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Más sobre África por Gonzalo Sánchez-Terán‏

La semana pasada me invitaron a un programa de televisión para conversar acerca de los diamantes de sangre. Una conocida modelo había testificado aquel día en la Haya frente al Tribunal Especial de Sierra Leona en el juicio que se sigue contra Charles Taylor, antiguo presidente de Liberia. Se suponía que la fama de la modelo iba a servir para volver a poner de actualidad el escándalo del comercio ilegal de diamantes provenientes de zonas en conflicto. Los diamantes de sangre gozan de una enorme popularidad desde que otra estrella de Hollywood protagonizara una película con ese título. A menudo los famosos se embarcan en campañas que denuncian problemas sociales: suelen hacerlo con buena voluntad. Trabajando en campos de refugiados en África he visto desfilar a actores, deportistas, políticos y celebridades de ocupación difusa, todos ellos escoltados por un séquito de fotógrafos y periodistas. Muchos son agradables y se conduelen de lo que ven aunque apenas entienden nada. Otros son unos cretinos interesados tan solo en su imagen, como el intelectual francés Bernard-Henri Lévy que se paseaba con su camisa abierta por el este del Chad visiblemente asqueado de tener que perder unos días entre tanta pobreza, o el político italiano Pier Ferdinando Casini que tras fotografiarse, pulcro y sonriente, con los niños en los misérrimos campos de desplazados se encendió un puro y empezó a contar anécdotas de su luna de miel en el Caribe.

Necesitar a un famoso para arrojar luz sobre el drama de cientos de miles de personas no prueba la sensibilidad del famoso sino la anestesia moral de nuestras sociedades. Que una actriz sea el vehículo para concienciar al mundo sobre los refugiados de guerra conlleva dos impuestos: el primero es que en el fondo las miradas se centran en la actriz, no en el refugiado; el segundo es que renuncias de entrada a cualquier hondura o matiz a la hora de explicar la situación. Los especialistas en comunicación nos repiten a las organizaciones humanitarias lo que los medios buscan: una cara conocida y un mensaje sencillo. Sin embargo la verdad está construida por rostros anónimos y realidades complejas. Para hablarnos de la economía española no queremos la cara de una famosa actriz nacional resumiendo en tres frases el problema: exigimos que un experto nos lo explique con el mayor detalle posible y que los políticos lo debatan en profundidad. Para hablarnos de África nos vale Angelina Jolie.

En la última semana Naomi Campbell ha aparecido, circunspecta y boba, en todas partes. La noticia se completaba con un comentario sobre los diamantes de sangre y los muertos en la guerra civil de Sierra Leona, y con imágenes de niños soldados y familias huyendo. En el programa de televisión en el que participé y en otros que he visto se ofrecían cifras de víctimas erróneas y las imágenes no eran de Sierra Leona sino de Liberia. Pero lo más confuso tenía que ver con los tiempos verbales: no quedaba claro si las guerras continuaban, si los diamantes seguían financiándolas, si el África del reportaje era el África de hoy. En ningún sitio se denunciaban las causas de aquellas guerras y, lo que es más grave, en ningún medio se contaba la realidad actual de Sierra Leona y Liberia, con sus impresionantes logros y sus innumerables desafíos. Del episodio veraniego de la modelo y su impacto mediático emergemos sabiendo menos de África, no más: consolidada la horripilante postal de violencia sin sentido, infernales dictadores y diamantes ensangrentados. Perpetuando los estereotipos dimitimos de nuestro cerebro y apuntalamos lo que los creó. El amor es un barrio de la inteligencia: preocuparse por África es entender lo que sucede en África.

Los diamantes de sangre aún financian autocracias y enfrentamientos pero cada vez en menor medida gracias a la labor de muchos activistas por los derechos humanos en el Sur y en Occidente. El petróleo, infinitamente más que los diamantes, es responsable de alimentar a gobiernos criminales y corruptos: Chad, Angola, Nigeria, Guinea Ecuatorial, Congo Brazzaville, Sudán. No obstante todavía ninguna estrella estadounidense ha hecho una película llamada, Petróleo de sangre. Preguntarnos por el origen de ese petróleo es mucho más complicado que hacerlo por el origen de los diamantes: podemos vivir sin diamantes, casi todos lo hacemos, sin petróleo no. En los últimos años Costa de Marfil ha sido denunciada porque uno de los bandos en el conflicto podría estar lucrándose mediante la producción de diamantes; a nadie se le ocurriría denunciar su producción de crudo.

La guerra de Sierra Leona acabó en 2002 y la de Liberia en 2003. Ambos países han vivido traumáticas y razonablemente exitosas transiciones hacia la democracia. En 2007 el candidato de la oposición, Ernest Bai Koroma, ganó las elecciones presidenciales sierraleonesas. En 2005 Ellen Johnson Sirleaf ganó las elecciones en Liberia y se convirtió en la primera mujer Jefe de Estado del continente. Aunque ambos países siguen siendo inmensamente pobres, con tasas de paro y analfabetismo dramáticas, la paz ha ido poco a poco arraigando y son visibles los esquejes de un cierto desarrollo económico.

Mientras África del Oeste actúa como figurante en la comparecencia de una súpermodelo en la Haya, algo capital e invisible ocurre en la región: las principales multinacionales de mineral de hierro y siderurgia, la brasileña Vale, las australianas BHP Billiton y Riotinto, las chinas Chinalco y Shandong Iron and Steel, la franco-hindú ArcelorMittal, y la india Tata Steel están pujando por sus minas de hierro. En el último semestre estas grandes empresas han firmado acuerdos de extracción y comercialización con Liberia, Sierra Leona y Guinea Conakry por valor de 10 millardos de euros, y otros de menor cuantía con Senegal, Malí y Costa de Marfil. La demanda china ha hecho que el precio del mineral de hierro se haya multiplicado por tres en diez años. Con unas reservas estimadas entre los 250 y los 500 millones de toneladas, el hierro puede ser la plataforma que saque a África Occidental de la miseria; o el yunque que la arrastre de nuevo a la violencia.

De los seis países de África Occidental que han firmado acuerdos con multinacionales del hierro en los últimos seis meses sólo Malí tiene una democracia estable: Senegal posee un sistema electoral contaminado por una clase política corrupta, Guinea pena por salir de medio siglo de dictadura, Costa de Marfil no acaba de desasirse de un conflicto podrido, y Sierra Leona y Liberia ensayan democracias bisoñas entre las ruinas de sus guerras. Todas estas naciones son nuestros vecinos del sur: nuestro vecindario. La pregunta que deberíamos estar haciéndonos ahora, que los periodistas de investigación tendrían que perseguir y los medios de comunicación exponer en sus tertulias es si la opulencia mineral de África servirá como tantas otras veces para enriquecer a las empresas extranjeras y reforzar el poder de las elites locales o finalmente será un instrumento de desarrollo que favorezca al pueblo. Está bien que nos acordemos de los diamantes de sangre, pero tendríamos que estar apoyando el extraordinario esfuerzo de las sociedades africanas hacia la paz y la prosperidad y previniendo la existencia del hierro de sangre: en qué condiciones se han firmado esos contratos, cómo se reparten los ingresos, quién se beneficia de ellos.

