Víctimas, 23 de noviembre: Carlos Manuel Patiño Casanova, Mohamed Ahmed Abderrahmán, Ana Isabel Arostegi Legarreta y Francisco Javier Mijangos Martínez de Bujo

Libertad Digital.


El 23 de noviembre de 1982 fallece CARLOS MANUEL PATIÑO CASANOVA, cinco días después de haber sido ametrallado por miembros de la banda terrorista ETA cuando, en compañía de dos compañeros de trabajo, Esteban Fariña González y Francisco Rosco Herrauzo –pintores de profesión como Carlos– circulaba por Rentería (Guipúzcoa) en un vehículo propiedad de Fariña. Los etarras, miembros del grupo Donosti, les esperaban a bordo de un Renault 12 y estaban convencidos de que los tres eran guardias civiles. Según fuentes policiales, la confusión pudo deberse a que el vehículo perteneció a un guardia civil al que, mucho tiempo antes, se lo habría comprado Esteban Fariña.
Los tres vecinos trabajaban por cuenta propia en el empapelado y pintado de viviendas y resultaron alcanzados por numerosos impactos de bala en distintas partes del cuerpo. Esteban Fariñas, de 26 años, y Francisco Rosco, de 38, consiguieron sobrevivir, pero no así Carlos Manuel Patiño, que falleció cinco días después.
El ametrallamiento se produjo a las 12:45 horas cuando los tres trabajadores se disponían a aparcar el vehículo que ocupaban, un Seat 127. En ese momento un individuo efectuó, desde un turismo Renault 12 de color granate, varios disparos de pistola contra las ruedas del Seat 127, que quedó inmovilizado. Un terorrista que, según testigos presenciales, no aparentaba más de veinte años, descendió a continuación del Renault 12 portando una metralleta y abriendo fuego en abanico, de frente y a corta distancia, contra sus víctimas. Los otros dos ocupantes del coche dispararon también desde el mismo con otra metralleta y una pistola.
Las balas alcanzaron a varios coches aparcados en las inmediaciones y a un autobús escolar que se dirigía a recoger a los niños del barrio, sin llegar a herir al conductor ni a la profesora, que se encontraban en su interior y que tuvieron que arrojarse al suelo. Acto seguido, los pistoleros de la banda, sin dejar de disparar, huyeron precipitadamente en el mismo Renault 12 a toda velocidad en dirección a la autopista Bilbao-Behovia. En el lugar de los hechos, la Policía recogió más de veinte casquillos de bala del calibre 9 milímetros parabellum.
Ante lo que había sido un evidente error de la banda asesina y chapucera, ETA tardó varios días en reivindicar el atentado, y cuando lo hizo, el 23 de noviembre, intentó justificarlo mediante argumentos falsos, señalando que los tres trabajadores ametrallados pertenecía a un "grupo especial de información" y que eran "agentes mercenarios para control de refugiados políticos". El comunicado no hizo sino aumentar la indignación de los vecinos del barrio de Capuchinos de Rentería, que negaron las acusaciones de la banda de que los pintores cruzasen la frontera francesa para hacer vigilancias.
En 1984 la Audiencia Nacional condenó a Jesús María Zabarte Arregui a 27 años por el asesinato de Carlos Manuel Patiño, y a 18 años más por cada uno de los asesinatos frustrados.
Carlos Manuel Patiño Casanova tenía 29 años. Era natural de Villamayor (La Coruña). Estaba casadoy tenía dos hijos. Fue herido gravemente en la zona lumbar, el recto, glúteo derecho, muslo izquierdo, e ingresó en el hospital con un grave shock hemorrágico. Falleció a las 23:50 horas del 23 de noviembre. El 25 de noviembre por la tarde tuvo lugar el funeral por el alma de Carlos en la parroquia de San Marcial con la asistencia de unos trescientos vecinos de la localidad guipuzcoana. Previamente, a las 17:30 horas, recibieron sepultura los restos mortales de la víctima.
A las once y media de la noche del 23 de noviembre de 1984 la banda terrorista ETA asesinaba en Irún (Guipúzcoa) con una granada al policía nacional MOHAMED AHMED ABDERRAHMÁN, y hería de gravedad a su compañero, Carlos Mata Organero, que resultó alcanzado por impactos de bala en la pierna y el abdomen.
Mohamed formaba parte de una patrulla de la Policía Nacional que se había instalado en el peaje de Irún, en la autopista Bilbao-Behovia, para dar protección a los camioneros franceses que, desde hacía algunas semanas, habían sido objeto de varios ametrallamientos por parte de la banda terrorista como respuesta a las primeras extradiciones concedidas por el Gobierno de París.
Esa noche Mohamed no tenía servicio, pero había pedido voluntariamente hacer el turno para poder llegar a tiempo a su domicilio y llevar al médico a su segunda hija, Jimo, que había nacido con parálisis cerebral. En un momento determinado Mohamed se apeó de su vehículo y se acercó al otro coche policial para fumar un cigarrillo con otros compañeros. Varios miembros de la banda, apostados en un monte cercano y armados con fusiles de asalto y un lanzagranadas, atacaron la patrulla policial. Mohamed fue alcanzado de lleno por una granada que le causó la muerte en el acto, al destrozarle completamente la espalda. Carlos Mata Organero, de 30 años y natural de Villafranca de la Torre (Badajoz) resultó herido grave.
En 1989 la Audiencia Nacional condenó a José Antonio López Ruiz, alias Kubati, y a José Miguel Latasa Guetaria a 27 años por este asesinato y a otras tres penas de 23 años por tres asesinatos frustrados. Además de las indemnizaciones a la familia de Mohamed, se fijaron indemnizaciones a favor de Carlos Mata Organero por las secuelas de por vida derivadas del atentado. En el año 2002 fue condenado Miguel Ángel Gil Cervera a penas e indemnizaciones similares a las anteriores.
