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José Carlos, un balsero decidido

Tania Díaz Castro.

LA HABANA, Cuba, mayo, www.cubanet.org -José Carlos Fernández García, un joven vecino de El Roble, en Santa Fe, pueblo costero del oeste habanero, desde hace apenas unos días le llaman ¨el balsero guapo¨, por el coraje que demostró cuando en una embarcación rudimenaria fabricada por él y un grupo de amigos, estuvo navegando en alta mar durante días, hasta casi llegar al Sur de la Florida.
Durante más de un año estuvieron reuniendo dinero para comprar los materiales con que construyeron la embarcación, con motor fuera de borda, vituallas para la alimentación y todo lo que necesitaran. El grupo estaba compuesto por diez hombres y dos muchachas, novias de dos de ellos.
En la primera semana del este mes, cuando ya casi divisaban las costas estadounidenses, fueron interceptados por el Servicio de Guardacostas de Estados Unidos, y regresados a Bahía Cabañas, al oeste de La Habana.
Fue precisamente por esos días que el SGEU llevó a cabo la repatriación de cincuenta y cinco cubanos, casi todos jóvenes, que navegaban en embarcaciones endebles y sin equipos de seguridad para los peligros del mar, según informes de dichas autoridades.
Comentan los acompañantes de José Carlos la fortaleza de carácter que demostró este joven de 29 años durante los días que estuvieron navegando y el optimismo que siempre mantuvo de que llegarían a tierras norteamericanas, para rehacer sus vidas y prosperar en una sociedad libre.
Conversé con José Carlos, técnico autodidacta de teléfonos celulares e inalámbricos, y me aseguró que no va a renunciar a marcharse de Cuba. Hace cinco años que realiza trámites en la Oficina de Intereses de EEUU en Cuba para emigrar legalmente a ese país, reclamado por su padre, Carlos Fernández, residente en Miami, y no quiere seguir esperando.
-La vida se me va. Me voy a poner viejo esperando para irme legalmente.  Si se me presenta de nuevo la oportunidad de irme en otra balsa, haré de nuevo el intento. Prefiero morir en la boca de un tiburón, que morirme  aquí lentamente, de mal vivir.

Un crimen casi olvidado

Tania Díaz Castro.

LA HABANA, Cuba, mayo, www.cubanet.org -El 2 de enero de 1981 tres jóvenes hermanos, Ventura, Cipriano y Eugenio fueron fusilados por el gobierno de Fidel Castro en uno de los paredones de la Fortaleza de la Cabaña, como castigo por haber penetrado en la sede diplomática del Vaticano en La Habana el 3 de diciembre de 1980, para pedir asilo político.
Los jóvenes eran testigos de Jehová, de familia muy humilde, y habían sido amenazados con prisión por practicar su fe.
Ventura apenas había cumplido 19 años, Cipriano tenía 21 y Eugenio 25.  Fue, sin lugar a dudas, un crimen espantoso, otro de los muchos que lleva el castrismo en sus espaldas.
Conocí a la madre de estos jóvenes en diciembre de 1987, cuando Ricardo Bofill, presidente del Comité Pro Derechos Humanos de Cuba –CPDHC- la presentó ante un grupo de periodistas extranjeros, para que ella misma relatara la macabra historia que había destruido a su familia para siempre.
Margarita Marín Thompson sólo tenía esos hijos varones. Recordó aquel día cómo el más pequeño le confesó el paso que darían, desesperados por escapar del sistema comunista de Cuba. Los jóvenes estaban seguros de que la Iglesia Católica los ayudaría, porque uno de los hermanos, el mayor, era ex preso político.
-Confía en los sacerdotes, mamá. Ellos nos protegerán.
Pero los sacerdotes funcionarios de la Nunciatura habanera se prestaron para que se consumara la injusticia.
Ya en el edificio de la embajada vaticana, los hermanos García Marín, junto a dos amigos y tres mujeres muy jóvenes, fueron víctimas de la traición. En vez de recibir la visita de negociadores para tratar su salida del país, como habían prometido los sacerdotes, fueron sorprendidos por un asalto de las tropas especiales del Ministerio del Interior y se dijo que un disparo mató al mayordomo de la sede. Nunca se aclaró quién había sido el culpable. Luego se reportó que el mayordomo, supuestamente muerto, estaba vivo y era un agente de Seguridad de Estado que había fingido sus heridas.
Al día siguiente de realizárseles un juicio sumario, donde los ocho jóvenes fueron condenados – los tres hermanos a la pena de muerte y el resto a largas condenas de prisión-, Ventura, Cipriano y Eugenio fueron fusilados.
La madre, loca de desesperación –así le escuché decir llorando-, fue además condenada a 25 años de cárcel por no delatar a la policía el plan de sus hijos. En diciembre de 1986 fue puesta en libertad, gracias a las presión internacional lograda por las denuncias enviadas por el CPDHC a las Naciones Unidas. Así lo dejó dicho para la historia Margarita Thompson, en una carta dirigida a Bofill, el 17 de enero de 1987.
La carta de Margarita Marín Thompson fue publicada en el libro La fisura, editado por el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de la Florida, en 1998.

