Víctimas, 18 de octubre: Manuel López Treviño y Alberto Martín Barrios

Libertad Digital.


Hacia las ocho de la noche del sábado 18 de octubre de 1975 la banda terrorista ETA asesinaba en Zarauz al guardia civil MANUEL LÓPEZ TREVIÑO, que acababa de abandonar, vestido de paisano, el cuartel de la Benemérita en la localidad guipuzcoana para dirigirse a su domicilio. Varios miembros de la banda (dos o tres) le esperaban en la avenida de San Ignacio y le siguieron durante unos metros. Cuando estaban a la altura del chalé Villa Reineta, le dispararon por la espalda una ráfaga de metralleta. Alcanzado por tres balas en la cabeza, Manuel López Treviño falleció en el acto, mientras los pistoleros de la banda emprendían la huida en un vehículo.
Mientras algunos vecinos se dirigían al cuartel para dar aviso de lo que había sucedido, otros corrieron a la Casa de Misericordia a escasos metros del lugar del atentado para buscar a un médico. Una monja del asilo-hospital comprobó que el guardia civil no tenía pulso. El médico que llegó poco después certificó la muerte del agente López Treviño. Minutos después un joven y su novia paseaban por la avenida de San Ignacio. Se acercaron al corro de personas que se había formado alrededor del cadáver del guardia civil y el joven comprobó horrorizado que la persona que yacía en el suelo era su propio padre. Enseguida llegaron al lugar del atentado varios guardias civiles que pidieron al juez que ordenó el levantamiento del cadáver que el cuerpo del agente asesinado fuera trasladado al cuartel para instalar la capilla ardiente.
El 20 de octubre, a las cinco de la tarde, se celebró el funeral por su alma en la Iglesia de Santa María la Real de Zarauz, oficiado por el párroco José María Astigarraga. Concluida la ceremonia religiosa, el féretro fue sacado a hombros por miembros la Guardia Civil al atrio del templo y depositado sobre un catafalco. Allí se dio lectura a los decretos de concesión por el ministro de la Gobernación de la medalla al Mérito Policial, con distintivo blanco y por el ministro del Ejército, de la medalla al Mérito Militar, también con distintivo blanco, condecoraciones que fueron impuestas sobre el féretro.
Un día después, el 21 de octubre, la banda terrorista ETA asumió mediante un comunicado en Biarritz el asesinato de López Treviño. En abril de 1976 la Policía de Bilbao culminó una amplia operación en la que se desarticularon varios grupos de ETA V-Asamblea político militar. Entre ellos estaba Jacques Velasco Arteche, que pasó información sobre Manuel López Treviño a Francisco Javier Olazábal. En esa operación se detuvo a varios miembros legales de la banda terrorista en Zarauz, como Ignacio Arambarri, de profesión cristalero. Esos grupos pasaban información a ETA sobre miembros de las Fuerzas de Seguridad y sobre presuntos chivatos que se convertían así en objetivo de la banda asesina. Uno de los autores materiales del asesinato de López Treviño fue Ignacio Gabirondo Agote, alias Donibane, que falleció el 13 de julio de 1980 en el intercambio de disparos que se produjo después de que los etarras tendieran una emboscada contra un convoy de la Guardia Civil que acabó con la vida de Antonio Gómez Ramos y Aurelio Navío Navío. Otro participante en el asesinato fue José Agustín Achega Aguirre, alias Fiti. Para cuando fue detenido en 1983 varios de los delitos cometidos, entre ellos el asesinato de López Treviño, habían sido amnistiados.
Manuel López Treviño, de 48 años, era natural de Monterrubio de la Serena (Badajoz), aunque vivía en Zarauz desde 1953. Estaba casado y tenía seis hijos. Desde 1953 estaba adscrito al puesto de la Benemérita de Zarauz.
La noche del 18 de octubre de 1983 un grupúsculo escindido de la rama político militar de ETA, autodenominados ETA-pm VIII Asamblea, conocidos como los octavos, acababa con la vida del capitán de Farmacia ALBERTO MARTÍN BARRIOS.
Terminaba así un sádico secuestro que se inició trece días antes, el 5 de octubre, cuando Martín Barrios salió de su domicilio poco antes de las ocho de la mañana para dirigirse a su puesto de trabajo en el Gobierno Militar de Bilbao, trabajo al que nunca llegó. Era habitual que hacia las 10:00 de la mañana Alberto llamase a su mujer, María Ángeles, pero esa mañana no lo hizo. Extrañada, fue ella la que llamó a las 11:00 y le comunicaron que su marido no había llegado aún al Gobierno Militar. A partir de ahí, saltaron todas las alarmas y se inició un calvario terrible para la familia, pues la banda asesina no exigía una contrapartida económica, sino la suspensión de un juicio contra miembros de la banda detenidos por el asalto, dos años antes, del cuartel del Ejército de la localidad catalana de Berga, Cuartel de Cazadores de Montaña. Como en el caso del ingeniero José María Ryan antes, y en el de Miguel Ángel Blancodespués, el secuestro de Martín Barrios se vivió como la crónica de una muerte anunciada, pues era evidente que el Gobierno no iba a ceder al chantaje de los terroristas.
En el lapso de tiempo que transcurrió entre el secuestro y el asesinato, los terroristas mantuvieronun pulso con los medios de comunicación, a los que exigían la lectura íntegra de sus comunicados, llenos de farfolla política, mientras en paralelo la familia del militar pedía angustiada, a través de esos mismos medios, que liberasen a Martín Barrios.
Por otra parte, el secuestro de Martín Barrios coincide en el tiempo con algunas de las acciones de la "guerra sucia" contra ETA. Aunque entonces no se conocían sus siglas, fue entonces cuando nacieron los autodenominados GAL. El 15 de octubre, diez días después del secuestro de Martín Barrios, desaparecen en Bayona José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala. Para la izquierda proetarra el mensaje era claro: Madrid había decidido jugar la baza de la guerra sucia haciendo del secuestro de Martín Barrios una cuestión de Estado. El 18 de octubre cuatro GEOS intentan secuestrar en Hendaya al octavo José María Larretxea Goñi. Los policías españoles se abalanzan sobre la moto en que circula y, a consecuencia de la embestida, el terrorista resulta herido. La operación fracasa con la detención de los policías españoles por parte de la Policía francesa. La cúpula policial decidió el secuestro del etarra con la intención de "canjearlo por el capitán de farmacia Alberto Martín Barrios. Así lo indicó personalmente el entonces director de la Policía, Rafael del Río, a un político vasco ya retirado que ejerció labores de mediación con los octavospara intentar salvar al militar secuestrado" (El País, 29/01/95). Pocas horas después de este chusco episodio en Hendaya, los octavos anuncian que han asesinado a Martín Barrios e indican el lugar donde habían dejado abandonado el cadáver.
