Héroes, 29 de agosto: Eloy García Cambra y Manuel Indiano Azaustre



El 29 de agosto de 1972 la banda terrorista ETA asesina en Galdácano al policía municipal ELOY GARCÍA CAMBRA cuando cuatro de sus miembros eran conducidos al cuartel de la Policía Municipal de la localidad para ser identificados.
La noche anterior, el lunes 28 de agosto, García Cambra había localizado un coche Seat 600 que le infundió sospechas. El vehículo estaba aparentemente abandonado, con las puertas abiertas y las llaves escondidas debajo de la alfombrilla, por lo que establecieron un servicio de vigilancia en torno al mismo. Al día siguiente por la mañana, observó que un individuo se acercaba al coche, por lo que le abordó preguntándole si era de su propiedad. El individuo, de aspecto sospechoso, respondió que era el coche de un amigo y otras vaguedades, que hicieron aumentar las sospechas del policía municipal. Por otro lado, al observar que otros tres desconocidos merodeaban por los alrededores, Eloy García le preguntó si los conocía, a lo que el sospechoso dijo que no. Tras estas explicaciones, el individuo se subió en un autobús de la línea Galdácano-Bilbao, descendiendo en la primera parada, dentro aún del casco urbano, donde le recogieron los otros tres individuos, que habían tomado previamente en un taxi. Estas extrañas maniobras habían sido observadas por Eloy García Cambra que decidió subir al Land Rover de la Policía Municipal con su compañero, el agente Ignacio Rubio, y dirigirse a un cruce de carreteras por donde era posible que pasase el taxi, como así sucedió.
Al llegar el taxi a Plazacoeche, los agentes municipales lo pararon y pidieron la documentación a los cuatro sospechosos. Estos manifestaron que no la llevaban encima por lo que los municipales pidieron ayuda a una pareja de la Guardia Civil, que se encontraba de servicio en el cruce de carreteras donde habían interceptado el taxi, y decidieron trasladarlos al cuartel de la Policía Municipal. El sargento de la Guardia Civil, Herminio Nebreda del Álamo, se montó en el taxi con tres de los sospechosos, mientras al cuarto lo llevaron en el Land Rover con los dos policías municipales y el otro agente de la Guardia Civil.
En el momento en el que llegaron al cuartel de Galdácano, se bajaron del Land Rover, primero los dos policías municipales y el guardia civil y, a continuación, el individuo sospechoso, que era el mismo que había intentado subirse en el Seat 600 unas horas antes. Inesperadamente, el sospechoso dio un empujón al guardia civil y disparó a quemarropa contra García Cambra, que fue alcanzado por dos disparos en la nuca y en la espalda. Se inició entonces un intenso tiroteo, en el que resultó herido en una pierna el sargento Herminio Nebreda del Álamo. 
Los agresores huyeron corriendo hacia las afueras de Galdácano, aunque volvieron posteriormente con la intención de sustraer un Mini-Morris aparcado en la calle. Preguntaron por su dueño, Vicente Aranguren, a quien le pidieron colaboración para trasladar a un herido en accidente laboral. El dueño accedió a llevarles a Bilbao e, incluso, uno de ellos sacó un pañuelo blanco por la ventanilla para tener preferencia de paso. Antes de llegar a la clínica donde tenía que ser atendido el supuesto herido por accidente laboral, los cuatro sospechosos se bajaron del coche, y le dieron al dueño doscientas pesetas para compensarle por los gastos de gasolina.
En el lugar de los hechos los terroristas dejaron abandonada una cartera con ganzúas para abrir coches, una caja con munición del calibre 9 milímetros, una navaja de muelle grande y diversos papeles escritos en euskera. En el Seat 600 se encontró una caja de munición del calibre 9 milímetros, tres permisos de conducir robados, una libreta con anotaciones, ejemplares de propaganda y relaciones de matrículas de coches, la mayoría de la Policía de San Sebastián y de Bilbao, aunque también de particulares. Por la documentación incautada se logró conocer quiénes fueron los autores del atentado, por lo que las Fuerzas de Seguridad iniciaron una amplia operación de rastreo en la que se interrogó a unas cuarenta personas y se detuvo a varias personas supuestamente relacionadas con el ETA-V Asamblea. En su edición del 7 de septiembre de 1972 el diario ABC informaba que la Guardia Civil había identificado de forma fehaciente a los cuatro terroristas que habían intervenido en el asesinato de García Cambra, datos que coincidían con los que tenía la Jefatura Superior de Policía de Bilbao. Los terroristas que participaron eran José Ignacio Múgica Arregui, alias Ezquerra, Roberto y Bigotes; José Luis Zabalonde Loibe, alias El Cojoe Iker; Isidro Garayalde Bedialauneta, alias Mamarru y Ondarrú, experto en explosivos, y José Antonio Aranguren Múgica, alias Julen. Los cuatro eran miembros de ETA militar liberados.
