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Exterminio en Madrid por Sergio Campos Cacho

La biblioteca fantasma.


La muerte reciente de Santiago Carrillo ha hecho aflorar de nuevo la polémica sobre los asesinatos de Paracuellos, antes incluso de que se celebre su aniversario en noviembre. Esta polémica tiene un fondo ideológico y político. Apesta. En la red berrean los guerracivilistas y en la prensa gallean de nuevo los historiadores, sin que se distingan apenas unos de otros. Mal asunto. Casi nadie habla de los muertos, que es lo importante de verdad.
El debate sobre Paracuellos se plantea sobre dos falacias fundamentales. La primera tiene que ver con la responsabilidad original de los asesinatos, es decir, con los inductores de la masacre. Ángel Viñas, hablando del libro El terror rojo, de Julius Ruiz, plantea así la cuestión: «Ruiz es consciente de que la tesis hiperfranquista de que una incitación soviética (de la NKVD) a favor de la masacre “reduciría” la responsabilidad de los asesinos republicanos». Esto es falso, o en todo caso solo sirve para la batalla particular del guerracivilismo. Con su pan se lo coman. Teniendo en cuenta que los asesinatos los llevaron a cabo los comunistas y los anarquistas y que toda la Junta de Defensa era consciente de cómo se habían organizado las sacas sin que nadie hiciera nada por impedirlas hasta la llegada de Melchor Rodríguez, importa muy poco que la idea partiera de los rusos o de los españoles. Los comunistas se implicaron con entusiasmo en la masacre, los anarquistas también participaron y el resto fue incapaz de oponerse. No se asesina a dos mil quinientas personas en pocos días si se titubea o se cumplen órdenes con las que no se está de acuerdo.
La segunda falacia sobre el debate de los asesinatos de Paracuellos tiene que ver con su supuesta excepcionalidad: “Paracuellos aparece como norma en lugar de lo que realmente fue, una dramática excepción”. Los asesinatos masivos de noviembre no fueron una excepción, sino el punto final a una labor de exterminio iniciada desde los primeros días de la contienda. Las sacas habían comenzado antes y las llamadas a la limpieza de la retaguardia y al exterminio de los fascistas eran habituales en la prensa y en las consignas lanzadas por los cabecillas de los partidos. Por poner solamente algunos ejemplos de Mundo Obrero: “¡Limpiemos la retaguardia!” (portada del 28/7/36); “Es preciso exterminar rápidamente al enemigo, se esconda donde se esconda” (27/7/36); “La Dirección de Seguridad, de por sí sola, no está en condiciones de catalogar a los enemigos del régimen” (4/8/36); “¡Limpiad la retaguardia!” (7/8/36); “La consigna es: exterminio” (portada del 10/8/36); “¡Firmes, hasta exterminarlos!” (portada del 24/8/36); “La defensa de Madrid: es preciso limpiar la retaguardia” (26/9/36). Con titulares como estos en la prensa republicana y consignas semejantes dadas a la policía se podrían cargar varios volquetes. Por otro lado, convendría hablar de las checas oficiales, como la de Fomento. Todavía no hay un estudio serio sobre los asesinatos cometidos en ella. A más de uno le sorprenderían las estadísticas. No: Paracuellos fue una meta, no una excepción. La idea de que la excepcionalidad de Paracuellos se usa como norma para tapar los crímenes fascistas no merece mayor comentario. A nadie le gusta que le tomen por idiota.
El pasado día 21 cuatro historiadores publicaron en El País un artículosobre los asesinatos de Paracuellos. En él insisten en las dos falacias fundamentales y profundizan la brecha entre dos supuestos bandos, dando lugar a que cualquier crítica razonada sea tachada inmediatamente de fascista si no concuerda con sus presupuestos. Les recuerdo, para que se hagan una idea del nivel de la disputa, que sobre éste y otros temas César Vidal sea uno de los historiadores más citados por Viñas en su libro El escudo de la República y en otros tomos sobre sus estudios de la guerra.
Los autores establecen tres categorías para hablar de Paracuellos: contexto, chispazo para la acción y responsabilidades y supervisión.
El primer punto de su artículo se refiere al contexto. No voy a decir nada más que sustituyan esa palabra por “justificación”, que es la más adecuada para las pretensiones de los autores.

