Héroes, 22 de noviembre: Jaime Bilbao Iglesias y Luis Delgado Villalonga

A las doce menos cinco minutos de la noche del martes 22 de noviembre de 1988 la banda terrorista ETA hizo explotar una furgoneta-bomba estacionada junto al muro exterior del edificio de la Dirección General de la Guardia Civil, situada en la calle Guzmán el Bueno de Madrid, asesinando al directivo de largometrajes de Radio Televisión Española JAIME BILBAO IGLESIAS y al niño de dos años LUIS DELGADO VILLALONGA. La explosión provocó, además, heridas de diversa consideración a cuarenta y seis guardias civiles y a cuarenta y dos civiles, entre ellos los padres del niño Luis Delgado, el doctor Luis Delgado Cabezas y la enfermera Mercedes Villalonga Villalonga, que estaba embarazada de cuatro meses, dos de los heridos más graves.
Las dos víctimas mortales viajaban en sendos coches que pasaban junto a la Dirección General cuando hizo explosión la furgoneta-bomba colocada bajo una garita del acuartelamiento por los hermanos Henri y Jean Parot, Jacques Esnal y Frédéric Haramboure, miembros del grupo Argala de ETA. Dos de ellos activaron la carga con un retardo de cuarenta y cinco segundos pretendiendo causar una masacre de guardias civiles parecida a la de un año antes en la casa cuartel de Zaragoza, atentado cometido por los mismos etarras.
El matrimonio Delgado-Villalonga regresaba a su domicilio con su pequeño después de haber cenado en Las Rozas, a las afueras de Madrid. El niño sufrió estallido craneal y pérdida de masa encefálica y falleció pocas horas después. Sus padres, gravemente heridos, no pudieron asistir al entierro en el cementerio de Torrelodones:
La noche del 22 de noviembre de 1988, quien esto escribe volvía a casa en compañía de su mujer y su hijo, Luis, de dos años y medio de edad. Al pasar nuestro coche junto a la Dirección General de la Guardia Civil, una furgoneta bomba activada por unos ciudadanos franceses, miembros de la banda terrorista ETA, hacía explosión. La deflagración nos cogió de lleno. En ese punto, mi vida ya no volvería a ser lo que fue. Mi hijo resultó muertoMi mujer, embarazada de cuatro meses, entró en estado de coma. Hoy día, más de siete años después, aún no se ha recuperado de las lesiones que el atentado le produjo y ya es seguro que no podrá volver a ejercer su profesión. Yo mismo resulté gravemente herido. Soy médico. Mi mujer es, mejor sería decir era, enfermera. Teníamos un hijo pequeño. Estábamos esperando otro. Nos gustaba nuestro trabajo. Teníamos una vida feliz. Pero todo eso pertenece al pasado. Esa abyección conocida como ETA nos lo arrebató. Han pasado más de siete años y la huella indeleble de aquella infausta noche me acompañará de por vida como una frustración constante que se reverdece cada mañana (Tribuna de Luis Delgado Cabezas en El País, 15/01/1996).
Jaime Bilbao Iglesias también regresaba al domicilio de sus padres, donde vivía, en el barrio de Argüelles. Esa tarde había quedado con otros compañeros de un equipo de fútbol de la Tercera División regional, el Alcalis, que había creado nueve años antes con unos amigos de la localidad segoviana de San Rafael. Después de estar en un pub de la calle Baeza que patrocinaba el equipo, en el barrio de la Prosperidad, se dirigió hacia su domicilio, en la calle de Romero Robledo. Cuando se encontraba en la calle San Francisco de Sales,  dentro de su vehículo, le sorprendió la explosión que le causó la muerte.
La potentísima explosión convulsionó la noche madrileña. El estallido "fue peor que un terremoto", según la esposa de un mando de la Guardia Civil que residía en el edificio de la Dirección General. La explosión pudo oírse a varios kilómetros de distancia. Incluso el príncipe de Asturias oyó el estallido desde el palacio de La Zarzuela, situado a unos seis kilómetros de distancia de la calle de Guzmán el Bueno, según dijo la reina Sofía a los médicos de la Cruz Roja durante la visita que realizó al día siguiente a los heridos hospitalizados en el centro sanitario.
La onda expansiva abrió un agujero de varios metros de diámetro en la pared del dormitorio donde se encontraban descansando cincuenta guardias auxiliares y ciento treinta suboficiales que, en el momento del atentado, realizaban el curso de ascenso a teniente. La zona se convirtió en pocos minutos en un auténtico caos, con un constante ir y venir de ambulancias. Dentro de la Dirección General de la Guardia Civil el ambiente era de enorme tensión. Desde un primer momento se confirmó que no se habían producido muertos entre los miembros del Cuerpo.
La banda terrorista ETA se atribuyó el atentado en un comunicado enviado a los medios de comunicación cinco días después en el que, con su cinismo habitual, decía lamentar "profundamente" la muerte y heridas de civiles, de las que hacía responsable a "los mandos políticos, militares y policiales".
De la investigación policial y judicial se determinó que el atentado fue encargado por Francisco Múgica Garmendia y José María Arregui Erostarbe a los hermanos Henri y Jean Parot, Jacques Esnal y Frédéric Haramboure, miembros del grupo Argala de ETA. Para llevarlo a cabo, Gonzalo Rodríguez Cordero y José Gabriel Zabala Erasun robaron previamente una furgoneta y un turismo, que entregaron a los etarras franceses. Dos de los terroristas colocaron la furgoneta, cargada con sesenta kilos de amonal y cuarenta de metralla, bajo una de las garitas del cuartel. El turismo es el que emplearon para huir del lugar, mientras el temporizador iniciaba su cuenta atrás de 45 segundos.
En 1996 la Audiencia Nacional condenó a penas de 1.170 años de prisión por dos delitos de asesinato consumado, cuarenta y ocho asesinatos frustrados, veinte delitos de lesiones graves, estragos materiales y otros delitos a Henri Parot, Gonzalo Rodríguez Cordero y José Gabriel Zabala Erasun.
El día que Parot fue a juicio, Mercedes Villalonga declaró: "Ni olvido ni perdono a los asesinos de mi hijo". Además dijo que ella "no trata con alimañas" y que no asistiría al juicio porque no quería"verle la cara a ese animal", pero que si tuviese la oportunidad de decirle algo a Henri Parot, le diría "que es un malnacido" y que lo que quiere "es verle encerrado hasta el día en que salga con la caja de madera. Es lo que quiero. No tiene derecho ni a ver a su familia, ni al aire que respira", mostrándose contraria a la pena de muerte pero partidaria "de la cadena perpetua" (ABC, 01/10/91).
En 2001 fueron condenados por los mismos delitos a 1.128 años de cárcel Francisco Múgica Garmendia, alias Pakito, y José María Arregui Erostarbe, alias Fiti. El fiscal señaló que el propósito de los terroristas era causar la muerte al mayor número posible de guardias civiles, razón por la cual eligieron casi las 12 de la noche para hacer explotar la furgoneta.

