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Los tres últimos ases que pueden salvar a Obama, por Jordi Pérez Colomé


La elección en Estados Unidos está empatada. En la media nacional de encuestas Romney saca 0,9 puntos en todo el país. Está dentro del margen de error y tiene menos importancia que los sondeos por estado.

De aquí al 6 de noviembre, si no ocurre nada sensacional, los sondeos nacionales no darán datos más seguros. Cualquiera de los dos candidatos podrá ganar. Hace tres semanas en la campaña de Romney pocos soñaban estar en esta situación, aunque desde la de Obama siempre habían dicho que sería reñido.

Una voluntaria en una oficina de Romney me decía: “Hace unas semanas la gente nos llamaba enfadada solo para decir lo que Romney tenía que hacer para ganar”. Ahora ya no. Mitt Romney puede ser el próximo presidente de Estados Unidos.

Por primera vez Romney congrega en sus mítines a multitudes del nivel de Obama. El martes había 12 mil en este mitin en Colorado. Para un candidato poco carismático y soso, es increíble. No hay que olvidar que a la gente le gusta ir con el que gana.


Solo llevo tres días en Estados Unidos. De momento reúno más bien material para hablar de los dos bandos con más datos y sensaciones. Pero por lo que he visto en las oficinas de cada candidato, en los carteles, en el ambiente, es algo evidente: está más igualado que hace cuatro años.

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¿La política exterior de Romney se parecerá más a Bush o a Obama? por Jordi Pérez Colomé


La política exterior no será un tema importante en estas elecciones. Pero Romney habrá creído que tras su salto adelante en la campaña gracias al debate, hablar del mundo le daría estatura de presidente. Puede ser una buena estrategia: yo mismo acepto cada vez mejor la idea de un presidente Romney.

Pero aquí lo que me interesa hoy, más ahora que manda en las encuestas, es qué hará Romney en la Casa Blanca. Con el discurso de este lunes en el Virginia Military Institute ha despejado algunas dudas: todo será parecido.


Primero, si gana, se le presenta un panorama internacional más definido. Obama tenía en 2008 dos guerras en marcha. Ahora solo queda una -Afganistán- y tiene fecha de caducidad (2014). En su mayor discurso sobre política exterior en julio de 2008, Obama empleó 5.081 palabras. Romney ha usado ahora 3.329. El mundo tiene hoy problemas que requieren menos explicaciones, pero no menos decisiones.

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Qué esperar de los debates entre Obama y Romney por Jordi Pérez Colomé

El presidente Obama tiene ventaja en los sondeos. Pero ni mucho menos está todo decidido. Queda más de un mes para las elecciones y las encuestas pueden exagerar la ventaja de un candidato. Pero hoy nadie puede negar que Obama lo tiene mejor para seguir en la Casa Blanca.


La campaña de Mitt Romney se marcó tres momentos para dar un vuelco a esta elección y colocarse como favoritos: la elección del candidato a vicepresidente (fue Paul Ryan, que no tiene de momento un papel clave), la convención (que salió mal y el discurso más recordado fue de Clint Eastwood) y los tres debates. Solo queda el último cartucho. Mitt Romney tiene más a ganar que perder en los debates. Hoy miércoles es el primero (aunque en España empezará a las 3 de la madrugada del jueves). Debe aprovecharlo.

Las ventajas de Romney.- Solo por poder discutir cara a cara con el presidente, el caché de Romney subirá por dos motivos. Primero, los millones de norteamericanos que lo vean tratarán de imaginar qué tal quedaría un presidente Romney. Por poco que lo haga bien, esa impresión de que está preparado va a mejorar.

Segundo, hace cuatro años que nadie discute con Obama. En Estados Unidos no hay un líder de la oposición que interrogue al presidente en el Congreso, como ocurre en Reino Unido o en España. Las únicas preguntas difíciles que recibe el presidente son de periodistas y puede alargarse cuanto quiera o dar largas. En los debates deberá discutir con alguien a su nivel y no perder los nervios.

