Víctimas, 18 de diciembre: Juan Cruz Montoya Ortueta, José Aldaolea Abaitua y José Antonio Barrado Recio

Libertad Digital.


A las 20:30 horas del martes 18 de diciembre de 1979 dos miembros del grupo Treviño de ETA asesinaban en Vitoria al conserje del colegio de los Marianistas JUAN CRUZ MONTOYA ORTUETA. Los dos terroristas lo estaban esperando en la puerta del centro escolar, apoyados en la barandilla del colegio. Uno de ellos se incorporó cuando vio al conserje y le disparó a bocajarro, primero en el costado y, cuando cayó al suelo mortalmente herido, lo remató en el suelo. El crimen fue presenciado por dos alumnos del colegio. Juan Cruz Montoya fue trasladado urgentemente a un centro sanitario de Vitoria, donde nada se pudo hacer por salvar su vida.
Tras asesinar al conserje, los terroristas emprendieron la huida en un coche robado a punta de pistola a las 19:20 horas cuando su propietario iba a aparcarlo en el garaje de su domicilio. Dos encapuchados lo abordaron y lo dejaron atado con una cadena dentro de una caseta en Vitoria, además de robarle el DNI.
El 20 de diciembre cerca de cuatro mil personas se manifestaron de forma silenciosa, en protesta por el asesinato de Juan Cruz. Los manifestantes se concentraron frente al colegio de los Marianistas, en el lugar en el que cayó muerto el conserje, y se dirigieron a continuación hasta la catedral vitoriana de María Inmaculada. Encabezó la manifestación la junta del colegio, a la que seguían padres y alumnos de la mayor parte de los colegios de Vitoria. Poco antes de las seis de la tarde, los manifestantes llegaron a la catedral donde cuarenta sacerdotes oficiaron el funeral por el alma del conserje asesinado. Además, la mayor parte de los centros privados de enseñanza de Vitoria pararon durante la tarde en señal de protesta.
La banda terrorista ETA eligió a Juan Cruz Montoya como objetivo porque creían que era un guardia civil retirado. Una vez que se supo que no era así, la dirección de ETA dio órdenes a los autores materiales de que devolvieran las armas utilizadas en el asesinato para evitar que, si eran detenidos, se les pudiera relacionar con el mismo. El 27 de diciembre, ETA militar envió un comunicado al diario Norte Express en el que negaba su relación con el asesinato de Juan Cruz Montoya.
En el año 1982 la Audiencia Nacional condenó a Saturnino López Domaica, Luis Javier Izaga González y José Miguel López de Muniain Díaz de Otalora a sendas penas de 26 años, 8 meses y un día de reclusión mayor por el asesinato de Juan Cruz Montoya. Izaga González salió de prisión en junio de 2002 y López Domaica en febrero de 2003.
Juan Cruz Montoya Ortueta, de 59 años, era natural de Zambrana (Álava). Estaba casado y tenía un hijo de 28 años. Antes de ser contratado como conserje en el colegio Marianista de Vitoria, puesto en el que llevaba catorce años, la víctima había sido labrador. No se le conocía adscripción política alguna. Juan Cruz fue la última víctima mortal de la banda en el año 1979, el segundo más sangriento, con ochenta personas asesinadas.
A las tres y media de la tarde del 18 de diciembre de 1988 la banda terrorista ETA hacía explotar un potente coche-bomba al paso de un convoy policial que se dirigía al campo de fútbol de Ipurúa, en Éibar (Guipúzcoa), para prestar el servicio de vigilancia habitual en días de espectáculos deportivos, en este caso el encuentro de Segunda División entre el Éibar y el Sabadell. Los policías nacionales pertenecían a la Compañía de la Reserva General con base en Logroño. Hacia las 15:20 horas, cuando quedaban dos para que se iniciase el partido, uno de los terroristas accionó el mando a distancia que provocó la explosión del coche-bomba. La deflagración alcanzó de lleno al último de los coches que formaban el convoy –cuatro furgonetas Avia con veinte agentes a bordo–. Como consecuencia de la misma resultó gravemente herido el policía nacional JOSÉ ANTONIO BARRADO RECIO. Fue sacado aún con vida del amasijo de hierros en que quedó convertido el furgón policial pero falleció mientras era trasladado a un centro sanitario de la propia localidad.