Balsero

Tania Díaz Castro.

LA HABANA, Cuba, abril, www.cubanet.org -Han sido muchos miles los cubanos que han muerto durante los cincuenta años de dictadura, cuando decididos a lograr la libertad se lanzan al mar en improvisadas embarcaciones para cruzar el Estrecho de la Florida.
Visitar una de esas tantas casas de Santa Fe, pueblo costero de La Habana, donde se lloran esos seres queridos, es una amarga experiencia, sobre todo si en ella se encuentra una madre que se ha quedado sola.
Elvira le decía al hijo que se olvidara de la libertad que había en la otra orilla del mar, que se apartara del peligro, que se cuidara. Porque sin él, ella se moriría de pena. Pero su hijo no la escuchaba. Seguía soñando con la libertad.
Una mañana salió en silencio de la casa, mientras ella dormía. Pero ella cree haber sentido sus pasos descalzos que se alejaban, un sonido que dice que jamás ha podido olvidar.
Han pasado más de quince años desde aquel abril. Cuando cae la tarde y en el patio de su casa danzan los rayos rojos del sol entre las begonias, ella se levanta del sillón, va hasta la foto del hijo que cuelga de la pared de la sala y le dice: Yo sé que volverás.
La sonrisa de su hijo en la foto la estremece, y ella piensa que eso es una buena señal. No le importa que los truenos de la tormenta invernal sean portadores de malos augurios, ni que una noche la foto de su hijo haya caído al suelo y desde entonces no tenga cristal. Ella sabe que volverá.
Se lo dice el vuelo de los pájaros que cruzan el cielo en alegres bandadas y esa luz del amanecer que se cuela por entre las rendijas de las paredes de su cuarto, para que casi pueda escuchar la voz de su niño llamándola para que despierte.
Dice que en ocasiones, cuando se asoma al portal y ve un grupo de escolares que regresa de sus aulas, lo ve a él, contento y travieso, colgarse de su cuello y decirle: Ya llegué, mamá.
También le ha parecido verlo muchas veces, aun más de cerca, con el viejo botero del barrio Bajo, cuando ambos llegan a la costa con sus ensartas de pescado para vender y ella se ha quedado sin saber qué hacer, si llorar o salir espantada de la vida y de su soledad, al descubrir que ha vuelto a  confundirlo con otro.
Dice su vecina que la ha consolado durante muchos años, que no se atreve a decirle que el nombre de su hijo está en una lista de desaparecidos, posiblemente devorados por los tiburones.
Nadie quiere decirle que su hijo no volverá, que se olvide de los buenos presagios de los pájaros que vuelan en lo alto. La han dejado así, para que muera al menos con esa esperanza, porque desde aquella noche de abril, cuando dormida sintió que sus pasos se alejaban, se quedó sin hijo. Sola para siempre.