Mohamed Ahmed Abderrahmán tenía 33 años cuando fue asesinado. Era natural de Ceuta y estaba casado con Aisha Mohamed, de 26 años. El matrimonio tenía tres hijos –Kinsa, Jimo y Nanal– y Aisha estaba embarazada del cuarto, que sería chico y nacería dos meses y medio después del asesinato del padre. Aisha le puso de nombre Mohamed, por deseo de la madre, y Bilel, el nombre que quería ponerle el policía asesinado. Mohamed empezó a trabajar siendo un niño de 12 años en una churrería de Ceuta. Después fue contratado como camarero hasta que decidió entrar en la Academia para ingresar en la Policía Nacional. Cuando tenía 26 años se casó con Aisha, que entonces tenía 18. Además de a su familia, con su sueldo ayudaba a su madre. Había pedido ser destinado al País Vasco para poder cobrar más y hacer frente a los gastos derivados de la enfermedad de su hija Jimo. Para hacer frente a estos gastos la familia había tenido que pedir varios créditos. En el primer capítulo de su libro Contra la barbarie. Un alegato a favor de las víctimas (Temas de Hoy, 1997, págs. 19-40), José María Calleja cuenta la historia de este policía nacional y de su viuda, además del trago que el entonces ministro de Interior tenía que pasar en cada funeral por las víctimas de ETA, donde era sistemáticamente insultado por los familiares de las víctimas: "Barrionuevo dibujaba entonces una cara en la que se mezclaba el dolor por los muertos, el aturdimiento y la comprensión incluso a quienes le insultaban", cuenta el periodista en el libro. El relato de Calleja se inicia con el funeral de Mohamed:
Aquella mujer se desgarraba a gritos. Con las medias caídas, pobremente vestida, despeinada, bramaba mientras trataba de desasirse de los dos policías vestidos de marrón que intentaban controlarla en vano (...) La noche anterior, el 23 de noviembre de 1984, el marido de aquella joven viuda había quedado seccionado, partido en dos a la altura de la cintura. Tuvieron que unirle las dos partes de lo que antes fue su único cuerpo para hacerle la autopsia y la foto (...) Aquella mujer que acababa de perder a su marido era madre de tres hijos y estaba embarazada de un cuarto que nació huérfano, que ya antes de nacer debió de sentir lo que era el dolor (...) A aquel pobre policía de raza árabe y religión musulmana, nacido en Ceuta y de nacionalidad española no le conocía nadie en Euskadi, no tenía ni compañeros de colegio, ni amigos, ni colegas con los que salir a tomar potes, no formaba parte de ninguna sociedad gastronómica (...) Nada más acabar el funeral, Aisha se volvió a Ceuta acompañando el cadáver de su marido, en un viaje en el que sintió que a su ser más querido lo mataban por segunda vez (...) Un avión militar Hércules, vacío, frío e incómodo, acogió en su inhóspito seno el féretro con los restos mortales de Mohamed, a la viuda, embarazada de seis meses y medio, a la hija con parálisis, a la que no se podía dejar con nadie, y a un hermano del asesinado. Un cuadro patético que dejó una grave huella en Aisha. "No reparé en que la niña pasó todas las horas de aquel interminable viaje viendo el féretro dentro del cual iba su padre. En aquel momento no lo sabíamos, pero la niña tenía una inteligencia normal, como después, cuando creció, pude comprobar (...) Durante el viaje, la niña estuvo muy nerviosa. Por su enfermedad no podía dormir, ni de noche ni de día, yo la llevaba en brazos y ella no quitaba ojo de la caja" (...) Nada más aterrizar [en Málaga], empezó un nueva humillación que añadir al dolor de la muerte. "Allí nos esperaba una ambulancia que era bastante pequeña. El caso es que metieron la caja dentro y una parte sobresalía fuera del coche. Para que no se cayera en el viaje hasta Algeciras, ataron la caja –Aisha siempre dice ‘la caja’– con unas cuerdas. Yo me sentí muy mal ante aquella imagen, sentía como si volvieran a matarle otra vez.
El recibimiento en Ceuta fue, por el contrario, muy caluroso, según recuerda Aisha:
Nada más abrirse la rampa del barco tuve la sensación de que la ciudad entera nos estaba esperando, casi no podíamos salir del barco.
Como manda la liturgia musulmana, el féretro fue trasladado hasta el gimnasio del cuartel de la Policía Nacional acompañado por un grupo de muecines, y las oraciones se rezaron en árabe. Con el pretexto de que el ritual musulmán exigía lavar y amortajar el cadáver, Aisha pidió ver a su marido por última vez, pese a que los compañeros de su marido le insistieron en que el cuerpo estaría en muy mal estado. Cuando le abrieron el féretro, Aisha se desmayó. Los muecines decidieron que, dadas las circunstancias en las que se encontraba el cadáver, no era necesario cumplir con el ritual del lavado y amortajado.
Desde 1993 Aisha y sus cuatro hijos viven en un barrio de Madrid, pero las secuelas del asesinato de Mohamed son patentes en sus hijos. A Kinsa, la mayor, "le queda un aire ausente" y ha tenido muchos problemas de concentración en los estudios. Jimo vive casi como un vegetal, "aunque la parálisis degenerativa no le resta lucidez ni capacidad de percepción". Cuando José María Calleja escribió el libro, en 1997, ya ni era capaz de mantenerse sentada. La tercera, Nanal, "comparte la capacidad de ensoñación del resto de la familia, como si estuviera marcada por una especie de fuga ante una realidad que la desborda". El pequeño, Mohamed Bilel, hijo póstumo, "cuenta los lunes en el colegio que el fin de semana ha ido con su padre al campo, presume de su padre y hace como que no ha muerto".
A las siete y cuarto de la tarde del viernes 23 de noviembre de 2001, ETA asesinaba a tiros a los agentes de la Ertzaintza ANA ISABEL AROSTEGI LEGARRETA y FRANCISCO JAVIER MIJANGOS MARTÍNEZ DE BUJO, cuando regulaban el tráfico en un cruce de la carretera N-I a su paso por la localidad guipuzcoana de Beasain. El cruce era un punto neurálgico de la carretera y muy conflictivo en cuanto a la circulación, especialmente los viernes por la tarde. Los dos ertzainas estaban adscritos a la unidad de Seguridad Ciudadana de la comisaría de Beasain, muy próxima al lugar del atentado, y habían relevado sólo unos minutos antes a otra pareja de la Ertzaintza para regular el tráfico, una labor que se realiza a diario en el cruce de Zaldizurrieta de la localidad guipuzcoana. Los agentes no llevaban ninguna protección, "ni tan siquiera chalecos antibalas", según fuentes de la Policía Autonómica vasca.
