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Cuba. Entrevista a Luis Felipe Rojas por Ernesto Santana Zaldívar

Cubanet.

LA HABANA, Cuba, septiembre, www.cubanet.org -Conocí a Luis Felipe Rojas hace casi diez años, en Pinar del Río, durante un evento literario. Entonces tenía unos magníficos dreadlocks de rastafari, creo que también llevaba algún tipo de gorro tejido, algo así. Era callado, sonriente, agradable y, sobre todo, muy buen poeta. Daba la impresión de que ya nada podía impresionarlo mucho. Prefería escuchar mucho más que hablar y también prefería caminar despacio. Estoy seguro de que pertenecía a esa vanguardia que prefiere pasar invisible, que no quiere llamar la atención ni acaparar miradas, que prefiere sentarse a escribir cualquier cosa antes que sentarse a tertuliar de literatura con las infinitas especies tertulianas que uno puede encontrar por aquí o por allá, tranquilamente, tomando té. No parecía apurado ni había signos de urgencia en sus ojos enormes y calmos. Creo que nunca me equivoqué tanto. Su apacible apariencia escondía urgencias desbordantes, insinuadas primero en su poesía, comenzadas a desnudar luego en el bravo proyecto de la revista Bifronte y llevadas después a una expresión constante y enérgica en Cruzar las Alambradas. Este blog ha sido reconocido por muchos como uno de los espacios más intensos de reflexión social, de libertad de pensamiento y de denuncia de la realidad cubana contemporánea, concebido y realizado, para colmo, desde un humilde pueblo del oriente del país, zona en donde la policía política tiene enormes poderes y una impunidad casi absoluta para reprimir cualquier intento de libre expresión y de inconformidad.
Luis Felipe estudió dos años de Filología en Santiago de Cuba y un semestre en La Habana, pero sus exámenes no les gustaron a tres profesores “y eso bastó para «irme del aire», cuenta él. Deambuló por Cultura Municipal en San Germán hasta que por fin se convirtió en un flamante Instructor de Arte en la especialidad de Teatro. Luego se dedicó a hacer teatro aficionado, profesional y hasta clandestino, pero, más allá de todos esos avatares, nunca dejaba de escribir y, contra viento y marea, logró publicar libros como Secretos del monje Louis en 2001, Animal de alcantarilla en 2004, Cantos del mal vivir y Anverso de la bestia amada en  2005, además de algunos cuentos en la Nueva Gaceta de Cuba, Encuentro y otras cuyo nombre “me matas pero ni me acuerdo”. En 2006 fue expulsado del tercer año de Comunicación social.
En estos días, a pesar de las inimaginables dificultades que tiene para poderse comunicar por correo, y aprovechando una breve estancia suya en La Habana, por fin hemos podido restablecer el contacto y Luis Felipe Rojas, poeta, bloguero y ciudadano de excepción, no obstante lo apretado de su tiempo, ha tenido la amabilidad de conceder esta entrevista para Cubanet.
CN – ¿Cómo fue tu inicio en la literatura?
Luis Felipe Rojas – Pues como casi todos los guajiritos de Oriente: en un taller literario, en la escuela, enamorando jevitas con horribles plagios de Neruda y Benedetti y aun como peores epígonos de Onelio Jorge Cardoso. Ese es todo mi abolengo.
CN – ¿Cómo surgió la revista Bifronte? ¿Quiénes trabajaron en ella? ¿Cómo terminó?
LFR – Pues fue una idea mía, pero la mejoraron Ramón Legón y Michael Hernández Miranda, letrados, teóricos, tipos de verdad de Letras y sin mi improvisada pretensión de hacer una revista. Yo más bien fui asumiendo el trabajo de zapador, de ir buscando colaboradores. Hasta que vinieron los guapitos del G2 en Holguín, claro, enviados por los chicos de Villa Marista. El Padre Olbier Hernández Carbonel nos tiró un cabo de mil demonios, se tomó la pelea para él y nos acompañó hasta que el hoy obispo de Holguín (Emilio Aranguren) nos llamó a Michael y a mí a una larga mesa, para una larga conversación, y nos dijo que esa publicación no era de interés para la diócesis (todavía me da risa cuando la gente se queja porque les han dado un tiro de gracia), ja. Terminaron llamando a las oficinas del G2 en Holguín incluso a aquellos que no habían participado todavía. Así fue el rastreo, el perreo que formaron. Todavía creo que la Iglesia, nuestra Iglesia, hubiera podido luchar más por un proyecto totalmente literario como aquel.
