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Cuba: Otro derrumbe mortal

por Leonel Alberto P. Belette.

Parque para infantes bajo las peligrosas ruinas del Hotel Trocha- Foto de Belette
Parque para infantes bajo las peligrosas ruinas del Hotel Trocha- Foto de Belette
LA HABANA, Cuba, julio, www.cubanet.org -Luego de casi 22 horas de hurgar entre escombros, los bomberos habían conseguido llegar  al cadáver destrozado de quien parece ser Raidel Arencibia, una de las víctimas del derrumbe acaecido el pasado martes 24, a las 8 de la noche, en la calle Infanta, en Centro Habana, uno de los barrios más superpoblados y destartalados de La Habana.
Los rescatistas continuaban sus labores. Podrían existir otros cuerpos atrapados. Solo un individuo logró salir con vida del incidente, e inmediatamente fue trasladado al hospital.
Se trata del inmueble contiguo a otro que se derrumbó el 17 de enero, en la intercepción de las Calles Infanta y Salud, sesgando la vida de cuatro estudiantes y una señora mayor de edad, además de dejar sin hogar a varias familias, que por pura necesidad residían ilegalmente en sus predios.
Los accidentados, presuntamente, habrían entrado al área para recolectar ladrillos entre los escombros, para la construcción.
El edificio en cuestión era notorio por dos frondosos árboles, ficus laurel ramificados, que se erguían en su techo. Varios desplomes parciales, más de treinta años declarado inhabitable, no obstante, los inquilinos lograron, en esas insólitas condiciones, permisos gubernamentales para alquilar habitaciones a nacionales y abrir un taller de reparación de móviles.
Vecinos afirman que el inmueble había sido desalojado meses atrás. La última propietaria, que se negaba a abandonar el local, finalmente había cedido al reclamo de las autoridades. A pesar del tiempo transcurrido, la brigada de demolición no había acometido la tarea. Nadie impedía el acceso a tan peligroso enclave, y eran varias las personas que extraían sacos con materiales arrancados de las paredes, para su uso, o para venderlos.
¿Por qué entidades estatales encargadas de demoler estos locales dejan tras de sí ruinas que terminan por convertirse en trampas mortales?  He reiterado esta pregunta con insistencia, pero ya nada me extraña. Hace meses, encontré que en el céntrico barrio Vedado, arquitectos y dirigentes súper despistados crearon un parque para niños bajo la peligrosa sombra de lo que fuera la fachada del Hotel Trocha.
Derrumbe en otro inmueble de Zanja y Salud - Foto de Belette
Derrumbe en otro inmueble de Zanja y Salud - Foto de Belette
Tras medio siglo de prohibiciones, el gobierno recién dio luz verde a particulares para la reparación, remodelación, o edificación de sus propias viviendas. También permitió subsidios bancarios, insuficientes para satisfacer las necesidades acumuladas. La demanda de materiales de construcción se disparó, a la par de los precios y la especulación sobre los mismos. Otras causas del déficit de materiales se descubren en la burocracia e ineficiencia estatal.
La ineptitud gubernamental, al disponer demoliciones, no es nueva. Décadas atrás, en el terreno que hoy ocupa el Salón de Boxeo Kid Chocolate, en La Habana Vieja, tanto vecinos como encargados de la obra penetraron para obtener materiales. Emplearon hasta mini-buldóceres. Golpearon una pared de carga central, y el saldo de muertos fue atroz. Irónicamente ni los responsables del siniestro sobrevivieron.
El deficit habitacional del país, y en especial en la capital, es enorme. En realidad, casi todas las edificaciones presentan daños. Algunos provocados por las continuas explosiones subterráneas, durante la fiebre de construcción de refugios militares, promovidas por el actual mandatario en plena crisis del Periodo Especial, durante los años 90.

Las cosas bellas suelen ser inútiles

Leonel Alberto P. Belette.

