¿Qué son los tipos de interés?

Muy buena explicación de Juan Ramón Rallo sobre qué son los tipos de interés.

Destaco:

En definitiva, los tipos de interés sólo son un precio más dentro del mercado: el precio del tiempo (¡no del dinero!) que depende de la distinta impaciencia de los agentes a la hora de anticipar la disposición de bienes presentes o de aceptar retrasarla. Se trata de un precio que impregnará todas las transacciones en las que participe el tiempo: no sólo en las de tipo monetario y desde luego no sólo en las que tengan lugar en los mercados crediticios. Por dar dos ejemplos muy sencillos: en los contratos de aparecería y en las relaciones laborales hay implícito un tipo de interés. El cesionario aparecero comparte una parte de sus aprovechamientos futuros con el cedente aparcero debido a que éste le adelanta sus factores productivos sin cobrarle nada hasta el momento futuro en el que produzca; lo mismo sucede en las relaciones laborales, donde el capitalista adelanta los salarios (y la maquinaria) a cambio de quedarse con una parte de la producción futura (la famosa plusvalía que Marx jamás comprendió).

Arcadi Espada sobre la guerra civil española

Arcadi Espada escribe sobre la guerra civil española e investiga un hecho concreto. Queda claro que la vida es muy compleja, y el reducir todo a buenos y malos lo es más, sobre todo en una guerra civil. Cada persona tiene sus miserias y en situaciones extremas salen a relucir.



Querido J:

Hace un año, recuerdas, el secretario de Estado Gaspar Zarrías asistió al acto de homenaje a Baltasar Garzón que se celebró en la Universidad Complutense. Su presencia fue polémica, porque se interpretó que simbolizaba el reproche del gobierno a un procedimiento contra el juez. Protestó el Partido Popular y le replicó el PSOE. A través, concretamente, de la portavoz Elena Valenciano: «A su abuelo lo fusilaron, el otro estuvo 14 años en la cárcel, su padre otros 12. A su padre y sus abuelos los callaron, pero ningún nuevo franquista va a callar a Zarrías». Días después, Román Orozco firmaba un artículo en el diario El País (Zarrías, dos veces fusilado) que era una buena síntesis del ambiente. Así empezaba: «Gaspar Zarrías Moya fue fusilado hace 70 años en la cárcel de Andújar. Su nieto Gaspar Zarrías Arévalo está siendo verbalmente fusilado ahora.» Y más adelante: «El 28 de mayo de 1940, en la cárcel de Andújar caía acribillado Gaspar Zarrías Moya. Tenía 50 años, era un sencillo labrador nacido en Mengíbar. Su “delito”: ser alcalde elegido democráticamente, durante la II República, de Cazalilla, una aldea a unos 30 kilómetros de Jaén.»

Hummm.

Tengo sobre la mesa el Procedimiento Sumarísimo de Urgencia 14.478, que se inició el 29 de septiembre del año 1939 contra Gaspar Zarrías Moya, procesado por el delito de Adhesión a la Rebelión (me gustaría que vieras la caligrafía de esas dos palabras, para darte cuenta de hasta qué punto lo rimbombante puede ser siniestro) y en la cárcel de Cazalilla desde el 1 de abril. Lo tramita el Ejército Español. Más concretamente, la Auditoría de Guerra del Ejército de Operaciones del Sur. Los hechos que se juzgan ocurrieron en la dicha Cazalilla «durante el dominio rojo». Como instructor figura el teniente de artillería Luis Fiestas Contreras. Y como secretario Juan Martos Salido, cuya competencia es Falangista. Del procesado Zarrías se dice que nació en Mengíbar. Tiene 50 años, casado y con 5 hijos, y de profesión labrador.

La nota biográfica obvia algo importante, y es que Gaspar Zarrías fue alcalde republicano en Cazalilla. En la página siguiente habla el alcalde de 1939. Se llama Miguel Cristino Jiménez, mayor de edad, soltero. Ante la «respetable autoridad» denuncia de su puño y letra: «Al vecino de ésta, Gaspar Zarrías Moya, elemento peligroso marxista habiendo desempeñado el cargo de juez de ésta durante el glorioso movimiento y como tal intervenido en las detenciones y persecución de elementos de orden». Esta es la generalidad de las cosas. Pero rápidamente la escritura se adentra en lo concreto: «Este individuo fue el que en la noche del 26 al 27 de diciembre de 1936 sacó de la cárcel y montó en el camión a mi difunto padre, el que con otro fue asesinado aquella noche en el término de Jaén, en el sitio conocido por Puente Mocho».

