Víctimas, 15 de diciembre: Eduardo Navarro Cañada, Francisco Arín Urcola y Alfonso Morcillo Calero.

Libertad Digital.


La banda terrorista ETA terminó el año 1983 con 41 víctimas mortales, siendo las dos últimas las provocadas en sendos atentados cometidos el mismo día 15 de diciembre en San Sebastián y Tolosa (Guipúzcoa).
A mediodía del 15 de diciembre de 1983 la banda terrorista ETA asesinaba en San Sebastián al policía nacional EDUARDO NAVARRO CAÑADA, y hería gravemente a su compañero de patrulla, Clemente Medina Monreal, que tardó 637 días en curar de sus heridas pero quedó incapacitado para desempeñar su profesión de policía. También resultó herido de bala un transeúnte, Crescencio Martínez Lecumberri, que pasaba por el lugar de los hechos en el momento del atentado y que fue asistido en la Casa de Socorro.
Eduardo y Clemente formaban parte de un dispositivo policial, incluido en el plan ZEN, puesto en marcha ocho meses antes, que tenía por objetivo normalizar la presencia de agentes de las Fuerzas de Seguridad en las calles de las capitales vascas y lograr una mayor cercanía con los ciudadanos.
Por ese motivo, el 15 de diciembre ambos paseaban a pie y vestidos de uniforme, por el centro de San Sebastián. Hacia las 11:45 horas, dos miembros de la banda terrorista ETA, vestidos con el uniforme de la Policía Municipal, se apearon de un vehículo de ese Cuerpo policial que habían robado horas antes. Los etarras se acercaron a los agentes de Policía por la espalda y los tirotearon a bocajarro en la cabeza. A continuación emprendieron la huida en el vehículo de la Policía Municipal robado, haciendo sonar la sirena para sortear las señales de tráfico y eludir la persecución policial, pues nada más producirse el asesinato, un compañero de servicio de las víctimas salió tras los terroristas disparando su arma en dirección al coche en el que huían los etarras, en el que les aguardaban otros dos terroristas, una mujer y un hombre.
El atentado se produjo a la puerta del comercio Sederías de Oriente, cuyas empleadas intentaron evitar que los policías se desangraran, taponando con toallas sus heridas. Una de estas empleadas relató así el atentado:
Oímos varios disparos, cuatro o cinco, y al mirar al ventanal vimos caer a los policías que habían estado paseando por delante del comercio. Un hombre que tenía rasgada la gabardina y la cazadora en el hombro, porque le había rozado una bala, vino a refugiarse en la tienda, y también un matrimonio en plena crisis nerviosa. Al poco rato salimos a ver a los heridos, y era horrible. Uno de los heridos, pobrecito, sangraba por la boca, las orejas y los ojos, y no se movía, no decía nada. El otro intentó levantarse, pero volvió a caerse; había ya un gran charco de sangre y nosotras trajimos toallas para cortar las hemorragias. Uno de ellos se metía la mano en la boca, porque por lo visto la bala le había atravesado el paladar. Enseguida, llegó un chico joven que dijo que era médico, y nos ordenó que no moviéramos a uno de los heridos, al que parecía estar peor. Luego vinieron más policías, pero la ambulancia no apareció hasta mucho después.
Los etarras se habían hecho con el vehículo policial reduciendo a dos municipales que se habían desplazado a la zona de tiro al pichón del monte Ulía, tras haberse recibido una llamada en la Inspección de la Policía Municipal en la que se les indicaba que un hombre desnudo estaba paseando por las inmediaciones del merendero Irati. Los dos guardias municipales, que iban desarmados, fueron encañonados, reducidos y atados a unos árboles. A continuación los terroristas se apoderaron de los uniformes y del vehículo municipal, un Seat 1430 blanco, que fue localizado tras el atentado en la calle de la Salud, en el barrio de Amara. La Policía encontró en el interior del mismo dos armas cortas que, al parecer, fueron las que se utilizaron para tirotear a los dos policías nacionales.
Eduardo Navarro y Clemente Medina pertenecían a la Compañía de Reserva de la Policía con sede en Valencia, destinada en el País Vasco desde hacía dos semanas para reforzar las medidas de seguridad antiterroristas.
Todas las fuerzas políticas, menos Herri Batasuna, emitieron comunicados de condena. También hubo condenas a título particular, como la del alcalde Ramón Labayen o la del lehendakari Garaikoetxea, que estaba en la toma de posesión del nuevo gobernador militar de Álava.
La capilla ardiente con el féretro de la víctima fue instalada en el Gobierno Civil de San Sebastián y el funeral por su alma se celebró al día siguiente 16 de diciembre en la catedral del Buen Pastor de San Sebastián, con asistencia del ministro de Interior, José Barrionuevo, y otros representantes políticos, de la Diputación Foral y del Gobierno vasco. Durante el acto pudieron oírse los gritos de algunas mujeres pidiendo el "estado de excepción". Tras finalizar el funeral, una comitiva fue hasta el lugar del atentado para depositar un ramo de flores y rezar un responso.
El atentado contra los dos agentes de Policía fue cometido por el agente de la Ertzaintza y miembro del grupo Bianditz de ETA Pedro María Briones Goicoechea, que en 1987 fue condenado por la Audiencia Nacional a 26 años de prisión mayor por un delito de atentado con el resultado de muerte, y a otros 17 años de reclusión menor por un delito de asesinato en grado de frustración. Tres años después, en 1990, fue condenado por los mismos delitos y a las mismas penas el también miembro de ETA Pablo José Gómez Ces, que fue detenido en Italia en 1987. Un tercer etarra,Rafael Echebeste Garmendia, no pudo ser juzgado porque falleció, junto a la también etarra María Teresa Pérez Sever, en agosto de 1987 en San Sebastián por la explosión de un coche-bomba que preparaban para cometer otro atentado. De los tres, los autores de los disparos fueron Echebeste y Gómez Ces, mientras que el ertzaina Briones permanecía en el vehículo policial con el que emprendieron la huida.