También resultó gravemente herido el sacristán de la parroquia de Arrate, JOSÉ ALDAOLEA ABAITUA, que fallecería con posterioridad a la sentencia por la que se condenó a los autores del atentado, dictada en diciembre de 1990, en la que figura como uno de los asesinatos frustrados, según se recoge en Vidas rotas (Alonso, R., Florencio Domínguez, F., y García Rey, M., Espasa 2010, pág. 701). Sin embargo, Aldaolea Abaitua sí figura como víctima mortal en el listado del Ministerio del Interior, con fecha 18 de diciembre de 1988 junto al agente Barrado Recio. Incluso es confuso cuál fue el motivo de las heridas del sacristán de Éibar, pues en algunos medios de comunicación se hicieron eco de que fue víctima del tiroteo posterior al atentado entre los policías de los demás furgones del convoy y los terroristas. Incluso se produjo una auténtica persecución por parte de vecinos de la localidad contra el terrorista que accionó la bomba. Varios eibarreses, en una actitud muy valiente, salieron en su persecución al grito de "¡A ese, a ese!" pero, cuando estaban a punto de alcanzarle, el terrorista esgrimió una pistola de forma amenazadora, y los vecinos tuvieron que desistir en su intento de detenerlo. No obstante, el parte médico del Hospital de Galdácano señaló que José Aldaolea sufrió un grave desgarro femoral y choque traumático, lo que hace suponer que fue alcanzado directamente por la explosión del coche-bomba.
El atentado tuvo lugar en la avenida de Otaola, en un tramo que forma parte de uno de los itinerarios que siguen habitualmente las dotaciones policiales destinadas al campo de Ipurúa en los días de partido. La explosión, que fue brutal, provocó heridas gravísimas a otros tres policías nacionales –Francisco de la Mata GarcíaMiguel Ruiz Ruiz y Francisco Zaragoza Lluch– que viajaban en el mismo furgón que Barrado Recio, y de carácter leve al también policía Ángel Lozano de Priego. Otros heridos, de diversa consideración, fueron los civiles Juan Carlos González Muñoz, Cándido Mangas Martín y María de los Ángeles Martínez Muñoz. La explosión y la onda expansiva provocaron importantes destrozos en varios talleres industriales, concesionarios de automóviles y almacenes situados en la calle Otaola y la rotura de la totalidad de las cristaleras en edificios de hasta cinco plantas de altura. Del coche-bomba, un Renault 4 robado en octubre en San Sebastián a punta de pistola y con matrícula falsa, sólo quedó el eje y las ruedas delanteras.
Tras el atentado, la Policía rastreó intensamente la zona, preferentemente en el punto desde el que fue accionado el coche-bomba, a la búsqueda de pistas que pudiesen llevar a la detención del grupo de terroristas que, desde hacía año y medio, operaba de forma esporádica en Éibar.
Aurora Bascarán, la alcaldesa socialista de la ciudad, se mostraba apesadumbrada por el asesinato. "Es terrible", repetía, "todo se oscurece cada vez que se empieza a vislumbrar una salida". La alcaldesa señaló que las fuerzas democráticas del Ayuntamiento de Éibar habían gastado ya todas las palabras de condena de la banda asesina. El Ayuntamiento de Éibar convocó una manifestación el día de Navidad, en la que participaron unas ocho mil personas y en la que el lehendakari, José Antonio Ardanza, justificó su ausencia por enfermedad.