Dos miembros de la banda terrorista, un hombre y una mujer, se acercaron en un coche a las proximidades del cruce, bajaron del mismo y, a cara descubierta, acribillaron a balazos a bocajarro a los dos agentes de la Ertzaintza, a los que sorprendieron por la espalda. Ana Isabel Arostegiintentó defenderse del ataque, pero fue rematada por la mujer cuando yacía malherida en el suelo. Su cuerpo permaneció sobre el asfalto hasta pasadas las nueve de la noche, cuando acudió el juez de guardia que ordenó el levantamiento del cadáver. A continuación, los restos mortales de la ertzaina fueron trasladados al Instituto Anatómico Forense del cementerio de Polloe de San Sebastián, donde al día siguiente, sábado 24 de noviembre, se le practicó la autopsia. Francisco Javier Mijangos, gravemente herido, fue llevado a la Clínica de la Asunción de Tolosa, donde ingresó en estado de coma, con una bala en la cabeza. Durante 45 minutos se le practicaron maniobras de reanimación, llegando a recuperar el pulso, pero falleció poco después, hacia las 21:00 horas.
El vehículo que utilizaron los terroristas para cometer el atentado y para huir a continuación del lugar de los hechos, en el que posiblemente les esperaba un tercer terrorista, fue posteriormente localizado en las afueras de Beasain.
El asesinato de Ana Isabel y Francisco Javier se produjo tres días después de que la banda terrorista ETA intentase asesinar a otros dos agentes de la Ertzaintza, mediante la colocación de una bomba-trampa junto a una pancarta en el parque bilbaíno de Etxebarría en la que se podía leer "Policía asesina. ETA mátalos". Los agentes resultaron heridos (uno leve y otro grave) cuando se disponían a retirar la misma. Con el asesinato de los dos ertzainas, ETA enviaba un claro mensaje de advertencia al Gobierno vasco, según señalaron diferentes analistas políticos. Desde el final de la tregua de 1998, la Ertzaintza se había convertido en un objetivo prioritario de la banda terrorista, como se recogía en un zutabe de pocos meses antes, donde ETA incluía a la Policía Autonómica como objetivo en un análisis titulado "Debate cipayos".
Los presuntos asesinos de los dos ertzainas fueron Imanol Miner Villanueva, que disparó contra Francisco Javier Mijangos, y Ainhoa García Montero, alias Laia, que habría tiroteado y rematado en el suelo a la agente Ana Isabel Arostegi. Imanol Miner, hijo de un etarra excarcelado y hermano de tres terroristas callejeros (Nekane, Elías y Mikel), fue detenido en mayo de 2002 en el madrileño barrio de Vallecas. Ainhoa García fue detenida en Francia en mayo de 2003.
Ana Isabel Arostegi Legarreta, de 34 años, estaba casada con otro agente de la Policía Autonómica vasca, y era madre de tres hijos. Natural de Munguía (Vizcaya), pertenecía a una familia euskalduna muy arraigada en el municipio. Había formado parte de la decimotercera promoción de ertzainas y se convirtió en la primera mujer agente de ese Cuerpo víctima de la banda. Estaba afiliada al Sindicato Independiente de la Policía Vasca (ERNE, Ertzainen Nazional Elkartasuna) que emitió un durísimo comunicado en contestación a las declaraciones del lehendakari Ibarretxe al día siguiente del asesinato de los dos agentes. En esas declaraciones el lehendakari alabó la labor de la Ertzaintza y señaló que la sociedad vasca valoraba el trabajo que desarrollaban. El ERNE, en su comunicado público, señaló:
Seguiremos reivindicando que la Ertzaintza está mal organizada, que el Egunsentia –sistema informático de la Policía Autonómica vasca– es un auténtico fraude, en una buena parte culpable de estos asesinatos (...) Nos siguen escamoteando las mínimas medidas de seguridad y protección, mientras se les llena la boca con estúpida palabrería del Egunsentia, ISO y calidad (...) Los ertzainas seguiremos cayendo como lo hicieron nuestros compañeros. De poco sirven las lágrimas y las palabras estériles. Dudamos que hoy sean capaces de mirar a los ojos a un ertzaina (ABC, 25/11/2001).
Al funeral celebrado en la Iglesia de San Pedro de Munguía asistieron más de tres mil vecinos, y muchos de ellos tuvieron que seguir el acto religioso desde el exterior del templo. Estuvieron presentes Juan José Ibarretxe, presidente del Gobierno vasco, y Javier Balza, consejero de Interior, entre otras autoridades. Los restos mortales de Ana Isabel Arostegi fueron inhumados en el cementerio local.
Francisco Javier Mijangos Martínez de Bujo, de 32 años, era natural de Bilbao. Estaba casado y tenía un hijo de diez meses. Igual que su compañera asesinada, pertenecía a la decimotercera promoción de la Ertzaintza y un hermano suyo era también agente de este cuerpo policial. Estaba afiliado al sindicato Unión General de Trabajadores (UGT) y apenas llevaba dos meses destinado en Beasain. Vivía con su familia en Miranda de Ebro (Burgos) como medida de autoprotección. Sus restos mortales fueron enterrados en Vitoria tras la celebración del funeral en la iglesia románica del monasterio de Nuestra Señora de Candepajares de Bugido (Burgos), próxima a Miranda de Ebro.
El 23 de noviembre de 2009 el Ayuntamiento de Beasain organizó un homenaje en recuerdo de los dos agentes asesinados, que consistió en la inauguración de una escultura abstracta, situada en la rotonda que se construyó en el cruce en el que fueron asesinados. Al acto asistieron el viudo de Ana Isabel y los hermanos de Francisco Javier, que recogieron sendas réplicas en miniatura de la escultura. 