Mirando hacia atrás

Por Tania Díaz Castro.
LA HABANA, Cuba, enero, www.cubanet.org -Mirando hacia atrás nos damos cuenta de que la Gran Ofensiva Revolucionaria, del 13 de marzo de 1968, a pesar de su rimbombante nombre, fue en realidad la Gran Metida de Pata de Fidel Castro, de entre las muchas que tiene en su haber el anciano dictador.
Dariel Alarcón Ramírez -alias Benigno-, hoy en el exilio, es el autor del libro Memorias de un soldado cubano. Fue guerrillero en la Sierra Maestra, junto a Camilo Cienfuegos, y luego lucho junto al Che Guevara en Bolivia. Benigno narra en su libro que jamás podrá olvidar la escena que presenció la mañana del 13 de marzo de 1968, reunidos con Fidel Castro los miembros del Buró Político, pocas horas antes de que Castro anunciara al pueblo la Gran Ofensiva Revolucionaria.
Cuenta este ex oficial del Ministerio del Interior, la rabieta que le dio al máximo líder cuando vio que sólo había obtenido la mitad de los votos de los miembros del Buró Político, quienes debían decidir a favor o en contra de la nacionalización instantánea de cincuenta mil establecimientos comerciales que aún quedaban en manos de propietarios privados cubanos. Castro ni siquiera aceptó la voz contraria de Carlos Rafael Rodríguez, que se oponía a la idea.
Según Benigno, Fidel saltó como una fiera y exclamó iracundo:
-Por mis testículos se va a intervenir, tal y como yo digo. Ramirito, prepara las fuerzas, que se va a intervenir; estén todos de acuerdo o no.
-Como usted ordene, Comandante –respondió Ramiro Valdés.
Por último cuenta Alarcón Ramírez que, malhumorado, Fidel Castro le quitó las llaves del auto a su chofer para manejarlo él mismo, salió como una tromba de la reunión, y se alejó del lugar chillando gomas.
Esa misma noche el jefe del país anunciaba en un discurso, en la escalinata de la Universidad de La Habana, que la revolución tenía que nacionalizar todos los comercios particulares, como solución para combatir el egoísmo, si se quería lograr que surgiera en Cuba el Hombre Nuevo.
Aquella medida tomada por Castro de forma caprichosa, algo que –quizás consciente del desastre que había provocado-  jamás aconsejó años más tarde a sus discípulos sandinistas en Nicaragua y mucho menos a Hugo Chávez, terminó de destruís el país.
Cuarenta y cuatro años más tarde, Cuba sigue sufriendo las consecuencias del delirante capricho del Comandante en Jefe. Si no fuera tan trágica y real, la historia parecería el guión de una chaplinesca comedia en que un loco que se cree dictador juega a hacer delirantes experimentos con una pequeña islita de cartón.
Lejos de impulsar la producción y los servicios, elevar la eficiencia del trabajo y, sobre todo, desarrollar la cooperación y el espíritu comunista, como Castro pronosticara, la “ofensiva” fue el tiro de gracia que sumió al país en la total ineficiencia y pobreza que han reinado desde entonces. Metedura de pata que el Castro menor, trata hoy de desmontar, con mucha cautela, para que al hacerlo no colapse su tambaleante y miserable reino.
Los magníficos y eficientes negocios que llenaban nuestra isla y hacían de Cuba un país vibrante y moderno como pocos en América Latina, eliminados por Castro Primero en 1968, son remplazados en 2012 por Castro II con timbiriches, vendedores ambulantes, bazares de baratijas instalados en portales de casas en ruinas, restaurantuchos en salas de casas y chinchales para vender frutas. Todo hecho con la arrogancia que define a la familia, sin jamás haber admitido quién es el verdadero culpable de estas casi cinco décadas de miseria y, muchísimo menos, haber pedido disculpas por simplemente destruir el país.
Me pregunto: ¿Volverán algún día los negocios de verdad, los de antes?