Eduardo Navarro Cañada tenía 27 años. Era natural de Burjasot (Valencia), estaba casado y teníados hijos de corta edad. Sus restos mortales fueron trasladados por avión hasta Valencia tras terminar el funeral en San Sebastián. Fue enterrado esa misma tarde con la presencia de numerosos ciudadanos, en un ambiente de gran tensión.
Pocas horas después, en torno a las 19:00 horas del 15 de diciembre de 1983, los Comandos Autónomos Anticapitalistas secuestraban en su domicilio en Tolosa (Guipúzcoa) y asesinaban poco después al empresario FRANCISCO ARÍN URCOLA, por negarse a ceder a la extorsión de la banda asesina y no pagar el llamado "impuesto revolucionario".
Las circunstancias de su secuestro por tres terroristas armados que se identificaron como miembros de los CAA, las narró su hijo Gerardo en el libro de Cristina CuestaContra el olvido (Temas de Hoy, 2000):
El 15 de diciembre de 1983 volvía de clase. En casa estaban mi madre y mi hermano con dos chicos que no conocía. Pensé que eran amigos de mi hermano y que estaban de visita. Fui a mi habitación a dejar las cosas y cuando salí me encontré con que esas dos personas nos decían que iban a secuestrar a mi padre. Mi padre aún no había llegado a casa. Estuvimos durante un tiempo hablando con ellos, preguntándoles cuál era el motivo por el que iban a secuestrarle. Nos comentaron que era un problema económico y que no nos preocupáramos, que se solucionaría.
Cuando Francisco Arín llegó al domicilio al cabo de una hora, los dos terroristas se lo llevaron consigo, no sin antes advertir a su esposa e hijos de que no dieran aviso a la Policía. Poco después se presentó en el domicilio una patrulla de la Guardia Civil preguntando a la familia si pasaba algo, a lo que estos contestaron que no, pero no consiguieron convencer a los agentes. El hallazgo del cadáver de Francisco Arín se produjo después de que un hombre, a través de una llamada telefónica en nombre de los CAA, informara al diario Egin del lugar exacto donde se encontraba. En la llamada se indicaba que la víctima se encontraba en un automóvil situado cerca de la autopista a la entrada de Irura. Dos periodistas del diario proetarra se trasladaron al lugar indicado y, tras comprobar la veracidad de la información, dieron aviso a las autoridades. Una patrulla de la Guardia Civil y efectivos de la Cruz Roja se trasladaron al lugar de los hechos. El vehículo, con el maletero abierto y el cadáver de Francisco Arín en su interior, fue encontrado junto a una antigua factoría en la que había trabajado la propia víctima como directivo hasta que, seis años antes, la fábrica tuvo que cerrar.
A las 12:30 horas del 16 de diciembre, el pleno del Ayuntamiento de Tolosa redactó una nota de condena apoyada por todos los partidos políticos con representación municipal, salvo Herri Batasuna. En la misma se condenaba el secuestro y asesinato de su convecino y se denunciaba el chantaje de la banda terrorista, además de convocar una manifestación de repulsa y pedir el diálogo y la "negociación pacífica por vías políticas". El representante de HB en el Ayuntamiento dijo que lamentaba la muerte por "absurda", pero que se abstenía de votar el comunicado de condena porque, visto el "acto" en su contexto, la responsabilidad era del Gobierno. Además, los compañeros de estudio de los hijos del empresario asesinado en las Escuelas Pías de Tolosa, entregaron al alcalde una carta de condena. A las 19:30 horas tuvo lugar una manifestación encabezada por una pancarta portada por los alumnos de las Escuelas Pías en la que se podía leer "Bakea eta askatasuna. Patxi gogoa zaitugu". Mil quinientas personas, entre las que estaban dos de los hijos de la víctima, además de representantes políticos locales, desfilaron en silencio. Otro de los hijos de Francisco no pudo asistir porque estaba haciendo el servicio militar en Alicante.
Francisco Arín Urcola tenía 48 años. Estaba casado y tenía cuatro hijos, dos de ellos estudiantes de periodismo en Bilbao. Directivo de Construcciones Electromecánicas Irura, había sido amenazado por la banda por negarse a pagar el chantaje que ésta le exigía. Las cartas de extorsión habían llegado a nombre tanto de ETA militar como de los CAA. En dos ocasiones el empresario se había trasladado al sur de Francia para explicar a ETA que no tenía el dinero. Pese a que recibió garantías de que no le pasaría nada, un año más tarde del primer encuentro con los dirigentes de la banda, su domicilio fue tiroteado. Francisco Arín volvió a cruzar la frontera y, de nuevo, obtuvo la misma respuesta tranquilizadora de la banda terrorista. "Al menos en una ocasión entregó cierta cantidad de dinero a los terroristas, aunque se ignora a cuál de las ramas de ETA" según contó el diario El País citando "fuentes próximas a la familia" (El País, 16/12/1983). No obstante, esta posibilidad fue rotundamente desmentida años después por uno de sus hijos: 
Tenía clarísimo que jamás soltaría un duro a ETA, porque sabía que ese dinero se iba a utilizar para matar gente. Aunque hubiera tenido dinero no lo habría pagado, eso lo tengo clarísimo (Cristina Cuesta Contra el olvido, Temas de Hoy, 2000).