El 30 de agosto por la tarde se celebró el funeral por el alma del policía municipal asesinado, presidido por el ministro de Justicia, Antonio María de Oriol y Urquijo, al que asistieron miles de personas. Casi todos los comercios de la localidad permanecieron cerrados durante una hora en señal de duelo. 
Eloy García Cambra tenía 44 años y era natural de San Martín de Unx (Navarra). Vivía en el barrio Capitán Aldecoa de Galdácano (actualmente Tximelarre Goikoa), y era un hombre popular y apreciado por sus vecinos. Estaba casado con Milagros Martínez Sanz y tenía cuatro hijos: dos varones de 16 y 18 años y dos chicas de 15 y 13. Pertenecía desde quince años antes al cuerpo de la Policía Municipal. Tras su asesinato el Ayuntamiento de la localidad le dedicó una calle con su nombre en el barrio donde vivía. El 19 de octubre de 1972 le concedieron la Cruz al Mérito Policial, con distintivo rojo, a título póstumo, pensionada en la persona de su viuda. En septiembre de 1974 el presidente de la Diputación de Vizcaya, Pedro Arístegui, propuso la concesión de la Medalla de Plata de la Provincia a título póstumo a García Cambra y al guardia civil Martín Durán Grande, asesinado en Bilbao en septiembre de 1974. Los dos habían sido asesinados por ETA en acto de servicio. En abril de 2007, el Ayuntamiento de Galdácano realizó un homenaje a las once víctimas mortales del municipio y se inauguró un monolito en su memoria, al que sólo pudieron asistir los familiares de García Cambra y Leoncio Sáinz, que sobrevivió a un atentado. Eloy García Cambra fue la quinta víctima asesinada por ETA y la única del año 1972.

Poco después de las diez de la mañana del martes 29 de agosto de 2000, la banda terrorista ETA asesinaba en Zumárraga (Guipúzcoa) al concejal del Partido Popular en la localidad MANUEL INDIANO AZAUSTRE, cuando se encontraba solo atendiendo un comercio de golosinas de su propiedad. Los terroristas, miembros del grupo Buruntza de ETA, lo acribillaron disparándole hasta catorce disparos, de los que al menos siete impactaron en el pecho y el abdomen, causándole la muerte.
Después de trabajar durante algún tiempo en una empresa en Urrechu, Manuel se había quedado en el paro y decidió adquirir, en régimen de traspaso, un pequeño negocio en la calle Islas Filipinas de Zumárraga. Después de realizar reformas en el local lo había abierto al público dos meses antes de ser asesinado. El Kokolo era una tienda donde se vendían golosinas, revistas y pan. Cuando los terroristas entraron en la tienda, el edil intentó huir, refugiándose en la trastienda, pero los etarras lo siguieron y le acribillaron a disparos. Un cliente lo encontró tendido agonizando en el suelo de la parte trasera del negocio. Trasladado al Hospital Comarcal de Zumárraga, los médicos intentaron reanimarlo, pero no pudieron hacer nada y certificaron su muerte una hora después del ingreso.
Indiano no llevaba escolta desde el 3 de abril de ese mismo año. Renunció a ella, pese a las recriminaciones de sus compañeros de partido, por considerarla incompatible con la venta de dulces a los niños. El edil había barajado la posibilidad de dejar el Ayuntamiento, pero no se decidió a tiempo.