Cronológicamente, el desarrollo del secuestro de Martín Barrios fue así: el 6 de octubre los terroristas enviaron su primer comunicado en el que exigían la suspensión del juicio por el asalto al cuartel de Berga. Su segundo comunicado fue el 7 de octubre, en el que exigían a Televisión Española (TVE) la lectura "en sus informativos de la tarde" de un texto titulado "Berga: 1.000 años de condena a militantes abertzales" en el que cuestionaban la jurisdicción militar por la que iban a ser juzgados los etarras que asaltaron el cuartel y señalaban que, de ser juzgados por la jurisdicción civil estarían en libertad condicional, por lo que consideraban "desorbitadas" las penas que se pedían, que sumaban más de 1.000 años, a los nueve procesados. Dos días después, el 9 de octubre, los terroristas enviaron un escrito a la familia del capitán secuestrado exigiendo que TVE diese lectura de su comunicado el día 11 en los telediarios de la tarde y de la noche. El cuarto comunicado se envió el día 13 de octubre, y en el mismo se daba un plazo de treinta y seis horas para que el texto fuera leído en los informativos de las 15:00 horas y de las 20:30 horas. Este ultimátum iba acompañado de dos fotografías del secuestrado, en las que Martín Barrios aparecía con barba de varios días delante de una ikurriña y de carteles y pegatinas de la banda asesina.
Ante esta presión, TVE emitió el día 13 una parte del escrito, condicionando su difusión completa a la liberación del capitán. Los familiares, desesperados, pidieron a Julio de Benito, responsable de los servicios informativos de RNE, que emitiesen otro resumen en el informativo España a las ocho, petición que fue aceptada. Además, los periódicos vascos y algunos diarios de Madridpublicaron íntegro el documento de los etarras.
Pero ni estos gestos de los medios de comunicación, ni las dramáticas peticiones de la familia en rueda de prensa, en una de las cuales su mujer dijo que daría su vida a cambio de la de su marido ("Yo doy mi vida a cambio de la suya. Que me cojan a mí, pero que lo suelten. Por favor se lo pido, no puedo más") hicieron recapacitar a la banda asesina. El cuerpo sin vida del capitán de Farmacia,amordazado y con un tiro en la sien derecha, apareció en una caseta situada cerca del cruce de El Gallo, en Galdácano, próximo al parque de atracciones de Bilbao, tal y como había alertado un comunicante anónimo a la sede de la Cruz Roja en la capital vizcaína tres cuartos de hora antes. En un primer rastreo la Policía no consiguió encontrar el cadáver de Martín Barrios. En una segunda batida, ya en la mañana del 19 de octubre, se descubrió el cuerpo apoyado en un pequeño muro que rodea la caseta de El Gallo. "Estaba amordazado, y aunque apenas se le veía la cara, aparecía amoratado", declaró uno de los voluntarios de la Cruz Roja que participó en la búsqueda del militar. Trasladado en una ambulancia militar al Hospital Civil de Basurto, el dictamen forense indicó que el capitán secuestrado murió entre las siete y las ocho de la tarde del día anterior, 18 de octubre.
El último mensaje público que envió su mujer ponía de manifiesto que la familia esperaba un feliz desenlace del secuestro. Decía María Ángeles: "Alberto, no te preocupes por ninguno de nosotros. Tanto tus padres como tus hijos y yo estamos perfectamente con la esperanza de que todo se resuelva favorablemente". El portavoz de la familia, Daniel Rodríguez, primo de Alberto, declaró que no se esperaban el asesinato: "No lo comprendemos (...) hasta el último momento hemos mantenido la esperanza de que fuese liberado con vida". Interpelado acerca de la actitud de la familia respecto a los secuestradores dijo: "Como católicos, les perdonamos, y lo único que deseamos es que pueda resolverse esta situación". En relación con la postura de TVE, que condicionó la difusión del comunicado exigido por ETA a la liberación del capitán secuestrado, Daniel Rodríguez dijo: "No quiero echar más leña al fuego, pero cabe la duda de que si se hubiese emitido, se habría producido el mismo resultado". Y por si no quedaba clara la postura de la familia, en rueda de prensa esa misma tarde, dijo: "En cualquier caso, no hay más que un asesino: ETA-pm".
Aparte de la publicidad que lograron los octavos, grupúsculo de ETA que pocos meses después quedaría completamente desarticulado, el secuestro de Martín Barrios demuestra hasta qué punto la actuación del llamado nacionalismo moderado ha seguido fielmente la máxima del árbol y las nueces del que hablara Xabier Arzalluz, a tenor del relato del contexto en el que se produjo el secuestro y asesinato de Martín Barrios que hace José Díaz-Herrera en Los Mitos del Nacionalismo Vasco (Planeta, 2005), en gran parte tomado de las memorias de Mario Onaindia (El aventurero cuerdo. Memorias. 1977-1981, Espasa Hoy, 2004). Onaindia fue, junto a Juan María Bandrés, el principal artífice del proceso de autodisolución de la rama político-militar de ETA. 
La famosa frase de Arzalluz, de la que se han transcrito diferentes versiones -"No conozco de ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan. Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas" o "Otros mueven el árbol y nosotros cogemos las nueces"- fue supuestamente dicha en una reunión secreta de dirigentes del Partido Nacionalista Vasco con José Luis Elkoro, Rafael Díez Usabiaga y Martín Garitano, pertenecientes al complejo ETA-Batasuna, en marzo de 1991. Esas conversaciones, de las que levantaría acta Martín Garitano, fueron posteriormente requisadas a Díez Usabiaga en un registro judicial, y filtradas a las periodistas Isabel San Sebastián y Carmen Gurruchaga, dando título al libro El árbol y las nueces. La relación secreta entre ETA y PNV (Temas de Hoy, 2000).
