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La honrilla

Arcadi Espada.



El caso del expresidente Camps está llamado a formar parte de las antologías de la injusticia, el disparate y la vergüenza mediática. Pero a veces da risa.
Este titular del periódico:




Y lo fácil (y lo ético) que habría sido titular con algunas de las respuestas del testigo. Por ejemplo:
«Don Francisco Camps, presidente de la Generalitat, no tiene contacto conmigo.»
O con la totalidad de las preguntas y las respuestas sobre Camps:
«Juez.- Señor, ¿le parece alocado que alguien haya ido a hablar con don Francisco Camps para proponerle esto, tratándose del señor Urdangarin? ¿Le parece ilógico, anormal?
L.B.- No, a mí no me parece ilógico, pero...
Juez.- Fue a hablar con don Jaume Matas en las Islas Baleares. ¿Qué le hace pensar que aquí va a tratar a nivel inferior?
L.B.- Pero, Señoría, yo vengo aquí para explicar lo que sé, no de lo que supongo que puede pasar.
Juez.- ¿Usted no recibió ninguna indicación, ningún consejo de don Francisco Camps, de alguna persona de su entorno?
L.B.- No»
¿Qué quieren de Camps ahora que su vida política está ya destruida?
Eh... La honrilla. Si Camps tiene intacta su honra a ellos les vale con la versión mini. Demostrar, con el calzador que sea necesario, que el periodismo tenía razón.  

Esos cuatro impresionados

Arcadi Espada.


Pobre gente. Al final siempre acaban inspirándome una especie de ternura. Desde que perdieron todo su patético empeño consiste en denunciar las reglas. Ayer sacaron las faltas gramaticales del jurado. No deben de haber leído los autos de Garzón. Hoy vuelven con la grata noticia de que el pueblo es mejorable. Destaca por encima de las demás alcachofas la de una González, abogada: 

«Para la abogada Begoña González, el veredicto es “absolutamente lamentable”, y considera que “ha pesado mucho la presión mediática” sobre los nueve ciudadanos, que sin duda conocen al personaje y, con toda probabilidad, se habían formado antes del juicio una opinión respecto al affaire de los trajes. Esa posibilidad de ser “influenciados” por el entorno es una de las críticas que a menudo se vierten sobre los también llamados “jueces legos”.»

En efecto sobre el juicio a Camps se ha ejercido «una notable presión mediática.» Pero hay que ser rematadamente pueblo para no advertir que la presión mediática ha ido en un sola dirección: la de convertir a Camps en culpable. O sea que sí; el veredicto es absolutamente lamentable y fruto de la presión mediática: pero por los cuatro, no por los cinco.

Por lo demás en estos días posteriores, del culo, quiero decir, reaparece en todo su esplendor la locución no culpable. Un mero contagio literal del inglés not guilty. Obviamente, not guilty sólo quiere decir inocente; y no es en absoluto una tercera categoría de sentencia, a medio camino entre la inocencia y la culpabilidad. Aviso que acabo de escribir esta frase y me pregunto, peligrosamente, por qué tengo yo que escribir frases como esta. Pero así va el mundo. Lo interesante, en cualquier caso, es el uso eufemístico que ha cobrado este calco literal. La evidencia de que cuando los medios no están de acuerdo con una sentencia absolutoria dicen del inocente que es no culpable.

Justicia 5, prensa 4

Arcadi Espada.



