El principo de Dilbert, de Scott Adams

"Cómo prosperar en el siglo XXI gracias a la estupidez" es el subtítulo del libro; queda claro lo que desarrolla Scott Adams en el mismo. Adams es famoso por las tiras cómicas de Dilbert. Desde hace unos meses leo su interesante blog en el que se ha centrado en el tema de la persuasión.

Este libro se burla de las personas en general y de las que formamos parte de empresas en particular. Hace hincapié en el lenguaje absurdo que empleamos y lo idiotas que podemos ser todos en muchos momentos. Afirma que: "Me incluyo orgullosamente en el bando de los imbéciles. La imbecilidad en la época moderna no es una condición permanente para la mayoría de la gente. Es una enfermedad en la que uno cae varias veces al día: la vida es demasiado difícil como para ir siempre de listo."

Nuestra estupidez se da en todos los ámbitos de la vida: "Estoy convencido de que el lugar de trabajo no encierra más aspectos absurdos que la vida cotidiana, sino que simplemente lo absurdo destaca más."

Nuestro orgullo nos hace vernos como genios e inmunes a esa idiotez, ya que "muy rara vez reconocemos nuestra imbecilidad y, sin embargo, podemos identificar claramente la imbecilidad de los demás".

El consejo del autor es que "si [usted] consigue asimilar el hecho de que está rodeado de imbéciles, se dará cuenta de la inutilidad de resistirse; se disipará entonces su tensión y podrá relajarse y soltar una buena carcajada a expensas de los demás." En mi caso lo anterior me hace tener más tensión. Toda mi vida me he dedicado al diseño de estructuras de edificación e industrial, lo que supone que si el diseño está mal realizado puedan aparecer graves patologías o directamente el derrumbe de las estructuras, por lo tanto estar con idiotas o comportarme como un idiota es muy peligroso. No cabe duda que conocer las limitaciones propias y saber que somos falibles hace que aumente la atención y que las revisiones del trabajo sean exhaustivas. 

El autor da buenos consejos para alcanzar puestos destacados dentro de las empresas, y según mi experiencia son excelentes consejos: "Si desea avanzar en eso de la dirección empresarial, tendrá que convencer a los demás de que es un tipo inteligente y astuto. Estos se consigue sustituyendo las palabras de uso corriente por la jerga incomprensible. [...] Por ejemplo, un jefe nunca diría: 'Usé el tenedor para comerme una patata'. Un jefe como Dios manda diría: 'Utilicé una herramienta multivectorial para procesar una fuente de fécula'. Las dos frases significan prácticamente lo mismo, pero la segunda fue pronunciada, evidentemente, por una persona mucho más inteligente."

Una posible razón para que muchas personas sean conservadoras y se opongan a lo nuevo es que "la gente detesta el cambio, y por buenas razones. El cambio nos hace más estúpidos hablando en términos relativos. El cambio añade nueva información al universo; información que desconocemos. Nuestro conocimiento, como porcentaje de todas las cosas que se pueden saber, disminuye una mueca cada vez que algo cambia."

Es un divertido libro que exagera y que a la vez da buenas pistas sobre el comportamiento de las personas.

Empresarios. 14 decisiones empresariales que han transformado el Perú, de Beatriz Boza

"Se calcula que en el Perú cerca del 80% de empresas formales son familiares (BID), una realidad común en muchos países. Lamentablemente, 70% de ellas no sobreviven más que su primera generación y se estima que solo 15 de cada 100 alcanzan la tercera generación. Solo el 8% de empresas familiares en el mundo han logrado pasar la barrera de la tercera generación"; lo escribe Paolo Pantigoso en la presentación del libro; añade la dificultad de hacer empresas en Perú durante las últimas décadas por múltiples adversidades: "hiperinflación, estatización, terrorismo, golpe de Estado, [...] terremotos, huaicos, y sequías". Tener éxito depende en gran medida del factor suerte, pero hay decisiones valientes e inteligentes que ayudan a que las empresas sean exitosas durante mucho tiempo. Esa suerte es necesaria pero lo que "diferencia [a los empresarios] del apostador y del temerario es que miden el riesgo, lo conocen y lo asumen porque además de tenerlo claramente mapeado tienen visión de largo plazo". Es erróneo decir que conocen el riesgo, lo que sí saben los empresarios es que todas las decisiones implican asumir riesgos, conocidos y desconocidos.

