Intenso acoso del régimen a Estado de SATS

por David Canela Piña.
LA HABANA, Cuba, 4 de septiembre  (David Canela, www.cubanet.org) – El proyecto cívico Estado de SATS tuvo que nadar a contracorriente el primer fin de semana de este mes.

Antonio Rodiles (izq.), director de Estado de SATS, con el poeta Juan Carlos Flores.
La premiación del concurso Nuevo Pensamiento Cubano –un evento literario organizado por emigrados cubanos con el fin de alentar el pensamiento democrático–, debió ser suspendida cuando los panelistas invitados Orlando Luis Pardo Lazo y Dimas Castellanos fueron detenidos por la policía en la tarde del sábado.
El operativo policial también rodeó las esquinas aledañas a la sede del evento para evitar que llegara el público, e hizo detenciones.
Un grupo de amigos de Pardo Lazo y personas solidarias fueron hasta la Unidad de Policía del Cotorro, en donde lo retenían junto a su novia Silvia, para demandar su liberación. Otro grupo acudió a la Sección 21 (antiguo centro del Buró de Represiones Anticomunistas), en 31 y 110, Marianao, para exigir una respuesta sobre los motivos de esas detenciones, y expresar su inconformidad. Para evitar que aumentara el grupo de asistentes, hicieron otro operativo en los alrededores de la Sección, arrestaron a nuevas personas, e incluso bloquearon el tráfico de la calle para que no llegase nadie hasta el lugar. Dimas Castellanos, de setenta años, fue trasladado hasta una estación de policía de Guanabacoa.
Los detenidos fueron esposados y conducidos a diferentes unidades de policía de la capital. Allí, las razones que usualmente intentan explicar los arrestos van desde supuestas alteraciones del orden público, resistencia y desacato a la autoridad, hasta la que cita un “interés de la C.I.”, o sea, de la contrainteligencia. Todos fueron liberados esa noche, y al inicio de la madrugada del domingo. En las unidades no hubo maltratos físicos; los policías sólo se limitaron a cumplir las órdenes que venían de “arriba”, de los oficiales de la Seguridad del Estado.
Otra convocatoria hubo el domingo, a las 5 de la tarde, para hacer la tertulia de Estado de SATS. Y un nuevo operativo se efectuó para tratar de evitar el encuentro. Unas veinte personas, usando diferentes vías, lograron llegar hasta la casa. Incluso, dos hombres llegaron nadando a través del mar.
La premiación y el debate literario tuvieron que ser postergados. Las personas, sentadas en torno a un círculo abierto, comenzaron a contar sus experiencias más recientes con la policía, sus preocupaciones y expresaron su deseo de que la ola represiva termine. La educación cívica fue uno de los temas más importantes que se analizaron.
El gobierno pretende frustrar cualquier tipo de iniciativa (artística y ciudadana) promovida desde “la zona franca” de Estado de SATS, y ha intensificado su censura directa, al parecer, a causa del lanzamiento de la “Demanda ciudadana por otra Cuba”,  un proyecto que intenta pedir la validación del Pacto de los Derechos Políticos y Civiles  y del Pacto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, ambos auspiciados por las Naciones Unidas, y que el régimen cubano firmó en 2008. Apegarse a la letra y el espíritu de esos pactos  pudiera ser un paso fundamental hacia la democracia y la reconciliación nacional.
El gobierno está desaprovechando sus oportunidades para hacer una transición pacífica. Todavía tiene suficiente fuerza militar como para despreciar el diálogo con la oposición. Sin embargo, no le asisten la moral, el derecho, ni la legitimidad. La sociedad civil, por su parte, demuestra con su persistencia, valentía, serenidad y convicción, que no cejará en su deseo de mantener un espacio de diálogo y libertad, y que trincheras de ideas valen más que trincheras de policías.

Víctima, 5 de septiembre: Daniel Villar Enciso

Libertad Digital.