El funeral por el alma de Francisco Arín se celebró el 17 de diciembre en Tolosa, en una iglesia completamente abarrotada. El acto fue oficiado por uno de los hermanos de la víctima, acompañado por otros tres sacerdotes. Entre los políticos y personalidades asistentes estaban el delegado del Gobierno, Ramón Jáuregui, el nuevo líder del centro-derecha vasco, Jaime Mayor Oreja, y el presidente de los empresarios José María Vizcaíno que declaró que cuando los socios de Francisco Arín propusieron trasladar la empresa a Madrid, el empresario se negó, pese a que estaba siendo extorsionado por la banda terrorista. Y añadió que dos días antes de ser asesinado había comprado unos locales cerca de San Sebastián para una ampliación de la misma.
El mismo día que se celebraba el funeral por Arín Urcola, en Bayona tuvo lugar una manifestación por la desaparición de los miembros de ETA Lasa y Zabala. Un millar de personas recorrieron las calles del centro de la localidad entre gritos a favor de ETA militar, la independencia, "González asesino, Mitterrand cómplice". Un policía francés fuera de servicio fue reconocido y agredido, robándole el arma que portaba en la cintura.
A las ocho y cuarto de la mañana del jueves 15 de diciembre de 1994 Francisco Javier García Gaztelu, alias Txapote, y un segundo miembro de la banda terrorista ETA, asesinaron por la espalda y a bocajarro en Lasarte (Guipúzcoa) al sargento de la Policía Municipal de San Sebastián, ALFONSO MORCILLO CALERO. Hasta ahí los había trasladado, en un vehículo propiedad de su padre, Valentín Lasarte que, además, se había ocupado de hacer el seguimiento previo a la víctima. Una vez cometido el asesinato, Lasarte ayudó a los pistoleros de la banda a huir del lugar del crimen. Alfonso Morcillo acababa de salir de su domicilio, con el uniforme reglamentario, y se disponía a ir a su puesto de trabajo en San Sebastián. Apenas había recorrido unos metros cuando fue tiroteado por los asesinos de la banda. A su mujer, Caty Romero, la avisaron por el telefonillo:
"A los quince minutos de irse sonó el telefonillo y pensé que se habrían equivocado. Yo apenas conocía gente en el barrio y él era un hombre muy atento, y si se había olvidado algo estaba segura de que, antes de molestar, subiría los cuatro pisos de nuevo"(...) El interfono volvió a sonar y a la tercera decidió descolgarlo. "Al otro lado, una persona me dijo que bajara, que mi marido estaba mareado en el suelo. Bajé corriendo, con el pijama puesto y un anorak para resguardarme de la llovizna. Justo debajo de la ventana de mi habitación me lo encontré tumbado, al lado de la salida de un garaje. Creía que se había tropezado con el bordillo y se había dado un fuerte golpe en la cabeza, porque estaba en medio de un enorme charco de sangre" (soitu.es, 07/09/2009).
Allí tirada en la acera, cogida a la mano de su marido, permaneció bajo la lluvia durante unos veinte minutos sin que nadie acudiera en su ayuda. Los efectivos de la Cruz Roja y de la Ertzaintza atendieron a Alfonso y a Caty (en estado de shock) y los trasladaron a cada uno en una ambulancia a la Residencia Nuestra Señora de Aránzazu.
Esa clínica estaba a tres minutos de mi casa, pero yo veía que mi ambulancia iba muy lenta. Claro, estaba hecho con la intención de que no coincidiera con mi marido en la entrada. Al llegar me encontré en la puerta a Odón Elorza, a Gregorio Ordóñez, Mikel Gotzon Santamaría, jefe de la Policía Municipal... Allí me comunicaron que Alfonso había sufrido un atentado de ETA y acababa de morir en el traslado (soitu.es, 07/09/2009).
Según el primer parte médico emitido por el Hospital Nuestra Señora de Aránzazu, Alfonso Morcillo presentaba al ser ingresado "herida de bala con entrada a nivel frontoparietal derecho con salida a nivel occipital izquierdo". En el lugar de los hechos la Ertzaintza encontró un casquillo de bala del calibre 9 milímetros parabellum.
La víctima era el máximo responsable de la la Unidad de Investigación, lo que le convertía en el número dos del cuerpo de la Policía Municipal, por debajo de Santamaría. En los últimos meses del año 1994, Morcillo estaba investigando a los topos que la banda terrorista ETA tenía dentro de la Policía Municipal lo que le puso en el punto de mira de la banda. Su viuda, Caty Romero, lo contó en septiembre de 2009 en el reportaje de la serie "10 viudas más fuertes que ETA" del diario digitalsoitu.es:
Se sospechaba que había 'topos' etarras dentro de la Guardia –como quedó demostrado posteriormente con varias detenciones – y que la organización criminal aprovechaba las instituciones democráticas precisamente para acabar con ellas. Por aquel entonces, Gregorio Ordóñez, que era teniente de alcalde y parlamentario en Vitoria, lo sacó a la luz, justo cuando Alfonso estaba realizando una investigación interna. Enrique Nieto, jefe de la lucha antiterrorista en Guipúzcoa también tenía sus sospechas (soitu.es, 07/09/2009).
Durante muchos meses "Morcillo se afanaba en hacer acopio del suficiente número de pruebas como para demostrar, por saturación, que había agentes de la Policía Municipal de San Sebastián con doble vida; por la mañana regulaban el tráfico, por la tarde pasaban información a ETA" (José María Calleja, ¡Arriba Euskadi! La vida diaria en el País Vasco, Espasa Calpe, 2001).
En poco menos de diez meses ETA asesinó a Morcillo, Ordóñez y Nieto, poniendo de manifiesto que sus investigaciones iban, como finalmente se demostró, en la buena dirección. El alcalde de San Sebastián, el socialista Odón Elorza, señaló tras el atentado que Alfonso Morcillo era "un guardia municipal excelente, uno de los mejores miembros de la plantilla y querido por todos sus compañeros".