Jaime Bilbao Iglesias, de 38 años, era natural de Madrid y estaba soltero. Vivía con sus padres y una hermana en la calle de Romero Robledo, en el madrileño barrio de Argüelles. Sus padres habían sido testigos del asesinato del teniente general Quintana Lacaci el 29 de enero de 1984, que tuvo lugar próximo a su domicilio. En enero de 1974 ingresó en Televisión Española y, tras ocupar un destino auxiliar durante algunos meses, pasó al departamento denominado Jefatura de Producción Ajena, donde llegó a ser responsable de la sección de largometrajes. Entre sus funciones estaba la de recomendar las adquisiciones de películas y por esta razón realizaba numerosos viajes al extranjero. Uno de sus últimos desplazamientos lo hizo en el verano de 1988 a Hungría, donde asistió a un certamen organizado por las autoridades locales. En enero de 1985 había sido agraciado con un décimo de uno de los premios gordos de la lotería del Niño, con el que se estaba comprando un piso. Gran aficionado al deporte, además de su pasión por el fútbol, practicaba habitualmente tenis. El cadáver de Jaime Bilbao fue identificado por uno de sus amigos, José Luis Lillo, que trabajaba como técnico en una de las unidades móviles de la Cadena COPE y también jugaba en el mismo equipo de fútbol. Lillo contó que se imaginó lo peor "cuando unos compañeros me dijeron que en la maleta del coche del fallecido en el atentado había un balón de fútbol", porque Jaime siempre llevaba uno en su automóvil.
Fui rápidamente al lugar del atentado y pregunté a un policía la matrícula del coche y me dijo que era HJ. En ese momento me di cuenta de lo que había pasado. Me marché al Anatómico Forense y allí identifiqué el cadáver. Me costó trabajo porque tenía la cara desfigurada y tuve que hacerlo por la ropa que llevaba para ver si coincidía. Llamé a mis padres para que hablaran con los padres de Jaime y contrastaran la ropa que llevaba para ver si coincidía, y ya pude confirmar la noticia (ABC, 24/11/88).