Revisión y estudio comparativo de la acción del viento sobre las estructuras empleando Eurocódigo y Código Técnico de la Edificación

A. Tomás, M. Morales. 2012.

Informes de la construcción.


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Resumen:

La publicación del Código Técnico de la Edificación (CTE) en 2006 ha supuesto un salto conceptual en la obtención de la acción del viento sobre las estructuras respecto a la norma básica de acciones anterior. Con el CTE se pretendía adaptar el marco normativo español al programa Eurocódigos, al que debía converger hasta el año 2010. En este contexto se ha realizado un estudio comparativo entre los factores involucrados en la obtención de la acción de viento empleando CTE y Eurocódigo 1. Para cuantificar la influencia de esta acción sobre el diseño estructural se han empleado tres ejemplos de tipologías estructurales habituales: una nave industrial y dos edificios de 5 y 25 plantas. En las conclusiones se aportan comentarios que pueden mejorar la aplicación de la normativa española y se señalan ciertos aspectos contemplados en Eurocódigo 1 que sería recomendable considerar en caso de requerir un diseño estructural más ajustado.


Más documentación relacionada con las Estructuras.

Héroes, 22 de noviembre: Jaime Bilbao Iglesias y Luis Delgado Villalonga

A las doce menos cinco minutos de la noche del martes 22 de noviembre de 1988 la banda terrorista ETA hizo explotar una furgoneta-bomba estacionada junto al muro exterior del edificio de la Dirección General de la Guardia Civil, situada en la calle Guzmán el Bueno de Madrid, asesinando al directivo de largometrajes de Radio Televisión Española JAIME BILBAO IGLESIAS y al niño de dos años LUIS DELGADO VILLALONGA. La explosión provocó, además, heridas de diversa consideración a cuarenta y seis guardias civiles y a cuarenta y dos civiles, entre ellos los padres del niño Luis Delgado, el doctor Luis Delgado Cabezas y la enfermera Mercedes Villalonga Villalonga, que estaba embarazada de cuatro meses, dos de los heridos más graves.
Las dos víctimas mortales viajaban en sendos coches que pasaban junto a la Dirección General cuando hizo explosión la furgoneta-bomba colocada bajo una garita del acuartelamiento por los hermanos Henri y Jean Parot, Jacques Esnal y Frédéric Haramboure, miembros del grupo Argala de ETA. Dos de ellos activaron la carga con un retardo de cuarenta y cinco segundos pretendiendo causar una masacre de guardias civiles parecida a la de un año antes en la casa cuartel de Zaragoza, atentado cometido por los mismos etarras.
El matrimonio Delgado-Villalonga regresaba a su domicilio con su pequeño después de haber cenado en Las Rozas, a las afueras de Madrid. El niño sufrió estallido craneal y pérdida de masa encefálica y falleció pocas horas después. Sus padres, gravemente heridos, no pudieron asistir al entierro en el cementerio de Torrelodones:
La noche del 22 de noviembre de 1988, quien esto escribe volvía a casa en compañía de su mujer y su hijo, Luis, de dos años y medio de edad. Al pasar nuestro coche junto a la Dirección General de la Guardia Civil, una furgoneta bomba activada por unos ciudadanos franceses, miembros de la banda terrorista ETA, hacía explosión. La deflagración nos cogió de lleno. En ese punto, mi vida ya no volvería a ser lo que fue. Mi hijo resultó muerto. Mi mujer, embarazada de cuatro meses, entró en estado de coma. Hoy día, más de siete años después, aún no se ha recuperado de las lesiones que el atentado le produjo y ya es seguro que no podrá volver a ejercer su profesión. Yo mismo resulté gravemente herido. Soy médico. Mi mujer es, mejor sería decir era, enfermera. Teníamos un hijo pequeño. Estábamos esperando otro. Nos gustaba nuestro trabajo. Teníamos una vida feliz. Pero todo eso pertenece al pasado. Esa abyección conocida como ETA nos lo arrebató. Han pasado más de siete años y la huella indeleble de aquella infausta noche me acompañará de por vida como una frustración constante que se reverdece cada mañana (Tribuna de Luis Delgado Cabezas en El País, 15/01/1996).
Jaime Bilbao Iglesias también regresaba al domicilio de sus padres, donde vivía, en el barrio de Argüelles. Esa tarde había quedado con otros compañeros de un equipo de fútbol de la Tercera División regional, el Alcalis, que había creado nueve años antes con unos amigos de la localidad segoviana de San Rafael. Después de estar en un pub de la calle Baeza que patrocinaba el equipo, en el barrio de la Prosperidad, se dirigió hacia su domicilio, en la calle de Romero Robledo. Cuando se encontraba en la calle San Francisco de Sales,  dentro de su vehículo, le sorprendió la explosión que le causó la muerte.
La potentísima explosión convulsionó la noche madrileña. El estallido "fue peor que un terremoto", según la esposa de un mando de la Guardia Civil que residía en el edificio de la Dirección General. La explosión pudo oírse a varios kilómetros de distancia. Incluso el príncipe de Asturias oyó el estallido desde el palacio de La Zarzuela, situado a unos seis kilómetros de distancia de la calle de Guzmán el Bueno, según dijo la reina Sofía a los médicos de la Cruz Roja durante la visita que realizó al día siguiente a los heridos hospitalizados en el centro sanitario.
La onda expansiva abrió un agujero de varios metros de diámetro en la pared del dormitorio donde se encontraban descansando cincuenta guardias auxiliares y ciento treinta suboficiales que, en el momento del atentado, realizaban el curso de ascenso a teniente. La zona se convirtió en pocos minutos en un auténtico caos, con un constante ir y venir de ambulancias. Dentro de la Dirección General de la Guardia Civil el ambiente era de enorme tensión. Desde un primer momento se confirmó que no se habían producido muertos entre los miembros del Cuerpo.
La banda terrorista ETA se atribuyó el atentado en un comunicado enviado a los medios de comunicación cinco días después en el que, con su cinismo habitual, decía lamentar "profundamente" la muerte y heridas de civiles, de las que hacía responsable a "los mandos políticos, militares y policiales".
De la investigación policial y judicial se determinó que el atentado fue encargado por Francisco Múgica Garmendia y José María Arregui Erostarbe a los hermanos Henri y Jean Parot, Jacques Esnal y Frédéric Haramboure, miembros del grupo Argala de ETA. Para llevarlo a cabo, Gonzalo Rodríguez Cordero y José Gabriel Zabala Erasun robaron previamente una furgoneta y un turismo, que entregaron a los etarras franceses. Dos de los terroristas colocaron la furgoneta, cargada con sesenta kilos de amonal y cuarenta de metralla, bajo una de las garitas del cuartel. El turismo es el que emplearon para huir del lugar, mientras el temporizador iniciaba su cuenta atrás de 45 segundos.
En 1996 la Audiencia Nacional condenó a penas de 1.170 años de prisión por dos delitos de asesinato consumado, cuarenta y ocho asesinatos frustrados, veinte delitos de lesiones graves, estragos materiales y otros delitos a Henri Parot, Gonzalo Rodríguez Cordero y José Gabriel Zabala Erasun.
El día que Parot fue a juicio, Mercedes Villalonga declaró: "Ni olvido ni perdono a los asesinos de mi hijo". Además dijo que ella "no trata con alimañas" y que no asistiría al juicio porque no quería"verle la cara a ese animal", pero que si tuviese la oportunidad de decirle algo a Henri Parot, le diría "que es un malnacido" y que lo que quiere "es verle encerrado hasta el día en que salga con la caja de madera. Es lo que quiero. No tiene derecho ni a ver a su familia, ni al aire que respira", mostrándose contraria a la pena de muerte pero partidaria "de la cadena perpetua" (ABC, 01/10/91).
En 2001 fueron condenados por los mismos delitos a 1.128 años de cárcel Francisco Múgica Garmendia, alias Pakito, y José María Arregui Erostarbe, alias Fiti. El fiscal señaló que el propósito de los terroristas era causar la muerte al mayor número posible de guardias civiles, razón por la cual eligieron casi las 12 de la noche para hacer explotar la furgoneta.

