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¿Qué aportó el Antiguo Egipto a la ingeniería? por Víctor Yepes Piqueras

Blog.



Pirámide de Kefrén y la Gran Esfinge de Guiza.
Es difícil calcular el número de artículos, posts, comentarios o reportajes sobre las pirámides o sobre el Antiguo Egipto. Algunos muy serios, otros rozando lo exotérico. Aquí, evidentemente, no podemos más que dar dos pinceladas sobre el tema. Sin embargo, tras otros posts que ya hemos hecho sobre la ingeniería de otros tiempos, es imposible saltarnos esta época tan determinante. Vamos, pues, a ello.
Alguna de las obras más espectaculares de todos los tiempos fueron realizadas por los egipcios, como el muro de la ciudad de Menfis. Se localizaba la ciudad a unos 19 Km al norte de El Cairo actual. Allí además se hizo necesaria la construcción de diques y canales, además de complejos sistemas de irrigación, lo que dio origen a la agrimensura y la matemática correspondiente. En el caso de tener que elevar el agua para el regadío, se utilizaba un aparato denominado cigüeñal “shaduf“. El dispositivo consiste en una cubeta unida mediante una cuerda al extremo largo de un palo apoyado, con un contrapeso en su extremo corto. Bastaba aplicar una fuerza de contrapeso para levantar la cubeta y balancear el palo sobre su fulcro. Sorprendentemente, estos aparatos aún siguen empleandose hoy día en Egipto.

Cigoñal egipcio pintado en la tumba de Ipuy. Deir el-Medina.
La pirámide de Keops fue la mayor de todas ellas. Su construcción se puede fijar entre 4235 y 2450 a.C. Tenía 230.4 m por lado en la base cuadrada y originalmente medía 146.3 m de altura. Contenía unos 2 300 000 bloques de piedra, de cerca de 1.1 toneladas de peso medio. Sorprende la proeza alcanzada si pensamos en los limitados conocimientos en geometría y la falta de instrumentos de la época. La exactitud con que se orientó la base con respecto a la alineación norte sur, este oeste fue de aproximadamente 6 minutos de arco como error máximo, en tanto que la base no llegaba a ser un cuadrado perfecto por sólo 17.78 cm. Se trata de un monumento a las capacidades de los hombres que ha resistido el paso de 6000 años. El probable método de construcción de las pirámides se basaba en la construcción de rampas provisionales por las que se arrastraban las piedras sobre rodillos de madera, aunque incluso hoy en día resulta asombroso que se pudiera dar una productividad tan alta en los trabajos, capaz de levantar dichos monumentos en tiempos tan cortos de tiempo. Algunos bloques, de hasta 120 toneladas, se arrastraban por ciertos de hombres sobre rampas inclinadas construidas de ladrillo, cuya superficie de barro humedecían para hacerla más resbaladiza. Los equipos de arrastre utilizaban cuerdas tejidas con papiros retorcidos.

La Gran Pirámide de Guiza (fotografía: Alex lbh)
En estas fechas tan remotas, los antiguos ya conocían las ventajas de cimentar en roca o en terreno estable. Así, la gran Pirámide de Keops fue cimentada en una superficie rocosa nivelada. Parece ser que el primer camino que registra la historia es el que construyó este faraón, para transportar los materiales para la construcción de su pirámide. Las grandes losas empleadas en este camino indican que los egipcios eran ya conscientes de la necesidad de repartir las cargas sobre el terreno, con objeto de no superar su capacidad portante. Es interesante que la construcción de pirámides, que comenzó alrededor de 3000 a.C., duró solamente unos cien años. Sin embargo, estas grandes construcciones sólo fueron superadas por la Gran Muralla China, entre las obras de la antigüedad.
Los autores de las obras públicas más antiguas son anónimos. De hecho el primer ingeniero conocido por su nombre fue Imhotep, constructor de la pirámide de peldaños en Saqqara, Egipto, probablemente hacia el 2650 a.C. Este ingeniero alcanzó tanta reverencia por su sabiduría y habilidad, que fue elevado a la categoría de dios después de su muerte. A partir de este momento y mientras estuvo en vigor la antigua civilización egipcia, fue normal que quedara constancia de los nombres de los autores de sus principales monumentos, que ocupaban altísimos cargos en la corte real y estaban vinculados a la clase sacerdotal.
Los templos eran producto de sucesivas fases constructivas, remodelados periódicamente para crear conjuntos cada vez más grandiosos. En el templo de Amón en Karnak, Egipto (1530-323 a.C.), los edificios están dispuestos a lo largo de la ruta procesional que comunicaba el embarcadero del Nilo con el cercano templo de Luxor. El conjunto ocupa una superficie de 21.4 hectáreas y fue construido en un periodo de 1200 años. Para su construcción, el edificio se iba rellenando de tierra a medida que se construía, formando un plano sobre el que erigir los bloques y dinteles de piedra. Al finalizar se excavaba la tierra, haciendo surgir el volumen de su interior.

