Víctimas 16 de octubre: Juan José Pacheco Cano, Julio Gangoso Otero y Antonio Emilio Muñoz Cariñanos

Libertad Digital.

El 16 de octubre de 1988 la banda terrorista ETA comete dos atentados que acaban con la vida de un miembro de la Ertzaintza en Legazpia (Guipúzcoa) y un agente de la Guardia Civil en Pamplona (Navarra)
Hacia las cuatro de la madrugada de ese 16 de octubre la explosión de un artefacto colocado por la banda terrorista ETA para sabotear la línea férrea Madrid-Irún, pero con el objetivo evidente de asesinar a los artificieros de las Fuerzas de Seguridad que acudiesen a desactivarlos, acabó con la vida del ertzaina JUAN JOSÉ PACHECO CANO. Es cierto que la banda asesina suponía que serían artificieros de la Guardia Civil los que acudirían a inspeccionar las vías férreas, tras sendas llamadas a la asociación de ayuda en carretera Detente y Ayuda (DYA) y a Renfe, como relató José Ramón Goñi Tirapu, entonces gobernador civil de Guipúzcoa:
[El Comando Goierri de ETA] recibió una carta con instrucciones precisas para colocar cuatro bombas en la vía férrea Irún-Madrid; una de ellas escondía una trampa para asesinar al artificiero de la Guardia Civil que, presumían, acudiría a desactivarlas. Ya de paso pretendían paralizar la circulación de trenes durante una semana (El confidente: la negociación con ETA que sí funcionó, Espasa-Calpe, 2005).
La bomba trampa fue ideada por el terrorista Juan Carlos Balerdi Iturralde, añade Goñi Tirapu en el libro.
Lo cierto es que miembros de la banda terrorista ETA colocaron cuatro artefactos explosivos en el interior de dos túneles, en el término municipal de Legazpia, de la vía del tren Madrid-Irún. Una vez colocados, hicieron dos llamadas de aviso a DYA y a Renfe y varios agentes de la Policía Autonómica se desplazaron hasta las vías. Cuando se encontraban inspeccionando el túnel, hicieron explosión dos de los artefactos, provocando la muerte de Juan José Pacheco y heridas leves a otros tres agentes de la Ertzaintza. Las dos explosiones, que se produjeron a las 3:50 y a las 4:11 horas, causaron graves daños en la vía y obligaron a suspender la mayor parte del tráfico ferroviario. La primera explosión no causó daños personales, mientras que la segunda alcanzó de lleno al ertzaina y a sus tres compañeros.
El 20 de octubre el diario Egin publicó el comunicado de ETA en el que reivindicaba el atentado, y lo justificaba, con su verborrea habitual, como "un acto de sabotaje contra la empresa estatal Renfe". En el mismo añadían que el asesinato de Pacheco tenía que ser considerado como un "accidente" porque la Ertzaintza "no supone, por el momento, un objetivo militar".
El sindicato de la Policía Autonómica señaló tras el atentado que la patrulla enviada a inspeccionar el explosivo carecía de la capacitación necesaria. Dirigentes de los partidos vascos, a excepción de Herri Batasuna, condenaron el atentado. El 17 de octubre HB se limitó a decir, muy en sintonía con ETA, como no podía ser de otra forma, que la muerte de Juan José Pacheco era "accidental y lamentable". En su comunicado la coalición proetarra se abstuvo de hacer ninguna alusión al asesinato, el mismo día en Pamplona, del agente de la Guardia Civil Julio Gangoso Otero.
A las seis de la tarde del 17 de octubre tuvo lugar el funeral por Juan José Pacheco Cano en la parroquia de Santa María de Tolosa, con la asistencia del lehendakari José Antonio Ardanza, el vicelehendakari Ramón Jáuregui, y el gobernador civil de Guipúzcoa, José Ramón Goñi Tirapu.
En 1997 la Audiencia Nacional condenó a Jesús María Ciganda Sarratea, Juan Carlos Balerdi Iturralde, Pedro José Echevarría Lete, Fermín Urdian Ciriza y Lourdes Churruca Medinabeitia a sendas penas de 12 años de prisión mayor por un delito de terrorismo y a 30 años de reclusión mayor por un delito de atentado.
Juan José Pacheco Cano tenía 26 años. Era natural de Cáceres y estaba casado. Fue el tercer agente de la Ertzaintza asesinado por la banda terrorista ETA. El 10 de noviembre de 2010 se organizó un homenaje en la Academia de Arkaute a todos los agentes de la Policía Autonómica vasca asesinados por ETA.
