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OpenCourseWare de la Universidad Carlos III de Madrid


La Universidad Carlos III  de Madrid promueve la difusión en abierto de material de apoyo a la formación, incentivando la participación de su profesorado en dicha iniciativa. Por ello, la UC3M se adhiere al proyecto del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), que ha generado la agrupación de universidades de alto prestigio internacional en torno al Consorcio OpenCourseWare.  La misión de esta acción es promocionar la educación y potenciar el conocimiento de manera abierta y sin restricciones.
La red de universidades iberoamericanas, Universia, se ha comprometido con estos objetivos, promoviendo el consorcio OCW Universia.
OpenCourseWare es una herramienta que permite la libre publicación de material y proporciona los contenidos de forma gratuita a usuarios de todo el mundo. No es un servicio de formación a distancia a través del cual se pueda cursar ningún estudio o titulación, ni recibir ningún tipo de acreditación.

* Asignaturas Básicas de Física, Matemáticas y Química: Cursos Cero
Biblioteconomía y Documentación
Ciencia e Ingeniería de Materiales
Derecho Eclesiástico del Estado
Derecho Privado
Derecho Procesal
Derecho Público
Derecho Social
Economía
Economía de la empresa
Estadística
Filosofía del Derecho
Física
Historia del Derecho
Humanidades
Ingeniería de Organización
Ingeniería de Sistemas y Automática
Ingeniería Eléctrica
Ingeniería Informática
Ingeniería Mecánica
Ingeniería Química
Ingeniería Telemática
Ingeniería Térmica y de Fluidos
Matemáticas
Mecánica de Medios Continuos y Teoría de Estructuras
Periodismo y Comunicación Audiovisual
Química Física
Tecnología Electrónica
Teoría de la Señal y Comunicaciones


La vida universitaria. Arcadi Espada


Te bastará saber que la única razón que de su apartamiento universitario da el decano no tiene que ver con los recortes ni con la desaparición de su bonita asignatura. Es que Espada no hacía vida universitaria. No es que no impartiera sus clases, asistiera a las vacuas y escasas reuniones a las que era convocado y cumpliera rigurosamente con sus obligaciones. No. Justificándole que necesitabas pruebas para creerme, he podido arrancarle estas líneas de la patética carta del decano: «También es de personas educadas llamar de cuando en cuando a la puerta del despacho de al lado, donde trabaja la persona que te contrató hace casi 20 años». Habrás comprendido. La vida universitaria. No enseñar, no leer, no escribir, no pagar deudas. Toc, toc.


Leer completo en Diarios de Arcadi Espada.

Por una Universidad atrevida. Pablo Salvador Coderch

Como temo que me acusen de cosmopolitismo burgués, adelantaré que las reformas propuestas por el informe han sido ya probadas en otras culturas muy próximas a la nuestra. Por ejemplo, la Universidad de Coimbra sacó recientemente a concurso internacional su plaza vacante de rector. ¡Qué envidia!

Otra propuesta a coste cero por cuya adopción algunos venimos clamando desde hace muchos años es la eliminación de la endogamia académica, un eufemismo de corrupción universitaria premeditada y aleve: las universidades deberían de evitar convocar plazas a concurso de acceso en favor de sus propios doctores, al menos durante los cinco años siguientes a la lectura de sus respectivas tesis doctorales. Recientemente, detalla el informe, lo han pedido hasta los franceses.

Por antigüedad antes que por cualquier otra cosa, llevo años formando parte de paneles de evaluación centrales constituidos para acreditar profesores, para concederles subsidios o para reconocerles méritos varios. Mas la verdad, siempre descarnada, es que las más de las veces me siento como un veterano comisario de policía de Moscú llamado a evaluar las ejecutorias profesionales de los subinspectores e inspectores de Vladivostok, Kursk u Odesa. Fuera de mi especialidad, los costes de la evaluación superan a sus beneficios y, naturalmente, la tarea fatiga y sale medio mal.

No puede haber internacionalización de la Universidad sin exigencia sistemática del conocimiento del inglés como herramienta de trabajo, una materia en la cual todavía podemos mejorar mucho y, de nuevo, sin coste.

