Fidel Castro y Fulgencio Batista. Dos hombres y el destino

Carlos Alberto Montaner.



La tragedia de los cubanos tiene ya sesenta años. Solemos decir que se inició con la llegada de Fidel Castro al poder, en enero de 1959, pero no es cierto: todo empezó el 10 de marzo de 1952.

Esa madrugada, el expresidente Fulgencio Batista, hombre que en sus orígenes procedía de los estratos más bajos del ejército, dio un golpe militar incruento. Lo llevó a cabo pocas semanas antes de unas elecciones que muy probablemente hubiera ganado Roberto Agramonte, un honorable catedrático de Sociología que presidía el Partido Ortodoxo, formación política vagamente socialdemócrata. El cuartelazo interrumpía un ciclo democrático de tres Gobiernos sucesivos de centro izquierda, incluido el del propio Batista (1940-1944), quien había tenido el honor de inaugurarlo.


Veamos cómo describía Fidel Castro el mundillo político liquidado por el golpe de Batista. El fragmento que sigue pertenece a La historia me absolverá, el alegato de Castro en su propia defensa por el juicio que se le siguió tras atacar el cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953:
Os voy a referir una historia. Había una vez una república. Tenía su Constitución, sus leyes, sus libertades, Presidente, Congreso, tribunales; todo el mundo podría reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El Gobierno no satisfacía al pueblo, pero el pueblo podía cambiarlo y ya sólo faltaban unos días para hacerlo. Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos, y en el pueblo palpitaba el entusiasmo. Este pueblo había sufrido mucho y si no era feliz, deseaba serlo y tenía derecho a ello. Lo habían engañado muchas veces y miraba el pasado con verdadero terror. Creía ciegamente que éste no podría volver; estaba orgulloso de su amor a la libertad y vivía engreído de que ella sería respetada como cosa sagrada; sentía una noble confianza en la seguridad de que nadie se atrevería a cometer el crimen de atentar contra sus instituciones democráticas. Deseaba un cambio, una mejora, un avance, y lo veía cerca. Toda su esperanza estaba en el futuro.
Retrato de Batista


¿Quién era Batista y por qué derribó la frágil institucionalidad democrática de Cuba tras haber contribuido decisivamente a edificarla en 1940?


Fulgencio Batista era un hombre de origen muy pobre, nacido en Banes en 1901, un pueblo remoto y atrasado del Oriente cubano. Era mestizo de blanco, negro, indio y tal vez chino. Su madre lo crió sola, porque, como era frecuente en el campo, el padre ni siquiera quiso reconocerlo hasta pasado cierto tiempo. De niño, Batista cortó cañas, trabajó como peón en los trenes, recibió alguna instrucción de unos bondadosos cuáqueros americanos que merodeaban haciendo el bien por aquellos parajes y, finalmente, se alistó como soldado para escapar de la miseria y estructurar su vida de alguna manera provechosa.


Batista no tenía vocación castrense en el sentido de querer disparar cañones y ganar batallas, de hecho se hizo mecanógrafo y taquígrafo para trabajar en el Estado Mayor, donde alcanzó el grado de sargento debido a esas destrezas burocráticas menores que exhibía. Tenía fama de ser inteligente y respetuoso, aunque la vulgaridad afeaba su conducta, inevitable rasgo que se adquiere en la vida cuartelera. Parece que este extremo logró corregirlo con el paso de los años. El poder lo civilizó y lo educó, al menos formalmente.


En agosto de 1933, tras la caída de Machado, por esos raros imponderables de la vida, el sargento Batista, ante el desmoronamiento de las instituciones, incluido el propio ejército, se vio de pronto de portavoz de una insubordinación de los sargentos y clases del ejército cuyo origen era esencialmente económico: protestaban porque no cobraban su sueldo desde hacía varios meses. Pero esa protesta pronto se transformó en reivindicación política cuando unos sagaces revolucionarios, blancos, educados, ideológicamente motivados por el pensamiento de izquierda, y generalmente adscritos a los niveles sociales altos y medios del país, vieron en la rebelión de los sargentos una buena oportunidad de controlar las fuerzas armadas para ponerlas al servicio de la revolución que se proponían llevar a cabo.