Jaime Bilbao Iglesias, de 38 años, era natural de Madrid y estaba soltero. Vivía con sus padres y una hermana en la calle de Romero Robledo, en el madrileño barrio de Argüelles. Sus padres habían sido testigos del asesinato del teniente general Quintana Lacaci el 29 de enero de 1984, que tuvo lugar próximo a su domicilio. En enero de 1974 ingresó en Televisión Española y, tras ocupar un destino auxiliar durante algunos meses, pasó al departamento denominado Jefatura de Producción Ajena, donde llegó a ser responsable de la sección de largometrajes. Entre sus funciones estaba la de recomendar las adquisiciones de películas y por esta razón realizaba numerosos viajes al extranjero. Uno de sus últimos desplazamientos lo hizo en el verano de 1988 a Hungría, donde asistió a un certamen organizado por las autoridades locales. En enero de 1985 había sido agraciado con un décimo de uno de los premios gordos de la lotería del Niño, con el que se estaba comprando un piso. Gran aficionado al deporte, además de su pasión por el fútbol, practicaba habitualmente tenis. El cadáver de Jaime Bilbao fue identificado por uno de sus amigos, José Luis Lillo, que trabajaba como técnico en una de las unidades móviles de la Cadena COPE y también jugaba en el mismo equipo de fútbol. Lillo contó que se imaginó lo peor "cuando unos compañeros me dijeron que en la maleta del coche del fallecido en el atentado había un balón de fútbol", porque Jaime siempre llevaba uno en su automóvil.
Fui rápidamente al lugar del atentado y pregunté a un policía la matrícula del coche y me dijo que era HJ. En ese momento me di cuenta de lo que había pasado. Me marché al Anatómico Forense y allí identifiqué el cadáver. Me costó trabajo porque tenía la cara desfigurada y tuve que hacerlo por la ropa que llevaba para ver si coincidía. Llamé a mis padres para que hablaran con los padres de Jaime y contrastaran la ropa que llevaba para ver si coincidía, y ya pude confirmar la noticia (ABC, 24/11/88).

Luis Delgado Villalonga, hijo de dos años y medio del médico Luis Delgado Cabezas y de la enfermera Mercedes Villalonga Villalonga, sufrió estallido craneal y pérdida de masa encefálica y falleció pocas horas después del atentado. Sus padres fueron trasladados a dos hospitales distintos en estado muy grave, especialmente Mercedes, que ingresó en estado crítico en el Hospital de la Cruz Roja, con pérdida de masa encefálica. Embarazada de cuatro meses, y tras pasar varios días en coma, consiguió sobrevivir, pero no ha superado la pérdida de su hijo. De lo que ocurrió el día del atentado no recuerda nada:
"Sí recuerdo, después, que me encontré metida en un hospital y que iba mucha gente a verme. Y no sabía más. Me dijeron que había tenido un accidente de tráfico, y lo creí. Tiempo después, me comentaron que la Reina había llamado para preguntar por mí. Ahí sospeché, porque la Reina no llama todos los días para preguntar por una persona si no se trata de algo muy importante, pero me callé. Se me había olvidado que tenía hijos y que tenía marido. Cuando recordé y pregunté por mi marido (que estaba en otro hospital, pero de eso me enteré después), me dijeron que estaba malo. Yo quise hablar con él, pero me dijeron que no podía. ¿Que no puedo hablar con él? Pues no como. Si no puedo hablar con él es que está muerto. Me aseguraron que no estaba muerto, pero yo insistí en que hasta que no pudiera hablar con él no iba a comer nada. Entonces me llamó por teléfono y me dijo que estaba un poco resfriado y que no podía venir a verme. Al cabo de unos días yo seguía viendo que pasaban cosas raras. Yo tenía un niño, y de ese niño no se hablaba para nada. ¿El niño está muerto, verdad? Y me dijeron que sí. No sé más. No recuerdo nada más" (ABC, 01/10/1996).
En mayo de 1989 Mercedes dio a luz al hijo que esperaba cuando sufrió el atentado. Luis Delgado fue secretario general de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) durante varios años. En 1995, y en representación de la asociación, presentó en el registro del Congreso de Diputados un escrito avalado por 1.100.000 firmas por el que se exigía el cumplimiento íntegro de las penas para los terroristas condenados judicialmente, respetando el tope constitucional del máximo de treinta años de reclusión.
El 31 de octubre de 2000, un día después del atentado que acabó con la vida del magistrado del Tribunal Supremo José Francisco de Querol y Lombardero, su chófer, Armando Medina Sánchez, y su escolta, el policía nacional Jesús Escudero García, además de herir gravemente al conductor de autobús Jesús Sánchez Martínez, que fallecería el 8 de noviembre, hubo una manifestación en Madrid en la que Luis Delgado leyó el comunicado final, en el que se decía:
Quien no está frente a ETA con determinación y sin ningún tipo de matices, no es de los nuestros. No podemos considerar ciudadanos demócratas a quienes tratan de justificar las acciones terroristas, porque tanto dolor y sufrimiento no pueden ser, ni remotamente, una vía legítima para conseguir ningún propósito político (...) Quienes no se avergüencen de sentarse en la misma mesa que los que amparan a estos miserables, quienes suscribieron pactos con ellos, quienes no son capaces de rechazar cualquier tipo de ventaja derivada de la existencia de una banda terrorista están defraudando definitivamente las aspiraciones de un pueblo que merece vivir en libertad y democracia.

Lecturas 22.11.2012

Por qué es tan difícil el alto al fuego en Gaza, por Jordi Pérez Colomé.

El alto al fuego en Gaza estaba a punto el martes, pero no se anunció. No parece por ahora que haya fracasado. Solo se habría retrasado. A las 2 de la mañana del miércoles -hora israelí- Hillary Clinton terminó su reunión con el israelí Benjamin Netanyahu. Hoy miércoles debe ir a Cairo para reunirse con el presidente Morsi. Debería pasar algo. Mientras, los ataques mutuos se han intensificado.

Qué pretenden Israel y Hamás, por Jordi Pérez Colomé.


Desde el miércoles ataques israelíes en Gaza han matado a 21 personas, entre militantes y civiles. Hamás y otros grupos han lanzado a Israel desde Gaza más de 500 cohetes -29 contra lugares residenciales- y han matado a tres civiles.