En la introducción la autora expone la mala percepción que tiene gran parte de la población respecto a los empresarios. Si bien hay que luchar contra aquellos que buscan "negocios en los pasillos de las dependencias públicas en vez de hacerlo en el mercado"; Añado yo que son los empresarios los que crean las oportunidades de negocio y ayudan a la sociedad enormemente con sus actividades. Luego se suman muchos (empleados, inversores, clientes, y otros) para ayudar a que las empresas se desarrollen, pero quienes inician todo son los empresarios.

El libro se puede resumir así: "más que historias de éxito - que lo son - las decisiones plasmadas en esta obra son historia de aprendizaje. [...] Y es probable que ninguna pueda replicarse tal cual". También se indica que "las oportunidades no ocurren, se crean", que "la adversidad y los problemas pueden ser interpretados como retos y vividos como incentivo para lograr transformaciones si la actitud es la adecuada", y que se debe aprender a "cómo darle la vuelta a las cosas, cómo ver lo que otros no ven". 

Las 14 decisiones que se analizan en el libro corresponde a grandes empresas en distintos rubros. Como español en Perú me ha permitido conocer más a esos grandes grupos empresariales y las personas que toman decisiones dentro de ellas. No voy a analizar caso por caso las decisiones que se tomaron, para eso ya está el libro, sino que voy a comentar algunas lecciones o afirmaciones de los protagonistas de esas decisiones.

Dionisio Romero, cabeza del Grupo Romero, refiere que su tío Feliciano (creador del negocio familiar junto a su padre) decía: "no es el negocio que me vas a proponer lo que me interesa, sino quién lo va a manejar. Por eso, vivo convencido de que no hay mal empleado, sino mal jefe: los empleados son buenos si los colocas en el lugar adecuado". Añado yo que la posición ideal de muchos empleados es fuera de la empresa, y que si no hay más remedio que tenerlos es mejor pagarles un sueldo para que no hagan nada. Curiosamente Warren Buffet, quizá el inversor más exitoso del mundo, dicen que afirma: "trato de comprar acciones en negocios que son tan geniales que hasta un idiota puede dirigirlos. Porque tarde o temprano, así será".

Un tema fundamental para una empresa es crear la cultura empresarial, es decir, por lo que conoce a esa empresa. No es tarea fácil ni rápida, sino que requiere años. Eso hizo la cadena de supermercados Wong en Perú al dar un servicio de atención constante al cliente.

Perder un cliente es grave, ya que "pierdes toda su vida económica y, además, le comenta el disgusto a su familia y amigos. El perjuicio puede ser muy grande", según palabra de Erasmo Wong. Muchas veces se deben "asumir los costos de corto plazo que pueden implicar decisiones a favor del cliente, con la mira puesta en construir una relación de largo plazo".

"Cuando uno se propone algo tiene que ir con convicción. Eso es parte del emprendimiento" y "solo teniendo la amplitud de saber que uno se va a equivocar acaba siendo posible avanzar. Y teniendo la conciencia, además, de que uno va a saber recuperarse y salir adelante"; son frases de Eduardo Belmont, fundador de Belcorp. También afirma que "es imprescindible determinar el tiempo en que la meta puede lograrse" y ésta "debe ser alcanzable".

Muchas veces las decisiones deben ser drásticas y afectan a personas involucradas en la empresa, tal y como Óscar Espinosa, presidente ejecutivo de Ferreyros, explica al tener que "tomar la decisión de prescindir de personal, incluso a nivel gerencial, que no lograba ajustarse a los principios de la compañía, aun cuando en esencia se tratara de gente eficaz en la generación de ventas".

No siempre el éxito está en el desarrollo de nuevos productos o servicios, sino en aprovechar los existentes y llegar a nuevos mercados sin explotar. No hay nada escrito, todo está por hacerse. Tal y como afirma Jesús Huerta de Soto en sus clases magistrales: "el futuro no es un porvenir, es un por hacer".

Me convence la idea de tener una menor proporción de algo grande, que ser el dueño de algo pequeño. Quizá es mejor expandir la empresa, tener más socios, para así tener mayor posibilidad de crecer y hacer la compañía más grande. Así lo pensó Roque Benavides, presidente de Buenaventura, cuando sacó la compañía a la bolsa de valores de Nueva York (NYSE).