Francisco Javier García Gaztelu, alias Txapote, inició su sanguinaria carrera precisamente con el asesinato de Alfonso Morcillo. Tanto él como Valentín Lasarte han sido juzgados por asesinatos como los de Gregorio Ordóñez, Fernando Múgica, Miguel Ángel Blanco o Enrique Nieto. En 1998 la Audiencia Nacional condenó a 29 años de reclusión mayor a Valentín Lasarte Oliden por cooperación necesaria en un delito de atentado con resultado de muerte y a indemnizar a los herederos legales de Alfonso Morcillo. Meses después, la viuda de Alfonso Morcillo se encontró con la madre y la compañera sentimental del asesino de su marido portando un cartel con su foto por las calles del barrio donostiarra de Gros. Caty no pudo reprimirse y cruzó la calle para recordarles que llevaban la imagen de un criminal. "Ellas me espetaron a la cara un 'anda, que se joda tu marido bajo tierra' y otros familiares de presos intentaron agredirme" (soitu.es, 07/09/2009). En 2006 fue condenado Txapote a 29 años de prisión mayor por el asesinato del sargento Morcillo. Juan Ramón Carasatorre Aldaz, alias Zapata, que presuntamente fue el pistolero que acompañó a Txapote el día del atentado, fue juzgado en septiembre de 2011 por el asesinato de Morcillo, quedando absuelto por falta de pruebas pese al testimonio incriminatorio de Lasarte Oliden. El tribunal valoró como insuficiente y "manifiestamente falaz" la declaración del disidente de ETA Valentín Lasarte en contra de Zapata. Por otra parte, el atentado contra el sargento Morcillo fue ordenado por Francisco Javier Arizcuren Ruiz, alias Kantauri, según se recoge en la sentencia por la que se absuelve a Carasatorre de su participación en los hechos.
Alfonso Morcillo Calero tenía 40 años y era natural de Medellín (Badajoz). Estaba casado en segundas nupcias con Caty Romero Lucas y tenía dos hijos de un matrimonio anterior. Era miembro de la Policía Municipal de San Sebastián desde hacía diecisiete años y compaginaba su puesto en la Unidad de Investigación, sección dedicada principalmente a luchar contra el "tráfico de drogas, la delincuencia común, robos, atracos y delitos similares", con sus estudios de Derecho en la Facultad de San Sebastián. Caty se enamoró de Alfonso en el verano de 1990, cuando tenía 28 años. Los hijos del agente habían sacado malas notas en sus estudios y su padre los envió a Medellín a estudiar. Pidió a la madre de su primera mujer, de la que ya estaba divorciado, que les buscase una profesora particular para los meses de julio y agosto, y su exsuegra pensó en su sobrina Caty, licenciada en Historia. A finales de ese mes de agosto, Alfonso fue al pueblo a recoger a sus hijos. "Yo me quedé prendada de él. No sé lo que nos atrajo, pero me invitó a pasar unos días en San Sebastián y a la semana de estar allí me pidió que me quedara", rememoraba Caty en soitu.es, así como el momento en el que dio la noticia a su familia "tradicional y muy católica, donde no sentó muy bien que me fuera a vivir con un hombre separado y que me sacaba ocho años".
En la capilla ardiente, Caty se hizo la promesa de quedarse en el País Vasco para luchar por la memoria de su marido a costa de estar sola y lejos de su familia. Tras el funeral en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de San Sebastián, los restos mortales de Alfonso fueron trasladados a Medellín donde le hicieron un homenaje en la plaza del pueblo bajo una fuerte tormenta – "pues el párroco se negó a ceder la iglesia porque Alfonso era evangélico" – antes de enterrarlo. Tras descansar unos días decidió regresar al País Vasco. En Lasarte el ambiente era asfixiante por lo que, tras una temporada en Madrid, decidió ir a San Sebastián y pedir ayuda en el Ayuntamiento para encontrar algún trabajo. Ella, que era profesora, empezó a hacer sustituciones limpiando colegios. Además de lo que se tardaba en tramitar las indemnizaciones en esa época, Caty era la segunda esposa, y la pensión se dividía en función de los años de casada. Además de la precaria situación económica, Caty ha tenido que soportar, como tantos otros familiares de asesinados por la banda, el vacío social por parte de sus compañeras de trabajo cuando éstas se enteraban de que era viuda de un asesinado por ETA.
Con motivo de un homenaje que el Ayuntamiento de San Sebastián rindió a Alfonso Morcillo en 2006, al que asistieron también sus dos hijos y su madre, la primera mujer de Alfonso, Caty Romero recordó que ETA asesinó a su marido para "extender el terror", porque su asesinato hizo que "algunos callaran" ante el temor de "que pudiera ocurrirles lo mismo. El miedo selló algunas bocas". Dos años antes, cuando se cumplió el décimo aniversario, Caty había pedido a Odón Elorza que se colocase una placa en recuerdo de Alfonso Morcillo en las dependencias de la Guardia Urbana en el Ayuntamiento, petición que quedó en el olvido. La viuda del agente Morcillo lo denunció mediante carta pública a los medios de comunicación, lo que provocó una airada respuesta de Elorza.
Caty no se plantea irse del País Vasco porque "todavía queda mucho por hacer" (El País, 10/11/2010). Desde Covite realiza una gran labor de apoyo a las víctimas de ETA: "Ha sido un bálsamo para mí. Escuchar sus historias, con hijos, solas, sin posibilidad de trabajar, ha hecho que pueda relativizar un poco mi propio dolor" (soitu.es, 07/09/2009).
Alfonso Morcillo fue la decimotercera y última víctima mortal de la banda terrorista ETA en el año 1994. 

