Anejo Nacional Español del Eurocódigo 7

José Estaire, Fernando Pardo de Santayana y Áurea Perucho. Laboratorio de Geotecnia - CEDEX.

RESUMEN 

El objetivo principal de este texto es presentar los principales contenidos del Anejo Nacional Español al Eurocódigo EC-7, especialmente en lo que se refiere al Enfoque de Proyecto elegido y a los valores de los coeficientes parciales de seguridad. Primeramente se describe el marco normativo desarrollado en el EC-7, basado fundamentalmente en el método de los coeficientes parciales de seguridad, y se indica el contenido formal que debe tener dicho Anejo Nacional. Posteriormente, se presentan los trabajos llevados a cabo para la elección del Enfoque de Proyecto y de los valores de los coeficientes parciales de seguridad a aplicar en el dimensionamiento de las cimentaciones superficiales y por pilotes y en los cálculos de estabilidad de taludes y global.

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Incluyo el comentario del anexo en mi recopilación de información sobre Estructuras.

Malditos beneficios, malditos hombres, por Carlos Rodríguez Braun.

Libertad Digital.


Según Público: "Los beneficios ganan terreno a los salarios en la riqueza nacional". Y según El País: "No fue el tsunami, fue el hombre".
Público desarrollaba así el titular: "En medio de la crisis, las rentas empresariales están mostrando más resistencia y avanzan más deprisa que los salarios, que pierden peso en la tarta de la riqueza nacional... Los beneficios empresariales vienen comiéndole el terreno a los salarios en la riqueza nacional".
La noción que se transmite es la de la suma cero, más presente que nunca en el caso de los empresarios y los trabajadores: si los beneficios suben, sólo pueden hacerlo a expensas de los salarios. Los textos de Público son inequívocos a este respecto, puesto que nos dicen que los salarios "pierden peso en la tarta" porque los beneficios se los "comen".
El problema con estas metáforas alimenticias es que son falsas. Los contratos entre las personas no son tartas ni terrenos. Si lo fueran, entonces la suma cero sería una realidad, porque si usted come más de la tarta, entonces los demás necesariamente comeremos menos, y si usted gana terreno, otros lo perderán. De hecho, si las relaciones humanas fueran así, no habría contratos voluntarios, porque nadie los firmaría para perder en la transacción.
Por tanto, todo esto de que si los empresarios ganan es a costa de lo que pierden los trabajadores es puro camelo.
Pero, dirá usted: ¿son acaso falsas esas estadísticas? No, lo equívoco no son las cifras sino la lectura sesgada que se hace de ellas, y que apunta a la falacia de la suma cero. En cualquier momento dado, si un total es la suma de A y B, entonces si el porcentaje de A aumenta, el de B necesariamente disminuye. Nada más. Lo que no se puede es concluir que el uno aumenta a costa del otro. Por ejemplo, en el caso que nos ocupa, la explicación bien puede pasar por el aumento del paro, que Público también menciona, o porque muchos trabajadores, precisamente por el desplome del empleo, pasan a ser autónomos o a montar un negocio, con lo cual sus ingresos dejan de ser salarios y pasan a ser beneficios.
El artículo de José Reinoso y Rafael Méndez en El País, desde su título mismo, invita a la conclusión de que la tragedia del Japón en 2011 no se debió a la naturaleza. En efecto, esa increíble catástrofe natural es presentada como un asunto menor, como se ve en los sumarios: "traicionaron el derecho de la nación a estar a salvo de accidentes... Japón abrazó la energía nuclear como una opción barata y segura... el informe de Fukushima siembra dudas sobre todo el parque atómico en zona sísmica".
El informe en cuestión es un estudio que apunta que el accidente nuclear no se debió solo al tsunami sino también al temblor de tierra, y a partir de ahí todo se dirige contra la energía nuclear, es decir, el "hombre", en la clásica maniobra del pensamiento único que jamás considera a la naturaleza como victimaria: aquí lo malo es el ser humano, y por tanto es imprescindible la intervención pública para impedir los desastres, etc. etc.
Lo destacable de la energía nuclear en el caso del Japón, sin embargo, fue que los miles de muertos que supuestamente iba a ocasionar la radiación nunca se produjeron, y eso que lo que sucedió fue nada menos que el peor terremoto de la historia del Japón, y el tercero más potente de toda la historia del planeta.
Estos hechos quedan oscurecidos en el reportaje, cuya lectura sugiere que la gran solución ahora es que el Estado intervenga para acabar con la energía nuclear y aumentar las primas a las energías renovables. 