Si nos atenemos a lo que cuenta Mario Onaindia en sus memorias, el secuestro y asesinato de Martín Barrios sería un ejemplo acabado de cómo la actuación del PNV -para algunos nacionalistas moderados, para otros, nacionalistas a secas-, se ha ajustado a ese guión del árbol y las nueces, aunque en realidad el papel del PNV en el terrorismo de ETA ha sido mucho más activo de lo que se puede deducir de esa frase.
Para entender lo ocurrido en este sádico crimen hay que tener en cuenta que ETA político-militar tuvo unas características muy diferentes a ETA militar. En ésta siempre hubo una total, absoluta e incontestada supremacía de los dirigentes de la banda criminal, que no dejaba a los miembros del brazo político, Herri Batasuna, más que la opción de la fidelidad y sumisión perruna a sus dictados. Por el contrario, entre ETA-pm y Euskadiko Ezkerra nunca se produjo esta situación de jerarquía. Banda terrorista y brazo político mantuvieron una amplia autonomía, donde, en todo caso, los dirigentes de la coalición ejercían una notable influencia sobre los que "empuñaban las pistolas".
Lo cierto es que, una vez que se aprobó el Estatuto de Guernica, importantes dirigentes de EE como Juan María BandrésMario Onaindia o Teo Uriarte, empezaron a mostrar públicamente su malestar por el mantenimiento de la "lucha armada". El momento clave se producirá con el golpe de estado del 23 de febrero de 1981 cuando a estos políticos se les abren los ojos sobre el abismo al que la violencia terrorista había llevado a España en general, y al País Vasco en particular. A partir de este momento, desde EE se redoblarán los esfuerzos para acabar con esta locura y así, rápidamente, el 28 de febrero obtienen los primeros resultados cuando ETA-pm, en una rueda de prensa clandestina, anunció una tregua unilateral e indefinida.
Sin embargo, pronto surgió un nuevo e inesperado obstáculo, o quizás no tan inesperado para aquellos que conociesen bien cómo actuaban los nacionalistas "moderados". Dirigentes del PNV trasladaron a dirigentes de EE su malestar por esta tregua. Mario Onaindia fue abordado por el consejero de Cultura, Ramón Labayen, y el de Educación, Pedro María Echenique, que le manifestaron que era "la peor época para hacer una tregua".
Cuando Onaindia acudió al sur de Francia a entrevistarse con el máximo líder del "aparato militar" de ETA-pm, Jesús Abrisqueta Corta, se llevó la sorpresa de que se le había adelantado una comisión del PNV integrada por Xabier Arzalluz, Andoni Monforte, Koldo Amezketa, Anton Jaime y Gorka Aguirre que se entrevistaron con los dirigentes de la banda Juan Miguel Goiburu Mendizábal, Fernando López Castillo, Jesús Abrisqueta Corta y Pedro Astorquiza.    
Así el entonces máximo líder de los terroristas, Abrisqueta Corta, hacía suyas las reflexiones de los dirigentes nacionalistas:
- Arzalluz y Monforte nos han dicho que es el peor momento para decretar la tregua.
- ¿Por qué? - pregunta Onaindia
- Eso debilitaría las posiciones del PNV en las transferencias de competencias (José Díaz Herrera, Los Mitos del Nacionalismo Vasco, Planeta, 2005, págs. 700-701). 
Lo cierto es que, a partir de este momento, ETA político militar entra en una aguda crisis entre los partidarios de volver al tiro en la nuca y las bombas y los que deseaban el final definitivo de la violencia. Y precisamente fue ese dirigente criminal que, según Onaindia, había hecho suyo el argumento del PNV, Jesús Abrisqueta Corta, quien dirigirá la rebelión contra los dirigentes políticos de EE. Abrisqueta tenía una notable influencia en la banda dado que era uno de los últimos integrantes de la ETA anterior a la irrupción de los miembros de EGI-Batasuna que seguía practicando la violencia terrorista y había sido condenado en el Consejo de Burgos.
En este contexto de un PNV al que le viene mal la tregua de ETA-pm, el 25 de febrero de 1982 se ponía en marcha el mortal engranaje que terminaría con la muerte de Alberto Martín Barrios. En rueda de prensa clandestina, miembros de ETA-pm profusamente armados anuncian el regreso a la violencia calificándose a partir de ahora como VIII-Asamblea, mientras el sector que mantuvo la tregua se denominó la VII-Asamblea.
Inmediatamente lanzaron una fuerte ofensiva terrorista, con secuestros, robos, colocación de bombas... pero una eficaz reacción policial hizo que uno tras otro fueran cayendo los octavos. Muy pronto se iniciaron las desavenencias entre un amplio sector que pedía aceptar como eje de sus demandas la alternativa KAS, detrás de la cual estaban los que serían conocidos como los milikis, y un sector más minoritario que seguía encabezando Abrisqueta, que no quería ningún acercamiento a ETA-militar, ni tan siquiera a nivel programático.
En ese contexto de grave crisis interna es cuando los miembros de la VIII-Asamblea llevan a cabo el secuestro de Martín Barrios, como un intento desesperado por recobrar una influencia y un prestigio que ya habían perdido en el entorno ultranacionalista. El cruel desenlace del mismo, en el cual los dirigentes de Herri Batasuna cínica e hipócritamente hicieron todo lo posible para destacar la orfandad de apoyo político de los asesinos, significó a la postre el final de la VIII Asamblea. El 10 de enero de 1984, su principal líder, Abrisqueta, y por tanto el máximo sospechoso de haber dado la orden del asesinato del capitán de Farmacia, era detenido en el sur de Francia y expulsado a América, residiendo actualmente en Cuba, donde inició una exitosa carrera como empresario.
