Mostrando entradas con la etiqueta Palestina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Palestina. Mostrar todas las entradas

Guilad Shalit y 1.027 terroristas, libres. ¿Se ha hecho lo correcto? Mario Noya


Todo Israel celebra el regreso a casa del soldado Guilad Shalit, secuestrado hace más de cinco años por la organización terrorista Hamás. Todo Israel teme las consecuencias: 1.027 terroristas de la peor especie vuelven a estar sueltos. Todo Israel opina: ¿se ha hecho lo correcto?

Las encuestas dicen que sí, que el 69% de los israelíes apoya el intercambio de un inocente por 1.027 culpables. Israel no es país para indiferentes o timoratos, de ahí que el no sabe/no contesta sea equiparable al error muestral: un 5%; el 26% restante se opone al trato. Las encuestas revelan, además, que los israelíes creen que el acuerdo que celebran va a repercutir negativamente en la seguridad nacional; y que, para buena parte de la ciudadanía, el primer ministro Netanyahu no ha obrado por convicción sino forzado por la presión popular (35%) o para debilitar a la Autoridad Palestina de Mahmud Abbás (35%).


Leer completo en Libertad Digital.

Por qué Israel y Hamás acuerdan ahora canjear un preso por mil. Jordi Pérez Colomé



Por qué ahora

Este acuerdo había estado encima de la mesa durante años. En 2009, el primer ministro Netanyahu ya estaba dispuesto a liberar a mil palestinos por Shalit. Pero ahora Israel y Hamás estaban más dispuestos a ceder en puntos clave. Sobre todo por dos motivos:

Primero, el estado palestino en Naciones Unidas. Palestina está dividida entre Cisjordania y Gaza. En Cisjordania manda Fatah y en Gaza, Hamás. La propuesta de conseguir un estado palestino en la ONU fue del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, de Fatah. Su idea reunió apoyo y, aunque no se sabe cómo acabará, la popularidad de Abbas creció.

Hamás, a pesar de lanzar cohetes periódicos a Israel desde Gaza, ha visto cómo su popularidad bajaba en los últimos años. La estrategia de la violencia no había conseguido mucho. Encima ahora sus rivales de Fatah podían conseguir un éxito histórico para los palestinos. No podían permitirlo. Había llegado el momento de usar su gran as en la manga: Gilad Shalit. Hamás insistió en que los presos liberados debían ser de todos los territorios palestinos; aspiran como Fatah a ser los representantes de todo su pueblo.

Los israelíes dicen que apenas Mahmud Abbas se bajó del estrado en Naciones Unidas, Hamás llamó a la puerta para concluir un acuerdo por Shalit. Esta vez iban en serio y se firmó el acuerdo. El próximo martes o miércoles Gilad Shalit debería estar en Israel.

Segundo, la primavera árabe. Los vecinos de Israel cambian. Egipto puede tener un nuevo gobierno en los próximos meses. En Siria -sede de la dirección de Hamás- puede pasar de todo. Egipto era imprescindible para el intercambio de presos: Shalit saldrá de Gaza por Rafah, la frontera con Egipto. Aún no se sabe de allí irá a Cairo para volar a Israel o no. Tanto palestinos como israelíes sabían que si querían llegar a un acuerdo por Shalit, mejor hacerlo con el régimen egipcio actual.


Quién gana: la ley del más fuerte

A corto plazo, tanto Israel como Hamás ganan algo. A largo, todos pierden: se demuestra una vez más que la fuerza sirve. Los estados suelen decir que no negocian con terroristas. Hoy tenemos una prueba más de que no es cierto. Hace once años Netanyahu intentó matar a Khalid Meshal, líder de Hamás. Estos días negociaba con él la libertad de Shalit y los mil presos.

El simbolismo cuenta. Israel presume de que la vida de uno de los suyos vale lo mismo que mil de los otros. Es una muestra de fortaleza y convicción. Pero también marca muy bien el camino de sus enemigos: hay que conseguir capturar con vida a más israelíes. Es una magnífica opción para el débil. Israel ha de estar muy seguro de sus fuerzas -y lo está.

El gran perdedor de este proceso es Fatah, la facción palestina más pacífica y que ya ha reconocido a Israel. ¿Le interesa a Israel debilitar a quienes están dispuestos a negociar un acuerdo de paz? El interés principal israelí está claro que era liberar a su soldado y dar imagen deunidad interior. Pero de rebote ha dado más protagonismo a Hamás, su rival violento.

Israel puede utilizar el acuerdo para castigar a Abbas por su intento de Naciones Unidas. Es imposible de demostrar, pero son bastantes casualidades. Mientras los dos grupos palestinos se disputan el poder, Israel sale reforzado. Pero un hipotético camino hacia algún tipo de paz es cada vez más oscuro.