Manuel Indiano no era militante del Partido Popular, pero había concurrido como independiente en el puesto número seis de las listas populares. Tras las elecciones, el PP sacó dos concejales en Zumárraga, pero el segundo en la candidatura, Faustino Villanueva, renunció a su cargo alegando incompatibilidad con su trabajo en Proyecto Hombre, institución dedicada a la rehabilitación de drogodependientes. Las tres mujeres que le precedían en la lista renunciaron a reemplazarlo, por lo que Indiano ocupó el puesto de Villanueva. Llevaba sólo seis meses ejerciendo cuando fue asesinado.
ETA reivindicó el asesinato mediante un comunicado enviado al diario Gara el 22 de septiembre en el que decía que Indiano había sido traído de España por el PP "para rellenar su lista". En el mismo comunicado la banda terrorista reivindicó el atentado contra José Ramón Recalde el 14 de septiembre de 2000, que sobrevivió al atentado pese a recibir un disparo en la cabeza.
Los padres del concejal, que vivían en Madrid decidieron no viajar a Zumárraga el día de su asesinato debido a que estaban muy afectados. Sí se trasladaron hasta la localidad una hermana y un hermano del fallecido, quienes velaron su cadáver en el tanatorio del cementerio de Polloe, donde se le practicó la autopsia. La familia decidió que las honras fúnebres por Manuel Indiano se celebraran al día siguiente, 30 de agosto en Madrid. En Zumárraga también se celebró el 30 de agosto una misa en recuerdo del edil asesinado.
Tras el pleno del Ayuntamiento de Zumárraga en el que representantes del PP y del PSOE increparon a los de Euskal Herritarrok, se celebraron dos manifestaciones. Por un lado, socialistas y populares se manifestaron bajo el lema "ETA, basta ya". Por otro, los nacionalistas, con la pancarta "ETA, déjalo. El pueblo tiene la palabra".
Diez años después del asesinato, en noviembre de 2010, la Audiencia Nacional condenó a 31 años y 6 meses de prisión a Francisco Javier Makazaga por el asesinato de Manuel Indiano. La sentencia da por probado que Makazaga y otros dos etarras no identificados dispararon "no menos de 14 veces, al menos seis de ellas por la espalda" al concejal cuando se encontraba en su establecimiento. Destaca, además, que el etarra debe ser condenado al máximo legal dada "la saña" empleada en su muerte. Los magistrados han tenido en cuenta a la hora de dictar sentencia la situación de absoluta desprotección de la víctima y el lugar donde se ejecutó el atentado, "una tienda de golosinas y pan a la que acuden menores", y califican al asesino como alguien "frío, carente de toda empatía y del más mínimo rasgo de humanidad". Entre las pruebas valoradas por el tribunal para la condena, se encuentra una carta remitida por el etarra tras su detención, un año después de los hechos, a la dirección de ETA en Francia en la que había escrito de su puño y letra: "Los tres hicimos lo de Indiano".
En una carta remitida a los medios de comunicación en octubre de 2010, cuando el juicio quedó visto para sentencia, la viuda de Indiano dijo:
"(...)Tras 10 años del asesinato de mi marido Manuel Indiano, hoy la justicia ha sentado en el banquillo a uno de sus asesinos, a los cuales digo alto y claro que nunca les perdonaré el asesinato de Manuel, como tampoco el dolor y daño causado a mi familia y a mí misma como consecuencia de tan vil asesinato. Pido a los jueces que caiga sobre este asesino todo el peso de la Ley, ya que a mi marido lo asesinaron a traición sin darle la oportunidad de defenderse, ellos se benefician de nuestra democracia, hoy tienen un juicio justo. Por eso no se les debe de conceder ninguna clemencia. Pido al Gobierno que en nombre de mi marido no se ceda al chantaje de los terroristas, a Manuel lo asesinaron por defender España, y el gobierno de su país no puede ni debe mancillar su memoria trapicheando con sus asesinos. Pido a Instituciones Penitenciarias que no apliquen ningún privilegio a este asesino, bastantes beneficios a los terroristas hemos tenido que soportar las víctimas del terrorismo. Pido al Ministro de Interior que este asesino cumpla condena en la cárcel más lejana al País Vasco, no me importa que los familiares de este asesino tengan que hacer cientos de kilómetros para ver a su hijo, ellos lo verán con vida, mi hija y yo hacemos también cientos de kilómetros para poner flores en una tumba, espero no tener que ver al Ministro diciendo que este terrorista no es de ETA como lo ha hecho este verano con otros compañeros de pistolas del asesino de mi marido".