Unas veinte horas después, a las once menos cuarto de la noche del 16 de octubre de 1988, un coche-bomba colocado por la banda terrorista ETA en Pamplona provocaba la muerte del guardia civil JULIO GANGOSO OTERO y hería gravemente a otros siete agentes. El convoy estaba formado por una tanqueta y un Land Rover ocupados por una docena de agentes del Instituto Armado. Los guardias civiles regresaban de prestar servicio de vigilancia en el Centro Penitenciario de Pamplona cuando en la calle Larraina una furgoneta-bomba, con treinta kilos de explosivos y cuarenta de metralla aparcada en doble fila, fue activada mediante un mando a distancia en el momento en el que la tanqueta de la Guardia Civil se encontraba a su lado.
La tanqueta fue alcanzada de lleno y desviada contra un árbol del lateral de la calzada, provocando la muerte de Julio Gangoso y heridas de gravedad a los otros siete ocupantes, todos ellos jovencísimos guardias civiles: Vicente Ollero Montes, natural de El Viso (Córdoba), de 21 años;Francisco Javier Montoya Martínez, natural de Vara del Rey (Cuenca), de 21 años; Rafael Checa Bermúdez, natural de Villagordo, Jaén, de 21 años; Paulino Parrilla Galdón, natural de Santiesteban del Puerto (Jaén), de 23 años; Ángel Segura Coto natural de Málaga, de 22 años;Felipe Luis Cruz Ávila, natural de Martos (Jaén), de 21 años; y José Luis Alonso Gaona, natural de Albanilla (Murcia), de 24 años. El Land Rover que formaba parte del convoy resultó intacto y sus cuatro ocupantes, ilesos. La explosión del coche-bomba alcanzó, además, a otros quince vehículos próximos, varios de los cuales quedaron completamente destrozados, y provocó la rotura de cristales y graves desperfectos materiales en diversos edificios.
La furgoneta utilizada en el atentado había sido robada en Basauri (Vizcaya) por miembros de la banda que dejaron a su propietario y a un acompañante atados a un árbol. Con la furgoneta, los terroristas se dirigieron al puerto navarro de Echauri, donde robaron otro vehículo, dejando también a su dueño amarrado a un árbol. Con este vehículo huyeron los asesinos de la banda una vez que activaron la furgoneta-bomba.
ETA se atribuyó la autoría del atentado el mismo día mediante una llamada telefónica a la Asociación de Ayuda en Carretera Detente y Ayuda (DYA) de Navarra. El comunicante señaló también que tres personas se encontraban atadas a unos árboles cerca de la localidad de Estella.
Por expreso deseo del alcalde de Pamplona, Javier Chourraut, la capilla ardiente se instaló en el Ayuntamiento, siendo la primera vez que esto se hacía con una víctima del terrorismo. Allí, su viuda murmuraba en voz alta "si saliste de casa y no vas a volver, ¿cómo les digo yo a los niños dónde estás ahora? Dios mío, qué malos, cómo me han podido hacer esto...".
Al funeral en la Iglesia de San Cernín de la capital navarra acudió, además del alcalde, el director general de la Guardia Civil, Luis Roldán, y el presidente del Gobierno de Navarra, Gabriel Urralburu. Al terminar el mismo, una parte del numeroso público asistente profirió insultos contra las autoridades y pidió la restauración de la pena de muerte. Gabriel Urralburu señaló "que el asesinato de ETA se produce días después de que miembros de HB nos anunciaran dos años más de sufrimientos. Esto convierte a Herri Batasuna en claro portavoz de los asesinos de ETA" (ABC, 18/10/88).
En 1995 la Audiencia Nacional condenó a los asesinos Juan José Zubieta Zubeldia, Javier Goldaraz Aldaya y Germán Rubenach, miembros del grupo Nafarroa, entre otras a sendas penas de 29 años de reclusión por el asesinato de Julio Gangoso y a 18 años de prisión mayor por cada uno de los siete asesinatos frustrados. En total, cada uno fue condenado a 170 años de cárcel.
Julio Gangoso Otero era natural de Benavente (Zamora) donde serían inhumados sus restos mortales el 18 de octubre con la asistencia de cientos de vecinos que secundaron la llamada del Ayuntamiento decretando un día de luto oficial y solicitando el cese de la actividad laboral durante una hora para mostrar su repulsa al asesinato. Julio Gangoso tenía 31 años, estaba casado con Ana María Fidalgo y tenía dos hijos de 7 y 2 años.
El lunes 16 de octubre de 2000, los terroristas de la banda ETA Jon Igor Solana Matarrán y Harriet Iragi Gurutxaga -los mismos pistoleros que una semana antes habían asesinado en Granada al fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Luis Portero García-, asesinaban en Sevilla a ANTONIO EMILIO MUÑOZ CARIÑANOS, coronel del Ejército del Aire y otorrinolaringólogo. El médico, especializado en las afecciones de las cuerdas vocales y que tenía entre sus pacientes a muchos periodistas, artistas y políticos, se encontraba en su clínica particular donde pasaba consulta por las tardes. Los etarras hicieron previamente una llamada, para asegurarse de que estaba trabajando. A continuación se dirigieron a la clínica y, mientras Iragi Gurutxaga vigilaba en la puerta, Solana Matarrán entró en el despacho del médico y le descerrajó varios tiros en la cabeza que le provocaron la muerte en el acto.
