Desde Siria. Jordi Pérez colomé

Cuando iba a ver activistas, imaginaba que me encontraría con jóvenes desaliñados o adultos curtidos. No fue así. Sahar era una chica delicada, con diadema: “Tengo miedo a morir. No tengo el coraje de otros para ponerme delante en una manifestación”, decía. Said (la cita inicial es suya) iba en camisa y hablaba un gran inglés: “Si esto acaba mal, no me quedaré a vivir en esa Siria”, dijo.


La catedrática Nora era aún más peculiar. Una mujer madura, fina, vestida con americana roja y tacones blancos, el pelo con mechas, muy maquillada y a quien no renovaron el contrato en su antigua universidad por defender a tres de sus alumnos que expulsaron por protestar (ahora trabaja en otra universidad).


La tortura más severa que sufrió alguno de sus conocidos fue un amigo de Said que debió estar tres días de pie y sin comer antes del interrogatorio -estaba con otros treinta en una celda de dos metros por uno y medio.


Todos los activistas coinciden en una cosa: “Si paramos ahora, estamos todos muertos”. Hay suficientes vídeos, llamadas y mensajes grabados para que la seguridad los analice con calma y los encuentre a todos. Ahora el régimen tiene otras prioridades, pero si la presión en la calle cede, están seguros de que irán a por todos, uno por uno. No tienen salida.



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Samuel Nelson Abbott (1874 – 1953)




The language window. Matt Ridley


All of these cases, if they are genuine, reinforce the view that language must be learned within a critical window of time during youth, or it will be too late. Experiments with song birds reach the same conclusion: If deprived of the sound of adult song at a particular age, young finches are never able to learn to sing their species' song. (The research, incidentally, was called the Kaspar Hauser experiments.)


These findings are prime evidence of how nature and nurture work together rather than in opposition to each other. The brain is innately designed to be open to experience, but only during a certain period. I like to call it "nature via nurture."






Una economía desangrada. Ignacio Moncada

Las crisis económicas, aunque los keynesianos las consideren inexplicables maldiciones que vienen del cielo, tienen una causa real y perfectamente solucionable. Suceden porque, tras un periodo de expansión monetaria en la que se han inoculado burbujas económicas, la estructura productiva queda distorsionada. Muchas inversiones en factores productivos y empresas en funcionamiento están orientadas a producir una serie de productos que la sociedad realmente no necesita, pero que durante la burbuja encontraban una demanda artificial. En la crisis actual, tenemos una estructura productiva destinada a producir demasiadas casas, edificios e infraestructuras, y teníamos un sistema financiero que había comprometido mucho dinero en préstamos a este tipo de inversiones.

Los keynesianos dicen que, por algún motivo desconocido, el problema es que falta demanda y que hay que estimularla. Pero eso es absurdo. No hay que tratar de mantener inflada la burbuja de la construcción, como se hizo con los diversos planes E, sino permitir que la estructura productiva se reconvierta para producir los bienes realmente demandados por la sociedad. El problema es que la medicina ritual keynesiana, basada en gasto público, inyecciones monetarias y bajos tipos de interés, trata de impedir esta reestructuración. Al igual que en el caso de las sangrías, el desconocimiento de las causas que originan el problema lleva a aplicar la terapia inadecuada. Al final se termina con un paciente cada vez más débil cubierto de incisiones y sanguijuelas que le chupan la sangre. Y si se insiste en el método, el paciente, que en nuestro caso es la economía, se desangrará hasta la muerte.
  



Automonos. Jorge Laborda



Los chimpancés poseen un sentimiento de sí mismos tal vez similar al de los humanos.

Probablemente, una de las características más interesantes del ser humano es que es consciente de su propia existencia y la separa de la existencia de lo que le rodea. Es evidente que el concepto de un “yo autónomo” solo puede elaborarse si se es consciente de que el universo y uno mismo son cosas diferentes.

Desde el punto de vista científico, el concepto de “yo”, esta consciencia de sí mismo (es más: la consciencia de que se es consciente), debe provenir de la evolución natural y, probablemente, debe responder a alguna necesidad adaptativa dentro del entorno en el que nuestra especie se ha visto forzada a evolucionar. Sin embargo, aunque esta idea parece bastante clara, muy pocos estudios científicos la han abordado.

Espejito, espejito

No obstante, la evolución de la consciencia del “yo” se ha estudiado en experimentos con diversos animales para comprobar si son capaces de identificarse en un espejo (lo que no todo el mundo puede hacer inequívocamente por la mañana temprano). Si la imagen reflejada es identificada como propia, sin duda esto constituye una indicación de que el animal sabe que lo que ve en el espejo es él mismo. Esta “prueba del espejo” se ha utilizado para averiguar si un animal es capaz de usar su imagen para limpiarse marcas en su cuerpo (colocadas por los investigadores) que no son visibles sin el uso de un espejo.