A las 21:20 horas del viernes 5 de septiembre de 1997, la banda terrorista ETA asesinaba en Basauri (Vizcaya) al policía nacional DANIEL VILLAR ENCISOmediante una bomba-lapa colocada bajo el asiento del conductor de su vehículo, un Citroën de color oscuro y matrícula de Bilbao. La explosión de la bomba se produjo en el momento en que el policía puso en marcha el coche. Inmediatamente después se originó un incendio dentro del vehículo.
Varios testigos presenciales contaron que Daniel pedía auxilio desde el interior del vehículo mientras se quemaba vivo. “Cuando nos acercamos al coche movía el brazo como pidiendo auxilio. Entonces abrimos la puerta y, al verle consciente, le preguntamos si estaba bien. Al darnos cuenta de que no podía hablar, le dijimos que nos hiciera un gesto y él nos guiñó el ojo (…) Entonces le sacamos del coche en llamas tirándole de los brazos” contó una de las personas que acudió a socorrerle. Una de ellas resultó herida con quemaduras de diversa consideración al intentar sacar al agente del vehículo. Finalmente consiguieron rescatarlo del amasijo de hierros. La víctima, agonizante, fue trasladada al Hospital de Cruces en una ambulancia de la Cruz Roja, donde ingresó en estado crítico a las 21:40 horas. Durante treinta y cinco minutos los médicos intentaron reanimarlo, pero fue inútil. Falleció a las 22:15 horas.
La capilla ardiente se instaló al día siguiente, 6 de septiembre, en la sede de la Subdelegación del Gobierno. Ese mismo día viajaron a la capital vizcaína Jaime Mayor Oreja, ministro del Interior, y Ricardo Martí Fluxá, secretario de Estado para la Seguridad. Todos los partidos políticos vascos, con excepción de Herri Batasuna, condenaron el atentado e insistieron en la imposibilidad de negociar con aquellos que tan sólo actúan mediante el asesinato. Enrique Villar, delegado del Gobierno en el País Vasco, calificó el atentado de “auténtica salvajada” y pidió a las fuerzas democráticas unidad para luchar contra este “cáncer” del País Vasco. El Partido Socialista de Euskadi aseguró en un comunicado que este atentado demostraba que “ETA es ciega y sorda, y no ve ni escucha el clamor del pueblo que le ha dicho, sin más, que desaparezca”. Carlos Iturgaiz, presidente del PP vasco, manifestó por su parte que “si ETA cree que va a conseguir algo con estos actos, se confunde; ya que con asesinos y su brazo político, HB, no hay nada que hablar ni negociar”.
Más interés tienen las declaraciones de los partidos nacionalistas, un año antes de que firmasen el pacto soberanista de Estella. Iñigo Urkullu, portavoz del PNV en Vizcaya, señaló que “ETA no ha sabido recoger el clamor y el mensaje” enviado por su partido y gran parte de la sociedad, que le emplazó a decretar una tregua tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. “Desgraciadamente, no nos sorprende este atentado, porque sabemos que la dinámica que le queda a ETA es matar, porque es lo único que sabe”, indicó. Sabiendo lo que sucedió posteriormente, sólo pueden calificarse de miserables y cínicas estas declaraciones de un miembro de un partido que, un año después, firmaría el Pacto de Estella con, entre otros, el brazo político de esos que sólo saben matar, en palabras de Urkullu. Fue precisamente el rechazo y la movilización social que provocaron el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco lo que asustó al PNV y lo que propició su acercamiento a Herri Batasuna. El Pacto de Estella o Lizarra agudizó la radicalización de los nacionalistas institucionales, propiciada por el miedo a que el fin de ETA los convirtiese en una fuerza vulgar, como ya analizamos a propósito del asesinato del concejal de Ermua. La evolución posterior de los acontecimientos permite afirmar que fueron el PNV y los demás partidos nacionalistas vascos los que vinieron a rescatar a ETA del acoso al que la sociedad y los partidos políticos no nacionalistas la estaban sometiendo, un rescate en absoluto desinteresado.
En 1999 la Audiencia Nacional condenó a 25 años de prisión al etarra Pedro (Kepa) del Hoyo Hernández como autor del atentado que acabó con la vida de Daniel Villar. Del Hoyo Hernández formaba parte del grupo Vizcaya de ETA, desarticulado tras la muerte de dos de sus dirigentes en un enfrentamiento con la Guardia Civil el 23 de septiembre de 1997, pocos días después del asesinato de Daniel Villar. Los dos etarras muertos, José Miguel Bustinza Yurrebaso, alias Iván y El Viejo, y Salvador Gaztelumendi Gil, alias Gaizka, captaron a un gran número de etarras como colaboradores con la misión de facilitar alojamiento, robar vehículos, elaborar información de objetivos de la banda terrorista y guardar las armas y explosivos del grupo en lonjas alquiladas para ello.
La desarticulación del grupo Vizcaya llevó al banquillo a veintitrés etarras en febrero de 2000. Antes de su desarticulación, el grupo Vizcaya cometió numerosos atentados, entre los que figuran el asesinato de los funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía Modesto Rico Pasarín (el 17 de febrero de 1997), Luis Andrés Samperio Sañudo (el 24 de abril de 1997) y Daniel Villar Enciso, así como el del guardia civil José Manuel García Fernández (el 3 de mayo de 1997).
Daniel Villar Enciso, de 39 años, era natural de Madrid, aunque llevaba varios años residiendo en Basauri. Estaba casado con Socorro López Zarra y tenía dos hijos de 11 y 10 años. En varias ocasiones sus superiores le habían propuesto trasladarse a otras zonas de España, pero el agente declinó estos ofrecimientos pues estaba muy integrado en el País Vasco. Pertenecía a la Escala Básica del Cuerpo Nacional de Policía y estaba destinado en el Servicio de Seguridad del cuartel de la Policía de Basauri. Daniel Villar fue enterrado en Orgaz (Toledo), de donde era natural su viuda y donde la familia solía pasar las vacaciones. Una calle de la localidad lleva el nombre del agente asesinado.
Al funeral no asistieron dirigentes de los partidos nacionalistas vascos, a excepción de Juan María Atutxa, consejero vasco de Interior, ausencia que fue criticada por los sindicatos policiales. Más triste es que en 2003, al cumplirse el quinto aniversario del asesinato de Daniel Villar, el Ayuntamiento de Basauri, gobernado por el PNV, rechazó dedicar una plaza del pueblo al policía asesinado por la banda ETA.

