Nos morimos por encima de nuestras posibilidades. Ignacio Moncada

Pocas frases pueden resumir mejor el estado actual de las economías occidentales. Y es que, como le sucedió a Oscar Wilde, economías como la española han estado viviendo muchos años por encima de sus posibilidades. El mantenimiento de tipos de interés artificialmente bajos durante los años de la burbuja generaron la falsa señal económica de que los recursos no tenían coste. Los bancos centrales iniciaron una alocada carrera de inyección de dinero que fue a parar, por supuesto, a manos de quienes los controlan: los políticos. Y éstos creyeron que podían gastar cuanto quisieran. Eran tiempos en los que un alcalde creía que podía cambiar todas las infraestructuras de una ciudad en una legislatura, tiempos en los que toda subvención o pago político caía en una balsa presupuestaria que nadie controlaba, pues sobraba el dinero. Sin embargo esa sensación era irreal. Pese a que la manipulación de la moneda alteraba el coste inmediato de los recursos, a medio plazo se puso de manifiesto que éstos no eran gratis. De alguna manera había que pagarlos. Por ese motivo entramos en la crisis. Había miles de empresas e inversiones que no eran sostenibles con los costes reales, y millones de trabajadores tenían sus puestos de trabajo en actividades que quedaron abocadas a la quiebra.


Los keynesianos, yendo más allá, incluso afirman que el problema se soluciona... ¡gastando más! De esa manera, muchos estados europeos, entre ellos España, siguen desafiando al precipicio de la bancarrota negándose a recortar drásticamente el gasto público. Mientras países como España ya no podrían afrontar sus pagos si no fuera por las inyecciones del BCE y la garantía de Alemania, sus políticos siguen gastando como si el dinero siguiera siendo gratis.





Obama multa a un empresario por crear demasiados empleos. Daniel Luna

"La regulación del sector limita el número de brokers que puede tener una empresa. Si quieres contratar más, necesitas un permiso específico. No sabía que carecía de dicha autorización", alega Schiff. "Enviaron una carta ordenándonos que no contratásemos a nadie más, pero el jefe del departamento legal no me enseñó esa carta y yo seguí ofreciendo trabajo a más gente. Entonces fue cuando nos metimos en problemas: había dado empleo a 50 personas más de las permitidas".


Como consecuencia de esta reclamación, llevada a cabo por la agencia monopolística designada por el Gobierno para supervisar la actividad de las firmas de inversión, EuroPacific Capital tuvo que hacer frente a unos costes legales de medio millón de dólares. El proceso concluyó con una multa de otros 15.000 dólares para una empresa que, al contrario que la mayoría de sus competidores, estaba dando oportunidades a los trabajadores del sector en plena recesión.

"Tenía grandes planes de expansión, quería abrir nuevas oficinas y contratar a mucha gente, pero tuve que suspenderlos", se lamenta Schiff. "Lo más gracioso es que en ese momento las grandes firmas de inversión, que estaban despidiendo a gente, recibían dinero del rescate bancario del Gobierno. Yo contrataba gente, y por ello me multaron".


Como consecuencia de todos estos obstáculos, Schiff ha decidido expandir su compañía en el extranjero y reducir su presencia en Estados Unidos: "Me estoy llevando parte del negocio a Singapur y al Caribe, para evitar los elevados impuestos y el coste de las regulaciones. El alquiler de mis seis oficinas es algo insignificante en comparación con lo que me cuesta hacer frente a todas las normas legales que me exige cumplir el Gobierno".

"Esto no es un problema sólo para mí", añadió. "Las regulaciones están acabando con las empresas en todo el país, porque cuesta millones de dólares cumplir con ellas simplemente para mantener tu negocio abierto. Las empresas pequeñas no pueden permitírselo".

La semana pasada Peter Schiff recibió por fin una buena noticia. Tras muchos trámites burocráticos, las autoridades regulatorias han tenido a bien otorgar su beneplácito para que este empresario pueda ampliar su negocio. "Después de esperar tres años y gastar mucho dinero, por fin me han concedido el permiso para contratar a otros cincuenta brokers".





Jazz 02.10.2011

Jazz porque sí - Duke Ellington con grabaciones del año.


Jazz porque sí - Homenaje a la memoria de Miles Davis.


Jazz porque sí - Fats Waller.

Jose Aceves (1909 – 1968)





Fuente: American Gallery.

Every Child Is A Scientist. Jonah Lehrer

After the demonstration, both groups of children were given the toy to play with. Not surprisingly, all of the children pulled on the first tube and laughed at the squeak. But then something interesting happened: While the children from the second group quickly got bored with the toy, those in the first group kept on playing with it. Instead of being satisfied with the squeaks, they explored the other tubes and discovered all sorts of hidden surprises. According to the psychologists, the different reactions were caused by the act of instruction. When students are given explicit instructions, when they are told what they need to know, they become less likely to explore on their own. Curiosity is a fragile thing.

The moral is that parents and teachers must navigate the fine line between giving kids a taste of knowledge – the universe is not all mystery – while at the same time preserving a sense of ambiguity and uncertainty. When we explain things to kids, we shouldn’t pretend that we have all the answers. We shouldn’t turn science class into a dry recitation of facts that must be memorized, or only conduct experiments in the classroom in which the results are known in advance. Because it’s the not knowing – that tang of doubt and possibility – that keeps us playing with the world, eager to figure out how it works.


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Papers:

The double-edged sword of pedagogy: Instructionlimits spontaneous exploration and discovery. Elizabeth Bonawitz, Patrick Shafto, Hyowon Gweon, Noah D. Goodman, Elizabeth Spelke and Laura Schulz.

Where science starts: Spontaneous experiments inpreschoolers’ exploratory play. Claire Cook, Noah D. Goodman and Laura E. Schulz.