Si damos por cierto el escalofriante relato de Mario Onaindia -protagonista central de la autodisolución de ETA pm-, del que se hace eco José Díaz Herrera, es lícito hacerse las siguientes preguntas: si no hubiese intervenido el PNV señalando lo mal que les venía la tregua de ETA-pm ¿habría sido secuestrado y salvajemente asesinado Alberto? ¿Fue Alberto víctima de la "guerra sucia" del partido de Arzalluz? ¿Qué relaciones secretas ha mantenido el PNV con ETA? ¿ETA mueve el árbol y el PNV recoge las nueces o es el PNV el que ha movido directamente el árbol y todos han recogido las nueces? El papel del PNV no sólo en el nacimiento de ETA en las navidades de 1958 como grupo de jóvenes escindidos del propio PNV, sino en el mantenimiento de la banda y en su supervivencia durante tantas décadas, ha sido mucho más activo de lo que la frase del árbol y las nueces nos pudiera hacer pensar. Siguiendo con el símil, el PNV plantó el árbol, lo regó, lo podó cuando le interesó, lo abonó cuando hizo falta, lo movió cuando le convino, y recogió las nueces que ese árbol daba. El problema del PNV es que ETA también quiere recoger las nueces, en justo "premio" a su actividad criminal. Y en esas estamos más de cincuenta años después.
Lo cierto es que el asesinato de Martín Barrios supuso, por un lado, el final de ETA político-militar y, por otro, el recrudecimiento de las acciones de los GAL, con el secuestro en Hendaya, el 4 de diciembre, del empresario Segundo Marey, liberado diez días más tarde, inicio de una escalada de asesinatos de etarras en el sur de Francia. El trágico epílogo del secuestro del capitán de Farmacia sería, pues, el pretexto para continuar con la guerra sucia.
En mayo de 2006 fueron extraditados por México seis miembros de ETA, entre ellos Ernesto Alberdi Elejalde, alias Raka de Eibar, que participó en el secuestro y asesinato del capitán de Farmacia Alberto Martín Barrios y en el secuestro del médico Manuel Allende Porrua en Bilbao. En julio de 2009, Alberdi Elejalde y los otros cinco etarras extraditados (Félix Salustiano García Rivera, Juan Carlos Artola Díaz, María Asunción Gorrochategui Vázquez, José María Urquijo Borde y Asier Arronategui Durald) fueron juzgados por conformar un grupo estable de ETA en México, por lo que la Fiscalía pedía 6 años de cárcel para cada uno de ellos. Los acusados mostraron su conformidad con la pena, pactada por la fiscalía y los abogados de los etarras, y "solicitaron la puesta en libertad de tres de los acusados que ya habían cumplido esos seis años de cárcel en prisión provisional, entre ellos Ernesto Alberdi Elejalde".
Alberto Martín Barrios tenía 39 años. Estaba casado con María Ángeles Alonso Linaje y el matrimonio tenía tres hijos: Rubén de 11 años, Sergio de 8 y Alberto de 3. De profundas raíces vascas "le encantaba la cesta punta", contaba su mujer en 2006:
Me llevó embarazadísima de mi último hijo a ver partidos de cesta punta a Durango. Era un incansable seguidor del Athletic, no se perdía un partido. Era el farmacéutico que atendía a los jugadores. Conocía a Txetxu Rojo y a otros muchos jugadores de la época. Se sentía tan contento en su tierra, con su farmacia, la familia... ¿Cómo iba a pensar él que un etarra podría matarle?" (Iñaki Arteta y Alfonso Galletero, Olvidados, Adhara, 2006).
Miles de personas salieron a la calle en ciudades de toda España para manifestar su dolor y su repulsa por el sádico y cruel asesinato de Alberto.

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Los primeros cien episodios del Podcast Quilo de Ciencia son motivo de celebración y lo celebramos haciendo aquello en lo que creemos firmemente: divulgando la ciencia. Desde junio de 2010, Jorge Laborda nos viene ofreciendo una versión, previamente digerida, de algunos de los avances que van teniendo lugar en los distintos campos del conocimiento científico. Durante estos dos años de andadura, los oyentes han descargado directamente desde nuestro servidor más de 600.000 audios de Quilo de Ciencia y, además, cada episodio ha sido difundido por Radio Cienciaes y por las más de 70 emisoras de todo el mundo que emiten los podcasts de Cienciaes.com. La audiencia crece cada día demostrando lo atractiva que es la ciencia cuando se explica de forma amena y fácil de entender.
En el programa de hoy, Jorge Laborda conversa con Angel Rodríguez Lozano y nos ofrece un podcast especial, de más larga duración, donde se muestran las múltiples caras que tiene la investigación científica cuando se investiga una idea o un fenómeno.
El tema elegido defiende la idea de que la humanidad ha cocinado su propia evolución y, como consecuencia de ello, no puede pasarse sin la cocina. El empleo del fuego para cocinar los alimentos pudo ser un factor determinante en el crecimiento espectacular que experimentó el cerebro de los homínidos hace dos millones seiscientos mil años. El cerebro es un órgano que consume una gran cantidad de energía, un consumo energético que, en contra de lo que cabría esperar, no va acompañado de un mayor desarrollo de nuestro sistema digestivo para extraer la energía necesaria de los alimentos, sino todo lo contrario.
El cocinado permite una mayor digestibilidad y aprovechamiento calórico de los alimentos, disminuye la necesidad de masticación y permite tener un sistema digestivo más pequeño. El cocinado de los alimentos permitió un conjunto de adaptaciones que condujeron al crecimiento rápido del cerebro gracias a la reducción del volumen mandibular y de nuestro sistema digestivo.
Estas ideas están han sido reflejadas con todo detalle en un artículo que Jorge Laborda pone a disposición de todos ustedes aquí:


OBRAS DE JORGE LABORDA.

Esto es la guerra, por Arcadi Espada

El Mundo.


Estoy leyendo lentamente el importantísimo libro de Pinker. Apenas hay página que no me haga pensar en algo. Esta cita por ejemplo del politólogo Carl Kaysen:
«Sin duda está en marcha una profunda transformación de la estructura internacional de Europa —y del mundo entero—. En el pasado, este tipo de cambios a menudo tenían lugar gracias a la guerra. El razonamiento expuesto en este ensayo respalda la predicción de que esta vez los cambios pueden producirse sin guerra (aunque no forzosamente sin violencia interna en los países afectados). Hasta aquí —mediados de enero— muy bien. El autor y sus lectores verificarán la predicción cada día con impaciencia e inquietud.»