Inmediatamente los pistoleros de la banda emprendieron la huida a pie por las calles del casco histórico sevillano, pero esta vez no tuvieron tanta suerte como cuando asesinaron a Luis Portero. Quince minutos después, en el cruce de las calles de Perafán de Ribera y Don Fadrique, fueron sorprendidos por agentes de la Policía que contaban con la descripción que de los terroristas habían hecho los pacientes que aguardaban en la sala de espera del doctor asesinado. Al intentar arrestarlos, los etarras no atendieron el alto que les dieron y opusieron resistencia, iniciándose unintenso tiroteo por las calles de Sevilla. Solana fue detenido enseguida, mientras Iragi conseguía huir, aunque con una herida en el hombro. Fue localizado pocas horas después en las cercanías del Hospital Universitario Virgen Macarena. Iragi gritó que estaba herido, que no portaba armas y se entregó sin oponer resistencia.
La misma tarde que asesinaron al doctor Muñoz Cariñanos, artificieros de la Policía desactivaron una bomba-lapa colocada en el coche particular de un funcionario civil de la Administración Militar aparcado junto a la estación de ferrocarril.
El lehendakari Juan José Ibarretxe, la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) y varias organizaciones pacifistas convocaron, una vez más, a los ciudadanos para que mostraran su repulsa al terrorismo concentrándose a mediodía ante las sedes de las instituciones. La dirección del PNV difundió un comunicado en el que acusaba a ETA de "mancillar la imagen del pueblo vasco", mientras que el presidente andaluz, Manuel Chaves, expresó su confianza en que la democracia iba a "ganar esta batalla".
Además de en su clínica particular, situada en pleno centro de Sevilla, Muñoz Cariñanos trabajaba en el acuartelamiento del Ejército del Aire de Tablada, donde se instaló la capilla ardiente con sus restos mortales.
En 2002 la Audiencia Nacional condenó a sendas penas de 53 años de cárcel a Jon Igor Solana Matarrán y Harriet Iragi Gurutxaga por el asesinato de Muñoz Cariñanos. La Policía sospechó desde el primer momento que Gorka Palacios, Zigor Merodio y Oihane Errazkin formaban también parte del grupo Andalucía de ETA y tenía el convencimiento de que uno de ellos también participó en el asesinato del médico. En abril de 2010 la Audiencia Nacional condenó a Juan Antonio Olarra Guridi, alias Jon Ostagi, a 34 años de prisión mayor como instigador principal del asesinato. El tribunal consideró probado que Olarra Guridi formaba parte del "aparato militar" de ETA, con funciones de responsabilidad en la dirección de los "comandos", entre ellos el Erraia, que formaban Solana e Iragi y que operó en Andalucía. El condenado fue el que, "bajo el manto de una organización jerarquizada y sometida al control de unos pocos sobre la mayoría" cometió "el delito dando instrucciones precisas para truncar el derecho a la vida" del doctor Muñoz Cariñanos.
Antonio Emilio Muñoz Cariñanos era natural de Madrid, donde nació en 1942, por lo que tenía 58 años cuando fue asesinado por la banda terrorista ETA. Estaba separado de su primera esposa y tenía nueva pareja cuando fue asesinado. Muñoz Cariñanos tenía tres hijos. Además de haberse especializado en otorrinolaringología en la Universidad de Navarra, el doctor Muñoz Cariñanos tenía la graduación de coronel médico del Ejército del Aire desde 1994, poseía el título de piloto de aviones de guerra y había sido condecorado en la guerra del Golfo. Aparte de su actividad castrense, como médico compaginaba la dirección de la Policlínica del Mando Aéreo del Estrecho en el acuartelamiento de Tablada, la jefatura del departamento de Otorrinolaringología de la Clínica Sagrado Corazón, la docencia en el Centro Andaluz de Voz de Sevilla y su consulta privada, donde fue asesinado. Desde hacía veintinueve años Antonio vivía en Gines, localidad situada en el Aljarafe sevillano, a unos diez kilómetros de la capital hispalense y era un médico muy conocido en el mundo del espectáculo por ser el encargado de cuidar las gargantas de estrellas como Rocío Jurado, Isabel Pantoja, Julio Iglesias, Juan Peña El Lebrijano, Mónica Naranjo o María José Santiago. También había cuidado las cuerdas vocales de políticos y periodistas como Carlos Herrera, que manifestó el mismo día del atentado que "más que afectado, estoy indignado. Era un hombre vitalísimo; si te quedabas mudo ya sabías lo que tenías que hacer: llamar a Cariñanos" (El País, 17/10/2000).
