Francisco Capella.
Un ser vivo es un agente autónomo autopoyético: trabaja construyéndose a sí mismo e intentando alcanzar sus objetivos deseados, controla su conducta para su propio beneficio, y sus valoraciones tienden a reflejar lo adecuado para su supervivencia; un agente heterónomo no controla su conducta sino que actúa controlado por otro agente al cual sirve (por ejemplo, una máquina artificial, o un organismo esclavizado).
La capacidad de control y acción de un organismo siempre es limitada y falible. Los agentes autónomos evolutivamente más exitosos son los que consiguen más poder, más capacidad de decisión y acción y menos restricciones: tienen más medios a su disposición (energía, materiales, conocimiento, derechos) y sufren menos limitaciones o cargas (obstáculos físicos, prohibiciones, deberes).
El sistema de control de un organismo (su aparato cognitivo, sistema nervioso o cibernético) controla directamente la conducta del propio individuo del cual forma parte. Pero el funcionamiento de este sistema depende de las interacciones del sujeto con su entorno, que puede incluir otros organismos que influyen sobre él, participando así en la determinación de la conducta; y el mismo individuo puede intentar a su vez controlar a otros organismos.
La capacidad de acción de un organismo (y sus resultados) puede ser utilizada por otro. Un ser vivo puede aprovecharse de otro destruyéndolo y comiéndoselo (o utilizando algunas partes como ropas, adornos o herramientas). Es posible aprovecharse de otro ser vivo sin destruirlo, tomando algo de él: alimento (leche materna, secreciones de algunos insectos como la miel de las abejas), protección, calor. Y también es posible usar a otro organismo como agente, controlarlo, influir sobre su conducta, capturar parcialmente su sistema de control. Un virus, por ejemplo, captura los mecanismos de control de una célula (a la cual termina matando) para que sus ribosomas produzcan copias del propio virus.
Todo organismo es un agente que puede ser utilizado como medio o instrumento por otros agentes: su capacidad de actuar puede ponerse al servicio de los fines o intereses de otros individuos (que pueden ser compatibles o incompatibles con los propios). Esta instrumentalización o servidumbre puede ser voluntaria (libre) o involuntaria (esclavitud), simétrica (cooperación) o asimétrica (parasitismo), consciente o inconsciente.
Una forma directa y simple de control es la fuerza física bruta que permite al fuerte (amo) someter al débil que no puede defenderse (esclavo). Pero también existen mecanismos psicológicos (cognitivos y emocionales) de manipulación: persuasión, seducción, chantaje, amenazas.
La competencia entre organismos por el poder de controlar la acción da origen a una carrera de armamentos evolutiva en la cual se desarrollan de forma progresiva aptitudes para controlar y para evitar ser controlado. Los agentes más exitosos son aquellos que pueden influir sobre los demás para que actúen en su beneficio, al tiempo que se defienden de los intentos de manipulación en su contra. Los individuos pueden tener muy diferentes capacidades en este ámbito: desde los incautos ingenuos hasta los más hábiles seductores. Las técnicas de manipulación se vuelven gradualmente más indirectas, sofisticadas y sutiles para evitar el posible rechazo de los intentos directos y obvios.
Un manipulador exitoso debe conseguir que el agente manipulado se deje controlar: esto puede suceder porque no es capaz de evitarlo (no puede resistirse a la influencia ajena o ni siquiera se da cuenta de ella) o porque no quiere hacerlo. Ciertas técnicas de manipulación se basan en el engaño y la ocultación, dependen de que el sujeto no se dé cuenta de que está siendo controlado por otro. La manipulación puede implicar alterar las valoraciones ajenas, de modo que a un agente no le importa ser manipulado o incluso lo prefiere (seducción sexual, publicidad, lavado de cerebro de una secta).
Un ser vivo puede aprovecharse de lo que hace otro, de los resultados de su acción, de forma natural y espontánea, sin necesidad de comunicación, pero estas interacciones tienen un rango limitado. La disponibilidad de un lenguaje facilita enormemente la coordinación entre agentes, que pueden expresar de algún modo sus intereses, deseos u órdenes. El lenguaje puede utilizarse para describir el mundo y transmitir información, pero es fundamentalmente una herramienta de interacción y manipulación: permite dar órdenes, expresar deseos, persuadir, seducir, argumentar, explicitar normas y las consecuencias de su incumplimiento.