Todos los partidos, salvo Herri Batasuna, condenaron firmemente el atentado. Hasta Jesús Eguiguren, por entonces presidente del Parlamento vasco, declaró que si HB no condenaba el atentado quedaría "claro una vez más que es la única organización que cubre y ampara políticamente a quienes atentan contra los derechos humanos y las libertades en el País Vasco". Palabras que ahora Eguiguren podía aplicarse a él mismo, que no sólo ha amparado políticamente a quienes han seguido asesinando, extorsionando y secuestrando, sino que no ha tenido reparos de conciencia ni ningún tipo de escrúpulo moral a la hora de mantener relaciones amistosas y de colegueo con el sanguinario Josu Ternera, según declaró en noviembre de 2010 cuando se jactaba de cómo había diseñado con el asesino de ETA la hoja de ruta del mal llamado proceso de paz.
Pero la catadura moral de Herri Batasuna, y su sintonía con su "brazo armado", quedó aún más de manifiesto pocas semanas después, el 8 de enero de 1989. Ese día el Éibar iba a jugar su primer partido como local después del atentado en el campo de Ipurúa. Por ese motivo, la directiva del club propuso guardar un minuto de silencio en memoria del agente asesinado. Sin embargo, mientras duró el homenaje se pudieron oír silbidos y gritos de protesta. El motivo: que en los prolegómenos del encuentro militantes de HB repartieron octavillas en las que se pedía que se boicotease el minuto de silencio (El País, 09/01/1989).
Uno de los heridos graves en el atentado, Francisco Zaragoza Lluch, preside la Asociación Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado Víctimas del Terrorismo. El calvario por el que tuvo que pasar lo narró su mujer, Lucía Nieves Valverde, en las jornadas de Gesto por la Paz del año 2007. Además de tener que demostrar ante las autoridades que las heridas de Zaragoza Lluch eran consecuencia de un atentado terrorista, tuvo que enfrentarse a muchas trabas burocráticas, algo común en otras víctimas de ETA. La dura experiencia de la recuperación de su marido llevó a Lucía a desear que Francisco hubiese muerto en el atentado:
Cuando, de noche, Paco se levantaba de la cama, decidido a tirarse por el balcón, su mujer apenas podía contenerle mientras pedía ayuda por teléfono. Al acabar todo, se dejaba caer en el sofá, extenuada y presa de la desesperación: "Pensaba que por qué no habría muerto él también en el atentado, porque, por lo menos, así descansaríamos todos". Pasaron siete meses sin ver un duro. Paco ni siquiera percibió la dieta que le correspondía por el servicio que tenía que haber prestado el día de la jornada: "Como no lo hizo, no cobró". Lucía tuvo que trabajar cuanto pudo: "Pasé de protegida a protectora de mi familia. Limpiaba en un hipermercado y en la feria de muestras de Valencia. Todo seguido, desde las tres de la tarde hasta las siete de la mañana del día siguiente». La burocracia puso la última barrera: "Tuvimos que demostrar que las heridas de Paco eran fruto de un atentado". (El Correo,14/11/2007).
En diciembre de 1990 la Audiencia Nacional condenó a Fermín Javier Urdiain Ciriza, Jesús María Ciganda Sarratea, Pedro José Echevarría Lete y Juan Carlos Balerdi Itrurralde a sendas penas de 134 años de cárcel por un delito de atentado con resultado de muerte y cuatro delitos de asesinatos frustrados, entre los que se incluía el del sacristán José Aldaolea.
José Aldaolea Abaitua, de 77 años en el momento del atentado, era el sacristán de la parroquia del barrio eibarrés de Arrate. No hay constancia de cuándo murió y si su muerte fue consecuencia de las secuelas que le provocaron las heridas sufridas en el atentado. Figura como víctima de ETA en el listado del Ministerio del Interior. Además, fue una de las personas homenajeadas como víctima del terrorismo en Éibar el 21 de diciembre de 2008. 