Pablo Muñoz, uno de los hijos de Antonio, manifestó:
No soy político, no soy juez, no sé quién tiene que tomar cartas en el asunto yevidentemente todos los españoles sabemos que esto no está funcionando. Es muy probable que, cuando yo tenga la edad que tenía mi padre cuando falleció, me pueda encontrar a estos individuos (los asesinos) en un restaurante cenando, y ellos serán libres, completamente libres, y eso es lo que no puede ser (El Mundo, 20/10/2000).
El 30 de junio de 2006 Macarena Muñoz, también hija de Antonio, escribió una carta abierta al presidente Rodríguez Zapatero, criticando duramente el mal llamado proceso de paz con ETA:
Mi nombre es Macarena. Soy hija del Coronel Médico Antonio Muñoz Cariñanos, asesinado por la ETA el 16 de octubre de 2000, en Sevilla. (...) Mi padre era médico. Una tarde, mientras pasaba consulta, dos asesinos de la ETA acabaron con su vida, delante de sus pacientes. Le metieron seis tiros. No sólo acabaron con su vida, sino con la esperanza de muchos enfermos de cáncer. Porque, Sr. Presidente, mi padre era una eminencia en la lucha contra el cáncer (...) Nunca olvidaremos cómo la gente de Sevilla se echó a la calle aquel 16 de octubre para ayudar a capturar a los asesinos. Armados de valentía, lo consiguieron. Gracias al valor de todos esos sevillanos se hizo posible que los asesinos de mi padre, hoy cumplan su castigo (...) Señor presidente, rechazamos la violencia tanto o más que nadie. Y precisamente porque hemos renunciado a la venganza en la confianza de que se haga justicia, estamos más legitimados que nadie para decir alto y fuerte que queremos el fin de la violencia. Y es que lo que usted nos ofrece no es la paz, Sr. Rodríguez Zapatero. Ni mucho menos. Cualquier persona con sentido común se da cuenta de ello. Al parecer usted va a negociar con los asesinos el traslado de los presos a las cárceles vascas y el cambio de la ley para que el gobierno vasco les aplique el tercer grado y salgan a la calle. ¿Es ése su sentido de la justicia, Sr. Rodríguez Zapatero? Lo que usted llama la "paz" se va a traducir en que dentro de poco tiempo los asesinos de mi padre se permitan el lujo de mirarme a los ojos de la misma forma en que los asesinos de Miguel Ángel Blanco han mirado a su madre y a sus restantes familiares durante estos días de juicio. Con esa nauseabunda mezcla de chulería y repugnancia por la vida ajena. Señor Presidente, usted dice que hay que mirar a los ojos a los terroristas. ¿Es ésa la mirada de los terroristas la que usted nos invita a disfrutar? Lo siento mucho, Sr. Rodríguez Zapatero, los españoles tenemos dignidad. Pedirle a la gente que miremos a los ojos a esa gentuza nos parece indecente. Señor Zapatero, es cobarde ser duro con los que, como nosotros, no tenemos más arma que nuestra palabra, y en cambio blando con los de las pistolas. Esa cobardía nos dolería de cualquier otra persona, pero nos resulta profundamente humillante en la persona de quien nos debería representar. Señor Zapatero: la paz de los presos a la calle es la paz de la humillación, la paz de la victoria del terror y la paz de la rodilla en la tierra. Yo no entiendo de política, no tengo ni he tenido nunca carné de ningún partido político. Pero, Sr. Zapatero, tengo la sensación de que es usted rehén voluntario de los terroristas, y que hará lo que le pidan, porque si a los terroristas se les ocurriera mañana entrar en una consulta médica y pegarle seis tiros a otro médico, como le hicieron a mi padre, seguramente usted dejaría de ser presidente del gobierno. Acabo ya, pero antes, Sr. Rodríguez Zapatero, quiero leer lo que en su programa electoral usted nos prometió. Leo textualmente: ‘Rechazamos cualquier negociación que implique el pago de un precio político democrático por el fin de la violencia’. Le exigimos que cumpla su palabra y que los asesinos cumplan íntegramente las condenas que les han sido impuestas.No nos resignaremos jamás a vivir de rodillas. Espero su contestación, señor Presidente.