El 4 de septiembre de 1933 se produjo la primera gran aventura política de Batista. El sargento, junto a los estudiantes universitarios y otros elementos radicales que encabezaron la lucha armada contra la dictadura de Machado, desalojaron del poder a Carlos Manuel de Céspedes, hijo del Padre de la Patria, y ocuparon la casa de Gobierno. El entonces muy joven Batista, con apenas 32 años y sin otro bagaje intelectual que el de ser hábil tomando dictados, se convertía en el hombre fuerte del país, papel que desempeñaría hasta 1940, cuando resultó electo en unos comicios razonablemente limpios.


Batista gobierna entre esa fecha y en 1944, y, finalmente, tras otras elecciones inobjetables, entregó el poder a un catedrático de medicina, el Dr. Ramón Grau San Martín, quien había sido su más relevante compañero en la asonada del 4 de septiembre, pero a quien había defenestrado varios meses después, en enero de 1934, con el beneplácito y el aliento del Gobierno de Franklin D. Roosevelt, entonces empeñado en pacificar y moderar Cuba.


¿Cómo y por qué este humilde sargento, totalmente desconocido, se transformó en el hombre fuerte de Cuba? Mi impresión es que el resto de los factores de poder (el Directorio, los empresarios, los comunistas, la embajada de Estados Unidos), por diversas circunstancias vieron sus debilidades como ventajas comparativas.


Todos creían que podrían manipularlo. Batista era demasiado débil intelectual y económicamente. No pertenecía a la oligarquía económica ni al patriciado blanco, no se había construido una prestigiosa biografía antimachadista. Era, aparentemente, un pobre diablo al que un brillante periodista, Sergio Carbó, flamante secretario de Gobernación y de Marina y Guerra del Gobierno surgido del 4 de septiembre, había ascendido mágicamente de sargento a coronel, colocándole las tres estrellas sobre su camisa sudada de soldado, para tratar de revitalizar la desmoralizada institución armada.


¿Y cómo se veía Batista a sí mismo? Probablemente, como un hombre de pueblo, sufrido y humillado en aquella Cuba racista y clasista que se burlaba de él porque era mestizo, y de su mujer, Elisa, porque había tenido que lavar ropa de extraños para superar la pobreza. Se veía, además, como un hombre de izquierda que simpatizó con los republicanos durante la guerra civil española (algo que Franco nunca le perdonó del todo). Por eso se sentía totalmente afín al lenguaje revolucionario posmachadista, y seguramente se congratulaba de haber aprovechado la oportunidad que le presentó la vida.




Ni siquiera Fidel, en 1959, fue tan generoso con los comunistas como Batista en su primer Gobierno. Fidel utilizó a su antojo al viejo PSP, y cuando le pareció oportuno encarceló a unos cuantos dirigentes, durante la llamada "microfracción". Batista, en cambio, los trató como aliados y les concedió una parcela de poder importantísima: la Confederación de Trabajadores Cubanos.


Nunca en la historia de la República los comunistas tuvieron más peso y reconocimiento que durante el primer batistato. Lo que explica que hayan sido los comunistas los primeros y más enérgicos batistianos del país. Los dos Gobiernos del Partido Auténtico que siguieron a ese Batista juvenil se encargaron de arrebatarles el poder, los privilegios y la autoridad que el exsargento les había conferido.


Cuando Batista, en 1944, termina su periodo presidencial y comienza un recorrido internacional, el poeta Pablo Neruda saluda su paso por Chile con palabras como éstas:
Otra hora ha llegado al mundo, la hora del pueblo, la hora de los hombres del pueblo, la hora en que Batista se confunde con los héroes populares de nuestra época, Yeremenko, Shukov, Cherniakovsky y Malinovsky, que hoy golpea y deshace las puertas de Alemania, los guerrilleros de España y de China, Tito y la Pasionaria. A Batista, en esta hora que también, por desgracia, se ha caracterizado por incubar traidores y cobardes, lo ponemos en el marco de los americanos totales.
Después de su periplo triunfal, aplaudido por las izquierdas en media América, Batista se refugia en Daytona, Florida, y allí permanece varios años. En 1948 es elegido senador sin siquiera hacer campaña, y se postula nuevamente para presidente en 1952. Pero esta vez carece totalmente de apoyo popular. Según las encuestas de la época, apenas contaba con el respaldo del 10% de los electores. Fue entonces cuando aceptó encabezar un golpe que otros militares y algunos civiles habían organizado previamente.