Lecturas 15.12.2012

Seis claves para entender qué ocurre en Egipto, por Jordi Pérez Colomé.

El problema es que la transición se cierra en falso, sin consenso, y Egipto volverá a vivir turbulencias. El principal grupo de la oposición, coordinado por Mohamed ElBaradei, debe decidir aún si boicotear la Constitución o votar que no.

Los rebeldes sirios avanzan, pero el fin del régimen aún es un misterio, por Jordi Pérez Colomé.

Los rebeldes sirios avanzan: controlan buena parte del norte y este del país, y de Alepo, la segunda ciudad siria. En los últimos días la batalla se centra en los alrededores de Damasco y el ejército de Asad usa cada vez más recursos desesperados. Pero aún es difícil imaginar qué tipo de final tendrá el régimen.

El asilo de Petrinja, por Arturo Pérez-Reverte.

Y en ésas, al pasar ante un inmueble grande, oímos un ruido dentro. Como un gemido. Entramos a curiosear, encendimos las linternas, y en el sótano encontramos a una docena de personas tumbadas en camillas y en el suelo. Era el asilo de ancianos; y los cuidadores, al huir de los serbios, habían abandonado allí a los inválidos. Los pobres viejos llevaban tres días sin agua ni comida, entre el zumbido de las moscas y el hedor de sus propios excrementos. Un par de ellos estaban muertos; y el resto, cerca de estarlo. Gemían y lloraban aterrorizados, y cuando sonaba alguna bomba cerca chillaban enloquecidos de terror. Suplicándonos. Nada podíamos hacer por ellos, así que encendimos el flash y los grabamos a todos para el telediario de las nueve, para que el siempre sonriente Javier Solana, fino negociador comunitario, pudiera salir luego diciendo en Bruselas que todo estaba controlado en los Balcanes, que en el fondo los serbios eran buenos chicos y que las negociaciones de paz iban de puta madre. Trabajamos así durante diez minutos, sin hablar ni mirarnos el uno al otro. Luego dejamos en las camillas toda la comida y el agua que teníamos y nos largamos de allí sin hacer comentarios.

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Sudan: Civilians Describe Toll of Attacks, by Human Rights Watch.

The 39-page report, “Under Siege,” is based on five research missions to the hard-to-access rebel-held areas in the two states and to refugee camps in South Sudan. It documents the government’s indiscriminate bombing and other attacks on civilians since conflict between the government of Sudan and the rebel Sudan People’s Liberation Army-North (SPLA-N) broke out in June 2011 in Southern Kordofan following disputed state elections. The report also describes the effect of Sudan’s refusal to allow humanitarian assistance into rebel-held areas. Hundreds of thousands of people are displaced inside the two states, surviving on very little, while more than 200,000 have fled to refugee camps in South Sudan and Ethiopia.