La sabiduría de los datos y la sabiduría de las masas, por Abel Fernández.


Nate Silver es un economista especialista en estadística cuyo blog –FiveThirtyEight, el número de votos de los colegios electorales en EEUU- sobre predicciones electorales basadas en datos había sido comprado cuatro años atrás por el NYTimes tras acertar los resultados de todos los estados exceptuando dos. Su track-record de predicciones ha incluso mejorado durante las presentes elecciones tras acertar los resultados de absolutamente todos los estados -algo que, como el propio Nate reconoce, tiene incluso un pequeño componente de azar; era más probable que su modelo fallase en algún estado que el hecho de que los acertase todos-.

El periodismo y los hechos, por Santi González.

Cabe preguntarse si los familiares de las víctimas de ambos, el cabo de la Policía Armada Ovidio Díaz y el sargento de la Guardia Civil Gregorio Posadas Zurrón, han sido indemnizadas con 135.000 euros o la cantidad equivalente de pesetas en su día. El Estado pide perdón a los terroristas, sin que estos, ni su brazo político, ni sus correligionarios que hoy tienen mando en las instituciones hayan pedido perdón alguno por los 858 y ETB atribuye al Estado, aun al franquista, el comportamiento que no le reprocha a la banda terrorista. esto es un paso más en ‘la hoja de ruta’. El desarme, o sea, la disolución de ETA y la expulsión de la Guardia Civil y de la Policía Nacional.



Víctimas, 21 de noviembre: Aurelio Prieto Prieto y Ernest Lluch Martín

Libertad Digital.