José Antonio Barrado Recio, cabo de la Policía Nacional de 30 años, era natural de Madroñera (Cáceres). Estaba casado y tenía tres hijos. La capilla ardiente con sus restos mortales quedó instalada la misma tarde del atentado en el Salón del Trono del Gobierno Civil de Guipúzcoa y el funeral por su alma se celebró al día siguiente en la parroquia de la Sagrada Familia de San Sebastián. Al funeral asistieron el ministro de Interior, José Luis Corcuera, el director general de la Policía, José María Rodríguez Colorado, representantes del departamento de Interior del Gobierno vasco y familiares de la víctima. El féretro con los restos mortales del policía nacional fue trasladado a hombros por sus compañeros en un trayecto de poco más de cien metros, seguido por la viuda, visiblemente afectada y que no pudo ocultar las lágrimas durante toda la ceremonia religiosa. José Antonio Barrado fue enterrado en el cementerio de Alcalá de Henares (Madrid).

Lecturas 18.12.2012

The Media’s Coverage of School Shootings.

“Events like this,” I said, “if they are influenced by anything, are influenced by news programs like your own. When an unbalanced kid walks into a school and starts shooting, it becomes a major media event. Cable news drops ordinary programming and goes around the clock with it. The story is assigned a logo and a theme song; these two kids were packaged as the Trench Coat Mafia. The message is clear to other disturbed kids around the country: If I shoot up my school, I can be famous. The TV will talk about nothing else but me. Experts will try to figure out what I was thinking. The kids and teachers at school will see they shouldn’t have messed with me. I’ll go out in a blaze of glory.”

Twelve facts about guns and mass shootings in the United States, by Ezra Klein.

What follows here isn’t a policy agenda. It’s simply a set of facts — many of which complicate a search for easy answers — that should inform the discussion that we desperately need to have.

De cómo la austeridad salvará a España, por Guy Sorman.

«En España el rigor intransigente del gobierno liberal, que no se inmuta por las protestas, da los primeros resultados positivos. La baja de los salarios, una especie de devaluación interna sin dejar el euro, redujo los costos laborales muy por debajo de la media de la zona euro (-30%, según el banco Arcano), mientras que la productividad está solo un poco por debajo de la media europea (10%). La economía española se reanima: desde el año 2008, las exportaciones españolas crecieron un 17%, frente al 12% en Alemania y un 5% en Francia. Renault, que suprime empleos en Francia y suprimiría más si el gobierno se lo permitiera, anunció la creación de 1.300 nuevos puestos de trabajo en España, junto con Ford y PSA para aumentar su producción. PIMCO, el mayor gestor mundial de bonos de la deuda pública, se desentiende de Alemania, cuyos bonos no producen nada e invierte en bonos españoles, que están ahora mejor considerados y no ofrecen mayor riesgo. ¿Podemos concluir que la austeridad esta salvando a España?

Sólo el tiempo dará la respuesta: si los españoles aceptan su empobrecimiento durante dos o tres años más, gracias en gran parte a su notable solidaridad familiar, recuperarán y aumentarán su antigua prosperidad. Cabe recordar que estas políticas de austeridad ya se han practicado en el norte de Europa, Suecia, los Países Bálticos y Alemania. Pero en el Sur, nunca. El éxito español demostraría que la ciencia económica no depende del clima o la cultura, sino de la consistencia y la continuidad con la que se aplica.»

Albert Ledesma. El ideológo catalán del 'plan Lasquetty'.

Para Ledesma, la clave de ese 'ahorro' radica en una gestión más eficiente ("aquí no hay gente que no trabaja"), en reducir el número de puestos directivos ("ponemos a la gente que hace falta") y en una libertad que permite crear un modelo de compra de servicios mucho más flexible (con convenios con hospitales, aseguradoras privadas...).

Nota dominical: Richard Feynman, los ordenadores y los métodos numéricos.

