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Ficción vs verdad

Arcadi Espada.

Este es, desde luego, la razón por la que he puesto una vez más a tu consideración el enojoso, pero cada vez más vertebral asunto, de los cruces entre realidad y ficción. Que la ficción produzca efectos reales es el único motivo que lleva a tomarla seriamente. Y en este sentido Colosio. El asesinato no es una novedad. La novedad es que esta «ficción basada en hechos reales» contradice la verdad judicial establecida sobre el asesinato de Colosio, y lo hace con la magnífica y vil impunidad a que la ficción se acoge. Si los promotores de la película hubiesen exhibido sus tesis en algún ámbito donde rigiera el pacto de la veracidad se habrían visto obligados a presentar sus pruebas y a documentar sus afirmaciones, so pena de verse llevados a juicio. Pero la ficción les exime. Observa bien el animalito pleonásmico: basado en hechos reales. Ante el público, el tal Bolado remarca los hechos, porque así funciona el comercio; ante el juez remarcaría la ficción, no fuera a costarle caro el negocio. Y es que en nuestra época la moral depende. 
Así pues solo hay una solución, en nombre del Estado de Derecho. Prohibir la exhibición de Colosio. El asesinato y perseguir judicialmente a sus promotores si insisten en divulgar sus manejos ficcionales. Y hacer lo propio con cada asunto donde la veleidad ficcional desafíe la verdad anteriormente establecida en un juicio, siempre y cuando exista, claro está, un perjudicado que levante la mano. Creo que en este caso son los ciudadanos mejicanos los que deberían levantar la mano. La ficción ha conseguido su sucio propósito de entreverarse con la verdad. De acuerdo. Ha llegado el momento de reconocerle su estatus y de tratarla como pide y merece. Una ficción que utiliza nombres propios y hechos identificables para socavar la legitimidad de una sentencia no es una ficción sino una calumnia y como tal debe ser manejada.

A Sangre Fría de Capote

Arcadi Espada.



Ahora que se cumplen veinte años de la muerte de Capote y cuarenta de A Sangre Fría se ven obligados a repetir las habituales sandeces. El maldito. Un hombre terrible. Lo peor de A Sangre Fría no es que Capote escribiera su autobiografía indecente sobre la espalda de uno de los asesinos. O que equiparara moralmente el asesinato de la familia Clutter con la ejecución de los culpables. En absoluto. Para todo eso bastaba con meter a Capote en la cárcel. Y ya lo metió Tompkins escribiendo In Cold Fact (Esquire 1966). Estas palabras de Tompkins: “Capote has, in short, achieved a work of art. He has told exceedingly well a tale of high terror in his own way. But, despite the brilliance of his self-publicizing efforts, he has made both a tactical and a moral error that will hurt him in the short run. By insisting that “every word” of his book is true he has made himself vulnerable to those readers who are prepared to examine seriously such a sweeping claim.” Lo peor está en el texto. Que inventara la escena final del encuentro en el cementerio entre el sargento Dewey y Susan Kidwell… quiá. Peor es que fuera capaz, el terrible Capote, envenenada orquídea, de escribir lo que sigue. Bien es verdad que mejorada la hazaña por la traducción de Rodríguez:
“—Yo me he alegrado también, Sue. ¡Buena suerte! —le gritó mientras ella desaparecía sendero abajo, una graciosa jovencita apurada, con el pelo suelto flotando, brillante.
Nancy hubiera podido ser una jovencita igual.
Se fue hacia los árboles, de vuelta a casa, dejando tras de sí el ancho cielo, el susurro de las voces del viento en el trigo encorvado.”
Así acaba A Sangre Fría. Así la acabó aquél, “alto como una escopeta e igual de ruidoso”. El abyecto. El pelo suelto, flotando, brillante. Aquel vendedor de prosa sunsilk.

Del tuteo

Por Arcadi Espada.

La monarquía es la ficción más útil de la vida española contemporánea. La mejor verdad de nuestras mentiras, diría probablemente Vargas Llosa. Compárese su benéfico carácter con la ficción del nacionalismo. Una y otro se basan en imaginarios derechos históricos; pero los de la Monarquía se han utilizado para diseminar la estabilidad y la convivencia y los del nacionalismo para todo lo contrario. De ahí el efecto que causa en cualquier cuerpo racional el hecho de que un nacionalista critique a la Corona. El objetivo de la ficción nacionalista es la disgregación, mientras el de la Monarquía es el de la integración. Esto no es la descripción de un objetivo abstracto; es la descripción de la vida española en los últimos treinta años. Por lo demás la comparación entre esas dos ficciones no sólo es conceptualmente razonable. La bondadosa ficción monárquica es, además, la última garantía de que el reino del mal nacionalista no acabará destruyendo la convivencia española. Hasta tal punto es verdad eso que algunos nacionalistas incluso han tratado de engatusar a la Monarquía para que se preste a una suerte de sincretismo ficcional. Cuando Jordi Pujol sugirió en 1992 que la Monarquía debía regresar a los tiempos anteriores a 1714, y desempeñar un rol parecido al austrohúngaro, estaba reconociendo que el poder de la ficción monárquica sólo podía combatirse mediante alguna alianza. Política matrimonial, por así decirlo.
Sin embargo, el nacionalismo no es el peor enemigo de la ficción monárquica. Como digo, incluso es posible imaginar entre ellos algún tipo de alianza. El peor enemigo es lo real. Su embate. Escuchaba la otra noche al Rey. Intentaba conciliar su mirada oracular, elíptica sobre las cosas de este mundo con el barro que los periódicos llevan días amontonando a la puerta de su casa. El tratamiento lingüístico que debe darse a un rey es hablar siempre con la majestad y jamás con la persona. De ahí que se prohíba el tuteo, incluso a través del usted. El tratamiento simboliza mejor que nada la relación que un rey debe mantener con lo real: la imprescindible desaparición de la persona en el seno de la institución. Se quejaba el Rey amargamente de la erosión de las instituciones a propósito del tuteo que España está practicando con su yerno. Con más amargura aún, probablemente, por ser consciente de que el primero que había permitido el tuteo en la familia (una pelota, un micrófono y un paramecio) había sido él. Fue la suya una Nochebuena imposible.
No debe cundir la alarma, sin embargo. Nadie sensato quiere que se acabe el cuento. Dijo nuestro Rey: «La ley debe ser igual para todos» y España se abrió en un cálido y deslumbrado «¡Oh!». Y está muy bien así. Una Monarquía sólo debe convocar onomatopeyas.

Mil millones de mejillones. 2010. Fernando Trías de Bes

Entretenido libro de ficción que cuenta la historia del naufragio de un transatlántico de lujo en el que viajan muchos de los principales líderes políticos mundiales, además de otras personas famosas.

El libro es divertido, aunque no me ha llevado a la carcajada, y se lee con facilidad. Pretende, distendidamente, explicar el funcionamiento de la sociedad desde un punto de vista económico. La exposición de ideas es clara y los ejemplos muy simples. 

Entre los temas que se tratan están: el dinero, el comercio y los aranceles, las subvenciones, los bancos, los préstamos, la inmigración, las burbujas y su posterior crisis, las medidas keynesianas para tratar de paliar la crisis, y otros.

La explicación de la manera en la que se crea la burbuja, el estallido de la crisis y las medidas keynesianas  para paliarla, es especialmente clarificadora. Lo mejor del libro.

No lo incluyo entre mis libros favoritos.