Manuel Indiano Azaustre, de 29 años, era natural de Madrid, donde fue enterrado. En esa ciudad estudió electrónica y se trasladó a Zumárraga tras iniciar una relación con Encarnación Carrillo, que trabajaba entonces como limpiadora en el Ayuntamiento de la localidad. Encarnación estabaembarazada de siete meses cuando asesinaron a Manuel. Debido al estado en que se quedó al enterarse del asesinato de Manuel, los médicos decidieron que ingresara en observación en el Hospital de Zumárraga. A lo largo de toda la mañana se acercaron al centro hospitalario representantes políticos, como la presidenta del PP en Guipúzcoa, María San Gil, los socialistas Rodolfo Ares y Manuel Huertas, Begoña Lasagabaster, de Eusko Alkartasuna, además del portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, y el delegado del Gobierno en el País Vasco, Enrique Villar.
La hija de Manuel y Encarnación, María, nació en octubre de 2000. La concejala de Bienestar Social de Zumárraga, Usua Busca, de Eusko Alkartasuna (EA) se volcó a la hora de ayudar a Encarnación, hasta el punto de amadrinar a la hija del edil asesinado. Este fue el motivo por el que el entorno proetarra inició una campaña de acoso y derribo contra ella, que tomó la decisión de dimitir como concejala en enero de 2002. Usua Busca no asistió al pleno en el que se formalizó su renuncia, pero se leyó una carta en la que explicaba que dejaba su cargo debido a las amenazas sufridas por ella y su familia. Entre otras, un falso aviso de bomba en su domicilio y manifestaciones delante de su casa de simpatizantes de ETA. Encarnación acabó poniendo tierra por medio y se instaló en Andalucía, con su hija Ayeisha, nacida de un matrimonio anterior, y la pequeña María.

El fracaso de la política antidrogas en Latinoamérica. Juan Carlos Hidalgo

Instituto Juan de Mariana. VII Universidad de Verano. Lanzarote 16-21 de julio de 2012.

Reuben Negron

Web.
















La falacia “natural” igual a “seguro”

por Edzart Erns. (English)


Edzart Ernst
Las cosas que son naturales deben ser seguras. Esta falacia está profundamente arraigada en nuestras mentes. Parece casi como si, en cuanto seres humanos, estuviéramos determinados para creer en este mito. Una industria entera se ha desarrollado alrededor de esta afirmación: desde pasta dentrífica a vino, desde comida para perros a crema para manos, se considera que los productos son mejores si llevan la etiqueta “natural”. Un sector que prospera claramente con esta falacia es la medicina alternativa (MA).
Gran parte de la popularidad de la MA puede explicarse por medio de la atracción que ejercen las cosas naturales. De acuerdo con sus defensores, la MA es natural y, por definición, esto significa que está libre de riesgos. ¡No como esas malvadas drogas sintéticas y químicas que nos prescriben, que son una gran causa de mortalidad! Esta falsa lógica convence no sólo a pacientes y consumidores, sino que también parece fascinar a grandes sectores de la prensa popular y muchos políticos. Pese a su popularidad, la noción es obviamente errónea y seriamente equivocada.
Lo primero que todo pensador critico debe hacer nota es el simple y desarmante hecho de que, bajo ningún concepto, la MA es natural. Por ejemplo, que hay de natural en un acupuntor aplicando agujas a sus pacientes, en un quiropractico forzado las vertebras por encima de su rango fisiológico de movimiento, de un homeópata diluyendo sin fin sus remedios, o de un irrigacionista del colon colocando un tubo “allí donde no luce el sol”. Cuánto más de cerca miramos, más nos damos cuenta de que, en la MA, lo natural es poco más que una falsa etiqueta que frecuentemente no coincide con la realidad.
Lo siguiente que no debemos dejar de observar es el indiscutible hecho de que no existe una terapia totalmente libre de riesgos. Los remedios homeopáticos, por ejemplo, usualmente carecen tanto de moléculas activas como de efectos adversos directos. Pero esto no significa que la homeopatía no pueda hacer daño. De hecho, cualquier tratamiento ineficaz que es empleado en enfermedades serias inevitablemente causará un daño substancial, si reemplaza a las terapias eficaces.