Las desventajas de Romney.- La historia juega en contra de Romney. Desde 1960 hay debates presidenciales televisados en Estados Unidos, con la excepción de 1964, 68 y 72: los entonces presidentes Lyndon B. Johnson y Richard Nixon no quisieron. De las diez ocasiones, en solo dos han servido para remontar en los sondeos: quien iba ganando pasó a ir perdiendo.

Fue en 1960 entre Kennedy y Nixon, y en 2000 entre Al Gore y George W. Bush. En ambos casos el candidato que iba mejor era vicepresidente saliente de un presidente que tras ocho años dejaba el país bien: Nixon con Eisenhower y Gore con Clinton. Pero su presentación como candidatos fue mal y perdieron.


Por qué Romney se equivoca y va a perder por Jordi Pérez Colomé


Una campaña suele dar pocas noticias. Los políticos se dedican a sus discursos bien preparados, dan entrevistas cuidadas y emiten anuncios. Los periodistas tienen a menudo poco que contar. Por eso hay tantos sondeos: permiten hablar y especular.

La tendencia en la mayoría de encuestas de estas elecciones presidenciales es la misma desde hace días: Obama gana, pero con diferencias pequeñas poco por encima del margen de error. La elección es aún por tanto competitiva para Romney, pero debe hacer algo.

Esta semana, además de docenas de sondeos, los periodistas hemos tenido un regalo inesperado: un vídeo de Mitt Romney grabado con cámara oculta en mayo. El autor es presuntamente uno de los camareros de la cena (es un tema que puede dar que hablar: ¿y si tenía alguna relación remota con la campaña demócrata?). Las imágenes son valiosas porque se ve a un político hacer algo que nunca hacen: hablar en privado.

Ya dije en el último post que esta frase era la importante: “Hay un 47 por ciento que están con él [Obama], que dependen del gobierno, que creen que son víctimas, que creen que el gobierno tiene la responsabilidad de cuidarles, que creen que tienen derecho a sanidad, a comida, a una casa, a lo que sea”.

Pero es más significativo este fragmento un poco más adelante: “Mi trabajo es no preocuparme por esa gente: nunca les convenceré de que deberían tomar responsabilidad personal por sus vidas”. El presidente debe ocuparse de todos y no dar nunca a una parte del electorado por perdida. Ahora hablaré de eso.

Es difícil saber con precisión cómo afecta un vídeo así en una elección. Podría llegar a ser incluso positivo si el candidato hubiera dicho algo valiente o directo. Pero no es así. Hoy, a la pregunta de si el vídeo hace más o menos probable que vote por Romney, dos de cada cinco americanos dicen que menos. El daño a Romney es claro en tres aspectos.


La campaña de Romney se tambalea por Jordi Pérez Colomé

Quedan 49 días para las elecciones del 6 de noviembre. Obama vaganando: tiene una ventaja pequeña pero firme en encuestas nacionales y un poco mayor en los estados clave. Nada está decidido, pero en la campaña de Romney hay más nervios que en la del presidente.


Salvo sorpresas -como la muerte del embajador en Libia- Romney solo tiene dos cartuchos para dar un vuelco: los tres debates de octubre -el primero es el día 3- y muchos millones para anuncios. Son recursos limitados. Pero el problema de Romney es otro. Su campaña no puede permitirse errores. Pero el lunes salieron a la luz dos sorpresas.

El discurso de Stevens. Politico publicó una exclusiva: “Cómo tropezó la campaña de Romney”. Era la historia del discurso de la convención republicana, el más importante de la vida política de Mitt Romney.

Su principal estratega, Stuart Stevens, lo encargó primero a un asesor de los tres últimos presidentes republicanos. Había allí esta frase buena: “El presidente actual intenta rebajar las expectativas de nuestro país al nivel penoso de sus logros. Solo ganará si os conformáis”.

Luego, ocho días antes de la convención, Stevens pidió a dos escritores de discursos del presidente Bush hijo que hicieran un discurso nuevo. Tampoco lo usaron y se optó por usar solo un párrafo de la segunda pieza y Romney pronunció uno que habían escrito él y Stevens. Con las prisas, apenas hubo tiempo para ensayar.