Galicia. Cabo Home y cercanías. Versión 2

Fotos retocadas por María Jesús Martín Villar. (Fotos originales).





























Víctima, 4 de septiembre: Amancio Barreiro Gens

Libertad Digital.


En la madrugada del 4 de septiembre de 1978 apareció en Aguinaga (Guipúzcoa) el cadáver del taxista AMANCIO BARREIRO GENS, visto por última vez con vida el sábado 2 de septiembre cerca de Pasajes. El taxista había sido asesinado con dos tiros a bocajarro en la cabeza tras ser secuestrado por dos miembros de la banda terrorista ETA. El cadáver se encontraba boca abajo, con las gafas puestas y un gran charco de sangre junto a la cabeza. Presentaba también un impacto de bala en el vientre. La Policía recogió en el lugar de los hechos cuatro casquillos de bala del calibre 7,65 mm.
La última ocasión en que fue visto con vida se encontraba en un garaje de Trincherpe, junto a Pasajes, donde limpiaba su vehículo después de regresar de un viaje a Málaga. Así lo vio su esposa en torno a las 19:30 horas. No volvió a casa esa noche, ni tampoco llamó a su mujer, cosa que siempre hacía cuando le surgía algún servicio largo.
Su automóvil -un Mercedes con matrícula de Madrid- fue localizado por la Guardia Civil de tráfico a las cinco de la tarde del domingo 3 de septiembre, casi a la misma hora en que su esposa, alarmada por la falta de noticias, denunciaba la desaparición de Amancio. El coche se encontraba abandonado en la carretera N-634, a pocos kilómetros de Orio, con las puertas abiertas y las llaves puestas. El rastreo inmediato de la zona no dio ningún resultado.
La Guardia Civil localizó el cadáver en la zona que les había indicado una voz anónima por medio de una llamada telefónica a la comisaría de Irún en torno a las tres de la madrugada del lunes 4 de septiembre. Cuando empezó a clarear el día, el cuerpo del taxista fue localizado en una pista forestal. El comunicante afirmó que Amancio Barreiro había sido ejecutado, aunque no especificó los motivos ni la filiación de los autores del hecho. Posteriormente un autodenominado Comando Autónomo Iparraguirre reivindicó el asesinato.
La investigación posterior, según se recoge en la sentencia de la Audiencia Nacional de 1981 que condenó como autor material del asesinato a Jesús María Larzabal Bastarrica, alias Mikel y Lagun, a 26 años de reclusión mayor, determinó que el sábado 2 de septiembre dos miembros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas solicitaron los servicios de Amancio Barreiro para que los trasladaran a Usurbil. Cuando llegaron a la cuesta de Aguinaga, los etarras le indicaron que cogiera un camino vecinal para dirigirse a un caserío. Tras alejarse de la carretera le amenazaron con pistolas y le pidieron la documentación. Una vez que comprobaron que era la persona a la que buscaban, le dispararon a bocajarro y huyeron en el propio taxi de Amancio. Según contaron los asesinos en el juicio, Amancio les suplicó que no lo asesinaran, que tenía dos hijos. Pero de nada sirvieron las súplicas. "Primero [Jesús María Larzabal] le pegó uno en la pierna, para que no pudiera huir. Además, estos cobardes reconocieron que papá suplicó de rodillas que no le mataran, que tenía dos hijos pequeños..." contó en 2009 Mercedes Barreiro Vázquez, hija de Amancio (soitu.es14/09/2009).
En la misma sentencia de 1981 se condenó a seis años de reclusión a José Ángel Cincunegui Urdampilleta en concepto de encubridor del crimen. Cincunegui fue quien trasladó a los autores materiales del asesinato al lugar donde solicitaron los servicios de Amancio, y quien los recogió posteriormente. Lamentablemente, el asesino Larzabal y su cómplice Cincunegui salieron a la calle cuando sólo habían cumplido dos años de la pena impuesta.
