Voltaire on Earthquake Destruction. Donald Boudreaux‏




Extracts:

In the case of the neocons, they perceive a genuine problem – a foreign country ruled by a dictator of the sort that we Americans wouldn’t tolerate.  The neocons ignore the incredibly complex array of social institutions and cultural mores that allow, perhaps even encourage, the likes of a Qaddaffi or a Hussein to gain and remain in power.  That is, the all-important ‘micro’ issues are ignored, enabling the neocons to conclude that if the good guys take out the bad guys, nations once suffering the inexplicable misfortune of being ruled by bad guys will surely turn to their own internal good guys as their leaders.  What stands between the people of such tyrannized nations and civil society is simply the bad guys and their henchmen.  (Why bother looking more deeply than the brilliantly obvious fact that bad guys are in charge?  Can’t you see that that’s the problem??)  And those who warn against U.S. military intervention to rid unfortunate nations of their bad guys are blind dreamers; people out of touch with reality.  “What do you propose we do?” ask the neocons contemptuously.  “Nothing?  Ha!”

Similarly with Keynesianism.  Keynesians perceive a genuine problem – unemployment.  Unemployment is obviously caused by inadequate demand by employers for workers.  This inadequate demand for workers, in turn, seems so obviously to be caused by inadequate demand for the goods and services that these employers produce.  (Gosh, even fifteen-year-olds can see this fact!)  All that stands between workers and full-employment is inadequate aggregate demand.  (Why bother looking more deeply than the fact that employers are demanding too few workers and that, if demand for employers’ outputs were higher, employers’ demand for workers will be higher.  Can’t you see that that’sthe problem??)  So the solution is simple: remove the inadequate demand.  Government spending is an oh-so-obvious means of increasing aggregate demand.  Increase “G.”




Retrato de un héroe. Arturo Pérez-Reverte


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Extractos:

Sé de otro héroe, entre tantos, con el que se cruzan algunos de ustedes de vez en cuando. Lleva casi treinta años salvando vidas, pero no se le nota. Es un tipo callado. Discreto. Supongo que nunca me perdonaría que diese aquí su nombre, así que ni lo intento. Baste decir que hay quien lo admira y quien lo ama. Quien le lleva la cuenta de los rescates que ha realizado en el mar. Unos cuatro mil, calculan. Primero como buceador y luego en Salvamento Marítimo. De manzanilla man, que dicen allí; porque, como las bolsitas de infusión, lo cuelgan con un cabo desde un helicóptero y lo sumergen en el agua para que trinque a la gente. Duro que te rilas, imagínense. El pavo. Una vez salió su foto en los periódicos, sujetando los intestinos de un fulano al que llevaban en una zodiac camino del buque hospital Esperanza del Mar. Antes de evacuar al herido tuvo que reducir a hostias al tripulante que se paseaba por la cubierta del pesquero con un ataque de delirium tremens, llevando en la mano el cuchillo con el que acababa de rajar a su colega.

Hace un tiempo, el helicóptero donde volaba con tres compañeros cayó al agua frente a la costa de Almería. Cosas de la mala suerte. De que salga tu número. Nuestro héroe es un hombre entrenado para esa clase de situaciones: sabe cosas que el común de los mortales ignoramos. Así que las puso en práctica por instinto de adiestramiento. Se llenó el pecho de aire segundos antes del impacto, hiperventiló mientras se inundaba la cabina, se zafó del arnés que lo ataba al helicóptero que se hundía, y subió a una balsa salvavidas. Allí cogió un cuchillo y una linterna, se quitó el chaleco inflado para poder sumergirse, y tras palpar la carne levantada en su cuero cabelludo y comprobar que pese al golpe y las heridas estaba entero, buceó de nuevo en busca de sus compañeros. No los encontró. Agotado, volvió a la balsa. No usó las bengalas de mano porque sabía que flotaba en una mancha de queroseno. Lanzó una con paracaídas, se tumbó en la balsa y aguardó haciendo señales intermitentes con la linterna. Rescatado por una patrullera de la Guardia Civil, sus palabras en el hospital fueron «¡Cosedme ya, joder!... ¡Tengo que ir a por mis compañeros!». Pero los tres habían muerto en el impacto. 


