Turner y los Maestros en el Museo del Prado

Exposición sobre Turner y distintos pintores con los cuales se compara su obra.

Esperaba más de los cuadros de Turner, aunque debo reconocer que en los espacios abiertos sus cuadros me gustan, con las atmósferas brumosas incluidas, pero en espacios cerrados pierde mucho, con unas perspectivas poco realistas e incluso defectuosas.

Después una escapadita para ver a Velázquez, Ribera, Sorolla, Madrazo, etc.

Una maravilla que hay que ver siempre es la escultura Isabel II velada de Camilo Torreggiani.















El intervencionismo en todo su esplendor por Juan Ramón Rallo

Rallo escribe un brillante artículo sobre el intervencionismo y sus consecuencias, en este caso aplicado todo a un caso concreto que ocurre en Rusia a causa de la reciente ola de incendios y los cereales. Impecable.

Leyéndolo con detención y siguiendo el razonamiento se intuye a lo que llevan las medidas buenistas de los gobiernos.



ARTÍCULO:

Acabo de leer en un teletipo que Rusia prohibirá la exportación de todos sus cereales a excepción del arroz debido al fuerte desabastecimiento que se ha derivado de una reciente sequía. Inmediatamente después, he acudido a Google para buscar si el gobierno ruso había impuesto recientemente algún control de precios sobre los cereales y, efectivamente, así ha sido: hace apenas unos días, y con la excusa de la sequía, el Ejecutivo de Putin estableció un precio máximo para el trigo y otros alimentos, pese a que había sobrados excedentes de producción (10 millones de toneladas más que lo que se consumió en 2009). Les recomiendo que hagan la prueba: siempre que escuchen la palabra desabastecimiento, indaguen dónde está el control de precios. Seguro que lo encuentran.

Lo cierto es que los Estados siguen repitiendo, una vez tras otra, las mismas políticas fracasadas de toda la vida y, como es de esperar, se siguen idénticos resultados catastróficos. Los controles de precios son una reacción instintiva y primaria de los gobernantes ante un cortocircuito en la producción: si hemos tenido una sequía, razonan, hemos de impedir que los precios de los alimentos suban para que todos los ciudadanos, desde el más rico al más pobre, puedan tener acceso a ellos. Si sufrimos una carestía, lo más fácil es prohibir que quede reflejada en los precios.

El problema es que la función del sistema de precios es precisamente ésa: reflejar las carestías relativas de los productos; descubrir dónde resultan más valiosos determinados bienes. Si una región medianamente desarrollada del mundo puede permitirse sufrir una enorme sequía sin que automáticamente el 90% de su población muera por inanición, es gracias al sistema de precios. El funcionamiento es sencillo: si falta trigo en Rusia, como la gente no quiere morirse de hambre, empieza a pagar cada vez más por el trigo; y esos altos precios del trigo llevan a los agricultores extranjeros a venderles parte de su cosecha a los rusos. Así, el trigo disponible en todo el mundo se redistribuye allí donde más necesario resulta: basta con que los australianos o los estadounidenses consuman durante unos meses un poquito menos de pan y de cereales con leche para que los rusos no mueran de hambre.

Pero hete aquí que llega el político populista de turno y, dado que no puede repartir pan y trigo entre sus súbditos, al menos promete que impedirá que los especuladores se lucren con las subidas del precio del trigo y establece un precio máximo "asequible" por encima del cual no se puede ni comprar ni vender trigo.

El resultado es que algo que era un problema menor (o en este caso, ni siquiera un problema), va degenerando en un desastre. El efecto más inmediato de rebajar artificialmente el precio de un producto –o de impedir que suba de precio cuando se ha vuelto mucho más escaso– es que todos los compradores acuden en masa a comprar trigo, mientras que los vendedores son reacios a deshacerse de él a precios tan poco competitivos. Es decir, todo el mundo quiere comprar, pero nadie quiere vender. ¿Consecuencia? El producto resulta cada vez más difícil de conseguir: aunque hay gente que está dispuesta a pagar un precio por el que el vendedor aceptaría enajenar el bien, no pueden cerrar la transacción porque el Gobierno se lo impide.

Un poco duro, ¿no cree? Imagine que quiere ir a comprar comida y no la puede conseguir. Acto seguido entrará en pánico y su obsesión no será ya garantizarse la provisión de comida para hoy, sino para los próximos meses, no sea que el desabastecimiento perdure. En otras palabras, no es que la demanda aumente un poco, es que se dispara en términos relativos con respecto a la oferta, con lo que el desabastecimiento todavía se agudiza más. Quienes primero lleguen a la tienda se quedarán con toda la producción, y las viejecitas que vayan más rezagadas se quedarán sin nada. En lugar de distribuir los bienes por necesidades, los redistribuimos según la longitud de las zancadas.

