Héroes, 15 de noviembre: Emilia Larrea Sáez de Adacia y Ignacio Bañuelos Lasso

Fuente: Libertad Digital.



El 15 de noviembre de 1978 resultó muerta en Mondragón (Guipúzcoa) EMILIA LARREA SÁEZ DE ADACIA, vecina de la localidad que se vio envuelta en un tiroteo entre dos patrullas de la Guardia Civil y miembros de los Comandos Autónomos Anticapitalista (CAA), que acababan de atacar el cuartel de Arechavaleta. Además, en el tiroteo también murieron dos terroristas de la banda, Roberto Aramburu Uribarren y José María Iturrioz Garmendia, y el tercero, Emilio Zurutuza Odriozola, fue herido de gravedad y detenido. En el intercambio de disparos, además de la fatal muerte de Emilia Larrea, otros tres vecinos de Mondragón resultaron heridos de diversa consideración.
Todo se había iniciado en torno a las 18:00 horas de ese 15 de noviembre, cuando tres miembros de los CAA, a bordo de un Renault 12, ametrallaron la casa cuartel de la Guardia Civil de Arechavaleta (Guipúzcoa) sin llegar a causar víctimas. Los agentes repelieron la agresión y los etarras se dieron a la fuga. Inmediatamente, los guardias civiles del cuartel iniciaron una persecución hasta Mondragón, donde los terroristas tuvieron que reducir la velocidad debido a la congestión de tráfico en la localidad. 
A partir de aquí las versiones difieren. Desde el Gobierno Civil de Guipúzcoa se dijo que los terroristas se apearon del vehículo, iniciándose un intercambio de disparos entre ellos y los guardias civiles, en el curso del cual falleció Emilia Larrea. Sin embargo, los vecinos del pueblo denunciaron que los heridos civiles se produjeron cuando, tras el primer tiroteo entre guardias civiles y terroristas, llegaron más agentes de Mondragón en otro vehículo. Éstos vieron a sus compañeros, que iban de paisano, armados con metralletas, y los confundieron con terroristas. Se produjo entonces un nuevo tiroteo (esta vez entre guardias civiles) que provocó que Emilia Larrea fuese herida mortalmente.  
De acuerdo con esta segunda versión, el socialista Txiki Benegas, titular de la Consejería de Interior del Consejo General vasco, emitió un comunicado que se hizo público al día siguiente. En él se relataba que dos de los terroristas intentaron darse a la fuga, sin llevar armas, y fueron abatidos por los guardias civiles de paisano que les estaban siguiendo desde el cuartel de Arechavaleta. Al tercer terrorista, que estaba en el interior del vehículo, le dispararon y lo sacaron herido fuera del mismo. Muy pocos minutos después de ese primer intercambio de disparos, llegó a Mondragón otro vehículo con más guardias civiles, también de paisano. Al ver a varios hombres armados con metralletas, y creyendo que eran los terroristas, abrieron fuego en esa dirección, provocando la muerte de Emilia Larrea. La nota hecha pública por Txiki Benegas era durísima y en ella se podía leer: "La irracional lógica de la violencia es la que explica tanto la agresión al cuartel de la Guardia Civil como la respuesta que causa la muerte de los agresores. (...) En todo caso, lo que resulta evidentemente inexplicable es la actuación posterior de una fuerza pública que irreflexivamente dispara de forma que causa una muerte y varios heridos en la población civil. Tal acto debe ser enjuiciado con una gran serenidad, pues obedece a una de estas dos causas: o bien una irresponsable falta de reflexión, o bien una actitud todavía más peligrosa: la de una fuerza que actúa sobre una población como sociedad enemiga".
Semejante comunicado firmado por Benegas provocó todo tipo de reacciones. En primer lugar, por parte del ministro de Interior, Rodolfo Martín Villa, que criticó el comunicado en una carta enviada a Ramón Rubial, presidente del Consejo General vasco. En la misma calificaba de "intolerable" la postura de algunos partidos políticos y se señalaba que "o se apoya al terrorismo, o se apoya a quienes han elegido la dura y abnegada misión de hacerle frente". En segundo lugar, elGobierno Civil de Guipúzcoa hizo pública una nota en la que se decía que los guardias civiles habían actuado conforme al "estricto cumplimiento de su deber", persiguiendo y haciendo frente a "unos reconocidos terroristas que minutos antes habían intentado un nuevo asesinato del guardia de puertas del cuartel de la Guardia Civil de Arechavaleta". De hecho, la casa cuartel de Arechavaleta fue alcanzada por veinticinco impactos de bala, algunos de ellos en los pasillos de los pabellones familiares.