LA HABANA, Cuba, mayo, www.cubanet.org -Casi me desmayo en medio de un ómnibus urbano atiborrado hasta el tope –como es “normal”–, cuando para distraerme del desagradable entorno me concentré en leer el periódico Granma y descubrí que Cuba acababa de aparecer ubicada como el mejor país de América Latina para ser madre. Aunque el asunto no es para bromear, una sonrisa me vino al rostro al ver que la organización que certificaba la lista era la ONG Save the Children.
Diez años atrás conocí a una de las representantes de esta ONG en la Isla; una hermosa peruana, de ojos preciosos y dulces ademanes, nombrada Ana María Béjar, a la que siempre yo repetía: “Es una lástima que no seas una cubana más”. Ana nunca entendió el piropo de este criollo que andaba en bicicleta. Ella vivía encerrada en la misma burbuja con aire acondicionado que envuelve a la mayoría de los representantes en la Isla, de organismos internacionales, religiosos de abolengo, reporteros de agencias acreditadas y embajadores de países democráticos, a los que asesoran analistas políticos que ni siquiera entienden el español que hablan los cubanos.
Ana vivía en un espléndido apartamento en el Vedado, a un costado del Hotel Presidente. Tenía sirvientas y conducía un excelente todo terreno de modelo reciente. Sus oficinas daban al Acuario Nacional, en el elitista barrio Miramar, donde viven casi exclusivamente altos funcionarios y extranjeros. Su salario era estratosférico comparado con el de cualquier nacional –inclusive con el de  profesionales cubanos tan  capacitados como ella, o hasta más, que ganan un dólar diario.
Aunque era divorciada no tenía que lidiar con los problemas que enfrentan cotidianamente los padres cubanos –profesionales o no– que tienen hijos en edad escolar: escuelas con maestros improvisados porque los verdaderos maestros han dejado la profesión –algunos para vender empanadas caseras–, enseñanza mediocre y politizada, violencia escolar, la alimentación de los niños, etc.
El hijo de la funcionaria de Save the Children asistía a un Colegio Internacional, exclusivamente para extranjeros, al que ningún niño cubanos tenía acceso y ella misma siempre se rodeada de miembros de la élite dictatorial propietaria del país. Indudablemente, para Ana María Béjar, Cuba fue un lugar ideal para ser madre.
La realidad que enfrentan las madres cubanas, los padres y los mismos niños, es cruda y tiene muy poco que ver con la que experimentó la funcionaria durante su estancia en nuestro país. La casi totalidad de las familias cubanas tiene que hacer malabares para brindar mínima alimentación y cuidados a sus niños.
Para los padres cubanos, los problemas empiezan mucho antes del nacimiento del bebé. Personalmente sufrí las terribles condiciones de los dos hospitales obstétricos capitalinos donde nacieron mis hijos, el González Coro (antiguo Sagrado Corazón) y el América Arias (Maternidad de Línea). Mi primera esposa, al llegar al Sagrado Corazón, con una crisis de presión alta y otras complicaciones de parto, debidas a una reacción a un medicamento mal indicado, tuvo que subir las escaleras porque no funcionaba el elevador, ni había camilleros. Durante su estancia en el destartalado hospital –más digno de Burundi que de la capital de una supuesta potencia médica- debí actuar como plomero, albañil, limpiador de piso, electricista, carpintero y cerrajero en la habitación. La alimentación dada a las madres en ese hospital materno de la capital del “mejor país del continente para ser madre” –según Save the Children– era peor que la de la peor prisión y, para colmo, los propios empleados del lugar se robaban los pocos alimentos e insumos médicos. Mi esposa y el niño se salvaron solo por la incuestionable profesionalidad de algunos médicos.
Hospitales cayéndose a pedazos tras décadas sin reparar, y ahora sin médicos suficientes porque miles han sido alquilados como mano de obra de exportación a otros países, el aborto como método anticonceptivo, estratosférico índice de divorcios, desintegración de las familias, la prostitución como forma de subsistencia, cientos de miles de familias hacinadas en ruinosos inmuebles debido a la crisis habitacional más grave que haya padecido nuestro país en toda su historia, maltrato y violencia en las escuelas, internados que pretendían sustituir el papel de los padres en la crianza de los hijos, impedimento de salida del país a niños para castigar a los padres que se atreven a “desertar”, incalculable cantidad de adolescentes y jóvenes muertos en el mar tratando de escapar de esta Isla-prisión. ¿Quién quiere tener hijos en semejantes condiciones?
Supongo que los confeccionadores de la lista de Save the Children pensaran que las mujeres cubanas son seres muy extraños, porque en “el mejor país de América Latina para ser madre”, muy pocas quieren serlo: la población no crece y ya somos un país de viejos y se prevé que, de no revertirse la tendencia, seremos en menos de 20 años el país con la población más envejecida de America Látina. ¿Cómo explica Save the Children esta contradicción?
Al bajar del ómnibus recordé los bellos de Ana y pensé que es una lástima que no le sirvieran para ver. Me vino a la mente una frase de Dulce María Loynaz, en el documental Havana, de la directora checa Jana Bokova, refiriéndose a su preciosa colección de abanicos: “Las cosas bellas suelen ser inútiles”.