Pero no crea que la cosa termina aquí. Los productores no son tontos y si el Gobierno les obliga a vender su escasa producción a unos precios que no les resultan remunerativos, lo tienen tan fácil como vender su mercancía al extranjero, donde no se han implantado controles de precios. Fíjese en lo absurdo y disparatado de la situación: un país padece una sequía brutal y en lugar de estar importando trigo a toneladas... ¡lo está exportando!

Y claro, como ya pronosticaba Mises, una intervención lleva a otra sin que ninguna de las dos sirva para otra cosa que para empeorar la situación. Si los productores de trigo venden al extranjero, al Estado no se le ocurre eliminar la causa originaria de esa completa anomalía –los controles de precios–, sino prohibir las exportaciones. En este punto se encuentra ahora Rusia. El paso siguiente, si nadie regresa a la sensatez, será el de establecer cartillas de racionamiento para que ningún ruso se quede con más trigo "del que necesita".

No se extrañe tampoco de que empiecen a perseguir a los especuladores, acusándoles de restringir artificialmente la oferta, aunque sea un completo disparate. Lo que menos les interesa a los especuladores en momentos de controles de precios es incrementar sus inventarios de trigo, pues no podrán revenderlo a un precio mayor. Más bien al contrario, si esperan que los controles de precios perduren, lo más inteligente que pueden hacer es liquidar lo antes posible los stocks de trigo que posean, asumir las pérdidas y borrón y cuenta nueva.

Pero el resultado final será el mismo: si los controles de precios perduran, los productores de trigo desinvertirán en esta industria y se dirigirán a otros sectores donde la rentabilidad sea mayor. Un cierto desabastecimiento puntual se convertirá en una escasez crónica debido a reducciones permanentes de la oferta... a menos que se establezcan también controles de precios en el resto de la economía para evitar diferenciales en la rentabilidad, en cuyo caso el desabastecimiento y la carestía crónica se volverán universales. De hecho, el control universal de precios tiene un nombre que arrastra un historial de miseria y desolación: socialismo.

Ahí tienen el intervencionismo estatal en todo su esplendor: de la abundancia a la escasez por obra y gracia de políticos ineptos y demagogos.

Blade Runner

Peliculón de Ridley Scott basado en la novela Do Androids Dream of Electric Sheep? de Philip K. Dick, que cuando leí en su momento me decepcionó.

Visualmente es potente, aunque hay pequeños detalles que cantan y que vistos ahora no parecen nada futuristas, pero el ambiente general de decadencia está conseguido.

El tema más interesante de la película, con la caza de los robots (replicantes) de fondo, es pensar en que pasará cuando las máquinas se hayan desarrollado tanto que tengan conciencia y sean capaces de pensar por sí mismas y ser autónomas en todas sus decisiones. ¿Cuál será la distinción entre los humanos y las máquinas?

El gran protagonista de la película es el replicante Roy Batty, interpretado magistralmente por Rutger Hauer.

Diálogo entre Tyrell y Roy:

Tyrell: Me sorprende que no hayas venido antes.

Roy: No es cosa fácil conocer a tu creador.

Tyrell: ¿Y qué puedo hacer yo por ti?

Roy: ¿Puede el creador reparar lo que ha hecho?

Tyrell: ¿Te gustaría ser modificado?

Roy: ¿Y quedarme aquí? [ pausa ] Pensaba en algo más radical.

Tyrell: ¿Qué? …. ¿Qué es lo que te preocupa?

Roy: La muerte.

Tyrell: ¿La muerte? Me temo que eso está fuera de mi jurisdicción, tú ….

Roy: Yo quiero vivir más, padre.

Tyrell: La vida es así. Hacer una alteración en el desarrollo de un sistema orgánico de vida es fatal. Un programa codificado no puede ser revisado una vez establecido.

Roy: ¿Por qué no?

Tyrell: Porque al segundo día de incubación, cualquier célula que ha sido sometida a mutaciones de reversión alcanza unas pautas de retroceso, como las ratas que abandonan el barco, que va a hundirse, y luego el barco se hunde.

Roy: ¿Qué hay de la recombinación EMS?

Tyrell: Ya lo hemos intentado. El Etil Metano Sulfato es un agente alcalino y un poderoso mutante. Creaba un virus, tan letal que el individuo moría antes de que acabara la operación.

Roy: Entonces una proteína represora que bloquee las células operantes ….

Tyrell: No impediría la duplicación, pero eso llevaría a un error en la réplica que hace que la recién formada DNA lleve consigo una mutación. Y así llegamos de nuevo al virus, pero esto sólo es teoría. Tú fuiste formado lo más perfectamente posible.