A este lado del estrecho el estrépito es grande: ladran los mezquinos, mugen los seguidores de enseñas, chilla en las pantallas la estulticia. Odysseas Elytis escribió junto a una ventana frente al mar los titulares que no aparecerán en el diario de mañana: lo doloroso es propiedad del pasado, la oscuridad combatida es material de luz, la luz convoca a la belleza, somos descendientes de la luz y hacia la luz caminamos. Odysseas Elytis describió la historia de Liberia y Sierra Leona, que es la nuestra.

Los papeles WikiLeaks por Pablo Mediavilla Costa

Mediavilla sobre wikileaks y las filtraciones de documentos de la guerra de Afganistán.

Destaco:

La minuciosidad de los informes es escalofriante. Civiles asesinados en puestos de control, aviones Drone no tripulados que fallan más de lo que la propaganda vende y deben ser rescatados en mitad de la nada, bases abandonadas y bombardeadas para que la munición no caiga en manos enemigas, alteración de pruebas en casos de matanzas de civiles, corrupción y tráfico de armas en la administración Karzai, los servicios secretos afganos como tapadera de la CIA -que se mueve a su antojo-, operaciones encubiertas de Irán en el país vecino…

La fuerza de WikiLeaks se basa en dos pilares antiguos del periodismo, abandonados hace tiempo por los medios tradicionales que han preferido vender vajillas, teletipos o candidatos presidenciales: proteger a las fuentes y fiscalizar al poder.

¿Por qué se fueron a Islandia? La isla, literalmente esquilmada por los especuladores financieros, acaba de aprobar la ley de prensa más garantista del mundo. Uno de los asesores de esa ley fue el propio Julian Paul Assange, que en su día ayudó a destapar los escándalos de los bancos islandeses a través de WikiLeaks.



Esto no es una novela negra escrita en sueco, es la realidad que su gobierno o el banco donde tiene sus ahorros le han ocultado toda la vida. Es muy sucia, como bien intuía, pero ahora tiene algunas pruebas de ella aquí. El arma del pueblo se llama WikiLeaks, una organización dedicada a publicar documentos secretos de interés público -una expresión resucitada-, y sus creadores, con la determinación de un piloto japonés sobre Pearl Harbor, han abierto un boquete de consecuencias impredecibles en el entramado de poder, casi siempre criminal y hermético, que maneja nuestras vidas y acaba con otras muchas. WikiLeaks es la guerrilla perfecta: busca la verdad sin pegar un solo tiro.

El artilugio fue fundado en 2007 por “disidentes chinos, periodistas, matemáticos y expertos informáticos de Estados Unidos, Taiwan, Europa, Australia y Sudáfrica”, como reza en su página web. Subsiste gracias a donaciones privadas y voluntarios que ofrecen su tiempo, sus servidores o su casa para que el núcleo duro -del que poco se sabe- pueda desarrollar los proyectos fuera del alcance de la censura. No tienen sede, ni apartado de correos. Muchas de las donaciones provienen de medios tradicionales como Los Angeles Times, The Associated Press o The Guardian y otras asociaciones de prensa. Su presupuesto anual es de aproximadamente 300.000 dólares y el doble si se incluyen los salarios de los que se dedican a tiempo completo. A principios de este año, cerraron la página durante un tiempo para protestar por la falta de financiación y dejaron este mensaje: “Usted puede cambiar esto y si lo hace, también el mundo. Sólo 10 dólares nos permitirán poner estos documentos en otras 10.000 manos; y con 1.000 dólares, en un millón de manos”.

Se autodefinen como “un servicio público multijurisdiccional diseñado para proteger a chivatos, periodistas y activistas que tienen material sensible que comunicar al público”. En su manifiesto utilizan el ejemplo de la malaria para explicar por qué en Estados Unidos no sufren la epidemia y en África mueren 100 personas a la hora: el buen gobierno es la diferencia. “Un gobierno transparente tiende a ser un gobierno justo”. “Abrimos gobiernos”, reza el eslógan en su cuenta de Twitter con más de 90.000 seguidores.

La cara visible de WikiLeaks es Julian Paul Assange, un australiano de pelo blanco y hacker precoz, lector de Kafka, Koestler y Solzhenitsyn, que habla muy bien y tranquilo ante las cámaras y que, a estas alturas, figura en demasiadas agendas de demasiadas personas con muy buenas y muy malas intenciones. “Me gusta ayudar a la gente que es vulnerable. Me gusta aplastar a los bastardos”, dijo esta semana en una entrevista a la revista alemana Der Spiegel. Uno ya no sabe si la transparencia radical que Assange propone le convierte en un loco o en uno de los pocos cuerdos que quedan en el negocio.

Su último golpe es el Diario de la guerra afgana, la filtración de documentos militares secretos más grande de la Historia. 92.201 informes desde el terreno de la ocupación norteamericana de Afganistán que, no sólo contradicen la versión oficial dada por la Casa Blanca sobre la situación del conflicto, sino que prueban crímenes de guerra y presentan a una resistencia talibán armada hasta los dientes, mucho más fuerte que en 2001 y apoyada por los servicios secretos de Pakistán, el “gran aliado” de Estados Unidos en la región, al que concede 1.000 millones de dólares anuales en ayuda militar. La guerra sin literatura. El sufrido contribuyente norteamericano y sus 300.000 millones ya gastados en un nuevo e inmenso desastre.

"Aunque estoy preocupado por la aparición de información delicada del frente de combate que potencialmente podría poner en riesgo operaciones y personas, el hecho es que ninguno de estos documentos revela nada de lo que no se haya informado y que no haya sido debatido en público". El Nobel de la Paz, Barack Obama, miente. Nada se sabía de la Task Force 373, un comando de operaciones especiales con una lista de 70 dirigentes talibán a eliminar -al parecer son muy efectivos- o de que el número de muertes civiles sea muy superior a las declaradas hasta el momento -muchas de ellas constitutivas de crímenes de guerra-. También se había ocultado que los talibán utilizan los misiles tierra-aire con sensores de calor Stinger que, en su día, Estados Unidos les suministró para luchar contra la ocupación soviética (1979-1989). La lista de novedades e infamias es larga, pero es curioso que la administración Obama haya desplazado el debate hacia la filtración y no hacia los gravísimos hechos que ésta describe. El pasado martes, el Congreso de los Estados Unidos aprobó un nuevo presupuesto de 59.000 millones de dólares al esfuerzo de guerra. ¿Quería WikiLeaks influir en esa votación destapando la liebre el pasado domingo? En esta historia no suena la música del azar.

La minuciosidad de los informes es escalofriante. Civiles asesinados en puestos de control, aviones Drone no tripulados que fallan más de lo que la propaganda vende y deben ser rescatados en mitad de la nada, bases abandonadas y bombardeadas para que la munición no caiga en manos enemigas, alteración de pruebas en casos de matanzas de civiles, corrupción y tráfico de armas en la administración Karzai, los servicios secretos afganos como tapadera de la CIA -que se mueve a su antojo-, operaciones encubiertas de Irán en el país vecino…

La fuerza de WikiLeaks se basa en dos pilares antiguos del periodismo, abandonados hace tiempo por los medios tradicionales que han preferido vender vajillas, teletipos o candidatos presidenciales: proteger a las fuentes y fiscalizar al poder. Y hacer, las dos cosas, sin cuartel. Con esa bandera, una página web y un entramado tecnológico tan atomizado como indestructible; han reunido 1,2 millones de documentos que incriminan a Estados y empresas en conductas delictivas de todo tipo o en algo tan simple como mentir al personal. ¿Quién les hace llegar esa información? Chivatos. Funcionarios de Gobiernos y organizaciones de todo el mundo que odian a sus jefes o su propia vida, trabajadores de compañías privadas con un gran sentimiento de culpa, algunos héroes y mucha gente honrada. La lista de escándalos publicados es apabullante y la hemorragia del poder en la sombra, imparable: violencia postelectoral en Kenia, contratos en Irak, protocolos de Microsoft o Lockheed Martin, uso de psicólogos en la prisión de Guantánamo, informes internos de Naciones Unidas en Darfur o Somalia… El mundo que hay detrás de las vallas publicitarias, de los discursos, de los manifiestos, de las Alianzas de Civilizaciones a un solo click. Una mina de documentos en crudo.