¿Por qué lo hizo? Su primera coartada, totalmente absurda, era que Carlos Prío Socarrás, a su vez, preparaba un golpe. La otra justificación, igualmente insostenible, es que el país estaba en medio del caos producto de los enfrentamientos armados entre bandas rivales. La verdad es más sórdida que todo eso: lo hizo, y la sociedad permaneció indiferente, porque quería seguir mandando y, de paso, enriquecerse otra vez de manera ilícita, pues el cofre familiar estaba medio vacío. Pudo hacerlo, pudo dar el golpe, porque no existían unos sólidos valores republicanos universalmente compartidos.


Prevalecía en el país la mentalidad revolucionaria, muy vigorosa desde los años veinte, pero absolutamente hegemónica a partir de 1933, que ignoraba la importancia de la ley o el peso de las instituciones. La fina estructura republicana, que exige de los ciudadanos y de la clase dirigente el voluntario acatamiento de la ley, en Cuba era una desconocida entelequia. La democracia pendía de alfileres.


Retrato de Fidel Castro


El golpe de Batista, el 10 de marzo de 1952, fue una bendición para Fidel Castro. El impetuoso abogado de 26 años, con fama de gangstercillo violento –lo que en esa confundida sociedad, sacudida por severas turbulencias, no lo invalidaba como líder cívico–, perteneciente al Partido Ortodoxo y candidato a congresista en las elecciones que nunca se celebraron, de pronto encontró un camino rápido para convertirse en la figura política más importante del país: encabezar la insurrección contra la nueva dictadura.


Al contrario de Batista, Fidel provenía de una familia rica del campo cubano. Su padre, un gallego laborioso llamado Ángel Castro, llegado a Cuba a fines del siglo XIX como soldado español, a lo largo de una vida de trabajo y continuos negocios se había convertido en millonario. A su muerte, ocurrida en 1956, su fortuna se calculó en más de seis millones de dólares, cifra impresionante para la época. Su madre, Lina Ruz, no obstante su limitadísima formación, quiso que sus hijos estudiaran en buenos colegios y no escatimó recursos para lograrlo, pese a que el centro geográfico de los negocios familiares estaba cerca de Mayarí, también en una región atrasada y distante del Oriente cubano.


Fidel, pues, fue enviado como interno a Belén, uno de los mejores colegios de Cuba, dirigido por los jesuitas, y cuando terminó el bachillerato sus padres continuaron manteniéndolo generosamente mientras estudiaba Derecho en la universidad. Como dato curioso, la primera vez que el nombre de Fidel Castro aparece en un diario es cuando lo ataca el periódico Hoy, de los comunistas cubanos. En su edición del 14 de diciembre de 1944 dice lo siguiente:
En el reaccionario Colegio de Belén se realizó una ridícula sesión para combatir el proyecto del ilustre senador Marinello [una ley en contra de la enseñanza privada], y uno de los discursos estuvo a cargo de un tal Fidel Castro, pichón de jesuita, y que se mantuvo hablando tonterías, comiendo gofio durante mas de una hora.
En la universidad, Fidel, pese a ser inteligente y poseer una gran memoria, estudió poco. Todo su interés estaba en labrarse una carrera política que lo llevara al poder. Como en esa época muchos líderes cubanos no se distinguían por su sabiduría, sino por su ejecutoria violenta como revolucionarios, pronto se integró en una de las pandillas más activas, la Unión Insurreccional Revolucionaria, y protagonizó varios hechos de sangre.


Mientras el Fidel tiratiros, como entonces se les decía, inspiraba cierto miedo y respeto entre sus compañeros, y pese a que sus amigos le reconocían una rara capacidad oratoria, la verdad es que el líder político juvenil no lograba abrirse paso. Fidel no consiguió ganar ninguna elección en la universidad. De manera que en 1949, tras advertir que por la vía de la violencia no podía triunfar donde funcionaban las instituciones democráticas, renunció a la UIR y se afilió al Partido Ortodoxo, con el objeto de llegar al Congreso.


En esa tarea estaba la madrugada del 10 de marzo de 1952, fecha en que Batista dio el golpe. Era la circunstancia perfecta para él. A base de acciones violentas, audaces y absolutamente irresponsables, quemaría etapas y lograría catapultarse a los primeros planos de la política nacional. Enseguida descubrió que su capacidad de convocatoria era muy débil en el terreno político, porque no conseguía nuclear a gentes intelectualmente bien formadas, pero resultaba muy eficaz para organizar pandillas de acción. Podía perder la vida en el intento, pero estaba dispuesto a realizar esa apuesta.