Roy: Pero no para durar.

Tyrell: La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo. Y tú has brillado con muchísima intensidad, Roy. Mírate, eres el hijo pródigo. Eres todo un premio.

Roy: He hecho cosas malas.

Tyrell: Y también cosas extraordinarias. Goza de tu tiempo.

Roy: No haré nada por lo que el dios de la biomecánica me impida la entrada en su cielo.

[ Roy besa a Tyrell en la boca. Toma su cabeza entre sus manos, aplasta su cráneo y hunde los pulgares en sus ojos ]

La música de Vangelis es magistral.

Me tragué el documental de 3'50 horas sobre la película, un coñazo, siempre me pasa con los documentales en general y con los de cine en particular esperas que te cuenten y te muestren temas técnicos relacionados con la película pero siempre acaban hablando de problemas personales o soltando opiniones que no tienen más interés que el cotilleo. Mucha paja y poco grano.

Inception (Origen)

Película muy potente en lo visual, Christopher Nolan no me ha decepcionado. Está muy relacionada con Nivel 13 y Matrix.

El gran DiCaprio siempre me gusta.

La historia se va complicando con sueños dentro de otros sueños, no me resultó muy difícil seguir la trama, aunque en una próxima visión habrá que darle un par de vueltas a todos los detalles de la película.

Un defecto es que Cillian Murphy hace de engañado, no me lo creo. Ese actor siempre me ha inspirado terror.

Un callejón sin salida por Jean-Marie Colombani

Colombani analiza la situación actual de la guerra en Afganistán, influida por las publicaciones de wikileaks. Parece clave la posición de Afganistán respecto al conflicto.

Destaco:

Como "revelaciones", no hay duda de que constituyen un magnífico golpe periodístico, pero no aportan ningún elemento que trastoque por completo la idea que podíamos tener del conflicto afgano.

Ahora bien, debemos tener en cuenta las repercusiones políticas de estas revelaciones. Como ocurre a menudo, la publicación de estos papeles puede servir para orientar las opiniones y, en cualquier caso, suscita unas emociones que, a su vez, se convierten en elemento de la realidad política.

Es lo que sucede en Alemania, donde a intervalos regulares se pone en tela de juicio la presencia de casi 5.000 soldados. Esta situación se complica aún más porque en los documentos queda a la vista el papel de las fuerzas especiales estadounidenses, que escapan a todo control y se alojan, en parte, en un campamento militar del ejército alemán.

Ha habido un debate muy enérgico en el Congreso, saldado con la aprobación, por gran mayoría, de que se renueven los fondos para la guerra. A cambio, muchos se preguntan si Estados Unidos no se encuentra ya en una situación imposible.

Los norteamericanos esperan de los paquistaníes que intensifiquen su lucha contra los talibanes. Pero está claro que Pakistán piensa mucho más en qué pasará después de la guerra e intenta adelantarse y controlar una parte del país que, es de imaginar, en el futuro estará repartido entre la influencia de Pakistán, por un lado, e Irán, por otro.

No es extraño, pues, que los servicios secretos paquistaníes sigan apoyando por completo o en parte a los talibanes, al tiempo que conceden, aquí y allí, algunas detenciones o eliminaciones cuya veracidad ni siquiera podemos comprobar.

Todo se desarrolla como si las guerras de Bush estuvieran llevando a Barack Obama a un callejón sin salida.

Pero la verdad es que no existe, ni en Estados Unidos ni en Europa, una reflexión alternativa que genere una estrategia mejor sobre el terreno. Ese es, sin duda, el motivo de que, más por resignación que por convicción, la guerra de Afganistán vaya a continuar como hasta ahora.



ARTÍCULO:

El asunto de los documentos secretos sobre la guerra de Afganistán en el periodo 2004-2009, publicados por Wikileaks, The Guardian, Der Spiegel y The New York Times, se puede valorar en función de tres aspectos: las propias revelaciones contenidas en estos documentos, la actitud de los socios de Estados Unidos en la guerra y, tal vez, su posible influencia en la estrategia estadounidense para la región.

Como "revelaciones", no hay duda de que constituyen un magnífico golpe periodístico, pero no aportan ningún elemento que trastoque por completo la idea que podíamos tener del conflicto afgano. En 1973, The Washington Post publicó los extractos de un voluminoso documento encargado por el ministro de Defensa y que permitió establecer el origen de la guerra de Vietnam y mostrar que, desde el principio, ese conflicto había partido de unas bases falsas.

Los documentos obtenidos por Wikileaks no contienen nada parecido: nos informan de que las víctimas civiles son probablemente más numerosas de lo que dan a entender los balances oficiales, que las autoridades afganas están corruptas y que los servicios secretos paquistaníes utilizan a los talibanes, más que combatirlos. Pero todo eso se sabía ya, y figuraba en informes oficiales.

