Quimioterapia: al enemigo ni agua. Sophie

Nuestras armas de batalla son 3: cirugía, radioterapia, quimioterapia. La primera, la cirugía, la usamos cuando tenemos tumores bien definidos, compactos, que no tienen muchas ramificaciones y sabemos que podemos extirparlos enteros o casi enteros. La segunda, la radioterapia, la empleamos en casos en los que es complicada la cirugía o es menos dañino irradiar, destruyendo las células sin tener que cortar y coser. Y la tercera, la quimioterapia, es la encargada de quitar de enmedio a cánceres diseminados, difíciles de eliminar con cirugía o radioterapia. El ejemplo más claro lo constituyen los cánceres hematológicos,¿cómo eliminamos glóbulos blancos defectuosos?

¿Recordáis el anterior artículo, en el que os contaba cómo se originaba un cáncer? Pues bien, los fármacos quimioterápicos no hacen más que poner palos a la rueda para pararla. Puesto que el ciclo celular se ha descontrolado, los quimioterápicos hacen todo lo posible por frenar esas células malignas e impedir que se sigan reproduciendo. Sus mecanismos de acción son de lo más variado, rompiendo su metabolismo y asfixiando a esas células, destrozando el ADN de esas células e impidiendo que se reproduzcan, bloqueando su maquinaria e impidiéndoles que produzcan proteínas y, por tanto, puedan hacer daño. Se trata de bloquear una de las fases de ese ciclo celular descontrolado para pararlo a cualquier precio.

Todo esto está muy bien, pero tiene un fallo: los quimioterápicos sólo pueden actuar sobre CÉLULAS ACTIVAS, es decir, que estén en fase de reproducción. No afectan a las células que están en reposo, llamadas células quiescentes. Esto, queridos lectores, es lo que explica por qué se le aplica a alguien un ciclo de quimioterapia y hay que esperar un tiempo para ver si realmente ha sido eficaz y se lo ha cargado todo o casi todo. ¿Cómo resolvemos ese problema? Administrando junto con ese fármaco quimioterápico uninductor celular, forzando a esas células quiescentes a reproducirse.

Quiero incidir en un punto: la quimioterapia actúa sobre todo el organismo. Todo. Eso quiere decir que actuará sobre células malignas, pero también sobre células sanas. Afectará principalmente a las células que más rápidamente se reproduzcan, como esas células tumorales y, por ejemplo, las células que hallamos en nuestra piel o nuestro pelo, lo cual explica ese efecto secundario tan temido y que llama tanto la atención, la caída del pelo y el mal aspecto de la piel.



Ex policía corrupto es el dueño del barrio. Dania Virgen García

Jesús Bismarck, un ex-policía retirado de las provincias orientales, de 65 años, llegó a La Habana y compró una casa en el barrio La Corea, en San Miguel del Padrón, hace cinco años y ahora es el dueño del barrio.

En el barrio aseguran que Bismarck es informante de la policía. Bismarck, quien vive en calle 5ta número 19129, entre A y C, en La Corea, perteneciente al Consejo Popular Luyanó Moderno, se dedica a vigilar a los vecinos que cometen ilegalidades y a los desafectos al régimen. En su vivienda hay un teléfono público desde donde le prohibió a la activista de los derechos humanos  y colaboradora de Cuba por Dentro, Rebeca Rojas Ullán, hacer llamadas porque según le dijo, “es una contrarrevolucionaria”.

Este ex-policía, que además posee una vivienda en Cojímar, se dedica a  negocios ilícitos. Vende  ropa, zapatos, cemento, piezas de automóviles. Su hijo, a quien llaman El Mexicanito,  es quien trapichea estas mercancías en un carro con chapa HUX 130 y  camión con chapa HHF 945. Según varios vecinos, el día 5 de septiembre, el Mexicanito en pleno día descargó un camión de sacos de cemento.

“Delata a los infelices que hacen negocitos para poder mantener a sus hijos  a cambio de que la policía lo deje hacer sus negocios en grande sin ningún tipo de problemas”, comentó un vecino.