La historia de Politico ofrece más roces de los miembros de la campaña con Stevens. Las peleas entre los egos de una campaña son habituales, pero cuando salen al público es que alguien intenta ya protegerse de la derrota.


La veta populista de Obama

por Andrés Oppenheimer.



El aviso de la campaña del presidente Barack Obama que critica duramente al virtual candidato republicano Mitt Romney por supuestamente haber presidido empresas que “fueron pioneras en transferir empleos estadounidenses a países con bajos salarios”, y que afirma que “el presidente Obama cree en crear empleos en casa” es injusto, hipócrita y peligrosamente tramposo.
A pesar de que estoy más de acuerdo con Obama que con Romney en la mayoría de los temas, en este caso particular no puedo apoyarlo. El aviso de Obama es uno de los más deshonestos intelectualmente que he visto en mucho tiempo. Y la respuesta defensiva de la campaña de Romney, que afirma que, más que Romney, “el presidente Obama es el verdadero campeón de los que transfieren empleos al extranjero” es igualmente patética.
En realidad, tanto Obama como Romney apoyan el “outsourcing”, o la práctica de larga data por la cual las empresas multinacionales manufacturan productos o partes en otros países porque les resultaría muy costoso hacerlo en casa.
Y está bien que así sea. El “outsourcing” no sólo es una necesidad en la economía global de hoy, sino que además en muchos casos ayuda a la economía de Estados Unidos al hacer que las exportaciones estadounidenses sean más competitivas en el exterior, y al permitir que los consumidores estadounidenses paguen menos por muchos productos.
MEDIAS VERDADES
Y casi todas las opiniones en contra del “outsourcing” por parte de los políticos —incluyendo la de los legisladores que están poniendo el grito en el cielo por el hecho de que los uniformes olímpicos de Estados Unidos hayan sido fabricados en China— son medias verdades, o mentiras.
Primero, y contrariamente a la opinión generalizada, varios estudios demuestran que el principal motivo por el que las multinacionales invierten en fabricas en otros países no son los bajos salarios, sino la proximidad a los mercados extranjeros. Casi el 95 por ciento de los consumidores del mundo están fuera de Estados Unidos, y las empresas necesitan estar cerca de ellos, tanto para reducir los costos de transporte como para adecuar sus productos al gusto de los consumidores extranjeros.
En segundo lugar, “en general, las empresas estadounidenses no invierten en el exterior para exportar productos o servicios de regreso a Estados Unidos. Casi el 90 por ciento de los productos y servicios que estas empresas producen en el exterior son vendidos en el exterior”, según me dijo el economista Raymont Mataloni, de la Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos.
En tercer lugar, la mayoría de las inversiones extranjeras estadounidenses no van a países de bajos salarios, sino a países ricos. Si los bajos salarios fueran la razón primordial para invertir en el exterior, Haití estaría lleno de plantas fabriles estadounidenses. Pero no es así.
Según la Oficina de Análisis Económico, el 72 por ciento de las inversiones extranjeras directas de Estados Unidos el año pasado fueron a Europa, Canadá, Japón, Australia y Singapur.
En cuarto término, estamos en una economía global de grandes bloques comerciales, en la que los países asiáticos y europeos crean cadenas de abastecimiento dentro de sus regiones con el objetivo de reducir costos. Si Estados Unidos quiere seguir siendo un gran exportador mundial de aviones y autos, por ejemplo, necesitará ampliar —y no reducir— sus cadenas de abastecimiento en México y Canadá.
En quinto lugar, a Estados Unidos le puede convenir más fabricar aviones que camisetas deportivas.
“Aunque nuestros atletas marchen por la pista del estadio olímpico de Londres con sus uniformes hechos en China, y agitando sus banderas estadounidenses hechas en China, lo más probable es que los atletas chinos hayan llegado a Londres en aviones fabricados en Estados Unidos”, señala acertadamente el economista Daniel Ikenson, del Instituto Cato.
En sexto lugar, ni Obama ni Romney combatirán el “outsourcing”, porque ningún político se va a arriesgar a que los consumidores estadounidenses paguen el doble por sus iPads, televisores o ropa deportiva.
TÁCTICA EFECTIVA
Mi opinión: No es ningún misterio que Obama está usando el tema del “outsourcing” en contra de Romney porque sabe que puede ser efectivo. Tal como señaló recientemente Ruy Texeira del Centro para el Progreso Americano, citando la encuesta de NBC/Wall Street Journal que revela que el 86 por ciento de los estadounidenses creen que el “outsourcing” es la principal razón del desempleo en el país, “el público está muy preocupado por la transferencia de empleos al exterior”.
Pero Obama está engañando a la opinión pública (y Romney también, al declarar que él también está en contra del “outsourcing.”). Cuando los candidatos presidenciales dicen cosas en las que claramente no creen, contribuyen a promover la idea de que todos los políticos son unos mentirosos, lo que lleva a la apatía electoral y perjudica al sistema democrático. El aviso de Obama y la respuesta de Romney son un lamentable ejemplo de demagogia populista.
Twitter: @oppenheimera