Esto está escrito mucho antes de la crisis. Y mucho antes de que yo escribiera que el relato mediático de la crisis era un relato de guerra. Y mucho antes también de que algunos alegres optimistas de nuestro tiempo escribieran que la salida de la Gran Depresión fue la guerra. No. Esa salida es imposible. Un imposible lógico. Porque esto que sucede (incluido el mentón de nuestro Ben Plantat) ya es la guerra. A eso hemos conseguido reducirla.

Víctimas 17 de octubre: Santiago González de Paz, Vicente Gajate Martín, María Cruz Yoldi Orradre y Francisco Carballar Muñoz

Libertad Digital.

A las 8:15 horas del 17 de octubre de 1981 la banda terrorista ETA asesinaba en Santurce (Vizcaya) al cabo primero de la Guardia Civil SANTIAGO GONZÁLEZ DE PAZ. El agente había salido de su domicilio, situado en la calle Pedro Icaza, y se disponía a subir a su vehículo, estacionado a pocos metros del portal, con la intención de dirigirse a su trabajo en el puerto, ya que pertenecía al cuerpo de especialistas fiscales de la Guardia Civil. Cuando acababa de entrar en el automóvil, tres terroristas se situaron en un lateral del mismo y tirotearon a Santiago.
El cabo pudo salir del coche y caminar algunos pasos dando tumbos antes de caer muerto en el suelo de la acera de enfrente. Había recibido tres impactos de bala, uno en la cabeza y dos en el pecho. En el lugar de los hechos se recogieron seis casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum, marca SF. El cadáver de Santiago González fue trasladado al Hospital Civil de Bilbao, donde se le realizó la autopsia.
Los autores del atentado se dieron a la fuga en un taxi, del que se habían apropiado tras pedir sus servicios en Sestao. Al parecer los terroristas iban dando vivas a ETA mientras huían. Al llegar a la altura del cementerio de Portugalete, obligaron al taxista a introducirse en el maletero, donde estuvo retenido mientras cometían el atentado. Posteriormente, los etarras abandonaron el taxi en Sestao, de donde su propietario fue rescatado por un transeúnte que oyó ruidos dentro del maletero.
A mediodía se celebró en la Iglesia de San Jorge de Santurce el funeral por el guardia civil asesinado al que asistieron, además de los familiares de la víctima, el delegado del Gobierno en el País Vasco, Marcelino Oreja; los gobernadores civil y militar de la provincia, el general de Zona de la Guardia Civil, el alcalde de Santurce y representantes del Partido Nacionalista Vasco (PNV), Unión de Centro Democrático (UCD) y PSOE. El féretro, cubierto con la bandera de España y el tricornio del Cuerpo, fue introducido por sus compañeros en el templo, mientras una compañía de la Guardia Civil le rendía honores. Una vez terminado el oficio religioso, el féretro fue sacado de nuevo a hombros mientras una compañía militar interpretaba el Toque de Silencio, el Himno de la Guardia Civil y el Himno Nacional.
A continuación los restos mortales del guardia civil fueron trasladados al aeropuerto tinerfeño de Los Rodeos, donde llegó a última hora de la tarde a bordo de un avión militar. Posteriormente fue trasladado a la Comandancia de la Guardia Civil de Santa Cruz de Tenerife, donde quedó instalada la capilla ardiente. Al día siguiente, domingo 18 de octubre, se ofició una misa de cuerpo presente tras la cual los restos mortales de Santiago González fueron enterrados en el cementerio de Santa Lastenia, de la capital tinerfeña.
Este asesinato ponía fin al paréntesis de ochenta y un días sin que la banda cometiese atentados con víctimas mortales. El último asesinato fue el cometido en Amurrio el 25 de julio cuando la banda terrorista acabó con la vida de Félix Galíndez Llano.
Santiago González de Paz tenía 30 años, estaba casado y era padre de dos niños de 5 años y once meses. Había nacido en Santa Cruz de La Palma (Santa Cruz de Tenerife), donde una calle lleva su nombre, e ingresó en el Instituto Armado en 1973. Llevaba casi dos años destinado en Santurce como cabo especialista de la Guardia Civil. Anteriormente estuvo destinado en la localidad guipuzcoana de Motrico.
En torno a las 22:00 horas del jueves 17 de octubre de 1984 la banda terrorista ETA asesinaba a tiros en la localidad guipuzcoana de Rentería al policía municipal VICENTE GAJATE MARTÍN, militante del partido socialista y afiliado al sindicato UGT. La víctima había aparcado su vehículo en la calle San Marcos, una vez que terminó su jornada laboral, y se apeó para ir a su domicilio, cuando dos terroristas que le estaban esperando le dispararon varias veces, dándose a la fuga a continuación. Vicente cayó al suelo, entre dos vehículos, muriendo en el acto. Había recibido dos impactos de bala en la cabeza y la garganta.
Los autores del atentado habían utilizado un vehículo Seat 124 robado a punta de pistola en Lezo, y cuyo dueño fue introducido en el maletero desde donde escuchó, impotente, los disparos que acabaron con la vida del policía municipal. La Guardia Civil recogió en el lugar de los hechos seis casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum.
En esa época el entorno proetarra había acuñado el eslogan "PSOE igual a GAL" e identificaba a los militantes socialistas con la Policía. Ese fue el motivo que esgrimió la banda terrorista para justificar el asesinato de Vicente, al que acusaron de colaborar con la Policía, acusación que la banda nunca rectificó, pese a los reiterados desmentidos de la familia y al convencimiento de las fuerzas políticas que sostenían que el atentado había sido fruto de un error evidente. Una vez más el entorno proetarra y la propia banda conseguían su propósito: que la acusación de "colaborar con la Policía", fuese ésta cierta o no, se viese como algo indigno y como algo que podría justificar un asesinato, cuando colaborar con las fuerzas de seguridad en cualquier sociedad democrática sana debería ser un deber ciudadano, y más cuando de delitos de terrorismo estamos hablando. Además ¿qué sentido tiene acusar a "alguien" de colaborar con la Policía cuando ese "alguien" es un policía municipal? Lo realmente indigno es ser chivato y colaborador de ETA, como es el caso del policía municipal Pedro María Cuesta Garmendia, compañero de Vicente, que fue quien facilitó a ETA todos los datos necesarios para que la banda cometiese el asesinato.