1. Se pregunta muy retóricamente la señora Cospedal quién va a reponer la honorabilidad de Camps y Costa. Realmente extraño. La honorabilidad de Camps y Costa sólo puede reponerla el que se la quitó: es decir el partido de la señora Cospedal, de Camps y de Costa. Fue ese partido el que forzó la dimisión de Camps y el que, por medio del mandado Trillo, casi consiguió que el propio Camps se la quitara. La honorabilidad. O sea que aquí quedamos esperando las noticias que Cospedal traiga, cuando ella, que tiene experiencia en convocar periodistas mudos, se conteste sus propias preguntas.
2. La reacción de la prensa socialdemócrata ante la absolución de Camps sólo puede explicarse en términos de adicción. Es muy difícil quitarse, y menos de repente. Así como el tabaco, la heroína y las sectas trabaja la corrupción intelectual. De la imposibilidad de quitarse trata la metadona que se da un Hernández: «Un tribunal profesional no habría absuelto a Camps.»
3. Se afirman una vez los peligros del pueblo y su forma específica en sede judicial. El temible jurado. Cuatro de nueve.
4. Durante tres años la inmensa mayoría de periódicos españoles, liderados por El País, declararon a Camps culpable. Ninguno de ellos exhibe hoy algo parecido a una disculpa antes sus lectores, una mínima contricción, un leve rapto de vergüenza. Sólo un generalizado intento de salvar la cara, con las estratagemas lingüísticas, morales, más patéticas. Es esta falda de hondura, de trapío moral, la que liquida al periodismo.
5. El periódico titula: «Camps absuelto de su responsabilidad penal». ¿Se juzgaba otra? Bah, sólo es un modo de salirse. El subtítulo alude a la aplicación del 'in dubio pro reo'. Sin pararse a pensar que en estos tres años fue la prensa la que aportó las dudas, cuando su única obligación es aportar certezas. Lo más profundamente humillante para el oficio es que el resultado puede leerse así: «Justicia 5, Prensa 4.» Doblemente humillante: por haber competido con la justicia y por haber perdido.
6. Un párrafo del editorial del periódico: «Camps puede decir ahora que no mintió sobre los trajes y que ha sido restablecida su credibilidad, pero eso es algo subjetivo que queda al criterio de cada ciudadano» La adversativa. ¿Le interesa a alguien saber lo que supone esa adversativa? Vamos allá. El primer naufragio.
***
Documentación: 1 y 2.

Así juzga la prensa socialdemócrata

Arcadi Espada.







FRANCISCO CAMPS
Juicio a la era Camps

ISABEL JORDÁN - Exdirectiva de la trama
"Esos 30.000 serán de los trajes de Camps"

Las acusaciones de Camps buscan jurados sensibles a la corrupción

Los acusados se vuelven a esconder

El expresidente, recibido con gritos contra la corrupción
  
Grabaciones y documentos socavan a Camps

"Mi relación con Álvaro Pérez es igual a la que mantengo con muchos"

Acusaciones y defensas intentan ganarse a un jurado joven

Una testigo protegida siembra ahora dudas

El juicio revela la íntima relación de Camps y Costa con la trama corrupta

Correa se acoge a su derecho a no declarar y el juez le impide gesticular
Crespo contesta solo a algunas preguntas para beneficiar a Francisco Camps

"¿Que Tomás declara el viernes?"
La conversación de enero de 2009 entre Correa y El Bigotes, escuchada ayer en el juicio, es un resumen de la trama Gürtel: de los trajes al 'caso Boadilla'

Una testigo protegida siembra ahora dudas
La exempleada había declarado que 30.000 euros eran de los trajes de Camps

El juicio revela la íntima relación de Camps y Costa con la trama corrupta
El ex secretario general del PP valenciano no encuentra explicación a que su nombre y sus medidas figuren en los encargos de tres trajes y seis pantalones

Campos confirma un pacto con Camps para ir juntos a confesar el delito
El Bigotes se niega a declarar salvo una frase para defender al expresidente

Un empleado de Milano declara que Crespo pagó los trajes a Camps y Costa
Su ropa se agrupaba en la misma cuenta que la de El Bigotes, afirma la cajera

El expresidente pide que le traigan un traje de su casa para intentar exhibirlo

Atrapado por el tique 187729
Francisco Camps afronta la segunda semana del juicio minado por la documentación de la tienda en la que niega haber encargado varios trajes

La fábrica de los trajes confirma que confeccionó 12 prendas para Camps

La trama Gürtel pidió alterar las facturas de los trajes de Camps y Costa

"Preparé el traje, Camps vino a caja, no pagó, me dio la mano y se fue"

El informático de Forever declara que encubrió a Camps

El dueño de la tienda de los trajes exculpa a Camps entre contradicciones

El juez Ruz eleva a la Sala de lo Penal el recurso de Correa que pide la libertad

Las 12 + 1 claves de los 12 trajes
El juicio al expresidente valenciano Francisco Camps y al ex secretario general del PP valenciano Ricardo Costa, por presunto cohecho impropio en el caso de los trajes, ha cumplido dos semanas. Las sesiones han revelado la cantidad de documentación que les ha llevado hasta el banquillo.