Diseño y Construcción de Estabilización de un Talud Compuesto por Suelos Tropicales Residuales Mediante la Técnica de Soil Nailing

Ignacio Zuloaga Fábrega y Javier A. Sierra Galeano (INGEOSOLUM).

Resumen

Este artículo presenta los aspectos relativos al diseño y ejecución de una estructura de contención de tierras mediante la técnica soil nailing, realizada en el talud denominado Cerro Quemado en el Corredor Norte, en la Ciudad de Panamá. En el documento se muestra el sistema constructivo de contención y estabilización, que permitió controlar el proceso de remoción en masa, mediante la instalación de anclajes al terreno, inyectados con lechada de cemento para posterior colocación de armadura y proyección de gunita. De la misma forma se profundiza en los aspectos básicos de diseño y detalles de obra.

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Más documentación sobre estructuras, cimentaciones y geotecnia en este apartado del Blog.

La crisis NO es mundial. No toda europa está en crisis por Mónica Mullor

Ideas y análisis.


Países europeos:

La crisis NO es mundial

“África despega mientras Europa del Sur se pega”

Fuente: FMI, Informe 2013

Víctimas 15 de octubre: Gregorio Hernández Corchete y José Reyes Corchado Muñoz

Libertad Digital.


Hacia las ocho de la tarde del 15 de octubre de 1982, la banda terrorista ETA atacó la casa cuartel de Leiza (Navarra) matando en el acto al ciudadanoGREGORIO HERNÁNDEZ CORCHETE e hiriendo de diferente consideración a otras cuatro personas, entre ellas un sargento y un cabo de la Guardia Civil.
Gran aficionado a la caza, Gregorio había acudido esa tarde al cuartel, acompañado por dos cuñados, para legalizar una escopeta comprada esa misma tarde. Una vez que terminó las gestiones se dispuso a salir a la calle. En ese momento se produjo un ataque simultáneo de miembros del grupo Goierri de ETA. Por un lado, desde un vehículo Renault-12, que circulaba en dirección a Tolosa, varios terroristas ametrallaron la fachada del cuartel. Inmediatamente después otros miembros de la banda, escondidos detrás de unos setos situados en un hueco entre dos casas junto a la ría, a unos ciento cincuenta metros del cuartel, lanzaron una granada de fusil.
Al oír los primeros disparos, Gregorio y sus cuñados se arrojaron al suelo, de donde ya no se levantó: fue alcanzado por los primeros disparos en la yugular y en la pierna, y cayó en la puerta de la casa cuartel mortalmente herido. Sus cuñados y los guardias civiles resultaron heridos por la explosión de la granada. Uno de los cuñados recibió un disparo en el tórax, pero la cartera que llevaba en la cazadora le salvó la vida milagrosamente.
La planta baja del edificio, donde vivían cinco familias, quedó también destrozada por la explosión de la granada, especialmente las oficinas de atención al público, el cuerpo de guardia y el dormitorio de solteros. La explosión derribó varias paredes y produjo la rotura de numerosos cristales en el interior del cuartel. Ninguna de las cinco familias que en ese momento se encontraban en la casa cuartel sufrió daño alguno.
Tras el ametrallamiento, varios números de la Guardia Civil repelieron la agresión con sus armas reglamentarias. Nada más tenerse noticia del atentado, la Guardia Civil instaló, principalmente en el norte de la provincia y cerca de los pasos fronterizos, fuertes controles en los que se revisaban todos los vehículos.
El cadáver de Gregorio Hernández, que se encontraba junto a la puerta del cuartel de la Guardia Civil rodeado de cristales y cascotes, permaneció en el lugar del atentado durante más de dos horas, mientras se esperaba la llegada del juez.