Luis Delgado Villalonga, hijo de dos años y medio del médico Luis Delgado Cabezas y de la enfermera Mercedes Villalonga Villalonga, sufrió estallido craneal y pérdida de masa encefálica y falleció pocas horas después del atentado. Sus padres fueron trasladados a dos hospitales distintos en estado muy grave, especialmente Mercedes, que ingresó en estado crítico en el Hospital de la Cruz Roja, con pérdida de masa encefálica. Embarazada de cuatro meses, y tras pasar varios días en coma, consiguió sobrevivir, pero no ha superado la pérdida de su hijo. De lo que ocurrió el día del atentado no recuerda nada:
"Sí recuerdo, después, que me encontré metida en un hospital y que iba mucha gente a verme. Y no sabía más. Me dijeron que había tenido un accidente de tráfico, y lo creí. Tiempo después, me comentaron que la Reina había llamado para preguntar por mí. Ahí sospeché, porque la Reina no llama todos los días para preguntar por una persona si no se trata de algo muy importante, pero me callé. Se me había olvidado que tenía hijos y que tenía marido. Cuando recordé y pregunté por mi marido (que estaba en otro hospital, pero de eso me enteré después), me dijeron que estaba malo. Yo quise hablar con él, pero me dijeron que no podía. ¿Que no puedo hablar con él? Pues no como. Si no puedo hablar con él es que está muerto. Me aseguraron que no estaba muerto, pero yo insistí en que hasta que no pudiera hablar con él no iba a comer nada. Entonces me llamó por teléfono y me dijo que estaba un poco resfriado y que no podía venir a verme. Al cabo de unos días yo seguía viendo que pasaban cosas raras. Yo tenía un niño, y de ese niño no se hablaba para nada. ¿El niño está muerto, verdad? Y me dijeron que sí. No sé más. No recuerdo nada más" (ABC, 01/10/1996).
En mayo de 1989 Mercedes dio a luz al hijo que esperaba cuando sufrió el atentado. Luis Delgado fue secretario general de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) durante varios años. En 1995, y en representación de la asociación, presentó en el registro del Congreso de Diputados un escrito avalado por 1.100.000 firmas por el que se exigía el cumplimiento íntegro de las penas para los terroristas condenados judicialmente, respetando el tope constitucional del máximo de treinta años de reclusión.
El 31 de octubre de 2000, un día después del atentado que acabó con la vida del magistrado del Tribunal Supremo José Francisco de Querol y Lombardero, su chófer, Armando Medina Sánchez, y su escolta, el policía nacional Jesús Escudero García, además de herir gravemente al conductor de autobús Jesús Sánchez Martínez, que fallecería el 8 de noviembre, hubo una manifestación en Madrid en la que Luis Delgado leyó el comunicado final, en el que se decía:
Quien no está frente a ETA con determinación y sin ningún tipo de matices, no es de los nuestros. No podemos considerar ciudadanos demócratas a quienes tratan de justificar las acciones terroristas, porque tanto dolor y sufrimiento no pueden ser, ni remotamente, una vía legítima para conseguir ningún propósito político (...) Quienes no se avergüencen de sentarse en la misma mesa que los que amparan a estos miserables, quienes suscribieron pactos con ellos, quienes no son capaces de rechazar cualquier tipo de ventaja derivada de la existencia de una banda terrorista están defraudando definitivamente las aspiraciones de un pueblo que merece vivir en libertad y democracia.

Lecturas 22.11.2012

Por qué es tan difícil el alto al fuego en Gaza, por Jordi Pérez Colomé.

El alto al fuego en Gaza estaba a punto el martes, pero no se anunció. No parece por ahora que haya fracasado. Solo se habría retrasado. A las 2 de la mañana del miércoles -hora israelí- Hillary Clinton terminó su reunión con el israelí Benjamin Netanyahu. Hoy miércoles debe ir a Cairo para reunirse con el presidente Morsi. Debería pasar algo. Mientras, los ataques mutuos se han intensificado.

Qué pretenden Israel y Hamás, por Jordi Pérez Colomé.


Desde el miércoles ataques israelíes en Gaza han matado a 21 personas, entre militantes y civiles. Hamás y otros grupos han lanzado a Israel desde Gaza más de 500 cohetes -29 contra lugares residenciales- y han matado a tres civiles.

La sabiduría de los datos y la sabiduría de las masas, por Abel Fernández.


Nate Silver es un economista especialista en estadística cuyo blog –FiveThirtyEight, el número de votos de los colegios electorales en EEUU- sobre predicciones electorales basadas en datos había sido comprado cuatro años atrás por el NYTimes tras acertar los resultados de todos los estados exceptuando dos. Su track-record de predicciones ha incluso mejorado durante las presentes elecciones tras acertar los resultados de absolutamente todos los estados -algo que, como el propio Nate reconoce, tiene incluso un pequeño componente de azar; era más probable que su modelo fallase en algún estado que el hecho de que los acertase todos-.

El periodismo y los hechos, por Santi González.

Cabe preguntarse si los familiares de las víctimas de ambos, el cabo de la Policía Armada Ovidio Díaz y el sargento de la Guardia Civil Gregorio Posadas Zurrón, han sido indemnizadas con 135.000 euros o la cantidad equivalente de pesetas en su día. El Estado pide perdón a los terroristas, sin que estos, ni su brazo político, ni sus correligionarios que hoy tienen mando en las instituciones hayan pedido perdón alguno por los 858 y ETB atribuye al Estado, aun al franquista, el comportamiento que no le reprocha a la banda terrorista. esto es un paso más en ‘la hoja de ruta’. El desarme, o sea, la disolución de ETA y la expulsión de la Guardia Civil y de la Policía Nacional.



Víctimas, 21 de noviembre: Aurelio Prieto Prieto y Ernest Lluch Martín

Libertad Digital.