El testigo clave del juicio jura que Camps "jamás pagó ni un euro de sus trajes"

INTERROGATORIO A JOSÉ TOMÁS, TESTIGO CLAVE EN LA CAUSA DE LOS TRAJES
"Camps me dijo: 'Por favor, sácame de esta. Hablaré con tu jefe y no te faltará de nada"

La causa de la financiación ilegal del PP irrumpe en el juicio de los trajes

La 'caja B' de Orange Market refleja un pago a Crespo para saldar trajes

El juez vuelve a reprender a Camps: "Está ahí detrás pero le veo"

Las anomalías de los contratos a Gürtel se cruzan en el juicio a Camps

El escolta de Camps afirma haberle prestado 200 euros para una chaqueta

El juez vuelve a reprender a Camps por hacer gestos

Los peritos de Hacienda confirman que la trama pagó seis trajes de Camps

Hacienda debilita la versión de Camps de que su juicio se basa en falsedades

El auditor de la tienda de trajes afirma que Gürtel pagó ventas reales

El enigmático jurado de Camps

La policía relata cómo el 'caso Camps' desató la alarma en la red Gürtel

La Generalitat de Camps adjudicó 76 contratos a dedo a la trama Gürtel

El jurado coteja los recibos del pago de los trajes de Camps por la red Gürtel

El jurado escucha las conversaciones en las que Costa y 'El Bigotes' critican a Camps

CAMPS LEE SOBRE TRAICIÓN
Francisco Camps leyó ayer ostensiblemente durante el juicio el libro La ruta antigua de los hombres perversos, un ensayo de René Girard que habla de traición y de Job, personaje bíblico conocido por su paciencia y que el texto califica de "chivo expiatorio de su comunidad".

El jurado accede al escrito del letrado de Camps en el que admitía ser culpable

La defensa de Camps cierra el juicio atacando a jueces, policías y fiscales

Veredicto para un 'muerto' político
El juicio contra Camps y Costa queda hoy en manos de nueve jurados - Sea cual sea su decisión, la trayectoria del expresidente parece amortizada

El juez pone 21 preguntas al jurado para que decida el futuro de Camps y Costa

Un miembro de Nuevas Generaciones, fiel a Camps, en el hotel del jurado  






BALTASAR GARZÓN

El Supremo estudia hoy las recusaciones de Garzón

El Supremo aparta a otros cinco jueces recusados por Garzón

El juez interroga a Garzón sobre sus cuentas en EE UU

Garzón recusa al juez Luciano Varela por falta de imparcialidad y prejuicios

Supremo y Constitucional impiden las últimas recusaciones de Garzón

"GARZÓN SERÁ EL PRIMER CONDENADO DE GÜRTEL Y LA ÚLTIMA VÍCTIMA DEL FRANQUISMO"
Miembros de la plataforma Solidarios con Garzón, en la que participan artistas e intelectuales como Pedro Almodóvar, Luis García Montero, Almudena Grandes, Juan José Millás y José Manuel Caballero Bonald, entre otros, se concentraron ayer frente al Supremo en protesta por "los juicios de la vergüenza" contra Baltasar Garzón.

La trama corrupta Gürtel sienta a Garzón en el banquillo del Supremo

Las escuchas de Garzón sobre Gürtel fueron avaladas por jueces y fiscales

RATIFICARON LAS ESCUCHAS
Los magistrados del Tribunal Superior de Justicia de Madrid Antonio Pedreira (a la izquierda), y José Manuel Suárez Robledano avalaron en resoluciones las escuchas ordenadas por el juez Baltasar Garzón en la cárcel entre abogados y sus clientes de la red Gürtel.