“Ningún poder en la tierra podrá arrancarte lo que has vivido.” Viktor Frankl
Una alternativa privada para Bankia
Juan Ramón Rallo.
Hace apenas tres meses escribí que la peor parte de la reformilla financiera de Luis de Guindos era que “precisamente por tratarse de una reformita con escaso contenido y menos ambición, no servirá para cerrar definitivamente los milmillonarios agujeros de la banca y, por consiguiente, la amenaza de que en cualquier momento se eche mano a la menguante cartera de los españolitos seguirá muy viva”. Es triste comprobar que el tiempo ha confirmado tan negros augurios, pues al final, sí, habrá inyecciones de dinero de los contribuyentes (que no de dinero público) en el sistema financiero, comenzando, cómo no, por Bankia.
Los problemas de una quiebra bancaria
¿Es esencial rescatar a este enjuague de cajas de ahorros? Desgraciadamente, el actual sistema financiero basado en el dinero fiduciario se haya podrido de raíz: dado que la práctica totalidad de los medios de pago de la economía son pasivos bancarios, una quiebra generalizada de los bancos ocasionaría una espiral deflacionista devastadora. Las cosas no cambiarían demasiado si, como proponen algunas voces con bastante sensatez, procedemos a liquidar los bancos insolventes, pagar con las resultas y con el fondo de garantía de depósitos los 100.000 primeros euros de los depositantes, e impagar la deuda de los restantes acreedores. Por desgracia, como comprobaron con crudeza Bearn Stearns o Lehman Brothers en 2008, el pánico bancario moderno no se circunscribe a los depósitos a la vista, sino a la totalidad de las deudas a corto plazo (operaciones repo y pagarés). Si algunos acreedores a corto sufren cuantiosas pérdidas, la refinanciación del resto de la banca se resentirá de manera muy significativa, acrecentando los riesgos de colapso sistemático.
Descartada, pues, una quiebra y liquidación de Bankia que correría el riesgo de extenderse al conjunto del sistema financiero, el Gobierno se ha plegado a la más expeditiva de las alternativas: nacionalizar Bankia para posteriormente inyectar, CoCos mediante, entre 7.000 y 10.000 millones de euros para reforzar el capital de la entidad. Los inconvenientes de esta medida son palmarios: primero, todo banco público tiene inexorables problemas de gestión e intereses (sólo hace falta observar el comportamiento de las que, hasta la fecha, eran los bancos públicos de facto de este país:las cajas de ahorros); segundo, el país en su conjunto necesita mejorar su solvencia desapalancándose, todo lo contrario de lo que logramos si el Estado emite deuda (degrada su solvencia) para tapar los agujeros de Bankia; y tercero, los riesgos de la operación son tan altos que, de entrada, ningún inversor privado, ni el más codicioso de los especuladores, está dispuesto a emprenderla: sólo el Gobierno español posee el aplomo y la osadía suficientes para inyectar semejante capital de los contribuyentes. ¿Tiene sentido que todos ellos se conviertan en accionistas forzosos de un hedge fund estatal de alto riesgo expuesto a una entidad con un balance tan poco claro como el de Bankia?
Mas si la nacionalización no es la vía de actuación adecuada, ¿qué queda? Pues acercarnos tanto como podamos al mecanismo de una quiebra sin implosionar todo el tenderete financiero edificado sobre los pantanosos terrenos del dinero fiduciario. En concreto, podemos aplicar la hoja de ruta que ya tracépara recapitalizar el conjunto del sistema bancario español al caso de Bankia-BFA.