Pero la polémica no hizo sino aumentar, pues los sucesos de Mondragón provocaron la convocatoria por parte de varios partidos nacionalistas de una huelga general en Guipúzcoa, que paralizó gran parte de la actividad económica el día 17 y que hizo que el 18 esa provinciaamaneciese sin periódicos, por acuerdo mayoritario de los profesionales de los medios de comunicación, que también se sumaron a la huelga. Frente a esa unanimidad de los profesionales de la prensa, Jaime Campmany escribió en ABC en su edición del 21 de noviembre:
A gentes como las que actúan bajo la disciplina militar de ETA y que quieren imponer el imperio del crimen no se les puede decir con flores. Si los políticos siguen diciéndoselo con flores, nos cubrirán a todos de crisantemos. No se puede enviar jazmines a sofocar a las Parabellum.
Efectivamente, los tres terroristas no sólo habían ametrallado la casa cuartel, sino que en el coche utilizado para cometer el atentado se decomisaron varias armas –dos metralletas, una granada de piña, una escopeta de cañones recortados, dos pistolas y una navaja– y accesorios para las mismas. La pistola que se le incautó a Emilio Zurutuza Odriozola había sido utilizada para asesinar al cabo de la Guardia Civil Aurelio Salgueiro López el 28 de agosto y al cabo Anselmo Durán Vidal el 9 de octubre. La trágica muerte de una vecina de Mondragón no se habría producido, en ningún caso, si previamente los terroristas no hubiesen intentado asesinar a los guardias civiles de la casa cuartel de Arechavaleta.
Al día siguiente del atentado hacia las once de la mañana, unas dos mil personas se manifestaron en Mondragón y, al llegar al lugar donde tuvo lugar el tiroteo, dieron gritos a favor de ETA y contra las Fuerzas de Orden Público. A las siete de la tarde se celebraron los funerales. En el de Emilia Larrea, familiares y amigos llenaron la iglesia, pero la asistencia fue multitudinaria en el de los terroristas, en el que centenares de personas tuvieron que seguir el oficio desde el exterior del templo. El sacerdote dijo que "si estos dos hombres luchaban por buscar la libertad, ahora la encontrarán en el Señor".
Tras los entierros, se volvieron a manifestar miles de ciudadanos (siete mil según los convocantes y tres mil según el Gobierno Civil) gritando, otra vez, contra la Guardia Civil, las Fuerzas de Orden Público y Martín Villa, y a favor de ETA. Los manifestantes llegaron a estar a unos cien metros del cuartel, por lo que la Guardia Civil se vio obligada a actuar, produciéndose algunos choques de mucha dureza hasta bien entrada la noche, aunque no hubo que lamentar heridos ni se produjeron detenciones. Hubo también ataques de proetarras con cócteles molotov contra una sede del Banco Santander, que provocó un aparatoso incendio, y otras sucursales bancarias, además de contra la sede de Comisiones Obreras (CCOO).
También en San Sebastián hubo incidentes cuando varios cientos de manifestantes, que fueron creciendo en número hasta llegar a los dos mil quinientos, tuvieron que ser disueltos por la Policía Armada. Hubo enfrentamientos, barricadas y persecuciones de individuos violentos, en especial en el Casco Viejo y en el barrio de Gros. En Vergara, Rentería, Pasajes, Éibar, Villafranca, Irún, Tolosa, Legorreta, Azcoitia, Placencia, Hernani, Andoain, Arechavaleta, Oñate y otras localidades de la provincia hubo paros aislados y manifestaciones sin incidentes.
Emilia Larrea Sáez de Adacia tenía 54 años. Estaba casada y tenía tres hijos. Tras el funeral por su alma celebrado en la Iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza de Mondragón, sus restos mortales fueron trasladados al cementerio de la localidad guipuzcoana, donde fueron inhumados.