Por otra parte, se puede establecer una relación entre estos elementos y el cambio de estrategia estadounidense decretado por Barack Obama y que ya está llevando a cabo el general Petraeus (verdadero autor de ese cambio), según el cual, a partir de ahora hay que trabajar para ganarse "las mentes y los corazones".

Ahora bien, debemos tener en cuenta las repercusiones políticas de estas revelaciones. Como ocurre a menudo, la publicación de estos papeles puede servir para orientar las opiniones y, en cualquier caso, suscita unas emociones que, a su vez, se convierten en elemento de la realidad política. Por eso se han reabierto los debates en Europa, en países en los que la opinión pública rechaza desde hace tiempo la idea misma de la guerra en Afganistán. Es lo que sucede en Alemania, donde a intervalos regulares se pone en tela de juicio la presencia de casi 5.000 soldados. Esta situación se complica aún más porque en los documentos queda a la vista el papel de las fuerzas especiales estadounidenses, que escapan a todo control y se alojan, en parte, en un campamento militar del ejército alemán.

Del mismo modo, el debate ha resurgido con fuerza en Reino Unido, país en el que la opinión pública está todavía conmocionada por el error (término utilizado por el viceprimer ministro, Nick Clegg) que supuso la participación en la guerra deIrak. Por ese motivo se ha hecho la promesa de abrir y ampliar una investigación parlamentaria sobre los entresijos de la guerra de Afganistán, pese a que el Gobierno se ha comprometido a retirar sus 9.000 soldados de aquí a 2015 y que podría incluso verse obligado a emprender esa retirada antes de lo previsto.

El primero en anunciar su salida ha sido el contingente holandés, cuyos 2.000 soldados han empezado ya a retirarse.

En Francia, la emoción es menor. Salvo por la toma de posición de un ex ministro de Defensa socialista, Paul Quilès, que ha exigido la retirada de las tropas francesas, no ha sucedido nada que sea comparable a lo que, hace dos años, siguió a la muerte de 10 soldados franceses en una emboscada.

Las miradas están mucho más dirigidas hacia Estados Unidos, donde la publicación de estos documentos se produce en un momento en el que se multiplican las dudas sobre la estrategia estadounidense para la región. Ha habido un debate muy enérgico en el Congreso, saldado con la aprobación, por gran mayoría, de que se renueven los fondos para la guerra. A cambio, muchos se preguntan si Estados Unidos no se encuentra ya en una situación imposible.

Es evidente que, en lo esencial, se trata de una estrategia heredada de George W. Bush. Recordemos que este último se inventó la amenaza de las armas de destrucción masiva en Irak para justificar el comienzo de la guerra en dicho país, pese a que ya se sabía que una buena parte de las bases de apoyo de Al Qaeda estaba no solo en Afganistán, sino también en Pakistán, que sigue siendo el epicentro y el principal punto débil de Estados Unidos.

Los norteamericanos esperan de los paquistaníes que intensifiquen su lucha contra los talibanes. Pero está claro que Pakistán piensa mucho más en qué pasará después de la guerra e intenta adelantarse y controlar una parte del país que, es de imaginar, en el futuro estará repartido entre la influencia de Pakistán, por un lado, e Irán, por otro.

No es extraño, pues, que los servicios secretos paquistaníes sigan apoyando por completo o en parte a los talibanes, al tiempo que conceden, aquí y allí, algunas detenciones o eliminaciones cuya veracidad ni siquiera podemos comprobar.

Con su metedura de pata al conminar a Pakistán a que escoja un bando -sin distinguir, como habría debido, entre el Gobierno civil y el aparato militar-, el primer ministro británico, David Cameron, ha provocado una crisis diplomática con Islamabad desde India, donde se encontraba en viaje oficial.

El Ejército paquistaní no tiene más que una obsesión: impedir cualquier influencia india y, más en general, cualquier avance de India en la región. La hipótesis paquistaní por un lado, el bloqueo iraní por otro, la reaparición de cierta inestabilidad en Irak tras la negativa de los chiíes -respaldados por Irán- a obedecer el veredicto de las elecciones...

Todo se desarrolla como si las guerras de Bush estuvieran llevando a Barack Obama a un callejón sin salida.

Pero la verdad es que no existe, ni en Estados Unidos ni en Europa, una reflexión alternativa que genere una estrategia mejor sobre el terreno. Ese es, sin duda, el motivo de que, más por resignación que por convicción, la guerra de Afganistán vaya a continuar como hasta ahora.


Jean-Marie Colombani fue director de Le Monde. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.