Otras formas de MA se han asociado con considerables riesgos directos. Las manipulaciones quiroprácticas, por ejemplo, se han asociado con numerosas serias complicaciones tales como ataque al corazón y muerte.
De modo similar, los remedios a base de hierbas pueden ocasionar efectos adversos a través de la toxicidad de sus ingredientes o de interacciones con drogas sintéticas. La irrigación del colon ha llevado al agotamiento de electrolitos y perforación intestinal. La aromaterapia puede ocasionar reacciones alérgicas, etc, etc.
Pero los entusiastas insistirán en que, en su conjunto, la MA es relativamente segura, esto es, que ocasiona menos problemas que los tratamientos convencionales. Este argumento podría muy bien ser cierto pero, si es empleado para promocionar la MA, de todos modos es equivocado. En primer lugar, es preciso señalar que, en la MA, los sistemas de vigilancia post-marketing de la medicina convencional no existen. Por tanto es concebible, incluso probable, que la relativa seguridad de la MA pudiera no ser totalmente correcta. En segundo lugar, deberíamos recordarnos a nosotros mismos que el valor de un tratamiento no está determinado sólo por su seguridad. Hay muchas intervenciones seguras aunque inútiles así como terapias útiles aunque dañinas. El valor de un tratamiento dado está determinado por la cuestión de si genera más bien que daño. Si un tratamiento es ineficaz, incluso los menores riesgos podrían inclinar el balance de riesgos y beneficios hacia el lado negativo. Si otro tratamiento está lastrado por severos efectos adversos pero sus acciones pueden salvar una vida, aún puede ser extraordinariamente útil.
La conclusión de todo esto no podría ser más sencilla: el supuesto de que lo “natural” equivale a lo “seguro” es erróneo. En el reino de la MA, donde es empleado con propósitos promocionales, esto también es erróneo, tanto que puede poner en riesgo la salud de los que caen en esta falacia.
Edzart Ernst es profesor de medicina complementaria en el Peninsula Medical School, Exeter, Gran Bretaña.

Víctimas, 28 de agosto: Aurelio Salgueiro López, Alfonso Estevas-Gilmain Muñoz y Jesús María Echeveste Toledo

Libertad Digital.


A las once y veinte minutos del lunes 28 de agosto de 1978, la banda terrorista ETA asesinaba en Mondragón (Guipúzcoa) al cabo primero de la Guardia CivilAURELIO SALGUEIRO LÓPEZ perteneciente al Servicio de Información (SIGC) cuando, vestido de paisano, se dirigía al cuartel después de haber recogido la correspondencia en la estafeta de correos.
Este itinerario lo realizaba diariamente y siempre a la misma hora. A mitad del recorrido entre Correos y el cuartel, en una pequeña plazoleta donde confluían las calles Zarugalde, Toribio Aguirre e Ignacio Zuloaga, fue abordado por dos miembros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas que le dispararon varios tiros por la espalda con una pistola. Aurelio Salgueiro cayó al suelo boca arriba, quedando la correspondencia desparramada junto a su cuerpo, y fuerematado en el suelo delante de uno de sus hijos, de 14 años, con el que se acababa de encontrar.
Inmediatamente después de producirse el asesinato, los dos terroristas se dieron a la fuga en un vehículo Renault 5 TL de color amarillo en el que les esperaba un tercer individuo. El coche había sido robado a punta de pistola en Éibar a las nueve y media de la mañana del mismo día. Los terroristas obligaron a su propietario a subir al mismo y posteriormente lo dejaron atado y abandonado en Arrate. El vehículo fue encontrado a las cinco y media de la tarde en las cercanías de Éibar. 
La víctima había recibido cuatro impactos de bala alojados en el tórax y en la cabeza. El cuerpo del guardia civil permaneció en el suelo durante más de quince minutos desangrándose sin que nadie acudiera a socorrerlo, mientras su hijo, en estado de shock, daba aviso al cuartel. Aurelio fue trasladado en un turismo particular al centro asistencial de Mondragón, donde ingresó cadáver.
La capilla ardiente por el guardia civil se instaló a las cinco de la tarde en el cuartel de la Guardia Civil y el funeral tuvo lugar al día siguiente, a las once de la mañana, en la iglesia parroquial de San Juan Bautista de Mondragón.