Feynman era un gran calculista. Al atacar un problema, rellenaba páginas y páginas de cálculos hasta que obtenía la respuesta correcta. Pero no se conformaba con ello. Volvía a estudiar todos los cálculos para encontrar la razón que hacía obvia dicha respuesta. Una vez encontrado el quiz del asunto, cada vez que tenía que contarle a alguien su cálculo se limitaba a explicar con detalle la razón que lo hacía obvio. Todo el mundo creía que Feynman hacía fácil lo difícil gracias a su enorme intuición física, olvidando los largos y difíciles cálculos que habían sido necesarios para obtenerla.

Piling handbook. 2008. 8th Edition. ArcelorMittal

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Fuente: Geojuanjo.



Siempre he echado de menos que haya en el mercado un buen libro sobre muros pantalla, y cuando digo bueno realmente quiero decir útil, de hecho en su momento me tentó la idea de escribir uno, pero siendo conocedor de mi falta de paciencia opté por crear un blog, que llamé GEOJUANJO, os suena????.
Dicho lo anterior sí que he de decir que en mis años jóvenes, cuando me iniciaba en esto del diseño de muros pantalla, un texto que me fue de gran utilidad fue Manual de cálculo de tablestacas editado por el Ministerio de Obras Públicas y Transportes.
Este libro se caracterizaba por dar metodologías claras para resolver problemas concretos, dando ejemplos numéricos resueltos. Los que hayan tenido que hacer cosas en este mundo entenderéis que eso es lo que uno aprecia en el típico salto al vacío que suelen tus primeros encargos profesionales.

Pero bueno, no nos pongamos melancólicos, el objeto de este artículo es daros un enlace en el que, gracias a la empresa ArcelorMittalos podréis descargar un manual para el diseño de cimentaciones con perfiles metálicos donde, como no podía ser de otra forma, el diseño de contenciones con tablestacas es la parte más tratada.

Por si alguien no lo sabe, el diseño de contenciones con tablestacas, a efectos geotécnicos, es idéntico que el diseño de muros pantalla.

Este libro, aunque es bastante comercial, no nos olvidemos que ArcelorMittal se dedica a vender perfiles, es bastante claro y conciso, y además tiene ejemplos numéricos resueltos y gráficas para la resolución rápida de casos tipo, a…. ES GRATIS, al menos de momento.



Más documentos sobre estructuras.

Víctimas, 17 de diciembre: Argimiro García Estévez, Luis Santos Hernández, Diego Fernández-Montes Rojas y Antonio Molina Martín

Libertad digital.

El martes 17 de diciembre de 1974 la banda terrorista ETA asesinaba en Mondragón (Guipúzcoa) al subteniente de la Guardia Civil LUIS SANTOS HERNÁNDEZ y al agente ARGIMIRO GARCÍA ESTÉVEZen el que sería el último atentado con víctimas mortales de ese año. Con Santos Hernández y García Estévez sumaban diecinueve asesinados por ETA, de los que trece lo fueron en un solo atentado: el cometido en la cafetería Rolando de Madrid el 13 de septiembre.
Ambos guardias civiles pertenecían a la 551ª Comandancia y, tras patrullar por las calles de la localidad guipuzcoana, pararon a tomar un vino en un bar. Cuando salieron del bar, en torno a las 20:30 horas, se encaminaron por la calle del Ferial. Luis Santos, comandante del puesto de Mondragón, iba de uniforme, mientras que el agente García Estévez vestía de paisano. Pocos minutos después, hacia las 20:45 horas, un vehículo se puso a su altura y fueron ametrallados por miembros de la banda terrorista que iban a bordo del mismo. El vehículo utilizado, un Seat, fue robado a las 19:30 horas a punta de pistola y abandonado a unos cuatrocientos metros del lugar del ametrallamiento después de que los terroristas colisionaran contra otro turismo.
Argimiro García falleció prácticamente en el acto, mientras que Luis Santos fue trasladado primero al centro hospitalario de Mondragón, donde se le practicaron unas curas de urgencia, y de ahí al Hospital de Cruces de Baracaldo, falleciendo a las once y media de la noche.
La capilla ardiente con los restos mortales de ambos guardias civiles se instaló el 18 de diciembre en el cuartel de la Guardia Civil de Mondragón. El 19 tuvo lugar el funeral en la Iglesia de San Juan Bautista de la localidad, tras el cual fueron trasladados en sendos furgones fúnebres a sus localidades natales para ser enterrados.
En el ametrallamiento de los guardias civiles participó, presuntamente, Francisco Múgica Garmendia, alias Pakito, integrado entonces en los llamados "comandos especiales" (bereziak) de ETA político-militar, tras la escisión de un sector de la banda en octubre de ese año 1974 que pasaría a llamarse ETA militar comandado por Argala.
Argimiro García Estévez, guardia civil de 50 años había nacido en Aldeadávila de la Ribera (Salamanca). Estaba casado y tenía siete hijos, tres varones y cuatro mujeres, con edades comprendidas entre los 26 y los 14 años. Hacía veinticinco años que pertenecía a la Guardia Civil y llevaba siete destinado en Mondragón.