Alexander Orlov
El segundo y tercer punto se refieren al “chispazo”. Basándose en un informe de Vladimir Gorev, afirman que el “cerebro” de Paracuellos es Alexander Orlov. Viñas ha sostenido en algunos foros que el informe de Gorev admite otras interpretaciones (“Para mí es inequívoco, aunque reconozco que existen otras interpretaciones”). Exacto. Lo único que hace Gorev es alabar la labor de Orlov en la represión (como también agradece el trabajo de Mihail Koltsov y de Roman Karmen). En ningún caso sostiene que fuera Orlov quien planteara ni quien planeara Paracuellos. Por otro lado, hay un informe similar de Stepanov que agradece la labor hecha por el PCE. Como a Viñas no le sirve para sus presupuestos (véase la primera falacia), lo desecha argumentando que Stepanov, alias Moreno, posiblemente alias Schwarz, no estaba en España en 1936 y que “contó de oídas”. Aquí se puede replicar que Stepanov no podía contar de oídas, como si hubiese sabido de Paracuellos en la barra de un bar, sino directamente por los implicados, a los que por otro lado conocía de anteriores estancias en España (cosa que Viñas dice que no está demostrado, aunque hay varios testimonios de ello). Como pueden comprobar, no hay ni un solo documento que permita confirmar la responsabilidad de Orlov. Interpretaciones pueden hacerse las que se quieran.

Pedro Checa (segundo por la izquierda, con gafas) y José Díaz (sentado) junto a otros miembros del PCE.
En el cuarto punto se responsabiliza a Pedro Checa (Pedro Fernández Checa, como meticulosamente lo citan) de ser el enlace entre Orlov y los elementos comunistas que se encargaron de la logística de las matanzas. No podía ser otro, por su cargo, y tenía gran experiencia en la organización de las células clandestinas desde antes de la guerra. Ahora bien, resulta difícil creer que Pedro Checa moviera un solo dedo sin la aquiescencia de, al menos, el secretario general del PCE, José Díaz. La puesta en marcha de la masacre no es responsabilidad única de una sola persona, sino de todo un partido.

El general Miaja
Del quinto punto se puede decir que las primeras sacas tuvieron lugar mucho antes de la constitución de la Junta. Es cierto que todos sabían lo que se estaba haciendo. Miaja, por supuesto, y también Carrillo. Lo que se hizo con los presos era responsabilidad directa de Santiago Carrillo, Consejero de Orden Público.

Santiago Carrillo
El puntos seis, siete y ocho se insiste en la responsabilidad de Pedro Checa. Es innegable, y yo insisto en lo dicho dos párrafos más arriba. En la BF ya se le citó en 2009 en relación a Paracuellos. Por otro lado, ya era hora de que se hablara de los mandos que organizaron las sacas: Santiago Álvarez Santiago, Andrés Urresola, etc. También la BF fue pionera al aclarar estas responsabilidades y empiezo a estar hasta los cojones de que no se cite en ningún sitio (excepto aquí). El punto número 7 es curioso: como bien señaló Jon Juaristi, confirman que los comunistas infestaban la DGS desde el principio de la guerra. Su experiencia en la caza del fascista es incluso anterior a ésta, lo que desmiente la tesis de uno de los autores del artículo, Paul Preston, esgrimida en su libro El Holocausto español. También se desmiente la formulación de otro de los autores, Fernando Hernández, cuando en su libro Guerra o revoluciónachaca la responsabilidad de las matanzas a elementos “neocomunistas y anarquistas”. De neocomunistas nada de nada: comunistas de raza, corazón y pelotas.
El punto nueve es pura reflexión ideológica. Carrillo no tuvo mano a la hora de organizar las sacas, pero fue responsable de que se llevaran a cabo. Y si se le relaciona con más énfasis con Paracuellos cuanto más se acerca la Transición, quizá tenga que ver con que siempre negó haber sabido nada de lo que ocurrió en Madrid. Cargar la mano con Checa para desvincular a Carrillo no tiene ningún sentido. Carrillo jamás fue un transeúnte que pasara casualmente por allí.

Paracuellos, pintura de Carlos Sáenz de Tejada
El último punto y el epílogo no son más que la formulación exacta de la segunda falacia que he comentado anteriormente.
Por si alguien piensa que de Paracuellos ya se sabe todo, que es un tema manido y que ya se les ha rendido durante el franquismo suficiente homenaje a los muertos, les confirmo que hoy por hoy es imposible listar los nombres de los cerca de 2500 asesinados.