El sumario es difícil de leer y en algunos fragmentos, aunque cortos, imposible. Hay alguna otra acusación del mismo género contra Zarrías. Hasta que Ana Troyano Rovira llega ante el juez. Después de citar a dos personas como los autores del asesinato de su marido, Andrés Rodríguez, y de su hermano, Santiago Troyano, continúa: «Que también tiene que manifestar que el que tuvo la culpa de todo fue Gaspar Zarrías, que designó a sus familiares para que fuesen asesinados, en lugar del novio de su hija que estaba designado como uno de los que había que asesinar». Otros testimonios como el de Encarnación Carrillo y Pedro Villamor coinciden en el extraño canje. Pero no en los nombres de los que fueron asesinados en lugar del novio y su hermano: Aurelio Villamor y Mateo Cristino Polaino aparecen como los perjudicados y son estos nombres los que los siguientes testimonios van confirmando. También parece confirmarse el canje. Pedro Polaino, familiar de Mateo Cristino, describe la conducta de Zarrías: «Dijo que no se hiciera nada con él [Juan Godoy, el novio de su hija] puesto que si no su hija iba a ser una desgraciada toda su vida». La justicia también reclama la comparecencia del propio novio, Juan Godoy. Dice éste: «Que su futuro suegro Gaspar Zarrías no le facilitó ningún salvaconducto ni le dijese nada y que él huyó pasándose a las tropas nacionales». Su hermano Francisco también huiría. Por último, aquí tienes la transcripción del primer párrafo de la declaración de Zarrías: «En declaración propia, manifiesta: “que es cierto que él sustit[uyó a] los vecinos de ésta Juan Godoy Mateos (novio de su hija) y a su [hermano] Francisco Godoy Mateos, por los también vecinos de ésta, Mateo Cr[istino] Polaino y Aurelio Villamor Gázquez, pero que lo hizo porque el [...] del Frente Popular, Francisco Morenas Polaina, también sustituyó [...] a a dos primos suyos, llamados Juan Antonio Sánchez Fernández y [... Sán-]chez Fernández, a los que también instó dicho miembro a que huyer[an del] pueblo, poniendo en sustitución de ellos a los vecinos Andrés Rod[ríguez] Díaz y Santiago Troyano Rovira, que también fueron asesinados».

O sea que los canjeó. Comprenderás que salte suavemente sobre los motivos. El amor por la hija. Por el yerno. Cualquier amor o cualquier interés. Todo es remoto. Pero no quiero ahorrarte el dilema moral. Una guerra civil. Una oportunidad. El momento de hacerlo. El poder hacerlo. Y la evidencia de que, probablemente, la victoria republicana habría dejado para siempre en la oscuridad la decisión de Zarrías. No estoy del todo seguro de que pueda preguntar esto. Pero allá voy: ¿Qué habrías hecho? El resto de la declaración (las acusaciones contra sus compañeros del Frente Popular y la insistencia en que él se opuso a los asesinatos) es irrelevante para lo que me interesa. Una guerra civil. El labrador republicano. La hija enamorada del falangista. El padre: venga, Juan Godoy, coge a tu hermano y lárgate. Y que los amigos de Juan Godoy acabaran fusilándole. Y la vida, luego, si la hubo, de Juan Godoy con su esposa Zarrías. Toda esa apoteosis humana que el uso de la llamada «memoria histórica» reduce y abrasa como cepillo de carpintero.

Con fecha primero de junio de 1940 el juez municipal de Andújar informaba que en la sección de defunciones de este Registro Civil se hallaba inscrita la de Gaspar Zarrías Moya, «que falleció a las seis horas del día veintiocho de mayo a consecuencia de hemorragia cerebral». Muchos años después, y a propósito de la actividad de un juez en torno de las fosas, el nieto y secretario de Estado diría: «Las heridas hay que cerrarlas, y para cerrar bien una herida hay que limpiarla, desinfectarla, porque si se cierra mal al final vuelve a doler».

Sigue con salud

A.

Bajando las escaleras


Arcadi Espada sobre Zapatero

Muy buen artículo de Arcadi Espada sobre el anuncio de Zapatero de no presentarse a las próximas elecciones.


Entre mis muchas tentaciones está la de hacer El mundo al revés. Y comentar, por ejemplo, la noticia de que el presidente Zapatero será el candidato socialista. Sería obligatorio desplegar una portada de argumentos. Con este argumento central:

UN EJERCICIO DE RESPONSABILIDAD

Zapatero anuncia su disposición a concurrir por tercera y última vez a las elecciones

El presidente quiere asumir ante las urnas la plena responsabilidad de sus reformas

«He tomado la decisión respetando el interés de España y el de mi partido. Y en razón de mis convicciones: las encuestas no me intimidan»

Una cita de San Ignacio de Loyola cierra su discurso ante la Ejecutiva: «En tiempo de desolación no hacer mudanza»

La crisis y la ausencia de un liderazgo alternativo claro en el PSOE fuerzan al presidente a desistir de su intención de limitar a dos los mandatos

Recuerda que las próximas elecciones son en clave local e insiste en que cuenta con apoyos suficientes para acabar la legislatura.