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Héroes, 14 de diciembre: Luis Alfredo Achurra Cianca y Francisco Cano Consuegra



El 14 de diciembre de 1990, un día después del asesinato del vendedor de prensa Vicente López Jiménez en San Sebastián, la banda terrorista ETA asesinaba en Amorebieta (Vizcaya) al policía nacional LUIS ALFREDO ACHURRA CIANCA mediante una bomba-lapa colocada en los bajos de su vehículo.
Luis Alfredo Achurra se había desplazado con su automóvil, un Peugeot Talbot, al taller de un conocido suyo en la calle de San Pedro de Amorebieta para pagar una factura. Cuando, a solicitud de los empleados del taller, se disponía a mover el automóvil, que impedía la entrada y salida de coches, el artefacto, compuesto por dos kilos de amonal, estalló y le seccionó el cuerpo en dos. También resultó herido leve el propietario de un bar cercano, Jaime Gómez Rabanal, de 30 años, que fue trasladado al Hospital de Galdácano, donde se le extrajo un pedazo de metralla que se le había quedado incrustado en el cuello.
Fuentes policiales señalaron que la bomba-lapa fue probablemente adosada al vehículo de Achurra Cianca en Basauri, donde residía, y que por algún motivo falló el dispositivo de ignición cuando lo puso en marcha para trasladarse a Amorebieta.
Ese mismo día, ETA intentó asesinar a otro policía nacional en San Sebastián mediante el mismo sistema de la bomba-lapa. El inspector Juan Manuel Sánchez Polo, de 30 años, aunque resultó gravemente herido, salvó la vida gracias a que la onda expansiva del artefacto explosivo, colocado bajo el asiento del conductor, se dirigió hacia la parte posterior del vehículo, y no de abajo a arriba, según informó al día siguiente el gobernador civil de Guipúzcoa, José María Gurruchaga. El inspector Sánchez Polo se disponía, poco después del mediodía, a arrancar su automóvil, un Renault 25 matriculado en Madrid, que se encontraba a quince metros de una gasolinera con 40.000 litros de combustible. En ese momento se accionó el artefacto explosivo. La víctima fue trasladada por otro policía que estaba repostando gasolina en la estación de servicio a la residencia sanitaria Nuestra Señora de Aránzazu. Juan Manuel sufrió lesiones en la espalda, columna vertebral, piernas, glúteos y una parálisis intestinal a causa de la onda expansiva. Era el segundo atentado que sufría a manos de la banda terrorista ETA: en el primero, el 3 de noviembre del mismo año, se salvó por no estar en su domicilio en el barrio donostiarra de Trincherpe en esos momentos. Juan Manuel sufre todavía problemas neurológicos, además de que tiene que llevar prótesis en las caderas y en la espalda.
En 1994 la Audiencia Nacional condenó a Francisco Javier Martínez Izaguirre a la pena de 27 años de reclusión mayor por el asesinato de Luis Alfredo Achurra. Posteriormente, en el año 2006 fue condenado Juan Carlos Iglesias Chouzas, alias Gadafi, a 35 años por este mismo asesinato. FueGadafi quien colocó la bomba-lapa bajo el coche de Achurra. También participó en la preparación del atentado Juan María Ormazabal Ibarguren, alias Turko, asesino de la banda que no pudo ser juzgado ya que resultó muerto en un tiroteo con la Ertzaintza en agosto de 1991. En el enfrentamiento resultó gravemente herido el ertzaina Alfonso Mentxaka Lejona, que fallecería tres días después, el 1 de septiembre de 1991.
Luis Alfredo Achurra Cianca tenía 37 años y tres hijos. Era natural de Bilbao y residía en Basauri. Se había incorporado al Cuerpo Nacional de Policía en 1981. Formaba parte de la Unidad Polivalente de Policía de Basauri que se dedica a tareas de vigilancia, entre ellas las de los presos ingresados en el Hospital de Basurto.
Luis Alfredo Achurra fue la última de las veinticinco víctimas mortales del año 1990. Sin embargo, la campaña de atentados no terminó con el asesinato de Luis Alfredo, sino que la banda continuó con su actividad criminal, bien en forma de paquetes-bomba o de coches-bomba. El más grave fue el atentado con coche-bomba en Valencia el 20 de diciembre de 1990. La banda terrorista había colocado el vehículo junto a unas viviendas militares. La potente explosión provocó heridas graves a Francisca Marín Peña, que sufrió la amputación de ambas piernas, y heridas de distinta consideración a otras catorce personas.