De alguna manera, Fidel compartía con Batista ese carácter temerario. La noche en que el exsargento fue a apoderarse del campamento de Columbia pudo morir si algún soldado u oficial se hubiera decidido a hacerle frente. También pudo iniciarse una guerra civil si Carlos Prío hubiera tenido el ánimo de resistir el levantamiento. Pero no sucedió nada de eso. Batista volvió al poder casi sin oposición en los primeros momentos.


Pero ocurrió lo peor: se crearon las condiciones para que un nefasto personaje como Fidel Castro, violento y delirante, con la cabeza llena de disparates, sin ninguna experiencia laboral, acabara apoderándose de una sociedad que carecía de defensas frente a los caudillos revolucionarios, porque episodios como el golpe habían convencido a la mayor parte de los cubanos de que la República no servía para nada, dado que la clase política no era otra cosa que una banda de ladrones y de violadores de la ley.

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Global warming Policies might be bad for your Health

Indur Goklany.

Leer informe completo.



Conclusion: reducing the urgent Health risks that global warming would exacerbate.


Even on the basis of speculative analysis that tends to systematically overestimate the threat of global warming, it is now, and for the foreseeable future, outweighed by numerous other health threats. Many of these greater threats are diseases of poverty.


Exaggerating the importance of global warming seriously risks misdirecting the world’s priorities and its resources in efforts to reduce poverty and improve public health. Equally importantly, policies to curb global warming would, by increasing the price of energy and reducing its usage worldwide, slow down, if not reverse, the pace of economic growth. As economic development is central to the fight against poverty, such policies would tend to perpetuate the diseases—and all the other problems—associated with poverty. Specifically, since the diseases of poverty are currently responsible for 70–80 times more death and disease than global warming, such policies may well be counterproductive. They would, moreover, slow advances in society’s adaptive capacity, and otherwise retard improvements in human well-being (Goklany 2009e).


For example, the increase in biofuel production between 2004 and 2010, partly as a consequence of policies designed to reduce dependence on fossil fuels, is estimated to have increased the population in absolute poverty in the developing world by over 35 million, leading to about 200,000 additional deaths in 2010 alone. Moreover, to the extent that mitigation may have reduced the rate of warming (which is the best that mitigation can hope to achieve given current technologies and the inertia of the climate system), it may have slowed the reduction in excess winter mortality, a phenomenon that isn’t only restricted to the higher latitudes.


Since global warming would mostly amplify existing health risks that are associated with poverty, tackling these underlying health risks (e.g., hunger, malaria and other vector-borne diseases listed in Table 1) would also address any incremental health risks attributable to global warming. Accordingly, global health and well-being would, for the foreseeable future, be advanced farther, faster, more surely and more economically through (a) focused adaptation, that is, efforts focused on reducing vulnerability to today’s urgent poverty-related health problems that may be exacerbated by global warming, or (b) increasing adaptive capacity, especially of developing countries, through economic and technological development rather than on (c) quixotic and, most likely, counterproductive, efforts to reduce energy usage.

Razón, observación, teorías y crítica intelectual



Los seres vivos son agentes autónomos autopoyéticos: su actividad dinámica autocontrolada contribuye a su mantenimiento y reproducción. Algunos seres vivos actúan como sistemas cibernéticos mediante ciclos recurrentes de observación, pensamiento y acción. La cognición tiene sentido como guía de la acción, sirve para seleccionar la conducta más adecuada según las circunstancias del organismo y su entorno. Un agente cognitivo conoce la realidad mediante la construcción y el uso de representaciones abstractas de la misma que recogen regularidades esenciales (relaciones entre sus componentes), y reconoce la realidad cuando percibe alguna instancia concreta que se corresponde con aspectos particulares de esas representaciones mentales.