CN – ¿Cuándo y por qué comenzaste a escribir tu blog Cruzar las alambradas? ¿Qué reacciones ha provocado?
LFR – Bueno, yo empecé con el blog Animal de Alcantarilla, en Encuentro en la Red, antes de que “alguien” en Madrid la partiera como un lápiz (porque, está claro, eso lo hizo “alguien” con mucho odio). Después me llevé el animal para Diario de Cuba y cuando vino la crisis lo puse en Voces Cubanas, pero ya con el nombre de Cruzar las alambradas, que me cuadra más. Las reacciones han sido públicas, como las de los polis en Holguín, Santiago y La Habana. En Guantánamo, un jefesón me dijo que no me dejarían entrar más hasta el año 2030!. Lo otro ha resultado ser un amorío con medio mundo, con muchísimos comentarios de aliento y de fuerza, con una gran ayuda de todo tipo: dinero del bolsillo de gente en Miami, Londres, Madrid, Berlín, desde medio mundo me han pagado horas de Internet, la ida y el regreso entre La Habana y Bayamo. Eso no puedo esconderlo. Hay que decir que la gente ayuda y que ayuda lo que nadie se imagina.
CN – ¿Cómo describirías el activismo opositor y la represión del gobierno en las provincias orientales (que tú llamas “el corazón del horror en Cuba”) en comparación con La Habana?
LFR – A mí no me han reprimido lo bastante como a otros, pero sé que hay una orden —que no es desde el nivel de provincia— para fustigar a los disidentes Cuba adentro. Es diferente. No quiero que nadie se ofenda, pero no perdonan un resquicio de libertad y esfuerzos en Placetas, Palmarito de Cauto y hasta en Baracoa no han faltado. Mis hermanos los Lobaina, José Daniel Ferrer, Antúnez, los Sigler Amaya y muchos más, han abierto tantos espacios como los que hay en La Habana, pero los perros de verde olivo han metido casi literalmente los tanques en esos pueblos de Dios. Allí nadie puede presentar una revista, hacer una exposición artística o un simple recital de poesía, porque te tumban la casa a pedradas, te duplican a los fascistas de las brigadas de Respuesta Rápida, y mucho más. Repito, es genial que se haga algo así en casa de mis amigos y hermanos en La Habana donde tú y yo hemos coincidido, pero es una política distinta para El Monte, ¿eh?
CN – ¿Cuáles son los procedimientos y métodos que ha usado la policía política para intentar silenciarte?
LFR - Intentar hackearme el correo, el blog. Apartar a todo el que se me acerca, decirle a todos que soy de la policía, detenerme por varios días, cercar mi casa por más de una semana, apedrear mi casa, aterrorizar a mis hijos de tres y nueve años, expulsar a mi esposa del trabajo, quitarme un laptop de 40 GB (eso da risa). Creo puedas ver qué poco originales son. Además, creo que me han filmado bebiéndome una cerveza nacional, un ron de veintitrés pesos, tirándole un piropo a una súper mulata en Santiago de Cuba y algunas tropelías más que ya usarán un día. Si con este rosario de acosos no te basta, pues me quedan más en la guantera. Yo me sigo autodefiniendo como el esclavo de aquella telenovela cubana: “Yo soy Juan Calesero, el que le levantó la mano a su amo”. Solo que yo hasta intenté darle un machetazo.