A última hora de la tarde del 16 de octubre se celebró en la parroquia de San Miguel de Leiza el funeral por Gregorio Hernández Corchete, presidido por las autoridades locales, provinciales, gobernadores y el teniente jefe de la Guardia Civil de Navarra. La ceremonia la oficiaron tres sacerdotes, en euskera y castellano y la homilía corrió a cargo del sacerdote José Javier Aizcorbe. Este pidió a los políticos que "se dejaran de palabras" y buscasen "soluciones a los problemas de nuestro pueblo". Políticos como Ángel Lasunción, diputado foral de UCD, y Víctor Manuel Arbeloa del PSN-PSOE mostraron su indignación al final del acto, hablando de ultraje y señalando que el párroco había evitado criticar a los asesinos.
Coalición Popular, CDS, UPN, EE y UGT emitieron duros comunicados de condena. El Ayuntamiento de Leiza acordó por mayoría hacer pública la "total repulsa y condena del acto terrorista ocurrido contra el cuartel de la Guardia Civil". El Pleno decidió también abrir una suscripción popular, iniciada por el propio Ayuntamiento con 10.000 pesetas, y estudiar la situación en la que quedaba la viuda a fin de establecer las posibles ayudas económicas a la familia.
En 1988 la Audiencia Nacional condenó al etarra Juan María Tapia Irujo, alias Jon y Zapatones, a 26 años de prisión mayor por el delito de asesinato, además de a otros 20 años de prisión mayor por un delito de atentado y lesiones. Pese a que acumulaba condenas por centenares años, fue excarcelado en abril de 2005 habiendo cumplido sólo 22 años de cárcel, gracias a la acumulación de redenciones. Juan María Tapia Irujo fue candidato al parlamento vasco en las listas de Herri Batasuna en las elecciones de 1984. En el ataque a la casa cuartel de Leiza también participó Pedro José Pikabea Ugalde.
Gregorio Hernández Corchete tenía 27 años. Estaba casado con Inés Cabezas y tenía tres hijos -Ainara, Aikaitz y Nagore- de uno, dos y tres años. Era natural de Araya (Salamanca), aunque vivía en Leiza desde hacía varios años. Trabajaba en la empresa Calderería Beotibar de Tolosa (Guipúzcoa), a la que iba y venía diariamente desde Leiza.
A las once de la noche del sábado 15 de octubre de 1983, la banda terrorista ETA asesinaba en Oñate (Guipúzcoa) al guardia civil JOSÉ REYES CORCHADO MUÑOZ mediante la activación a distancia de una carga explosiva escondida junto a un muro. La víctima formaba parte de una patrulla de tres vehículos de la Guardia Civil que había salido del cuartel de Arechavaleta para realizar un servicio de vigilancia. Al pasar por el barrio de Zubillaga de la localidad guipuzcoana de Oñate, miembros de la banda terrorista ETA activaron la carga explosiva, que era del tipo hornillo.
La explosión alcanzó de lleno al primer vehículo del convoy, matando casi en el acto a José Reyes Corchado e hiriendo levemente al cabo primero Antonio Ramos Ramírez. Este último sería asesinado tres años más tarde en otro atentado de la banda terrorista ETA en Mondragón el 8 de junio de 1986, en el que el cabo primero fue ametrallado cuando se dirigía a su vehículo particular después de estar en un bar de la localidad. El guardia civil que conducía el vehículo, Francisco Borjas Reinoso -natural de la localidad de Huevar de Aljarafe (Sevilla), de 36 años de edad, casado y padre de dos hijos-, resulto ileso.
José Reyes Corchado iba en la parte posterior del vehículo y se vio afectado, sobre todo, por los tornillos que la banda terrorista había colocado junto a los dos kilos de Goma 2 del artefacto explosivo y por las piedras que salieron disparadas como proyectiles, que le provocaron una fractura de cráneo.