En torno a las 12:30 horas del viernes 21 de noviembre de 1980 los Comandos Autónomos Anticapitalistas asesinaban en las inmediaciones de la ermita de la Virgen de Izaskun, en Tolosa (Guipúzcoa) al guardia civil AURELIO PRIETO PRIETO y herían gravemente a su compañero Eduardo Izquierdo Marfil.
Los guardias civiles, acompañados de un tercero, José Blasco Aranda, estaban adscritos al Servicio Información de la Comandancia de San Sebastián, y se encontraban investigando la zona en la que había permanecido secuestrado durante cuarenta y cinco días el industrial de origen cubano Pedro Abreu, liberado tres semanas antes. Según otras versiones, los guardias civiles se habían acercado a la zona tras recibir una llamada que habría resultado ser una falsa denuncia con el objeto de tenderles una emboscada. En este sentido, antes del tiroteo cuatro jóvenes habían merodeado por las cercanías de la ermita en un automóvil.
Los guardias civiles iban en un Seat 124 sin distintivos oficiales, conducido por José Blasco. Al llegar a las inmediaciones de la ermita vieron a dos individuos sospechosos sentados en el pretil. Aurelio Prieto y Eduardo Izquierdo se apearon del vehículo y, mientras José Blasco procedía a aparcar el vehículo, se acercaron a los dos sospechosos. Sin mediar palabra, uno de ellos sacó un arma y disparó contra los dos guardias civiles, hiriendo gravemente a Aurelio, que fue alcanzado en un hombro y en la cabeza. Eduardo, herido de gravedad en el brazo derecho, vio impotente cómo remataban a su compañero en el suelo sin tener tiempo de sacar su arma. Para evitar ser alcanzado de nuevo, rodó por el suelo y se puso a cubierto.
José Blasco, al oír las detonaciones, se apeó del vehículo e intentó hacer fuego con su arma corta reglamentaria, pero se le encasquilló. Uno de los terroristas aprovechó esta circunstancia para disparar contra el agente, sin lograr alcanzarle. José Blasco se protegió detrás de le ermita y, por segunda vez, intentó disparar contra el terrorista. De nuevo el arma se le encasquilló. Mientras tanto, su compañero Eduardo Izquierdo pedía ayuda, por lo que José Blasco rodeó la ermita por el lado opuesto para acudir en su apoyo. En ese momento Eduardo, aunque herido gravemente en el brazo, disparaba contra el vehículo oficial en el que huía uno de los terroristas. El otro lo hizo a pie por el monte, perseguido por José Blasco, que resultó herido accidentalmente a consecuencia de un golpe sufrido durante la persecución.
El terrorista que huyó en el vehículo de los guardias civiles emprendió una alocada carrera en dirección a Tolosa, localidad que atravesó a toda velocidad saltándose las señales de tráfico. Poco después, abandonó el automóvil en el lugar conocido como Prado Pequeño de Igarondo, en el centro de Tolosa, y continuó la huida a pie. El vehículo presentaba un impacto de bala en la puerta delantera derecha y tenía roto el cristal posterior, provocados por los disparos del guardia civil Eduardo Izquierdo. Junto a la ermita de Izaskun se recogieron casquillos del calibre 9 milímetros, de las marcas FN, SB y SPC.
El cadáver de Aurelio Prieto fue trasladado al Gobierno Civil de Guipúzcoa, donde quedó instalada la capilla ardiente y, al mediodía del día siguiente, 22 de noviembre, se celebró el funeral en su memoria. A él asistió el gobernador general del País Vasco, Marcelino Oreja, el gobernador civil de Guipúzcoa, Pedro Aróstegui; el exgobernador de la provincia, Joaquín Argote, así como el gobernador militar y otras autoridades civiles y militares. También estaban presentes la esposa y familiares de la víctima y compañeros del Cuerpo. El sacerdote que ofició el acto religioso dijo en la homilía que "estamos aquí las mismas personas, con las mismas lágrimas de siempre, solamente que en esta ocasión cambia el nombre del asesinado", y añadió que no bastaba con condenar los atentados.
El guardia Eduardo Izquierdo Marfil fue ingresado en la clínica de Nuestra Señora de la Concepción de Tolosa, donde se le sometió a una intervención de urgencia en el codo derecho, en el que presentaba fractura y luxación abierta. Izquierdo fue evacuado del centro médico a las 19:00 horas con destino al Hospital Militar Gómez Ulla de Madrid. Eduardo Izquierdo Marfil, de 27 años de edad y casado, era natural de la localidad de Villar del Cabo (Teruel). Destinado en la Comandancia de Málaga, en el momento del atentado se encontraba concentrado en la Comandancia de San Sebastián. Izquierdo Marfil había sufrido un atentado meses antes cerca de Logroño, cuando miembros de la banda terrorista ETA activaron varias cargas ocultas en un talud de la carretera al paso de tres autobuses de guardias civiles. En el atentado falleció el teniente Francisco López Bescos.
El 24 de noviembre los Comandos Autónomos Anticapitalistas reivindicaron el asesinato de Aurelio Prieto. Uno de los presuntos autores del atentado es Eugenio Barrutiabengoa Zabarte, alias Arbe,Potolo y Botoco. Fue deportado en 1984 por Francia tras una sangrienta carrera criminal con, al menos, seis asesinatos a sus espaldas, y vive en Venezuela protegido por el Gobierno de Hugo Chávez. La Interpol lo detuvo el 20 de mayo de 1996, pero el gobierno venezolano lo liberó por considerar que la actuación policial violaba su soberanía. Para evitar que su crimen prescriba, la viuda de Aurelio, Concepción Fernández Galán, ha venido realizando diversas reclamaciones de extradición en la Audiencia Nacional. "No puede volver a España como un 'angelito', tiene que pagar por sus asesinatos" señaló Concepción en 2010 (El Heraldo, 07/03/2010). La última vez que Fernández Galán pidió que el Gobierno solicitase la extradición de Barrutiabengoa fue en marzo de 2010.
Aurelio Prieto Prieto, de 23 años, estaba casado con Concepción Fernández Galán y tenía una hijade cuatro meses. Era natural de Llerena (Badajoz). Tras cursar estudios en el Colegio de Guardias Jóvenes, ingresó en el Cuerpo de la Guardia Civil en septiembre de de 1974. Sus restos mortales fueron enterrados en Mérida. Concepción se fue a vivir a Zaragoza a mediados de los ochenta, abandonando la localidad navarra de la que provenía por el clima insostenible que se respiraba ahí. El 12 de noviembre de 2011 más de doscientos vecinos, familiares y autoridades se reunieron en la Plaza de la Libertad de Llerena para homenajear a Aurelio Prieto. En el emotivo acto, Francisca Prieto, madre del guardia civil asesinado, descubrió dos placas conmemorativas en un monolito de la plaza.
Veinte años después, el martes 21 de noviembre de 2000, la banda terrorista ETA asesinaba de dos tiros en la cabeza en el aparcamiento de su domicilio en Barcelona al exministro socialista ERNEST LLUCH MARTÍN. Su cadáver fue descubierto por un vecino del inmueble casi dos horas después, hacia las 23:30 horas, caído entre dos coches. Hacía poco, el 29 de julio, que la banda terrorista había asesinado a Juan María Jáuregui, íntimo amigo de Lluch.
El atentado se produjo en la primera planta del aparcamiento del edificio situado en la avenida de Chile de la capital catalana, inmueble muy cercano al Camp Nou, donde Lluch residía desde hacía años. El dirigente socialista no llevaba escolta y, según la delegada de Gobierno, Julia García-Valdecasas, "no tuvo tiempo ni de quitarse la americana".
Tras asesinarlo, los terroristas abandonaron el aparcamiento en un Ford Escort blanco con las matrículas dobladas que, poco después, hicieron explotar en un descampado situado a unos quinientos metros del domicilio de Lluch, método utilizado habitualmente por los terroristas para no dejar huellas. El consejero de Interior catalán, Xavier Pomés, confirmó que el asesinato de Ernest Lluch respondía al mismo modus operandi que el del concejal del Partido Popular en San Adrián del Besós, José Luis Ruiz Casado, asesinado dos meses antes, el 21 de septiembre. Pomés señaló que el método había sido "prácticamente el mismo" y detalló el modo en que los asesinos "buscan un objetivo, lo identifican, comprueban que sea adecuado" para cometer el crimen y "se escapan en un coche que es explosionado a poca distancia del lugar de los hechos". Además, confirmó que ETA disponía de infraestructura en Cataluña y de miembros legales "con capacidad para recibir material y moverse".
El juez de guardia autorizó el levantamiento del cadáver de Lluch pasada la una de la madrugada, cuando frente a su domicilio ya se habían concentrado amigos y compañeros. Muchos de ellos, como el alcalde de Barcelona, Joan Clos, el consejero de Interior, Xavier Pomés, y la delegada del Gobierno, Julia García-Valdecasas, habían conocido la noticia sobre las once de la noche, cuando intercambiaban opiniones con la Policía sobre el coche-bomba que había explotado en la carretera de Collblanc. Fue García-Valdecasas quien, tras recibir una llamada a su teléfono móvil, informó al alcalde Clos y al consejero Pomés. Al domicilio del político asesinado también se acercaron el presidente de la Generalidad, Jordi Pujol, y otros dirigentes políticos, como el presidente del PSC,Pasqual Maragall, y el del Partido Popular catalán, Alberto Fernández Díaz, además de vecinos de la víctima que mostraron su indignación por el nuevo atentado de la banda en Barcelona.