CN – Escribiste en una ocasión: “Al principio de la revolución se criticaba al sistema capitalista por la «explotación del hombre por el hombre». La revolución sustituyó eso por «la explotación del hombre por el estado». ¿Crees que eso sigue vigente en estos días?
LFR – La gente que me sirve de fuente obligatoria a diario piensa que no es vida vivir con diez dólares al mes (en La Habana y en Miami se dice que el promedio es de veinte), pero que “esto” (se refieren a la Revolú) es mejor que lo que vendrá. Ahí está la verdadera explotación, en haberlos hecho robots y esclavos sin que lo sepan, o aunque lo sepan. Tienen miedo a rebelarse como lo hicieron mis antepasados en el siglo XVIII. Ese es el legado castrista para el Hombre Novísimo.
CN – ¿Cómo ves la situación actual del país? ¿Te parece que hay algún avance? ¿Tienes alguna esperanza de mejoría?
LFR – Claro, vamos siempre adelante, ¿o tú no lees las consignas en las paredes desvencijadas de esta Habana que se nos cae a pedazos? Entreabren las piernas del palacio para el trabajo por cuenta propia y entrecierran las tetas cuando se trata de que estos se sirvan la comida y otros insumos de mejor calidad que venían de la Yuma. El que espere otra cosa, pues está muy jodío, y que me perdonen los socitos míos que se intentan abrir espacio soñando que sentarán al régimen así, invitándolos a sentarse y ya. Ojalá me equivoque, te lo juro. La mejoría la tenemos que hacer entre todos los cubanos y no entre todos los inconformes.
CN – ¿Estás de acuerdo con el opositor Antúnez cuando dice que “no es lo mismo ser un negro opositor que un blanco opositor, un preso político negro que uno blanco”?
LFR – Yo he sido injuriado por las turbas, que me han dicho “negro de mierda” o que “si hubiera nacido en el capitalismo el Ku Klux Klan me hubiera arrancado la cabeza”. Un mayor de la Seguridad del Estado en Holguín le dijo al poeta Rafael Vilches que yo solo era “un negro en San Germán”. La gendarmería política holguinera es mayoritariamente blanca, hay pocos oficiales del G2 que sean negros y eso se nota cuando te injurian, eso lo saben el Coronel Lázaro, el Teniente Coronel Riolán y los Mayores Douglas y Chapman. El último racista con que tropecé es un tal Saúl Vega, que atacó mi casa con pintura de aceite y envió sus perritos falderos a que me acosaran a mí y mi familia. Estoy de acuerdo con Antúnez, pero preferí contar mi historia particular, lo que yo he vivido.
CN – Advertiste en una ocasión que “la policía política amenaza a los opositores y luego pretende hacer pasar por accidentes el cumplimiento de esas amenazas”. ¿Te parece que eso se aplica al caso de la muerte de Oswaldo Payá y el dirigente opositor Harold Cepero Escalante, que lo acompañaba?
LFR – Oye, socio, después que tú impulsas a doscientas personas en una turba vociferante contra un disidente en un acto de repudio, envías a “agentes” en la noche a apedrear techos y ventanas, pones una pistola encima de la mesa para asustar o intentar asustar a un opositor, ¿cómo pretendes que la gente crea que Laura Pollán no fue inyectada, que el perro Jefe de la Prisión Kilo 8 en Camagüey no le negó el agua a Zapata por dieciocho días? ¿Cómo negar la muerte inducida a Wilmar Villar y la paliza mortal a Bebo, El Estudiante? El pobre de Carromero, muerto de miedo y vuelto a nacer, no convence ni al más ingenuo de los cubanos. A mí un solo hecho me convence: al opositor Denis Pino Basulto, en Holguín, le pusieron una bolsa de nylon en la cabeza para “asustarlo”. ¿Y si se hubiera muerto? A mí no me convence ya nadie de que no son gente sin alma. Varias veces los he invitado a que me demuestren lo contrario. Ellos tienen la fuerza, yo tengo los hechos, las conversaciones de los miembros de la resistencia, las fotos de los apedreados, los ojos llorosos de mujeres asustadas y de niños (los míos) con trastornos del sueño para siempre.  Gracias por este espacio, mi hermano.