El plan de actuación del primer terremoto WikiLeaks fue narrado en un magnífico reportaje del New Yorker del 7 de junio de este año. Un grupo de periodistas alquilan una casa en Reykjavik, la capital de Islandia, para cubrir la erupción del volcán Eyjafjallajökull. Es mentira. En realidad, se trata de un grupo de trabajo ultrasecreto de WikiLeaks -Assange como jefe- y en sus ordenadores llevan un vídeo encriptado de 38 minutos recién enviado por un chivato desde Irak. En el vídeo se puede ver una matanza de 18 civiles en Bagdad, entre ellos dos periodistas de Reuters, desde la cámara del helicóptero de los Estados Unidos que los va a acribillar. Se escuchan las conversaciones de los implicados. Es un videojuego real. Una semana enclaustrados en la casa de Reykjavik y el Proyecto B -nombre en clave- se ha convertido en el vídeo Homicidio colateral, hackeado, editado y colgado en la red ante el asombro y la atención de la prensa mundial.

¿Por qué se fueron a Islandia? La isla, literalmente esquilmada por los especuladores financieros, acaba de aprobar la ley de prensa más garantista del mundo. Uno de los asesores de esa ley fue el propio Julian Paul Assange, que en su día ayudó a destapar los escándalos de los bancos islandeses a través de WikiLeaks. Pero no todo ha ido sobre ruedas. El responsable de filtrar el vídeo, el soldado norteamericano de 22 años Bradley Manning, fue traicionado por un hacker californiano, Adrian Lamo, al que había confesado tener acceso a miles de documentos secretos. Lamo se puso en contacto con el FBI y Manning está detenido en una cárcel militar de Kuwait a la espera de juicio. Ahora también es el principal sospechoso de la filtración de los documentos sobre Afganistán, aunque Manning siempre estuvo destacado en Irak.

El antecedente histórico inmediato de lo que ha conseguido WikiLeaks hasta ahora con Homicidio colateral, pero especialmente con su Diario de la guerra afgana son los llamados Papeles del Pentágono, un informe elaborado entre 1967 y 1968 por el think tank gubernamental RAND Corporation para el Pentágono, en el que quedaban al descubierto las mentiras que cuatro presidentes -Eisenhower, Kennedy, Johnson y Nixon- dijeron públicamente sobre la escalada militar norteamericana en Indochina y la posterior guerra de Vietnam, así como multitud de atrocidades cometidas contra civiles, casos de corrupción, etc. Un experto de RAND Corporation llamado Daniel Ellsberg se pasó meses sacando, carpeta a carpeta, todas las hojas del informe, fotocopiándolas de noche y devolviéndolas al día siguiente a los archivos.

Entonces, Henry Kissinger, otro Nobel de la Paz más en esta historia, calificó a Ellsberg como “el hombre más peligroso en América” y le dijo al presidente Richard Nixon que la filtración de Ellsberg suponía “un ataque a la integridad del gobierno. Si todos estos archivos pueden ser robados y luego facilitados a la prensa, no podrá mantener las riendas del Gobierno nunca más”. La charla aparece en el documental El hombre más peligroso de América y Ellsberg ha vuelto a la palestra para aconsejar a Assange que no pise Estados Unidos y denunciar que la vida del australiano de pelo blanco puede estar en riesgo.

Ellsberg está presente en la declaración de intenciones de WikiLeaks. Assange anunció la próxima publicación de un nuevo diario de la guerra todavía más duro que éste. El periodismo no acabará siendo una pestaña de búsqueda en Google. Queremos más.

Nueva York. 28 de julio, 2010

* Pablo Mediavilla Costa es periodista.

Pecar contra el sexto en Irán por Inocencio Arias‏

Inocencio Arias sobre Irán y la justicia.

Destaco:

Sakineh Ashtiani . Viuda y acusada de haber mantenido relaciones sexuales con dos hombres casados, ha sido condenada a morir a pedradas. La imagen hiela la sangre en Occidente: que una mujer de 43 años pueda ser lapidada hasta la muerte por haberse acostado con otro adulto nos resulta incomprensible.

El abogado de Ashtiani, un letrado conocido por defender cuestiones de derechos humanos, se ha refugiado en Turquía porque la

policía iraní había acudido a su domicilio a detenerlo. Su delito parece ser que aireó el caso ante los medios de información internacionales. Al no encontrarlo en su casa, la policía detuvo a su mujer e hija que fueron llevadas a una prisión donde han permanecido tres días. Otra forma peculiar de actuar de la justicia iraní. El abogado ha obtenido asilo político en Noruega, las autoridades turcas estaban incómodas con su presencia.

...sería interesante que los políticos occidentales hagan ver a sus interlocutores en Teherán que con estos principios jurídicos no hay posible alianza de civilizaciones ni nada que se le parezca.


Pecar contra el sexto en Irán

Las leyes y autoridades iraníes no se andan con chiquitas a la hora de castigar lo que consideran aberrantes desviaciones sexuales, el adulterio y la homosexualidad. Las penas impuestas a los acusados de ellas causan sonrojo e indignación en el año 2010.

Paradigmático es el caso, que ha dado la vuelta al mundo, de Sakineh Ashtiani . Viuda y acusada de haber mantenido relaciones sexuales con dos hombres casados, ha sido condenada a morir a pedradas. La imagen hiela la sangre en Occidente: que una mujer de 43 años pueda ser lapidada hasta la muerte por haberse acostado con otro adulto nos resulta incomprensible. Ante la algarabía montada en la prensa de diversas naciones -el presidente brasileño, Lula, ha ofrecido a la mujer asilo político- las autoridades iraníes, que se han negado a dejarla salir del país, han comenzado a divagar, el caso está en apelación, podría ser enviada a la horca en vez de lapidada… y recurrido a lo que parece ahora una invención: la juzgada, dicen, también esta acusada de matar a su marido.

El tema se ha complicado estos días empañando aún más la imagen del curioso régimen iraní. El abogado de Ashtiani, un letrado conocido por defender cuestiones de derechos humanos, se ha refugiado en Turquía porque la

policía iraní había acudido a su domicilio a detenerlo. Su delito parece ser que aireó el caso ante los medios de información internacionales. Al no encontrarlo en su casa, la policía detuvo a su mujer e hija que fueron llevadas a una prisión donde han permanecido tres días. Otra forma peculiar de actuar de la justicia iraní. El abogado ha obtenido asilo político en Noruega, las autoridades turcas estaban incómodas con su presencia.