La capitalización privada de deuda
Recordemos: la solución menos lesiva para el sistema económico sería capitalizar parte de los pasivos de la banca, es decir, que los actuales accionistas pierdan toda su inversión y que una porción de sus acreedores se convirtieran en los nuevos propietarios. De este modo, mataríamos tres pájaros de un tiro: los bancos se recapitalizarían reduciendo su deuda (y no incrementando la de nadie más); los perjudicados por la medida no serían los inocentes contribuyentes sino los inversores que erraron al confiar sus ahorros a la entidad; y, por último, la gestión del banco quedaría en manos privadas (en la de los nuevos accionistas), de modo que éstas podrían decidir su esquema de remuneración, el equipo directivo y la política crediticia de la entidad. Sin interferencias gubernamentales y habiendo soportado en sus carnes las pérdidas de sus desmanes previos, los nuevos propietarios tendrían una plena legitimidad para decidir cuál debe ser el futuro del banco, tal como acaece en cualquier otra empresa privada que no ha pasado por las fauces del rescate.
Pero, ¿acaso es viable que Bankia sobreviva capitalizando parte de sus pasivos? Bueno, es justo lo que ha hecho el Gobierno hasta el momento: transformar en acciones de la matriz de Bankia sus 4.500 millones de euros de participaciones preferentes en la entidad, convirtiéndose así en su único propietario. Con la mucho más conveniente conversión de los siguientes pasivos privados en acciones, sin embargo, Bankia-BFA habría logrado aflorar cinco veces más capital que lo cosechado con su nacionalización, en concreto, más de 23.000 millones: el 100% de los 15.000 millones de pasivos subordinados, el 40% de los 14.600 millones en cédulas hipotecarias (casi 6.000 millones de euros) y los alrededor de 2.500 millones de euros en intereses anuales para los tenedores de pagarés y para los impositores a plazo fijo. Es decir, trocando estos pasivos en fondos propios se lograría recapitalizar el banco sin comprometer un solo euro del contribuyente en tan arriesgada operación y facilitando un saludable desapalancamiento de la entidad y de la economía española.
Es simplemente inaudito que el Gobierno haya preferido convertir sus 4.500 millones de deuda subordinada en acciones –nacionalizando la entidad y socializando sus pérdidas– antes que los 15.000 millones de deuda subordinada privada –preservando el dominio privado del banco y concentrando las pérdidas en quienes invirtieron erróneamente en sus pasivos–. Aunque, ciertamente, de este Ejecutivo ya cabe decir cualquier cosa salvo que sus nocivas intervenciones sobre la economía nos muevan lo más mínimo a la sorpresa. Lo importante: ser conscientes de que, como ya sucediera conel atraco de la subida de impuestos, sí existe una alternativa al intervenconismo estatal; una alternativa mucho más conducente hacia la recuperación y una alternativa infinitamente más respetuosa con nuestras libertades.
Smart Phones and Tablets Might Be Spreading Faster Than Any Technologies in Human History
Mark Perry.
From an article in MIT's Technology Review "Are Smart Phones Spreading Faster than Any Technology in Human History?":
Smart phones, after a relatively fast start, have also outpaced nearly any comparable technology in the leap to mainstream use. It took landline telephones about 45 years to get from 5 percent to 50 percent penetration among U.S. households, and mobile phones took around seven years to reach a similar proportion of consumers. Smart phones have gone from 5 percent to 40 percent in about four years, despite a recession. In the comparison shown, the only technology that moved as quickly to the U.S. mainstream was television between 1950 and 1953."
MP: How does this fit in with "The Great Stagnation" hypothesis?
From an article in MIT's Technology Review "Are Smart Phones Spreading Faster than Any Technology in Human History?":
"Presented in the top graphic above is the U.S. market penetration achieved by nine technologies since 1876, the year Alexander Graham Bell patented the telephone. Penetration rates have been organized to show three phases of a technology's spread: traction, maturity, and saturation.
Those technologies with "last mile" problems—bringing electricity cables or telephone wire to individual homes—appear to spread more slowly. It took almost a century for landline phones to reach saturation, or the point at which new demand falls off. Mobile phones, by contrast, achieved saturation in just 20 years. Smart phones are on track to halve that rate yet again, and tablets could move still faster, setting consecutive records for speed to market saturation in the United States.