Juicio a un magistrado
Garzón: "Quise bloquear el dinero, no me interesa la estrategia de defensa"

"Esto es un linchamiento"
200 personas apoyan a Garzón frente al Supremo - Achacan el juicio a los celos de los magistrados

Los testigos aseguran que Garzón preservó el derecho de defensa
  
Las consecuencias del 'caso Gürtel'
Garzón reivindica su inocencia en el Supremo con el respaldo de la fiscalía
Con la voz rota, Baltasar Garzón dedicó ayer los que pueden ser los diez últimos minutos de su trayectoria de 23 años como juez central número 5 de la Audiencia Nacional a reivindicar su inocencia en el alegato final tras tres días de juicio.

Garzón vuelve al banquillo, ahora por investigar los crímenes franquistas

"El mundo entero está mirando"
"El mundo entero está mirando", advertían ayer los observadores internacionales que acuden hoy a vigilar el juicio contra el juez Baltasar Garzón por su investigación de los crímenes del franquismo. "Es la primera vez en democracia que vienen al Supremo a supervisar un juicio", subrayó José Antonio Martín Pallín, magistrado retirado de ese mismo tribunal.

El fiscal denuncia el "insólito" borrón del Supremo con Garzón

Guantánamo, Malasia y España
Los había ancianos y jóvenes. Expertos juristas y "prácticamente analfabetos". Quienes habían recuperado los restos de familiares fusilados y otros que los siguen buscando por fosas comunes. Personas que tienen a padres desaparecidos y padres a los que les robaron a sus hijos.

Propuestas piratas, y sus soluciones

Arcadi Espada.



Comprendo que sea decepcionante pero la realidad es a veces muy sencilla. Y no sólo eso: basta un periódico para observarla. Esta noticia, por ejemplo.
Hace años, cuando uno leía noticias de este cariz, se producía el efecto Coluche. Es decir se atisbaba la emergencia de la burla detrás de la aparente seriedad de lo que se planteaba. Uno de los grandes cambios de nuestra vida es que este tipo de iniciativas tienen ahora un sentido recto, sin metáforas. El acceso a la vida pública de una cantidad inmensa de subnormales ha provocado un drástico cambio en el paisaje. Y lo que ha de venir: mañana los animalistas exigirán el voto para los perros, ya que los parlamentos legislan sobre ellos. No será metáfora.
Qué duda cabe que este acceso de la sencillez, de la falta de elaboración, a la vida pública provoca alguna molestia, sobre todo para los que vivimos de pasar una y otra vez el escáner por la vida aparencial. Pero también simplifica las soluciones. Años esforzándose los mejores cerebros de mi generación en la solución del problema y todo estaba en manos del FBI.Soluciones sencillas para la gente sencilla; como debe ser.
—————————
Informando, es un decir, sobre la entrega del objeto del veredicto, la corresponsal de la prensa socialdemócrata escribe:
«Las preguntas son muy concretas y se ciñen a los hechos justiciables. Previsiblemente plantearán cuestiones como “¿Considera probado que Francisco Camps recibió algún regalo por su consideración de presidente de la Generalitat?”, “¿Considera probado que Camps pagó sus trajes?"»
Hasta el último aliento tratarán de que Camps pruebe su inocencia. Pero es evidente que el magistrado sólo puede interrogar a los jurados preguntándoles:
¿CONSIDERA PROBADO QUE CAMPS NO PAGÓ SUS TRAJES? 
Sin vergüenza

Argumento y prueba

Arcadi Espada.