Avenida de esfinges en la entrada del templo de Luxor (fotografía: Jerzy Strzelecki)
Los sucesores de Imhotep -egipcios, persasgriegos y romanos- llevaron la ingeniería civil a notables alturas sobre la base de métodos empíricos ayudados por la aritmética, la geometría y algunos conocimientos incipientes de física. Sin embargo, es paradójico que la obra de los ingenieros, presente en toda la historia, no fue reconocida jamás como obra de ingeniería, sino, acaso, como obra de arquitectura.

¿Qué pasa si Egipto acaba con un presidente islamista?

Jordi Pérez Colomé.



Es posible que dentro de un par de días este post no sirva para nada porque el nuevo presidente de Egipto sea el ex militar Ahmed Shafiq. Pero hoy parece que será el islamista Mohamed Morsi, miembro de los Hermanos Musulmanes. En este recuento independiente ya le dan la victoria. Los resultados oficiales serán el jueves.

Todo es incertidumbre hoy en Egipto. Incluso el cargo de presidente es incierto: “El nuevo presidente ocupará el cargo durante poco tiempo, esté o no de acuerdo”, ha dicho hoy un asesor de la junta militar. Pero otro general ha dicho que la junta abandonará el poder el 30 de junio con una ceremonia. Es poco convicente. Pero de momento algo se puede decir sobre un posible Egipto con presidente islamista. Aquí están seis puntos.

1. La sharia no será la prioridad. En la celebración de hoy en la plaza Tahrir el Corán (en la foto) y los gritos de “Dios es grande” se dejaban sentir. No eran los únicos, pero son suficientes para poner nerviosos a unos cuantos liberales egipcios que conozco.

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A quién votaría en las elecciones egipcias

por Jordi Pérez Colomé.



Hoy empieza la segunda vuelta de las elecciones presidenciales egipcias. Durarán dos días. Los votantes tienen solo cuatro opciones: votar al representante de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Morsi, o al último primer ministro de Hosni Mubarak, Ahmed Shafiq, el voto nulo y la abstención.
Me gusta la tradición del periodismo británico de ponerse en el mismo problema que los electores y definir sus argumentos. Ayer en Tahrir me preguntaron varias veces “¿tú qué harías?” Voy a tratar de responder.

No me abstendría. Las elecciones no son limpias como en países con más tradición, pero es lo más libre que puede haber ahora. Quizá en el futuro haya un momento más adecuado para celebrar elecciones. Pero de tanto esperar igual no llega nunca. Las garantías son hoy razonables y es mejor aprovecharlas. Hoy la única esperanza de Egipto para evitar más violencia es la confianza de la mayoría en que si el nuevo presidente no cumple van a poder cambiarlo en cuatro años. Si eso no ocurre, habrá que pasar a medidas más expeditivas.