Diez años después, el 14 de diciembre de 2000, pero con el mismo método de la bomba-lapa, la banda terrorista ETA asesinaba en Viladecavalls (Barcelona) al concejal del Partido Popular de la localidad, y fontanero de profesión, FRANCISCO CANO CONSUEGRA. El concejal había salido de su vivienda hacia las 7:45 horas y se dirigió al taller de fontanería de su propiedad. Después paró a desayunar en el Bar Leonés, en la carretera de Olesa a Montserrat, donde coincidió con varios amigos y conocidos, entre ellos un agente del Cuerpo Nacional de Policía. Posteriormente estuvo conduciendo su vehículo por motivos laborales durante un par de horas más antes de que la bomba-lapa estallara. Incluso llegó a transportar en el mismo a varios operarios que trabajaban en su empresa de fontanería, entre ellos un miembro de la Policía Local de Tarrasa que trabajaba con él en sus horas libres y que se bajó de la furgoneta minutos antes de que estallase la bomba-lapa. Francisco enfiló entonces su furgoneta por la calle Milans del Bosch en dirección a la ronda de Ponent, una pendiente muy pronunciada que finaliza en un stop. Posiblemente eso fue lo que accionó el sistema de detonación por péndulo con el que los terroristas habían montado el artefacto explosivo. Hacia las 10:50 horas, el artefacto se activó, dejándolo gravemente herido.
El estruendo de la explosión, en una zona situada a unos diez minutos del centro de Tarrasa, se escuchó en un kilómetro a la redonda sobresaltando a vecinos y peatones. Del vehículo del concejal apenas si quedó reconocible el morro y una parte de los bajos. El techo, los asientos y toda la parte trasera se esparcieron en un radio de más de treinta metros. Un vecino afirmó que Cano conservó la consciencia los primeros minutos después de la explosión a pesar de las gravísimas lesiones que la misma le había causado. "Vi como levantaba el brazo y pedía ayuda", recuerda un testigo presencial. La primera patrulla de la Policía Local llegó muy rápido, casi tanto como la ambulancia que lo atendió. El concejal del Partido Popular seguía manteniendo la consciencia cuando fue asistido por un agente municipal. "No hacía otra cosa que quejarse del dolor", explicó una fuente policial. La fuerza se le iba por segundos. Cuando se hizo cargo de él el equipo de emergencias médicas, el concejal había sufrido una parada cardiaca, la primera de las cinco que sufrió durante su agonía final. Francisco Cano ingresó en el Hospital Mutua de Tarrasa en estado crítico con "estallido en la zona glúteo-lumbo-sacra y peritoneal, con shock traumático y traumatismo craneoencefálico". La inmediata intervención quirúrgica a la que fue sometido tenía como objetivo detener las diversas e importantes hemorragias que presentaba. El único parte médico facilitado minutos después de las 13:00 horas no daba casi lugar a esperanzas. Mientras éste se hacía público, la vida del concejal entraba en su recta final. Su muerte se certificaba cuarenta y cinco minutos después, a las 13:45 horas.
Durante varias horas, especialistas de la Policía estuvieron rastreando la zona e inspeccionando los restos del vehículo protegidos por un cordón policial. Fuentes policiales confirmaron que no se detectó ningún componente electrónico, ni en el amasijo de hierros en que quedó reducida la furgoneta, ni en sus alrededores. El artefacto estaba compuesto por unos cuatro o cinco kilos de un potente explosivo, casi con toda probabilidad cloratita, según explicaron fuentes de la lucha antiterrorista.
Inmediatamente después de producirse el atentado acudieron al lugar de los hechos la delegada del Gobierno en Cataluña, Julia García Valdecasas, y el consejero de Gobernación de la Generalidad, Xavier Pomés, además del alcalde de Tarrasa. La vida política e institucional catalana se paralizó por completo. Jordi Pujol abandonó su despacho y se dirigió a Tarrasa, igual que el máximo dirigente del PP en Cataluña, Alberto Fernández Díaz. El Parlamento catalán interrumpió inmediatamente los trabajos en marcha y todos los diputados bajaron a la calle, incluidos los once miembros de una delegación del PNV que en ese momento mantenían un encuentro con el grupo parlamentario de CiU.
Francisco Cano no contaba con protección policial y no vivía obsesionado por su seguridad, aunque era consciente de que existía un riesgo. La intranquilidad de la familia Cano se había acentuado después del atentado que había sufrido el 21 de septiembre el concejal del Partido Popular en San Adrián del Besós, José Luis Ruiz Casado, primera víctima mortal de ETA en Cataluña tras el inicio de la nueva ofensiva terrorista. Según fuentes municipales de Viladecavalls, el concejal fallecido había comentado que él no podía abandonar su puesto en el Ayuntamiento, a pesar de que se lo habían pedido desde su entorno familiar, porque no podía defraudar a los vecinos que habían puesto en él su confianza. Viladecavalls, municipio del que la víctima era concejal de Servicios Municipales, es una localidad de 6.000 habitantes colindante con Tarrasa. Como todos los concejales del Ayuntamiento, Cano había recibido poco antes de su asesinato un curso de autoprotección.
El Gobierno catalán decretó tres días de luto y las redacciones de los medios de comunicación se llenaron, una vez más, de declaraciones de condena. Hacía poco más de tres semanas que la banda terrorista había asesinado en Barcelona al catedrático y exministro socialista Ernest Lluch. Durante todo el día llegaron a Tarrasa representantes de todos los partidos. Javier Arenas, secretario general del PP, y los ministros de Asuntos Exteriores, Josep Piqué, e Interior, Jaime Mayor Oreja, acudieron por la tarde para arropar a los militantes y cargos de su partido.
El día anterior al atentado, 13 de diciembre, Francisco Cano llegó a su casa por la noche sobre las 20:00 horas. Dejó la furgoneta en la calle y no en el aparcamiento particular de su vivienda. El concejal salió a cenar y regresó a su domicilio entre la 1:30 y 2:00 horas de la madrugada del jueves 14 de diciembre. Fue entonces cuando guardó el vehículo en el aparcamiento. La Citroën C-15 estuvo en la calle algo más de cuatro horas. Aprovechando ese lapso de tiempo, el etarra Fernando García Jodrá colocó el artefacto explosivo bajo el asiento del conductor, con la ayuda de Lierni Armendaritz y González de Langarika quien, con un destornillador, forzó la puerta trasera del vehículo del concejal popular. Ambos fueron condenados en noviembre de 2004 por la Audiencia Nacional a sendas penas de 47 años de prisión por un delito de estragos y otro de homicidio terrorista.
Anteriormente, en mayo de 2004, la Audiencia Nacional juzgó de forma genérica a varios miembros y colaboradores del grupo Gaztelugatze de ETA, entre ellos a Zigor Larredonda y Laura Riera, condenados a 9 años de prisión por haber colaborado, entre otros atentados, en el asesinato de Francisco Cano Consuegra. Zigor Larredonda fue quien recabó información sobre posibles objetivos de la banda en la provincia de Barcelona, entre ellos el concejal del PP. Laura Riera, que trabajaba como auxiliar administrativa en la sección de multas del Ayuntamiento de Tarrasa, fue quien obtuvo de la base de datos de la Dirección General de Tráfico el número de matrícula del vehículo de Francisco Cano.
Francisco Cano Consuegra tenía 45 años. Era natural de La Carolina (Jaén), aunque emigró con su familia a Cataluña siendo un niño. Estaba casado con Encarna Oviedo y tenía dos hijas de 19 y 13 años. Regentaba un negocio de electricidad y fontanería (Fontanería Tapia-Cano) en el que tenía contratados a catorce empleados. Además, era concejal por el Partido Popular desde 1997, tras haber ejercido dos años como edil independiente. Cuando fue asesinado formaba parte del equipo de Gobierno municipal de Convergencia i Unió (CiU) como concejal de Obras y Servicios. Francisco Cano era un apasionado del fútbol. Seguidor del Real Madrid, fue también directivo de clubes deportivos de la comarca donde vivía, como Egara y Maurina. También estaba vinculado al Terrassa Fútbol Club a través de la agrupación Amics del Terrassa.
El funeral por su alma se celebró el 15 de diciembre en la parroquia de Sant Martí de Sorbet de Viladecavalls, oficiado por el arzobispo de Barcelona, Ricard María Carles, y con la asistencia del presidente del Gobierno, José María Aznar, y el de la Generalidad, Jordi Pujol. A continuación fue enterrado en el cementerio de Tarrasa. En esta localidad tuvo lugar una manifestación esa misma tarde, a la que asistieron ciento cincuenta mil personas, con el lema "Cataluña por la libertad. ETA no".