La Universidad española es bastante equitativa, pues acoge a más población de entre 25 y 34 años de edad que el promedio de países de la OCDE, pero todavía podemos mejorar: los irlandeses, explica el informe, lo están consiguiendo con medidas tales como abrir el acceso a gente adulta de todas las edades o proponerse que, en 2020, un 20% de los nuevos estudiantes llegue a la Universidad por vías alternativas al Bachillerato.

Con la crisis, la Universidad española ha perdido recursos, pero la propuesta, acaso imparable, de aumentar las tasas académicas es polémica y podría comprometer la viabilidad del consenso bipartidario que preconizamos. En Europa, la dualidad de modelos es clara: los británicos, por ejemplo, apuestan claramente por subir las tasas, mientras que los escandinavos o los alemanes lo hacen por la gratuidad. Una sugerencia inicial puede desencallar el tema, pues, en España, el 30% de los estudiantes de primero de carrera acaban perdiéndose por el camino. Como no puede haber gratuidad sin responsabilidad, toca endurecer las reglas de permanencia en la Universidad.

Sobran órganos de gobierno. Las universidades españolas tienen consejos de gobierno, presididos por un rector, y consejos sociales, vinculados al territorio en el que están implantadas. Hay que refundir ambos órganos y dejar un único consejo integrado por una veintena de miembros. Así funcionan las mejores universidades públicas del mundo, como la californiana. Y por abajo, hay que unificar grupillos de clases, integrados por una docena escasa de estudiantes sujetos a horarios demenciales.

Por último, las reformas pueden llevarse a cabo sin regular aún más la hiperregulada Universidad española. Hay que jugar con los incentivos, ofrecer zanahorias en vez de amenazar con palos. Queremos universidades más internacionales y más arraigadas en su entorno. Atrevámonos a abrirlas.


Leer completo en Revista de Prensa.

Entrevista a Antonio Cabrales sobre la Educación universitaria en España. Domingo Soriano

Aquí la primera parte de la entrevista, sobre enseñanza primaria y secundaria.

Los coreanos y japoneses piensan: "Si quiero trabajar en las mejores empresas de mi país tengo primero que entrar en las mejores universidades". Eso genera incentivos a que los chavales se esfuercen por mejorar sus notas desde el bachillerato. En realidad, aquí pasa algo parecido en algunas carreras. Los chavales que estudian más en el bachillerato son aquellos que quieren ir a Medicina. ¿Por qué? Porque para entrar en Medicina se necesita una nota muy alta.

Los incentivos están muy mal alineados. Se puede hacer mucho mejor sin gastar mucho más. Podría hacerse que la financiación de las universidades (también de las escuelas) dependiera de los resultados.

Por ejemplo, para comparar dos facultades de Administración y Dirección de Empresas (ADE) escoges a dos chicos con la misma nota y dices ¿cuál encuentra trabajo con más facilidad? Los centros que han generado más valor son los que han colocado mejor a sus alumnos. Es una diferencia de desempeño que no depende de medidas de satisfacción, es algo objetivo. Y sabemos que las tasas de empleo son muy diferentes entre las universidades.

Y está muy bien que lo publiquen porque ya por lo menos sabes que la probabilidad de encontrar trabajo si haces ADE (Administración y Dirección de Empresas) es mucho más alta que si haces Filología Hebrea. Ése es un dato muy interesante que los chavales deberían conocer. Pero es que si además separas por universidades, podrías saber que un chico con una nota de siete de tal facultad tiene más probabilidad de encontrar trabajo que un chico con la misma nota en otra facultad. Sólo esa publicación ya generaría muy buenos incentivos, y si además la financiación dependiera de eso, imagínate...

Los chicos no son conscientes del coste de la universidad. Y eso que hay medidas que se podrían aplicar fácilmente. Tú puedes poner precios similares al coste real. Podrían decirte que eso expulsa a los chicos con menos recursos, pero no es cierto. A todo el que no quiera o no pueda pagar se le podría conceder una beca. Eso sí, se le dice: El día que te gradúes, tus impuestos van a tener una sobrecarga para que vayas devolviendo ese dinero.