  


Querido J:


Como los misterios de la biología se me quedan pequeños leo ensayos cosmológicos. Lo mejor de estos libros, de una fascinación tan elevada, se produce cuando logro poner un pie en el suelo. Por ejemplo, esta frase de Alex Vilenkin, el físico ruso, de su hipnótico Muchos mundos en uno: «Un argumento es lo que convence a un hombre razonable y una prueba lo que convence, incluso, al menos razonable de los hombres». Ya sospechas que voy a hablarte del caso Camps, que está a punto de sentencia.
Llevo mucho tiempo interesado. Al principio me pareció digno de análisis por la desproporción entre el peso de las acusaciones y el alud informativo que desencadenó la prensa socialdemócrata. Luego me interesó esa figura del cohecho pasivo: una muestra de la capacidad irracional que puede adquirir el Derecho. Por último, y ya inmerso en el frente acusatorio de los periódicos, me pareció que el ex presidente había sido sometido a un juicio paralelo, donde no se advertían ni argumentos ni pruebas. Nada de lo que ha sucedido enestas semanas de juicio me ha hecho pensar distinto.
El examen de las actividades conocidas de Álvaro Pérez en torno al presidente Camps muestra a un comercial interesado en tratar bien a sus clientes y ablandarlos. Pérez vivía en buena parte del Partido Popular y agasajaba a aquellas personas que juzgaba importantes para el buen fin de sus negocios, fueran Francisco Camps, Rita Barberá o Ricardo Costa. Algo perfectamente al alcance de un public relations convencional, aunque tal vez ignorante del alcance perverso del cohecho pasivo. Nada —sus melosidades— que no se haya producido millones de veces entre comerciales, políticos y… periodistas. Sin embargo, hay argumentos poderosos para convencer a un observador ecuánime de que las untuosidades de Pérez no llegaron muy lejos con Francisco Camps.
En primer lugar, está el patrimonio. Una noche en Valencia me contó el ex presidente lo que después repetiría su abogado en el juicio: parte de su perdición había venido porque le cuesta gastar dinero, y los trajes de Milano estaban muy bien de precio. A pesar de su viciosa virtud, lo cierto es que el ex presidente salió de la Generalitat con lo mismo que entró, incluido lo puesto. Ésta es la conclusión, algo desagradable, con que se encontraron los que le han investigado hasta por debajo de sus uñas. Como, a pesar de todo, la cadena Camps corrupto da 197.000 googles, estoy esperando que alguien se haga responsable de la innoble contradicción.
La honorabilidad del presidente respecto a las melosidades de Pérez y adheridos tiene, pues, este argumento genérico (inaplicable, y qué feo es comparar, al caso del ex ministro Blanco), pero también alguno concreto: las conversaciones telefónicas entre Pérez y la familia Camps que interceptó la Policía. Es meditable que de esas conversaciones el pueblo sólo repitaamiguito del alma, que es, en efecto, como le llamaba Camps a Pérez, con léxico de teleñeco. Yo comprendo que nuestra prensa haya querido ver en esa expresión el beso de Andreotti a Totó, y sobre todo su mal aliento; pero lo cierto es que esa sentimentalidad de mazapán queda muy tocada cuando en la segunda conversación (y última: en muchos meses de pinchazos en hueso, la Policía sólo interceptó dos diálogos navideños entre Camps y Pérez), la esposa del ex presidente le dice a Pérez que se ha pasado «varios pueblos» con sus regalos de Reyes y que, en consecuencia, «no me los voy a quedar.» Comprendo también que amiguito del alma te quiero un huevo tenga sobre No me los voy a quedar una gran superioridad rítmica; pero sólo dando por entendida la amarga verdad: el que nuestra prensa ya no fabrique titulares, sino politonos.