En épocas de crisis (añadiría yo que en todas las épocas) hay que contar "con los mejores asesores financieros y legales", además de "dar la cara y hablar con la verdad" como "mejor fórmula para resolverla". Tal y como expliqué al inicio, medir el riesgo es clave ya que "durante los procesos de expansión económica, los acreedores son generosos y es muy fácil que una empresa se extienda más allá de sus propias capacidades". Una posible "estrategia para enfrentar riesgos tiene que ver con la elaboración de planes alternativos".

"Perseguir metas grandes desde un inicio, la idea deber ser grande pero el inicio de ella no requiere de un gran emprendimiento, sino muchos pequeño pero acertados". ¡Qué gran verdad! No sólo aplicable a las empresas sino a nuestra vida en general.

Las empresas, y los conglomerados de empresas más, no deben verse por partes sino como un conjunto. Las decisiones empresariales pueden tener un efecto positivo sobre el conjunto de la empresa que no se ha podido prever si sólo se analiza la decisión de manera aislada.

Acabo con un valioso consejo: "sentirse en todo momento más gestor del negocio que dueño o parte indispensable de él".

Ahora falta el libro que cuente decisiones que no han llevado al éxito, porque todas las decisiones exitosas a lo largo de los años vienen acompañadas de otras muchas erradas.

Alrededor de los libros (y otros ensayos filosóficos), de David Cerdá

En tres ensayos y unas 80 páginas, David Cerdá reflexiona sobre los libros, las falacias y la muerte; es una obra que me ha hecho pensar y que volveré a leer.

El primer ensayo, dedicado a los (buenos) libros, analiza la actitud que hay que tener frente a éstos, y frente al conocimiento en general; conviene abrirse y evitar las ideas preconcebidas porque "los buenos libros nos proporcionan más pixels; tras su adecuada lectura somos capaces de visionar la realidad con una mayor resolución"; añadiendo que la lectura "desatenta y superficial de un libro no lleva a ninguna parte". La cultura no sólo está en los libros pero éstos permiten "pararse a pensar". Descartes escribió que "la lectura de todos los buenos libros es como una conversación con los mejores ingenios de los pasados siglos", y si eso se completa con intercambios de ideas con personas inteligentes aumentará nuestra lucidez. Depende de cada uno lo que se saque de un buen libro; el objetivo debe ser "saquear ideas". Acierta Álvaro Mutis al afirmar que "la lectura debe causarnos placer"; sino sería imposible sumergirnos en la lectura y sacar algo de provecho. Acierta cuando escribe que "si la realidad fuera tan simple, ciertamente una imagen valdría más que mil palabras; no es el caso"; en esto coincide con Nassim Taleb sobre los peligros de la excesiva simplificación. Muy inteligente la reflexión sobre la experiencia, ya que ésta "es la puerta de entrada a cualquier pensamiento de largo recorrido". Para pensar lo escrito por C. S. Lewis: "Nuestro proceso de crecimiento debe valorarse por lo que ganamos, no por lo que perdemos". Aunque el autor afirme que “leer puede ser un medio efectivo para canalizar la violencia, la impulsividad”; matiza que “pensar que a más lectura tolerancia, como si de un silogismo se tratase, no es de recibo”. Efectivamente, aunque gente como Steven Pinker han afirmado que la lectura masiva ha permitido reducir la violencia, está por demostrarse que esa relación sea directa.

Mi pasión por aprender influye en que los buenos libros me parezcan unos instrumentos estupendos. No me refiero a su formato (físico o electrónico) sino a lo que son, es decir, obras reposadas y reflexionadas en las que se muestran los conocimientos humanos. Sin duda, como afirma David: “para ser más libre, más justo, más feliz, las lecturas no son una condición sine qua non, sino un apoyo, por muy efectivo que sea”. Un gran apoyo.

