Guidelines for Design of Structures for Vertical Evacuation from Tsunamis

FEMA.






Vertical evacuation is a programmatic issue central to the National Tsunami Hazard Mitigation Program, driven by the fact that there are coastal communities along the West Coast of the United States that are vulnerable to tsunamis that could be generated within minutes of an earthquake on the Cascadia Subduction Zone. Vertical evacuation structures provide a means to create areas of refuge for communities in which evacuation out of the inundation zone is not feasible. This guidance document includes the following information to assist in the planning and design of tsunami vertical evacuation structures: general information on the tsunami hazard and its history; guidance on determining the tsunami hazard, including tsunami depth and velocity; different options for tsunami vertical evacuation structures; guidance on siting, spacing, sizing, and elevation considerations; determining tsunami and earthquake loads and related structural design criteria; and structural design concepts and other considerations.

Concluido el ritual

Francesc-Marc Álvaro.



A María le rompieron ayer los cristales de la panadería; lo hizo un grupo que decía hablar en nombre de los trabajadores y que también la insultó porque no quería dejar sin pan a la gente de su barrio. Ahora, además de tener que defender un negocio que retrocede y soportar la competencia de las gasolineras, María deberá pagar la factura de los desperfectos; ni la Administración ni los sindicatos lo harán. Concluido el ritual de la huelga general, el Gobierno Rajoy continuará con la reforma laboral y María hará lo imposible para no cerrar el horno de pan que su padre abrió después de la guerra, Ella siempre se ha considerado una trabajadora, no una empresaria. Le hace gracia cuando oye que hablan de emprendedores, se pregunta qué deben ser. Ella sabe el esfuerzo que representa pagar a los proveedores y el salario de seis personas cada mes, y no poder dormir pensando que todo se irá al garete.
María, cuando era joven, estaba convencida de tres cosas: que nadie te regala nada, que trabajando no te haces rico y que hay que saber el sentido de cada uno de tus actos. También tenía claro que no es recomendable endeudarse más de la cuenta y que un trabajo era para toda la vida. Las cosas han cambiado mucho desde que tenía veinte años y ha empezado a asumir que la vida es menos lineal de lo que había previsto, pero mantiene la voluntad de encontrar una razón en todo lo que hace. Ante la convocatoria de huelga general, entendió que esta no serviría de nada porque le recordaba aquel mundo de certezas que ahora ya no existe. Ella lo había comprobado en su sector. Las gasolineras ofrecen un producto que denominan pan y la gente lo compra alegremente.
A María le rompieron ayer los cristales de la panadería; lo hizo un grupo que decía hablar en nombre de los derechos básicos y que también la insultó porque no quería dejar sin pan a la gente de su barrio. Ella observaba a los miembros del piquete sin miedo y sin rabia, sin ningún tipo de visceralidad, con un enorme distanciamiento, como si hubiera imaginado la escena muchas veces. Una vez acabada su importante misión, aquellos valientes representantes del proletariado se alejaron de la panadera y las dos dependientas, no sin antes advertir con gritos que, si no bajaban las persianas, volverían.
Concluido el ritual de la huelga general, el Gobierno Rajoy continuará con la reforma laboral y María llamara a Pedro, que tiene una tienda de cristales, mamparas de baño y similares, y le encargará que, lo más pronto posible, arregle el escaparate principal de la panadería. Concluido el ritual del siglo XIX y la guerra de cifras del siglo XXI, el contundente arte de la persuasión de ciertos piquetes habrá contribuido de manera decisiva a impulsar la economía productiva y a generar riqueza, sobre todo en el ámbito de las reformas en locales y establecimientos de cara al público.

Los problemas de la China del futuro ya empiezan a sentirse

Jordi Pérez Colomé.



Mi profesora de chino me sirve de termómetro. Nunca la había visto tan decepcionada con su país como esta semana. Llegó a España hace casi diez años; yo la conozco desde hace cinco. En todo este tiempo, en nuestras charlas sobre China (solo hablo para conservar fresco el chino que aprendí allí hace una decada), su argumento era que la democracia -o algo parecido- era demasiado complicado ahora: “En China votarán de aquí a 50 años, o 100; yo no lo veré”. La paciencia de los chinos es notable.

Esta semana ese argumento no cambió -cree que tardarán aún mucho en poder votar al presidente-, pero estaba enfadada y, algo raro, tenía ganas de hablar de política. El motivo principal son noticias que han aparecido en marzo y que han destapado problemas que el régimen trata de disimular. En otoño, la cúpula del Partido Comunista y del gobierno cambiará. El nuevo presidente deberá dirigir el país hasta 2022. Será una década clave.