Vida, libertad y conciencia por Fredy Kofman



Víctimas 16 de octubre: Juan José Pacheco Cano, Julio Gangoso Otero y Antonio Emilio Muñoz Cariñanos

Libertad Digital.

El 16 de octubre de 1988 la banda terrorista ETA comete dos atentados que acaban con la vida de un miembro de la Ertzaintza en Legazpia (Guipúzcoa) y un agente de la Guardia Civil en Pamplona (Navarra)
Hacia las cuatro de la madrugada de ese 16 de octubre la explosión de un artefacto colocado por la banda terrorista ETA para sabotear la línea férrea Madrid-Irún, pero con el objetivo evidente de asesinar a los artificieros de las Fuerzas de Seguridad que acudiesen a desactivarlos, acabó con la vida del ertzaina JUAN JOSÉ PACHECO CANO. Es cierto que la banda asesina suponía que serían artificieros de la Guardia Civil los que acudirían a inspeccionar las vías férreas, tras sendas llamadas a la asociación de ayuda en carretera Detente y Ayuda (DYA) y a Renfe, como relató José Ramón Goñi Tirapu, entonces gobernador civil de Guipúzcoa:
[El Comando Goierri de ETA] recibió una carta con instrucciones precisas para colocar cuatro bombas en la vía férrea Irún-Madrid; una de ellas escondía una trampa para asesinar al artificiero de la Guardia Civil que, presumían, acudiría a desactivarlas. Ya de paso pretendían paralizar la circulación de trenes durante una semana (El confidente: la negociación con ETA que sí funcionó, Espasa-Calpe, 2005).
La bomba trampa fue ideada por el terrorista Juan Carlos Balerdi Iturralde, añade Goñi Tirapu en el libro.
Lo cierto es que miembros de la banda terrorista ETA colocaron cuatro artefactos explosivos en el interior de dos túneles, en el término municipal de Legazpia, de la vía del tren Madrid-Irún. Una vez colocados, hicieron dos llamadas de aviso a DYA y a Renfe y varios agentes de la Policía Autonómica se desplazaron hasta las vías. Cuando se encontraban inspeccionando el túnel, hicieron explosión dos de los artefactos, provocando la muerte de Juan José Pacheco y heridas leves a otros tres agentes de la Ertzaintza. Las dos explosiones, que se produjeron a las 3:50 y a las 4:11 horas, causaron graves daños en la vía y obligaron a suspender la mayor parte del tráfico ferroviario. La primera explosión no causó daños personales, mientras que la segunda alcanzó de lleno al ertzaina y a sus tres compañeros.
El 20 de octubre el diario Egin publicó el comunicado de ETA en el que reivindicaba el atentado, y lo justificaba, con su verborrea habitual, como "un acto de sabotaje contra la empresa estatal Renfe". En el mismo añadían que el asesinato de Pacheco tenía que ser considerado como un "accidente" porque la Ertzaintza "no supone, por el momento, un objetivo militar".
El sindicato de la Policía Autonómica señaló tras el atentado que la patrulla enviada a inspeccionar el explosivo carecía de la capacitación necesaria. Dirigentes de los partidos vascos, a excepción de Herri Batasuna, condenaron el atentado. El 17 de octubre HB se limitó a decir, muy en sintonía con ETA, como no podía ser de otra forma, que la muerte de Juan José Pacheco era "accidental y lamentable". En su comunicado la coalición proetarra se abstuvo de hacer ninguna alusión al asesinato, el mismo día en Pamplona, del agente de la Guardia Civil Julio Gangoso Otero.
A las seis de la tarde del 17 de octubre tuvo lugar el funeral por Juan José Pacheco Cano en la parroquia de Santa María de Tolosa, con la asistencia del lehendakari José Antonio Ardanza, el vicelehendakari Ramón Jáuregui, y el gobernador civil de Guipúzcoa, José Ramón Goñi Tirapu.
En 1997 la Audiencia Nacional condenó a Jesús María Ciganda Sarratea, Juan Carlos Balerdi Iturralde, Pedro José Echevarría Lete, Fermín Urdian Ciriza y Lourdes Churruca Medinabeitia a sendas penas de 12 años de prisión mayor por un delito de terrorismo y a 30 años de reclusión mayor por un delito de atentado.