El problema de los eurobonos. Hans-Werner Sinn




Extractos:

Para el Estado italiano, la convergencia significó una reducción de los pagos al servicio de la deuda en el mediano plazo de hasta el 6% del PIB. De este modo, Italia podría haber devuelto toda su deuda pública hace algo más de una década y media, pero en cambio, optó por dilapidar la ventaja que le otorgaban los tipos de interés. En la actualidad, la relación entre la deuda y el PIB de Italia se encuentra en 120%, tan alta como estaba cuando el país ingresó a la eurozona a mediados de la década de 1990.


Dicho sea de paso, todo este alboroto en torno de los tipos de interés es un poco exagerado. Las tasas que pagan en la actualidad países como Italia y España son apenas la mitad de lo que eran en 1995, antes de que se establecieran los tipos de conversión dentro de la eurozona; del mismo modo, los diferenciales actuales respecto de Alemania son apenas dos tercios de lo que eran entonces. No hay indicios que permitan suponer un mal funcionamiento de los mercados, que los llevara a sobreestimar las diferencias de capacidad crediticia entre los países.


Es tiempo de que Europa enfrente la realidad y emprenda los dificultosos procesos de ajuste de la economía real que se necesitan para volver a equilibrar la eurozona. Aunque los eurobonos aliviarían los síntomas actuales, si no se trata la enfermedad subyacente, los países aquejados (y con ellos, toda la eurozona) terminarán mucho peor que ahora.


Protesta multitudinaria en La Habana: Charito 28-09-2011

Vía La revolución de los gladiolos.

Testimonio de Rosario Morales.


Eloy García Cambra, policía municipal, y Manuel Indiano, concejal del PP en Zumárraga

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Víctimas:

Eloy García Cambra tenía 44 años y era natural de San Martín de Unx (Navarra). Vivía en el barrio Capitán Aldecoa de Galdácano (actualmente Tximelarre Goikoa), y era un hombre popular y apreciado por sus vecinos. Estaba casadocon Milagros Martínez Sanz y tenía cuatro hijos: dos varones de 16 y 18 años y dos chicas de 15 y 13. Pertenecía desde quince años antes al cuerpo de la Policía Municipal. Tras su asesinato el Ayuntamiento de la localidad le dedicó una calle con su nombre en el barrio donde vivía. El 19 de octubre de 1972 le concedieron la Cruz al Mérito Policial, con distintivo rojo, a título póstumo, pensionada en la persona de su viuda. En septiembre de 1974 el presidente de la Diputación de Vizcaya, Pedro Arístegui, propuso la concesión de la Medalla de Plata de la Provincia a título póstumo a García Cambra y al guardia civil Martín Durán Grande, asesinado en Bilbao el 11 de septiembre de 1974, ambos asesinados por ETA en acto de servicio. En abril de 2007, el Ayuntamiento de Galdácano realizó un homenaje a las once víctimas mortales del municipio y se inauguró un monolito en su memoria, al que sólo pudieron asistir los familiares de García Cambra y Leoncio Sáinz, que sobrevivió a un atentado. Eloy García Cambra fue la quinta víctima asesinada por ETA y la única del año 1972.

Manuel Indiano Azaustre, de 29 años, era natural de Madrid, donde fue enterrado. En esa ciudad estudió electrónica y se trasladó a Zumárraga tras iniciar una relación con Encarnación Carrillo, que trabajaba entonces como limpiadora en el Ayuntamiento de la localidad. Encarnación estaba embarazada de siete meses cuando asesinaron a Manuel. Debido al estado en que se quedó al enterarse del asesinato de Manuel, los médicos decidieron que ingresara en observación en el Hospital de Zumárraga. A lo largo de toda la mañana se acercaron al centro hospitalario representantes políticos, como la presidenta del PP en Guipúzcoa, María San Gil, los socialistas Rodolfo Ares y Manuel Huertas, Begoña Lasagabaster, de Eusko Alkartasuna, además del portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, y el delegado del Gobierno en el País Vasco, Enrique Villar.