Los socialistas interpretaron aquel atentado como una provocación directa de la banda terrorista. Su asesinato fue ampliamente condenado por todas las fuerzas políticas locales y regionales, con la excepción habitual de Herri Batasuna. El alcalde de Rentería, el socialista José María Gurruchaga, calificó de "pesadilla" el asesinato de Vicente Gajate. "Lo han matado porque era un buen policía, un trabajador al servicio de todos los ciudadanos de Rentería". Txiki Benegas, secretario general de los socialistas vascos, declaró que el asesinato de Gajate era "un crimen fascista". El responsable de política municipal del PSE-PSOE en Guipúzcoa, Odón Elorza, que también se desplazó a Rentería tras el atentado, hizo referencia a la condición de afiliado a UGT de la víctima. "Este asesinato", dijo, "constituye una clara provocación a la UGT y al partido socialista y al Ayuntamiento de Rentería y al funcionamiento de esta institución democrática". El concejal del PNV, Venancio Alonso, definió a la víctima como "una persona alegre y buena donde las haya".
La noche del jueves 17 de octubre, ETA y la propia Herri Batasuna fueron insultadas, amenazadas y desafiadas como nunca antes se había visto en Rentería. En la manifestación que siguió al funeral participaron militantes socialistas de otros municipios vascos, e incluso de otras capitales españolas, pero buena parte de las cuatro mil personas que recorrieron las calles de la localidadvivían en Beraun, un barrio obrero de unas diez mil personas, en su mayoría de origen emigrante, que votaba masivamente al PSE-PSOE, barrio donde vivía Vicente Gajate. Antes del entierro, la población de Beraun bajó en masa y en silencio tras el féretro hasta llegar a la calle donde comienza la zona central del pueblo. En la manifestación participaron el ministro de Administración Territorial, Tomás de la Quadra, el secretario de la UGT, Nicolás Redondo; el presidente del PSOE, Ramón Rubial; el delegado del Gobierno en el País Vasco, Ramón Jáuregui; la secretaria de organización del PSOE, Carmen García Bloise; el secretario general del PSE-PSOE, Txiki Benegas, la ejecutiva de ese mismo partido y miembros de otras fuerzas políticas.
Una vez llegaron al centro del pueblo comenzaron a gritar: "ETA y HB asesinas""ETA, traidores, matáis trabajadores", "HB, cobardes, salid a la calle", "ETA, racista, fascista, da la cara""Dónde están, no se ven los asesinos de HB". Asimismo un grupo rompió los cristales de una pastelería y zarandeó a su propietario, simpatizante de HB. Fue una auténtica demostración de fuerza y un desafío a ETA militar y a Herri Batasuna. Cuando los manifestantes llegaron a la plaza del Ayuntamiento, una mujer que encabezaba la multitud puso sus brazos en jarras y gritó en dirección a los balcones: "HB, y ahora ¡qué!". Sólo cuando la multitud se desperdigó, simpatizantes de la formación proetarra que habían contemplado en silencio el paso de la manifestación se enzarzaron con algunos grupos de participantes y rompieron a pedradas los cristales de un autobús en el que habían llegado militantes socialistas de distintas ciudades españolas.
Al día siguiente, 18 de octubre, el Ayuntamiento de Rentería otorgó a Vicente la máxima condecoración municipal por su labor como "defensor de los derechos de este pueblo", y ordenó un día de luto en la ciudad. La Policía Municipal y los trabajadores del Ayuntamiento de Rentería se declararon en huelga en solidaridad con la víctima y estuvieron presentes en el pleno extraordinario celebrado a las nueve de la mañana. Los cuatro concejales de Herri Batasuna, que se abstuvieron en el momento de votar la moción de condena del atentado y condicionaron el cese de la violencia a la aceptación de la llamada alternativa KAS, fueron abucheados e increpados con gritos de "pistoleros""fascistas" y "asesinos" por militantes de UGT que también estuvieron presentes en el pleno. Los ánimos estaban muy crispados y un concejal socialista acusó a la organización HB de colaboración con el terrorismo. A la salida del pleno municipal, afiliados de la UGT arrojaron pesetas al paso de los concejales de HB.
En 1986 la Audiencia Nacional condenó a José Ramón Zabaleta Garmendia, Francisco Javier Garmendia Arrieta y Andrés Michelena Galarza, pertenecientes al denominado Comando Pepe Barros de ETA, a 29 años de reclusión mayor a cada uno de ellos por el asesinato de Vicente Gajate. Por la misma sentencia fue condenado, en concepto de cómplice del asesinato, a 18 años de reclusión menor Pedro María Cuesta Garmendia, policía municipal de Rentería y compañero del asesinado. Según los hechos probados de la sentencia, Zabaleta y Garmendia se integraron en ETA militar en los primeros meses de 1984. Posteriormente se trasladaron a Francia, donde recibieron cursillos de adoctrinamiento y adiestramiento en el manejo de armas y explosivos. Después regresaron a España y captaron a Michelena Galarza, al que también adiestraron en el manejo de las armas por los dos primeros. Los tres integraron el Comando Pepe Barros, recibieron de la dirección de la banda asesina armamento diverso y explosivos, así como manuales y cuadernos de indicaciones sobre los atentados que tenían que realizar. Para recibir las instrucciones y dar cuenta de sus actividades contaban con un buzón situado en la carretera de Oyarzun a Rentería. Uno de los mensajes ordenaba el asesinato de Vicente Gajate. Los terroristas intentaron asesinar al policía municipal en dos ocasiones anteriores, pero desistieron ante los riesgos y dificultades que se encontraron. Por ese motivo Zabaleta pidió datos sobre las costumbres del policía municipal a su primo, Pedro María Cuesta Garmendia, compañero de Vicente Gajate que, a sabiendas de que su primo pertenecía a ETA, le facilitó los datos que éste le había pedido. El 17 de octubre de 1984, los etarras robaron un coche y esperaron la llegada de Gajate. Mientras Francisco Javier Garmendia Arrieta se quedaba en el coche para facilitar la huida y Andrés Michelena vigilaba y cubría la acción, Zabaleta disparaba cinco veces y por la espalda al policía municipal, causándole la muerte instantánea.