Luis Santos Hernández, subteniente de la Guardia Civil de 52 años, era natural de Alamedilla (Salamanca). Estaba casado y tenía un hijo de 25 años y una hija de 24. Había ingresado en la Guardia Civil en 1944 y llevaba destinado en Mondragón siete años, igual que García Estévez.



En la madrugada del domingo 17 de diciembre de 1978, miembros del grupo Gamboa de ETA asesinaban frente a la playa de La Concha de San Sebastián, al coronel del Ejército retirado DIEGO FERNÁNDEZ-MONTES ROJAS. La víctima trabajaba en el Ministerio de Cultura, donde se ocupaba del depósito oficial de prensa. Según la normativa de la época, los periódicos tenían que depositar un ejemplar de cada edición en el Ministerio de Cultura y Diego Fernández-Montes era el encargado de recibir y sellar esos ejemplares.
Dos miembros de la banda, con un tercer cómplice que les esperaba en un vehículo, lo esperaban en los jardines de Alderdi Eder y cuando vieron que se acercaba a la puerta de la Delegación del Ministerio de Cultura, lo acribillaron a balazos. El coronel retirado trató de refugiarse en unos soportales, pero cayó al suelo alcanzado en las piernas, brazos y vientre. Trasladado al Hospital Nuestra Señora de Aránzazu, fue intervenido quirúrgicamente durante tres horas, falleciendo a las nueve de la mañana. La Policía recogió en el lugar de los hechos catorce casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum, marca Geco.
Al día siguiente al mediodía se celebraba su funeral, oficiado en la parroquia de la Sagrada Familia de San Sebastián. A su finalización se produjeron algunos momentos de tensión que se exteriorizaron con gritos de "Arriba España" y "Gobierno asesino", acallados rápidamente a petición de la propia familia.
ETA militar asumió en un comunicado enviado a medios de comunicación vascos el asesinato a tiros del coronel de Infantería retirado. En el año 1982 la Audiencia Nacional condenó a José Luis Martín Elustondo, José Ignacio Goicoechea Arandia y Joaquín Zubillaga Artola por el asesinato de Diego Fernández-Montes a sendas penas de 20 años de prisión, y a otros 4 años por uso ilegítimo de vehículo. Un cuarto terrorista no identificado participó en el asesinato siendo el que con Goicoechea Arandia efectuó los disparos contra la víctima.
Diego Fernández-Montes Rojas tenía 63 años. Estaba casado y tenía nueve hijos. Era natural de Herencia (Ciudad Real) donde fueron enterrados sus restos mortales. Tras retirarse del Ejército, desde 1956 Diego Fernández-Montes estaba adscrito a los servicios del antiguo Ministerio de Información y Turismo. A partir de 1977 las funciones de control de la prensa fueron asumidas por el Ministerio de Cultura, en el que trabajaba Fernández-Montes cuando fue asesinado. La víctima residía en un bloque de viviendas del barrio de Amara, en la calle Sancho el Sabio de San Sebastián donde vivían otros militares. Varios de ellos serían asesinados por ETA en sucesivos atentados.
El martes 17 de diciembre de 2002 dos miembros de la banda terrorista ETA dispararon a bocajarro en la carretera Nacional VI contra el guardia civilANTONIO MOLINA MARTÍN y su compañero, Juan Aguilar Osuna, que acudió en su ayuda, cuando el primero solicitaba la documentación a dos individuos que les habían resultado sospechosos.