El affair Ashtiani corre paralelo con el de Ebrahim Hamidi, otro defendido por el citado letrado. Ebrahim es un joven de 18 años al que se acusa de haber cometido actos de sodomía aunque, al parecer, es heterosexual. Nuevo proceso porque la legislación local, otra perla retrógrada, prevé para aquellos hombres que han dormido juntos innecesariamente, aunque no hayan practicado ningún acto sexual, penas que van desde los 99 latigazos hasta la capital por horca o lapidación

Según el abogado y ciertos testimonios, Ebrahim se limitó hace un par de años a participar en una pelea con amigos y miembros de su familia contra miembros de otra familia. Fue acusado de sodomía, “delito” que el admitiría algo más tarde bajo tortura. El joven oscuro objeto del deseo del acusado ha confesado ahora que mintió presionado por sus padres, lo que hace trizas el alegato de la acusación, pero el juez competente, por tener “conocimiento especial” de lo ocurrido, otra figura jurídica peregrina, le puede imponer la pena máxima.

La justicia iraní se ha vuelto más severa en supuestos como los mencionados desde que el ayatollah Sadeq Larijani fue puesto al frente de ella en las secuelas de los disturbios que acontecieron con motivo de la trucada elección de hace un año.

Las autoridades iraníes blandirán un argumento caro a los regímenes dictatoriales, el de que no se van a dejar intimidar por la prensa y los alborotadores extranjeros, pero sería interesante que los políticos occidentales hagan ver a sus interlocutores en Teherán que con estos principios jurídicos no hay posible alianza de civilizaciones ni nada que se le parezca.

Los Reyes de la filantropía por Inocencio Arias‏

Inocencio Arias sobre el altruismo de particulares.

Destaco:

En las estadísticas de la ONU, al establecer los países que son más generosos en la ayuda oficial al desarrollo, los nórdicos europeos, Finlandia, Noruega... siempre aparecen en primer lugar. Son los que vienen dando más en relación a su PNB. Estados Unidos emerge normalmente en la cola. Cuantitativamente es la nación que da más, pero si medimos su riqueza está entre las últimas.

El panorama cambia radicalmente al dejar a un lado la ayuda de los gobiernos y examinar el comportamiento de los particulares. Ahí, Estados Unidos, por la idiosincrasia de sus habitantes, por la existencia de un sistema fiscal que permite deducir lo que se dedica a obras de caridad o culturales... ocupa un lugar destacadísimo. Probablemente el primero del mundo. Los estadounidenses dan privadamente al año unos 300.000 millones de dólares a obras benéficas.


Los Reyes de la filantropía

En las estadísticas de la ONU, al establecer los países que son más generosos en la ayuda oficial al desarrollo, los nórdicos europeos, Finlandia, Noruega... siempre aparecen en primer lugar. Son los que vienen dando más en relación a su PNB. Estados Unidos emerge normalmente en la cola. Cuantitativamente es la nación que da más, pero si medimos su riqueza está entre las últimas.

El panorama cambia radicalmente al dejar a un lado la ayuda de los gobiernos y examinar el comportamiento de los particulares. Ahí, Estados Unidos, por la idiosincrasia de sus habitantes, por la existencia de un sistema fiscal que permite deducir lo que se dedica a obras de caridad o culturales... ocupa un lugar destacadísimo. Probablemente el primero del mundo. Los estadounidenses dan privadamente al año unos 300.000 millones de dólares a obras benéficas.

Campeón incontestado de esta filantropía es Warren Buffett, uno de los tres o cuatro hombres más ricos del planeta. El bueno de Buffett ha prometido dar nada menos que el 99% de su fortuna a obras sociales. Tiene hijos, pero argumenta que estos están ya bien acomodados y que con el 1% que les deje tendrán bastante, que no es justo que ellos sean no millonarios sino archimillonarios cuando hay tantas necesidades en la tierra...

Buffett escribió en 1986 un artículo titulado ¿Debería dejarle todo a sus hijos? Respondía rotundamente que no y lo está cumpliendo. Ya ha donado el 20% de su fortuna, seguirá aportando cantidades anuales. Solo a la Fundación benéfica de los Gates entregó el pasado año más de 2.500 millones de euros, y en su testamento dejará las disposiciones oportunas para cumplir el objetivo del 99%.

Tan sorprendente como el gesto es que Buffett se ha unido al matrimonio de Bill y Melinda Gates, otros imponentes filántropos que dedican miles de millones a temas de salud, educativos, etc., sobre todo en el tercer mundo, para persuadir a los pudientes de Estados Unidos que hagan algo parecido. No se andan por las ramas, su blanco son los multimillonarios y el objetivo es que se comprometan entregar el 50% de su fortuna a obras benéficas.

El trío de los Gates y Buffett es activista y ya ha organizado tres cenas confidenciales, de doce o catorce personas, en las que "comen el coco" a los invitados para que imiten su ejemplo. Los invitados son pesos pesados, Bloomberg, el alcalde de Nueva York, que gastó 100 millones de dólares en su campaña electoral; Ted Turner, fundador de la CNN, que regaló 1.000 millones de dólares a la ONU; Oprah, la estrella de televisión, probablemente la mujer de más influencia y la que más gana al año en Estados Unidos, etc. Uno de los invitados ha filtrado el contenido de lo tratado en la primera cena que presidió otro conocido filántropo, David Rockefeller. Por eso las siguientes están envueltas en un mayor secretismo, aunque se conocen los nombres de algunos participantes, un industrial que ha regalado la friolera de 800 millones de dólares a los institutos y a la universidad en que estudió (gesto frecuente en Estados Unidos), etc.

Los tres samaritanos ya han conseguido un puñado de adhesiones, millonarios que han comprometido ese cincuenta por ciento. Quieren que los conversos sigan predicando la buena nueva para que ésta sea conocida por los cuatrocientos o quinientos mayores millonarios del país. Una empresa con un potencial benéfico que da vértigo.

Incidentalmente digamos que lo del donativo del 50%, que aquí pasmaría, a Belinda Gates le parece "un techo bajo". Lo que va de allí a España.

Recuerdo de infancia, de Félix Grande (1937) por Gonzalo Sánchez-Terán‏

Terán sobre el Congo.

Destaco:

En Kinshasa ceno con Théodore Ngami. Théodore es un profesor de primaria de Kikwit, alto, enjuto, dueño de unos dedos hipotenusas que revolea como quien lleva una vida precisando recoger la atención de los niños. Conversamos; él me pregunta por mis padres y yo por sus hijos: tiene siete, tres en la universidad. Su gesto de orgullo al hablarme de ellos va entreverado de niebla: 'Cada vez es más duro. El estado me paga treinta y dos mil francos congoleses al mes (unos 24 euros), con eso es imposible alimentarlos y darles estudios. Además, nos pagan cuando quieren, a menudo con trimestres de retraso'. ¿Y qué haces? 'Lo que todos, trabajo la tierra. Tengo un terreno que queda a treinta kilómetros de Kikwit. Al acabar las clases el viernes me marcho a cultivar mandioca, maíz y arroz, y el lunes temprano regreso a la ciudad derrengado. Una parte de la cosecha sirve para que coma la familia; la otra la vendo y con lo que saco me encargo de la ropa, el colegio. Los precios de todo están subiendo. De verdad, no es fácil'. Yo, como de costumbre, no sé qué decir.