La gran noticia de marzo fue el cese de Bo Xilai, líder del Partido en Chongqing. Chongqing tiene 32 millones de habitantes y es una de las cuatro ciudades chinas con categoría de provincia -las otras son Pekín, Tianjin y Shanghai. Bo es uno de los líderes más conocidos de China. Es de los pocos con carisma e intución política similar a la de líderes occidentales. Sonaba para convertirse en otoño en uno de los nueve miembros del Comité Permanente del Politburó, el órgano dirigente principal del país.
Bo era primero famoso por ser hijo de Bo Yibo, histórico líder revolucionario. Pero su fama reciente se debe a su campaña en Chongqing: “Cantar rojo, golpear negro”. El objetivo era simple: devolver un supuesto sentido de pertenencia social a través de viejas canciones patriotas (cantar rojo) y eliminar las mafias que actuaban en la ciudad (golpear negro).


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Héroe, 3 de abril: Gregorio Posada Zurrón

Libertad Digital.

En torno a las seis de la tarde del 3 de abril de 1974, el cabo primero de la Guardia Civil GREGORIO POSADA ZURRÓN conducía su coche por la calle Juan XXII de Azpeitia (Guipúzcoa). La calzada estaba en obras, lo que le obligaba a circular lentamente. Dos terroristas se pusieron delante del vehículo y le dispararon a quemarropa con dos ametralladoras de fabricación extranjera, tipo Marieta.
Gregorio, alcanzado de lleno, perdió el control del vehículo, que acabó chocando contra la puerta de un local. Fue trasladado al Hospital Militar de San Sebastián donde murió dos horas después. Uno de los disparos le dio en la cabeza por lo que no pudo hacerse nada por salvarle la vida. Los dos terroristas huyeron en una moto Vespa que había sido robada previamente en Azpeitia.
Por este asesinato fueron condenados José Antonio Garmendia Artola, alias El Tupa, y Ángel Otaegui Echevarría, alias Caraquemada y Azpeiti. Este último fue el que dio información detallada sobre Gregorio Posada a José Antonio Garmendia y un tercer etarra, Francisco Javier Aya Zulaica,El Trepa, para llevar a cabo el atentado. Con esa información, Garmendia y Aya Zulaica llegaron desde Francia en un fueraborda diez días antes del atentado. Un cuarto etarra, Félix Eguía Inchaurraga, colaboró en la huida de los autores materiales y les escondió hasta que consiguieron cruzar la frontera con Francia.
Juzgados por un Consejo de Guerra el 28 de agosto de 1975 en Burgos, Garmendia y Otaegui fueron condenados a muerte. A Garmendia, condenado como autor material, se le conmutó la pena por 30 años de prisión. El motivo: las heridas que sufrió en la cabeza en el momento de su detención, que le dejaron secuelas físicas y mentales tras estar tres meses en coma. Se vio beneficiado por la amnistía de 1977, que le fue concedida en mayo de ese año.
Otaegui Echevarría, condenado como colaborador, fue fusilado el 27 de septiembre de 1975. Fue uno de los cinco últimos fusilados por el régimen de Franco, junto al etarra Juan Paredes Manot, alias Txiki, y tres miembros del FRAP (José Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo y Ramón García Sanz).
Gregorio Posada Zurrón tenía 33 años. Nacido en Villaferrueña (Zamora), estaba casado y tenía dos hijas, una de seis años y otra de cuatro. Era el jefe del Grupo de Información que tenía la Guardia Civil en Azpeitia. Podría haberse trasladado a Logroño, pero decidió continuar en la localidad guipuzcoana. El padre de Gregorio también perteneció a la Guardia Civil, aunque ya estaba retirado.
Gregorio fue la primera víctima mortal de las 19 del año 1974, entre ellas la primera masacre de civiles provocada por una bomba colocada en la cafetería Rolando de Madrid, atentado en el que murieron 13 personas. Todas ellas eran civiles, salvo el policía Félix Ayuso Pinel, que arrastró durante dos años y cuatro meses graves secuelas, falleciendo finalmente el 11 de enero de 1977. Ese año, además, la banda asesina amplió el abanico de objetivos, declarando como tales a todos los miembros de los Cuerpos de Seguridad.

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The Atlantic.