El 29 de agosto una llamada a Egin reivindicó en nombre de un Comando Autónomo, Independentista y Anticapitalista el asesinato de Aurelio Salgueiro, que "había sido sentenciado por las asambleas populares por ser miembro de las fuerzas represivas".
La pistola con la que asesinaron a Aurelio Salgueiro, una Browning GP-35, fue incautada a José María Iturrioz Garmendia el 15 de noviembre de 1978 cuando fue abatido por agentes de la Guardia Civil después de ametrallar la casa-cuartel de Arechavaleta. En la acción participaron también otros dos miembros de los CAA, Roberto Aramburu Uribarren y Enrique Zurutuza Odriozola. Tras el ametrallamiento, se produjo una persecución y un tiroteo que finalizó en Mondragón donde, además de Iturrioz Garmendia, resultaron muertos Aramburu Uribarren y una vecina de la localidad, Emilia Larrea Sáez de Adacia. Zurutuza Odriozola resultó herido de gravedad y fue detenido posteriormente.
Aurelio Salgueiro López, tenía 46 años y era natural de Monforte de Lemos (Lugo), localidad donde fueron enterrados sus restos mortales. Estaba casado y tenía siete hijos con edades comprendidas entre los 18 años, el mayor, y 11 meses la pequeña. Llevaba ocho años en el cuartel de Mondragón, al que fue destinado en agosto de 1970.
Horas después, a las nueve y media de la noche del lunes 28 de agosto de 1978, la banda terrorista ETA asesinaba a tiros en Fuenterrabía (Guipúzcoa) al jefe del Servicio de Información de la comisaría de Irún, el inspector de PolicíaALFONSO ESTEVAS-GILMAIN MUÑOZ, cuando se disponía a aparcar su coche cerca del edificio Miramar de Fuenterrabía, junto al Bidasoa, donde tenía su domicilio. Los terroristas, que utilizaron un Seat de color blanco para huir, dispararon dos ráfagas de metralleta, desde un lateral del vehículo y desde la parte trasera, provocándole la muerte en el acto. Su mujer y uno de sus tres hijos, que llegaban en ese momento a casa, fueron testigos del asesinato. En el lugar de los hechos se recogieron diecinueve casquillos del calibre 9 milímetros parabellum.
El 30 de agosto ETA-pm reivindicó el asesinato del inspector Alfonso Estevas-Gilmain en un largo comunicado de cuatro folios enviado a los diarios Egin y Deia en el que se vertían diversas acusaciones. La banda terrorista justificó su asesinato acusando a la víctima de estar relacionada con el atentado sufrido en el sur de Francia por el exdirigente de ETA Juan José Etxabe, dato desmentido por la familia en otro comunicado enviado por su viuda el 6 de septiembre. El atentado contra Etxabe también se utilizó como justificación para asesinar a Tomás Sulibarria Goitia, contra el que habían atentado el 30 de agosto de 1978, dos días después de asesinar a Alfonso Estevas-Gilmain, sin conseguir acabar con su vida, y al que asesinaron finalmente dos años después, el 3 de junio de 1980. Tras el primer intento de asesinarlo, el 30 de agosto de 1978, la banda terrorista ETA emitió un comunicado responsabilizándose del atentado contra Sulibarria, en el que le acusaba de"haber traicionado a la organización" y ser miembro a sueldo de los Servicios de Seguridad españoles desde que había sido detenido por un breve espacio de tiempo tres años antes, en 1975. La versión de la banda fue que Sulibarria huyó a Francia en mayo de 1978 con la intención de "introducirse entre los refugiados para llegar a tener acceso a aquellos a quienes el Gobierno atribuye una mayor influencia política". Fruto de esa actividad y "en colaboración con su enlace de los servicios de seguridad españoles", continuaba el comunicado de la banda, Sulibarria preparó el atentado en San Juan de Luz contra el exdirigente de ETA Juan José Etxabe y su mujer en julio de 1978.