It is difficult to conclude categorically from the available data that smart phones are spreading faster than any previous technology. Statistics are not always available globally, and not every technology is easily tracked. Also, because smart phones have not yet reached market saturation, as electricity and television have, the results are still coming in.
Smart phones, after a relatively fast start, have also outpaced nearly any comparable technology in the leap to mainstream use. It took landline telephones about 45 years to get from 5 percent to 50 percent penetration among U.S. households, and mobile phones took around seven years to reach a similar proportion of consumers. Smart phones have gone from 5 percent to 40 percent in about four years, despite a recession. In the comparison shown, the only technology that moved as quickly to the U.S. mainstream was television between 1950 and 1953."
MP: How does this fit in with "The Great Stagnation" hypothesis?
El Armagedón del Euro
Xavier Sala i Martín.
Libro del Apocalipsis, Capítulo 16.
16:1 Oí una gran voz que decía desde el templo a los siete ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios.
16:2 Fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen.
16:3 El segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y éste se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser vivo que había en el mar.
16:4 El tercer ángel derramó su copa sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre.
16:5 Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas.
16:6 Por cuanto derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre; pues lo merecen.
16:7 También oí a otro, que desde el altar decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos.
16:8 El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, al cual fue dado quemar a los hombres con fuego.
16:9 Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.
16:10 El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia; y su reino se cubrió de tinieblas, y mordían de dolor sus lenguas,
16:11 y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras.
16:12 El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Eufrates; y el agua de éste se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente.
16:13 Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas;
16:14 pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso.
16:15 He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza.
16:16 Y los reunió en el monte Armagedón.
16:17 El séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está.
16:18 Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra.
16:19 Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino en memoria delante de Dios.
Así es como describe la Biblia el principio del fin del mundo. Mayas aparte, no estamos ante la desaparición del hombre en el planeta tierra pero sí estamos ante la posible desapareción de algo mucho más banal: el euro. Lo que parecía imposible solo hace unos meses ahora parece bastante probable: la moneda única europea, tal como la conocemos, puede desaparecer. La patente incapacidad de las autoridades europeas para solucionar nuestros problemas económicos, unida a la falta de voluntad política para llevar a cabo las reformas necesarias y a la negativa de la sociedad a aceptar los sacrificios (recortes?) necesarios hacen que cada día sea más probable que el euro acabe dividido en al menos tres partes, como la babilonia que describe el pasaje bíblico del apocalipsis.
Las elecciones griegas ponen de manifiesto que la ciudadanía no va a aceptar más sacrificios. Hay que recordar que los griegos viven, desde hace años, de las ayudas de los colegas de la zona euro, pagadas con dinero de los contribuyentes de los demás países de la zona euro (es decir, nosotros). Lógicamente, nuestros líderes políticos exigen a los griegos que hagan lo que sea necesario para devolver los créditos ya que el dinero es, insisto, de los ciudadanos contribuyentes alemanes, españoles, franceses, italianos y de los demás países de la unión. Si los griegos se niegan, no habrá más remedio que cortar las ayudas. Si se cortaran las ayudas pasarían dos cosas. Primera, que todo los euros en circulación en Grecia en esos momentos sería todo el dinero que existiría en Grecia porque a ese país no entraría ni un euro más: no entraría dinero de las ayudas pero tampoco entraría dinero del Banco Central Europeo. Eso convertiría a todo el sistema bancario griego en insolvente. Los bancos quebrarían. Si el gobierno griego fuera suficientemente capaz, crearía unos bancos nuevos a partirde las cenizas (es decir, los depósitos) de los antiguos, como hicieron los islandeses: los accionistas y acreedores de los bancos antiguos se arruinarían y el gobierno pasaría a administrar los depósitos, aunque en realidad no habría dinero para todos los depositantes.
Segundo, el gobierno no podría gastar más de lo que ingresa... a no ser que pagara on unos pagarés o bonos de creación propia. Algo parecido a lo que hizo Argentina unos meses antes de la gran crisis del 2001: emitió unos bonos llamados patacones. En Grecia se podrían llamar, gretacones.