Los guardias civiles que ocupaban los otros dos vehículos atendieron a sus compañeros y los trasladaron a distintos centros sanitarios. Antonio Ramos fue atendido en el Hospital del Alto Deba en Mondragón, mientras que José Reyes Corchado ingresó cadáver en el Hospital Comarcal de Oñate. Hasta ahí se trasladó el viceconsejero de Interior del Gobierno vasco, Eli Galdós, que también era alcalde en esa localidad.
Al día siguiente, 16 de octubre, se celebraba el Oñate el funeral por el alma de José Reyes, presidido por el ministro de Interior, José Barrionuevo. Junto a familiares, amigos y compañeros de la víctima, ocuparon también un lugar destacado en la parroquia de San Martín el director general de la Guardia Civil, teniente general José Luis Aramburu Topete, el delegado del Gobierno en la comunidad autónoma vasca, Ramón Jáuregui, el viceconsejero de Interior del Gobierno vasco, Eli Galdós, el gobernador civil, Julen Elorriaga, y representantes locales de los principales partidos políticos.
José Reyes Corchado Muñoz, de 28 años, era natural de Alburquerque (Badajoz) y hacía poco más de un año que había ingresado en la Guardia Civil. Estaba casado con Isabel Chamizo Díaz, de 24 años. Cuando le destinaron a Oñate (Guipúzcoa) él se fue en 'avanzadilla' y su familia se quedó en Badajoz. "Estaba previsto que nos fuéramos con él en noviembre, porque él tenía vacaciones entonces, pero lo asesinaron antes" (Hoy, 9/04/2009). El matrimonio tenía dos hijas, de 1 y 2 años cuando asesinaron a José. "Ellas no entendían cómo había gente que podía hacer eso. Ahora, que tienen 23 y 24 años, lo entienden todavía menos (...) A mí que no me pidan que perdone y olvide. Porque además es gente no se ha arrepentido" contaba su viuda (Hoy, 19/02/2006). José Reyes Corchado fue enterrado de Alburquerque. En enero de 1994 el Ayuntamiento de esta localidad dedicó una calle al agente asesinado.

A Guide to Concrete Practice.

Cement Concrete & Aggregates Australia.


Foreword.

Concrete is widely used in domestic, commercial, recreational, rural and educational construction.

Communities around the world rely on concrete as a safe, strong and simple building material. It is used in all types of construction; from domestic work to multi-storey office blocks and shopping complexes.

Despite the common usage of concrete, few people are aware of the considerations involved in designing strong, durable, high quality concrete.

Concrete Basics aims to provide a clear, concise explanation of all aspects of making quality concrete; from the Materials and Properties involved through Planning, Preparation, Finishing and Curing.

Concrete Basics addresses the needs of unskilled and semi-skilled persons undertaking general concreting projects including home and handyman projects. Concrete Basics also assists owner builders in the supervision of construction. It aims to develop an understanding of highly technical terms through clear definition accompanied by simple illustrations. A general understanding of these terms will help to facilitate communication within the building industry.

Concrete Basics will help to generate a higher standard of workmanship on-site and facilitate better communication among construction workers, builders, engineers, building surveyors, architects and anyone interested in understanding the processes involved in making quality concrete.

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Incluido en mi recopilación de documentación sobre Estructuras.