La conversación telefónica de la esposa demuestra, por lo demás, algo sustancial: que la familia Camps conocía dónde estaba el límite entre la función social y la función corruptora del regalo. Y es sorprendente que el instructor Flors no lo recogiera así en unos autos, creativos y gramáticos, que no vacilaban en aplicarse a la ontología profunda del regalo, la dádiva o el cargo.
Hasta aquí los argumentos básicos que convencerían a un hombre razonable. En cuanto a las pruebas que convencerían al menos razonable, la conclusión es inequívoca: las acusaciones no han probado que Francisco Camps aceptara «dádiva o regalo que le fueren ofrecidos en consideración a su función». Fueren trajes, zapatos, chalecos u otras fantasías. Cierto: hay un director de moda que, después de haber dicho otras veces lo contrario, declaró en el juicio que el ex presidente no pagaba y lo juró por Dios, creo que el mismo que el de Camps. Pero tu palabra contra la mía sólo se le admite a la violada y no parece el caso del buen mozo. Ni el suyo ni tampoco el de la cajera, que declaró algo cinematográficamente Y que cuando esperaba que Camps le diera el dinero sólo le dio la mano. Siempre les pierde el topos de novela: como cuando el sastre dijo que le dijo sácame de ésta y no te faltará de nada.
En cuanto a los documentos, sin duda prueban que entre las provincianas melosidades de Álvaro Pérez se encontraban las textiles. Pero en el juicio, y en relación al ex presidente, no se ha producido la exhibición que cualquier lego necesitaría. Esta sencilla secuencia ante un jurado ávido: aquí está este traje: aquí está su factura: aquí está el recibo del pago. Porque, arrancando de la premisa esencial, entre las evidencias más extraordinarias que este juicio grotesco y manqué procura, se halla la de que nadie ha dicho ni descrito ni mostrado de qué trajes concretos se está hablando. De la orgía conceptual destaca un solo hecho: Francisco Camps ya no es el presidente de la Generalitat valenciana.
Sin embargo, debo reconocer algo. Sí, debo echar de la boca el notición. El presidente Camps tampoco ha logrado demostrar su inocencia. Ya sabes que nunca leo un libro solo. Sobre todo si son de Alba. El de Vilenkin iba combinándolo con el de Thomas Levenson: Newton y el falsificador. La historia de cómo Isaac Newton, intendente de la Casa de la Moneda en los años que tocó tierra, llevó a la horca a William Chaloner, el más grande falsificador inglés. Chaloner era un canalla. Pero la implacable caza de Newton se va haciendo a cada página más odiosa. Uno espera que la descripción del juicio le libre, finalmente, de la aflicción. Pero el juicio sólo es otra instancia del crimen. Te bastarán estas líneas de Levenson. «A finales del siglo XVII, los procesos judiciales en Inglaterra eran brutalmente expeditivos. No había presunción de inocencia».
No. No la había. Pasa frecuentemente. Creemos que nuestras vértebras morales nos han sostenido siempre. Y no. Son recientes, frágiles, costaron mucho sufrimiento. Asombra nuestro frívolo derroche. Cierto, no hay que exagerar. Camps no irá a la horca. Ya ha ido.
Sigue con salud,
A.
(El Mundo, 14 de enero de 2012)