En torno a las 12:30 horas del viernes 21 de noviembre de 1980 los Comandos Autónomos Anticapitalistas asesinaban en las inmediaciones de la ermita de la Virgen de Izaskun, en Tolosa (Guipúzcoa) al guardia civil AURELIO PRIETO PRIETO y herían gravemente a su compañero Eduardo Izquierdo Marfil.
Los guardias civiles, acompañados de un tercero, José Blasco Aranda, estaban adscritos al Servicio Información de la Comandancia de San Sebastián, y se encontraban investigando la zona en la que había permanecido secuestrado durante cuarenta y cinco días el industrial de origen cubano Pedro Abreu, liberado tres semanas antes. Según otras versiones, los guardias civiles se habían acercado a la zona tras recibir una llamada que habría resultado ser una falsa denuncia con el objeto de tenderles una emboscada. En este sentido, antes del tiroteo cuatro jóvenes habían merodeado por las cercanías de la ermita en un automóvil.
Los guardias civiles iban en un Seat 124 sin distintivos oficiales, conducido por José Blasco. Al llegar a las inmediaciones de la ermita vieron a dos individuos sospechosos sentados en el pretil. Aurelio Prieto y Eduardo Izquierdo se apearon del vehículo y, mientras José Blasco procedía a aparcar el vehículo, se acercaron a los dos sospechosos. Sin mediar palabra, uno de ellos sacó un arma y disparó contra los dos guardias civiles, hiriendo gravemente a Aurelio, que fue alcanzado en un hombro y en la cabeza. Eduardo, herido de gravedad en el brazo derecho, vio impotente cómo remataban a su compañero en el suelo sin tener tiempo de sacar su arma. Para evitar ser alcanzado de nuevo, rodó por el suelo y se puso a cubierto.
José Blasco, al oír las detonaciones, se apeó del vehículo e intentó hacer fuego con su arma corta reglamentaria, pero se le encasquilló. Uno de los terroristas aprovechó esta circunstancia para disparar contra el agente, sin lograr alcanzarle. José Blasco se protegió detrás de le ermita y, por segunda vez, intentó disparar contra el terrorista. De nuevo el arma se le encasquilló. Mientras tanto, su compañero Eduardo Izquierdo pedía ayuda, por lo que José Blasco rodeó la ermita por el lado opuesto para acudir en su apoyo. En ese momento Eduardo, aunque herido gravemente en el brazo, disparaba contra el vehículo oficial en el que huía uno de los terroristas. El otro lo hizo a pie por el monte, perseguido por José Blasco, que resultó herido accidentalmente a consecuencia de un golpe sufrido durante la persecución.
El terrorista que huyó en el vehículo de los guardias civiles emprendió una alocada carrera en dirección a Tolosa, localidad que atravesó a toda velocidad saltándose las señales de tráfico. Poco después, abandonó el automóvil en el lugar conocido como Prado Pequeño de Igarondo, en el centro de Tolosa, y continuó la huida a pie. El vehículo presentaba un impacto de bala en la puerta delantera derecha y tenía roto el cristal posterior, provocados por los disparos del guardia civil Eduardo Izquierdo. Junto a la ermita de Izaskun se recogieron casquillos del calibre 9 milímetros, de las marcas FN, SB y SPC.
El cadáver de Aurelio Prieto fue trasladado al Gobierno Civil de Guipúzcoa, donde quedó instalada la capilla ardiente y, al mediodía del día siguiente, 22 de noviembre, se celebró el funeral en su memoria. A él asistió el gobernador general del País Vasco, Marcelino Oreja, el gobernador civil de Guipúzcoa, Pedro Aróstegui; el exgobernador de la provincia, Joaquín Argote, así como el gobernador militar y otras autoridades civiles y militares. También estaban presentes la esposa y familiares de la víctima y compañeros del Cuerpo. El sacerdote que ofició el acto religioso dijo en la homilía que "estamos aquí las mismas personas, con las mismas lágrimas de siempre, solamente que en esta ocasión cambia el nombre del asesinado", y añadió que no bastaba con condenar los atentados.
El guardia Eduardo Izquierdo Marfil fue ingresado en la clínica de Nuestra Señora de la Concepción de Tolosa, donde se le sometió a una intervención de urgencia en el codo derecho, en el que presentaba fractura y luxación abierta. Izquierdo fue evacuado del centro médico a las 19:00 horas con destino al Hospital Militar Gómez Ulla de Madrid. Eduardo Izquierdo Marfil, de 27 años de edad y casado, era natural de la localidad de Villar del Cabo (Teruel). Destinado en la Comandancia de Málaga, en el momento del atentado se encontraba concentrado en la Comandancia de San Sebastián. Izquierdo Marfil había sufrido un atentado meses antes cerca de Logroño, cuando miembros de la banda terrorista ETA activaron varias cargas ocultas en un talud de la carretera al paso de tres autobuses de guardias civiles. En el atentado falleció el teniente Francisco López Bescos.
El 24 de noviembre los Comandos Autónomos Anticapitalistas reivindicaron el asesinato de Aurelio Prieto. Uno de los presuntos autores del atentado es Eugenio Barrutiabengoa Zabarte, alias Arbe,Potolo y Botoco. Fue deportado en 1984 por Francia tras una sangrienta carrera criminal con, al menos, seis asesinatos a sus espaldas, y vive en Venezuela protegido por el Gobierno de Hugo Chávez. La Interpol lo detuvo el 20 de mayo de 1996, pero el gobierno venezolano lo liberó por considerar que la actuación policial violaba su soberanía. Para evitar que su crimen prescriba, la viuda de Aurelio, Concepción Fernández Galán, ha venido realizando diversas reclamaciones de extradición en la Audiencia Nacional. "No puede volver a España como un 'angelito', tiene que pagar por sus asesinatos" señaló Concepción en 2010 (El Heraldo, 07/03/2010). La última vez que Fernández Galán pidió que el Gobierno solicitase la extradición de Barrutiabengoa fue en marzo de 2010.