El robo consentido de los hombres uniformados es un impuesto directo a los más pobres: a políticos, extranjeros y ricos con coche propio no se les molesta.

En el este las cosas son peores, mucho peores. Los Kivus permanecen infestados de armas, odios e intereses. La violencia no se extingue y nadie labora por la erradicación de las causas de la guerra: una yesca de nacionalismos, miseria y codicia local y global. Hace pocos meses Oxfam publicaba un informe sobre el uso de la violación como instrumento bélico en el este del Congo. Más de cinco mil mujeres fueron violadas allí en 2009: perdón, denunciaron haber sido violadas; el número es trágicamente mucho mayor. Los procesos por violación en el Congo son casi inexistentes. La injusticia como rutina.

Algunos combates se pierden: hace diez días la Corte Penal Internacional de la Haya ordenó que Thomas Lubanga, un líder rebelde acusado de reclutar niños soldado en el este del Congo en 2002 y 2003, fuera puesto en libertad... Todo parece indicar que por motivos de procedimiento no será condenado. Si así sucede será un triunfo del estado de derecho y una derrota de la verdad.

...el historiador Adam Hoschschild fue a Ituri, la región del Congo donde el grupo rebelde de Thomas Lubanga actuaba. Allí la Corte Penal Internacional había dispuesto que la gente, especialmente los jóvenes, pudiera seguir el juicio... Adam Hoschschild escuchó contraviene las buenas intenciones de la Corte. Tras ver el vídeo los chicos congoleses hicieron preguntas incómodas: '¿Por qué están juzgando a Lubanga cuando otros que hicieron las mismas cosas están ahora mismo en el gobierno?'... Otro joven intervino: 'Lubanga no nos reclutó forzosamente, yo me uní a su grupo de forma voluntaria, para defender a mi comunidad. No teníamos ningún lugar al que ir y Lubanga nos aceptó'..l. Otro de los presentes preguntó antes de que la reunión concluyese: '¿Y qué pasa con los que mataron a Sadam Hussein, por qué no están ellos en La Haya?'. Son preguntas legítimas. En la mano del poder el mazo de la justicia es un martillo: siempre.


Recuerdo de infancia, de Félix Grande (1937)

La poesía nos descoloniza de nuestro yo. La poesía nos destrona de nuestra esclavitud. La poesía no está de nuestra parte, está de nuestro todo.

En Kinshasa ceno con Théodore Ngami. Théodore es un profesor de primaria de Kikwit, alto, enjuto, dueño de unos dedos hipotenusas que revolea como quien lleva una vida precisando recoger la atención de los niños. Conversamos; él me pregunta por mis padres y yo por sus hijos: tiene siete, tres en la universidad. Su gesto de orgullo al hablarme de ellos va entreverado de niebla: 'Cada vez es más duro. El estado me paga treinta y dos mil francos congoleses al mes (unos 24 euros), con eso es imposible alimentarlos y darles estudios. Además, nos pagan cuando quieren, a menudo con trimestres de retraso'. ¿Y qué haces? 'Lo que todos, trabajo la tierra. Tengo un terreno que queda a treinta kilómetros de Kikwit. Al acabar las clases el viernes me marcho a cultivar mandioca, maíz y arroz, y el lunes temprano regreso a la ciudad derrengado. Una parte de la cosecha sirve para que coma la familia; la otra la vendo y con lo que saco me encargo de la ropa, el colegio. Los precios de todo están subiendo. De verdad, no es fácil'. Yo, como de costumbre, no sé qué decir.

Théodore Ngami está deshecho, ha sido un día amargo. Llegó hoy de Kikwit en autobús: la carretera no es mala y en condiciones normales los quinientos cincuenta kilómetros que la separan de Kinshasa se hacen en doce horas. Él ha tardado veintiséis. Poco después de salir el autobús tuvo la primera de un rosario de averías. Al caer la noche el autobusero anunció que se estaba quedando dormido y necesitaba echar una cabezada: nadie se opuso. Parece ser que el buen hombre llevaba una semana yendo y viniendo por la misma ruta sin apenas descansar: el autobús pertenece a una empresa privada que infringe las pocas normas de seguridad que existen en el Congo. Cuando ya creían que no habría más obstáculos en su camino un grupo de militares detuvo el vehículo a punta de metralleta. Hicieron salir al conductor y le exigieron quince mil francos (once euros) para poder continuar. En la cuneta estaban aparcados otros tres autobuses llenos de gente somnolienta y resignada: los berets rouges, boinas rojas, pasaban la mañana recolectando dinero impunemente. Théodore trató de bajar para protestar por el abuso pero uno de los soldados le disuadió encañonándolo con su fusil. El autobusero y los pasajeros intentaron resistirse, argumentar, negociar: hasta que no pagaron entre todos no pudieron seguir. Finalmente, exhaustos y humillados, entraron en Kinshasa.

Hace poco los taxistas de la capital de la República Democrática del Congo y los conductores de microbuses organizaron dos días de huelga para quejarse por el sistema de mordidas que la policía les impone. Taxis colectivos y microbuses hacinados son lo más parecido a un transporte público que existe en Kinshasa: sin ellos la gente no puede ir al trabajo. El robo consentido de los hombres uniformados es un impuesto directo a los más pobres: a políticos, extranjeros y ricos con coche propio no se les molesta. Ésta es la existencia de las personas corrientes al oeste del desaforado país del Río: un estado disfuncional y unas fuerzas de seguridad corruptas hasta la médula. La injusticia como forma de gobierno.

En el este las cosas son peores, mucho peores. Los Kivus permanecen infestados de armas, odios e intereses. La violencia no se extingue y nadie labora por la erradicación de las causas de la guerra: una yesca de nacionalismos, miseria y codicia local y global. Hace pocos meses Oxfam publicaba un informe sobre el uso de la violación como instrumento bélico en el este del Congo. Más de cinco mil mujeres fueron violadas allí en 2009: perdón, denunciaron haber sido violadas; el número es trágicamente mucho mayor. Los procesos por violación en el Congo son casi inexistentes. La injusticia como rutina.

Estados Unidos y la Unión Europea financian al gobierno, las fuerzas de seguridad y la policía del Congo. Su presidente, Joseph Kabila, es considerado un aliado del norte y la presencia de las multinacionales occidentales y chinas está creciendo: las inmensas riquezas mineras del corazón de África alimentan la máquina de consumir del mundo sin perturbaciones. La República Democrática del Congo cada vez hace menos ruido y produce más beneficios: a quién le importa el sufrimiento susurrado de millones de seres humanos, la sementera de rencores, la pobreza como centinela, la injusticia como paisaje.