En junio de 2006 la Audiencia Nacional ha reabierto el caso del asesinato de Amancio al instruir diligencias contra un nuevo encausado, Antonio Mario Celaya Otaño, como presunto autor material del asesinato del taxista pontevedrés. Celaya Otaño fue detenido en Francia en 2002, tras disfrutar de un dorado exilio en México. La reapertura del caso cogió por sorpresa a los familiares de Amancio, algo habitual en los juicios contra etarras, en los que suele ser frecuente no informar a los familiares directos de los asesinados. Al tener conocimiento de la reapertura, la hija menor del taxista, Mercedes Barreiro Vázquez, que tenía 9 años cuando asesinaron a su padre, declaró a El Faro de Vigo que lo que espera "es que este señor se pudra en la cárcel lo que le queda de vida, o por lo menos los 30 años que se contemplan para delitos de sangre". En pleno proceso de paz del Gobierno de Rodríguez Zapatero, tanto ella como José Barreiro, hermano de Amancio, se mostraron desencantados con la justicia española y totalmente en contra de la negociación con la banda asesina ETA a cambio de contrapartidas. "Hay que negociar sí, pero no se puede negociar a cambio de algo. La realidad es que aún no han entregado las armas, y no se han arrepentido de nada". La hija de Amancio reconoció que no es capaz de perdonar. "Yo nunca jamás perdonaré a los asesinos de mi padre. Cuando aquello pasó yo tenía nueve años, pero lo recuerdo todo perfectamente" (El Faro de Vigo, 27/06/2006). En 2007 la Audiencia Nacional condenó a Celaya Otaño a seis años de prisión como colaborador, con Cincunegui, en el asesinato de Amancio, pero como ya había cumplido parte de la condena en Francia, a los seis meses fue puesto en libertad.No fue condenado como autor material pese a existir una carta autoinculpatoria del propio etarra.
Amancio Barreiro Gens, de 36 años, era natural de Vilar de Cordeiro (Pontevedra) y residía en Pasajes. Estaba casado con Mercedes Vázquez y tenía dos hijos, de 11 y 9 años: Josecho y Merche. Según su esposa había sido ya amenazado por la banda terrorista ETA. En un reportaje publicado en soitu.es en 2009 se narraba cómo Amancio Barreiro había decidido emigrar desde Vilar de Cordeiro al País Vasco "para ganarse el pan". Buen mecánico, pronto se hizo cargo de un taller en Pasajes (Guipúzcoa), situado enfrente del bar de los Vázquez, otra familia de inmigrantes gallegos. La hija pequeña, Mercedes, acabó casándose con Amancio, y ampliaron la familia con el nacimiento de Josecho y Merche. A mediados de los sesenta, Amancio decidió cambiar de trabajo y entró a formar parte de la compañía de taxis 'París', junto a sus cuñados, empresa que centró su negocio en recorrer toda España con grandes turismos. Pero en los setenta el ambiente empezó a enrarecerse. "Era terrible. Esos años los terroristas colocaron en la diana a los taxistas y les iban a buscar a casa. Decían que, como en el taxi van muchas personas, los conductores eran confidentes policiales y chivatos", señala Mercedes, viuda de Amancio.
Este ambiente asfixiante y el miedo cada vez mayor a que asesinasen a Amancio, llevó al matrimonio a plantearse emigrar de nuevo. Su mujer le animó a enviar una solicitud para la Renault de Valladolid, que fue aprobada en el verano de 1978. "Tenía previsto hacer los últimos servicios ese primer fin de semana de septiembre y marcharse el lunes. Yo iba a quedarme hasta que los niños acabaran el curso que empezaban, pero los asesinos nos rompieron todos los planes aquel 4 de septiembre", cuenta Mercedes. Además de quedarse viuda y sus dos niños huérfanos, "tuvieron que llorarlo entre las cuatro paredes de su casa, ver cómo los vecinos se cambiaban de acera para no darles el pésame, cómo las monjas del colegio de la niña se negaban a oficiar una misa, contemplar las malas caras en los comercios del barrio, o aguantar cómo las compañeras del colegio se acercaban para espetarles a los huérfanos 'a tu padre le han matado por chivato'". "Hasta un vecino de toda la vida, al que mi marido había prestado un gran turismo para la boda de sus hijos, nos dijo que 'a saber lo que Amancio hizo para que le hagan eso...' Nos dio la espalda gente que creíamos nuestros amigos", contó su viuda más de treinta años después.
Mercedes y sus hijos aguantaron un año en San Sebastián, que fue terrible. Después decidieron instalarse en Santiago de Compostela, pero el miedo a la estigmatización continuó, por lo que le dijo a sus hijos que en el colegio contasen que su padre había muerto en un accidente de tráfico (soitu.es, 14/09/2009).