Aurelio Prieto Prieto, de 23 años, estaba casado con Concepción Fernández Galán y tenía una hijade cuatro meses. Era natural de Llerena (Badajoz). Tras cursar estudios en el Colegio de Guardias Jóvenes, ingresó en el Cuerpo de la Guardia Civil en septiembre de de 1974. Sus restos mortales fueron enterrados en Mérida. Concepción se fue a vivir a Zaragoza a mediados de los ochenta, abandonando la localidad navarra de la que provenía por el clima insostenible que se respiraba ahí. El 12 de noviembre de 2011 más de doscientos vecinos, familiares y autoridades se reunieron en la Plaza de la Libertad de Llerena para homenajear a Aurelio Prieto. En el emotivo acto, Francisca Prieto, madre del guardia civil asesinado, descubrió dos placas conmemorativas en un monolito de la plaza.
Veinte años después, el martes 21 de noviembre de 2000, la banda terrorista ETA asesinaba de dos tiros en la cabeza en el aparcamiento de su domicilio en Barcelona al exministro socialista ERNEST LLUCH MARTÍN. Su cadáver fue descubierto por un vecino del inmueble casi dos horas después, hacia las 23:30 horas, caído entre dos coches. Hacía poco, el 29 de julio, que la banda terrorista había asesinado a Juan María Jáuregui, íntimo amigo de Lluch.
El atentado se produjo en la primera planta del aparcamiento del edificio situado en la avenida de Chile de la capital catalana, inmueble muy cercano al Camp Nou, donde Lluch residía desde hacía años. El dirigente socialista no llevaba escolta y, según la delegada de Gobierno, Julia García-Valdecasas, "no tuvo tiempo ni de quitarse la americana".
Tras asesinarlo, los terroristas abandonaron el aparcamiento en un Ford Escort blanco con las matrículas dobladas que, poco después, hicieron explotar en un descampado situado a unos quinientos metros del domicilio de Lluch, método utilizado habitualmente por los terroristas para no dejar huellas. El consejero de Interior catalán, Xavier Pomés, confirmó que el asesinato de Ernest Lluch respondía al mismo modus operandi que el del concejal del Partido Popular en San Adrián del Besós, José Luis Ruiz Casado, asesinado dos meses antes, el 21 de septiembre. Pomés señaló que el método había sido "prácticamente el mismo" y detalló el modo en que los asesinos "buscan un objetivo, lo identifican, comprueban que sea adecuado" para cometer el crimen y "se escapan en un coche que es explosionado a poca distancia del lugar de los hechos". Además, confirmó que ETA disponía de infraestructura en Cataluña y de miembros legales "con capacidad para recibir material y moverse".
El juez de guardia autorizó el levantamiento del cadáver de Lluch pasada la una de la madrugada, cuando frente a su domicilio ya se habían concentrado amigos y compañeros. Muchos de ellos, como el alcalde de Barcelona, Joan Clos, el consejero de Interior, Xavier Pomés, y la delegada del Gobierno, Julia García-Valdecasas, habían conocido la noticia sobre las once de la noche, cuando intercambiaban opiniones con la Policía sobre el coche-bomba que había explotado en la carretera de Collblanc. Fue García-Valdecasas quien, tras recibir una llamada a su teléfono móvil, informó al alcalde Clos y al consejero Pomés. Al domicilio del político asesinado también se acercaron el presidente de la Generalidad, Jordi Pujol, y otros dirigentes políticos, como el presidente del PSC,Pasqual Maragall, y el del Partido Popular catalán, Alberto Fernández Díaz, además de vecinos de la víctima que mostraron su indignación por el nuevo atentado de la banda en Barcelona.
Son muchas las hipótesis y teorías que han intentado explicar por qué la banda asesinó a Lluch. En opinión de Florencio Domínguez, el asesinato del exministro socialista se enmarcaría "en el contexto de una brutal ofensiva terrorista con la que ETA pretendía forzar un cambio de política del PNV para restablecer el pacto entre nacionalistas (el Pacto de Estella)". El objetivo explícito era "evitar que los partidos políticos vascos u otros agentes hagan acuerdos particulares con los Estados español y francés, puesto que eso sería reeditar el error de 1977", según una circular interna de la banda terrorista recogida por el autor. Para ello era prioritario "impedir cualquier puente de entendimiento que pudiera levantarse entre el PNV y los partidos constitucionalistas, especialmente con el PSE", algo que Lluch defendía a capa y espada (Florencio Domínguez, ETA en Cataluña. De Terra Lliure a Carod-Rovira, Temas de Hoy, 2005).
No obstante, e independientemente de que ese fuese el propósito de la banda, Ernest Lluch hacía tiempo que era objetivo de los terroristas. En un libro-entrevista publicado en 2001, pero realizado en 1996, el periodista Marçal Sintes le hacía esta pregunta: "A usted, ¿ETA le ha amenazado?", a lo que Lluch contestó:
Me han estado siguiendo, me han hecho todo este tipo de cosas. No quiero entrar en detalles porque es una cuestión que los que por ahora hemos salido bien librados del asunto no debemos aprovechar para hacernos los mártires. Y ahora, desde luego, tengo miedo a veces (Marçal Sintes, Qué piensa Ernest Llucheditorial Dèria, 2001).
Siguiendo con las reales o supuestas motivaciones por las que ETA asesinó a Lluch, los autores materiales del asesinato hicieron varias proclamas durante el juicio en la Audiencia Nacional en 2001. Entre otras cosas los asesinos del exministro dijeron: "Hoy hemos sido juzgados por la muerte de Lluch, el ministro de los GAL..., nosotros no olvidamos ni olvidaremos que Ernest Lluch fue un miembro del Estado de los GAL. Gora ETA y visca la terra". Y añadieron: "Ernest Lluch era miembro del Gobierno español que financió a los GAL e instigó y apoyó la tortura y la dispersión. Si fue objetivo de ETA fue por eso".