Juan José Pacheco Cano tenía 26 años. Era natural de Cáceres y estaba casado. Fue el tercer agente de la Ertzaintza asesinado por la banda terrorista ETA. El 10 de noviembre de 2010 se organizó un homenaje en la Academia de Arkaute a todos los agentes de la Policía Autonómica vasca asesinados por ETA.
Unas veinte horas después, a las once menos cuarto de la noche del 16 de octubre de 1988, un coche-bomba colocado por la banda terrorista ETA en Pamplona provocaba la muerte del guardia civil JULIO GANGOSO OTERO y hería gravemente a otros siete agentes. El convoy estaba formado por una tanqueta y un Land Rover ocupados por una docena de agentes del Instituto Armado. Los guardias civiles regresaban de prestar servicio de vigilancia en el Centro Penitenciario de Pamplona cuando en la calle Larraina una furgoneta-bomba, con treinta kilos de explosivos y cuarenta de metralla aparcada en doble fila, fue activada mediante un mando a distancia en el momento en el que la tanqueta de la Guardia Civil se encontraba a su lado.
La tanqueta fue alcanzada de lleno y desviada contra un árbol del lateral de la calzada, provocando la muerte de Julio Gangoso y heridas de gravedad a los otros siete ocupantes, todos ellos jovencísimos guardias civiles: Vicente Ollero Montes, natural de El Viso (Córdoba), de 21 años;Francisco Javier Montoya Martínez, natural de Vara del Rey (Cuenca), de 21 años; Rafael Checa Bermúdez, natural de Villagordo, Jaén, de 21 años; Paulino Parrilla Galdón, natural de Santiesteban del Puerto (Jaén), de 23 años; Ángel Segura Coto natural de Málaga, de 22 años;Felipe Luis Cruz Ávila, natural de Martos (Jaén), de 21 años; y José Luis Alonso Gaona, natural de Albanilla (Murcia), de 24 años. El Land Rover que formaba parte del convoy resultó intacto y sus cuatro ocupantes, ilesos. La explosión del coche-bomba alcanzó, además, a otros quince vehículos próximos, varios de los cuales quedaron completamente destrozados, y provocó la rotura de cristales y graves desperfectos materiales en diversos edificios.
La furgoneta utilizada en el atentado había sido robada en Basauri (Vizcaya) por miembros de la banda que dejaron a su propietario y a un acompañante atados a un árbol. Con la furgoneta, los terroristas se dirigieron al puerto navarro de Echauri, donde robaron otro vehículo, dejando también a su dueño amarrado a un árbol. Con este vehículo huyeron los asesinos de la banda una vez que activaron la furgoneta-bomba.
ETA se atribuyó la autoría del atentado el mismo día mediante una llamada telefónica a la Asociación de Ayuda en Carretera Detente y Ayuda (DYA) de Navarra. El comunicante señaló también que tres personas se encontraban atadas a unos árboles cerca de la localidad de Estella.
Por expreso deseo del alcalde de Pamplona, Javier Chourraut, la capilla ardiente se instaló en el Ayuntamiento, siendo la primera vez que esto se hacía con una víctima del terrorismo. Allí, su viuda murmuraba en voz alta "si saliste de casa y no vas a volver, ¿cómo les digo yo a los niños dónde estás ahora? Dios mío, qué malos, cómo me han podido hacer esto...".
Al funeral en la Iglesia de San Cernín de la capital navarra acudió, además del alcalde, el director general de la Guardia Civil, Luis Roldán, y el presidente del Gobierno de Navarra, Gabriel Urralburu. Al terminar el mismo, una parte del numeroso público asistente profirió insultos contra las autoridades y pidió la restauración de la pena de muerte. Gabriel Urralburu señaló "que el asesinato de ETA se produce días después de que miembros de HB nos anunciaran dos años más de sufrimientos. Esto convierte a Herri Batasuna en claro portavoz de los asesinos de ETA" (ABC, 18/10/88).