Somos una economía tóxica para la inversión

por Juan Ramón Rallo.

Como si de un concertado ritual se tratara, siempre que aparecen malos datos de Contabilidad Nacional todos los medios de comunicación buscan al unísono un chivo expiatorio: las caídas del consumo y del gasto público. Fatal diagnóstico que traslada a la población una idea profundamente equivocada de cuáles son nuestros problemas actuales: no una atonía de los impulsos gastadores de nuestras familias o Administraciones Públicas sino una absoluta renuencia de los capitalistas nacionales y extranjeros a invertir en nuevos sectores económicos que sustituyan a la construcción como una de las patas de la actividad.


No hay que gastar más, sino menos
Empecemos por los fríos datos: lo que se ha desplomado desde el punto más alto de la burbuja inmobiliaria hasta hoy no ha sido el consumo, sino de manera alarmante el gasto en inversión. En junio de 2012, el gasto en consumo apenas era un 1,2% menor que a comienzos de 2007, mientras que el gasto en inversión se había desplomado un 35,3%. Paralelamente, el único componente que ha tenido un buen comportamiento y que ha permitido contener algo la destrucción de empleo han sido las exportaciones, que ya se sitúan casi un 10% por encima del nivel alcanzado en ese momento.
Los habrá que, obsesionados con el architípico mensaje subconsumista de toda la vida, crean que ha bastado una caída del 1% del consumo para motivar un desplome del 35% en la inversión. Nada más lejos de la realidad: aunque nos hayan contaminado los oídos con que el consumo es el motor de una economía, lo contrario es más bien cierto. Las sociedades más pobres del planeta son aquellas donde el 100% de la renta se consume y donde, por consiguiente, no queda margen alguno para ahorrar e invertir en mejoras del equipo de capital que incrementen la riqueza y la productividad de esa economía. La base del capitalismo es el capital, esto es, el ahorro y la inversión, no el consumo.
¿Por qué la reducción de un 1% en el gasto en consumo es básicamente irrelevante para el conjunto de la economía (no quiero decir que sea irrelevante para aquel empresario cuyas ventas se hayan desplomado, claro)? Porque, aun cuando el consumo caiga, las empresas no tendrían por qué reducir su ritmo de inversión. A corto plazo, pueden seguir dos estrategias muy lógicas: o invertir en bienes de capital que les permitan reducir sus costes unitarios de producción (de modo que, aunque vendan menos bienes que antes, como obtienen un mayor margen de ganancia por producto, sus beneficios no se reducen) o invertir en bienes y servicios que demanden no los españoles, sino los extranjeros.
Potenciar la exportación
Esto último es lo que en parte han tratado de hacer las empresas españolas en los últimos años (de ahí que las exportaciones hayan crecido) y lo que sin duda necesitaba nuestra economía. En los años 2006 y 2007, el conjunto del país se endeudó en más de 100.000 millones de euros (el 10% de nuestro PIB) con el exterior para poder gastar mucho más de lo que producíamos. Ahora toca pagar esas deudas pasadas produciendo más de lo que gastamos, esto es, vendiendo al extranjero más de lo que compramos del extranjero (acumulando superávits exteriores).
