Un Estado y medio. Israel y el conflicto perfecto. 2013. Jordi Pérez Colomé

Este ebook de Jordi Pérez Colomé se centra en los problemas que existen entre Israel y Palestina, y en cómo lo viven los habitantes de la zona en conflicto.

El autor realizó un viaje a la zona y se entrevistó con decenas de personas, y con ese material ha escrito un gran reportaje, por bueno y por extenso. Además, hay apuntes sobre la historia y como se ha llegado a determinadas situaciones en algunos puntos de esos territorios, por ejemplo, con el tema de los asentamientos israelíes en terreno palestino.

Se dan las claves de por qué es muy difícil que haya una solución al conflicto. No obstante, nada es eterno y cosas más sorprendentes se han visto. Hay mucha gente que intenta ayudar en la tarea de una convivencia pacífica.

Cómo pasa con todos los textos de Colomé, la lectura es ágil y clara. En la línea de su estupendo blog: Obamaworld.

En la misma línea el autor tiene otro ebook sobre Irán, El país esquizofrénico. Igualmente recomendable.

Desplazamientos forzados

Al hilo de lo que comenté en una entrada anterior sobre la inmigración, leo este informe de ACNUR sobre los desplazamientos forzados de personas, dentro y fuera de países.

La mayoría de los desplazados son de países pobres y a países pobres, principalmente por causas de violencia. Aunque Alemania aparece como el tercer país que más refugiados acoge, la famosa excepción a la regla.

Estamos hablando de millones de personas. Aunque en términos relativos son pocas no debemos dejar de preguntarnos qué más podríamos hacer para evitar situaciones peligrosas. Por ejemplo, personas que son repatriadas a países que violan sistemáticamente los derechos humanos.

Tal y como ya indiqué, creo que los países más desarrollados deberían de abrir sus fronteras a las personas y liberalizar los mercados al máximo, evitando proteger mercancías que se producen más baratas en otros países más pobres. Ejemplo de lo anterior son las subvenciones a los productos agrícolas en Europa y Estados Unidos que, según Xavier Sala i Martín, suponen 340 000 millones de euros anuales. Imaginen si dejasen de subvencionar ese sector, el dinero que se ahorraría el contribuyente, y lo innovadores que se tendrían que volver nuestros agricultores. En Nueva Zelanda lo hicieron, y al parecer no les fue mal. Todo esto haría que muchos países pobres pudieran competir en el mercado internacional con sus productos.

Con las medidas antes indicadas, y un ánimo claro de dar refugio a las personas, se lograría evitar los focos de pobreza que se forman en los campos de refugiados. O al menos mitigarlos.

Seguro que ACNUR y otras organizaciones hacen todo lo posible para ayudar, pero deberíamos de ponerlo más fácil.