La epistemología estudia el conocimiento. Los epistemólogos han enfatizado tradicionalmente el pensamiento (racionalistas) o la observación (empiristas), con algunos intentos de integrar ambos, pero a menudo no se ha tenido suficientemente en cuenta la relación de la cognición con la acción y la vida. El conocimiento en general implica razonamiento (pensamiento, reflexión, actividad cerebral de procesamiento de información, construcción y modificación de modelos representativos), observación (obtención de datos concretos acerca del estado del mundo en una situación específica) y acción (modificación del estado del mundo). Razonamiento, observación y acción están íntimamente relacionados: las teorías o esquemas mentales que produce el pensamiento son el marco de referencia en el cual se realizan e interpretan las observaciones; las observaciones pueden servir para confirmar de forma tentativa hipótesis (nuevos contenidos teóricos generados creativamente, quizás sugeridos por alguna observación previa) o rechazar aspectos inválidos de las teorías; las observaciones no son por lo general pasivas, es posible actuar para realizar alguna observación (experimentación); el pensamiento es una acción mental, un conjunto de procesos físicos en el cerebro, un evento que forma parte del mundo real; la autoconsciencia es observación interior de los propios procesos de pensamiento (siempre incompleta, gran parte del pensamiento es inconsciente); la acción es guiada por los datos obtenidos de la observación del presente y por los modelos mentales del mundo que permiten estimar su evolución futura según los diversos cursos de actuación considerados; la acción intencional se corrige en tiempo real para ajustarla a los objetivos deseados mediante la observación progresiva de sus resultados sobre la realidad.

Los modelos mentales incorporan de forma progresiva conocimiento acerca de la realidad, pero están muy lejos de ser tan potentes como para conocer por sí solos toda la realidad: no es cierto que todo el Universo esté en la mente humana. La competencia evolutiva indica que los sistemas cognitivos mejores tenderán a desplazar a los menos aptos, pero eso no implica que los modelos mentales sean perfectos o estén muy cerca de la perfección. Los agentes cognitivos utilizan sus representaciones mentales apoyados por sistemas de estimación de su validez: sensación de seguridad, certeza o duda de lo que se sabe. Pero estos sistemas indicadores de la fiabilidad son a su vez falibles: es posible estar equivocado teniendo una sensación íntima de certeza absoluta. Las falacias no saltan a la vista, a muchos les parecen correctas y veraces. El engaño (incluido especialmente el autoengaño) es un fenómeno esencial en la interacción entre animales sociales (que pueden ser cooperativos o competidores) o entre depredadores y presas. Es posible equivocarse al pensar, al observar y al actuar. Errores sutiles que pueden tener graves consecuencias pueden no verse por estar rodeados de gran cantidad de aciertos que distraen la atención. Disponer de múltiples sistemas independientes (redundancia) puede reducir la probabilidad de cometer errores.

Los seres humanos viven y actúan en el mundo real, pero lo perciben e interpretan mediante sus sistemas cognitivos, que construyen representaciones o simulaciones virtuales. Algunas personas llegan a creer que su simulación mental particular es la realidad última, que todo es producto de su imaginación, que la mente crea la realidad. Para algunos científicos poco competentes la teoría manda y la realidad debe encajar en ella (lo auténticamente real serían las ideas, y la realidad serían apariencias o distorsiones de esas ideas): pero es la realidad la que manda y la teoría que se pretende científica debe modificarse y adaptarse en lo que sea necesario para representarla fielmente.

Una teoría es un sistema de proposiciones sobre ciertos conceptos y relaciones entre ellos. Las teorías pueden utilizarse para representar conocimiento acerca de las regularidades de la realidad, pero también es posible construir teorías desconectadas de la realidad (simples ejercicios de la imaginación o intentos fallidos de captar el mundo): la coherencia interna (ausencia de contradicciones) no es equivalente a la verdad o corrección (correspondencia del modelo con la realidad).

El conocimiento no está constituido solamente por teorías referidas a generalidades abstractas: también son importantes los datos concretos acerca de la configuración específica del mundo. Ambos, teoría y datos, son necesarios para comprender la conducta de un sistema. Diversos sistemas pueden tener diferentes sensibilidades respecto a sus condiciones iniciales (su comportamiento depende mucho o poco de ellas). Los expertos científicos pueden tener un conocimiento mejor acerca de generalidades teóricas, pero quizás carezcan de datos empíricos concretos, por ser difíciles de obtener o porque no interesan si lo que se busca es principalmente una fórmula o ley unificadora. En las ciencias naturales los sistemas son más simples que en las ciencias humanas, en las cuales los agentes poseen un conocimiento acerca de sus condiciones locales que es altamente relevante para su acción y que sin embargo no está disponible para el investigador.