Por desgracia, aunque no lo hemos hecho del todo mal en esta rúbrica –nuestro déficit exterior se ha reducido del 10% al 3% del PIB– no lo hemos hecho tan bien como necesitábamos para absorber el shock de la contracción crediticia, del desplome de la construcción y de la masiva destrucción de empleo. Que las exportaciones crezcan un 10% no basta para recolocar a toda la mano de obra y a todos los otros factores productivos que se han quedado desempleados desde el estallido de la burbuja. En otros países, como Estonia, Letonia o Lituania, las exportaciones se han disparado un 50% desde los niveles de 2007, permitiéndoles volver a crecer con fuerza y a reducir intensamente sus índices de paro. En España nos hemos quedado en un crecimiento del 10%, ¿por qué? Pues porque las empresas no han invertido lo suficiente en crear nuevas industrias exportadoras, tal como ilustra que la formación de capital sea en 2012 un 35% inferior a la de 2007. ¿Y por qué? Pues aquí reside el núcleo de la cuestión.
En España no invierte ni el Tato
Si creemos (erróneamente) que nuestra crisis se debe a que las familias y las Administraciones Públicas no consumen lo suficiente, entonces las recomendaciones de política económica que efectuaremos serán las de paralizar la política de recortes y las de evitar cualquier ajuste salarial a la baja que pueda perjudicar aún más el consumo. Si, en cambio, somos conscientes de que el hundimiento de nuestra economía se debe a que en este país no quiere invertir ni el Tato –de hecho, el capital está saliendo por puertas­– para crear una nueva industria exportadora que venda mucho más al extranjero y nos permita amortizar nuestro excesivo endeudamiento pasado, las sugerencias serán muy distintas: habrá que estabilizar macroeconómica la situación (despejando el miedo a la suspensión de pagos del país y a que salgamos del euro) y habrá que crear un ambiente amigable con la creación de empresas.
Para lo primero, será necesario profundizar en el ajuste del gasto público (y no de unos impuestos que sólo machacan al sector privado); para lo segundo, habrá que liberalizar los mercados y permitir que aquellos salarios (y otros costes empresariales, como los inmuebles o la electricidad) que tengan que caer caigan cuanto tengan que hacerlo, y que aquellos otros que deban subir, hagan lo propio. Sólo así los empresarios podrán componer planes de negocio en los que ganen dinero (¡anatema!) y que, en consecuencia, les induzcan a invertir. En Lituania, por ejemplo, los salarios de la construcción llegaron a caer un 40%, al tiempo que los de la industria de nuevas tecnologías subían el 10%: no se trata, pues, de que caigan todos los salarios, sino sólo aquellos cuya productividad es mucho más baja que el coste salarial corriente.
Hay que producir más de lo que gastamos 
Nada de esto, obviamente, se está haciendo en España: políticos y grandes sectores de la sociedad prefieren seguir viviendo del crédito, esto es, gastando mucho más de lo que producen. No se dan cuenta (o no quieren darse cuenta) de que las deudas acumuladas insosteniblemente siempre terminan estallando. A nosotros ya nos han cerrado el grifo. Por eso, si no queremos impagar nuestras deudas, si queremos empezar a amortizarlas y a crecer sana y sólidamente, hemos de comenzar a producir más de lo que gastamos: toca generar y atraer ahorro que desee ser invertido en nuestro país (ya sea en exportaciones o, en menor medida, en productos que sustituyan a importaciones). Es decir, toca acreditar que España es un entorno seguro y rentable en el que invertir a largo plazo sin verse rapiñado por impuestos, costosas regulaciones, devaluaciones y conflictos sociales.
Todo lo contrario a lo que han hecho PP y PSOE en cuatro años: por eso el capital sale del país y más de un tercio de toda la inversión se ha volatilizado. Nos hemos convertido en una economía tóxica por culpa del asfixiante intervencionismo político.