Son muchas las hipótesis y teorías que han intentado explicar por qué la banda asesinó a Lluch. En opinión de Florencio Domínguez, el asesinato del exministro socialista se enmarcaría "en el contexto de una brutal ofensiva terrorista con la que ETA pretendía forzar un cambio de política del PNV para restablecer el pacto entre nacionalistas (el Pacto de Estella)". El objetivo explícito era "evitar que los partidos políticos vascos u otros agentes hagan acuerdos particulares con los Estados español y francés, puesto que eso sería reeditar el error de 1977", según una circular interna de la banda terrorista recogida por el autor. Para ello era prioritario "impedir cualquier puente de entendimiento que pudiera levantarse entre el PNV y los partidos constitucionalistas, especialmente con el PSE", algo que Lluch defendía a capa y espada (Florencio Domínguez, ETA en Cataluña. De Terra Lliure a Carod-Rovira, Temas de Hoy, 2005).
No obstante, e independientemente de que ese fuese el propósito de la banda, Ernest Lluch hacía tiempo que era objetivo de los terroristas. En un libro-entrevista publicado en 2001, pero realizado en 1996, el periodista Marçal Sintes le hacía esta pregunta: "A usted, ¿ETA le ha amenazado?", a lo que Lluch contestó:
Me han estado siguiendo, me han hecho todo este tipo de cosas. No quiero entrar en detalles porque es una cuestión que los que por ahora hemos salido bien librados del asunto no debemos aprovechar para hacernos los mártires. Y ahora, desde luego, tengo miedo a veces (Marçal Sintes, Qué piensa Ernest Lluch, editorial Dèria, 2001).
Siguiendo con las reales o supuestas motivaciones por las que ETA asesinó a Lluch, los autores materiales del asesinato hicieron varias proclamas durante el juicio en la Audiencia Nacional en 2001. Entre otras cosas los asesinos del exministro dijeron: "Hoy hemos sido juzgados por la muerte de Lluch, el ministro de los GAL..., nosotros no olvidamos ni olvidaremos que Ernest Lluch fue un miembro del Estado de los GAL. Gora ETA y visca la terra". Y añadieron: "Ernest Lluch era miembro del Gobierno español que financió a los GAL e instigó y apoyó la tortura y la dispersión. Si fue objetivo de ETA fue por eso".
Por otra parte, era sabido que Lluch fue un acérrimo defensor del diálogo con la banda como forma de acabar con la violencia de ETA, y formaba parte del movimiento social por el diálogo y el acuerdo "Elkarri". Pero Lluch había ido demasiado lejos y se había adentrado "en un territorio lleno de minas, como es la aproximación al entorno de la banda terrorista, con afán de encontrar una solución dialogada", en opinión de su amigo José María Calleja (Arriba Euskadi! La vida diaria en el País Vasco, Espasa, 2001, citado en ABC, 12/01/2011). Por este motivo, su asesinato provocó una gran conmoción y una repulsa unánime en toda la sociedad española.
El 23 de noviembre cientos de miles de ciudadanos se manifestaron en Barcelona bajo el lema "Cataluña per la pau. ETA no". En la cabecera estaban José María Aznar, presidente del Gobierno, y Jordi Pujol, presidente de la Generalidad, José Luis Rodríguez Zapatero, líder de la oposición y secretario general del PSOE, y el lehendakari Juan José Ibarretxe, entre otros políticos. La lectura del manifiesto corrió a cargo de Gemma Nierga, en cuya tertulia en la Cadena SER participaba Lluch. Saliéndose del texto unitario acordado, la periodista terminó su alocución dirigiéndose a los políticos para decirles:
Estoy convencida de que Ernest, hasta con la persona que lo mató, habría intentado dialogar; ustedes que pueden, dialoguen, por favor.
Esta frase de la periodista provocó muchas reacciones, entre ellas la de Edurne Uriarte que en su libro Cobardes y rebeldes. Por qué pervive el terrorismo (Temas de Hoy, 2003), se refirió a este incidente:
Los terroristas acababan de asesinar a Lluch y muchísimos ciudadanos catalanes y todas las fuerzas políticas se lanzaron a la calle para rebelarse contra ETA. Pero tras la lectura del comunicado suscrito por todos, Nierga tuvo un arrebato personal, un impulso irrefrenable de aportar su propia solución al terrorismo, el diálogo. "¡Diálogo! ¡Diálogo!", gritó, y por si acaso no estaba todavía suficientemente claro que los que nos negábamos a negociar con ETA éramos unos intransigentes, añadió que Lluch hubiera negociado con sus propios asesinos. Es uno de los momentos más indignantes y humillantes para la movilización democrática por la libertad que recuerdo. Cuando muchísimos ciudadanos habían dejado hace tiempo de callar por miedo, y cuando estaban dispuestos a arriesgarse y a movilizarse contra los terroristas, una persona significativa, miembro de la élite periodística de nuestro país, les decía, nos decía, que no, que estábamos equivocados, que no debíamos enfrentarnos a los terroristas, que eso era una actitud intransigente, que debíamos aceptar el chantaje y que teníamos que resignarnos y rendirnos a sus exigencias" (citado por Alonso, R., Domínguez, F. y García Rey, M, en Vidas rotas, Espasa, 2010, pág. 1094).
En julio de 2002 la Audiencia Nacional condenó a José Ignacio Krutxaga Elezcano, Lierni Armendaritz y Fernando García Jodrá como autores del asesinato de Ernest Lluch a sendas penas de 33 años. Fueron los mismos que asesinaron a José Luis Ruiz Casado exactamente dos meses antes. Formaban parte del grupo Barcelona de ETA, desarticulado menos de dos meses después de asesinar a Lluch, en enero de 2001.
Ernest Lluch Martín tenía 63 años cuando fue asesinado. Natural de Vilasar de Mar (Barcelona), estaba separado de su primera esposa, con la que tuvo tres hijas. En la fecha de su asesinato convivía con una nueva pareja sentimental.
Demócrata, inteligente y culto tuvo una trayectoria profesional a caballo entre la política y la Universidad, que compaginó con su participación en diferentes medios de comunicación y su pasión por el fútbol y la música. Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de Barcelona, amplió sus estudios en La Sorbona (París). Fue expedientado, detenido en varias ocasiones y expulsado de la Universidad por su actividad política antifranquista cuando era profesor ayudante en la Universidad de Barcelona. Fue catedrático de Economía en la Universidad de Valencia en 1974 y de Historia de Doctrinas Económicas de la Universidad Central de Barcelona. Su último cargo oficial fue el de Rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (Santander), puesto que desempeñó desde 1989 a 1995.
En cuanto a su trayectoria política, en las elecciones generales de junio de 1977 fue elegido diputado por Gerona como candidato de la coalición Socialistas de Cataluña, y en abril de 1980 fue elegido portavoz de los socialistas catalanes en el Congreso. Felipe González contó con Ernest Lluch para ocupar la cartera ministerial de Sanidad y Consumo en su primer Ejecutivo (1982-1986). En mayo de 1986 se retiró del primer plano político para reincorporarse a la cátedra de Historia de Doctrinas Económicas de la Universidad Central de Barcelona.
Ensayista y articulista, en la época de su asesinato compaginaba su labor académica con sus colaboraciones en diversos diarios, como La Vanguardia, El Diario Vasco y El Correo, y en la emisora de radio Cadena SER. Dos meses antes de ser asesinado publicó un artículo en El Correoen el que exponía su tesis de que la primera víctima de la banda terrorista había sido la niñaBegoña Urroz: "Indigno inicio en el pecado original de ETA" (Ernest Lluch, El Correo, 19/09/2000). Además escribió varios libros sobre historia económica, particularmente referidos a Cataluña.
Apasionado del Barça –concurrió en las elecciones a la presidencia del club del año 2000 como miembro de la candidatura de Lluis Bassat– tenía también simpatía hacia la Real Sociedad, club del que era socio, ya que Ernest Lluch estuvo muy vinculado a la ciudad de San Sebastián. El Ayuntamiento de Vilasar de Mar ha dedicado a su memoria la biblioteca municipal, inaugurada el 27 de noviembre de 2009, en la que se guarda la colección bibliográfica particular del autor. Dentro del edificio se encuentra la sede de la Fundación Ernest Lluch, que tiene por objetivo mantener viva la memoria de Ernest Lluch, su pensamiento y su obra, así como fomentar el diálogo entre los ciudadanos de Cataluña, España y Europa.