Vicente Gajate Martín, de 34 años, era natural de Salamanca. Estaba casado y tenía dos hijos. Trabajaba desde cinco años antes como policía municipal en Rentería. Afiliado al partido socialista y a la Unión General de Trabajadores, había sido concejal socialista hacía siete años en la gestora municipal creada antes de las primeras elecciones municipales democráticas.
A las siete y veinte minutos de la mañana del 17 de octubre de 1987 una bomba colocada por la banda terrorista ETA en el exterior del edificio de una sucursal de la compañía de seguros La Unión y el Fénix en Pamplona acababa con la vida de la repartidora de periódicos MARÍA CRUZ YOLDI ORRADRE.
La colocación del artefacto explosivo había sido anunciada horas antes mediante confusos avisos a la asociación de ayuda en carretera Detente y Ayuda (DYA), pero la Policía no logró localizar la bomba. A las 3:24 horas se produjo la primera llamada, en la que el comunicante, que dijo pertenecer a ETA, informó de la colocación de un artefacto "en la calle Cortes de Navarra". La misma persona volvió a llamar otras dos veces interesándose por si DYA había transmitido el mensaje a la Policía y advirtiendo que el artefacto había sido colocado por ETA "enfrente del cine Carlos III". Sin embargo este cine, ubicado en la misma calle, se encontraba a más de cien metros de distancia del lugar de la explosión, aunque enfrente de las oficinas siniestradas existía un salón de juegos recreativos con el mismo nombre, extremo que pudo provocar el equívoco. Sea como fuere, los datos imprecisos e insuficientes del comunicante impidieron que las dotaciones policiales localizasen la bomba.
La explosión se registró a las siete y veinte minutos justo cuando María Cruz Yoldi depositaba ejemplares de la prensa del día junto a la entrada de la sucursal. La bomba desplazó el cuerpo de la víctima a más de doce metros de distancia empotrándolo debajo de un vehículo marca Citroën y provocándole múltiples fracturas en todos los huesos del cráneo, amputación de un brazo y graves heridas en tórax y abdomen que, como rezaba el parte médico, resultaban "incompatibles con la vida".
El atentado de ETA era parte de la campaña de acoso de la banda asesina a lo que llamaban"intereses económicos franceses y españoles", campaña que ya llevaba varios años en marcha. En marzo de 1980 la banda terrorista había asesinado al subdirector de La Unión y el Fénix en Bilbao,Enrique Aresti Urien. Durante los meses de abril y julio de 1987 ETA había atentado con bombas contra diversos establecimientos en Navarra de empresas de capital francés como Michelin y Roche-Bobois. También en agosto de ese año la banda había atentado contra concesionarios de automóviles franceses y el supermercado Pryca de Santander.
En 1991 la Audiencia Nacional condenó a Bautista Barandalla Iriarte a 27 años de cárcel por el asesinato de María Cruz Yoldi, a 8 por un delito de estragos y a 6 por pertenencia a banda armada. Durante el juicio Barandalla Iriarte reconoció ser miembro del grupo Amaiur de ETA.
Este grupo Amaiur, autor del asesinato de María Cruz Yoldi, lo completaban Mikel Castillo Furtado, Alberto Ilundáin Iriarte y Juan Carlos Pérez Ojuel, secretario de organización de Herri Batasuna en el Ayuntamiento de Pamplona, además de terrorista de la banda ETA, un ejemplo más de la simbiosis entre los asesinos y su brazo político. Son decenas los miembros de HB que han colaborado directamente con ETA señalando objetivos, escondiéndoles después o enrolándose directamente en las filas de la banda terrorista, simultaneando los atentados con una vida política aparentemente normal.
En la misma operación en la que fue detenido Barandalla Iriarte en septiembre de 1990 falleció el etarra Mikel Castillo Furtado por disparos de la Policía. El grupo Amaiur estaba a punto de cometer el asesinato de una persona vinculada sin prueba alguna por ETA con el tráfico de drogas. En esa operación Ilundáin Iriarte y Juan Carlos Pérez Ojuel consiguieron escapar del operativo policial. Poco después, el 19 de noviembre de 1990, el secretario de organización de HB y terrorista en su tiempo libre, fue detenido en el domicilio del concejal de la misma formación proetarra en Aoiz,Antonino Alemán. Juzgado y condenado como miembro del grupo Amaiur, su salida de la cárcel está prevista para noviembre de 2022 por aplicación de la doctrina Parot. Por otra parte, Pérez Ojuel ya fue detenido en noviembre de 1978 acusado de ser miembro de ETA y haber participado en varios atentados cometidos en la ribera de Navarra, lo que no fue obstáculo para que formase parte de Herri Batasuna.
Alberto Ilundáin Iriarte, alias Mollejas, fue detenido en septiembre de 2001 cuando circulaba en un vehículo en la región de Loire, cerca de Saboya (Francia), acompañado por el etarra Didier Aguerre. Los terroristas iban armados con dos pistolas y una metralleta. El etarra tiene pendiente cinco requisitorias de la Audiencia Nacional, una de ellas por el asesinato de María Cruz Yoldi. El Tribunal Especial de lo Criminal de París lo condenó a 18 años de cárcel en octubre de 2005 por su participación con otros tres etarras en el robo de 1.650 kilos de dinamita en Grenoble (2001). En noviembre de 2006 fue condenado, también en Francia, a otros 18 años por formar parte de la "columna vertebral" del aparato logístico de ETA.
Barandalla Iriarte fue excarcelado en el año 2009 bajo la justificación de enfermedad grave, cuando su salida estaba prevista para septiembre de 2020 en aplicación de la doctrina Parot. Aunque estaba en régimen de arresto domiciliario y con una pulsera de control telemático por parte de la prisión de Nanclares de Oca, en febrero de 2011, como informó el diario El Mundo, permaneció varias horas desaparecido vulnerando claramente el arresto domiciliario y haciendo dudar de que en realidad estuviese tan enfermo.