Hacia las 15:50 horas Antonio Molina y Juan Aguilar participaban en un dispositivo de seguridad especial contra los atracos que se estaban produciendo en algunas localidades de la zona noroeste de Madrid. Por ese motivo se encontraban en el kilómetro 38 de la carretera de Madrid-La Coruña a su paso por Collado Villalba, en un punto bastante conflictivo en cuanto al tráfico de vehículos. Uno de ellos, un Ford Escort con matrícula de Málaga que iba en dirección a Madrid, llamó su atención, por lo que se colocaron con su vehículo detrás del mismo e hicieron señales luminosas y acústicas a sus dos ocupantes para que se detuvieran. Cuando el vehículo sospechoso detuvo la marcha, Antonio Molina se acercó a la ventanilla del conductor, mientras su compañero lo hacía por la del copiloto, con la intención de proceder a identificar a los dos individuos. En ese momento, el que iba en el asiento del conductor se apeó del vehículo y disparó tres veces a bocajarro, provocando la muerte en el acto de Antonio Molina. El copiloto disparó desde dentro del vehículo contra el agente Juan Aguilar, iniciándose un tiroteo.
En el intercambio de disparos resultó herido grave en el brazo Juan Aguilar y el etarra Gotzon Aramburu Sudupe, que fue detenido en el lugar de los hechos por otro guardia civil del Destacamento de Tráfico de Collado Villalba, César Silos Lázaro, que casualmente se dirigía junto a su esposa hacia Madrid. Al descender de su vehículo vio a los dos guardias civiles heridos que le indicaron que el otro individuo herido, que intentaba huir, era el autor de los disparos. Se dirigió hacia él y, pese a estar desarmado, procedió a su detención. A continuación lanzó por la emisora el siguiente mensaje: "Urgente para cota (central). Tiroteo en el kilometro 38. Heridos"
Las heridas que sufrió Juan Aguilar Osuna, de 26 años y natural de Baeza (Jaén), provocaron su inhabilitación permanente para el desempeño de su oficio. El agente era hijo de guardia civil, y su hermano, también miembro de la Benemérita, estaba destinado en el mismo cuartel de Collado Villalba. Un voluntario de Cruz Roja resultó también herido leve por un disparo fortuito de un agente de la Guardia Civil. 
El segundo terrorista, Jesús María Etxebarria Garaikoetxea, emprendió la huida inicialmente a pie. Pistola en mano, abordó al conductor de un vehículo, una mujer a la que obligó a bajar tras llevarla un trecho secuestrada mientras enfilaba la Nacional VI en dirección a La Coruña. Después hizo uso de varios medios de transporte público y llegó a San Sebastián, vía Valladolid, donde apareció el vehículo abandonado. Allí fue reconocido y detenido esa misma noche por miembros del dispositivo policial que se estableció tras el atentado que contaban con la descripción exacta del asesino que proporcionó la conductora del vehículo robado a punta de pistola.
El Ford Escort de los terroristas iba cargado con ciento treinta kilos de explosivos por lo que las Fuerzas de Seguridad establecieron un amplio cordón de seguridad antes de que los Tedax procediesen a explosionar controladamente el vehículo a las 19:20 horas. Pese al cordón de seguridad establecido, a algunos curiosos la explosión les pilló desprevenidos y fueron alcanzados por trozos del vehículo que salieron despedidos a muchos metros de distancia. "Al empezar la explosión nos han echado para atrás pero me ha caído un hierro que mide más de un palmo en el paraguas, lo ha atravesado y, si no es por eso, me abre la cabeza" comentó un joven de Villalba. La detonación se pudo sentir en las viviendas no sólo de Collado Villalba sino también en el cercano municipio de Alpedrete. En muchas viviendas se llegaron a mover los muebles y muchos vecinos se quedaron sin luz. La explosión provocó un intenso fuego que obligó a la Guardia Civil a pedir inmediatamente la presencia de los Bomberos del parque de Collado Villalba.