Lecturas 14.12.2012

La refutación definitiva de la teoría de la sobreproducción, por Juan Ramón Rallo.

En efecto, los defensores de la teoría de la sobreproducción caen en el error de sugerir que el problema es la falta de empleo, pero ¿empleo para qué? ¿Para producir todavía más? Al final, hemos de regresar a la Ley de Say: la manera de comprar mercancías es ofrecer mercancías. Por consiguiente, el problema no puede ser nunca que producimos demasiado de todos los bienes, sino demasiado de algunos (viviendas) y demasiado poco de otros (mercancías exportables, materias primas…). Es decir, no sobreproducciones generalizadas, sino sobreproducciones parciales y sectoriales: las malas inversiones que tan bien describe la Escuela Austriaca.

10 Things I Learned in My First 10 Years of Parenting, by Bryan Caplan.

9. Expressing anger at your children is counter-productive. It undermines your authority and gives wayward children hope of besting you.

El ministro, el obispo y el editorialista, por Carlos Rodríguez Braun.

En primer lugar, porque la política no incluye a todas las partes; por ejemplo, en este caso de la paralización de los desahucios, el coste repercutirá en los demandantes de crédito y en los deudores que, ante el estupor del ministro Margallo, cumplen con sus contratos, y sus intereses no son armonizados ni tenidos en cuenta por nadie. Y en segundo lugar, algo que la corrección política no se atreve ni a barruntar: la forma de armonizar realmente los intereses de todos es dejar a todos en paz.

“Democracia” a lo cubano, por Orlando Freire Santana.

Una vez concluida la lista definitiva de precandidatos, vendrá la nominación por las asambleas municipales del Poder Popular. Y, por último, tendremos la votación popular el venidero 3 de febrero. Una votación que estará precedida, como siempre, por una abrumadora y única propaganda— por supuesto, no se tolerará una sola voz que diga lo contrario— a favor de que los electores voten por todos los candidatos que aparezcan en las boletas.

I+D: ¿La Solución?, por Xavier Sala i Martín.

Es decir, el éxito de Apple viene no tanto de su creatividad sino de la implementación y la comercialización de esa creatividad: gastar en I+D e inventar nuevos productos no sirve de nada, no aumenta la productividad, no crea riqueza ni puestos de trabajo ni beneficios para el inventor o el usuario si no hay clientes que los compren. O dicho de otro modo, el proceso de innovación empresarial requiere mucho más que gastar en I+D y los gobiernos que se obsesionen con gastar dinero público en I+D sin invertir en “todo lo demás” no van a conseguir que sus economías sean innovadoras. Y mucho me temo que las autoridades europeas, obsesionadas como están aumentar el ratio I+D/PIB, se van a llevar un chasco al ver la poca innovación que sus billonarias inversiones en I+D acaban generando.