Nueva acción represiva contra el proyecto Estado de SATS

por Ernesto Santana Zaldívar.

LA HABANA, Cuba, agosto, www.cubanet.org -El viernes 10 de agosto, un operativo de la Seguridad del Estado impidió que la mayor parte de los que acudieron al espacio Cine a Toda Costa, del proyecto Estado de SATS, pudieran llegar a la casa donde se llevan a cabo habitualmente los encuentros, en la calle 1ra entre 48 y 60, en el municipio capitalino de Playa. Esa noche, a las 8 p.m., se realizaba la exhibición del documentalKnockout, de Darsi Ferrer, a la que algunos, burlando el cerco de la policía política en las calles que conducían al lugar, pudieron asistir de todas formas. Al parecer no se efectuaron detenciones, pero a todo el que llegaba a unas dos cuadras de distancia se le pedía el carné de identidad y se le preguntaba a dónde se dirigía. En caso de responder que iba a la dirección mencionada, se le informaba que no se le permitía el paso hasta allí a nadie. Su nombre era informado de inmediato por walkie-talkie y, luego de la verificación correspondiente y algunas preguntas intimidatorias de rigor, se le devolvía el documento de identidad y se le decía que debía retirarse inmediatamente del sitio.
El espacio Cine a Toda Costa fue inaugurado hace más de tres meses con la proyección del documentalDespertar, censurado en la XI Muestra de Jóvenes Realizadores, con la presencia de uno de los directores, Ricardo Figueredo Oliva, y de Raudel Collazo, rapero a quien está dedicado el documental. Posteriormente se han exhibido otros filmes, como El arte de hacer ruinas o Los nietos de la revolución. Pero el espacio principal del proyecto Estado de SATS ha sido desde hace más de un año el que se dedica a los paneles de análisis y debate sobre importantes temas de la actualidad política y social del país, como fueron, por ejemplo, los que se realizaron en torno a la visita del papa Benedicto XVI a Cuba y la operación Voto de Silencio con el que las autoridades intentaron controlar y silenciar a opositores y activistas. Notable importancia ha tenido, además, laDemanda ciudadana por otra Cuba, anunciada allí en el pasado mes de junio, donde se le exige al gobierno cubano la ratificación de los pactos internacionales sobre derechos humanos ya firmados en 2008 en la ONU.
El hecho de que la policía política haya intentado evitar con ese despliegue de agentes la reunión en que se exhibiría un documental, tiene, entre otros motivos, la relevancia de su realizador, el doctor Darsi Ferrer, destacado opositor y ex preso político, director del Centro de Salud y Derechos Humanos Juan Bruno Zayas, que fue considerado por Amnistía Internacional “prisionero de conciencia”, muy conocido por sus sistemáticas denuncias sobre la situación del sistema de salud cubano y por haber organizado varias marchas en La Habana por el Día Mundial de los Derechos Humanos, además de que hace dos años participó en el Consenso Cívico que, “en nombre de la sociedad civil cubana”, pidió al mandatario Raúl Castro que reconociera a las organizaciones independientes y (lo mismo que la Demanda ciudadana posteriormente ) que ratificara los pactos internacionales de Naciones Unidas firmados por el gobierno.
Otro motivo es la creciente hostilidad de la policía política contra el proyecto Estado de SATS. Ya en varias ocasiones habían sido detenidos algunos invitados a los encuentros y habían sido intimidados algunos asistentes para evitar su participación. Antonio Rodiles, coordinador del proyecto, había sido amenazado de múltiples maneras y, finalmente, tras la trágica y sospechosa muerte del líder opositor Oswaldo Payá, en la marcha hacia su entierro, había sido arrestado violentamente (igual que decenas de disidentes y activistas) y retenido en una estación de policía durante veinticuatro horas. Así que este resulta ser otro eslabón de la misma cadena.