«No voy a ser el fusible para la renovación del partido. Otros son los que van a salir chamuscados»

El presidente ironiza sobre las presiones de Botín: «También coincidí con el Papa cuando la guerra de Irak»

El aparato socialista saca pecho y destaca que el partido Zapatero-Rajoy siempre ha tenido el mismo resultado.

Contra Sonsoles

Zapatero ha tomado su decisión a pesar de los deseos de su esposa

Por Lucía Méndez

Marcelino Iglesias sobre el 2 de abril: «El presidente me pidió que despistara»

La única decisión posible

Por Luis Rodríguez Azpiolea

Bono sobre Rubalcaba:

«Ya dije que era la liebre eléctrica»

Y es que nada como El mundo al revés para apreciar las jorobas del derecho.

Arturo Pérez-Reverte sobre la biblia

Artículo de Pérez-Reverte sobre la biblia y su significado para la cultura. Estoy con su línea argumental.

Destaco:

(...) Ya sé que no vas a misa ni yo tampoco, y que monseñor Rouco y sus mariachis te caen, como a mí, igual que una patada en el duodeno. Pero no estamos hablando de opio del pueblo, ni de tocapelotas nietos de Trento, ni de estragos históricos y sociales, sino de cultura, chaval, que para ser librero no te enteras. De uno de los caudales de sabiduría que nos hizo lo que somos, cóscate, Viejo y Nuevo Testamento, cultura judeocristana que, combinada con el Islam mediterráneo, Grecia, Roma y toda la parafernalia, hizo lo que llamamos Europa y de rebote Occidente: sitio que lo mismo también te suena, Antoñete; aunque a esa vieja Europa, en tiempos referente moral del mundo, cuna de derechos humanos y crisol de cultura, ya no la reconozca ni la madre que la parió. Dicho en lenguaje de librero, para entendernos, te hablo del mayor bestseller de la Historia, necesario para quien pretenda estar al tanto de lo que es y lo que hace. Para tenerlo tan a mano como a Cervantes, Shakespeare y Montaigne: cuatro patas de la mesa donde algunos apoyamos los codos cuando estamos cansados. No sé si me explico.

(...) Es un hermoso ejemplar con la nueva traducción canónica de los textos sagrados al castellano, que será utilizada en todos los actos litúrgicos y catequéticos, o como se diga, de la Iglesia Católica de aquí. El canon, para entendernos, de la Biblia oficial en lengua de Cervantes. Esto lo convierte en libro de extraordinaria importancia; pues, aparte la lectura íntima que haga cada cual, su texto, leído en misa y utilizado a partir de ahora en las actividades relacionadas con el asunto, influirá directamente, en la lengua que hablan y escriben varios millones de católicos de habla hispana. Que se dice pronto.

Pero ésa, la de la peña practicante, sólo es una parte. Al fin y al cabo, la Biblia es también, y sobre todo, un magnífico caudal de diversión, reflexión y conocimiento. Un monumento indispensable para comprender sobre qué cañamazo se tejió lo que algunos cabrones reaccionarios y gruñones como el arriba firmante todavía llamamos, con una mezcla de melancolía y de guasa escéptica, cultura occidental; dicho sea sin ánimo -o con ánimo, qué puñetas- de ofender. En ese contexto, la Biblia es una fuente extraordinaria de relatos, aventuras, batallas, traiciones, amores, emociones y simbolismos; materia de la que hace tres mil años viene nutriéndose el mundo civilizado y que inspiró a los más grandes filósofos y artistas de todas las épocas; literatura, música, pintura y cine incluidos. Nadie que busque lucidez e inteligencia, que quiera interpretar el mundo donde vive y morirá, puede pasar por alto la lectura, al menos una vez en la vida, del libro más famoso e influyente -para lo bueno y lo malo- de todos los tiempos. El Antiguo y el Nuevo Testamento, para unos historia sacra y revelación divina, y para otros llave maestra de cultura e ilustración, son imprescindibles para comprender cómo llegamos aquí, lo que fuimos y lo que somos. Compadezco a quien no tenga un Quijote y una Biblia en casa, aunque sólo sea para decorar un mueble y leer cuatro líneas de vez en cuando. Y quien sí sea lector, que calcule. Sólo la Biblia, releída una y otra vez, bastaría para colmar una vida entera. Y ojo. Insisto en que no se trata de religión, sino de cultura. La de verdad; no esa papilla desnatada, presuntamente educativa, impuesta por quienes legislan desde su cateta mediocridad. Oponer prejuicios a la Biblia es como oponerlos a una catedral: no hace falta creer en Dios para visitarla y admirar su belleza. Para sentir lo majestuoso de la memoria que atesoran sus viejas piedras.