Quedan tres opciones. Hay que basar el voto en esta suposición difícil de confirmar: ¿qué será menos malo: un presidente afín al antiguo régimen o un islamista? Los Hermanos Musulmanes merecen más el beneficio de la duda, pero su actitud tras la revolución ha sido poco ejemplar. En lugar de llegar a acuerdos con partidos seculares para presionar más al ejército, han optado por los caminos donde podían sacar más partido. La política es así, pero han desaprovechado la buena voluntad temporal de la transición. La inocencia ha desaparecido.

Pero lo que ocurrió ayer les puede hacer merecer más votos. La disolución del Parlamento islamista deja todo el poder en manos de los militares. Si gana Shafiq, la junta militar dejaría el mando a un presidente afín. Tendrían además los poderes legislativos del Parlamento y la capacidad de nombrar la Asamblea que redactará la nueva Constitución. Todos los egipcios con los que he hablado me han dicho que una presidencia de Shafiq nunca llegará al nivel de poder o represión de Mubarak. Pero no es una excusa suficiente. Shafiq es más poder en las mismas manos de siempre. Es una opción mala.

La batalla en Egipto será de diez años

Jordi Pérez Colomé.



Egipto se ha quedado sin Parlamento. El Tribunal Constitucional ha decidido que la ley electoral que rigió las elecciones es inconstitucional. Los diputados se eligieron en dos grupos: dos tercios por partidos y un tercio como candidatos independientes. Los miembros de partidos podían participar en las dos, pero los independientes no. No tenían por tanto los mismos derechos y por eso es inconstitucional. La pregunta es por qué la Junta Militar no hizo que el Constitucional dictaminara sobre la ley antes de las elecciones, y no ahora.

El Tribunal debía decidir también si era constitucional una ley que prohibía a miembros del antiguo régimen participar en el nuevo sistema. Falló que no lo era. Ahmed Shafiq, ex primer ministro de Mubarak, podrá por tanto presentarse en las elecciones del sábado.

El panorama queda así. Este fin de semana habrá elecciones entre Shafiq y Mohamed Morsi, de los Hermanos Musulmanes. La Junta Militar asume los poderes legislativos del Parlamento y nombrará una Asamblea Constitucional que redacte la nueva Constitución. El Parlamento había hecho ya dos intentos. Las dos veces se retiraron partidos seculares en protesta por el afán de los Hermanos Musulmanes de mantener su peso electoral mayoritario en la asamblea. Ahora los Hermanos se han quedado sin Parlamento y sin Constitución.

El nuevo presidente de Egipto jurará el cargo ante los militares, a falta de Parlamento. No tendrá Constitución y por tanto sus poderes no estarán definidos. La situación se parece bastante a lo que había antes de la revolución: los militares mandan sin oposición. La transición vuelve a empezar. La revolución se ha diluido.

Aunque no se puede borrar. Primero hay que ver qué ocurre con las presidenciales. Si gana Shafiq, el dominio del antiguo régimen es total. Aquí en Cairo muchos están convencidos de que ganará Shafiq: “Si los militares han hecho todo esto, no permitirán que pierda ahora”, me ha dicho un joven metido en política. En Egipto no hace falta, por lo que diven, hacer pucherazos evidentes. Con dinero se ganan elecciones. Aquílo reconoce el mismo Morsi. En los carteles electorales ya se ve que Shafiq ha invertido más. Este es de Morsi:

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Las transiciones son lentas, y la egipcia también

Jordi Pérez Colomé.



Egipto supo ayer los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Ganó el candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi, de 60 años (a la derecha en la foto), pero no logró el 50 por ciento de votos necesarios para evitar una segunda vuelta.

Su rival será Ahmed Shafiq, de 70 años, ex ministro de Aviación Civil durante la última década de Mubarak y primer ministro desde el inicio de la revolución. Shafiq, como Mubarak, fue piloto y comandante en el ejército del aire egipcio. La segunda vuelta será el 16 y 17 de junio; si nada falla, estaré en Egipto para verla.


El resultado es un desastre para los jóvenes liberales que promovieron la revolución. Es la peor situación posible: Hermanos contra régimen es un enfrentamiento de hace décadas, como si la revolución no hubiera ocurrido. Es una prueba de que son las dos fuerzas mejor asentadas.