En una comunicación telefónica en esa misma noche del 10 de agosto, Antonio Rodiles relató: “Primero tenían organizado un mitin de repudio, pero nos enteramos y lo informamos de inmediato, y entonces decidieron impedir que llegara la gente hasta aquí”. Por otra parte, reconoció que “un hecho como este no había ocurrido antes, nunca un cerco así”. Finalmente, dijo que a Estado de SATS le resultaba imposible quedarse con los brazos cruzados. “Esta medida de ellos tendrá una respuesta por parte de nosotros”, aseguró Rodiles.

Violento intento de desalojo de una familia

Ernesto Santana Zaldívar.

Policías frente al edificio. Foto Ernesto Santana
Policías frente al edificio. Foto Ernesto Santana
LA HABANA, Cuba, mayo, www.cubanet.org -En El Vedado, como la mayor parte de las edificaciones tienen relativamente menos años que las de Habana Vieja o Centro Habana, no ha sido tan frecuente la noticia de que un inmueble haya colapsado o de que sus moradores hayan tenido que ser evacuados con urgencia. En los últimos meses, no obstante, son varios los edificios que han llegado a un peligroso final en esta barriada. O que están llegando a él, al menos en una parte del inmueble.
Esto último es lo que está ocurriendo desde hace varios años en el apartamento número 2 del número 1060, en Línea entre 12 y 14. Los techos, a pesar de las vigas de hierro que los contienen y los postes de madera que los apuntalan, están combados y agrietados. Las paredes están asimismo en muy malas condiciones. Pero en el año 2010 a la familia que residía en el apartamento contiguo (encabezada por Francisco Martínez Blanes, teniente coronel en la Dirección de Seguridad del Estado en Villa Marista) le asignaron una casa y, luego de infructuosos intentos de buscar una vía legal y en vista del riesgo que corrían sus vidas, los residentes del apartamento 2 decidieron ocupar el apartamento vacío.
De inmediato fueron acusados de usurpación ilegal violenta y amenazados varias veces de desalojo, pero finalmente el tribunal municipal determinó que no había ocurrido delito alguno porque la ocupación se realizó, sin duda alguna, para salvar vidas. Eso no fue suficiente, sin embargo. Y por fin, el jueves 19 de abril ocurrió lo impensable: un asalto de violencia desmedida contra la vivienda ocupada por Pablo Méndez Piña y cinco mujeres, entre ellas una anciana parapléjica de noventa y cinco años.
Un vecino cuenta que, poco después de las ocho de la mañana, cuando salió a trabajar, vio al oficial Francisco Martínez hablando por un walkie-talkie, como dando instrucciones. “Había varias motos Suzuki en las inmediaciones, un Lada con tres mujeres”, cuenta. “De pronto empezó a agruparse gente y se formó un despliegue de segurosos y policías como si fueran a buscar a un terrorista armado hasta los dientes. Empezaron a forzar la puerta de abajo, pero hasta con una pata de cabra les costaba trabajo y entonces apareció uno con una mandarria de veinticinco o treinta libras, que nunca llegó a golpear porque a esa altura ya había mucha gente tirando fotos con cámaras y celulares. Por fin rompieron la primera puerta y entraron a romper la reja. Pero entonces”, dice admirado el vecino, “fue cuando Pablo puso el letrero y la calle se llenó todavía más de gente y tiraban más fotos. Al rato vi como unas mujeres se iban con sus palos y otras cosas en las manos como si les hubieran dado la orden de retirarse. Ellos le llaman a eso ‘extracción’, pero eso”, concluye, “siempre se ha llamado desalojo”.