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y

Qué tiene de malo Mitt Romney

por Jordi Pérez Colomé.



Después de ver las virtudes del candidato republicano a presidente, Mitt Romney, hoy tocan los defectos. Son cinco.

1. Es gris y poco presidencial

El primer defecto es una impresión. He visto a Romney en directo tres veces. En las tres parecía incómodo, daba sensación de poco don de gentes. No es una cualidad necesaria para un empresario, quizá tampoco para un político menor. Pero los presidentes suelen ser tipos cercanos en apariencia: Reagan, Clinton, los Bush, Obama.

La falta de pasión que se entrevé en Romney sale reflejada en lasencuestas. Obama sale mal parado, pero Romney queda peor. Entre los votantes de Obama, un 75 por ciento le votarán porque es él; entre los de Romney, solo un 37: la mayoría -un 59- votará a Romney por oposición a Obama.

Un 47 por ciento de americanos aprueba la presidencia de Obama, pero un 51 por ciento le ve bien. Por tanto, hay un 4 por ciento de ciudadanos que creen que Obama lo ha hecho mal, pero les cae bien. Si Romney no les convence en estos meses, pueden darle de nuevo la presidencia a Obama.

Quizá sea un porcentaje pequeño, pero es así: más del 80 por ciento de americanos ya ha decidido su voto. La batalla electoral es hacer que todos esos vayan a votar -la campaña de Obama está mejor organizada- y seducir a los que quedan. Aunque el país vaya mal, cuenta cómo es el aspirante.


Qué tiene de bueno Mitt Romney

por Jordi Pérez Colomé.



Mitt Romney es el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos. En este post y el siguiente contaré qué tiene de bueno y de malo. Empezaré por cinco cosas buenas.


1. No es Barack Obama

El presidente Obama se enfrenta a la reelección en un país que va mal. El paro es 8,2 por ciento y las perspectivas de crecimiento no son buenas. El 63 por ciento de americanos cree que el país va por mal camino.

Su eslogan en 2008 era “cambio”. El 56 por ciento de americanos piensaque el país ha cambiado a peor. También era “esperanza” y parte de sus seguidores progres creen que ha empeorado el respeto por los derechos humanos con sus guerras secretas y la lucha contra el terrorismo.

Su gran proeza legislativa -la reforma sanitaria- está en duda. A pesar de que el Tribunal Supremo la dejó con vida, un presidente Romney ha prometido desmontarla pieza a pieza. Solo un 24 por ciento de americanosapoya la medida tal como está.

En general en una reelección, el presidente siempre parte con ventaja: más vale malo conocido. Pero si la reelección es solo un referéndum sobre sus políticas, Obama está en una situación difícil.

De su rival importa sobre todo que no sea como él. Pero algo importa. ¿Quién es Mitt Romney? Su vida ha sido menos interesante que la de Obama. Romney estaba más predestinado a una trayectoria pública y de éxito. Su padre, George Romney, fue gran empresario, gobernador de Michigan y candidato presidencial en 1968 (Richard Nixon le ganó las primarias y la elección; luego sirvió en su gobierno como secretario de Vivienda). La campaña de Mitt Romney acaba de presentar material electoral vintage inspirado en la campaña de su padre.


Dudas y certezas del Partido Republicano en sus primarias

Jordi Pérez Colomé.