De forma parecida a como los diversos elementos de un sistema pueden relacionarse de forma integradora y cohesiva o de forma desintegradora, disgregadora, los distintos componentes de una teoría pueden tener relaciones de apoyo o de oposición. Una teoría es más sólida si sus diversas partes se apoyan y refuerzan mutuamente. El conocimiento científico es en muchos ámbitos un trabajo progresivo de perfeccionamiento sistemático: una teoría (o un conjunto de teorías) puede no ser completamente satisfactoria, quizás porque sus partes no están bien integradas (faltan conexiones, o hay elementos inconsistentes pero no se sabe cuáles son incorrectos), o faltan elementos. Es posible que se disponga de varias teorías para explicar un mismo ámbito de la realidad, y pueden ser complementarias (perspectivas alternativas) o incompatibles.

En una teoría que utilice la inferencia mediante deducción lógica hay axiomas (proposiciones de partida consideradas verdaderas) y teoremas (proposiciones deducidas de los axiomas): los axiomas son los cimientos del sistema que sirven de fundamentación para los teoremas, las relaciones de apoyo son jerárquicas y unidireccionales de los axiomas a los teoremas (o de los teoremas más primitivos a los derivados de ellos). Algunas teorías se construyen sobre un solo axioma que se considera autoevidente (o cuya verdad se demuestra fuera del sistema) y deduciendo a partir de él, quizás añadiendo hipótesis auxiliares que agregan especificación (el axioma suele ser muy abstracto, poco preciso). Un sistema con pocos puntos de apoyo es más frágil, puede destruirse si estos fallan. Un sistema con múltiples apoyos es más resistente, no depende de forma drástica de uno o unos pocos elementos, su degradación es progresiva, no catastrófica. En la deducción lógica la sensibilidad de la teoría a la corrección de los fundamentos es extrema, los errores contaminan totalmente el árbol de deducciones a partir del punto erróneo. Algunas teorías están constituidas de forma más heterárquica, con más puntos de apoyo, como una red con múltiples elementos que interaccionan de forma orgánica, de modo que los contenidos de la teoría pueden modificarse unos a otros en un proceso de convergencia de evidencias que permite ganar consistencia, precisión y corrección.

La crítica intelectual es fundamental para el avance del conocimiento: la consistencia de una teoría puede comprobarse intentando destruirla y observando cómo resiste a los ataques. Algunas críticas pueden ser constructivas en el sentido de que preservan buena parte del contenido de una teoría analizada y corrigen sus errores. Pero la crítica destructiva también es útil porque puede mostrar que una teoría es muy mala o que por el contrario es muy difícil de superar. Es posible que una misma persona construya una teoría y la critique, pero a menudo el deseo de que algo sea cierto o el amor por el propio trabajo intelectual dificultan o imposibilitan que sea así. La objetividad es más fácil cuando no se siente apego por ninguna idea en particular y cuando no hay un capital intelectual invertido que puede perderse al reconocer un error propio. El pensamiento de una sola persona tiene restricciones que pueden superarse mediante la colaboración con otros. Pero para que esos otros aporten algo significativo quizás convenga que no lo compartan todo (que sepan cosas diferentes) y que no tengan miedo de realizar las críticas que consideren necesarias.

Poner mucho énfasis en una idea no garantiza que esta sea correcta, y si es errónea resulta que el error se transmite con mucho entusiasmo y vehemencia. Una persona con mucho carisma o poder puede contribuir a generar y reproducir errores difíciles de eliminar. Las sectas insisten en transmitir un mensaje fielmente, sin críticas, y en obedecer a los líderes: las ideas se usan como símbolos que indican pertenencia a un grupo donde hay que aceptar todo el dogma, evitar las disensiones internas y concentrarse en destruir a los oponentes (o ignorarlos si no se sabe cómo vencerlos intelectualmente). Para aprender es necesario saber reconocer cuándo uno se ha equivocado: es normal en el proceso de búsqueda científica del conocimiento cometer errores; lo anormal es no equivocarse nunca (y es sospechoso tenerlo todo clarísimo de forma rotunda y no aprender nada de nadie). No reconocer nunca un error implica que o no se ha aprendido nada (no se ha explorado nada nuevo donde inicialmente no se domina todo y es normal equivocarse hasta conseguir acertar) o que uno es siempre perfecto. Rectificar ante los errores no es lo mismo que ceder en una postura de principio para ser popular, dulcificar un mensaje para que sea mejor aceptado.

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José Piñera y el sistema privado de pensiones que necesita Europa

Fuente: Diego Sánchez Cruz.