Trabas a la pequeña industria particular Viernes

Por Leonel Alberto P. Belette.


LA HABANA, Cuba, diciembre, www.cubanet.org – Obligados por la necesidad, los cubanos llevamos siempre un bolso o una javita de nylon, que casi se ha convertido en una extensión del cuerpo. Es por si acaso hallamos en la calle algo que nos sirva para remediar nuestras múltiples carencias y problemas domésticos.
Hace poco, debí cambiar mi bolso de mil desengaños, debido a su extremo deterioro. En la calle Obispo, en una tienda de la empresa estatal ARTEX, compré uno nuevo al precio de casi 8 CUC (10 dólares), equivalente a medio salario mensual para la mayoría de los trabajadores cubanos.
Pero al doblar la esquina al nuevo bolso se le descosió la correa y cayó al piso, destruyéndose cuanto objeto frágil portaba. Tuve que reforzarla pagándole a un zapatero remendón, pues los vendedores me habían advertido que no se admitían devoluciones.
Al finalizar el día siguiente descubrí que la tela del bolso desteñía y me había arruinado dos pantalones y un short, con una horrible mancha, como de plátano verde. Al segundo día mi inversión estaba ya en un latón de basura.
Muchas personas opinan que es imposible encontrar artículos de calidad en las tiendas estatales. Por diversas razones: la inexistencia de un propietario diluye tanto la responsabilidad y las ganancias que terminan por anularse; los productos son muy deficientes porque quienes los compran en el exterior, viajan generalmente por favoritismo y no por su competencia profesional; además, la política del régimen para con el Pueblo ha sido siempre comprar los más barato y vendernoslo muy caro.
Por estos días tuve oportunidad de acceder a la Feria de Artesanía de La Habana (FIART 2011) y apreciar la calidad y diversidad que han alcanzado los artesanos por cuenta propia, en muy poco tiempo, con respecto a las 14 ediciones pasadas, y con técnicas de mercadeo incluidas.
Había allí ofertas para casi todas las necesidades y bolsillos. Desde un juego de muebles modernos, hasta utensilios para el uso diario en labores productivas y domésticas, pasando por ropas, calzado u objetos meramente decorativos. Casi todo con excelente factura estética.
Cada vez son más los productores particulares, algunos de los cuales cuentan con grupos de trabajo organizados dentro de la propia familia, o conforman engranados grupos de diversas familias. Sin embargo, estos productores independientes que con su producción podrían ayudar a llenar un espacio que el estado es, a todas luces, incapaz de cubrir, atraviesan un gran problema por el veto gubernamental al permiso para la compra de maquinarias que les permita conformar las simientes de la pequeña industria, un potencial motor económico que continúa en caos total, y monopolizado por el ineficiente Estado socialista.
No obstante, fue precisamente en FIART 2011 donde al fin pude adquirir un bolso de piel, fabricado por un artesano, con características y precio aceptables, para compensar el modo en que me estafó el Estado en su tienda de la calle Obispo.