Al ver la gente que el sistema bancario era insolvente, correría al banco a buscar sus euros. Pero el banco no tendría suficientes euros para todos ya que el grifo del Banco Central Europeo habría desaparecido. Se produciría un pánico bancario similar al que se produjo en Argentina en 2001. Y como hizo Argentina en diciembre de 2001, el gobierno aprobaría una ley prohibiendo que la gente pudiera sacar su dinero del banco. Eso es lo que se ha venido en llamar, el corralito. Ante la posibilidad de no poder utilizar el dinero que uno ha acumulado a lo largo de la vida, la gente haría manifestaciones masivas, incendiaría bancos y entidades públicas. La violencia se generaría. Los gobiernos caerían uno detrás de otros. Recordemos que Argentina tuvo 5 presidentes en unos cuantos meses.
La crisis económica tendría proporciones bíblicas. Tal como pasó en Argentina, el consumo y la inversión caerían en picado, el colapso sería total, caídas del PIB del 30% e inflación del 70%. Los ciudadanos que pudieran, emigrarían masivamente. Eso pasaría, sobre todo, con los más jóvenes, capacitados y productivos, cosa que empeoraría todavía más las cosas para los que se quedaran.
Pero, ante la necesidad de comprar comida y bienes necesarios, la gente empezaría a utilizar los gretacones para poder comprar. Los gretacones se convertirían "de facto" en la moneda griega. Y esa sería la semilla que daría lugar al nuevo dracma. Como nadie se fiaría de que el gobierno pagara al portador los gretacones que ha recibido, todo el mundo se los quitaría de encima con descuentos importantes. Es decir, el gobierno que debe pagar 100 euros de salario a un funcionario, ante la imposibilidad de darle euros, le daria gretacones por valor de 100 euros. Es decir, el trabajador recibiría un papel que diría "el gobierno griego pagará al portador 100 euros... cuando el gobierno tenga dinero". Con ese papel, el funcionario irial al mercado a comprar pero la carnicera no le daría carne por valor de 100 euros sino menos ya que ella se quedaría con un papel que, con alta probabilidad, nunca cobrará. Si la carnicera le diera carne por valor de 30 euros, el trabajador habría perdido el 70% de su salario. Los gretacones serían el mecanismo de pago hasta que apareciera el nuevo dracma que, en lugar de redimir los 100 euros le daría al portador el equivalente de, digamos, 20 euros. El trabajador habría perdido el 80% de su salario.
El nuevo dracma no se podría introducir inmediatamente porque, entre otras cosas, los nuevos billetes tienen que ser imprimidos y eso requiere su tiempo. Si las autoridades griegas son previsoras, es posible que ya hoy mismo hayan encargado a una empresa de fabricación de moneda que vaya imprimiendo dracmas nuevos. Eso es lo que hizo Eslovaquia antes de la separación de Chequia: secretamente encargaron a una empresa inglesa que imprimiera una nueva moneda para que, el día de la independencia, estuviera lista para entrar en circulación y no depender así del dinero del enemigo checo. Si los griegos ya han encargado la impresión de la nueva moneda, el gobierno la puede introducir en cualquier fin de semana para que, llegado el lunes, los ciudadanos puedan ir al cajero y sacar dinero en la nueva moneda.
La nueva moneda se depreciaría ràpidamente. El peso argentino se depreció en las primeras horas y 1 dólar pasó de valer 1 peso a valer 1,4 pesos. En la actualidad, en Argentina 1 dólar vale 4,5 pesos.
La esperanza es que esa depreciación del dracma abaratara tanto las exportaciones y encareciera tanto las importaciones que los consumidores prefirieran comprar productos griegos y no extranjeros (por ejemplo, los turistas europeos verían que ir a las islas griegas de vacaciones es mucho más barato que ir a España por lo que irían allí masivamente) y eso permitiera empezar la recuperación. Una recuperación que llegaría después de un enorme cataclismo financiero.