El ex gobernador de Massachusetts Mitt Romney tiene parte de las primarias de Florida en el bolsillo. En los últimos siete sondeos su diferencia con el ex líder del Congreso Newt Gingrich ha aumentado: de seis puntos a once ayer. Las elecciones son el martes. En las encuestas cuenta más la tendencia que el resultado. Gingrich no tiempo ni ocasiones para remontar.

Llevo una semana en Florida. Me he dedicado casi en exclusiva al Partido Republicano. De los demócratas, vi el discurso del Estado de la Nación del presidente enuna fiesta particular y visité el cuartel general de Obama en Tampa (ya hablaré de qué me dijeron).

He visto a los tres candidatos republicanos que han hecho campaña en el estado: Romney,

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Gingrich

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y Santorum.

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A los dos primeros, los he visto dos veces. Ron Paul se ha saltado Florida porque aquí el ganador se lleva todos los delegados y es un estado demasiado grande para poder tener impacto. Paul ha preferido centrarse en los siguientes, Nevada y Maine. He hablado con más de dos docenas de votantes. Esta es la impresión que me llevo.

El favorito. Mitt Romney tiene dos grandes virtudes. Primero, fue gobernador de un estado liberal, “la república popular de Massachusetts”, lo llama el senador John McCain. Su perfil moderado en lo social no asusta a los independientes. Es por tanto más “elegible”. Segundo, es empresario. Los dos actos que vi fueron en naves industriales de empresas. Este en Cabo Cañaveral, al lado de la sede de la Nasa:

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Este en una empresa de pinturas en Orlando:

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Entre el público había muchos pequeños empresarios. Les gustaba que uno de ellos que había tenido éxito fuera el candidato: “Alguien que no sabe solo de teoría, sino que sabe cómo llevarlo a cabo”, me decía uno. En unas elecciones sobre economía, con el país aún en crisis, un empresario contra un político sin experiencia en el sector privado es un punto a favor: “Devolvamos [a Obama] a Chicago para que aprenda a buscarse un trabajo en el sector privado”, dijo Romney en uno de los actos.

Otras dos ventajas de Romney, destacadas por menos gente, eran primero sus valores religiosos y familiares como padre de cinco hijos: “Hay que volver a como era antes, se han perdido muchos valores”, decía un vendedor inmobiliario. Esta nostalgia de un pasado más puro la oí alguna otravez. Segundo, que ya se sabía todo de él: “No será un candidato perfecto”, me decía el consultor Chris Ingram, “pero al menos sabemos que no nos llevaremos sorpresas de amantes ni vídeos de juventud cuando ya sea el nominado”.

Pero Romney no es perfecto. Según Ingram, su peor rasgo es que le falta personalidad: “Desde 1976 ha ganado las presidenciales el político con más personalidad: Carter tenía poca, pero más que Ford, aunque menos que Reagan. Luego ni Mondale ni Dukakis fueron rivales para Reagan y Bush padre. En el 92 llegó Clinton, y así hasta hoy”. Nadie parece querer conocer mejor y a solas a Romney: lo que se ve es lo que hay. Un votante me decía que era “de plástico” y hay quien le llama “robot”.

Algunos votantes temen que Obama destruya a Romney en los debates y que no sea capaz de echarle en cara sus errores. Parece un asunto menor, pero el presidente de Estados Unidos solo debate de igual a igual con alguien durante la campaña de su reelección. Durante su mandato, los únicos nervios los pasa en entrevistas y ruedas de prensa. Estos días he visto también un par de veces al senador McCain, rival de Obama en 2008; es mejor orador que Romney.

El aspirante. Newt Gingrich es la antítesis de Romney. Sus virtudes son un conservadurismo más sólido, un carácter más directo y su capacidad para el debate. Gingrich sería más capaz de decirle a la cara al presidente lo que piensa de él. Hay conservadores que lo desean con todas sus fuerzas; para esos, Romney no basta. Sus debilidades son que es demasiado radical para los independientes y que su largo pasado es una caja de sorpresas en la que hurgar.