Por otra parte, era sabido que Lluch fue un acérrimo defensor del diálogo con la banda como forma de acabar con la violencia de ETA, y formaba parte del movimiento social por el diálogo y el acuerdo "Elkarri". Pero Lluch había ido demasiado lejos y se había adentrado "en un territorio lleno de minas, como es la aproximación al entorno de la banda terrorista, con afán de encontrar una solución dialogada", en opinión de su amigo José María Calleja (Arriba Euskadi! La vida diaria en el País Vasco, Espasa, 2001, citado en ABC, 12/01/2011). Por este motivo, su asesinato provocó una gran conmoción y una repulsa unánime en toda la sociedad española.
El 23 de noviembre cientos de miles de ciudadanos se manifestaron en Barcelona bajo el lema "Cataluña per la pau. ETA no". En la cabecera estaban José María Aznar, presidente del Gobierno, y Jordi Pujol, presidente de la Generalidad, José Luis Rodríguez Zapatero, líder de la oposición y secretario general del PSOE, y el lehendakari Juan José Ibarretxe, entre otros políticos. La lectura del manifiesto corrió a cargo de Gemma Nierga, en cuya tertulia en la Cadena SER participaba Lluch. Saliéndose del texto unitario acordado, la periodista terminó su alocución dirigiéndose a los políticos para decirles:
Estoy convencida de que Ernest, hasta con la persona que lo mató, habría intentado dialogar; ustedes que pueden, dialoguen, por favor.
Esta frase de la periodista provocó muchas reacciones, entre ellas la de Edurne Uriarte que en su libro Cobardes y rebeldes. Por qué pervive el terrorismo (Temas de Hoy, 2003), se refirió a este incidente:
Los terroristas acababan de asesinar a Lluch y muchísimos ciudadanos catalanes y todas las fuerzas políticas se lanzaron a la calle para rebelarse contra ETA. Pero tras la lectura del comunicado suscrito por todos, Nierga tuvo un arrebato personal, un impulso irrefrenable de aportar su propia solución al terrorismo, el diálogo. "¡Diálogo! ¡Diálogo!", gritó, y por si acaso no estaba todavía suficientemente claro que los que nos negábamos a negociar con ETA éramos unos intransigentes, añadió que Lluch hubiera negociado con sus propios asesinos. Es uno de los momentos más indignantes y humillantes para la movilización democrática por la libertad que recuerdo. Cuando muchísimos ciudadanos habían dejado hace tiempo de callar por miedo, y cuando estaban dispuestos a arriesgarse y a movilizarse contra los terroristas, una persona significativa, miembro de la élite periodística de nuestro país, les decía, nos decía, que no, que estábamos equivocados, que no debíamos enfrentarnos a los terroristas, que eso era una actitud intransigente, que debíamos aceptar el chantaje y que teníamos que resignarnos y rendirnos a sus exigencias" (citado por Alonso, R., Domínguez, F. y García Rey, M, en Vidas rotas, Espasa, 2010, pág. 1094).
En julio de 2002 la Audiencia Nacional condenó a José Ignacio Krutxaga Elezcano, Lierni Armendaritz y Fernando García Jodrá como autores del asesinato de Ernest Lluch a sendas penas de 33 años. Fueron los mismos que asesinaron a José Luis Ruiz Casado exactamente dos meses antes. Formaban parte del grupo Barcelona de ETA, desarticulado menos de dos meses después de asesinar a Lluch, en enero de 2001.
Ernest Lluch Martín tenía 63 años cuando fue asesinado. Natural de Vilasar de Mar (Barcelona), estaba separado de su primera esposa, con la que tuvo tres hijas. En la fecha de su asesinato convivía con una nueva pareja sentimental.
Demócrata, inteligente y culto tuvo una trayectoria profesional a caballo entre la política y la Universidad, que compaginó con su participación en diferentes medios de comunicación y su pasión por el fútbol y la música. Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de Barcelona, amplió sus estudios en La Sorbona (París). Fue expedientado, detenido en varias ocasiones y expulsado de la Universidad por su actividad política antifranquista cuando era profesor ayudante en la Universidad de Barcelona. Fue catedrático de Economía en la Universidad de Valencia en 1974 y de Historia de Doctrinas Económicas de la Universidad Central de Barcelona. Su último cargo oficial fue el de Rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (Santander), puesto que desempeñó desde 1989 a 1995.
En cuanto a su trayectoria política, en las elecciones generales de junio de 1977 fue elegido diputado por Gerona como candidato de la coalición Socialistas de Cataluña, y en abril de 1980 fue elegido portavoz de los socialistas catalanes en el Congreso. Felipe González contó con Ernest Lluch para ocupar la cartera ministerial de Sanidad y Consumo en su primer Ejecutivo (1982-1986). En mayo de 1986 se retiró del primer plano político para reincorporarse a la cátedra de Historia de Doctrinas Económicas de la Universidad Central de Barcelona.
Ensayista y articulista, en la época de su asesinato compaginaba su labor académica con sus colaboraciones en diversos diarios, como La VanguardiaEl Diario Vasco y El Correo, y en la emisora de radio Cadena SER. Dos meses antes de ser asesinado publicó un artículo en El Correoen el que exponía su tesis de que la primera víctima de la banda terrorista había sido la niñaBegoña Urroz"Indigno inicio en el pecado original de ETA" (Ernest Lluch, El Correo, 19/09/2000). Además escribió varios libros sobre historia económica, particularmente referidos a Cataluña.
Apasionado del Barça –concurrió en las elecciones a la presidencia del club del año 2000 como miembro de la candidatura de Lluis Bassat– tenía también simpatía hacia la Real Sociedad, club del que era socio, ya que Ernest Lluch estuvo muy vinculado a la ciudad de San Sebastián. El Ayuntamiento de Vilasar de Mar ha dedicado a su memoria la biblioteca municipal, inaugurada el 27 de noviembre de 2009, en la que se guarda la colección bibliográfica particular del autor. Dentro del edificio se encuentra la sede de la Fundación Ernest Lluch, que tiene por objetivo mantener viva la memoria de Ernest Lluch, su pensamiento y su obra, así como fomentar el diálogo entre los ciudadanos de Cataluña, España y Europa.