El poeta Félix Grande escribió hace casi medio siglo un poema sobrecogedor que describe como ningún ensayo la historia del Congo,

RECUERDO DE INFANCIA
Hoy el periódico traía sangre igual que de costumbre
venía chorreando como la tráquea de un ternero sacrificado
he visto chotos cabras vacas durante su degüello
bajo el agujero del cuello una orza se va llenando de sangre
los animales se contraen en sacudidas cada vez más nimias
de pronto ya no respiran por la nariz ni por la boca
sino por la abertura que la navaja hizo en la tráquea
en la cual aparecen burbujas a cada nueva respiración
a menudo parece que están completamente muertos
y no obstante aún se agitan una o dos veces suavemente
ahora sus ojos ya no miran tienen como una niebla
un teloncillo de color indeterminado que recuerda al ceniza
entonces el carnicero se incorpora con las manos manchadas
y procede a desollar y trocear al animal cadáver
para después pesarlo venderlo en porciones hacer su negocio
hoy el periódico traía sangre lo mismo que otros días
acaso unos cuantos estertores más que de hábito
pero cómo saberlo hay países que no especifican
por ejemplo el departamento de estado no da la cifra de sus bajas
únicamente les agrega apellidos
bajas insignificantes bajas ligeras bajas moderadas
hoy el periódico traía sangre en volumen considerable
y mientras leo pacientemente civilizadamente el intento
de justificación de esos destrozos escrito de sutil manera
recuerdo vacas cabras chotos la gran orza en el suelo
y recuerdo imagino pienso que unos cuantos carniceros
continúan desollando troceando pesando en sus básculas
haciendo su negocio mediante esos pobres animales sacrificados.

Hay una lucha abierta entre la indignidad del mundo y su dignidad: se libra en cada esquina, en cada bolsillo, en cada voto, en los mercados, en los tribunales, en los bares, en los pasillos del edificio de Naciones Unidas y en las aulas de cualquier escuela. Cada paso es un destino, cada acto una determinación, cada opinión un veredicto. Y la Tierra, más ahora, es un barrio. Nadie vive en las afueras. Nadie vive en las afueras.

Algunos combates se pierden: hace diez días la Corte Penal Internacional de la Haya ordenó que Thomas Lubanga, un líder rebelde acusado de reclutar niños soldado en el este del Congo en 2002 y 2003, fuera puesto en libertad. El juez del caso considera que es imposible que tenga un juicio justo porque la defensa no ha tenido acceso a documentos que se supone pueden exculparlo. Además la fiscalía no quiere revelar el nombre de su principal testigo alegando que hacerlo pondría en peligro su vida: el juez por el contrario considera que su seguridad está garantizada. La acusación ha apelado la decisión del juez y por el momento Lubanga permanece encerrado. Todo parece indicar que por motivos de procedimiento no será condenado. Si así sucede será un triunfo del estado de derecho y una derrota de la verdad.

Lo más grave, como tantas veces, queda al fondo. Mientras se estaban desarrollando las sesiones del juicio, el historiador Adam Hoschschild fue a Ituri, la región del Congo donde el grupo rebelde de Thomas Lubanga actuaba. Allí la Corte Penal Internacional había dispuesto que la gente, especialmente los jóvenes, pudiera seguir el juicio. A tal fin se pasaban vídeos de lo que sucedía en la Haya seguidos de mesas redondas: la idea era usarlos como método disuasorio para que todo el mundo comprendiera que el peso de la justicia cae sobre quienes reclutan a niños soldado. Lo que Adam Hoschschild escuchó contraviene las buenas intenciones de la Corte. Tras ver el vídeo los chicos congoleses hicieron preguntas incómodas: '¿Por qué están juzgando a Lubanga cuando otros que hicieron las mismas cosas están ahora mismo en el gobierno?'. Podían haber añadido que ganando salarios pagados por la comunidad internacional. Otro joven intervino: 'Lubanga no nos reclutó forzosamente, yo me uní a su grupo de forma voluntaria, para defender a mi comunidad. No teníamos ningún lugar al que ir y Lubanga nos aceptó'. En sus años como líder rebelde Lubanga recibió de Ruanda morteros, metralletas, munición y formación, y de Uganda apoyo y asistencia: los presidentes de estos países, Paul Kagame y Yoweri Museveni, reciben ayuda y aplausos de las naciones poderosas que financian la Corte Penal Internacional. Otro de los presentes preguntó antes de que la reunión concluyese: '¿Y qué pasa con los que mataron a Sadam Hussein, por qué no están ellos en La Haya?'. Son preguntas legítimas. En la mano del poder el mazo de la justicia es un martillo: siempre.

Algunos combates se pierden, otros se ganan. La semana pasada el Presidente Obama firmó la Ley sobre Reforma Financiera. Gracias al activismo de grupos de derechos humanos la Ley incluye una provisión que obliga a las empresas estadounidenses importadoras de productos que contienen minerales que son abundantes en el Congo a presentar un informe anual especificando el origen de estos minerales y su procedimiento de adquisición: transparencia en una zona de corrupción y conflicto. Esta medida, difícil de implementar, no acabará con la violencia y su hidra de causas, pero alicortará su financiación y desincentivará a sus predadores. Mucha gente de bien, congoleses y extranjeros, han trabajado, escrito, leído y soñado para que esta página de la Ley viera la luz.

Creo sinceramente que cada persona, en cada encrucijada, decide el porvenir de la humanidad.

Si el hombre pudiera decir, de Luis Cernuda (1902-1963) por Gonzalo Sánchez-Terán‏

Terán sobre la neutralidad.

Destaco:

Leer es tomar partido: la neutralidad es la mayor mentira inventada por los acaudalados, una prestigiosa manera de respaldar al mal. La indiferencia es un crimen de lesa humanidad.

Como recuerda Tony Judt, a lo largo de la Segunda Guerra Mundial casi todos los europeos neutrales estaban íntimamente comprometidos, si bien de forma indirecta, con los esfuerzos bélicos alemanes. Durante el conflicto Alemania dependió en gran medida de la España de Franco para el suministro de manganeso. El tungsteno llegaba a Alemania desde las colonias portuguesas, a través de Lisboa. El 40% de las necesidades de mineral de hierro de Alemania durante la guerra procedía de Suecia (llegado a los puertos alemanes en barcos suecos). Y todo ello se pagaba en oro, gran parte del cual había sido robado a las víctimas de los nazis y canalizado a través de Suiza.

En 1941-1942 Suiza producía para Alemania el 60% de la industria de la munición, el 50% de la industria óptica y el 40% de la de ingeniería, por todo lo cual era remunerada en oro.

El fascismo defiende la primacía de las esencias; el humanismo defiende la primacía de las presencias, la mujer y el hombre que comparecen en el alba: ambas ideologías son antagónicas... Nos rodean el hambre, la violencia, la infelicidad, ¿en qué luchas andan ellos? Cómo no sienten vergüenza.


Si el hombre pudiera decir, de Luis Cernuda (1902-1963)

La poesía no es ni de izquierdas ni de derechas: los mancos ni saben aplaudir ni pueden arar, y son éstas únicamente las tareas. Votar y pensar se están convirtiendo en actividades incompatibles.

Son las tres de la mañana y la noche abrasa como la correa en el cuello del inocente. Las paredes de mi casa están enlucidas de libros: no protegen o tupen, sino que desbrozan, desatrincheran el espacio, te arrastran a campo abierto. Leer es tomar partido: la neutralidad es la mayor mentira inventada por los acaudalados, una prestigiosa manera de respaldar al mal. La indiferencia es un crimen de lesa humanidad. Sobrevolar los problemas del planeta es minar sus soluciones: quienes habitan en torres de marfil pagan su alquiler a los constructores de celdas. Quienes se desentienden de la realidad la sancionan. Los libérrimos patinadores por lejanas constelaciones aleteando entre músicas y lienzos son la infantería de la iniquidad. El sistema los produce porque el sistema los requiere. Quienes viven en su mundo, viven contra el mundo.