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La narrativa del Tea Party es eficaz. En general, en los actos de Gingrich el público está de acuerdo con el Tea Party. En los de Romney, había más reservas. La mayoría de republicanos no pertenecen al Tea Party, pero le agradecen haber sido “efectivo”, como me dijeron tres veces.

Tom Tillison, consultor político ve Orlando vinculado al Tea Party, me decía: “Tras las elecciones de 2008, el Partido Republicano estaba muerto, nosotros le dimos vida”. Sus argumentos de entonces son aún hoy el marco de las elecciones: el gasto público creciente, los impuestos, el déficit imparable. Sin la crisis y el Tea Party, la presidencia de Obama habría sido distinta y estas elecciones, también.

Todas los republicanos con los que he hablado han mencionado algunos de estos puntos del Tea Party, que van en contra de la idea original de América, que serìa la tierra de la oportunidad: “Estas elecciones son sobre el alma de América -decía Romney. Debemos poder buscarla felicidad como queramos, no como nos diga el gobierno”.

Para algunos votantes, el presidente Obama lleva a Estados Unidos hacia el socialismo. El senador McCain lo resumió bien: “El capitalismo provoca ganadores y perdedores. Quien solo quiera ganadores que vaya a la Unión Soviética”.

Pero puede llegar a ser un problema. El Tea Party ha dado esta gran plataforma de salida al Partido Republicano. Pero hay dos problemas: en 2010 ya enviaron a nuevos congresistas a Washington y no ha cambiado nada. Quieren más y menos compromiso. También quieren más valores sociales: aborto, gays. El partido por ahora no parece hacerles más caso.

Tom Tillison, el activista del Tea Party, pertenece a la ejecutiva del Partido en su condado: “Un día uno de los líderes de la vieja guardia me decía: hemos visto movimientos populist antes. Teníamos una estrategia antes y tenemos una ahora [para desinflar al Tea Party]“. Tillison sigue: “Es tan frustrante estar en el Partido”.

Unos cuantos moderados temen que el partido pueda dividirse. No he visto ningún síntoma de que pueda ser inmediato. Todas las personas que apoyaban a uno de los candidatos principales -también a Santorum- me decían que votarían en noviembre a quien fuera el candidato republicano. Pero si es Romney y pierde contra Obama, el Tea Party puede salir fortalecido y exigir más o llegar incluso a impulsar un tercer partido.

Tillison no esconde que la derrota de Romney ante Obama sería buena para el Tea Party. Las elites del partido apoyan sin duda a Romney: Tillison siente que no se cuenta con ellos a pesar de lo que han conseguido y sus candidatos -Gingrich ahora- son despreciados. Un ciudadano en un acto de Romney me decía a propósito del Tea Party: “Hay que comprometerse más, ceder, yo en el trabajo lo hago sin parar con gente que no piensa como yo; en el Congreso también debe ser así”. Puede ser un motivo de conflicto futuro.

Me quedan para otro post antes de las elecciones al menos otros tres temas importantes que he visto: las dudas libertarias, los votantes independientes y un apunte de la reforma sanitaria.

*

Como otras veces, este viaje corre a mi cargo. Si te gusta este blog, puedes echarme una mano en el paypal de la derecha para que dure más. Como alternativa, aquí y aquí vendo versiones electrónicas de mis tres libros. Gracias.

Gingrich dio en la tecla

Por Andrés Oppenheimer.


Finalmente, hay una voz de sensatez sobre el tema de la inmigración entre los principales aspirantes a la candidatura republicana, quienes hasta el debate de la semana pasada parecían estar compitiendo entre sí para ver quién defendía la postura más disparatada contra los inmigrantes hispanos.

Newt Gingrich, el aspirante que va a la cabeza de las encuestas entre los republicanos mientras el ala más conservadora del partido sigue buscando una alternativa al ideológicamente zigzagueante Mitt Romney, rompió con los demás aspirantes republicanos en el debate del 22 de noviembre en CNN, diciendo algo que para la mayoría de nosotros es obvio: que es imposible —y moralmente cuestionable— tratar de deportar a la totalidad de los 11.2 millones de inmigrantes indocumentados de este país.