Obviamente. Ahora los títulos universitarios los están pagando tanto los que se gradúan como los que no. El coste medio por estudiante y año puede estar (aproximadamente) en torno a los 8.000 euros. Tú puedes decirle al estudiante: esos 30.000 euros que te gastas en los cuatro años no es necesario que los pagues ahora si no puedes, pero cuando te gradúes se lo tienes que devolver poco a poco al Estado. Es un mecanismo transparente, bueno y lógico.

P: Es parecido al sistema tipo créditos que defendemos en Libre Mercado. Pero cuando le explicas a alguien este tipo de mecanismos dice: Es que lo voy a estar pagando toda mi vida.

R: ¡Obviamente! Es que la universidad no es gratis.

P: Las estadísticas dicen que aquéllos con titulación superior ganan más que los que no la tienen. Subvencionando la universidad acaba produciéndose una especie de redistribución inversa: de los pobres a los ricos. ¿No es injusto que un chaval de 16 años que se pone a trabajar de albañil esté pagando con sus impuestos los estudios de su vecino que no comenzará a trabajar hasta los 25?

R: Efectivamente. Y más en una situación fiscal tan desesperada como la que estamos. Si tomamos este número de 8.000 euros anuales de coste podemos calcular que en Madrid hay unos 150.000 estudiantes, esto supone un coste total de 1.200 millones. El lío que se ha montado con los profesores de secundaria ha sido por 80 millones...

P: Si tuvieran que pagar la universidad, aunque fuera una vez que la terminasen, los chicos se preguntarían qué quieren hacer con sus estudios.

R: Claro, comenzarían a pensar en la universidad y en el mercado de trabajo antes. Esto te transforma completamente. Los chicos que ya tienen uso de razón, con doce o trece años, pueden preguntarse: Si estudio mucho puedo hacer una buena carrera y si no estudio tanto tendré una titulación mediocre.

P: Pero mucha gente cree que la educación tiene que ser gratis porque sí.

R: Hay que convencer a la gente de que la educación no es gratis. Hay que poner unos recursos para pagarla. La cuestión es, dado que no es gratis, ¿cuál es la mejor manera de pagarla? Y en la universidad no tengo ninguna duda: el que tiene que pagarla es el que recibe el servicio. Por motivos de equidad a algunas personas se les puede posponer el pago. Para eso se pueden aplicar los recargos impositivos, los préstamos, etc... Hay muchas formas de hacerlo. Pero tiene que quedar claro que esto no es gratis.


Leer entrevista completa en Libertad Digital.

Nuevas vías de endogamia en la Universidad. Juan José Dolado y Gonzalo Rubio

Uno de los problemas más arraigados en la Universidad española es el bajo nivel de competencia existente entre sus centros y profesorados. Apenas hay incentivos que permitan distinguir de forma sistemática entre prestigiosos y mediocres investigadores / docentes. Tampoco existen penalizaciones relevantes por parte de los poderes públicos que recorten radicalmente los presupuestos de aquellos departamentos con productividad científica insuficiente. Sin embargo, dado su desafortunado carácter asambleario, lo que sí existen son incentivos que favorecen comportamientos estratégicos por parte de colectivos interesados en perpetuar sus privilegios mediante el apoyo cautivo de sus colegas en situación precaria.


Resulta imprescindible adoptar medidas urgentes para corregir este peligroso rumbo. Entre ellas: 1. Introducir mecanismos claros de premio y castigo que permitan la discriminación real entre los profesores universitarios de acuerdo con estándares internacionales de calidad; 2. Penalizar en muchas disciplinas la contratación de profesorado formado en la propia institución; 3. Limitar el número máximo de años que un profesor pueda estar como contratado antes de obtener la acreditación como titular;4. Eliminar un gran número de programas de doctorado que no alcancen unos mínimos reconocidos de calidad; 5. Implementar incentivos a la movilidad del profesorado, eliminando las trabas burocráticas; 6. Fomentar los rankings de departamentos y no de universidades (los campus de excelencia no tienen sentido), y 7. Eliminar los precios públicos de los másteres, introduciendo una competencia mucho más directa entre departamentos, permitiendo financiarse a los mejores sin depender de dinero público.


Leer completo en El País.