¡Qué intolerable desafío, el de un hombre defendiéndose!

Por Arcadi Espada.

La prensa socialdemócrata ve el asunto con una gran claridad. «Camps declara en el juicio que pagó los trajes, pero no aporta pruebas.» Para que aprendan los niños, no en vano la noticia más preocupante para el expresidente es que hay miembros de su jurado que apenas tiene treinta años. Es decir que se habrán formado bajo la lógica que hoy expone con supina cara dura nuestra prensa, esto es, que un acusado debe demostrar su inocencia. Una actitud, en todo caso, perfectamente explicable porque cuando declare el valiente sastre Tomás nuestra prensa no escribirá lo que es cierto desde el minuto uno… «El sastre declara en el juicio que Camps se llevó gratis los trajes, pero no aporta pruebas.»
El expresidente no aportó pruebas, porque no puede aportarlas; pero sí indicios razonables del porqué no puede: no pide tickets ni facturas porque no va a desgravarlos ni le van a devolver el monto a cuenta de gastos de representación. O sea que hace lo mismo que yo. Y, probablemente, aunque esto no lo dijo, porque en la ganga del Forever Young de Serrano (trajes a mitad de precio) no estaba incluido el IVA que obligatoriamente debe constar en una factura.
El periódico y alguno de sus comentaristas se encelan en el desafío. «Camps desafiante», dice la portada. Y el comentarista González, que aún se arranca: «Flamenco y muy desafiante.» Hombre, hombre. Esta es la misma estrategia que cuando a alguno le llaman polémico, a fin y efecto de que sepa que juega en campo ajeno. Resulta que durante más de dos años una desafiante manada mediática miente sobre un hombre, se burla zafiamente de él (El Curita, Amiguito del Alma) y consigue su propósito de echarlo de la presidencia de la Generalitat. Y cuando este hombre, por vez primera durante estos años, tiene la oportunidad de hablar seguido y sin intermediarios sobre él y su circunstancia dice cosas como:
1. Que salió de la Generalitat con su (pequeño) patrimonio intacto.
2. Que conocía a Álvaro Pérez como lo conocía todo el partido.
3. Que el entrar en el Gobierno redactó una circular por la que prohibía aceptar regalos a partir de una determinada cuantía.
4. Que devolvió los regalos navideños de Álvaro Pérez y que la prensa cercenó ese trozo del pinchazo telefónico que describía esa voluntad propia y de su esposa.
5. Y que el magistrado de la causa trabajó en la secretaria general de Presidencia en los tiempos del socialista Lerma.
Entonces el periódico escribe que incurre en desafío. El fuste torcido de la humanidad, sin duda.
Al fiscal, al juez instructor, a la policía y a la prensa española les aguardan unos días difíciles. Habrán de probar que Francisco Camps se quedó unos trajes sin pagarlos y que fue a causa de su cargo. Esta es la cuestión y todo lo demás humo de chusma.
Y una cosa más. Contrariamente al relato mediático dominante, Camps no habló ayer de política. Solo trató de defenderse. Hablar de política sería, por ejemplo, hablar de Eduardo Zaplana. Puede que algún día lo haga. Pero no fue ayer.