The moral arc bends toward justice. Michael Shermer

Fortunately, thanks to the tools of modern science, we no longer have to divine it by conscience. We have data, comprehensively compiled by the Harvard University social scientist Steven Pinker in his new book entitled The Better Angels of Our Nature: Why Violence Has Declined (Viking, 2011). The thesis sounds counterintuitive. Shortly after Reverend Parker penned his book, over 600,000 Americans died in a brutal civil war. Half a century later, millions more died in the Great War, and just over two decades later tens of millions more were murdered in the Second World War and the Holocaust, followed on by Stalin’s purges, Mao’s Cultural Revolution, Cambodia’s killing fields, and the numerous genocides in Africa. With bodies stacked like cordwood and the ashes in the crematoria still cooling in living memory, how can anyone seriously argue that there has been a decline in violence?

The idea that we live in an exceptionally violent time is an illusion created by the media’s relentless coverage of violence, coupled to our brain’s evolved propensity to notice and remember recent and emotionally salient events, of which violence plays second fiddle to none. Pinker’s thesis is that violence of all kinds—from murder, rape, and genocide to the mistreatment of blacks, women, gays, and animals—has been in decline for centuries as a result of two forces: (1) a top-down rule of law created by Hobbes’ Leviathan state and an ensuing social contract, and (2) a bottom-up civilizing process brought about by trade, travel, and other social forces that have expanded the circle of our moral sentiments to include people beyond our kin and kind and clan.

Consider how far we’ve come since the violence of our hunter-gatherer ancestors. Data from dozens of studies reveals the percentage of deaths in warfare from prehistoric times to the present. The contrast is striking: Prehistoric peoples and modern hunter-gatherers and hunter-horticulturalists are far more murderous than states, with the percentage of death by violence for the former ranging from 10 to 60 percent, and an average of 24.5 percent, compared to 5 percent and under for the latter. Even the bloody twentieth-century wars weren’t so bloody by comparison: About 40 million people died in battle deaths during the century in which around six billion people lived, which amounts to 0.7 percent battle deaths. What about noncombat deaths, such as all those citizens who became the collateral damage of war? “Even if we tripled or quadrupled the estimate to include indirect deaths from war-caused famine and disease, it would barely narrow the gap between state and nonstate societies,” Pinker explains. Even all those genocides and the Holocaust only bring the death toll up to 180 million deaths, which “still amounts to only 3 percent of the deaths in the twentieth century.” And it’s been getting better ever since. In 2005, Pinker computes, a grand total of 0.008, or eight tenths of one percent of Americans died in two foreign wars and domestic homicides combined. In the world as a whole, the rate of violence from war, terrorism, genocide, and killings by warlords and militias was 0.0003 of the total population, or three hundredths of one percent.





World War II in photos (XV). The Pacific Islands



Primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta, séptima, octava, novena, décima, undécima, duodécima, decimetercera y decimocuarta entregas. (First, second, third, fourth, fifth, sixth, seventh, eighth, ninth, tenth, eleventh, twelfth, thirteenth and fourteenth parts).

En el reportaje original se incluyen los pies de foto. (Original report includes captions).














































¿Tenemos claro qué es el cáncer y cómo se origina? Sophie


 Lo mismo ocurre con una célula, que para poder dividirse en dos tiene ciertas fases muy controladas, recibe órdenes para empezar cada fase, se revisa cada una de ellas ha ido bien y se asegura que no hay anomalías que obliguen a parar el proceso. Quienes vigilan que no haya fallos son genes que producen determinadas proteínas, las cuales vigilan atentamente ese ciclo.

Si todo lo anterior va bien, la célula se divide en dos. Si hay algún pequeño fallo entre fase y fase, los genes ordenan parar ese ciclo para enmendar el error. Y si los daños son graves y se pierde el control del ciclo celular…esa célula defectuosa se divide y divide sin parar, originándose ese temido cáncer, ese conglomerado de células malignas que crecen exponencialmente, sin orden ni concierto. Y sin descanso tampoco.