¿Dónde estás, Gilad Shalit? Enric González


Una de las características del conflicto consiste en la manipulación sistemática del lenguaje, por ambas partes. En lo que se refiere a la situación de Shalit, los israelíes hablan de "secuestro". Y tienen razón. En Hamás subrayan que Shalit estaba uniformado y armado y fue capturado en una acción militar. También tienen razón.

Pero en cuanto sus captores denegaron a Shalit el derecho de visita de la Cruz Roja e impidieron a sus familiares el derecho a saber dónde se encontraba (por temor a una operación de rescate israelí: la única efectuada hasta ahora, días después de la captura, causó unos 400 muertos), el joven soldado dejó de ser un prisionero de guerra según la legislación internacional. Y en cuanto Hamás pidió un rescate por el rehén, consistente en la liberación de todas las presas palestinas, de todos los presos varones menores de edad y de otros 1.000 presos más, entre ellos varios condenados por gravísimos delitos de terrorismo, el asunto se convirtió en un secuestro. Eso lo reconoce la propia Cruz Roja.

En Hamás se indignan ante la importancia que se concede a Gilad Shalit, cuya liberación ha sido pedida por los principales líderes del mundo. ¿Y los presos palestinos?, preguntan. ¿No están en la misma situación?

No exactamente. A ellos les puede visitar un delegado de Cruz Roja, conocen (con alguna excepción) la duración de su condena y, en principio, no temen ser degollados por sus carceleros. El problema de los presos palestinos no radica en su situación penitenciaria, sino antes, en los juicios militares sumarísimos a los que son sometidos (por más que parte de la sociedad israelí hable de Judea y Samaria y las herencias divinas, Cisjordania es un territorio ocupado regido por las autoridades de ocupación, por supuesto militares); y en la práctica frecuente del encarcelamiento preventivo, sin plazos ni garantías, por "razones de seguridad".



Los problemas de los palestinos van más allá de conseguir un Estado. Jordi Pérez Colomé

¿Si el mundo reconoce un Estado palestino, haría algún bien a los refugiados en Líbano? Es probable que no. Un hipotético acuerdo de paz entre Israel y Palestina debe resolver cuatro cosas: por dónde pasa la frontera, quién se queda con Jerusalén, quién se encarga de la seguridad en Palestina y qué hacer con los millones de refugiados.


Los libaneses tratan a los palestinos como otros ciudadanos pueden tratar a los inmigrantes. Ahí es donde la desgracia palestina crece. Me decía el joven de Chatila: “En este barrio viven también bangladesíes, africanos, otros que como yo también cobran menos por hacer el mismo trabajo que un libanés; el problema es que si nosotros queremos reclamar o irnos no tenemos dónde ir, no tenemos patria”. Él tiene carné libanés, pero no pasaporte. Si viaja, debe hacerlo con papeles de refugiado. Líbano es el país árabe que, por su sectarismo, peor trata a los refugiados palestinos. Según Moussa, “no son ciudadanos de segunda, sino de décimoquinta clase”.



El Estado palestino. Mario Vargas Llosa

El reconocimiento del Estado palestino por las Naciones Unidas es un acto de justicia con un pueblo cautivo en su propio país que vive una servidumbre colonial intolerable en el siglo XXI. Reconocer este hecho no implica justificar a las organizaciones terroristas ni a los fanáticos de Hamás que se niegan a reconocer el derecho a la existencia de Israel, sino enviar un mensaje de aliento a la gran mayoría de los palestinos que rechazan la violencia y aspiran solo a trabajar y vivir en paz, como los indignados israelíes. Aunque representan ahora solo una minoría, muchos ciudadanos de Israel están lejos de solidarizarse con las políticas extremistas de su Gobierno y luchan por la causa de la paz. Los verdaderos amigos de Israel debemos aliarnos con ellos, en su difícil resistencia, porque son ellos quienes advierten con lucidez y realismo que las políticas belicistas, intolerantes, represivas y de apoyo a la expansión de los asentamientos de Benjamin Netanyahu tendrán consecuencias catastróficas para el futuro de Israel.



De la primavera árabe al invierno israelí. Jordi Pérez Colomé

Israel vive hoy más incómodo que hace un año. No todo está relacionado directamente con la primavera árabe. Pero el cambio, de momento, no le ha traído buenas noticias. A Israel le han aparecido tres problemas que se han juntado en septiembre, aunque no todos por culpa de la primavera árabe.

La nueva Turquía no es la vieja

Con Egipto todo puede cambiar

Ahora llegará el estado palestino