En 1995 la Audiencia Nacional condenó a los asesinos Juan José Zubieta Zubeldia, Javier Goldaraz Aldaya y Germán Rubenach, miembros del grupo Nafarroa, entre otras a sendas penas de 29 años de reclusión por el asesinato de Julio Gangoso y a 18 años de prisión mayor por cada uno de los siete asesinatos frustrados. En total, cada uno fue condenado a 170 años de cárcel.
Julio Gangoso Otero era natural de Benavente (Zamora) donde serían inhumados sus restos mortales el 18 de octubre con la asistencia de cientos de vecinos que secundaron la llamada del Ayuntamiento decretando un día de luto oficial y solicitando el cese de la actividad laboral durante una hora para mostrar su repulsa al asesinato. Julio Gangoso tenía 31 años, estaba casado con Ana María Fidalgo y tenía dos hijos de 7 y 2 años.
El lunes 16 de octubre de 2000, los terroristas de la banda ETA Jon Igor Solana Matarrán y Harriet Iragi Gurutxaga -los mismos pistoleros que una semana antes habían asesinado en Granada al fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Luis Portero García-, asesinaban en Sevilla a ANTONIO EMILIO MUÑOZ CARIÑANOS, coronel del Ejército del Aire y otorrinolaringólogo. El médico, especializado en las afecciones de las cuerdas vocales y que tenía entre sus pacientes a muchos periodistas, artistas y políticos, se encontraba en su clínica particular donde pasaba consulta por las tardes. Los etarras hicieron previamente una llamada, para asegurarse de que estaba trabajando. A continuación se dirigieron a la clínica y, mientras Iragi Gurutxaga vigilaba en la puerta, Solana Matarrán entró en el despacho del médico y le descerrajó varios tiros en la cabeza que le provocaron la muerte en el acto.
Inmediatamente los pistoleros de la banda emprendieron la huida a pie por las calles del casco histórico sevillano, pero esta vez no tuvieron tanta suerte como cuando asesinaron a Luis Portero. Quince minutos después, en el cruce de las calles de Perafán de Ribera y Don Fadrique, fueron sorprendidos por agentes de la Policía que contaban con la descripción que de los terroristas habían hecho los pacientes que aguardaban en la sala de espera del doctor asesinado. Al intentar arrestarlos, los etarras no atendieron el alto que les dieron y opusieron resistencia, iniciándose unintenso tiroteo por las calles de Sevilla. Solana fue detenido enseguida, mientras Iragi conseguía huir, aunque con una herida en el hombro. Fue localizado pocas horas después en las cercanías del Hospital Universitario Virgen Macarena. Iragi gritó que estaba herido, que no portaba armas y se entregó sin oponer resistencia.
La misma tarde que asesinaron al doctor Muñoz Cariñanos, artificieros de la Policía desactivaron una bomba-lapa colocada en el coche particular de un funcionario civil de la Administración Militar aparcado junto a la estación de ferrocarril.
El lehendakari Juan José Ibarretxe, la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) y varias organizaciones pacifistas convocaron, una vez más, a los ciudadanos para que mostraran su repulsa al terrorismo concentrándose a mediodía ante las sedes de las instituciones. La dirección del PNV difundió un comunicado en el que acusaba a ETA de "mancillar la imagen del pueblo vasco", mientras que el presidente andaluz, Manuel Chaves, expresó su confianza en que la democracia iba a "ganar esta batalla".
Además de en su clínica particular, situada en pleno centro de Sevilla, Muñoz Cariñanos trabajaba en el acuartelamiento del Ejército del Aire de Tablada, donde se instaló la capilla ardiente con sus restos mortales.