Gingrich dijo que Estados Unidos, tras reforzar la frontera con México y lanzar un programa de trabajadores temporarios para cubrir los empleos que los estadounidenses no quieren ocupar, deberá crear un sistema inmigratorio que permita que algunos indocumentados que llevan muchos años en el país se queden aquí.

“Si usted ha estado aquí 25 años y tiene tres hijos y dos nietos, y si ha pagado los impuestos y obedecido la ley, pertenece a una iglesia local, no creo que debamos separarlo de su familia, desarraigarlo por la fuerza y echarlo de una patada”, afirmó Gingrich.

Para la gente que ha estado en este país 25 años, Gingrich propuso crear una “Tarjeta colorada”, que les permitiría quedarse en el país pero no recibir la ciudadanía. Otros que llegaron recientemente serían deportados, indicó.

Además, añadió, los extranjeros graduados en carreras muy necesarias conseguirían la residencia automáticamente. “Creo que deberíamos tener una visa H para cada graduado en matemática, ciencia e ingeniería, para permitir que esa gente se quede en el país”, dijo.

Previsiblemente, otros aspirantes republicanos, tratando de posicionarse a la derecha de Gringich, exigieron una deportación general de todos los inmigrantes indocumentados.

Cuando el moderador del debate, Wolf Blitzer, le preguntó qué pensaba al respecto, Romney afirmó que la propuesta de la tarjeta colorada planteada por Gingrich —una variación menos generosa de la reforma inmigratoria con una vía para conseguir la ciudadanía que apoyó en su momento el ex candidato republicano John McCain en las elecciones del 2008— es el equivalente de una “amnistía”.

“Mire, la amnistía es un imán”, señaló Romney. “Cuando en el pasado hemos tenido programas que decían que la gente que llegaba aquí ilegalmente podría permanecer ilegalmente por el resto de su vida, eso sólo sirvió para alentar a más gente a venir ilegalmente al país”.

Romney dijo que “tenemos que acabar con la inmigración ilegal. Eso implica desactivar los imanes de la amnistía, la educación estatal para los extranjeros ilegales, los empleadores que deliberadamente contratan a gente que ha venido ilegalmente al país”.

Y agregó: “Damos la bienvenida a la inmigración legal. Este es un partido que ama la inmigración legal. Pero tenemos que acabar con la inmigración ilegal... porque implica dejar entrar a gente que a veces son terroristas, y que otras veces se convierten en una carga para nuestra sociedad”.

Cuando se le ofreció una oportunidad de replicar, Gingrich dijo: “No veo cómo el partido que dice ser el partido de la familia puede adoptar una política inmigratoria que destruye a familias que han estado aquí durante un cuarto de siglo”.

Mi opinión: Gran parte del debate inmigratorio ha estado dominado por comentaristas radicales contrarios a la inmigración y alérgicos a los hispanos, tanto en Fox News como en programas radiales conservadores que consiguen elevar sus ratings culpando a los inmigrantes mexicanos de cualquier cosa, e impulsan a los aspirantes republicanos a adoptar posturas semejantes.

Rara vez mencionan el hecho de que el número de inmigrantes indocumentados ha estado disminuyendo desde la crisis económica estadounidense del 2008. O que la administración Obama —que apoya una reforma inmigratoria mucho más razonable, que incluye una vía para conseguir la ciudadanía para los indocumentados que han estado mucho tiempo en el país — ha deportado este año una cifra record de casi 400,000 personas.

El argumento de Romney de que está a favor de la “inmigración legal” es tramposo, porque hoy día es muy difícil convertirse en un inmigrante “legal”.

Un estudio reciente de la Fundación Nacional para la Política Estadounidense concluyó que un graduado universitario de la India puede tardar hasta 70 años para obtener su tarjeta verde de residencia. Y para muchos trabajadores mexicanos no calificados, el proceso es tan engorroso y restrictivo, que virtualmente los invita a entrar en Estados Unidos sin papeles.

Lo que hace falta es actualizar las leyes inmigratorias para que sean económicamente y socialmente viables. La propuesta de Gingrich, aunque limitada, por lo menos aporta un toque de racionalidad al debate entre los aspirantes republicanos.