A las seis y diez de la tarde del día 15 de noviembre de 1989 la banda terrorista ETA asesinaba en Bilbao al vendedor ambulante IGNACIO BAÑUELOS LASSO mediante la colocación de una bomba-lapa en los bajos de su camión.
La explosión se produjo en el bilbaíno barrio de Uribarri. Ignacio acababa de salir de su domicilio y, al poner en marcha su vieja camioneta Avia, la vibración del motor provocó el estallido del artefacto, adosado debajo de la aleta izquierda. El estallido alcanzó de lleno a Ignacio, que perdió el control de la camioneta y fue a estrellarse contra la fachada de una antigua discoteca. El cadáver quedó atrapado en la cabina, con la pierna izquierda casi seccionada del tronco.
Ignacio "tenía fama de traficante de droga en el barrio", según declararon algunos vecinos, algo que desmintieron sus familiares. Una sobrina de Ignacio, Natividad Bañuelos, de 17 años, comentó que su tío Ignacio se había dedicado en el pasado al tráfico de heroína, pero aseguró que había abandonado aquella actividad hacía un año y que ahora vivía de la venta de chatarra.
La familia Bañuelos había sido ya víctima de la banda. El 7 de octubre de 1988, un primo de Ignacio, Ramón Bañuelos, había sido asesinado por el mismo procedimiento de la bomba-lapa. Con posterioridad al asesinato de Ignacio, en enero de 1991 dos mujeres de la misma familia, María García Bañuelos y su hija, Laura Manzanares García, de 11 años, fueron heridas de gravedad mediante una bomba adosada a los bajos de la furgoneta que ocupaban.
Ignacio Bañuelos Lasso tenía 26 años. Estaba casado y tenía dos hijos. Era natural de Guardo (Palencia). Se dedicaba a la recogida de quincalla, objetos usados y a la venta ambulante. El gobernador civil de Vizcaya, Daniel Vega, aseguró el mismo día del atentado que ETA, otra vez, se atribuía "el papel de juez, verdugo y fiscal", declaraciones casi calcadas a las que realizó un año antes tras el funeral por Ramón Bañuelos.

Lecturas 15.11.2012

Good Ship Zong: The Most Macabre Insurance Claim In History, by Giles Milton.

This was brushed aside by Lord Mansfield ‘What is this claim that human people have been thrown overboard?’ he said. ‘This is a case of chattels or goods. Blacks are goods and property; it is madness to accuse these well-serving honorable men of murder.’ It was one of the darkest days for British judicial system. And it would be another two decades before Great Britain finally abolished the slave trade.

El antiliberalismo por interés, por Fernando Parrilla.

Y esto nos lleva a la pregunta de siempre. ¿Es necesario endulzar el liberalismo para que pueda llegar a toda gente sin espantarla? 

Mi opinión es que no. No hay manera humana de aplicar la lógica para contentar a todo el mundo. Ni siquiera para que contente a la mayoría. La lógica se aplica y punto. Si la mayoría se niega a aplicarla cuando le desfavorece habrá que aprender a convivir con ello.