Labor (Soria, 7 de diciembre de 1939)

Carrillo y Paracuellos por Santi González

Blog.


Esta madrugada mi comentario sobre Carrillo ha sido descalificado por Jesús M. Ruiz Sagredo, que a la 1:58 am, escribía:
Me gustaría recomendarle al sr. González el artículo publicado por Paul Preston y otros historiadores para que ajuste sus conclusiones sobre Carrillo y Paracuellos porque me ha dado la sensación que están más avaladas en impresiones que no deberían ser suficientes para formar una opinión publicable.
Casi una hora más tarde, Manuel Gómez, coincidía en el diagnóstico:
Sr. González: Sobre la supuesta incongruencia de la respuesta de Carrillo con los datos, acerca de Paracuellos, le recomiendo la lectura de este artículo firmado por historiadores:http://elpais.com/elpais/2012/05/14/opinion/1336994556_676295.html.
¡Ah!, perdón, es prensa socialdemócrata. Y quizá los historiadores son… En fin, quizá usted prefiera otros. Yo prefiero los datos a los presentimientos y, por supuesto a los prejuicios.
No tienen necesidad de recomendarme ustedes nada. Leí la Cuarta Página de El País firmada por Viñas, Hernández, Ledesma y Preston ‘Puntualizaciónes sobre Paracuellos’, muy probablemente antes que ustedes (minutos antes de las 5 de la mañana de ayer viernes) y seguramente con más atención. Quiero decir atención profesional, puesto que mi segunda ocupación es la revista de prensa de Herrera en la onda en Onda Cero.
No sé por qué me atribuye Gómez una descalificación sistemática de lo que publica la ‘prensa socialdemócrata’. El hecho de que El País no sea lo que fue no invalida la mayor pàrte de sus contenidos. Cuando descalifico algo es precisamente por no ajustarse a los hechos, no por la fuente. Siempre prefiero las fuentes que digan la verdad.
He aquí la primera falacia de los cuatro historiadores referidos: para descalificar el testimonio de Félix Schlayer, lo caracterizan así: “cónsul honorario de Noruega y súbdito alemán que publicó sus memorias durante el cálido régimen del maestro Goebbels”. Eso es descalificar los hechos por la fuente. Ni siquiera afirman que Schlayer fuera nazi, como hizo Carrillo en su día. Se conforman con esa pequeña insidia de que su libro ‘Diplomat im roten Madrid’ (Diplomático en el Madrid rojo’) fue publicado en la Alemania nazi (en 1938 concretamente). ¿Y?¿Qué gilipollez es esa? Yo compré las obras completas de Federico García Lorca y lo esencial de Miguel Hernández “durante el cálido régimen del maestro Franco”. Ah, pues serán falsas.
Ah, la posibilidad de que Schlayer fuera un agente nazi es bastante ridícula. Carrillo lo confunde en sus memorias con el cónsul de Finlandia. Nació en Alemania en 1873 y vivió en España desde 1895 hasta su muerte en 1950 y lo que cuenta en su libro es inequívoco: él y George Henny (Delegado Internacional de la Cruz Roja) descubrieron los enterramientos de Paracuellos y Torrejón al día siguiente de la primera matanza y pidieron una reunión con Miaja y Carrillo aquel mismo día para denunciar lo que habían visto. Y las sacas y los fusilamientos masivos siguieron produciéndose en un número no inferior a siete y con un número de víctimas entre 2.000 y 4.000. No es, no puede ser, como dice Carrillo que los convoyes de presos fueran asaltados por las turbas que desbordaron a los pundonorosos milicianos que los custodiaban y protegieron sus vidas con el celo que ponía John Wayne en impedir los linchamientos. Todos fueron inexorablemente a parar a Paracuellos del Jarama, donde fueron fusilados en actos repetidos, idénticos, con su liturgia y su lenguaje. Victoria Prego escribió un sobrecogedor reportaje, publicado el 6 de septiembre de 2005 en El Mundo, en el que contaba que las matanzas requieren planificación:
“La organización de asesinatos en serie requiere de una planificación amplia, larga y rigurosa, que hace inevitable que las noticias de los preparativos de nuevas matanzas trasciendan del ámbito de quienes las programan. Según consta en las declaraciones de los protagonistas y de testigos de lo sucedido, en el pueblo se sabe de antemano cuándo se van a producir nuevos fusilamientos. “Mañana va a haber besugo fresco”, es la frase que los hombres de la localidad utilizan para anunciar que al día siguiente les espera tarea, aludiendo con ello a la expresión de los rostros de quienes morían de aquella forma violenta con cara de espanto y los ojos saltones, casi fuera de las órbitas”.
Léanlo en este vínculo. Bueno, ¿cómo va a tener credibilidad un boletín de la “Hermandad de Ntra. Señora de los Caídos de Paracuellos del Jarama”? Pues porque lo que reproduce es un artículo de Victoria Prego. O sea, la verdad.
Desde el punto 1 ya se ponen exculpatorios, con las mismas razones que Carrillo emplea con MAI en EPS del 9 de enero de 2005: los militares facciosos 2.000 supervivientes del Cuartel de la Montaña, como si en el citado lugar hubieran quedado 2.000 supervivientes,  amenazaba con ser una quinta columna si eran liberados. Eso justificaría su traslado a Valencia, pero es que en el traslado no iban solo militares: desde el comediógrafo Muños Seca a curas, adolescentes y señoritos varios (gente que fueron detenidos por vestir corbata) fueron paseados. (Busquen en Google imágenes Matanza del cuartel de la Montaña. Verán el suelo lleno de cadáveres, la mayoría con una mancha oscura junto a la cabeza: un tiro de jajá, lo llamaban en el lenguaje ocurrente de la época. No hicieron muchos prisioneros)
Es notable que cuatro historiadores no citen un dato (dato, no prejuicio ni impresión): Todas las sacas que acabaron en Paracuellos TODAS fueron firmados por el inmediato colaborador de Carrillo en Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid: Segundo Serrano Poncela.
Los cuatro historiadores afirman (y esto sí es una impresión) que “su nombre (el de Carrillo) aparece tanto más vinculado a Paracuellos cuanto más se aproximaba la transición. Una batalla del pasado que sigue librándose en tono presentista”. Bueno, creo que esto no se sostiene. El franquismo podría seguir recriminándole Paracuellos, pero la sociedad española lo amnistió en la transición. Hay una imagen elocuente: FRaga presentando a nuestro hombre en el Club Siglo XXI en 1977. Cuando rebrota lo de Paracuellos es cuando Carrillo que tantas razones tenía para ser discreto, se suma imprudentemente a la operación de la memoria histórica.
Si han leído bien el artículo de los historiadores verán que no exoneran a Carrillo. No niegan su responsabilidad. Sólo la diluyen. Con estas palabras: ” Las primeras “sacas” se examinaron en una de las periódicas reuniones de la Junta de Defensa de Madrid. Ninguno de sus componentes pudo alegar desconocimiento sobre lo ocurrido. Dado que la presidía el general Miaja, sería difícil exonerarle de responsabilidad. También a los demás componentes. Uno de ellos, el consejero de Orden Público, Santiago Carrillo, recibió instrucciones que no se transcribieron. Como otros jóvenes socialistas, acababa de solicitar el ingreso en el PCE. Las “sacas” se paralizaron por intervención del anarquista Melchor Rodríguez.” Hombre, caracterizar precisamente al CONSEJERO DE ORDEN PÚBLICO como un componente más de la Junta de Defensa es muy notable.
Los 4 historiadores de Bremen pasan de puntillas sobre Melchor Rodríguez. Efectivamente fue una orden suya la que puso fin a las matanzas. Fue el 4 de diciembre de 1936 y en ella, MR, director de Prisiones a quien los franquistas llamaban el ángel rojo, decía lo siguiente: a partir del día de la fecha, ningún preso saldrá de las cárceles madrileñas sin mi autorización expresa”. Y se acabaron las matanzas de Paracuellos. Esto niega radicalmente la versión piadosa del propio Carrillo y de la banda de los cuatro: no fue una excepción, espontaneísmo popular que desbordó la rectitud de las instituciones republicanas, puesto que una de ellas paró los crímenes.
La última conclusión es extraordinaria: Peor fue el terror franquista. Y la matanza de tutsis en Ruanda, miren ustedes. ¿En qué desmiente eso los hechos?
Nota.-Sin que sirva de precedente y a título de ejemplo.