Alemania, es mucho más peligroso el sector agrícola. Y esto es un hecho irrefutable, el número de fallecidos lo corrobora. Como escribió el otro día Vigalondo: "insultad mi país, mi raza, mi ideología, mi pasado o mi religión. Pero dejad de insultar mi inteligencia". Las centrales nucleares son seguras y no lo son menos porque Merkel decida cambiar un puñado de ellas por un puñado de votos.
Permítanme adelantarme a todos aquellos que sientan el irrefrenable deseo de llamarme demagógico. Conténganse un segundo mientras leemos la definición en la RAE, "Demagogia: práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular". Pues bien, ni yo soy un político, ni en este artículo lanzo demasiados halagos ni, sobre todo, creo que apoyando la energía nuclear pretenda ganarme el favor popular. En cambio, eso es precisamente lo que ha hecho Merkel. Intentar ganarse el apoyo popular haciéndole halagos a la izquierda alemana cerrando las nucleares únicamente por intereses electorales. Eso sí es demagogia.
Por cierto, alguna ministra cordobesa que también se dedica a la política ha decidido no denunciar al gobierno alemán por la que nos ha liado con los pepinos y por ningunearnos en Europa. Tal vez pretenda ganarse el favor popular haciéndole halagos a Alemania ¿será eso demagogia? Enviaré una consulta a la RAE, a ver qué opina Reverte de todo esto. Los mentideros de la Historia cuentan que en 1909, debido a un enorme excedente vitícola, se puso de moda comerse las 12 uvas en las campanadas...prepárense para esta Nochevieja, con los pepinos.
The silence of the media and activists is deafening (El silencio de los medios y los activistas es atronador)
Via Matt Ridley.
Rich Fisher:
One German organic farm has killed twice as many people as the Fukushima nuclear disaster and the Gulf Oil spill combined. (Una granja orgánica ha matado el doble de personas que el desastre de la central nuclear de Fukushima y el derrame de petróleo del Golfo de Méjico combinados).
crickets. (Sonido de grillos).
Hello? Environmental groups? Journalists? Hello? (¿Hola? ¿Grupos medioambientales? ¿Periodistas? ¿Hola?).
Bildu, los indignados y Ayn Rand
Arcadi Espada escribe sobre el diferente tratamiento que se le da a Bildu y a los llamados indignados:
"El periódico pone el acento en Bildu. Yo habría querido más precisión noticiosa. La noticia no es que Bildu haga de Bildu, sino que los modos y prácticas de Bildu se extiendan ya por España, ante la pasividad de la policía (¡vaya ocasión que ha perdido el periódico de criticar globalmente, frontalmente y verazmente al ministro de la Policía!) y la complacencia de los medios".
No hay diferencia entre lo que hacen unos y otros, está mal que insulten o intenten amedrentar a personas que han sido elegidas democráticamente.
Espada también menciona el certero análisis de Marcel Gascón sobre los indignados, basándose en un texto de Ayn Rand. Totalmente de acuerdo con el análisis de Marcel. Nadie les ha dado la representación de nada, están cometiendo un delito ocupando la vía pública y las autoridades están haciendo dejadez de sus funciones.
Los indignados de Ayn Rand por Marcel Gascón (las negritas son mías):
La escritora y filósofa norteamericana Ayn Rand escribió los ensayos que conforman “Return of the Primitive” a finales de los sesenta, pero sus reflexiones sobre la América de entonces parecen surgidas de la España de hoy. Denuncia Rand en ese libro de lucidez implacable el prestigio de lo irracional y el descrédito de los valores clásicos que han llevado al hombre a sus máximos de conocimiento y bienestar. Uno de los puntos neurálgicos del alegato antiprimitivista de Rand son los estudiantes indignados que tomaron ilegalmente los campus universitarios para pedir democracia real ya y poder decidir en nombre de todos sobre el sistema educativo público pagado con el dinero de todos.
Rand denuncia en primer lugar el absurdo de sus reivindicaciones: estudiantes que vienen a aprender quieren decidir cómo y qué les tienen que enseñar. Como si el paciente exigiera tener voz y voto en un diagnóstico médico.
Rand alerta sobre la naturaleza totalitaria de las acciones de los muchachos, basadas en la ocupación física de espacios públicos y la fuerza intimidatoria -no sólo pero también física- de la masa. Critica la falta de articulación de sus propuestas, su demagogia antiliberal y colectivista revestida de eslóganes nuevos, simples y atractivos. Les reprocha que se arrograran una representatividad de todos los estudiantes, y por extensión de toda la juventud norteamericana, que nadie les había dado. Que lo decidido en atropelladas asambleas que procribían cualquier símbolo disidente de la estética oficial fuera la opinión de la juventud de América.
Censura Rand la naturaleza del movimiento, pero también el signo de las respuestas. Ataca la simpatía con que cientos de titulares de periódico saludaron las protestas, sin más virtudes que su novedad, su rebeldía y su juventud. Y clama contra la laxitud cómplice e irresponsable de los dirigentes universitarios, que asustados y acomplejados, sin energía ni coraje para defender razones muy superiores, redoblaron la fuerza de losindignados buscando un imposible punto medio entre el todo y la nada.
El principal llamamiento de Rand está dirigido sin embargo a la mayoría silenciosa que calla, disimula y otorga a la espera de que todo pase sin tener que complicarse. No pide a quienes no están de acuerdo su inútil presencia en las asambleas sublevadas ni manifestaciones callejeras con mensajes opuestos. Apela Rand a los descontentos discretos para que hablen en las universidades y los periódicos. En manifiestos y tribunales. En los cafés y en sus trabajos. No para cambiar opiniones construidas al margen de procesos racionales, sino para desposeer a la minoría hiperactiva de la legitimidad arrogada.
El principal motor de los indignados de entones era la fiebre revolucionaria. Las ansias juveniles de rebeldía mueve también a muchos de los indignados de hoy, independientemente de la edad. Quizá la desesperación de no encontrar trabajo y los problemas para llegar a fin de mes sean el combustible de esta revuelta española, pero esto no hace diferente la naturaleza de su protesta ni le da más legitimidad.
Su discurso utópico y falto de rigor es el que está llevando al colapso el sistema. Su desprecio de la legalidad y el de quienes deben hacer cumplirla una bomba para el Estado de Derecho. Para la única posibilidad conocida de libertad, seguridad y prosperidad.
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