As a more general argument, one might note that models must be simpler than the phenomena they are supposed to model. Otherwise, variation and selection processes would take as much time in the model as in the real world, and no anticipation would be possible, precluding any control. Finally, models are constructed by blind variation processes, and, hence, cannot be expected to reach any form of complete representation of an infinitely complex environment.

Ganó a Sandy, por Arcadi Espada.
Sin embargo, al margen del debate, lo interesante es comprobar hasta qué punto la potencia de una voluntad se asocia a la destrucción. Es más sencillo para un hombre (Franco, Hitler) destruir la democracia que mejorarla lenta y laboriosamente.

Mark Thoma on price gouging, by Michael Giberson.

Yes, maybe people would have their fairness-feelings hurt if prices rose in disaster-struck areas, but just maybe the efficiency gains (i.e., harm more effectively reduced in disaster-struck areas) are worth bruising a few feelings.

Ecuaciones diferenciales ordinarias y sus aplicaciones a la Ingeniería Civil

Manuel Calixto Molina. 2002. Universidad Politécnica de Cartagena.

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Fuente: Civilgeeks.


Libro que consta de dos partes una teórica y otra practica, donde se discuten los problemas de valores iniciales, como vibraciones mecánicas y eléctricas. Problemas de valores en la frontera como flexión y pandeo en vigas. También se discute un modelo matemático y las causas subyacentes al derrumbe del puente colgante “Tacoma Narrows”
Contenido
  • Vibraciones mecánicas
  • Vibraciones eléctricas
  • Flexión de vigas
  • Pandeo de vigas
  • Ecuaciones diferenciales ordinarias
  • Puente colgante de Tacoma Narrows
  • Oscilador armónico simple
  • Mechanical vibration
  • Electrical vibrations
  • Bending of beams
  • Buckling of beams
  • Ordinary Differential Equations
  • Tacoma Narrows Suspension Bridge
  • Simple harmonic oscillator

Víctima, 14 de noviembre: Vicente Zorita Alonso

Libertad Digital.