El grupo Amaiur de ETA fue también el responsable de las bombas colocadas el 31 de julio de 1987 en un establecimiento comercial de la firma Roche-Bobois y en un concesionario de la firma Michelin el 18 de abril de 1987.
María Cruz Yoldi Orradre, de 63 años, estaba casada -su marido era portero de finca urbana- y tenía seis hijos. Natural de la localidad de Najurrieta (Navarra) desde hacía catorce años repartía ejemplares del Diario de Navarra a suscriptores particulares y a empresas.
La cobarde indiscriminación con que actúan estos asesinos, le ha costado la muerte a una mujer modesta, empleada de Diario de Navarra desde hacía bastantes años, compañera en la nómina de nuestra plantilla que, a pesar de su edad y próxima a su jubilación, necesitaba su trabajo para sacar adelante a una familia numerosa con varios hijos parados (editorial del Diario de Navarra, 18/10/1987).
Unas trescientas personas acudieron el día 18 a su entierro en el cementerio de Pamplona, entre las que se encontraban el presidente del Parlamento de Navarra, Javier Gómara, el alcalde de la ciudad, Javier Chourraut, y el senador Jaime Ignacio del Burgo. Por la tarde varias decenas de personas se manifestaron silenciosamente por espacio de media hora en la plaza del Ayuntamiento de Pamplona respondiendo a la convocatoria efectuada por la Asociación por la Paz en Euskal Herria.
El jueves 17 de octubre de 1991 la banda terrorista intentó sembrar de cadáveres el distrito de La Latina en Madrid mediante la colocación de bombas-lapa adosadas a los bajos de los vehículos de sus propietarios con el resultado de tres heridos graves, uno de ellos una niña de 13 años, Irene Villa, y un muerto, el teniente de Artillería del Ejército FRANCISCO CARBALLAR MUÑOZ.
La primera de esas bombas-lapa estalló en la calle Duquesa de Parcent minutos antes de las 9:00 horas. Ese día en el vehículo viajaba sólo el teniente Carballar Muñoz, pero no era lo habitual. Normalmente le acompañaban dos de sus hijos: Alicia, de 16 años, y Juanchi, de 17, a los que solía llevar al colegio antes de dirigirse a la Academia de Artillería en el barrio de Fuencarral, donde se encargaba de examinar a soldados conductores. La explosión de la bomba, que se produjo cuando el militar arrancó el vehículo, le causó la muerte en el acto. La rotura de cristales en los edificios colindantes provocó heridas leves a una niña de ocho años, Cristina Hoyos, que se encontraba en su domicilio.
Una hora después del asesinato de Francisco Carballar, y a apenas doscientos metros de distancia, una segunda bomba-lapa estallaba en el vehículo de María Jesús González Gutiérrez, auxiliar administrativa del Estado destinada en la sección de expedición del DNI de la comisaría de los Cármenes de Madrid, que circulaba junto a su hija de 13 años, Irene Villa González, por la calle Camarena de la capital. Irene sufrió la mutilación de las dos piernas y de tres dedos de la mano izquierda, mientras que María Jesús, de 40 años, sufrió la amputación de una pierna y de un antebrazo. La historia de superación de ambas, y su compromiso en combatir el terrorismo han hecho que tanto María Jesús como Irene se conviertan en referente para muchas víctimas del terrorismo y en que su caso sea un símbolo de la brutalidad de una banda asesina que, una vez más, dio muestras de que no importaba qué medios se utilizasen para conseguir sus objetivos. Si los hijos del teniente Carballar Muñoz se libraron ese día, milagrosamente, de sufrir heridas similares a las sufridas por Irene, pero perdieron a su padre, Irene y María Jesús, pese a las horribles mutilaciones, no sólo consiguieron salvar la vida, sino que no cayeron en la desesperanza y no le dieron a ETA una segunda victoria, que es ver a sus víctimas hundidas y machacadas. Irene y María Jesús han dado una lección de vida, superación y lucha por evitar el olvido de las víctimas del terrorismo, sin caer en los deseos de venganza, en el resentimiento y el odio.
La tercera bomba-lapa estalló poco después, a las 11:20 horas, en el vehículo del comandante de Infantería Rafael Villalobos Villa. ETA no consiguió acabar con él, pero quedó mutilado de por vida. Rafael Villalobos, de 38 años, casado y con dos hijos, perdió ambas piernas y sufrió contusiones abdominales y pérdida de sustancia hipotenar en la mano izquierda. En el atentado resultó herida de gravedad su hermana María Antonia, de 50 años. Nueve años después, en febrero de 2000, la vivienda de Rafael quedó destrozada por la explosión de un coche-bomba colocado por ETA en la inmediaciones de la calle Virgen del Puerto, asesinando al teniente coronel Pedro Antonio Blanco García, amigo y compañero de Rafael.
Según fuentes de la investigación, la bomba que mutiló a María Jesús e Irene pretendía causar la muerte de un inspector de Policía, pareja de María Jesús, que por entonces estaba divorciada de su primer marido, padre de Irene. Los encargados de la investigación de los atentados repararon, desde el primer momento, en un detalle: tanto la bomba que mató al teniente Carballar como la que mutiló al comandante Villalobos habían sido colocadas con un imán en los bajos de sus respectivos automóviles, concretamente debajo del asiento del conductor. Sin embargo, el artefacto que hirió a María Jesús González y a su hija fue adosado en su Seat 127 pero en la parte correspondiente al asiento del acompañante.
Francisco Carballar Muñoz tenía 47 años, era natural de Santa Olalla del Cala (Huelva) estaba casadocon María Dolores Cardoso Vargas y tenían cinco hijos. Destinado en el RACA XI de Fuencarral, la misma tarde del día del atentado se celebró el funeral por su alma en el Hospital Militar Gómez Ulla de Madrid, con la asistencia del jefe del Estado Mayor, Ramón Porgueres, y el secretario de Estado para la Administración Militar, Gustavo Suárez Pertierra. El 18 de octubre la víctima fue enterrada en su localidad natal con la asistencia de un millar de vecinos del pueblo onubense.