La rotura del euro no solo corre peligro por abajo, por la zona de Grecia. También corre peligro por arriba y por el medio. Por la parte del medio, la salida de Grecia del euro daría una señal clara a los mercados de que salir del euro ya es posible. Hasta ahora nadie había pensado que eso era posible. Si Grecia se sale del euro, los especuladores van a preguntarse: ¿podrían salirse también otros países? Eso pondría enormes presiones en forma de ataques especulativos contra Portugal, Italia, España e incluso Francia, ataques parecidos a los que sufrió el Reino Unido aquel viernes negro de 1979, ataques que sacaron a la libra británica del sistema monetario europeo e impidieron que el Reino Unido pasara a formar parte del euro. Lógicamente, la tragedia que acabo de describir para Grecia se repitiría en cada país afectado. Éste es, desde mi punto de vista, el mayor coste de la salida de Grecia del euro: los efectos colaterales que tendría en los países de la periferia del euro.
Por la parte de arriba, existe una creciente corriente entre los contribuyentes alemanes, austríacos, holandeses y finlandeses que dice que, efectivamente, la eurozona ha representado para ellos un gran mercado del que se han beneficiado significativamente. Y por eso están dispuestos a ayudar y rescatar a los países amigos. No porqué sean amigos (al fin y al cabo, ellos llaman despectivamente a los países de la periferia PIGS, o cerdos -PIGS sale de poner juntas las iniciales de Portugal, Italia, Grecia y Spain) sino porque son un mercado lucrativo. Pero como en todo cálculo económico, llega un momento que uno valora los costes y los beneficios de la unión. Y los costes para ellos son cada día más grandes. Porque una cosa es rescatar a Grecia, Irlanda o Portugal. Otra cosa es rescatar, además, a Italia o España. Y otra cosa es añadir el rescate de Francia a la factura. Dada la incapacidad de España e Italia de solucionar sus problemas y dada la deriva que puede tomar Francia si Hollande trata de implementar sus carísimas promesas electorales, no es descabellado empezar a pensar que quien ha encargado secretamente la impresión de un nuevo marco para los países del norte sean los alemanes.
Si eso sucediera, podríamos acabar, como la bíblica Babilonia después de sufrir las siete plagas de la ira de Dios, con un euro dividido en tres: Grecia, los EuroPIGS y los primos ricos del norte. Esto... o la vuelta a las 17 monedas orginales, con episodios cataclísmicos en cada vez que uno de ellos abandona la eurozona.
La experiencia de Argentina e Islandia demuestra que, a la larga, el abandono del tipo de cambio fijo puede ser una buena idea (aunque a Argentina le tocó la lotería porque las subidas del precio de la soja le han permitido mostrar unos números que, sin la soja, no serían tan positivos). El problema es que los enormes costes de la transición hacia la nueva moneda son tan grandes que es posible que no valgan la pena. A pesar de que en teoría sea bueno tener una moneda propia, una vez se ha construido el euro, romperlo puede ser demasiado costoso.
Sin embargo, aquí estamos. Observando atónitos como se produce, en cámara lenta, el Armagedón del Euro.
Alternatives to austerity
Russ Roberts.
What should you do when you find out that you can’t pay your bills? You have two choices. You can default on your obligations or you can borrow money to make up the difference. If your obligations are denominated in your own currency, then you have the option of inflation to reduce the real value of what you pay your creditors. This is a form of default. It is not complete but it is a partial reneging on your obligations.
I recently tweeted (follow me @econtalker) that sometimes reducing spending isn’t a macroeconomic strategy but something that is forced on you by reality. One response you hear to this is that reducing spending is bad for your economy when you’re in a recession. Maybe. I’m not convinced. Could be, but even if it’s true, if people don’t want to lend you money anymore or only want to lend you money at an extremely unattractive rate, that fact that your past profligacy now demands an un pleasant solution is simply an aspect of reality.
Those who oppose spending cuts when the bond market no long likes you reminds me of a metaphor I recently heard from a student at SMU when I visited the campus (and if that student reads this, please email me and remind me of your name.) He used the metaphor of a restaurant patron who discovers that he doesn’t have enough money to pay the bill. No problem. Just keep ordering more food! That way you can put off the moment of reckoning. That is not a practical solution for irresponsible customers or countries who have gone too far. Greece is in this boat. They may soon be joined by others. I hope the US gets on a different boat.
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