Héroes, 20 de noviembre: José Benito Sánchez Sánchez y Benjamín Sancho Legido


Minutos antes de las once de la mañana del 20 de noviembre de 1978, la banda terrorista ETA ametrallaba a treinta y tres policías que jugaban al fútbol en el campo de deportes del cuartel de Basauri. El ataque, efectuado desde la autopista Bilbao-Behovia, provocó la muerte del cabo de la Policía Armada JOSÉ BENITO SÁNCHEZ SÁNCHEZ y el guardia primero BENJAMÍN SANCHO LEGIDO, además de heridas de diferente consideración a un joven que se encontraba en una parada de autobús fuera del cuartel y a otros dieciséis agentes: Leocadio Arenas Galicia, Isaac Javier Bacarizo Bueno, Eusebio Calvo Pujol, Eduardo Castaño Justel, Fernando Cortés Legaz, José Manuel Erguita Moreno, José Falcón Quintero, Fernando Ferrer Conejero, Luis Jodra Benito, Francisco Laplaza Cortes, Ángel Moreno Cantisano, Esteban Rodríguez Saldaña, José Ruiz Álvarez, José Luis Sanz Barco, Juan José Tomás Marteles y Antonio Vaguena Gracia.
En aquella época el campo de deportes del cuartel de Basauri, en las afueras de Bilbao, estaba separado de la autopista por una pequeña valla de medio metro de altura. Las instalaciones albergaban residencias para los agentes, garajes y talleres, además de zonas de deporte, entre ellas un campo de fútbol situado detrás del recinto policial y a unos veinte metros de la autopista. Este hecho fue observado por varios miembros de ETA que vigilaron durante varios días las rutinas de los policías.
El 20 de noviembre, los terroristas se acercaron por la autopista a bordo de tres vehículos –un Seat 127, un Renault 5 y un Seat 132– y se detuvieron en el arcén, en una posición elevada desde la que veían el campo de fútbol del cuartel a unos cincuenta metros del mismo. Empezaron disparando a los centinelas de las dos garitas situadas en el lado opuesto de la explanada para, a continuación, ametrallar indiscriminadamente a los agentes que jugaban un partido de fútbol. Los centinelas consiguieron hacer algunos disparos contra los etarras, pero ninguno de ellos fue alcanzado y lograron darse a la fuga.
Una llamada anónima en nombre de ETA indicó, a primera hora de la tarde, el lugar donde se encontraban atados los propietarios de dos de los tres automóviles que los terroristas habían utilizado en el atentado, después de robarlos a punta de pistola.
En el atentado intervinieron entre ocho y doce terroristas armados, según los casquillos de bala recogidos –en número superior al centenar, de los que unos cien eran del calibre 9 milímetros parabellum, marca Geco, y unos treinta disparados con un Cetme, del calibre 7,62 milímetros–, con metralletasfusiles Cetme y rifles con mira telescópica. Testigos presenciales del ametrallamiento dijeron que habían visto a siete personas disparando (seis con metralleta y uno con un Cetme repetidor de largo alcance) y a otras tres esperando al volante de los tres coches con los que perpetraron el atentado.
Los heridos fueron trasladados inmediatamente al Hospital Civil de Basurto, en Bilbao, donde el cabo José Benito Sánchez Sánchez y el guardia primero Benjamín Sancho Legido ingresaron cadáveres.
Hacía poco más de un mes que en este mismo cuartel se habían producido unos gravísimos incidentes un día después del asesinato de los policías Elías García González y Ramón Muiño Fernández en un atentado en el que resultaría también gravemente herido el policía José Benito Díaz García, que fallecería el 25 de octubre. Cuatrocientos policías armados protagonizaron un plante colectivo y mandos policiales y políticos fueron insultados por los agentes. Después de los incidentes, se expulsó del Cuerpo a veinticinco agentes que habían participado en los mismos y se decidió el traslado inmediato de una parte de la guarnición de Bilbao –unos trescientos– a otros lugares de España, que tuvieron que ser sustituidos por dos compañías de reserva. Por este motivo, siete de los heridos en el ametrallamiento del campo de deportes y uno de los agentes asesinados, Benjamín Sancho, pertenecían a la Compañía de la Reserva General con base en Zaragoza. El resto formaba parte de la guarnición de Basauri. Seis meses después, el 22 de junio de 1979, el cuartel de Basauri volvería a ser objeto de un ataque terrorista también realizado desde la autopista, aunque esta vez los agentes tuvieron tiempo de repeler la agresión. Sin embargo, en el intercambio de disparos entre policías y terroristas resultó muerto el agente comercial Diego Alfaro Orihuela.
El ametrallamiento hizo que la tensión en el cuartel volviese a aumentar. Poco después del atentado se establecieron severos controles en todos los accesos a Bilbao y en las proximidades del acuartelamiento grupos de policías visiblemente alterados, con uniforme y de paisano, organizaron batidas a pie por la zona. Además, un helicóptero con base en el propio cuartel sobrevoló la zona desde minutos después de cometerse el atentado. Los controles por carretera fueron más severos que en otras ocasiones, y se pararon y registraron todos los coches que iban ocupados por jóvenes. Todo ello provocó enormes atascos y un gran caos circulatorio.
Varios partidos políticos condenaron el atentado perpetrado en Basauri, y a las ocho y media de la noche tuvo lugar en la localidad una manifestación en la que unas trescientas personas, que portaban pancartas firmadas por el Partido Comunista y la Organización Revolucionaria de los Trabajadores, protestaban contra el terrorismo.
Los autores materiales del atentado –entre ocho y doce– no fueron juzgados. En 1980 la Audiencia Nacional condenó a dos penas de 6 años de prisión mayor a Juan José Gaminde Aranguren, en concepto de encubridor por haber refugiado a los terroristas que perpetraron el atentado. En la misma sentencia fue condenado José Manuel Legarreta-Echeverría Gamboa a dos penas de 12 años de reclusión menor como cómplice del atentado.
En diciembre de 1978 se detuvo a José Antonio Torres Altonaga, alias Medios, que proporcionó a la Policía las llaves de un piso en Munguía en el que se guardaba dinero obtenido en diferentes atracos, además de armas, entre ellas las metralletas utilizadas en el atentado contra el cuartel de Basauri. Además, de sus declaraciones se desprende que uno de los autores materiales del asesinato de los dos policías fue Juan María Otegui Elicegui, alias Txato (ABC, 24/12/78), que murió víctima de un atentado de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) en agosto de 1985 en el País Vasco francés, por lo que no pudo ser juzgado.