Honorable, sí por Arcadi Espada

Vía Arcadi Espada. Las negritas son mías.
Querido J:
Llevo dos semanas sin escribirte, y los asuntos guardan cola, enardecidos. Lo siento, pero esta semana no podré hablarte del cura David, al que su obispo ha dejado caer, al fin, cobardemente, acuciado por la horda del periodismo y la política locales. No voy a poder ir hoy, a las siete, a Sant Vicenç de Castellet, a la última misa en el pueblo del joven capellán. Pero espero poder darte fe más pronto que tarde. Tampoco te hablaré de News of the World y el sensacional ejercicio de hipocresía de la supuesta prensa de referencia. Te valga por el momento saber que Hitchens comparó en Slate el caso News con el caso Wikileaks, señalando, además, que el segundo trataba sobre asuntos de verdadera importancia. Y Hitchens aún se mostraba léxicamente pudoroso: yo te habría escrito sobre lo que hizo la prensa receptadora con el material de Wikileaks.
Tengo ahora otra urgencia, que es la de honrar a Camps. Esta semana el presidente de la Generalitat valenciana renunció a su cargo, volvió a declararse inocente y anunció su intención de defender hasta el final su honra. Esta decisión fue tomada el mismo día que los periódicos anunciaban un inmoral enjuague mediante el que Camps se declararía culpable, pagaría una multa y seguiría (¡con antecedentes penales!, se santiguaba una y otra vez nuestra prensa socialdemócrata) al frente de la Generalitat. La decisión pilló a los periódicos a contrapié. El espectáculo es formidable. Dos días después la prensa socialdemócrata aún sigue delirante en el rincón, acusando a Camps no de lo que ha hecho, sino de lo que tenía intención de hacer. Se comprende.
Si la decisión de Camps hubiera sido admitir su culpabilidad y declararse un mentiroso irrisorio, la imagen que durante dos años ha ido construyendo de él nuestra prensa habría obtenido el refrendo de su voluntad. Camps ha sido sometido a una de las campañas de difamación más grotescas de que tiene memoria la democracia española. Sin la más mínima precaución ética se ha diseñado un muñeco místico y melifluo (el camino adjetivo que va desde El Curita hasta Amiguito del Alma), cursi, presumido, acobardado, corrupto -aunque, más precisamente, un tonto corrupto, capaz de enriquecer a ladrones y de no quedarse ni la comisión, que le pedía l’argent de poche a su esposa, para más inri provinciano, farmacéutica-. Esta sucia y barata campaña se ha basado, de modo muy reaccionario, limítrofe con los modos fascistas, en trazos puramente de carácter. También se comprende. Otras impugnaciones no eran fáciles. Camps ha sido presidente en un periodo de general esplendor para su comunidad. Ha ganado tres veces las elecciones por mayoría absoluta. Y la indagación sobre su patrimonio personal ha dado resultados negativos: el cohecho de Camps habrá sido tan impropio que es muy probable que, como dijo en su discurso, se haya ido con menos de lo que llegó. Solo quedaba una posibilidad medianamente política: la de presentar al empalagoso frailuno como un hombre obsesionado por el poder, incapaz de abandonarlo. Esa posibilidad que ha roto de cuajo la última decisión presidencial. Se comprende que sigan en el rincón, delirantes.
La decisión ha sido también impecable, respecto a su timing. Camps ha abandonado el poder en el momento procesal que debía: esto es, después de que se le comunicara el auto de procesamiento; cuando, ateniéndose al sistema judicial español, los indicios judiciales se han articulado en un relato coherente. Naturalmente el jurado habrá de decidir si además de coherente es veraz; pero parece una elegante muestra de acatamiento y respeto al Estado democrático que un elegido abandone sus responsabilidades cuando un juez instructor argumenta que es culpable de un delito.
Ni antes ni después: en ese momento. Hay otro asunto incluido en el acatamiento y las formas que conviene recordar, porque afecta a una figura de idéntico rango político que Camps. En 1982, cuando el imputado Jordi Pujol se vio en peligro (porque el Ministerio Público le imputó algo más que tres trajes) se convocó al pueblo soberano para que resolviera en las calles lo que se elucidaba en el juzgado, aquella manifestación inolvidable que fue acto fundacional de la putrefacción catalana. Jamás, en los dos años que ha durado la investigación judicial y el acoso mediático, Camps cedió a la tentación de sacar a la calle a las muy coloristas masas valencianas. Sus enemigos dirán que prefirió gozar en intimidad y silencio de las ganancias del cilicio. Pero más allá de sus violentos sarcasmos, lo cierto es que las únicas manifestaciones del caso Camps fueron protagonizadas por las turbas de indignados.
Ya sabes lo que opino sobre el fondo del delito del que se le acusa. Escribí una vez que el artículo 426, que describe el cohecho impropio y por el que van a juzgar a Camps, «es una muestra sobresaliente de estulticia jurídica y lógica, y, teniendo en cuenta el burdo y enfático pleonasmo que incluye («regalo o dádiva»), también gramatical». Yo agradezco mucho a Camps que haya decidido someterse a juicio. No sólo se lo agradezco como ciudadano. También como técnico. El instante del juicio oral va a ser un momento interesantísimo porque habrá de probarse que Camps no pagó unos trajes. Una situación radicalmente diferente a la del repulsivo juicio mediático en el que hasta ahora, y mediante un selectivo copypaste de declaraciones y escuchas telefónicas, sólo se ha exigido que Camps pruebe que pagó los trajes. Es decir, que pruebe su inocencia.
La mejor consecuencia, sin embargo, de la honradez de Camps es la raya que traza. Es verdad que en primera instancia queda validada, por el devenir de los hechos, la caja b de la democracia: juicios mediáticos o insolvencia de las leyes. Pero lo sustancial es que un presidente de la Generalitat ha dimitido porque, presuntamente, le regalaron tres trajes. Un regalo que, como el instructor reconoce, no tuvo ninguna consecuencia en sus decisiones como jefe de gobierno, hasta el punto de que el propio candidato Rubalcaba tuvo que admitir, aludiendo a Gürtel, que lo importante «está debajo». Es posible. Lo que es seguro, por contra, es que Camps ha sido jurídicamente liberado, de sus vinculaciones con la trama, que ya solo mantiene la comprensible melancolía de la prensa socialdemócrata. Por lo tanto, ahí queda trazado, gracias al honor intacto de Francisco Camps, el nuevo umbral de la moralidad política española. Al que todos habrán de atenerse. Tres trajes. Presuntos. Y de Milano.
Sigue con salud.
A.