“En la esquina de la bodega de Línea y 14”, cuenta otro testigo, “había varios carros y motocicletas, una guagua también, y mucha gente, hasta un tipo con una mandarria. Era un grupo enorme de gente fuertona, todos preparados. Yo vi a unas ochenta personas identificables por lo menos, pero eran más, porque estaban regados. Estoy seguro de que eran más de cien. Fue una cosa como de nazis”. Y concluye: “Pero tuvieron que irse con el rabo entre las piernas.” Otro vecino asegura que todo duró alrededor de media hora o cuarenta y cinco minutos. El tráfico se paró en la senda de Línea del otro lado. La gente se paraba a tirar fotos con cámaras y celulares. “Este es un edificio en muy mal estado, y yo vivo ahí también. Sin embargo, a una cuadra de aquí, en Línea y 16, hay un edificio en donde vive casi toda la familia de Armando Hart y nadie los molesta. Y se supone que esta fue una revolución para los humildes”, dice, indignado.
Foto Ernesto Santana
Foto Ernesto Santana
Cuando, después de romper la puerta de abajo y abrir la reja de la escalera, el grupo comenzó a golpear la puerta del apartamento, asegurada con una tranca, Pablo Méndez temió por la integridad física de las cinco mujeres que se encontraban allí con él. Ya el letrero, improvisado con una sábana y un poco de pintura (“Los corruptos vienen a desalojar a los humildes”) llevaba varios minutos a la vista de todos. Cuando los golpes arreciaban más, de improviso cesaron y los asaltantes se retiraron, dejando allí varias cabillas y palos que no se llevaron para que no se les viera salir con ellos. Dice otro vecino: “Yo llegué tarde y se supone que ya se habían ido casi todos, pero dejaron a un tipo sentado en el muro junto al edificio, dos en la esquina de 14, dos dentro de la panadería de 12; después pasó uno en una moto Suzuki, despacito, daba la vuelta a la manzana y volvía de nuevo. Todo el mundo estaba disgustado, todo el que pasaba comentaba lo mismo, que eso era una injusticia.”
Más tarde vino Jesús Espinosa, el primer secretario del PCC municipal de Plaza de la Revolución. “Posiblemente él sabía ya que soy opositor y periodista independiente”, explica Pablo Méndez. “Siempre es la misma historia, la misma demagogia; siempre te quieren envolver. Me dijo que quería llevarse el cartel y presentarlo para que los irresponsables vieran lo que pasó. No me negué, pero le pregunté si quería llevárselo como trofeo y entonces me dijo que no y me lo dejó. Le expliqué toda la historia, le enseñé todos los papeles, las cartas de Vivienda, el organismo más corrupto que tiene este país; le mostré la puerta rota y le dije que fueron ellos los que pusieron la violencia, los que vinieron con intenciones asesinas. ‘Usted es la primera persona que viene aquí a conversar, a interesarse por el problema’, le dije. La gente se acostumbra a buscar una palanca para que le resuelvan el problema. Yo soy un ciudadano cubano y me tienen que respetar y tienen que respetar los artículos de la Constitución”, añade.
Una hora después vino una brigada a reparar la puerta y le pusieron un llavín. “Temían que viniera la prensa extranjera”, dice Pablo. “Mira, ellos se quedaron botados. Seguro que pensaron: ‘Como este es opositor, seguro va a llamar a otros opositores para gritar consignas y tirar fotos’, y entonces ellos iban a armar la fiesta del Guatao. Pero se quedaron botados, con la carabina al hombro. La mayoría de la gente se solidarizó con nosotros, los vecinos vienen a ver el letrero. Salí ileso, hasta el momento, porque la verdad es que no sé lo que viene.”
“Por eso es que quiero ver, por la parte penal, a quién yo demando ahora por este acto de violencia donde está involucrada la policía y la Seguridad del Estado. Se supone que ese acto brutal es ilegal”, dice Pablo Méndez. “Creo que se puede hacer una demanda, si no a una persona determinada, por lo menos al Ministerio del Interior, porque hay pruebas suficientes, videos, fotos, y muchos testigos dispuestos a contar lo que ocurrió”.
“Cosas como esta no se pueden dejar pasar”, sostiene con pleno convencimiento.