Mientras tanto, la carretera de La Coruña se había convertido en una trampa para los conductores que circulaban por la misma. La carretera estaba cortada al tráfico en sentido de entrada a Madrid desde las cuatro de la tarde, nada más producirse el asesinato de Antonio Molina, y en sentido salida desde poco más tarde, lo que provocó atascos de cerca de diez kilómetros en ambas direcciones.
Los explosivos que transportaban iban a ser utilizados para cometer una serie de atentados escalonados en varios centros comerciales de Madrid el 31 de diciembre, según declararon los dos etarras tras su detención. En 2005 la Audiencia Nacional condenó a Gotzon Aramburu Sudupe y Jesús María Etxebarria Garaikoetxea a sendas penas de 26 años de reclusión mayor por el asesinato de Antonio Molina y a 16 años más por el asesinato frustrado de Juan Aguilar. Ambos formaban parte de un grupo itinerante de la banda y se les imputó también el atentado cometido semanas antes en un aparcamiento situado en la plaza Alfonso XIII de Santander.
Antonio Molina Martín tenía 27 años y era natural de Melilla. Primogénito de una familia de cinco hermanos, el padre del agente asesinado era brigada de la Guardia Civil destinado en la frontera de Melilla con Marruecos. Antonio Molina estaba soltero y había vivido en Melilla hasta los 17 años, cuando ingresó en la Escuela para Guardias Jóvenes de Valdemoro (Madrid). Llevaba cinco años destinado en Collado Villalba y, siempre que podía, regresaba a su ciudad natal, donde seguía residiendo no sólo la mayor parte de su familia, sino sus amistades. Antonio Molina tenía solicitada una plaza en Melilla en el mismo acuartelamiento en el que estaba destinado su padre. 
El funeral por su alma se celebró en Las Rozas (Madrid) y durante el mismo el ministro de Interior, Ángel Acebes, impuso al féretro la máxima distinción del Instituto Armado, la Gran Cruz de Oro al Mérito Civil. A continuación los restos mortales de Antonio Molina fueron trasladados hasta Melilla, para ser enterrado en el cementerio de la Purísima Concepción. El pleno de la Asamblea de Melilla le otorgó la Medalla de Oro y lo nombró hijo predilecto de la ciudad autónoma. Además, se acordó que una calle de Melilla llevase el nombre del guardia civil asesinado. Tras el entierro, Ángel Acebes declaró: "Acabamos de enterrar a alguien que, con su vida, ha salvado, y estoy absolutamente convencido, la vida de otras muchas personas (...) Molina es un héroe".
En recuerdo del héroe Molina Martín se erigió un pequeño monumento frente al cuartel al que pertenecía en la localidad de Collado Villalba. Antonio Molina Martín fue la última víctima mortal de la banda terrorista ETA en el año 2002, tras el asesinato del concejal socialista en Orio Juan Priede Pérez el 21 de marzo, de Cecilio Gallego Alaminos y la niña Silvia Martínez Santiago el 4 de agosto en Santa Pola (Alicante) y del guardia civil Juan Carlos Beiro Montes el 24 de septiembre en Leiza (Navarra).