Como recuerda Tony Judt, a lo largo de la Segunda Guerra Mundial casi todos los europeos neutrales estaban íntimamente comprometidos, si bien de forma indirecta, con los esfuerzos bélicos alemanes. Durante el conflicto Alemania dependió en gran medida de la España de Franco para el suministro de manganeso. El tungsteno llegaba a Alemania desde las colonias portuguesas, a través de Lisboa. El 40% de las necesidades de mineral de hierro de Alemania durante la guerra procedía de Suecia (llegado a los puertos alemanes en barcos suecos). Y todo ello se pagaba en oro, gran parte del cual había sido robado a las víctimas de los nazis y canalizado a través de Suiza.

Los suizos actuaron más que como simples blanqueadores de dinero e intermediarios para los pagos alemanes, lo que en sí ya constituía una contribución muy importante a la guerra de Hitler. En 1941-1942 Suiza producía para Alemania el 60% de la industria de la munición, el 50% de la industria óptica y el 40% de la de ingeniería, por todo lo cual era remunerada en oro. La pequeña empresa de armamento Bührle-Oerlikon todavía seguía vendiendo ametralladoras a la Wehrmatch en abril de 1945. En total, durante la Segunda Guerra Mundial el Reichsbank alemán depositó en Suiza el equivalente en oro a 1.638 millones de francos suizos. Y fueron las autoridades suizas la que antes de estallar el conflicto exigieron que los pasaportes alemanes indicaran si sus titulares eran judíos, la mejor manera de impedir llegadas no deseadas.

Desconfía de los neutrales: hay que implicarse, hay que tomar medidas realistas. Los países cambiarán de himno cada tres años y de capital cada diez. En el futuro se estudiará la posibilidad de que la capital de un país se halle en otro continente durante un lustro: así la capital de Estados Unidos sería Bangui, la de España, Asunción, la de Camboya, Viena, etc. Todos los países de la Tierra intercambiarán sus banderas periódicamente: habrá cierto desconcierto en la inauguración de los Juegos Olímpicos pero muchos menos conflictos. Una única autoridad mundial expedirá todos los pasaportes: solo les serán denegados a los evasores fiscales. Se abrirán las fronteras de par en par, repito, se abrirán las fronteras de par en par. Los servicios públicos, salud, educación, transporte, serán globales. El saber heredado se untará equitativamente sobre el mundo: se emprenderá un Plan Marshal del conocimiento. Los hombres serán distintos por sus obras, no por sus herramientas. La riqueza de las naciones se medirá en función de su poesía per cápita: cuantía de humanidad dividida por el número de habitantes.

Hace calor. Releo la vieja edición de Siruela de la Poesía Completa de Luis Cernuda. Hace un par de años, en Spitsbergen, una isla noruega a mil kilómetros del Polo Norte, se creó un banco de semillas para garantizar la seguridad alimentaria de nuestra especie en caso de un holocausto nuclear o una catástrofe natural. Se guardaron 268.000 muestras de semillas procedentes de un centenar de países. Si se hiciera lo mismo con las almas, si se atesoraran las más altas para asegurar la pervivencia de la sensibilidad humana más allá de toda hecatombe, la de Cernuda estaría allí,

SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
Como una nube en la luz;
Si como muros que se derrumban,
Para saludar la verdad erguida en medio,
Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor,
La verdad de sí mismo,
Que no se llama gloria, fortuna o ambición,
Sino amor o deseo,
Yo sería aquél que imaginaba;
Aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
Proclama ante los hombres la verdad ignorada,
La verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
Cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
Alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,
Por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
Y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
Como leños perdidos que el mar anega o levanta
Libremente, con la libertad del amor,
La única libertad que me exalta,´
La única libertad porque muero.
Tú justificas mi existencia:
Si no te conozco, no he vivido;
Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

Cuando regreso a España y encuentro a los mismos miserables defendiendo las mismas banderas me entran arcadas: los que en Barcelona enarbolan su estandarte sintiendo agredida la esencia de su patria son dañinos para el mundo; los que en Madrid enarbolan su estandarte sintiendo agredida la esencia de su patria son dañinos para el mundo. Cómo no les da vergüenza. El fascismo defiende la primacía de las esencias; el humanismo defiende la primacía de las presencias, la mujer y el hombre que comparecen en el alba: ambas ideologías son antagónicas. Las banderas son la ropa del pudibundo dinero. Nos rodean el hambre, la violencia, la infelicidad, ¿en qué luchas andan ellos? Cómo no sienten vergüenza.

En lugar de enarbolar la verdad: el amor, el deseo.

África del Sur, paradojas de la gran potencia africana por Inocencio Arias‏

Arias sobre África del Sur.

En cursiva lo más destacado.


África del Sur, paradojas de la gran potencia africana

La canciller alemana Angela Merkel asistió en días pasados al encuentro en que la selección de su país doblegó inapelablemente a la de Argentina. Visitó antes del encuentro al presidente sudafricano Zuma. De la reunión sólo salió la escueta noticia de que ambos países se apoyan para convertirse en miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, algo que no habrá gustado en Egipto o Nigeria, tampoco en Argelia, aspirantes todos a ese codiciado asiento y, caso de no conseguirlo, preocupados de que otro paíss de su talla lo logre.

Que Alemania se case descaradamente con Sudáfrica muestra la importancia creciente de este país en el continente y en la escena mundial. Sudáfrica, con una extensión superior a la conjunta de Francia y España, no está excesivamente poblada, tienen unos 45 millones de habitantes, pero la preparacion de sus cuadros, especialmente los blancos, sus riquezas diversas, minerales, etc., y su posición geográfica la convierten en un actor privilegiado en el tablero mundial. Su competente organización de los Mundiales de fútbol, con algún lunar, prueba que en muchos aspectos el país no responde a los patrones africanos. Es, con todo, una nación de paradojas. La primera es que es uno de los países con mayor desigualdad económica de África. El fin del execrable apartheid ha traído el nacimiento de una clase media negra, reducida aún, pero que crece. Sin embargo, las diferencias de renta entre una parte importante de la población, que subsiste con dos dólares al día per cápita, y las clases poseedoras es abismal. Alguien ha escrito que África del Sur es una sociedad de talante fluctuante, del pesimismo dominante se pasa a una contenida euforia. El cambio de gobierno del pasado año, salida de Mbeki y entrada del controvertido y extrovertido Zuma, se produjo en un momento delicado, los problemas energéticos se unían a la violencia y a la incógnita que representaba Zuma. El apoyo que obtenía de las fuerzas de izquierda, sindicatos, partido comunista... presagiaba que el capital podría dejar el país y los inversores extranjeros se retraerían. No ha sido así y momentáneamente volvieron las caras alegres.

El nuevo presidente se esforzó en tranquilizar. El primero en calmarse fue él mismo. Los cargos que se le imputaban de haber participado pocos años antes en una vidriosa operación de tráfico de armas y de haber violado a una joven amiga de la familia fueron desestimados. (El presidente no negó haberse acostado con ella, pero afirma que ella consintió). Ello estabilizó un tanto la situación política. Más tarde, mantuvo en el gobierno, como hombre importante, en el cargo de presidente de la Comisión de Planificación a Trevor Manuel, ministro de Finanzas de Mbeki y persona apreciada por la banca internacional. Zuma ha prometido que la lucha contra la pobreza será el objetivo principal de su gobierno. Sudáfrica lo necesita desesperadamente. No parece, sin embargo, que el presidente se vaya a embarcar en políticas demagógicas o insensatas.