El viejo mago que hace andar viejos carros


LA HABANA, Cuba, diciembre, www.cubanet.org -Su fama como mecánico quizás se extiende más allá del barrio habanero de El Vedado. Porque lo cierto es que siempre tiene varios autos dentro y fuera de su taller, esperando por su trabajo. Así que sobran quienes buscan a Rufino el mecánico, el tipo que arregla cualquier cacharro, que siempre está manchado de grasa, desde temprano en la mañana hasta el anochecer. El mago que echa a andar cualquier antiguo automóvil que otros mecánicos dan por imposible.
Y no sólo porque lo diga él, que habla todo el tiempo con su vozarrón bien articulado e indetenible, sin dejar de trabajar.
Su especialidad son los viejos autos norteamericanos, y eso es evidente viendo los que hay a su alrededor. Pero no siempre fue así. Su interés por la mecánica automotriz comenzó a los nueve años y ya a los dieciséis trabajaba en el Ministerio de Industrias, que dirigía el Che Guevara, pero además estudió mecánica en un curso por correspondencia de la National School. Luego trabajó en otros lugares, incluyendo la fábrica de ómnibus Girón, hasta que perdió el puesto, cuando esta fábrica cerró, al principio del Período Especial.
Entonces decidió dedicarse al trabajo por cuenta propia. Una resolución crucial y de duras consecuencias, pues durante muchos años ha tenido que sufrir la falta de ventajas con que el Estado ha tratado a este tipo de trabajador, así como la imposibilidad de comprar herramientas y otros artículos necesarios para su labor. Por no hablar de los impuestos abusivos.
Sin embargo, en los últimos meses, esa situación asfixiante para los trabajadores por cuenta propia se ha aliviado un poco en comparación con los años anteriores, aunque todavía sufren desventajas.
Pese a todo, Rufino confiesa un amor incondicional por su oficio, en las buenas y en las malas. Y ostenta el orgullo indiscutible de que, gracias a la inventiva de mecánicos como él, el terrible problema del transporte de pasajeros en el país no es más grave aún. Además, admira mucho “los viejos autos americanos”, cuya tradición no se perdió ni siquiera durante el auge del campo socialista.
“La importancia de estos carros” –dice, mostrando un Plymouth del año 53 que ahora le ocupa-, “se debe a su fuerza, a una tecnología muy duradera y simple, y a una estructura que puede ser transformada. Son tanques de guerra”.
El auto en cuestión se hallaba desahuciado, y él, después de mucho esfuerzo, adaptando o elaborando piezas, lo ha convertido en un buen automóvil. De hecho, el sesenta por ciento de la carrocería ha sido construida por el propio Rufino, manteniendo fielmente la forma original.
Pero el empeño, el conocimiento y las habilidades no significan mucho sin herramientas, y para conseguirlas muchas veces hay que inventarlas, partiendo de lo que se tenga a mano, después de recoger en los basureros cosas con alguna utilidad, aprovechando cualquier desecho, cualquier pedazo, lo más inimaginable, porque no hay otra manera.
El mago mecánico muestra cómo almacena piezas y herramientas, y restos de ellas, en un aparente caos sobre el suelo del portal de su casa. Mil y un pedazos de hierros oxidados, viejos y que uno diría inservibles. “Todo esto me sirve”, dice Rufino, “con esto echo a andar eso”; y señala los dos automóviles que hay dentro de su taller. “Siempre hay una solución. No hay un carro que yo no ponga a rodar”, asegura.
Rufino tiene ya más de sesenta años, pero tiene la esperanza de que, como dice, “cuando no pueda trabajar más por mí mismo, dirigiré a otros, porque he tenido muchos discípulos que incluso se han abierto camino en otros países”. De todas maneras considera que siempre se puede seguir aprendiendo y que, por el momento, espera seguir haciendo lo que hace, sobre todo si tiene como ayudante a algún mecánico experimentado y con inventiva.
Son muchos los discípulos suyos que se han abierto paso en el extranjero. Rufino confiesa, sin remordimientos y sin un dejo de amargura: “Si me hubiera ido a otro país, creo que hubiera podido alcanzar una vida mejor, con más seguridad”. “Pero entonces dejarías de ser el mago del Vedado”, le digo yo.