El segundo ensayo es un repaso de falacias en las que incurrimos al confrontar ideas con otras personas; puede ser de manera inconsciente o como estrategia. Sería bonito que "todo intercambio de argumentos" fuera "una búsqueda cooperativa de la verdad", pero muchas veces se convierte en una maraña de ideas inconexas en las que se incluyen las falacias mencionadas. Se repasan las falacias formales, en las que se incurre "más por torpeza que por mala fe", las falacias informales ("mundo ad"), falacias denominadas por el autor, y las divulgadas por Schopenhauer. No es sencillo combatir estas falacias, ya que "un diálogo se fragua no solo a base de constataciones empíricas, sino también de persuasión. Cuenta no tanto lo que se sabe, como lo que se logra hacer saber". Por lo anterior conviene "saber entrar en aquellos diálogos en los que llegaremos a aprender algo, y tratar de escabullirse de aquellos en los que no". 

El tercer ensayo se centra en la muerte. Escribe sobre Esparta y su manera de vivir comunal, todo por los demás, ejemplificado en la supuesta respuesta dada por Leónidas a su esposa cuando ésta le pregunta qué hacer ante la casi segura muerte de éste: "cásate con otro hombre valiente y dale hijos valientes". Incluye también una frase de Atticus Finch, personaje de la magnífica novela y aún mejor película Matar a un ruiseñor, dirigida a su hijo: "uno es valiente cuando, sabiendo que ha perdido antes de empezar, empieza a pesar de todo y sigue hasta el final pase lo que pase". Reflexiona David: "Si no muriésemos, ¿qué desafío nos propondríamos? Una vida sin muerte sería como una obra musical, literaria o fílmica, inconclusa. Sin la muerte, arrancada de raíz toda relevancia, la vida sería una broma cansina, y nosotros todos, unos Sísifos torturados". Me encantaría ser inmortal y considero que la vida tiene suficientes interrogantes y tantas cosas por descubrir que es sencillo imaginarme aprendiendo por miles de años. Otra reflexión acertada es la referida a los deportes de equipo y el bien que hace el practicarlos desde edades tempranas, quizá estoy sesgado porque yo jugué al baloncesto desde los 12 años, hasta casi los 35 años, y me ha ayudado mucho. Acierta nuevamente cuando escribe que "el tiempo, al pasar, ofrece oportunidades, si bien no acumula sabiduría como un hecho seguro". "El verdadero horror proviene del dolor que carece de sentido"; la anterior afirmación enlaza con el imprescindible libro de Viktor Frankl, El hombre en hombre en busca de sentido (que ya comenté aquí): "el interés principal del hombre no es encontrar el placer, o evitar el dolor, sino encontrarle un sentido a la vida, razón por la cual el hombre está dispuesto incluso a sufrir a condición de que ese sufrimiento tenga un sentido"; y "¿tiene algún sentido todo este sufrimiento, todas estas muertes? Si carecen de sentido, entonces tampoco lo tiene sobrevivir al internamiento. Una vida cuyo último y único sentido consistiera en superarla o sucumbir, una vida, por tanto, cuyo sentido dependiera, en última instancia, de la casualidad no merecería en absoluto la pena de ser vivida". David sigue escribiendo: "los humanos podemos soportar prácticamente cualquier cosa si creemos haber averiguado su porqué". Muy en la tesis de Frankl. No seré yo el que ponga en duda todo lo anterior, tener un propósito, o autoengañarse creyendo que se tiene, es sin duda un combustible poderoso para seguir adelante. Casi todos vamos a sufrir y ahí se ve de qué pasta estamos hechos.

La La Land y el cambio

En una escena de la película La La Land uno de los personajes recrimina al protagonista, Ryan Gosling, que sólo valore el Jazz clásico y que no admita cambios para acercar esa música al público actual. Le dice también que si hace décadas no se hubiera innovado el Jazz no hubiera sido tan popular.

Lo anterior es un ejemplo de lo difícil que es cambiar y aceptar los cambios, tanto individual como colectivamente. Tenemos fijaciones con ciertas épocas de nuestra vida o ciertas cosas que nos han gustado y comparamos siempre con ellas; siempre defendiendo que eran mejores que las actuales.

El cambio es necesario e inevitable, sin él la vida sería mucho más aburrida. Aprender e investigar llevan a esa inevitabilidad.

La película me ha gustado, es bonita y divertida; recuerda a los musicales clásicos (vean el vídeo de abajo para comprobar las similitudes de algunas escenas con otras de películas más antiguas).