El principal problema del gobierno es quizás haber levantado demasidas expectativas. Ganó las elecciones con un cómodo 66% de los votos y la masa negra espera resultados que no pueden llegar de la noche a la mañana. Los ingresos de los negros se han multiplcado por tres en los últimos 13 años, pero los blancos siguen ganando entre seis y siete veces más. El 98% de la población tiene teléfono móvil, pero el acceso al agua corriente, 89%, a la electricidad, 83%, o a cuartos de aseo que funcionen con normalidad, 60%, tienen aún cotas inferiores.

Las preocupaciones recurrentes en la conversación de los sudafricanos con los que hemos venido al Mundial son tres :

a) El sida. 11% de los sudafricanos mayores de dos años tienen la enfermedad. El porcentaje es pavoroso. El tiempo perdido por el gobierno de Mebki, que durante años se empeñó en tratarlo con hierbas medicinales, ha sido precioso. Ha habido un descenso esperanzador en el el número de afectados infantiles y jóvenes, pero un aumento entre las mujeres entre 20 y 30 años. La introducción de los medicamentos adecuados y el progreso económico podrían reducir la plaga.

b) La corrupción. Generalizada en el país y en todas las escalas. El periódico Sunday Times publicaba hoy dos llamativos reportajes, el primero sobre como pueden las compañías evadir clamorosamente los impuestos y el segundo sobre la alegría con que ministerios y empresas estatales han comprado entradas para el Mundial para repartir entre empeados y amiguetes. Varias de ellas se han gastado cinco o siete millones de euros en tickets, en época de austeridad.

c) La violencia. Exagerada tal vez por la prensa internacional, el despliegue de efectivos policiacos y de cámaras de televisión en zonas conflictivas ha sido espectacular para el Mundial. Las cifras, sin embargo, antes del campeonato eran alarmantes. El World Competitivenes Survey clasifica a Sudáfrica como la peor de 133 naciones a la hora de calcular la frecuencia de la comisión de delitos y dos tercios de los sudafricanos, negros o blancos, confesaban en una reciente encuesta (The Economist) que no se sentirían seguros volviendo a su barrio solos por la noche.

Los problemas están ahí. La impresión del visitante en estas fechas, si no departiera con los sudafricanos y no leyera la prensa, es otra. Arropado en la calle por numerosos policías muy obsequiosos, una población amable, que se interesa por tu país, que se esfuerza en ayudarte en la duda y te sonríe espontáneamente en tiendas y oficinas y, por último, que está entusiasmada con la selección española y con Torres, Villa, Iniesta y Casillas, la percepción es buena.

En Estados Unidos se preguntan cuándo se perdió Turquía por Inocencio Arias‏

Arias sobre Turquía y si relación con Estados Unidos.

Destaco:

Ankara no permitió la utilización de su territorio para el apoyo logístico de las fuerzas estadounidenses cuando el conflicto de Irak. Recientemente ha montado una operación de” rescate” de Iran que no ha gustado en Washington. Ideó con Brasil un esquema para que Irán pudiera enriquecer uranio con ciertas garantías que tampoco ha entusiasmado en Occidente porque dejaba bastantes agujeros con los que Teherán podía seguir buscando la bomba. Ha votado y criticado, junto con Brasil, la decisión del Consejo de Seguridad en la que con 12 votos sobre 15 se imponían sanciones al régimen iraní (Líbano se abstuvo). Por último, los medios de información yanquis no ven claro su papel en el envío de la flotilla humanitarian a Gaza. Razonan que es raro que Ankara ignorase que los organizadores de la flotilla iban claramente a provocar a Israel, que no trataran de hacerles desistir cuando el gobierno judío ofreció que descargara las mercancías en otro puerto Estos mismo medios se rasgan las vestiduras con el tono agrio y reiteradamente virulento con que el popular primer ministro turco Erdogan viene tratando a Israel y a su gobierno.


En Estados Unidos se preguntan cuándo se perdió Turquía

Turquía es un viejo miembro de la OTAN y hace tiempo que viene llamando a las puertas de la UniÓn Europea. Su deseo de integrarse en Europa es común a las fuerzas políticas de la nación y representa un principio fundamental de la política del partido en el poder. Aliado tradicional de los Estados Unidos, su posición geográfica, limítrofe con la temida Unión Soviética en el pasado y lindando ahora con países árabes o islámicos problemáticos, le concedían y conceden una especial importancia. De ahí que Estados Unidos haya sido con frecuencia el abogado de Ankara ante los gobiernos europeos que un día sí y otro también encuentran algún pretexto para dilatar el ingreso de Turquía en la Unión

Sin embargo, recientemente las cosas han cambiado. Las acciones del gobierno de Ankara, salido de un partido islámico moderado y modernista, empiezan a inquietar en más de una cancillería y sobre todo en Estados Unidos, cuya prensa, en la que hay una no despreciable presencia judía, empieza a cuestionarse si Turquía sigue jugando el papel de balanza entre Occidente y el mundo islámico o si se ha inclinado peligrosamente hacia sectores no modélicos de éste.

Los ejemplos que se citan en los numerosos artículos en Estados Unidos son abundantes. Ankara no permitió la utilización de su territorio para el apoyo logístico de las fuerzas estadounidenses cuando el conflicto de Irak. Recientemente ha montado una operación de” rescate” de Iran que no ha gustado en Washington. Ideó con Brasil un esquema para que Irán pudiera enriquecer uranio con ciertas garantías que tampoco ha entusiasmado en Occidente porque dejaba bastantes agujeros con los que Teherán podía seguir buscando la bomba. Ha votado y criticado, junto con Brasil, la decisión del Consejo de Seguridad en la que con 12 votos sobre 15 se imponían sanciones al régimen iraní (Líbano se abstuvo). Por último, los medios de información yanquis no ven claro su papel en el envío de la flotilla humanitarian a Gaza. Razonan que es raro que Ankara ignorase que los organizadores de la flotilla iban claramente a provocar a Israel, que no trataran de hacerles desistir cuando el gobierno judío ofreció que descargara las mercancías en otro puerto Estos mismo medios se rasgan las vestiduras con el tono agrio y reiteradamente virulento con que el popular primer ministro turco Erdogan viene tratando a Israel y a su gobierno.

Thomas Friedman, quizás el comentaristas más leído de Estados Unidos, dice que las causas del alejamiento de Turquía pueden ser tres: hartazgo con la parsimonia de Europa en abrirle las puertas, lo que ha creado una enorme frustracción; convencimiento en los dirigentes turcos de que hay un vacío de poder en el Medio Oriente (no hay ninguna potencia destacada), y que ellos pueden ocuparlo rememorando un pasado glorioso de hace siglos. Finalmente, la propia situación interna del país, la denuncia de Israel vende dentro y fuera y las crecientes corrientes islámicas, sofocadas durante décadas, aplauden esa política. Enunciadas las posibles causas, Friedman, muy citado en Estados Unidos y que pasa por un moderado, tiene calificativos muy duros hacia los dirigentes turcos, encuentra atroz la respetabilidad que otorgan a ciertas facciones palestinas y sus conclusiones sobre su condición de aliado son sombrías. La impresión del comentarista se extiende como mancha de aceite en Estados Unidos. El giro turco, por otra parte, real o aparente, no ayuda a los abogados de Ankara ante Europa.