Aunque no había ningún candidato que reuniera todas las condiciones ideales, cualquier otro hubiera sido mejor: el secular de izquierdas Hamdeen Sabahi, que quedó tercero con una campaña limitada, pero con un eslogan resultón -”uno de nosotros”-; el islamista moderado Abul Fotouh o el miembro del antiguo régimen, pero más liberal Amr Musa.

Anoche, el líder del partido político de los Hermanos, Esam El-Erian, dijo que “la nación en peligro” será su eslogan electoral y convocó una reunióncon el resto de candidatos para hacer un frente común frente a Shafiq: la revolución contra el antiguo régimen. Los dos candidatos pueden elegir ahora a sus vicepresidentes. En esa selección pueden acercar a sectores que se sienten ahora abandonados. Los votantes que se han quedado sin opciones pueden cambiar su voto a cambio de promesas firmes.

La campaña de la segunda vuelta presidencial será un esfuerzo de los dos candidatos por pintar lo terrible que sería que ganara el otro: el miedo al regreso al pasado y el miedo al islamismo -”las fuerzas oscuras”, como las llama Shafiq. No parece que vayan a ser días de calma y unidad nacional.

¿Para esto se ha hecho una revolución?, me han dicho varias veces en twitter.


Parece que sí. La democracia es imprevisible. La mejor noticia durante la campaña es que por primera vez en Egipto nadie sabía quién iba a ganar. Ningún expertos acertó los dos nombres: era más fácil adivinar a Mursi porque, aunque es un político soso, su partido había arrasado en las parlamentarias; por fuerza debía sacar un resultado razonable.

El derecho a equivocarse es parte del juego democrático. Desde fuera la elección siempre se ve clara –todos sabemos siempre quién es el bueno y quién es el malo–, pero desde dentro las preocupaciones eran otras: la economía y la estabilidad.

Los dos candidatos que daban más certezas en los dos campos son los que han ganado. Eran también los dos políticos que mejor representaban sus posiciones. Los otros tres favoritos aspiraban a un centro que en Egipto está aún por construir.

A pesar de que no haya habido hasta ahora noticias de pucherazo, es obvio que a estas alturas la democracia egipcia no es ejemplar. La comisión electoral no admite recursos y permitió que participaran miembros del antiguo régimen, como Shafiq, cuando según una nueva ley del Parlamento no debía ser posible. También hay sospechas de compra de votos.

Pero el juego político hizo cambiar a todos: los Hermanos Musulmanes prometieron que no presentarían a un candidato presidencial y han acabado ganando. Es probable que no se fíen del poder limitado que por ahora tiene el Parlamento. Su visibilidad es también un peligro. Si Egipto no remonta, la culpa será solo de ellos.

En las elecciones parlamentarias, los islamistas -Hermanos y salafistas- sacaron el 70 por ciento. Mursi por tanto debería ganar. Pero en las legislativas, los partidos del antiguo régimen no lograron nada y esta vez su candidato ha quedado el segundo. Algo ha cambiado, así que puede haber más sorpresas. La menor participación ha favorecido también a los ganadores.

La posible división entre los liberales puede darle algún voto a Mursi. Hay un grupo de votos ahí -sobre todo los que se ha llevado Sabahi- que están por asignar. La elección entre dos males llevará a muchos a considerar que Mursi es la opción menos mala. Aunque para algunos no hay duda.Shafiq es parecido a votar a Mubarak. Egipto lleva 60 años con esa prueba:


Por supuesto, un presidente, un gobierno y un Parlamento de los Hermanos Musulmanes no es algo que pueda celebrarse. Muchos temen que impongan leyes islámicas restrictivas. Es un riesgo que ahora mismo habrá que correr: los votantes de los Hermanos también son parte de Egipto y la democracia es aceptar su opinión.

Las alternativas son también poco prometedoras. La revolución ha sacudido los fundamentos de la sociedad egipcia, pero los egipcios no han cambiado en un año y medio.