En 2002 la Audiencia Nacional condenó a sendas penas de 53 años de cárcel a Jon Igor Solana Matarrán y Harriet Iragi Gurutxaga por el asesinato de Muñoz Cariñanos. La Policía sospechó desde el primer momento que Gorka Palacios, Zigor Merodio y Oihane Errazkin formaban también parte del grupo Andalucía de ETA y tenía el convencimiento de que uno de ellos también participó en el asesinato del médico. En abril de 2010 la Audiencia Nacional condenó a Juan Antonio Olarra Guridi, alias Jon Ostagi, a 34 años de prisión mayor como instigador principal del asesinato. El tribunal consideró probado que Olarra Guridi formaba parte del "aparato militar" de ETA, con funciones de responsabilidad en la dirección de los "comandos", entre ellos el Erraia, que formaban Solana e Iragi y que operó en Andalucía. El condenado fue el que, "bajo el manto de una organización jerarquizada y sometida al control de unos pocos sobre la mayoría" cometió "el delito dando instrucciones precisas para truncar el derecho a la vida" del doctor Muñoz Cariñanos.
Antonio Emilio Muñoz Cariñanos era natural de Madrid, donde nació en 1942, por lo que tenía 58 años cuando fue asesinado por la banda terrorista ETA. Estaba separado de su primera esposa y tenía nueva pareja cuando fue asesinado. Muñoz Cariñanos tenía tres hijos. Además de haberse especializado en otorrinolaringología en la Universidad de Navarra, el doctor Muñoz Cariñanos tenía la graduación de coronel médico del Ejército del Aire desde 1994, poseía el título de piloto de aviones de guerra y había sido condecorado en la guerra del Golfo. Aparte de su actividad castrense, como médico compaginaba la dirección de la Policlínica del Mando Aéreo del Estrecho en el acuartelamiento de Tablada, la jefatura del departamento de Otorrinolaringología de la Clínica Sagrado Corazón, la docencia en el Centro Andaluz de Voz de Sevilla y su consulta privada, donde fue asesinado. Desde hacía veintinueve años Antonio vivía en Gines, localidad situada en el Aljarafe sevillano, a unos diez kilómetros de la capital hispalense y era un médico muy conocido en el mundo del espectáculo por ser el encargado de cuidar las gargantas de estrellas como Rocío Jurado, Isabel Pantoja, Julio Iglesias, Juan Peña El Lebrijano, Mónica Naranjo o María José Santiago. También había cuidado las cuerdas vocales de políticos y periodistas como Carlos Herrera, que manifestó el mismo día del atentado que "más que afectado, estoy indignado. Era un hombre vitalísimo; si te quedabas mudo ya sabías lo que tenías que hacer: llamar a Cariñanos" (El País, 17/10/2000).
Pablo Muñoz, uno de los hijos de Antonio, manifestó:
No soy político, no soy juez, no sé quién tiene que tomar cartas en el asunto yevidentemente todos los españoles sabemos que esto no está funcionando. Es muy probable que, cuando yo tenga la edad que tenía mi padre cuando falleció, me pueda encontrar a estos individuos (los asesinos) en un restaurante cenando, y ellos serán libres, completamente libres, y eso es lo que no puede ser (El Mundo, 20/10/2000).
El 30 de junio de 2006 Macarena Muñoz, también hija de Antonio, escribió una carta abierta al presidente Rodríguez Zapatero, criticando duramente el mal llamado proceso de paz con ETA:
Mi nombre es Macarena. Soy hija del Coronel Médico Antonio Muñoz Cariñanos, asesinado por la ETA el 16 de octubre de 2000, en Sevilla. (...) Mi padre era médico. Una tarde, mientras pasaba consulta, dos asesinos de la ETA acabaron con su vida, delante de sus pacientes. Le metieron seis tiros. No sólo acabaron con su vida, sino con la esperanza de muchos enfermos de cáncer. Porque, Sr. Presidente, mi padre era una eminencia en la lucha contra el cáncer (...) Nunca olvidaremos cómo la gente de Sevilla se echó a la calle aquel 16 de octubre para ayudar a capturar a los asesinos. Armados de valentía, lo consiguieron. Gracias al valor de todos esos sevillanos se hizo posible que los asesinos de mi padre, hoy cumplan su castigo (...) Señor presidente, rechazamos la violencia tanto o más que nadie. Y precisamente porque hemos renunciado a la venganza en la confianza de que se haga justicia, estamos más legitimados que nadie para decir alto y fuerte que queremos el fin de la violencia. Y es que lo que usted nos ofrece no es la paz, Sr. Rodríguez Zapatero. Ni mucho menos. Cualquier persona con sentido común se da cuenta de ello. Al parecer usted va a negociar con los asesinos el traslado de los presos a las cárceles vascas y el cambio de la ley para que el gobierno vasco les aplique el tercer grado y salgan a la calle. ¿Es ése su sentido de la justicia, Sr. Rodríguez Zapatero? Lo que usted llama la "paz" se va a traducir en que dentro de poco tiempo los asesinos de mi padre se permitan el lujo de mirarme a los ojos de la misma forma en que los asesinos de Miguel Ángel Blanco han mirado a su madre y a sus restantes familiares durante estos días de juicio. Con esa nauseabunda mezcla de chulería y repugnancia por la vida ajena. Señor Presidente, usted dice que hay que mirar a los ojos a los terroristas. ¿Es ésa la mirada de los terroristas la que usted nos invita a disfrutar? Lo siento mucho, Sr. Rodríguez Zapatero, los españoles tenemos dignidad. Pedirle a la gente que miremos a los ojos a esa gentuza nos parece indecente. Señor Zapatero, es cobarde ser duro con los que, como nosotros, no tenemos más arma que nuestra palabra, y en cambio blando con los de las pistolas. Esa cobardía nos dolería de cualquier otra persona, pero nos resulta profundamente humillante en la persona de quien nos debería representar. Señor Zapatero: la paz de los presos a la calle es la paz de la humillación, la paz de la victoria del terror y la paz de la rodilla en la tierra. Yo no entiendo de política, no tengo ni he tenido nunca carné de ningún partido político. Pero, Sr. Zapatero, tengo la sensación de que es usted rehén voluntario de los terroristas, y que hará lo que le pidan, porque si a los terroristas se les ocurriera mañana entrar en una consulta médica y pegarle seis tiros a otro médico, como le hicieron a mi padre, seguramente usted dejaría de ser presidente del gobierno. Acabo ya, pero antes, Sr. Rodríguez Zapatero, quiero leer lo que en su programa electoral usted nos prometió. Leo textualmente: ‘Rechazamos cualquier negociación que implique el pago de un precio político democrático por el fin de la violencia’. Le exigimos que cumpla su palabra y que los asesinos cumplan íntegramente las condenas que les han sido impuestas.No nos resignaremos jamás a vivir de rodillas. Espero su contestación, señor Presidente.

Diseño y Construcción de Estabilización de un Talud Compuesto por Suelos Tropicales Residuales Mediante la Técnica de Soil Nailing

Ignacio Zuloaga Fábrega y Javier A. Sierra Galeano (INGEOSOLUM).

Resumen

Este artículo presenta los aspectos relativos al diseño y ejecución de una estructura de contención de tierras mediante la técnica soil nailing, realizada en el talud denominado Cerro Quemado en el Corredor Norte, en la Ciudad de Panamá. En el documento se muestra el sistema constructivo de contención y estabilización, que permitió controlar el proceso de remoción en masa, mediante la instalación de anclajes al terreno, inyectados con lechada de cemento para posterior colocación de armadura y proyección de gunita. De la misma forma se profundiza en los aspectos básicos de diseño y detalles de obra.

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