En la noche del viernes 14 de noviembre de 1980, la banda terrorista ETA secuestraba y asesinaba una hora después en Santurce (Vizcaya) a VICENTE ZORITA ALONSO, empleado de Altos Hornos y miembro de la ejecutiva popular de Alianza Popular de Vizcaya. La víctima había salido de casa a última hora de la tarde del viernes a tomar unos vinos con los amigos. Una de sus hijas, de 15 años, confirmó que había visto a su padre regresando a casa hacia las 22:00 horas. Al parecer, en ese momento varios terroristas, que le estaban esperando en el portal de su domicilio, lo secuestraron. Hacia las 23:00 horas unos jóvenes, que dieron aviso a la Policía Municipal, encontraron el cuerpo de Vicente con un gorro de lana que le cubría la cara y acribillado a balazos en un camino del barrio de Cabieces, en Santurce. Le habían tapado la boca con la bandera de España. El cuerpo presentaba siete u ocho impactos de bala y otro noveno en la cabeza, que la Policía cree que fue el de remate. En el lugar de los hechos se recogieron casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum, marca FN.
Minutos antes de las 23:30 horas se recibía en el diario Egin una llamada de un hombre que reivindicó el atentado para "ETA militar de Santurtzi". El comunicante anónimo afirmó que ETA continuaría atacando a Alianza Popular si no se solucionaba "el problema de la empresa Olarra". Antonio Merino, presidente de AP en Vizcaya, señaló al respecto que era algo "irracional y descabellado: Alianza Popular no tiene que solucionar este problema. Es algo ajeno al partido". 
Al día siguiente, 15 de noviembre, se celebró el funeral por su alma, al que asistió el presidente de AP, Manuel Fraga. Miembros de los comités nacional, regional, y de Vizcaya y parlamentarios vascos de Alianza Popular se reunieron por la tarde del sábado 15 para valorar el atentado, que calificaron de "execrable, dadas las circunstancias, la tortura sufrida y el hecho de que la mordaza fuera una enseña nacional. La situación es ya de caos por la inoperancia del Gobierno, que ni pone medios ni voluntad contra el terrorismo, contra el que hay que luchar con toda firmeza". Antonio Merino, responsable de Alianza Popular en Vizcaya, declaró a los medios de comunicación: "Hoy más que nunca debo pedir a los partidos que han integrado el frente para la paz que las iniciativas cristalicen en algo positivo para que no vuelvan a hablar más las metralletas". Desde AP el asesinato fue valorado como "un tributo de sangre involuntario para el advenimiento de la paz y la firme lucha contra el terrorismo".
En el asesinato de Vicente Zorita participó, presuntamente, el miembro del grupo Gorbea de ETAJosé Ángel Urtiaga Martínez, alias Josean, Garrutxu o Tobaneku. Urtiaga fue deportado por Francia a Cuba donde desempeñó el papel de máximo responsable del colectivo de etarras en la isla entre 1984 y 1998. Hoy día sigue residiendo en Cuba, pese a las reiteradas solicitudes de extradición por parte de España. Actualmente se sigue contra él una causa en la Audiencia Nacional por sus vinculaciones con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en la que también está siendo investigado el etarra Arturo Cubillas, presunto responsable de ETA en Venezuela. Desde febrero de 2010 existe una orden de detención internacional contra Urtiaga Martínez.
Vicente Zorita Alonso, de 60 años y natural de León, estaba casado con Rosario Zabala y teníacuatro hijos. Empleado en Altos Hornos desde hacía treinta años, era miembro de la ejecutiva de AP de Vizcaya y había ocupado el puesto número tres de la candidatura al Parlamento vasco por esta provincia. Rosario Zabala es uno de los testimonios del documental Trece entre mil, de Iñaki Arteta, estrenado en noviembre de 2005, y del libro Olvidados (Adhara, 2006), del mismo autor y Alfonso Galletero.
Le dieron siete tiros, apareció de rodillas, le habían puesto un gorro de lana tapándole la cara y le taparon la boca con la bandera española. (...) Muy poco antes de que asesinaran a mi marido estuvimos en Madrid. Recuerdo que estando en casa de mi cuñado, hablando de lo que estaba pasando en el País Vasco, mi cuñado le dijo: "Vicentico, tú corres peligro tal y como hablas, tú estás corriendo peligro". Yo miré a mi cuñado y asentí: "Sí, de la forma que habla...". Y era cierto, Vicente hablaba como sentía, como él lo estaba sintiendo todo y lo decía libremente, lo decía en la calle. Lo malo es que lo decía en la calle. Con los amigos, con los amigos hablaba y ese fue su error, decir lo que sentía en alto. Poquito, muy poquito después de aquel viaje a Madrid, en el que le recriminamos por hablar tan claro de estas cosas, fue cuando lo mataron. Fueron a por él y lo mataron. (...) Fue un viernes 14 de noviembre. Le quería sorprender con unas de esas cenas que tanto le gustaban, cabeza de cordero. Le encantaban asadas. Él había estado con los amigos en Capitán Mendizábal, tomando unos vinos, como todas las tardes después del trabajo. A las nueve y pico ya venía para casa, lo sé porque lo vio mi hija. Cuando ésta llegó me dijo: "¿Y papá?, lo he visto abriendo el portal de casa". Ahí fue donde lo cogieron, justo cuando iba a abrir la puerta del portal. (...) El 14 de noviembre lo mataron y a últimos de mes nos tuvimos que marchar. Allí no había quien parara. Empezamos a recibir amenazas por teléfono. A mi hijo la Guardia Civil lo tuvo que sacar de su casa con su mujer y su hijo de un año. Fueron las autoridades las que nos dijeron: "Os tenéis que marchar". Incluso alguna vez que volvimos recibíamos llamadas a las tres o cuatro de la mañana: "Ya sabemos que estás aquí, que has vuelto".