José Benito Sánchez Sánchez tenía 30 años y era natural de Morille (Salamanca). Estaba soltero aunque tenía planeado casarse en fechas próximas. Había ingresado en el cuerpo de Policía cuatro años antes, en abril de 1974, y meses antes de ser asesinado había sido ascendido a cabo. Pertenecía a la guarnición de Basauri.


Benjamín Sancho Legido era natural de Monreal de Ariza (Zaragoza), y había ingresado en la Policía en abril de 1973. Era monitor de gimnasia y pertenecía a la Compañía de la Reserva General con sede en Zaragoza, trasladada apenas siete días antes a Vizcaya para reforzar los dispositivos policiales de la provincia.

Ecuaciones diferenciales técnicas de solución y aplicaciones

José Ventura Becerril y David Elizarraraz. 2004. Universidad Autónoma Metropolitana.

Descargar en PDF.


Fuente: Civilgeeks.


Este libro está diseñado para un curso trimestral de ecuaciones diferenciales ordinarias. Presentamos los teoremas y técnicas de solución que consideramos básicos en un estudio introductorio de ésta importante disciplina de las Matemáticas. Aunque no hemos puesto énfasis en las demostraciones, proporcionamos una buena cantidad de ejercicios resueltos, de modo que un estudiante de Ingeniería podría obtener, mediante su análisis, un nivel satisfactorio en los diferentes métodos de solución de ecuaciones diferenciales y sus aplicaciones elementales más comunes. Para el curso sugerimos seguir el orden previsto, no obstante, si algún lector considera que es demasiado material se pueden omitir las secciones 2.8, 2.9 y 2.10.

Los diferentes temas se exponen en forma clara y sencilla para su inmediata comprensión. En las primeras secciones los desarrollos se hacen de manera exhaustiva. Más adelante, lo que ya es conocido no se desarrolla completamente, sino que se dejan al lector los detalles que en ese momento ya está en capacidad de realizar. En consecuencia, el texto se puede utilizar para un curso tradicional o bien, para un curso en el Sistema de Aprendizaje Individualizado, en el que el alumno estudia por su propia cuenta.