Alfonso Estevas-Gilmain Muñoz, de 41 años, era natural de Madrid, aunque residía en Fuenterrabía desde que tenía 18 años. Estaba casado y tenía tres hijos varones de 12, 11 y 6 años de edad. Estaba destinado en Irún, donde llevaba doce años, dos de ellos como jefe del Servicio de Información del Cuerpo General de Policía. Además, él y su mujer regentaban el Hostal Álvarez Quintero en Fuenterrabía. Alfonso era una persona muy conocida en la localidad en la que vivía, donde había empezado a estudiar euskera, además de la carrera de Derecho. Unas trescientas personas asistieron a su funeral en la capilla de la Policía Armada en Irún, presidido por la viuda, el padre y sus hijos, al que asistió el gobernador civil de Guipúzcoa, Antonio Oyarzabal. El lugar del funeral fue elegido por la familia de la víctima, que expresó el deseo de que tuviera carácter privado, por lo que no se permitió la entrada de fotógrafos y redactores de los medios de comunicación. La mayoría de los asistentes eran miembros del Cuerpo General de Policía y de la Guardia Civil. Posteriormente sus restos mortales fueron trasladados a Madrid, su ciudad natal, donde fue enterrado por expreso deseo de sus familiares.
A las 8:45 horas del 28 de agosto de 1980 la banda terrorista ETA asesinaba en Irún (Guipúzcoa) a JESÚS MARÍA ECHEVESTE TOLEDO cuando se dirigía andando desde su domicilio a su trabajo como apoderado en la agencia de aduanas Sucesores de Echeandía, de la que era copropietario con su hermano, un negocio que habían heredado de su padre. Ese trayecto andando, de aproximadamente medio kilómetro, y a esa hora, era su rutina diaria.
La mañana del 28 de agosto salió a la calle Fueros, donde vivía con su mujer, Milagros, y la cruzó para dirigirse al quiosco de prensa, donde compró un periódico y un paquete de tabaco. A continuación, se dirigió por la calle Berrocarán, mientras le echaba un vistazo al periódico. Al llegar a la altura del Bar Weekend le salió al paso un terrorista que disparó dos veces con una escopeta de cañones recortados. Jesús María cayó de bruces sobre el maletero de un vehículo estacionado en la calle y después quedó tendido en el suelo. El terrorista, con un cómplice que le daba cobertura, se montó en un Ford Fiesta estacionado en doble fila donde les esperaba un tercer etarra, al parecer una mujer. El vehículo había sido robado a su propietario en el barrio de Amara en San Sebastián esa misma mañana. Los terroristas lo dejaron atado a un árbol en la localidad de Oyarzun.
Jesús María Echeveste, gravemente herido, hizo un amago de incorporarse, pero viendo que no podía, solicitó ayuda y que llamasen a una ambulancia. La víctima había recibido varios impactos de posta en el brazo izquierdo, en la zona abdominal y en la columna. Alguien avisó a la empresa de la que era copropietario y personal de la misma se trasladó al lugar donde Jesús María yacía en el suelo. Minutos después, una ambulancia de la Cruz Roja lo trasladó a la Residencia Sanitaria Nuestra Señora de Aránzazu. En un primer momento no se le pudo intervenir, debido a que su estado era crítico y a que hacía falta sangre de su grupo sanguíneo. Se hizo un llamamiento público y la respuesta fue masiva, llegando donantes de distintas localidades de la provincia. Hacia las 14:15 horas falleció cuando estaba siendo intervenido.
El mismo día del asesinato, representantes del Partido Nacionalista Vasco (PNV), del Partido Socialista de Euskadi (PSE-PSOE) y del Partido Comunista de Euskadi (PCE) de Irún hicieron público un comunicado en el que convocaban a todos los iruneses a una manifestación silenciosa al término del funeral por el alma del empresario.
Jesús María Echeveste Toledo tenía 46 años y era ingeniero industrial. Estaba casado y no tenía hijos. La víctima carecía de vinculaciones políticas conocidas, aunque era simpatizante del PNV, partido al que, según informó el diario ABC (19/08/1980), estaban afiliados su mujer y su hermano. Este mismo periódico señaló que nadie sabe el motivo por el que fue asesinado, porque mientras unos negaban que hubiese recibido amenazas, otros señalaban que se había negado a pagar el llamado impuesto revolucionario. También hubo rumores de que su asesinato se hubiese debido a una equivocación de la banda terrorista, pues un miembro de la ejecutiva de UCD, que había abandonado Guipúzcoa tres meses antes al conocer que estaba en una lista de ETA, vivía en el mismo domicilio que Jesús María y Milagros.