No todos quieren comer moringa

Por Tania Díaz Castro.


Exquisito plato de moringa con tomate. Nueva forma de alimentación orientada por el régimen de los Castro para todos los cubanos. ¡Excelente sustituto de la carne y el arroz con frijoles negros!
LA HABANA, Cuba, diciembre, www.cubanet.org -Han transcurrido sólo unos días de la repartición inesperada y gratuita de posturas de moringa por los pueblos del oeste habanero: Santa Fe, Cangrejeras, Baracoa, Jaimanitas y repartos aledaños a Punto Cero, donde reside el viejo líder de la Revolución, y sus pobladores responden con gran escepticismo.

La autoridades han regalado posturas de este árbol, conocido como ¨ milagroso ¨ desde la antigua India, regalaban a todos los vecinos, mientras mencionaban las maravillosas propiedades alimenticias de la planta.
-Ni bistec ni medicinas vamos a necesitar -dijo un anciano- mientras cargaba con tres posturas, sembradas en bolsas de polietileno.
Hoy, al ver que no han vuelto a repartirlas y que el bistec con papitas fritas sigue ausente, son muchos los que recuerdan los años de la fiebre del noni, aquella otra planta, llamada ¨fruta del diablo ¨, en la que muchos creyeron porque se divulgó en todos los medios de comunicación cubanos no sólo que ofrecía una mayor calidad de vida, sino que además de eliminar las lombrices intestinales,  contenía un agente anti carcinógeno capaz de neutralizar el avance del cáncer en su primera etapa.
El fruto maduro del noni, muy parecido a la papa, hoy se ve a montones regado por aceras y calles, con su olor penetrante y desagradable, sin que nadie le preste la menor atención.
-Con la moringa, va a pasar igual que con el noni, que ya nadie se acuerda de él; me dice uno de esos cubanos del barrio, que se las saben todas.
Al parecer, es un secreto a voces que la nueva fiebre viene “de arriba”, porque al ex gobernante cubano Fidel Castro ahora le ha dado por estudiar el cultivo de la moringa, no sólo para resolver el problema económico y la salud de los cubanos, sino porque según noticias provenientes de México y de la emisora Radio Miami de noviembre pasado, la médica de cabecera de Fidel se ha referido a que las propiedades antioxidantes de la moringa han ayudado a que su paciente de Punto Cero, levante las defensas durante el tratamiento de quimioterapia que recibe.
Aún así, no todos los cubanos quieren comer moringa. Tal vez beberla en infusión por las mañanas, ya que no hay leche ni pan con mantequilla, se pueda aceptar, pero sería demasiado sustituir, con esas extrañas y pequeñitas hojas de moringa, la carne vacuna –aunque sólo exista ya en nuestro imaginario popular-, que fue una de las comidas más tradicionales del país antes de que la revolución iniciara hace ya medio siglo el “proceso de actualización” –para decirlo en su idioma- de nuestros hábitos alimentarios.
Esperemos que al debilitado Comandante se le pase la nueva obsesión sin obligarnos a sembrar todo el país de moringa. Los mayorcitos aún recordamos su Cordón de La Habana con el café caturra, su Zafra de los Diez Millones, sus vacas maravillosas que harían que la leche nos llegara por tuberías, su revolución energética  y el largo etcétera de sus alucinantes ideas que nos han hundido en la absoluta miseria en que estamos hoy casi todos los cubanos…menos él, por supuesto.
Una vecina de la cuadra, fanática de la botánica y del Comandante, al preguntarle qué opinaba sobre este asunto, me contó que en días pasados, cuando escuchó en una estación de radio extranjera que una bolsita de moringa la compran los indígenas de América del Sur a diez mil guaraníes, descubrió lo bueno que era Fidel con su pueblo.
-¿Por qué? –le pegunté intrigada.
-¿Cómo que por qué? ¡Porque hasta nos la regala!